Ni Devil may cry ni sus personajes son mios, todos son de Capcom
Yui Sparda: A mí tampoco me gusta mucho lo que ocurrirá, es lo malo de los fics, es difícil sorprenderte. Espero tu siguiente review.
Third son of Sparda: jeje, en efectivo ni él se salva de ellas, hay abuelas criticonas ¿Quién no tuvo una asi?
Saidaku1988: Oh, gracias si seguiré publicando pero cada mes aproximadamente.
Ale: claro que le tenía cariños, solo la detestaba. Espero que puedas leer está historia y seguiré esperando tus reviews.
Como dije antes esta historia se publicara cada mes, tendrá de todo: drama, romance, acción, horror, amistad, etc. Pretendo hacer una historia sobre la juventud de Dante antes de tener su propia tienda. Sé que hay una novela ligera que escribió Shinya Goikeda, no sé ustedes pero además de los que encontré en wikipedia en ingles no pude conseguir más, parece que solo la puedo comprarla desde Estados Unidos, como sea, como consuelo escribí esta historia.
Capítulo II Sin Luna.
-Dante, Dante… despierta querido-Con estas palabras, Eva despierta al menor de sus hijos.
-No quiero ir a la escuela- el niño se acomoda la cobija, luego de pensarlo un poco, cae en cuenta que él y su hermano, desde hace una temporada no van a la escuela. Se levanta en automático y frotándose los ojos, mira a su alrededor, no encuentra a su hermano y de inmediato se tensa.- ¿y Vergil?
- No aparece- Dante ve como su madre empieza a derramar lágrimas contenidas, su nerviosismo parece aumentar, aún conserva algo de esperanza- probablemente se ha regresado a su habitación, ya sabes cómo es.
La mujer le indica a su hijo que guarde silencio, se dirige a la puerta y tomando algo de valor, la abre poco, lo suficiente para dejarla ver a ella. El anterior mencionado demonio no se veía.
-Hijo, no vayas a salir de aquí.
-¿A dónde vas?
-Iré por tu hermano.
Sale sin emitir prácticamente ningún sonido, empareja la puerta tras de ella y se dirige a la habitación de los gemelos. Tenía que encontrar a Vergil, lo tenía que encontrar y esconderlo, antes de que los bestiales demonios lo encuentraran primero. Abre la puerta y nada, busca inclusive bajo las camas y en el armario, su desesperación aumenta. Abre la ventana que da al jardín pero está demasiado oscuro, es una noche sin luna, una noche sin Dios.
Decide seguir buscando, con paso sigiloso y cuidándose de la presencia de las criaturas, baja las escaleras. Recorre el ancho vestíbulo y entra a la cocina, no hay rastros de su hijo mayor por ningún sitio, se prepara para salir al jardín, en ese momento sale su hijo Dante de la habitación para preguntarle angustiado:
-Mamá ¿Qué está pasando?, ¿Dónde está mi hermano?
-No te preocupes, estoy buscando a tu hermano, por favor sube y no hagas ningún ruido.
La mujer sale, siente una gota de agua caer bajo su hombro, no tarda en caer una intensa lluvia que de inmediato la deja empapada. No puede ver nada, de vez en cuando un relámpago le da un segundo para poder ver. Tarda en convencerse de que su hijo no está ahí pero en el momento en que decide darse la vuelta para regresar, un rayo ilumina el sitio, momento suficiente como para que tanto como demonio como humana logren localizarse.
Una enorme mano de afiladas garras trata de apresarla, Eva logra esquivarla para poder entrar a la mansión. Su hijo menor continúa ahí, esperándola. En medio de los jadeos, la rubia le ordena al pequeño:
-¡Corre Dante!-La enorme garra perfora la casa, Eva le da sus últimas ordenes al niño.- No importa lo que pase, sigue escondiéndote.
El peliblanco obedece y se esconde en un hueco que queda de la fracturada casa, el espacio es tan pequeño que apenas cabe.
-¡No debes salir! Dante- quiere acercarse y despedirse de su hijo, pero sabe que no puede- Dante ¡no debes…! ¡ ¡AAAAAHH!
La misma enorme garra la atrapa. Dante no puede ver al demonio, ni siquiera puede mover su cuerpo o sus labios, se encuentra petrificado. Solo puede escuchar y ver una que otra sombra.
-Mujer humana, ¿Dónde están los hijos de Sparda?-Eva trata de zafarse de su aprisionamiento, comprende que es inútil pero no deja de tratar, mira los ojos de reptil de la bestia. Sabe muy bien lo que pasará. Sabe que morirá.
-Están muertos.
-¿Todos?- el demonio abre más los horribles ojos.
-Yo los maté a todos.
El demonio se carcajea y la agita como si fuera una muñeca.
-Así que, ¿Así fue como acabo la progenie de Sparda?, ¿su propia madre los mató? ¡Qué patético!, ni siquiera intentaste escapar una vez más.
-Lo hice para ahorrarles el sufrimiento de morir por tu mano.
-Debiste suicidarte. Mundus estará complacido conmigo, después de dos mil años de estar esperando venganza, ya no queda nada de Sparda.
