-¿Qué ha dicho Mconagall?
Me he encontrado con Luna de camino a la mesa, por lo visto a presenciado toda la escenita de Cedric.
-Tenemos que ir a su despacho después de desayunar, como me caiga un castigo por culpa de…
- Yo creo que le gustas – me corta Luna.
-¿A Mconagall?
-No, a Cedric.
Y se va a la mesa de su casa dejándome con la palabra en la boca. ¿Le gusto? ¿Me gusta él? Claro que no me gusta, es un creído ¿verdad? Por algún motivo que desconozco las palabras de Luna se quedan dando vueltas en mi cabeza durante todo el desayuno, apenas estoy escuchado la conversación que tienen en la mesa.
-¿Estás bien? – me pregunta Ginny.
-¿Qué? Oh, sí. Perdona.
-¿Estas asustada por el castigo? No creo que vaya a ser…
Ginny no termina su frase y mira detrás de mí levantando una ceja.
-¿Vamos en busca de nuestro castigo? Me estoy comportando como un caballero y por eso te voy a hacer compañía todo el camino.
Las palabras de Cedric susurradas en mi oído me provocan una mezcla de placer y enfado.
-Hasta luego, chicos.
Me despido de toda la mesa, que me devuelven el saludo atentos a mi próximo movimiento. Cedric coloca el brazo de modo que pueda agarrarme a él pero lo ignoro y camino decidida hacia la salida del comedor, escucho a mis amigos reírse y sonrío para mis adentros.
-No te vas a librar tan fácilmente de mi ¿lo sabes? – me sonríe Cedric adaptándose a mi paso.
-Seguramente vamos a cumplir juntos un castigo, he atado cabos.
-Eras mucho más dócil hace dos días.
-Y tú eras menos capullo.
Recorremos el resto del camino hasta el despacho de Mconagall en silencio, cuando llegamos la puerta todavía está cerrada y me siento en el suelo. Miro de reojo a Cedric que está apoyado de pie a mi lado en la pared y no soporto esa sonrisita de suficiencia que lleva dibujada en el rosto ¿tiene algún problema en la cabeza?
-¿Se puede saber de qué te estás riendo?
-De ti.
Lo miro con todo el orgullo del que soy capaz, él se pone serio y se agacha hasta quedar a mi altura.
-Eres mejor de lo que esperaba.
¿Qué ha querido decir con eso?
-¡Aquí están! Fantástico, confiaba en que no me hicieran esperar.
Mconagall nos invita a entrar y tomamos asiento frente a su mesa. Nunca había estado en este despacho, es mejor que el de Snape desde luego.
-No voy a preguntarles qué estaban haciendo, no me interesa. Pero aunque tengan una relación…
-No tenemos una relación – la interrumpo.
-Bueno, pues peor me lo pone señorita Campbell. Probablemente sean lo suficiente mayorcitos para ciertas cosas, pero seguro que el bosque prohibido causa algún efecto en vosotros. Hagrid necesita ayuda, está preparando un sector del bosque para algo que no os compete. Y por supuesto, lo tendréis que hacer por la noche para no perder clases, pasen a cenar rápidamente esta noche, Hagrid les estará esperando. Y ahora si no quieren perderse su próxima clase, vayanse.
-De acuerdo profesora, vamos Janice.
-No necesito un escolta ¿sabes?
¿Cómo de malo puede ser pasar noches enteras con Cedric en el bosque? De cero a mil, mil.
Estoy en la sala común viendo como Fred y George prueban sus caramelos con los de primer curso, pobres chicos. Harry y Ron están jugando al ajedrez mientras hablan de lo genial que sería ser el campeón de Hogwarts, no veo a Harry muy convencido de que le gustase serlo. Ginny entra en la sala común buscando a alguien con la mirada y finalmente me mira a mí.
-¡Vamos! Tenemos que hablar.
La sigo hasta su habitación y Hermione nos alcanza antes de entrar.
-¿Dónde estabas? – le pregunto.
-En la biblioteca, tengo algo entre manos.
Sonrío, Hermione siempre tiene algo entre manos. Nos acomodamos en la cama de Ginny y las dos me miran esperando algo.
-Vamos, cuéntanos.
