Sí, ni siquiera quiero volver a ver para saber cuánto tiempo ha pasado, pero a decir verdad, cuando lo hice tenía la idea muy clara de a donde quería llegar, sin embargo, no gustó mucho a quien se lo pasé y eso me decepcionó bastante, pero ahora creo que ha quedado mejor, sé que no soy experta en el dramione, pero no podía quedarme con esta historia en la cabeza. Así que espero que las que me habían dejado un RW continúen leyendo y disculpen el hiatus que tuve.
•••••
Disclaimer: Todos los personajes le pertenecen a J.K. Rowling, excepto por alguno que saque de mi mente retorcida.
•••••
CAPITULO 2:
«PENUMBRA»
Mi corazón late como descolocado, quizás debería de decir que ¡está pletórico! Después de aquel encuentro con Malfoy me pude dar cuenta que mis pensamientos los he enfocados de mala manera, ¡por Merlín! Quisiera que un dragón me calcinara con su fuego incandescentes para que no queden ni rastros, ¿por qué he tenido que centrar mi vida en el idiota de Ronald?
Tengo casi dos meses de trabajar para el Ministerio de Magia, semanas que han sido llenas de trabajo, pergaminos, ordenamiento y mucha, pero mucha lectura, pero ahora pareciera que sí saben lo que hacen en el departamento de Aurores, me he ganado el respeto de muchos y la sorpresa de otros, pero no importa, estoy haciendo algo que me hace completamente feliz.
He retomado y mejorado el sistema armonizado que guía a cada Auror en sus casos, los cuales tienen recordatorios e inclusive fechas de expiración, todavía hace falta más y estoy completamente emocionada que éste trabajo me absorba tanto tiempo como pensamientos, todavía no puedo creer que desde nuestra batalla el Ministerio no se haya podido ordenar.
—Señorita Granger, el Ministro de Magia desea verla —un vociferador interrumpe mi dicha y alegría al momento en que el mensaje llega.
Me encamino sin pensar mucho en lo que el Ministro podría decirme, creo que he realizado el trabajo para el cual me han contratado, así que tiene que ser otra cosa.
Toco y me permiten el paso, contengo el aire al ver a Malfoy sentado frente a Kingsley como si fuese un gran señor, está bien, el tipo ese es un gran señor (o por lo menos para su propio círculo lo es) y a pesar de haber estado involucrado durante la guerra con el Señor Tenebroso luego se absolvió al descubrir que su madre y él estaban siendo coaccionados no bajo un hechizo en sí, pero el miedo puede ser un terrible aliado, aunque es algo que difícilmente puedan admitir los Malfoy.
—¡Señorita Granger! —me saluda de manera efusiva levantándose de su asiento para extenderme la mano—. Es un agrado tenerla entre nosotros.
—Gracias Ministro —sonrío de manera condescendiente, por alguna razón la presencia de Malfoy me incomoda, sé que me observa de pies a cabeza cómo si deseara comerme, ¡¿pero qué le pasa?! Ni que tuviera duendecillos de Cornualles volando a mi alrededor.
—Vamos, puedes llamarme Kingsley, hemos pasado varias penurias como para tratarnos como desconocidos —le vuelvo a sonreír, Kingsley aún conserva su especial humor a pesar de que muchos lo odiaron luego que erradicara toda la corrupción del ministerio—. Me han dicho que has hecho un excelente trabajo Hermione, nunca lo dudé de ti.
—La comelibros es especial para eso Kingsley, no dudo que esté haciendo un buen trabajo —¿A eso llama un halago? Vuelvo a ver al hurón que está cómodamente sentado a un lado de mí, si pudiera sacar mi varita o darle un puñetazo me sentiría mejor.
—Compórtate Draco —lo regaña, ¡bien por mí!—. ¿Podrías sentarte Hermione? —hace un chasquido y al lado del hurón aparece otro sillón de respaldo alto—. Me gustaría que lo hicieras, lo que tengo que decirte no es nada fácil.
Hago acopio de toda mi fuerza y me siento como me lo pide. No he estado tan cerca del hurón desde que nos obligaban a permanecer en una misma aula en Hogwarts, es realmente incómodo.
