Estoy desesperado y frustrado; no he logrado nada como hermano ni como psicólogo. Me frustra solo quedarme velando el pesado y nada tranquilo sueño de mi hermano. Escucho su respiración agitada que se hace cada vez más notoria y desesperada, veo también como su blanco rostro se perla con el sudor helado, probablemente causado por una horrible pesadilla.

Estoy cansado de ver como día tras día la tortura de mi hermano se agranda y complica a pasos agigantados. Es más mi impotencia al no saber cómo ni con qué ayudarle.

Aunque, echando la vista hacia ese pasado imposible de olvidar, nunca fui unido a mi hermano, jamás me esforcé por ser un confidente para él y sus sentimientos. No puede renegar de los actos del pasado y mucho menos repararlos, lastimosamente di reparo en ello demasiado tarde. No fue hasta oír el llanto desesperado y las súplicas de auxilio que me di cuenta de cuanta ayuda necesitaba Shun.

No creo poder olvidar aquellas noches oscuras en las los gritos de mi hermano resonaban en el silencio de la preocupación, nombrando al ser que me repugna recordar.

Todos nosotros, todos los que conocimos casi tanto mal como él, eso creíamos, que era poca la diferencia, pero ahora está claro que no es así, porque los ojos de Hades se posaron en el frágil corazón de mi hermano, sabiendo que aun si no ganaba esa Guerra sin sentido ni final, habría quebrantado el mundo de ese ser humano puro que sin el más mínimo descaro tomó y proclamó por suyo.

Siento como si la noche se volviera eterna; que oscureció más temprano y que el sol decidió esconderse para atormentar a nuestro mundo; como si la luna se hubiera vestido como su cielo para mezclarse con él; como si también las estrellas velaran en silencio y vestidas de negro el sueño del joven Santo cuyo corazón corre agitado tratando de escapar de la profunda oscuridad y ocultándose del silencio que con insistencia ha de llamarlo.

Sin demasiado esfuerzo se nota la molestia y el terror reflejado en su rostro, se nota que el puro corazón inocente aún existe en él al verse despierto y tratar de ocultarlo y como lo afronta en su solitaria mente.

Con cuidado y temor acaricio su frente, apartando los sudados mechones que cubren sus ojos. Intento calmar su sueño con un arrullo y varias caricias que en vano se pierden en el aire y lo atraviesan cual humo.

Un par de atrevidas gotas saladas salen de mis ojos; lágrimas de rabia y tristeza, de impotencia y confusión. Con sumo cuidado acaricio sus temblorosas y heladas manos, notando el sudor que de estas corría. Con temor y culpa me acomodo junto a él, abrazándolo y ocultando su cabeza en mi pecho; poco a poco el cariño supera a la culpa y lo abrazo más fuerte al tiempo que apego más mi cuerpo sintiendo el suyo tan delgado que se piel comienza a marcarse en sus ya débiles huesos, como su piel pálida se torna sudorosa, sintiendo los golpes de su corazón en mi pecho.

Él trata de escapar de mis brazos y siento como si, a pesar de sostenes su cuerpo entre mis brazos, él se escapara y sin poder retenerlo. Como si fuera inevitable que mi hermano se convirtiera en humo de un momento para otro y se alejara para siempre en algún lejano horizonte al que yo no podía ir ni encontrar.

Saliendo de ese pensamiento me di cuenta de que mi rostro estaba empapado en lágrimas que corrían hasta el rostro de mi hermano.

Fue entonces, en ese instante que jamás se borrará de mi memoria en el que todo eso que pasé, cosas inimaginables, fueron reducidas a una nada por ese acontecimiento que marcó todo el resto de mi vida.

La calma, la calma que había en el aún más pálido rostro de Shun.

Ilusionado pensé que la desesperación del momento y las circunstancias habían hecho estragos en mi mente e imaginación, cambiando la realidad por una pesadilla. Con ansioso deseo de que ese razonamiento fuera cierto, revisé con la vista detalle a detalle a mi hermano.

Su cabello sudado y cubriendo su rostro reflejo de la agitación de su sueño. Sus ojos que antes se cerraban con fuerza, ahora se veían tranquilos y relajados; sus labios comenzaban a perder el color y su piel ya no sudaba pero si palidecía con cada segundo que el reloj marcaba.

Ya sabía lo que pasaba, por eso, abracé el cuerpo de mi hermano con la esperanza de traerlo de vuelta. Así, me sumerjo en un llanto tan silencioso como la muerte.

Su corazón ya no late, jamás volveré a escuchar su voz ni su risa, no volveré a ver sus ojos llenos de vida o inundados con lágrimas, no volveré a sentir sus abrazos ni su mano apretando la mía.

Él simplemente se fue. Dejó de sufrir, dejándome aquí preguntándome cuántas maneras y oportunidades para salvarlo desperdicie.

Perdóname, Ikki, pero no soporto más.

Sé que cuando llegues aquí te darás cuenta de que aquello a lo que por mucho tiempo llamamos infierno, no es más que un reflejo exagerado de lo que es la vida diaria.

Ahora me siento liberado, liberado de aquello que me torturaba día y noche con sus hermosos ojos terroríficos.

Confío, hermano, en que la vida te trate mejor que a mí.

Poco después, minutos u horas (ya no tengo noción del tiempo), vi algo, algo que inmediatamente supe que me perseguiría hasta que volviera a ver a Shun.

Sus ojos brillantes y rebalsados de maldad y veneno, esos ojos me miran y sus dientes blancos y perfectamente alineados se asoman tras la sonrisa llena de cinismo al ver el cuerpo inerte de mi hermano.

Notas: Amm, bueno ya terminó. Era una especie de creepypasta…Sorry por matar a Shun (otra vez).

Espero la hayan disfrutado!

Dejen sus impresiones finales!