Advertencia: Este fic comienza con Edward y Bella de pequeños, por lo tanto habrá palabras fuera de contexto por lo mismo de que muchas veces los niños dicen una cosa cuando en realidad se están refiriendo a otra, todo lo aquí escrito es deliberado, no me equivoqué ni nada de eso. Ahora pongan sus mentes «infantiles mode on» y disfruten de la lectura.

Gracias a Alexandra Marroqui por ser mi beta y ayudarme a corregir todos mis horrores ortográficos.


Sweet innocence.


Capitulo 1

6 años.

.

«Han pasado meses, miles de segundos
vamos renaciendo y tus caricias son mi rumbo
y en vidas pasadas cuando te buscaba
justo en el momento despertabas en mi almohada

Llevo tu amor por más de mil años
y aunque pase el tiempo más te voy queriendo
llevo tu amor por más de mil años
como novios otra vez
como la primera vez
que en los labios te besé y me enamoré»

.

Recuerdo que así fue como comenzó todo… Desde la primera vez que nos vimos en el muelle, nuestras almas no volvieron a separarse.

Y así como ese día, existen muchas otras anécdotas que marcaron nuestras vidas…

Estábamos en el kínder aburridos viendo como todos los demás corrían de un lado para el otro. Yo me había caído así que mejor me vine a sentar, no quería que por eso el papi de Alice me pusiera esa cosa llamada alcohol, ardía mucho y ya no podría aguantarme las ganas de llorar.

Si lloraba entonces Edward descubriría que era una niña llorona y me diría que le había mentido.

¡Y yo no era mentirosa como las mujeres de las novelas!

Edward también estaba sentado conmigo, quiso dejar de jugar y acompañarme porque él dice que eso es lo que hacen los novios.

―Ed, hay que jugar a que construíamos una ciudad con los bloques y después la destruíamos con nuestras pantuflas de dinosaurio, ¿sí?

―Está bien ―se encogió de hombros y sonrió de ladito. Yo había intentado sonreír así pero algunas veces me salía y otras no.

Sacamos los bloques de la caja y comenzamos a hacer la ciudad, hoy era día de jugar y por eso las misses nos dejaban traer nuestras cosas favoritas de casa, Ed y yo habíamos traído nuestras pantuflas porque después de jugar nos gustaba echarnos una fiesta, digo, una siesta. No sé porque se llama siesta, pero así dicen los adultos.

Ya que teníamos la ciudad hecha nos sentamos para ponernos las patas de dinosaurio, brinqué contenta cuando ya tenía listas las mías.

― ¡Lero, lero, le quité la pata! ―Mike Newton se reía frente a Edward, en sus manos traía la pantufla de dinosaurio que a mi novio le faltaba en uno de sus pies.

― ¡Dámela, o le digo a la miss que fuiste tú el que se hizo popo en las flores del jardín! ―Ed apretó los puños gruñendo como un león.

― ¡Dile, no me importa!

― ¡Dame eso Newton cara de ardilla! ―Corrí hasta él y jalé la pata para poder quitársela― ¡Suéltala!

― ¡No, es mía! ―Gritó enojado.

― ¡Por mentiroso te va a crecer la nariz como a pinocho! ―Con fuerza de chica súper poderosa, tiré de la pata hasta quitársela al tonto de Mike. Tiré tan fuerte que caí sentada, en eso él se acercó y me jaló el cabello. Lloré fuerte, no me pude aguantar y ahora Ed pensaría que soy una llorona.

― ¡Eres un cabeza de chorlito! ―le gritó Edward empujándolo y tirándolo al suelo― ¡Mi mami dice que a las niñas no se les toca ni con el pétalo de una rosa!

Mike empezó a llorar tan fuerte que mis oídos me dolieron, yo ya no lloraba, con ese ruido tan feo que él hacia hasta se me quitaron las ganas.

― ¿Qué está pasando aquí? ―La miss Irina preguntó moviendo su zapato en el piso.

― ¡Fueron ellos miss! Edward y Bella me pegaron, yo solo quería jugar. ―Mike lloró más fuerte haciendo que la miss lo cargara y le diera palmaditas en la espalda para callarlo.

―Edward, Bella, ¡al corral de castigos! ―Señaló ella con su dedote.

― ¡Pero él fue quien me robó…! ―Dijo Ed pero la señorita Irina no le hizo caso.

―Bella, siempre tengo problemas contigo, te la pasas molestando a Mike, y ahora Edward tú también lo estás haciendo. Los quiero en el corral de castigos hasta que lleguen sus madres. ―Nos regañó y bajó a Mike para cargarme a mí y meterme al corral, después hizo lo mismo con Ed, lo bueno era que había alcanzado a ponerse su pantufla.

Volvió a cargar a Newton y se lo llevó, él estaba sonriendo sin que ella se diera cuenta.

Ed y yo le sacamos la lengua y le hicimos caras feas, él dejó de sonreír y se volvió a enojar. Nosotros nos reímos y fuimos por las almohadas que estaban por ahí tiradas, ya habíamos jugado y ahora era hora de nuestra fiesta, digo, siesta.

Nos acostamos en el suelo abrazando la misma almohada en forma de caramelo.

―Ed, no piensas que soy una llorona, ¿verdad? ―Le pregunté asustada tallándome los ojos, tenía mucho sueño.

―Nop, mi papá dice que cuando lloramos limpiamos nuestros ojos. Yo también lloro algunas veces.

Uff menos mal.

―Ah bueno, entonces Mike Newton seguro tiene los ojos más limpios de todo el mundo.