—Has sido una gran ayuda durante estas semanas, hay muchos Aurores que están muy contentos contigo Hermione —lo escucho atentamente, aunque la presencia del hurón me desespera, está sentado como si fuese un ente invisible. Kingsley habla de mi buen trabajo y a medida avanza sus facciones van cambiando por una de preocupación—... Y aunque no tengo una excusa valedera, solo podría decirte que me han recortado las plazas, es por lo que, éste es tú último día aquí en la sede del Ministerio.
Me quedo helada y todos mis pensamientos se esfuman, ¡¿por qué si estoy haciendo bien mí trabajo, por qué si todos están contentos conmigo, por qué si el mismo Ministro me quiere con ellos, por qué tendría que despedirme?!
—Al terminar el día puedes pasar por el departamento correspondiente, ellos te entregarán tu liquidación y tu excelente carta de recomendación, aunque espero que esto no afecte en una decisión futura, ya que si queda alguna plaza más estable créeme que serás la primera en mi mente.
Me da la mano y me saluda con su clásica sonrisa como si no pasara nada o me estuviese felicitando por algún ascenso, ¿por qué ha tenido qué hacerlo frente al hurón? ¿Por qué humillarme así? No dice nada y yo me quedo como espectro sentada en la silla.
—No me haré responsable Kinsgley, sabes a la perfección que ese es un terreno peligroso.
—Sin embargo, si lo logras hacer tendrás lo que quieras de parte del Ministerio.
—¿Escrito en un pergamino?
—Dicho por el mismo Ministro —responde con orgullo. Ambos continúan hablando como si yo no estuviera, ¿qué acaso estoy utilizando la capa de invisibilidad de Harry?
—¿Nos desharemos del detector del Ministerio?
A partir del momento en que la guerra terminó y Kingsley tomó el control, todos los mortífagos (que quedaron fuera de Azkaban) son controlados, cada uno tiene detectores y en caso de que utilicen alguna maldición o hechizo que pueda poner en peligro la comunidad mágica, los Aurores lo sabrán de inmediato y podrán actuar según su experiencia, es algo parecido al detector que está implantado en cada joven menor a 17 años para evitar que hagan magia fuera de los colegios, todo lo sé por Harry quien me ha contado sobre ello.
—A excepción de la situación de tu padre, negociaremos todo lo que pidas, inclusive la indulgencia con tu madre también.
—Entonces tenemos un trato —dice levantándose para luego estrecharse la mano, ¿qué es lo que acabo de presenciar?
El hurón me sonríe de manera sarcástica cómo si ahora mi vida dependiera de lo que él diga, me siento ultrajada e inclusive violada. Kingsley me sonríe y vuelve a sus documentos. Vuelvo a ver de un lado a otro y salgo de su oficina sin saber qué hacer.
•••••
No puedo creer lo que acaba de pasar, tal pareciera que las últimas semanas solo han sido un sueño y ahora que abro los ojos me encuentro con la pesadilla. Todos hablan de mí a mis espaldas y eso me avergüenza y enfurece al mismo tiempo, inclusive escucho algunos comentarios relacionados con mi trabajo y Ronald, ¿qué les podría interesar mi vida amorosa?
Después de salir de mi último lugar de trabajo, entro al pub en donde en muchas ocasiones he estado con Harry, una señora vieja me entrega mi cerveza de mantequilla.
—¿Día difícil? —su curiosidad debe de ser proporcional a su oficio, como si para trabajar en un pub lo primero en su experiencia debe de ser convertirse en algún tipo de vociferador que habla abiertamente.
—De lo peor —respondo con sinceridad, me siento todavía ofendida y ultrajada, pero tampoco digo nada más.
A los pocos minutos Harry entra y me descargo con él, odio la manera en que Kingsley me ha despedido, en más de una ocasión mi amigo me pide que baje la voz, al principio lo hago, pero creo que a medida incremento mi consumo alcohólico, no puedo pararme.
