Nota del Autor: Ahora que sé quién es mi amigo, o debería decir, amiga invisible, puedo hacer la dedicatoria como corresponde. Así que Druida, esto es para ti. Lo hice con la mejor de mis habilidades y espero que no tengas dramas con el femslash, porque si es así… ayayay. Pero bueno, ¿qué hacerle? Como reza una canción de WarCry "libre como el viento quiero ser".
Continuemos.
Acto II: Caída no tan libre
Eran las seis de la tarde y Parvati Patil consultaba su reloj de manera compulsiva, lo cual era algo extraño porque una parte de ella no quería participar de lo que fuese que le tenía su amiga Lavender en reserva.
"¿Qué harías para aprovechar al máximo tus últimos días?" le había preguntado su mejor amiga. Parvati no recordaba que Lavender tuviera esa personalidad, pero la enfermedad que padecía pudo haber activado una suerte de interruptor dentro de ella, algo extraño porque las chicas no funcionaban como interruptores sino como las perillas de volumen de una radio analógica muggle.
Eran las seis con tres minutos. Tres minutos tarde, tres malditos minutos que Parvati podría haber aprovechado para desaparecer y aparecer en su casa, comprada hace dos semanas atrás, hacer sus deberes caseros y ponerse a leer un libro de cualquier género antes de irse a la cama y dormir, por supuesto, gracias a sus pócimas para el sueño sin sueños.
—¡Parvati! —llamó una voz que la sobresaltó y casi hizo que le fallara el corazón del susto. La aludida giró sobre sus talones y sus ojos se posaron en su amiga. Lavender ya no usaba esos horribles e infantiles rulos que le hacían ver la cabeza grande y, lo que era más, se había teñido el cabello con un tono más oscuro, luciendo cualitativamente diferente de cuando estudiaba en el colegio. Parvati sólo se limitó a mirarla: lucía mucho mejor que antes.
—Hola —saludó la sanadora, quien todavía estaba vestida con la túnica reglamentaria de color verde lima—. Para la próxima intenta no gritar —añadió con tono de reproche.
—Vaya que estás gruñona hoy Parvati —observó Lavender, mucho más jovial que su amiga. Como se dijo antes, no parecía sufrir de ningún mal, ni siquiera de un simple resfrío—. ¿No te gustó mi idea?
—Es una mala idea.
—Precisamente por eso debemos hacerla —la animó Lavender, zamarreándole levemente los hombros a su amiga—. Y vaya que necesitas un respiro de tanto trabajo.
—Trabajando se gana la vida Lavender.
—Sí, pero no significa que aquello represente tu todo, ¿no crees?
Parvati respondió como por puro compromiso. Estaba tentada en dejar plantada a su amiga e irse para su casa y olvidar todo ese condenado asunto, pero algo le impedía moverse, como si a sus zapatos le hubiesen crecido raíces y éstas se hubiesen anclado testarudamente al suelo.
—¡Vamos! No seas aguafiestas. ¿Sabes qué? Iremos en orden. Haremos la locura número uno de nuestra lista.
Parvati sabía cuál era y no le gustaba para nada. Y la palabra acrofobia tenía mucho que ver con su falta de entusiasmo con la idea que propuso Lavender.
—No quiero.
—Por favor Parvati. No quiero hacer esto sola. Recuerda que tú eres mi cómplice. Siempre lo has sido y siempre lo serás, en las buenas y en las malas. Ni tú sabes cuándo me iré del mundo y quiero que mis últimos días queden en el recuerdo. —Lavender compuso una expresión acongojada en su rostro pálido que ablandó un poco a Parvati—. Por favor. No haría esto con nadie más que contigo. Y lo digo muy en serio.
No sabía por qué, pero a Parvati le daba la impresión que su amiga trataba de decirle algo más con esas palabras. Sin embargo su cabeza no dio para más análisis y, a regañadientes, aceptó la propuesta. Tenía la clara certeza que se iba a arrepentir del sinsentido que estaba a punto de realizar.
—¿Te has vuelto loca?
Parvati sentía que su corazón latía a mil por hora cuando se dio cuenta dónde estaba de pie. Lavender, gracias a la aparición conjunta, condujo a una aterrada sanadora de diagnóstico encima de una de las cápsulas más altas en la Rueda del Milenio.
—¡Si con eso quieres decir que voy a saltar desde la punta más alta de esta noria colosal y realizar un encantamiento paracaídas un par de segundos después que me haya arrojado al vacío, sí, me he vuelto completamente loca!
Ambas chicas tenían que gritar para poder escucharse la una a la otra porque a esa altura el viento hacía imposible cualquier intento de conversación normal en tonos de voz normales.
—¡Te vas a matar!