―Será lo único limpio que tenga, por que huele muy pero muy feo.

Hizo algo chistoso con su nariz y los dos nos reímos antes de quedarnos dormidos.

Éramos tan pequeños para ser conscientes del significado del amor, sin embargo cuando eres niño ese es el sentimiento que más te sobra y a nosotros nos sobraba a mares, nos queríamos inocentemente desde entonces.

.

7 años.

.

¡Din don!

― ¡Ya voy! ―Mi papi fue a abrir la puerta, brinqué en mi lugar porque mi novio y mi mejor amiga por fin estaban aquí.

―Cariño, ¿estás segura de que estarás bien? ―Renée, mi mamá, me preguntó pasando una y otra vez su mano por mi mejilla― Tanya se quedará con ustedes ―parecía como si ella quisiera llorar.

Yo creo que ella pensaba que yo también lo haría, siempre que me dejaban con ella lloraba agarrándome de la pierna de mi papi.

―Sí, Alice dijo que las pijamadas son divertidas y Edward será el hombre de la casa como papá, él nos cuidará mejor que la serpienta de Tanya.

Tanya era la niñera que a veces me cuidaba cuando mis papis salían, ella no era mi persona favorita siempre se la pasaba hablando por teléfono con su novio, ella era la serpienta. En las telenovelas que Renée veía las familias siempre tenían serpientas, así que Tanya era la nuestra.

Y hoy Alice, Edward y yo tendríamos una pijamada. Yo nunca había estado en una pijamada de las que tanto hablaba Alice y estaba muy emocionada porque hoy haríamos una.

Renée rió tomando mi mano y dirigiéndonos a la puerta.

― ¡Pórtense bien! Alice, no desveles tanto a Bella, Edward cuida a las niñas ―escuché la suave voz de Esme decir cuando llegamos junto a ellos― no le den problemas a la niñera. ¡Hola cariño!

Se acercó a mí y besó mi mejilla, ella era muy bonita, olía a rosas, su cabello era del color de la cajeta y tenía los ojos como los de Edward, verdes como las peras que mis papis me obligaban a comerme, ¡puaj!

Edward avanzó hasta mí, traía abrazando una bonita oveja de peluche.

―Toma, esto es para ti. ―Sus mejillas se pusieron tan rojas como la nariz de un payaso.

Mi papi que estaba parado en la puerta junto a Carlisle tosió un poco; él como que siempre se enfermaba cuando Edward venía a visitarnos, todavía me acuerdo del día que se cayó al agua cuando fuimos a pescar, esa fue la primera vez que se puso malito. Aunque de eso ya había pasado como mucho tiempo y no sé cuánto.

―Wow, ¿en serio? ―Abracé con fuerza mi regalo, era muy esponjoso, como una gran bola de algodón de azúcar.

―Sip, somos novios y los novios se dan obsequios.

Edward era el mejor novio de todos.

―Toda la tarde estuvo rogando para que lo llevara al centro comercial, diciendo que quería comprarle un regalo a su novia ―Esme rió mirando a Renée así como cuando Alice quiere hacer una travesura.

Me acerqué a Ed, me paré un poco de puntitas como nos enseñaron mañana en la clase de ballet en la que Alice y yo comenzamos a ir, y le di un beso en la mejilla.

Mi papi comenzó a toser más fuerte, lo miré y toda su cara estaba roja roja, así como cuando una vez Edward y yo le dijimos que nos íbamos a casar.

―Eh, este, nosotros las esperamos afuera ―Carlisle le dijo a mi mami y a Esme, llevándose con él a Charlie, quien regresó a ver a Edward y le echó la mirada del mal señalando sus ojos con dos dedos y luego a él.

―Calma Charlie, son solo unos niños ―le dijo mi mami riendo.

Pero no era cierto, no éramos niños, bueno sí, pero niños grandes, yo tenía así como todos los dedos de la mano, más dos dedos más. Siete eran muchos.

Los adultos seguían riendo mirando a Charlie divertidos. Yo no entendía nada. Los adultos eran raros.

Después tendría que hablar con mi papi, él no podía ver a mi novio con esa cara de Shrek.

― ¡Bella! ―Alice entró corriendo casi chocando con nuestros papás y me abrazó fuerte con un solo brazo, ella era la niña más fuerte que yo había conocido, yo creo que por eso le gustaba el futbol, en el otro brazo traía un recipiente― eh traído galletas con chispas de chocolate para merendar. ¡Tus favoritas!

―Te ayudo con esto ―entró diciendo Tanya y tomó el recipiente de las manos de Alice― No se preocupe señora Swan, los niños estarán bien ―dijo, despeinando el cabello de mi mejor amiga quien rápidamente se hizo a un lado y la miró enojada. Ella odiaba que tocaran su cabello, así como Edward.

―Muy bien, entonces hasta pronto ―salieron por la puerta despidiéndose con la mano y perdiéndose de vista.

Tanya se paró frente a nosotros y puso su cara de mala.

―Ahora, se van a portar bien mientras yo veo la televisión, ¿entendido?

― ¿Podemos ver la televisión también? Anunciaron que iban a pasar 'Monsters, inc', y queremos verla. ―Pidió Edward, era su película favorita y si la serpienta decía que no él se pondría triste.

―No pequeño Eddie, es hora de que ustedes vayan a dormir.

― ¡No soy pequeño! Papá dice que soy más alto que la estatura promedio de los niños de mi edad. Y no me gusta que me llamen Eddie. ―Contestó Ed cruzándose de brazos.

― ¡Y todavía no hemos merendado! ―Gruñí enojada y cruzándome de brazos, imitándolo.