Creo que tendré que recurrir a mi segunda opción: regresar a Howgarts, McGonagall siempre ha sostenido que tiene una plaza vacante para mí en el momento en que yo decida regresar, pero estar cerca de Cormac, quien de hecho ahora es el asesor encargado de los equipos de quidditch, no me resulta del todo agradable, aunque cabe decir que en los últimos años inclusive el colegio ha ganado dos copas en los campeonatos a nivel mundial así como una vez lo hicieron los búlgaros cuando Viktor jugaba.
De lo que estoy segura, es que mantendré mi mente y cuerpo ocupados para evitar pensar en Won-Won y su odiosa novia.
•••••
No recuerdo exactamente cómo llegamos al apartamento, pero al despertarme —sintiendo cómo se me parte la cabeza—, veo que todavía estoy con mi ropa del día anterior, obviamente Harry ha sido quien me ha traído y con lo bueno que es, me ha dejado acostada sin siquiera cambiarme, él nunca haría nada como eso, hay demasiado respeto y amistad entre ambos.
Tomo un ligero desayuno para evitar que éste salga por el mismo lado por donde entró. En la mesa redonda de 4 personas que tenemos en el salón comedor/cocina, está el sobre con lo que me han entregado en concepto de liquidación, decido ignorarlo.
Me dedico el día entero a limpiar y a arreglar el apartamento, el sobre pareciera que tiene vida y me sigue a donde quiera que voy, pero continúo ignorándolo. Tengo cita con McGonagall en 3 días.
Alrededor de las 3 decido prepararme algo de comer y lo hago en el pequeño desayunador que tenemos, el sobre continúa revoloteando alrededor mío. Me pongo a leer algunos libros de hechizos y otros temas que he dejado pendiente durante bastante tiempo.
Al entrar la noche mi curiosidad no puede más y agarro el sobre (que sigue revoloteando a mi alrededor) abriéndolo desesperadamente. Al revisarlo en el papel aparece la imagen de uno de los duendes, informándome el incremento sustancial de mi cuenta en Gringotts, en donde Kingsley ha depositado mi liquidación, lo que me indica es una suma con la cual podría vivir cómodamente durante dos años, ¿por qué tendría que haberme dado tanto solo por dos meses de trabajo?
Mis pensamientos se quedan en blanco al momento en que alguien toca la puerta, tal pareciera que están pegando con una pata de palo.
Abro sin percatarme de quien está al otro lado, mi boca se abre y mi corazón se detiene al ver la persona que está frente a mí.
—¡Malfoy! —grito retrocediendo al momento en que él invade mi hogar. Agita su varita y varias bolsas aparecen.
—Quiero que utilices el vestido verde y los zapatos abiertos de color gris, además necesito que te hagas algo en el cabello para que lo luzcas lo mejor que puedas y maquíllate de forma natural —me quedo petrificada, ¿quién diablos se cree para venir a darme órdenes?—. Date prisa Granger —dice cerrando la puerta—, tenemos que salir en menos de 1 hora.
—¿Qué...?
—¿Puedes con un simple hechizo para mover todas las bolsas a tu habitación o quieres que también lo haga yo?
—Puedo inclusive con más hechizos de los que tu cabeza pudiera creer que existen, pero no por eso significa que tenga que hacerlos, especialmente —digo con total fastidio cruzando mis brazos observándolo de arriba abajo— si es una orden que sale de tu boca.
—Estamos perdiendo tiempo Granger... —se planta sobre el marco de la puerta, yo encojo los hombros indicándole que no es algo que me interesa.
—Me importa poco.
—¿Quieres ser una inútil el resto de tu vida, o prefieres servir a una buena causa? —antes de que termine aquella, una furia intensa se apodera de mí y sin pensarlo siquiera una vez siento como la palma de mi mano está siendo plantada en su rostro.
—No soy una inútil Malfoy, y si vuelves a decirlo no solo será tu rostro el que quede rojo y viendo al otro lado.
Él esboza una sonrisa casi demencial al momento en que toca su quijada recomponiendo su rostro.
—Maldita sea Granger —dice sonriendo—, todavía conservas esa estúpida derecha que tanto detesté desde nuestro 3er año en Howgarts.
Al terminarlo de decir se acerca pegándose a mi rostro.
