Capítulo 2

Por un momento Se Joo se quedó sin palabras. Y es que, ¿qué podía decir?

Gyu Won suspiró, y siguió meciendo al bebé que cargaba en sus brazos. La criatura poco a poco dejaba de llorar. Se Joo no se atrevía a levantar la vista del suelo, cosa muy extraña en él, pero le parecía impropio contemplarla, como si estuviera invadiendo un espacio muy personal. Y tal vez así era.

- Yo… lo siento mucho, por mi comportamiento histérico hace un rato. Pero cuando te vi, puedes entender lo que fue para mi. Fue como verlo a él otra vez. – él oyó su risa, pero no era una risa alegre – pensé que había muerto, y que él había venido a buscarme – ella seguía riendo, y él, extrañado, alzó la vista hacia ela, sólo para ver que en realidad, aunque intentaba reír, estaba llorando.

Gyu Won volvió a secarse las lágrimas, deseando ser un poco más fuerte.

- Lo siento, lo estoy haciendo de nuevo. – dijo, suspirando – me siento tan cansada.

El bebé al parecer estaba durmiendo otra vez, porque ya no lo oía llorar.

- No se disculpe. Siento causarle incomodidad – dijo Se Joo, sintiéndolo sinceramente - ¿Puedo ayudarla en algo?

- ¿Ayudarme? – esta vez Gyu Won le sonrió dulcemente. – Ha hecho suficiente trayéndome hasta aquí. ¿Puedo al menos ofrecerle una taza de té, tal vez, señor… disculpe, cómo había dicho que se llama?

- Park Se Joo. El café estaría perfecto.

- Es un placer. Soy Lee Gyu Won.

- El placer es mío, señora.

Ella rió.

- ¡Es tan raro que me diga señora! Yo soy seguramente más joven que usted.

- Lo siento.

- Debí notarlo antes. Que usted parece mayor. Shin también parecía mayor que yo, pero en realidad sólo tenía 25 años, como yo. En cambio yo creo que usted tiene… ¿Tal vez treinta?

- 32.

Él se sentó y esperó, mientras Gyu Won dejaba a Tae Joon de vuelta en su cuna y luego iba a preparar el café. ¡Sentía tanta hambre! ¡Ni siquiera trajo la pasta con ella! Qué pérdida.

Trataba de ser fuerte, porque sentía vergüenza de sí misma por la forma en que había reaccionado primero al ver a Park Se Joo. Como si fuera una loca. Nunca, jamás, debía permitirse ese comportamiento de nuevo. Por Tae Joon y por Lee Shin; a él no le gustaría verla en un estado tan lamentable, sufriría por ella.

Volvió a la sala y colocó una taza humeante de café frente a Se Joo y otro para ella misma.

- Gracias – dijo él, tomándolo.

- Tómelo como una disculpa. Una mujer adulta no debería comportarse como lo hice – reconoció, sonriendo – pero a veces se me hace un poco difícil. Tal vez hubiera enloquecido si no tuviera a Tae Joon.

- Su hijo, supongo?

- Sí – asintió ella. – Ahora ya tiene un año y tres meses, pero Shin sólo estuvo con él hasta poco antes de que cumpliera los tres meses. Tae Joon se parece mucho a él: también le gusta la música.

- ¿Su marido era músico?

- ¿Ha oído de la banda The Stupid?

- No – confesó él – he pasado muchos años estudiando en Estados Unidos.

- No importa – dijo ella – pero ahora son muy conocidos y populares. Shin era su guitarrista desde los días en la universidad, cuando se conocieron. También fue allí donde nosotros nos conocimos.

Se Joo se dio cuenta de que ella no sólo estaba completamente agotada, sino también demasiado sola. Probablemente estaba lidiando sola con su hijo, ¿acaso no tenía más familia? De cualquier manera, ella ya había capturado su atención. Quería ayudarla de alguna manera.

- Suena como a una gran historia. ¿Le importaría contármela?

Gyu Won sonrió.

- Para nada. ¿Le sirvo otro café?