― ¡Tenemos galletas con chispas de chocolate y las hicimos especialmente para Bella, son sus favoritas! ―Alice dijo levantando los brazos.

―Está bien, está bien, hagan lo que quieran, pero en tú habitación, a mi me dejan ver mi programa. ―Fue hasta la sala, se sentó en el sillón subiendo los pies a la mesita de enfrente y prendió la tele con el control remoto.

―Tengo una idea ―Alice nos abrazó por los hombros y nos jaló para estar cerca y hablarnos despacito ―vamos a ver la tele sin que se dé cuenta. Pero primero vamos por leche, me muero de hambre ―frotó su mano sobre su estómago y escuchamos como las tripas le gruñían, Edward y yo nos reímos.

― ¿Y si nos descubre? ―La serpienta de Tanya nos podría castigar, ella era mala.

―No te preocupes Bells, no voy a dejar que ella nos haga algo, ahora soy el hombre de la casa y tenemos derecho a ver la tele ―Ed era tan valiente, él nos cuidaría.

Fuimos a la cocina y nos servimos tres vasos de leche, después, despacito y sin que nos viera nos sentamos atrás del sillón. Comimos galletas y vimos el programa donde sale la señora que le busca novios a la gente, era muy aburrido, siempre que Tanya venía a mi casa lo veía y a mí me mandaba a dormir.

― ¡Worales! ―Alice tapó su boca y abrió sus ojos bien grandes viendo como en la tele un señor y una señora pegaban sus narices y las movían de un lado a otro― ¿Qué es eso? ¿Qué están haciendo?

―La señora del programa dice que se están besando ―Edward asomó su cabeza para poder escuchar mejor― dice que eso es un beso esquimal.

― ¿Esquimal? ―Me rasqué la cabeza, yo tenía un montón de dudas, lo bueno que mi novio era inteligente― Ed, pero el señor y la señora no parece que tengan frío, mi papá dice que los esquimales viven en el frío.

―Humm, yo creo que se llama así porque parece como si estuvieran temblando cada vez que mueven la cabeza.

― ¡Tengo una idea! ―Alice siempre tenía las mejores ideas, era muy divertido todo lo que se le ocurría― Yo he visto que cada vez que Bella te da un beso Edward, Charlie como que te quiere colgar del techo.

―No es cierto, mi papá no quiere colgarlo del techo, Ed es mi novio no puede hacerle eso ―crucé mis brazos enojada― ¿verdad que no Edward?

Lo miré esperando que hablara, tal vez mi papi le había dicho algo así como en las novelas que ve Renée, donde el papá le dice al novio que no puede estar con su hija. Mi mami siempre dice que papá es muy celoso.

―No, pero… ―mejor se calló porque Alice comenzaba a rebotar en su lugar queriendo hablar. A ella le gustaba mucho hablar.

―Pero yo creo que ustedes deben practicar el beso esquimal, se ve divertido y tal vez así Charlie no se enoje porque ustedes se casen.

Edward y yo nos miramos y esta vez los dos nos pusimos rojos, yo me di cuenta cuando toqué mi mejilla y la sentí calientita. Estaba nerviosa, este sería un nuevo beso, uno más complicado, tenía que hacerlo bien porque solo así mi papi no se enojaría por mi boda.

Nos acomodamos mejor, Ed se acercó a mí y de pronto su frente y la mía chocaron lanzándome para atrás.

Alice se rió tapándose con las manos.

―Perdón Bells, papá tiene razón, no debo de sacar toda mi fuerza de superman con las niñas.

―No importa ―me hinqué otra vez frente a él, no me había dolido tanto― ahora me toca a mí.

Tragué saliva, había llegado la hora. Con cuidado pegué mi nariz a la suya y puse mis manos en sus hombros para no caerme.

―Ajá, así es ―Alice nos observó de cerca― ahora muevan sus cabezas.

Hicimos lo que nos dijo, se sentían cosquillas, Edward y yo nos reímos, era muy divertido hacerlo.

― ¡Otra vez, otra vez! ―A Ed le había gustado nuestro beso, eso era bueno, fiuu.

―No, esperen, la señora de la tele está diciendo otra cosa interesante. ―Alice se volvió a asomar, cuando nos regresó a ver su frente tenía muchas arrugas― Ahora tienen que aprender el beso francés.

― ¿El beso francés? ―Nosotros preguntamos confundidos, no estábamos en ese lugar llamado Francia para poder besarnos.

― ¿Cómo es ese? ―Tenía curiosidad por saber, yo quería aprenderlos todos, las princesas siempre se besaban igual con sus príncipes, mi mami estaría orgullosa de que haya aprendido cosas nuevas.

Alice se encogió de hombros.

―No lo sé, cuando me fijé ya lo habían hecho.

― ¿Y ahora que vamos a hacer? ―Pobre Ed, se veía triste por no haberlo aprendido.

―Será mejor que lo investiguemos con nuestros padres.

Alice tenía razón, ellos nos dirían, eran adultos y seguro conocían todos los tipos.

Y vaya que si le pregunté a mis padres sobre el dichoso beso francés, Renée rompió el florero que en ese momento arreglaba y Charlie terminó escupiendo toda la cerveza de su boca.

Fue entonces cuando Edward y yo decidimos que si queríamos casarnos era mejor seguir practicando el beso esquimal.

.

12 años.

.

Arreglé mis cosas para irme a casa, hoy vendría mi mamá por mí a la escuela. Acostumbraba a irme con Edward y Alice pero estaba enojada con él así que no quería verlo.