—Sé que nunca serás feliz encerrada en cuatro paredes, a pesar que eres una insufrible sabelotodo necesitas aventura y yo necesito deshacerme del detector de Ministerio, así que Granger, si accedes a aceptar mis órdenes estas dos situaciones podrían cambiar.
Nos miramos fijamente retándonos el uno con el otro, sus ojos grises resplandecen como un par de estrellas, pareciera que no me está dando una opción, no puedo negar que es bastante tentadora la propuesta, excepto por la parte de seguir sus órdenes.
—Eso significa entonces, que me necesitas —sonrío con autosuficiencia, él bufa volviéndose a apoyar sobre el marco de la puerta órdenes.
—Creo, simplemente, que nuestros caminos se han encontrados.
—Puedes llamarlo como quieras Malfoy, pero si no lo dices en voz alta nuestros caminos tendrán que tomar direcciones diferentes —primero su rostro se descompone, luego bufa y finalmente asiente.
—Si con eso logro que puedas lograr seguir mis órdenes sería un precio demasiado pequeño para conseguir un poco de mi libertad y lo que resta de mi dignidad, así que, sí Granger, te necesito.
Quiero decir algo, pero tal vez él tenga razón, no es que propiamente que me necesite, sino que probablemente luna y sol se han alineado de manera perfecta que han logrado que nuestros caminos se encuentren, pero solo resultará que con ello podamos obtener algo del otro.
Me rio de medio lado y muevo mi varita, que la saco del bolsillo trasero de mi pantalón, haciendo que todas las bolsas desaparezcan. Me doy la media vuelta encogiendo mis hombros dirigiéndome a mi habitación.
Podría decir que, durante el tiempo de la guerra, algún tipo de llama de frenesí estuvo encendida adentro de mí, con el pasar de los tiempos, ésta, se fue apagando hasta que prácticamente se extinguió, pero después de escuchar la proposición de Malfoy pareciera que nuevamente se está encendiendo. No me causa nada de gracia tener que obedecerlo, además no me ha dicho qué es lo que necesita de mí, lo único que ha conseguido muy bien ha sido llamar mi atención.
Claro que ha tenido razón en lo último que ha dicho, aunque pueda conseguir el trabajo que yo desee superando las expectativas de cualquiera, estar encerrada dentro de 4 paredes probablemente no es lo mío, es como si me hubiese leído mi pensamiento, lo cual resulta frustrante, ¿por qué el hurón tiene que conocerme tan bien?
Con ayuda de mi magia voy sacando cada prenda de las bolsas colocándolos ordenadamente en mi armario, primero los cortos, luego los largos y finalmente aquellos que se miran más elegantes y finos. Luego ordeno los zapatos por el tamaño del taco colocándolos debajo de cada vestido que combinan a la perfección, son 8 en total. Entre ellos está el vestido verde corto y las sandalias en color gris con un tacón de infarto, no podría negar que el hurón tiene buen gusto.
No sé qué pretende con todo esto, pero si quiero averiguarlo estoy segura de que tendré que seguir sus indicaciones. Me ducho rápidamente, he tenido un día de locos desempolvando cada rincón y al parecer continuará por el mismo camino, así que el agua a pesar de que no me ayuda a aclarar mis pensamientos, por lo menos hace que me relaje.
Me seco pulcramente y me coloco frente al espejo de cuerpo completo. Utilizo el mismo hechizo que usé para el baile del Torneo de los 3 Magos, un recogido con mis risos de lado, recuerdo que a Viktor le agradó mucho, dijo que le gustaba como se veía mi cuello. Vuelvo a ver el vestido y veo que tiene un escote en U no tan pronunciado, pero si lo suficiente para dejar lucir mi clavícula, estoy segura de que quedará perfecto. Al terminar con mi cabello me maquillo de manera discreta haciendo juego con el guardarropa. Me quito la bata y veo mi cuerpo desnudo frente al espejo.
Me sonrojo delineando mi cuerpo con mis propios dedos.
Mis senos no son enormes, pero si redondos y bastantes aceptables, mi cintura es pequeña y pronunciada en perfecta armonía con mis caderas que no son lo suficientemente grandes, mis piernas torneadas y largas, en fin, podría decirse que bajo la ropa escondo una gran arma de seducción.