—¡Ya estoy muerta Parvati! ¡Es sólo cuestión de tiempo y no tengo absolutamente nada que perder!
Y Lavender se lanzó. Así sin más. Parvati ni quería mirar por el borde ovalado de su cápsula porque si lo hacía le iba a dar un infarto. No obstante, el techo era resbaladizo y el viento hizo que la cápsula se columpiara peligrosamente. Parvati perdió el equilibrio y se precipitó hacia la noche.
Aquel podría haber sido un acontecimiento muy trágico pero Parvati reaccionó a los dos segundos de caer. Decían que el tiempo se dilataba en situaciones riesgosas y que el ser humano era capaz de tomar decisiones críticas en fracciones de segundo. Pues Parvati hizo un movimiento con su varita y un paracaídas violeta apareció de la punta de ésta y quien caía hizo todo lo posible para sostenerse del trozo de madera que le estaba salvando la vida.
Un golpe sordo le indicó a la sanadora que había tocado el suelo. Aparte de un intenso dolor en sus piernas, no sufrió ninguna otra herida de consideración. De hecho, sus piernas dolían de la misma forma en que lo harían después de haber trotado muchas millas.
Cuando se hubo recuperado, hasta cierto punto, de lo que le acababa de ocurrir, Parvati se puso de pie y su corazón volvió a paralizarse cuando vio una figura tirada en el suelo y con los brazos y piernas extendidas, como si acabara de sufrir una caída desde mucha altura. Nerviosa y asustada, se acercó lentamente a la persona, creyendo que había fallecido, pero no vio sangre por ningún lado.
Luego, las risas. Estridentes, alegres y espontáneas risas. Parvati saltó hacia atrás, tropezó consigo misma y cayó también haciéndose algo de daño en el trasero. Sentada en el suelo, vio como Lavender se ponía de pie, riendo como mandada a hacer.
—¡Te la creíste! —farfulló, acercándose a su amiga, quien no tenía una cara muy auspiciosa para el humor que digamos—. ¡Creíste que me había matado! ¡Parvati, por favor! ¡El cáncer será lo que me matará, no una simple caída no tal libre!
El ambiente tenía que ser jovial, alegre, pero no había ninguna de esas cosas en el rostro de Parvati Patil. De hecho, estaba enojada, furiosa, lívida con su amiga. Se lo dijo, se lo advirtió: aquella era una muy mala idea y otra vez estuvo tentada en volver a su casa y hacer sus deberes atrasados. Lavender nunca se había comportado de esa forma, ni siquiera cuando salía con Ronald Weasley y podía ser muy irritante.
—Me voy. Si vas a hacer necedades, hazlas por tu cuenta. A mí no me metas en tus marcianadas.
Lavender no lucía decepcionada. Al contrario, su cara se iluminó como si no hubiera desafío mayor que convencer a una enfurruñada Parvati Patil a que pasara por sus diez locuras.
—¿Estás segura? ¿Has leído la lista que compusimos en cuarto año? ¿La leíste concienzudamente?
—No necesito leerla. Nos vemos Lavender.
Y ella dio media vuelta, todavía con el corazón acelerado por la experiencia de hace pocos minutos atrás. Lavender mientras tanto, actuó como si nada hubiese ocurrido. Con tan terrible enfermedad acosándola, saltar desde cien metros de altura era más fácil que masticar un malvavisco. Consulto su pergamino una vez más y puso el dedo índice en la locura número dos.
—¡Parvati! ¿Tú sabes dónde queda el Duende Colorado?
La aludida se detuvo al instante. Aquello no era justo. Lavender le había encajado un puñetazo en el vientre sin advertencia alguna.
—Paciencia Parvati, paciencia —se dijo mientras volvía sobre sus pasos. La siguiente locura no podría perdérsela por nada del mundo.
Nota del Autor: A mi Amiga-No-Tan-Invisible le digo esto: no te preocupes si no puedes comentar en breve mis regalos, hazlo cuando puedas y tus obligaciones sociales te lo permitan, porque quiero un comentario que valga la pena y sé que tú me vas a dar uno; porque ya nos hemos leído en una ocasión. Y, por cierto, con respecto a mi regalo anterior, me alegro que te haya gustado y que, como dijiste, tengas una visión semejante a la mía del protagonista y que sea uno de tus favoritos. Como dije, ni en mil años esperé que fueras tú mi AI.
Ahora, a empezar el tercer capítulo.
Un saludo.
P.S. Si me hubieras pedido un Draco/Harry como petición difícil, te lo habría hecho, porque sé lo mucho que te gusta esa pareja XD. Con decir que tuve que hacer un Severus/Harry en otro AI te lo digo todo.