Últimamente se estaba comportando de forma rara, ya no nos veíamos como antes, veía más a Alice que es mi mejor amiga y eso que son hermanos y viven en la misma casa.

Eran contadas las veces que salía de su cuarto cuando yo iba a hacer tareas o pijamadas con su hermana, siempre andaba con sus amigos Emmett, Jasper y James. Los tres eran los niños más traviesos de la escuela, pero secretamente debo confesar que Edward era el más guapo de todos.

Todas las niñas andaban detrás de él. Y a mí, eso no me gustaba.

Alice decía que no me enojara con su hermano que a la única que Ed quería era a mí, pero es que yo lo extrañaba tanto. Siempre los tres habíamos sido inseparables, salíamos a todas partes juntos y dormíamos en la casa del otro, íbamos a las mismas escuelas… Ahora aunque estemos en el mismo salón él ya no se sienta conmigo, y al sonar la campana ni siquiera nos espera a Alice y a mí por irse con sus tontos amigos.

Cerré mi mochila lista para irme, ya no quedaba nadie en el aula, estaba sola, mi amiga no había venido hoy por el dolor de panza que le dio por comer tantos dulces anoche. Siempre le pasaba lo mismo y ella lo seguía haciendo.

― ¿Tú eres Bella?

Miré hacia la puerta al chico que venía entrando, lo conocía de vista, iba como dos grados más abajo que nosotros. Fruncí el ceño cuando llegó frente a mí, nunca habíamos hablado antes y tenía curiosidad de saber que quería.

―Sí, yo soy, ¿por qué?

Levantó la mano para entregarme un sobre, dejando también a la vista una pequeña florecita amarilla de esas que hay en los arbustos cerca de la cancha de futbol.

El niño se encogió de hombros después de darme las cosas y caminar a la salida aún de frente a mí.

―Porque alguien te manda eso.

Qué extraño, nunca nadie me había mandado nada. Esperaba que no se tratara de una de las bromas de Mike Newton, Ángela una vez me dijo que yo le gustaba y desde entonces me escondo para no verlo, además, a Ed le caía muy mal y los dos siempre terminaban peleando.

― ¿Quién? ¿Dime quien…? ¡Eh!, ¡espera!

Desapareció de mi vista dejándome más confundida que antes.

Abrí el sobre y saqué la hoja color rosa.

"Siempre que Esme cocina un pastel me acuerdo de ti.

¿Alguna vez has visto el chocolate sobre el fuego mientras se derrite?

Me recuerda al color de tus ojos.

¿Has olido las fresas antes de ser puestas sobre el betún?

Tú hueles como ellas.

¿Has visto como tus mejillas se ponen de color rojo como las cerezas cuando te avergüenzas de algo?

A ti te da pena y a mí me parece lindo…

Yo se que tú piensas que ya me olvidé de ti, pero no es verdad Bells, eres mi mejor amiga y… y te quiero.

Edward."

Olí la florecita leyendo otra vez la carta. No me lo podía creer, Edward, mi Edward me había hecho una carta. Y seguíamos siendo mejores amigos.

―Yo… lo hice para ti.

Me asusté y brinqué cuando de repente apareció junto a mí. Se despeinó el cabello como cada vez que se ponía nervioso, estaba más rojo de lo que yo debía de estar en ese momento.

―Gra…gracias Ed, ―no sabía que decir, nunca me habían dicho cosas tan bonitas como las que decía esa carta.

―Bella, yo, yo no quiero que pienses que ya no me quiero juntar contigo.

― ¿Y entonces por qué ya no me hablas como antes? ―Me puse triste, no me gustaba estar separada de él.

―Es que… bueno, los chicos dicen que las niñas son raras y gritonas, y si me acerco a ti se van a burlar de mí.

¿Era solo por eso por lo que no se acercaba?

―Pero yo no soy gritona ―él me conocía muy bien, no tenía por qué hacerle caso a esos niños apestosos― y creo que tampoco rara.

Me gustaban las galletas oreo sin la crema del centro, dormir arropada hasta la cabeza aunque me estuviera muriendo de calor, odiaba el licuado de fresa y la cátsup. Si era un poquito rara, Alice siempre me lo decía, pero Edward no tenía porque saberlo.

―Lo sé, pero… ―respiró hondo y se balanceó sobre sus pies, metiendo sus manos dentro de las bolsas de sus pantalones― Perdón, no quise hacer que te sintieras triste, si quieres podemos irnos a casa juntos.

―No puedo, Renée vendrá por mí.

Guardé bien la carta en mi mochila antes de cargarla sobre mi hombro.

Si papá llegaba a verla seguramente se enojaría mucho. Llegando a casa la escondería abajo del colchón de mi cama donde nadie pudiera encontrarla.

―Puedo mandarle un mensaje diciéndole que te irás conmigo, por favor. ―sacó su teléfono esperando a que aceptara.

De verdad quería que volviéramos a ser como antes, y no solo él lo deseaba, yo más que nadie. Sonreí dejando que le avisara a mi mamá. Unos minutos después no tardó en llegar la respuesta.

―Listo, vamos.

En su boca se formó esa sonrisa tan bonita que me encantaba.

―Vamos ―sonreí de vuelta contenta porque las cosas se hayan arreglado entre nosotros.

Caminamos por el pasillo mientras platicábamos de los últimos días. De su mochila sacó una barra de chocolate Kínder que partió a la mitad para compartirla conmigo.

― ¿De verdad el chocolate te recuerda a mí? ―Le pregunté dándole una mordida, era mi favorito y siempre lo compartíamos.