¡Bah! Bajo mi cabeza completamente decepcionada, ¿a quién pretendo engañar? Lo único que siempre he tenido ha sido mi intelecto y aunque eso me basta, en algunas ocasiones me gustaría que alguien se fijara en mí más por mi físico que por mi cabeza, es una cosa que envidié de Ginny, siempre supo combinar ambas cosas sin hacer que los chicos se sintieran menos a la par de ella. Dejo de pensar en ello tomando una pequeña braga de algodón de color blanco, me queda lo suficientemente pegada al cuerpo como para que no se note bajo el vestido.
—No tienes porqué utilizar ropa interior —escucho la voz chillante y perturbadora del hurón. Me doy la vuelta tropezando intentando buscar mi bata para cubrirme.
¡Maldito hurón degenerado! ¿Cómo se atreve a entrar a mi recámara?
—Oh, Granger —sus ojos grises se oscurecen mientras se acerca a mí lentamente. Con tan solo mi bata protegiéndome mi parte delantera, el hurón toma todo mi espacio personal, ni siquiera puedo respirar libremente—, esto será completamente divertido.
Una sonrisa socarrona aparece en sus labios, siento su aliento a menta y su olor a virilidad. Todo mi cuerpo se eriza por la cercanía y mi corazón empieza a latir como loco, ¿por qué el maldito hurón me está poniendo a mil? Sacudo mi cabeza, ¡esto no puede estar pasando! ¡Es un Slytherin! Además ¡es Draco Malfoy, por Merlín!
—Vete de aquí Malfoy —como puedo, llego hasta mi tocador agarrando mi varita para luego apuntársela a él. Mi mano tiembla.
—Si deseas sobrevivir esta noche Granger, será mejor que ni se te ocurra llevar tu varita, mucho menos hablarme en ese tono.
—Puedo hablarte como desee maldito hurón degenerado, ¿cómo te atrevas a entrar a...? —ni siquiera puedo terminar la frase cuando él me toma del cuello estrellándome en mi cama. Mi bata cae al suelo junto a mi pudor, el hurón me abre las piernas y una de las suyas se cuela topándola hasta que su rodilla llega a mi intimidad.
Inconscientemente suelto un pequeño gemido al sentir cómo su extremidad choca con mi intimidad. Todo mi cuerpo se calienta y sé que en cualquier momento podría envolverme en llamas porque mi vientre se contrae de tal manera que siento algunos cosquilleos que me recorren hasta mis senos erizando cada vello de mi cuerpo junto a mis pezones.
—Esta noche demostrarás que puedes servir al ministerio tanto con tu cuerpo como con tu cabeza Granger —su suave, pero dura voz me hace trizas la razón, porque cierro los ojos aspirando su aroma dejándome seducir—. Harás todo lo que te ordene, no hablarás mientras yo no te lo permita; de lo contrario te atendrás a las consecuencias —siento su caliente aliento chocar contra mi cuello y vuelvo a gemir. Su olor, su calor, todo su cuerpo me hace perder la razón.
—Y...Yo... ¿por qué... debería hacerlo? —mi voz sale completamente cortada y con un tono de rabia, pero mi cuerpo no siente lo que estoy expresando, al contrario, mi respiración está tan acelerada por mi excitación, mi conciencia está rogando porque yo misma ceda y le deje hacer al hurón lo que quiera, ¡por Morgana! ¿Será que me habrá embrujado sin darme cuenta?
—Porque deseas más de lo que has hecho hasta el momento, porque tu frustración le empieza a ganar a la razón —muerde mi lóbulo derecho y una corriente eléctrica recorre todo mi cuerpo, lo agarro por los hombros para que él sepa que quiero que se aleje de mí, aunque lo que deseo es que se acerque más, me siento completamente húmeda, ni siquiera Ron me puso alguna vez así—, porque deseas aventura y no lo puedes negar.
Veo como el hurón se levanta mientras mi conciencia y mi —maldito— cuerpo ruegan porque regrese a su posición, no me percato que estoy temblando como una hoja hasta el momento en que deseo levantarme para buscar algo con que tapar mi pudor, pero no puedo moverme.