Suspiro, quieren la historia completa de Cedric.
-No hay mucho que contar, simplemente Cedric se ha propuesto que yo sea su juguete de este año.
-La verdad es que creo que si por él fuera, ya lo hubieses sido hace varios años. ¿Nunca te has fijado? – me dice Hermione.
-Este verano en los mundiales estuvo muy pendiente de ti – añade Ginny.
Me viene a la mente la imagen de Cedric sonriéndome mientras me tendía una mano y me ayudaba a levantarme después de la caída del traslador.
-Él es así de amable. Quiero decir que siempre se comporta como debe, es muy caballeroso. Como los personajes de los libros, es bastante alucinante la verdad…
-Creo que tenias razón Ginny, le gusta.
-¿A quién?
-¡Pues a ti! Te gusta Cedric y no de ahora, pero te valoras poco y nunca lo habías visto como algo posible – oh no, Ginny empieza su campaña "quiérete un poco más"- pero te gusta y seguramente desde tu primer año. Eres fácilmente impresionable, no me mires así ¿no recuerdas la cara que pusiste cuando conociste a Charlie?
-Pensaba que te ibas a tirar a sus brazos – confiesa Hermione.
-Estáis locas.
-Estaremos locas – continua Ginny – pero Cedric es tu chico ideal, no lo niegues. Es todo un caballero, se preocupa por ti, es inteligente, es guapo, es sensato…
-Oh, te olvidas de que también acorrala a jovencitas entre pilares y les llena la escoba de chicle – le digo.
-Creo que deberías dejar que se explique – me contesta Hermione – igual estaba evitándolo.
-¡Dobby le vio salir de nuestra torre con las manos pringadas de chicle!
-Seguro que tiene una respuesta. Habla con él.
-No os preocupéis, voy a tener mucho tiempo para hablar con él. Todas las noches hasta que terminemos el castigo, de hecho.
-Es genial – se miran y sonríen.
-Repito, estáis locas.
-Dale una oportunidad, seguro que tiene una buena explicación ¿Qué sentido tiene que te llene la escoba de chicle? – Hermione siempre tan sensata.
-He estado antes con Luna y dice que ella cree que a Cedric le gustas. Por lo visto todos tenemos ojos en la cara menos tu.
-Ya lo sé Ginny, me lo ha dicho esta mañana en el comedor. Pero yo no lo creo, además seguro que habéis escuchado todos los rumores de Cho.
-¿Así que lo que te pasa es que estas celosa?
-¿Qué? No. Pero me molesta que me acorrale contra las paredes para preguntarme porque le evito y a la vez este tonteando con Cho.
-Yo creo – interviene Hermione – que no está tonteando con Cho, más bien Cho esta tonteando con él. Esta tarde lo iba siguiendo por el pasillo y él ha hecho todo lo posible por evitarla.
-Bueno, espero que mañana nos cuentes todo todo lo que pase esta noche, deberíamos bajar ya a cenar para que te dé tiempo a comer algo.
Luna está sentada en la oscuridad de una ventana cuando ve pasar a Cedric hacia el gran comedor.
-¿Sabes? Janice no es Cho.
Cedric advirtiendo su presencia se gira y la mira sin entender nada.
-¿Disculpa?
Luna se levanta y se acerca a él.
-Que Janice no es Cho.
-Bueno, de eso me había dado cuenta…
-No, no lo has hecho. A Cho la puedes tener donde y cuando quieras, porque está loca por ti. Janice es diferente.
-Ya, he notado que no está loca por mi Luna. Pero no entiendo a que viene todo esto.
-La verdad es que yo creo que le gustas tanto como ella a ti. Pero aún no se ha dado cuenta, ella es así. Hay que abrirle los ojos, pero no de golpe.
-No voy a negarte que a mí me gusta, es demasiado obvio. ¿Me están dando un consejo?
Encogiéndose de hombros Luna lo adelanta por el pasillo.
-Luna, espera. ¿Por qué?
-Porque sé que eres un buen chico y bueno, esto no se lo digas a ella o me matará, eres el chico ideal para Janice. Estoy siendo una buena amiga.
-¿Eso significa que yo también le gusto?
-Te lo acabo de decir. Sí, le gustas… pero todavía no lo sabe.