―Sip, es el color de tus ojos. ―Al decirlo sus cachetes se volvieron rojos. Sentí calor en mis mejillas también.

Ese fue la primera vez que nos dimos cuenta que las cosas estaban cambiando, que los niños que éramos se estaban quedando atrás, que nuestra relación de mejores amigos a pesar de estarse afianzando también comenzaba a sufrir nuevas transformaciones…

.

15 años.

.

Seguí indagando en mi memoria hasta llegar a uno de los momentos más bochornosos de mi adolescencia. Lidiar con los cambios físicos y emocionales no fue una tarea fácil, en mí se dejó caer una gran bomba que explotó dejándome vulnerable frente a muchas cosas.

―Rose, es que no me gusta, se me ve todo ―desesperada intenté taparme la parte superior del bikini, lo odiaba, mucho.

Rosalie era amiga de Alice y mía, se había mudado el año pasado desde Oregon ya que su padre tenía negocios que atender aquí en Forks. Era un año mayor que yo y era muy bonita y segura de sí misma.

―Bella, tran-qui-la ―contestó palmeándome los hombros― estás muy linda, no entiendo de que tanto te preocupas. Además la depilación nos dejó estupendas.

Claro, como ella era súper feliz con sus pechos grandes y bien proporcionada anatomía, quería que las demás estuviésemos igual de satisfechas con la decisión de la madre naturaleza al darnos un cuerpo tan desarrollado.

Apenas y tengo quince años, no puedo acostumbrarme a esto, primero no tenía nada, estaba plana como una tabla de surf y ahora, ¡plaf! De repente tengo dos senos a la vista del ojo humano.

Son tan grandes que era imposible esconderlos, no me gustan, los odio y odio todavía más el periodo, me pongo triste y lloro por todo, me duelen las caderas y siento los senos como si me fuesen a explotar, además, tengo que admitir que siento algo extraño que no sé qué es y me desespero, ugg creo que ya me voy a poner a llorar otra vez.

Eso sin contar lo doloroso que fue hacerme el depilado. ¿Por qué las mujeres somos las que sufrimos por estas cosas y los hombres bien gracias?

―Es que me da pena ―admití a punto de soltar las primeras lágrimas― ahí van a estar los chicos y, y, y…

―Y Edward. Lo sé, y también sé que le vas a encantar ―acomodó un mechón de cabello tras mi oreja.

―No, yo no, Edward no... ―Avergonzada me mordí las uñas, un tic que aparecía cada vez que me ponía ansiosa.

―Mejor no me digas nada, ¿sí? Creo que tú y yo sabemos bien que es lo que sientes ―sonrió sin obligarme a contestar preguntas incómodas, me dio un lindo pareo rosa casi transparente que hacía juego con mi traje de baño de dos piezas de un color palo de rosa―. De verdad no hay nada de qué avergonzarse Bells, tienes un cuerpo por el que cualquier chica de nuestra edad moriría.

―Si tú lo dices ―me encogí de hombros resignada dejando que me pusiera brillo labial de fresa.

―Lo digo y lo sostengo, ahora vayamos con Alice porque si no bajamos ya, puede que se enoje y le salgan tres cabezas.

Respiré hondo y salimos del cuarto de Alice para bajar a la fiesta que se celebraba en el jardín. Hoy cumplía sus quince años, y aunque todo el mundo podría haber dado por hecho que ella querría una gran fiesta de ensueño, vestida de princesa, con limosina y toda esa parafernalia, al final, después de checar una y otra vez los pronósticos del tiempo para esta fecha, optó por una parrillada con amigos donde todos, y especialmente ella, se pudieran divertir sin ningún protocolo.

Como en pocas ocasiones sucedía en Forks, hoy el sol se había desperezado para salir de entre las nubes a iluminar y llenar de calidez nuestro muy constante clima frío y lluvioso, por lo tanto la alberca casi abandonada de la casa de los Cullen se prestaba para que la fiesta fuese aún más divertida. Mi mejor amiga estaba más que contenta con eso.

― ¡Bella! ¡Rose! ―Hablando de la festejada, al vernos no tardó en abalanzarse y rodearnos a cada una con un brazo― Por fin bajan, por poco subía a buscarlas, comenzaba a creer que se habían quedado encerradas en mi habitación o algo así.

―Tuvimos un pequeño inconveniente, nada importante ―Rose le guiñó un ojo peinando su ondulado cabello rubio.

A veces me gustaría tener la seguridad que ella demuestra, es tan linda que todos los chicos se le quedan mirando siempre que pasa cerca de ellos, y a ella no le importa, recibe los obsequios que le dan y a veces hasta sale al cine con uno de ellos. Normalmente se la pasa peleando con Emmett, uno de los mejores amigos de Edward, ambos se caen mal y en cualquier oportunidad que se les presenta se burlan uno del otro por cualquier tontería.

Rose era feliz demostrando cuanto había crecido, se sentía poderosa al saber que ya era grande y podía usar ropa más sofisticada escogida por ella y no por su mamá. Alice brincaba de alegría al saber que ahora tendría más privilegios, como por ejemplo: dormirse hasta tarde, más permisos para salir, aprendería a manejar ―Carlisle se lo había prometido, o para ser más exactos, ella se lo había hecho prometer― entre muchas otras cosas.

Y luego estoy yo, casi tengo los mismos beneficios que ellas, y sí, estoy feliz por ello, lo único con lo que aún no me acostumbro es con mi cuerpo. ¿Pero qué podía hacer? Al parecer nada, tal vez algún día me opere y me haga los senos más pequeños, cualquier cosa con tal de pasar desapercibida.