Los recuerdos vinieron calmadamente, en orden, hacia Gyu Won. Ella le hablóa Se Joo de la primera vez que vio a Lee Shin en Jeju, la casualidad por la que se cruzaron allí y cómo él le tomó una foto sin saber quién era; luego cómo se encontraron en la universidad y ella odió su carácter arrogante y frío, por el que le llamó Príncipe Narcisista, cómo se enamoró al escucharlo tocar por primera vez, aunque no quiso admitirlo. Le habló del abuelo y cómo él la trataba como una esclava y esperaba de ella ser como él. Le contó de la profesora enferma y cómo Lee Shin faltó a su compromiso, y ella lo odió por eso. Le dijo a Se Joo que esa fue la primera vez que ella cantó y la sensación de mariposas en el estómago que sintió, similar a lo que Shin le hacía sentir.

Y mientras más recordaba, se sentía tan afortunada. También se sentía triste porque deseaba tanto, con todo su corazón, con toda su alma, que su felicidad, que su historia de amor, nunca jamás hubiera acabado.

Se Joo la escuchó primero atento, luego fascinado. Escuchó como ella hablaba del director, y cómo él creyó en ella y la empujó a participar en el musical. Los problemas que el musical trajo para ella, porque no era la protagonista sino la suplente. Y mientras, ella había perdido una competencia contra Shin y debía ser su esclava por un mes, lo que sólo sirvió para que se enamorara de él y se diera cuenta de que él estaba enamorado de la profesora de danza, que además era el gran amor del director.

Gyu Won le contó de cómo debió aprender a bailar, y en orden a cumplir sus sueños y volver a ser fuerte decidió olvidar a Shin, pero entonces se vieron componiendo el tema de cierre del musical. Y Shin volvió a enamorarla, no la dejó hasta que ella lo volvió a querer. Él era tan bueno y dulce y atento con ella. Él era comprensivo y se preocupaba mucho por ella, ¿cómo no iba a amarlo? Ella decidió su lugar en el musical y prestó su voz, pero aún así las oportunidades llegaron.

Enojada, ella habló del accidente con Shin y de su muñeca, y de cómo él rompió con ella sin decirle lo que en verdad pasaba. Ella le habló del año en Londres bailando y cantando en musicales, y de cómo a su regreso su amor por Shin todavía estaba allí, y no ayudaba que él viviera en la casa frente a ella. Recordó la tristeza de los días sin él, y el enojo al saber el motivo real de su separación, pero sonrió al recordar cómo se reconciliaron.

Luego de aquello, sólo pasaron unos meses más cuando, en el estreno de su tercer musical juntos, él le propuso matrimonio. Por supuesto, ella aceptó. Era todo lo que ambos podían desear. Él se había recuperado, volvió a tocar tan bien como antes y siguió mejorando, pero no dejó de colaborar con el Director en los musicales incluso cuando volvió a tocar con The Stupid.

- Éramos muy felices, habíamos decidido tener a Tae Joon, y Shin estaba componiendo los temas musicales para una obra en la que trabajábamos los dos. Los terminó, pero yo… no se ha hecho. Un borracho se pasó las señales de tráfico y… - la voz no le salió por un momento, y ella tuvo que intentar varias veces antes de poder hablar – …y se llevó el coche por delante. Tuve que ir a ver el auto, y luego a identificar el cuerpo, yo…

Gyu Won volvió a llorar, y obedeciendo a un impulso que lo superaba, Se Joo se levantó y fue a sentarse a su lado, y la abrazó mientras ella seguía llorando.

- Lo siento – dijo ella, deshaciendo el abrazo – no debería presenciar esta clase de escenas.

- Usted no debería preocuparse por la impresión que yo pueda tener. Mejor ocúpese de usted. Ha sufrido mucho, ¿sabe que las heridas siempre cicatrizan?

- Quedará la marca.

- Si, nunca podrá olvidar, pero ya no dolerá. Las cicatrices no duelen.

Gyu Won cerró los ojos, sintiendo que el cuerpo le pesaba demasiado. Allí estaba, llorando con ese hombre que era una copia idéntica de Lee Shin.

- ¿Se siente mejor? – preguntó Se Joo, cuando ella ya había dejado de llorar, pero ella no contestó. Él levantó su rostro, y se dio cuenta de que ella se había quedado dormida.

Con cuidado la cargó hasta el dormitorio, y sacó una manta del armario para cubrirla. Todavía era posible ver el camino de las lágrimas que se habían secado en sus mejillas, pero su rostro parecía tan sereno, simplemente tan cansado, pero él no pudo evitar el sentimiento de ¿ternura? Tal vez fuera eso, pero al ver a Gyu Won, sentía como si debiera protegerla. Como si debiera borrar todas sus lágrimas y hacer que sonriera, como la hermosa mujer de las fotografías.