Bueeeenas otra vez! :3 segundo día, "Cuddling somewhere". Siempre he querido ver una escena así en castle (y estoy SEGURA de que ha pasado, vamos xd). Y... bueno, espero haber sabido plasmarlo bien. Enjoy it! ^^
Por cierto, si podeis escuchad la cancion del titulo, es de 3 Doors Down. Me inspire un poco en ella para escribir eso :3.
Día 2: Your arms feel like home
Él nunca ha estado en ese tipo de situación. Ni pensaba que algún día podría verse envuelto en algo parecido. Pero ahí está, respirando incomodidad y quieto como si fuera una maceta, sin saber qué hacer ni qué decir. Bendita la hora que se le ocurrió proponer en un leve tono de súplica "¿puedo ir contigo?" sin siquiera pensar en qué pasaría. Pero bueno, la cosa es bastante obvia y fácil de imaginar. Se muerde el labio, mirando de un lado para otro, fijando su mirada esporádicamente en su compañera que permanece casi tan inmóvil como él.
Lo que aún no es capaz de asimilar es por qué ella asintió la cabeza casi sin replanteárselo. Como si estuviera totalmente segura. Le habría pillado con la guardia baja, supone Castle. Pero aun así, se siente todo un invasor de esa privacidad que Beckett hasta hace pocas horas se seguía guardando para sí misma. Aunque en cierto modo al escritor le reconforta porque una cosa es creer que la mujer que te vuelve loco y te da una razón para seguir abriéndote paso día a día confíe en ti.
Otra muy distinta es saberlo. Porque en esos momentos Castle siente que puede tocar las estrellas. Llevar casi cuatro años con la mujer que vive en su propia fortaleza inalienable y que un buen día te des cuenta de que poco a poco se va abriendo a ti… venga. Eso es su propio elixir de la vida. Se siente demasiado especial al saber que ni siquiera Josh tuvo ese privilegio.
-Pensarás que estoy hecha una gilipollas, Castle –masculla Beckett. Rick puede apreciar en su tono las casi incontenibles ganas de echarse a llorar.
-No –se acerca lentamente a ella, por la espalda y consigue ver mejor el nombre de su madre tallado en aquella lápida. Por alguna razón siente una severa conexión empática que alivia al escritor, porque pocas veces consigue entender qué tiene que decirle o hacerle a Beckett realmente-. No lo eres –la espalda de su compañera ya roza levemente su pecho, titubea antes de encontrar las palabras adecuadas-. Tengo bastante mejor gusto a la hora de elegir mis musas. Te aseguro que son de todo menos gilipollas.
Beckett medio reprime una carcajada, Castle cree que por respeto a su madre. Eso hace que se le ilumine el rostro- Te juro que siempre estoy intentando no parecer débil. De verdad. Pero–
-Kate –interrumpe, en tono cortante y rotundo-. No eres débil, eres humana. Estarás harta de oírme que me pareces una persona extraordinaria. Y valiente. Y nunca me cansaría de recordártelo. Muchas veces hasta tengo envidia porque sé que si yo estuviera en tu misma situación ya me habría caído muchísimo antes de intentar aguantar todo lo que has vivido –traga saliva, empieza a apreciar una extraña tensión que crece por momentos en el ambiente-. Ha sido difícil, muy difícil. Eso es todo. Y todos tenemos derecho a darnos un respiro y recordarnos que no somos dioses.
Kate ladea un poco la cabeza, lo justo para que Castle se le cuenta de que se está esforzando por sonreírle, con las mejillas empapadas en lágrimas y los ojos enrojecidos temblorosos por echarse a llorar de nuevo. Ha sido demasiadodifícil. La última vez que Kate pisó un cementerio casi acaba muriendo. Es como volver a vivir un recuerdo del que luchas por deshacerte. Pero ahí está, firme y de pie apabullada por a saber cuántas sensaciones, y aun así no se cae, solo flaquea un poco. Es totalmente admirable a los ojos de Castle, que se siente orgulloso de su musa.
Con miedo, el escritor posa su mano sobre el hombro de la inspectora, lentamente, sintiendo que de algún modo le está invadiendo su espacio personal. La tensión sigue creciendo, Castle respira profundamente, nervioso e intenta seguir reconfortándola. Hace suaves masajes circulares en su hombro con su pulgar, asegurándose de que Kate no va a reaccionar de manera brusca. Él sabe cómo van estas cosas. Sabe cómo es ella y prácticamente está esperando que Beckett se deshaga de ese contacto.