La música sonaba alto pero permitía que la gente no tuviese problemas para conversar entre sí, en las esquinas globos en forma de estrella adornaban el lugar y a un costado Ángela, Bree, Jessica y algunos chicos se hacían cargo de la barbacoa que se cocinaba deliciosamente sobre la parrilla.

Tal vez era demasiada paranoia la mía, pero no podía dejar de sentir que todos me observaban y criticaban, agaché mi cabeza mientras que mis amigas y yo íbamos a sentarnos a la orilla de la alberca. A pesar de todo, era agradable de vez en cuando recibir los rayos del sol.

―Es sorprendente que Carlisle y Esme hayan aceptado dejarte hacer la fiesta sin ellos en casa ―metí los pies en el agua, estaba un poco fría pero me gustaba.

―Mi hermano me ayudó a convencerlos, les dijo que él se haría responsable de que la casa estuviera entera al final ―contestó colocándose sus lentes de sol.

― ¿Y dónde está nuestro querido héroe? ―Al mismo tiempo que Rose hablaba no perdía tiempo para untarse bronceador, sería una grosería fatal si desperdiciaba esta enorme oportunidad―. ¡Ah!, ya lo vi, está con Jasper, el tonto de Emmett y la bola de demás bobos, creí que le caía mal Mike Newton.

―Le cae mal, pero ya lo conocen, Edward es demasiado educado e inteligente como para tomarle importancia a gente que no vale la pena―. Instintivamente lo busqué con la mirada encontrándolo del otro lado de la alberca, bromeaba y reía sin preocupación alguna junto a sus amigos, su cabello bronce se veía húmedo y solo vestía un short de playa, suspiré al ver que no traía nada que cubriera la parte superior de su cuerpo, él era tan guapo. Y todas las tontas de la escuela se le quedaban viendo babeando como gatas en celo.

De pronto al sentirse observado su mirada se posó sobre mí, me sonrió cariñosamente y levantó una mano para saludarme, hice lo mismo gustosa, me guiñó un ojo y sin poder evitarlo me largué a reír. Era increíble la manera en la que me sentía con él, nunca incómoda como con el resto, jamás avergonzada, era mi mejor amigo y lo quería como a nadie.

Si tan solo él supiera…

Éramos dos personas totalmente diferentes, los niños que jugaban a casarse ya eran pasado, crecimos, y aunque el amor está latente hay cosas que cambian, los prejuicios aparecen y el miedo al rechazo también, pero eso sí, pueden pasar cientos de cosas, el mundo puede cambiar y girar miles de veces, pero nunca, ni siquiera en las siguientes vidas, dejaríamos de querernos y ser los mejores amigos.

―Siempre y cuando no se metan contigo, ¿verdad Bells? ―Preguntó Alice riendo junto a Rose―. En especial Mike.

―Conmigo porque somos mejores amigos, contigo porque eres su hermana y con Rose porque es su amiga también ―rodé los ojos sin prestarles tanta atención, siempre se la pasaban insinuando cosas, ya debería estar acostumbrada―. A las tres nos quiere y defiende por igual.

―Si, si, lo que tú digas, aún recuerdo lo que te dije cuando teníamos cinco años, tú y yo algún día seremos cuñadas. No lo olvides.

―Eso es indiscutible Alice, ―secundó Rose, ya comenzaban las dos la historia de siempre― el único inconveniente aquí es que ninguno de los dos da su brazo a torcer, es más que obvio que se gustan, nada más mira como babean creyendo que nadie se da cuenta de cómo se ven, ¿cuándo es que lo van a admitir Bells?

Me hice la desentendida y me levanté de mal humor, ya no quería escucharlas.

―Voy por algo para tomar, ahora regreso.

Fui hasta la hielera y le pedí una coca cola a Ben, esperé a que terminara de servir la de una chica antes de que me diera mi vaso.

―Hola Bella, veo que estás muuy bien hoy ―la repugnante voz de Mike Newton llegó a mis oídos. ¡Dios, por favor no! ¡Otra vez, no! ―, me estaba preguntando si te gustaría…

Estaba harta de su acoso, me caía mal, y de tantas veces que he rechazado su invitación para salir, de un tiempo para acá el tipo adquirió una actitud burlona y hasta ofensiva hacia a mí. Las chicas insistían en que le dijera a Edward, pero obviamente no estaba de acuerdo con eso no quería que terminara peleándose con Mike, desde que tengo uso de razón existen rencillas entre ellos y ni siquiera recuerdo por qué.

― ¿Cuántas veces tengo que decirte que no me interesa salir contigo? ―Lo miré reprimiendo mis ganas de golpearlo.

― ¿Y tú cuando vas a entender que Cullen nunca te verá más que como una amiga?

Algo dentro de mí se resquebrajó.

―No me interesa nada de lo que tú digas, ¡solo déjame en paz! ―Murmuré apretando los dientes para no llorar, lo único que quería era salir corriendo.

―Mike, deja a Bella tranquila ―Ben me puso una mano sobre el hombro llevándome un paso atrás―. No creo que quieras tener problemas con Edward.

― ¡Edward! ¡Edward! ¡Siempre Cullen tiene que estar en todo! ―Levantó las manos enojado y rojo del coraje para después jalarme fuerte del brazo― Bella, lo único que te estoy pidiendo es una oportunidad para salir, ¡deja de ser tan presumida y acepta!

― ¡SUELTALA!

En un instante era sacudida por Newton y al segundo siguiente estaba libre de su agarre, en un rápido y suave movimiento Edward me colocó tras su espalda antes de empujar a un sorprendido Mike.