El hurón se da la media vuelta buscando algo entre las cosas que me acaba de entregar y saca dos objetos que no tengo ni la menor idea qué son.
—Levántate Granger —su voz de mando y control me hacen obedecer, así que me levanto con gracia frunciendo mis labios, me paro frente a él con fuerza como si estuviese completamente vestida aunque es todo lo contrario, ¿podría estar bajo la maldición Imperius? Imposible, porque esto es lo que deseas, me recalca mi conciencia.
Mi primera intención al levantarme es tapar mis pechos con mis propios brazos, pero al verle un pequeño sonrojo en su blanca piel, algo dentro de mí me incita inclusive a sacar más mis senos y enderezar mi espalda, veo como algo empieza a notársele bajo el pantalón, ¿podría ser...? ¿Por mí? ¿Draco Malfoy... está excitado por mi desnudez?
—¿Cuánto es tu odio por la idiota de Laverne y el imbécil del hermano de la comadreja? —recordar a Ronald en un momento como éste es cómo despertar desnuda bajo un intenso invierno—. ¿Cuánta es tu frustración porque alguien como él te dejara por alguien como ella? —inclusive mi mente me traiciona escuchando la voz empalagosa de la odiosa esa diciendo Won-Won—. ¿Qué tanto disfrutarías porque él viniera rogando de rodillas pidiéndote perdón para regresar con él?
No me atrevo a responder, el hurón está leyendo todos mis pensamientos pasados, presentes y futuros, pero no habría nada más que me gustara que eso.
—Si haces todo bien esta noche tendrás eso e inclusive mucho más.
—¿Q-Qué... tengo que hacer? —mi voz tiembla, pero pregunto con decisión y curiosidad.
—Todo lo que te diga —sonríe enseñándome dos objetos ovalados que tiene en sus manos son quizás de la mitad de uno de mis dedos. Agita su varita y aparecen dos cintas adhesivas, ¿qué pretende hacer con ello? ¿Qué son esas cosas?—. Extiende tu mano Granger.
Obedezco una vez más, ¿desde cuándo soy tan obediente especialmente cuando es el hurón idiota quien me da las órdenes? Quizás debo de estar loca, eso es, probablemente mi infortunio con el Ministerio de Magia ha hecho que pierda la razón, así que cualquier cosa que haga será culpa de ellos.
Me coloca los dos objetos en mi palma, pone su mano sobre la mía para cerrarla con los artilugios adentro, ¿podrán ser huevos de dragón en miniatura? Levanta su varita y murmura algo tan bajo que no puedo descifrarlo. Doy un pequeño grito acompañado de un salto sintiendo como los objetos empiezan a vibrar en mi mano.
—¡¿Qué es esto?! —pregunto alarmada.
—Cada vez que me obedezcas o considere que me faltes al respeto sentirás cómo vibrarán.
—¿Vibrarán? ¿Los llevaré en la mano toda la noche? —se acerca a mí e instintivamente retrocedo topando con la base de mi cama, él sonríe moviendo su cabeza de un lado a otro—. ¿No? —vuelve a negar.
Toma una de las cintas que está en el aire y luego agarra uno de los objetos vibradores de mi mano. Todo sucede tan rápido que ni siquiera me percato en el momento en que me lo ha puesto en mi seno derecho aprisionando mi pezón, caigo de bruces en el colchón de mi cama.
—P-P...Pero... ¡¿QUÉ DEMONIOS HACES?! —grito totalmente aturdida, primero entra en mi habitación y me ve completamente desnuda y ahora ¡¿me toca?! El mundo está loco y yo más por no hacerlo comida de Thestrals.
—Si intentas quitártelos lo único que conseguirás será quedarte desnuda en el momento en que yo lo desee, cada vez que te los toques sin que yo te lo autorice recibirás una descarga.
El objeto vibra intensamente acomodándose en mi pezón, comienzo a jadear irremediablemente ante la sensación que me causa.
—Esta noche emprenderás la misión más importante de tu nueva carrera Granger, así que vístete y sé obediente por una vez en tu vida.