Pero Beckett no hace nada. Ni dice nada. Rick empieza a respirar más profundamente, relajado, con una leve preocupación porque nota que la tensión no desaparece. Desliza su mano lentamente, casi acariciando parte de la espalda de Beckett para alejarse de ese espacio personal.
Cuando el calor sobre su piel se hace inapreciable, se dispone a alejarse para darle espacio –supone que es lo correcto en estos casos, al menos para ella-. Pero al cabo de un instante siente que no puede moverse más. Y se queda totalmente en blanco, sin ser capaz de reaccionar.
En algún momento, Beckett en un acto casi reflejo rodea la cintura de Castle, con fuerza, y la situación para a ser algo totalmente inconcebible. El escritor siente como la ficción empieza a mezclarse con la inmediata realidad. En medio de aquella confusión y cuando él está empezando a recuperar el control sobre todas sus partes móviles y a darse cuenta de que no ha perdido la razón, Beckett se separa con una imperceptible rapidez.
-Perdón –murmura mirando al suelo, con timidez, a Castle le parece casi inaudible- Yo… bueno, es que… –traga saliva, alejándose y desviando su atención hacia cualquier punto, Castle se da cuenta de cómo esquiva su mirada- Perdón.
Rick vuelve a acortar la distancia, situándose enfrente de ella, a pocos centímetros. Lleva una mano a su hombro, volviendo a barrer el espacio personal, intentando captar su atención. Cuando vuelve a ver a Beckett sosteniéndole la mirada, la sonríe, despreocupado y firme. En un arrebato de valentía, sin quitar la mano de su hombro y esperando a no ser castigado por lo que va a hacer, la termina de acercar con el brazo que le queda libre, rodeando su espalda. Con el otro, su cuello. Siente a Beckett tensa bajo su contacto y se pregunta cuándo va a dejar de estar tan a la defensiva. Cuando va a empezar a respirar tranquila, porque eso le duele hasta a él.
Pero cuando nota cómo ella se amolda a su cuerpo, sin oponer resistencia ni uno de sus ataques de agresividad, las dudas empiezan a despejarse. Sonríe aún más cuando la detective acaba por afianzar ese abrazo envolviendo a Castle entre sus brazos. Y Castle jura que en ese momento lo único que existe es la perfección. El mariposeo en el estómago, el corazón que da pequeños vuelcos y el calor que irradia Beckett que hace que parezca que queda poco menos de un mes para que llegue el invierno. Todo ahora mismo es comodidad y la tensión va disminuyendo por momentos.
Se quedan así durante dos o tres minutos, en silencio. En algún punto Castle ha empezado a acariciar suavemente la espalda de su compañera sin ser muy consciente de ello, y en algún punto ella ha decidido imitarle. Para Castle todo es un paraíso de emociones en el que el tiempo se ha detenido, demasiado idealizado, tanto que hasta le da miedo -ni sus libros podrían llegar a rozar la perfección de esto-. Castle sigue sobrevolando su mundo de ensueño hasta que Beckett rompe el momento preguntando en un susurro cerca de su oído:
-¿Por qué querías venir?
-Porque soy tu compañero. ¿Cuándo me has visto dejarte sola?
-¿Y lo hubieras hecho si te lo hubiese pedido?
-Bueno, este es… un caso especial –se relame con labios, sonriendo-. No quería meterme demasiado en lo que no es asunto mío así que… probablemente no. O quizá hubiera intentado insistir un par de veces –rectifica-. Me conoces, ya sabes lo pesado que soy.
Castle nota a Beckett ciñéndose más a su cuerpo, acurruando su cabeza sobre su hombro, desde ahí puede sentir sus labios formando una sonrisa. El escritor se dice a sí mismo que esta noche y otras tantas más va a soñar con esto, porque es demasiado increíble como para olvidarlo en lo que queda de año. Y no le importa. Se pregunta de vez en cuando si será sano sentir todo lo que siente por ella, pero realmente no le importa. Solo se deja llevar. A él le basta con hacerla sentir protegida cuando más lo necesita.
Y cuando la abraza para hacerla sentir protegida, él también se siente protegido.
-Gracias por ser tan pesado, Castle.
-Siempre.
Gracias por haber leido, comentado y demases! 3 Nos vemos mañana ;)