Al escuchar los gritos la gente comenzó a aglomerarse a nuestro alrededor.

― ¡Deja de meterte donde no te llaman Cullen! ¡Si no fuera por ti, ella ya habría aceptado salir conmigo!

Grité horrorizada al ver como Mike se abalanzaba sobre Edward con el puño dispuesto a golpearlo, este se echó para atrás pero se vio imposibilitado de dar más pasos al toparse con el cúmulo de gente, por lo que alcanzó a recibir un golpe en la boca que lo hizo tambalearse un poco.

― ¡Basta, ya por favor! ―Grité con lágrimas en los ojos, Emmett y Jasper llegaron en ese momento agarrando a los dos chicos antes de que terminaran matándose.

Pero Edward tenía otros planes, como toro enjaulado forcejeó con Jasper y se fue de lleno contra Mike, proporcionándole un puñetazo directo en la cara que hizo que casi cayera al piso si no fuera porque Emmett lo sostuvo fuerte.

― ¡¿Cuándo vas a entender tú, idiota, que ella no quiere nada contigo?! ¡Si me entero que sigues molestándola juro que te irá mucho peor! ¡Ahora, lárgate de mi casa!

Sin darle oportunidad a hablar los chicos se llevaron a Newton que sangraba por la nariz, Edward aún enojado caminaba de un lado a otro, se detuvo y mirando feo a todos hizo que el circulo que se había formado se deshiciera haciendo que los invitados siguieran con la fiesta.

― ¡Bella! ―Alice llegó corriendo hasta mi cubriéndome con sus brazos― ¿Estás bien? ¡Te dije que debíamos decirle a Edward que Newton no dejaba de molestarte!

― ¿Qué? ¿O sea que no es la primera vez que ese imbécil te falta el respeto de esa manera? ―Edward se dirigió a mí casi echando chispas.

Rose acarició mi cabello para tranquilizarme.

―Alice, lo hecho, hecho está, deja de echarle más leña al fuego.

―Bueno ya, vamos a tranquilizarnos todos ―mi amiga suspiró mirando a su hermano― Edward, estás sangrando.

Volví mi mirada a él y recordé el golpe que le había alcanzado a dar Mike en su boca, por la sangre en la comisura supongo que le abrió el labio o algo así.

―Ven conmigo, voy a limpiarte esa herida ―lo arrastré del brazo adentro de la casa mirando de reojo a mis amigas quienes de inmediato comprendieron y nos dejaron solos.

En la cocina hice que se sentara en una silla y fui por el botiquín que Esme siempre guardaba en la alacena. Con un algodón empapado de alcohol comencé a limpiarlo, hacía muecas por el ardor pero no lo dejé levantarse hasta que terminamos, menos mal que solo había sido un pequeño corte.

Sin pensarlo lo abracé y escondí mi rostro en su pecho. Tenerlo cerca era mi antídoto y a la vez mi veneno. Me relajaba pero también provocaba cosas extrañas dentro de mí.

―Lo siento Edward, esto es mi culpa.

Abrazó mi cuerpo exhalando sobre mi cabello, afianzó mi cara con sus dos manos hasta hacerme mirarlo a los ojos.

―No digas eso, ¿de acuerdo? Me importas y no voy a permitir que nadie te haga daño, mucho menos ese estúpido. ―Besó mi frente detenidamente― Ahora, por favor déjame ver esa sonrisa tuya que tanto me gusta.

―Está bien. ―Sonreí un poquito, ganándome ahora un beso en la punta de la nariz.

―Hermosa. ―Me estrechó fuerte, su piel junto a la mía me daba calor. Y no sabía si eso era bueno o malo. ―Estás preciosa con ese traje de baño, aunque no me gusta cómo se te quedan viendo.

―Tonto. ―Reí nerviosa propinándole un leve manotazo en el pecho.

Se carcajeó, caminando todavía abrazándome hasta el sofá de la sala donde nos dejamos caer.

― ¿Te quedarás esta noche? Tengo ganas de hablar contigo hasta tarde.

―Ed, siempre hablamos hasta tarde cuando vengo a las pijamadas de Alice, incluso por teléfono, también platicamos en las mañanas rumbo a la escuela, en la salida y de vez en cuando antes de cada comida.

Eso era cierto, y ahora que me daba cuenta nunca me había puesto a pensar en la cantidad de tiempo que pasábamos juntos. Yo lo sabía todo sobre él, sus temores, sus alegrías y actualmente también sus tristezas, o como él las llamaba también, 'sus bajones'.

Últimamente no se sentía muy bien y eso me preocupaba; yo también sentía ese vacío en mi interior y no sabía a qué se debía. Era algo que nos unía, que compartíamos y que nos hacía comprendernos el doble de lo que ya lo hacíamos.

―Eso es porque eres mi conciencia, no sé qué haría sin ti ―sus ojos verdes refulgían intensos.

―Y tú eres mi inconsciente, me conoces mejor que yo misma.

― ¿Entonces te quedarás?

Sonreí sintiéndome completa como cada vez que lo tenía cerca.

―Me quedaré.

.

.

.

― ¿Edward? ―Llamé tras la puerta volviendo a tocar.

― ¡Ya voy Bells! ¡Espera un segundo! ―Fruncí el ceño― Listo, ya puedes entrar.

Giré el pomo y entreabrí la puerta asomándome a su habitación, no vi nada extraño, salvo que él se levantó y se fue al baño cuando yo iba entrando.

―Ahorita vengo, no tardo ―ni siquiera se volteó para decírmelo. La puerta del baño se cerró dejándome mucho más desconcertada que antes.

Suerte que Rose y Alice ya estaban dormidas, de otra manera no habría podido escaparme.

Me senté en la mullida cama a esperarlo, amaba este lugar y tenía la gran fortuna de ser bien recibida ya que el dueño era sumamente estricto con quien dejaba entrar. Era como su santuario sagrado y Edward era bastante celoso de él.

Había libros esparcidos a montones por todos lados, el librero de caoba no era suficiente, en el escritorio, en los buros a los lados de la cama, en el suelo, en las esquinas, estaban en todas partes. Lo único ordenado era el estante que ocupaba toda una pared, en él pulcramente se encontraba toda una colección de cds acomodados por fechas y otra de dvds apilados por orden alfabético.

Me deshice de mis ballerinas y me acomodé mejor sobre la cama, al levantar una de las almohadas una botella de cerveza vacía quedó al descubierto, Edward no tomaba, nunca lo había hecho. Tomé el control remoto para encender la tele, encontraría algo interesante en lo que regresaba y después le preguntaría desde cuando tomaba alcohol.

La pantalla se encendió y me quedé estática al darme cuenta de lo que apareció frente a mí.

¡Jesús!

Tragué saliva anonadada y parpadee aturdida captando tanto movimiento. Y los sonidos que esa pareja hacían. Así que de eso se trataba…

¡Besar… ahí!

¡Por Dios! No lo podía creer.

Pensé que Rose solo estaba bromeando cuando nos habló sobre esto a Alice y a mí, pero ahora veo que eso si se pude hacer. Y Edward lo sabe.

De pronto lo sentí sentarse a mi lado. Miré su rostro, sus mejillas estaban un poco sonrojadas y algo en sus ojos se había transformado.

Abrí la boca para decir algo, cualquier cosa, pero las palabras se quedaron atoradas en mi garganta. Se acercó más a mi costado hasta que nuestras piernas estuvieron juntas y su mano voló a mi rodilla desnuda, él estaba tan cerca que sentía su aliento en mi rostro, era dulce y olía ligeramente a alcohol. Ese 'algo' extraño que siempre sentía cuando lo tenía cerca, apareció dentro de mí.

―Bella, yo, a mí no… no me gusta como…como te miran los demás tipos. Lo odio.

―A mí, ta-tampoco me gusta como Kate y todas las de la escuela se te quedan viendo. ―Admití muerta de vergüenza.

―Tú eres mía. Y yo soy tuyo, ¿verdad? ―Preguntó con la voz entrecortada.

Asentí lentamente, mi respiración medio acelerada aumentó aún más cuando Edward pasó su lengua por su labio inferior y con decisión se aproximó a mí. No sabía que esperar hasta que su boca fue a parar a mi cuello, me dio varios besos húmedos y después, con sus dientes clavados en mi piel comenzó a succionar.

Abrí los ojos y la boca en shock.

Algo dentro de mí se sacudió, y me puse completamente roja cuando sonidos extraños como los de la película en la tele salieron de mi garganta sin mi permiso. Rápidamente me cubrí tratando de acallarlos.

Edward se separó y como que, volviendo en sí, tomó el control remoto y apagó la televisión. Sentado en la cama colocó los brazos sobre sus piernas frotándose la cara una y otra vez.

Por mi parte y apenas dándome cuenta, pasaba mis dedos con cuidado por el lugar donde hace un minuto estuvo su boca.

―Edward…

No sabía ni que decir, lo único que se me venía a la mente era su nombre.

―Da-dame un segundo. ―Contestó dando respiraciones profundas.

Después de no mucho me miró y me sonrió como si nada. Me ofreció su mano y con la misma confianza de siempre la tomé, hizo a un lado las sábanas y me invitó a entrar a la cama.

Edward apagó la luz y después se reunió conmigo. Esto ya se parecía más a lo que siempre hacíamos antes de comenzar con nuestras largas conversaciones nocturnas.

Rápidamente nos enfrascamos en el tema principal que siempre nos traía dando vueltas. Nuestro vacío.

Hablamos por horas y horas sobre cómo nos sentíamos y la forma en la que la gente parecía no entendernos.

En algún momento de la madrugada mis ojos ya pesados se fueron cerrando, Ed besó mi frente y murmuró algo que esperaba recordar cuando despertara.

―Procura que Charlie no vea lo que te hice.

Y aunque me costó trabajo hice lo que me pidió, más por su vida que por la mía, si Charlie se enteraba de que él era el causante de esa marca no lo dejaría ir vivo, tuve que usar infinidad de bufandas y cuellos de tortuga cuando jamás en mi vida me había puesto uno. Edward me hacía hacer cosas fuera de lo normal…

Y lo peor de todo es que me gustaba. Y lo sigue haciendo.


Después de un tiempo regreso con el segundo capítulo que tanto me pidieron, estos pequeños tenían tanto que contar que por culpa de ellos me salieron 61 hojas, ¿pueden creerlo?, no quise dejar todo eso en este cap. ya que era demasiado, por lo tanto lo dividí en 3 partes, esta es la primera, la segunda la subo en la semana.

Como leyeron al principio Alexandra me ayudó a betear, le estoy inmensamente agradecida por ello.

Muchas gracias a todo por su apoyo, gracias por sus reviews, a quienes no tienen cuenta déjenme decirles que me frustra no poder contestarles, así que sería agradable si me dejan su correo en un PM, si no igualmente no hay problema.

¿Les gustó la evolución de Edward y Bella?, los invito a que me lo cuenten por medio de un review ;)

Fa.