Es lo último que el pequeño Dante escucha decirle al desmesurado demonio a su madre. Escucha el crujir de los huesos acompañados por sus gritos, luego de unos momentos, su madre deja de gritar. Su cuerpo ahora sin vida, es constantemente golpeado. Toda la piel de Eva esta bañada de sangre, se alcanzan a ver una serie de cortes profundos por todo su cuerpo.
Dante mira con impotencia como el monstruo va dejando el sitio sin ni siquiera mirar atrás. El charco de sangre llega hasta él, el niño llora y gime, le ruega a su madre que se levante. Le pide a alguna fuerza superior que su madre se levante y lo abracé, que todo sea solo una horrenda pesadilla. La única respuesta que obtiene es la lluvia y sus incesantes relámpagos.
…
Una hora después del impacto, el hombre de la moto recupera la consciencia, quien lo ha golpeado no se ve, solo hay marcas de llanta quemada en el asfalto mojado. Maldice su suerte, al subirse a su motocicleta se da cuenta que está herido. Tiene sangre recorriendo su frente, se palpa el origen para quitar de inmediato la mano, la piel rasgada por el impacto, le arde mucho. Acelera el vehículo, tratando de orientarse mientras se pregunta, ¿cuánto tiempo habrá perdido?
Tarda veinte minutos en llegar a la mansión rodeada por un verde campo. Aparca su motocicleta cerca y desenfunda un arma de fuego: una SIG-Sauer P220 de calibre .45. Observa que el frente de la mansión está destruido, trata de no pensar en lo peor y entra sigilosamente entre algunos de los escombros.
-¡Evaaa!- descuida en demasía su guardia y corre hacia un inerte cuerpo bañado en sangre. Sus manos rodean al cuerpo sin tocarlo, las lágrimas salen de sus ojos sin cuidado. Siente el corazón destruido, siente una inmensa cólera incontrolable, golpea el piso con sus puños hasta que sus nudillos empiezan a sangrar.
-Lo siento, tarde demasiado, es mi culpa.- coloca el cañón del arma en su boca y se prepara para disiparla. Esta la energía y disposición para cometer semejante acto, la culpa es su principal motor, esta apunto de accionarla. Mientras medita acerca de sus últimos pensamientos, escucha llantos y gemidos. Quita el cañón de su boca y se dedica a buscar el origen.
Da vueltas por todo el sitio. Recuerda a los hijos de Eva, sube a las habitaciones cuidando de no resbalarse, no encuentra nada que le parezca importante, a excepción por una fotografía de Eva, sonriente, con su larga cabellera rubia y su elegante ropa roja. La toma de inmediato para guardarla en su chaqueta de cuero.
Baja para volver a escuchar los llantos apenas audibles. Pega una oreja a la pared y se orienta siguiendo las vibraciones hasta el vestíbulo, cerca del cuerpo de Eva. Llega hasta un pequeño hueco, donde las vibraciones son más fuertes, asoma su cabeza para encontrarse unos grandes ojos celestes.
-Hola- es lo único que piensa en decir.
El niño no le contesta, solo lo mira fijamente, lo mismo con el hombre, solo lo mira fijamente. Así duran un par de minutos. Hasta que el hombre cae en cuenta, que debe evitar que el niño vea el cadáver. Lo toma por la cintura y lo pega contra su pecho, piensa en sacarlo de inmediato pero sus pasos son lentos. A pesar de sus intentos, el niño logra ver a través del rabillo del ojo, el cuerpo irreconocible de su bella madre.
Se sacude violentamente, logra zafarse y se arrodilla a los pies de su madre. El hombre decide darle la oportunidad de despedirse. Aunque su corazón sigue seriamente afligido y las lágrimas todavía no han secado, él entiende que suicidarse ya no es opción. "Después de todo, no está todo perdido" Recuerda que se trataba de dos niños, gemelos, se acerca al niño para preguntarle:
-¿Y tu hermano?
El niño no le contesta pero sus tristes ojos, lo dicen todo. El hombre no sabe de qué niño se trata, si de Dante o de Vergil. Opta por buscarlo por todo el sitio, antes de retirarse, antes de la llegada de la policía.
-Ven vamos a buscarlo.-a duras penas consigue que el niño logre irse con él, cargándolo por la cintura como si se tratase de un niño mucho más pequeño.
Primero recorren las habitaciones, poniendo atención con todos sus sentidos. El pequeño peliblanco solo habla para gritar el nombre de su hermano, si hay demonios o no de los cuales deba de ocultarse, eso ya no le importa.
-¡Vergil!, ¡Vergil!- parece ser lo único que dice el niño.
Atraviesan las habitaciones, cuando los dos llegan a la alcoba de los gemelos, el niño vuelve a sacudirse violentamente. Trata de tomar una enorme espada, mucho más grande que el mismo, su empuñadura está decorada con la forma de un esqueleto humano por un lado y por el otro, un esqueleto de demonio. El hombre de la chaqueta de cuero se da cuenta de las dificultades que tiene el niño, después de todo, no se trata de un juguete de plástico. Se coloca a un lado del niño y sujeta la espada con un brazo, comprobando así su gran peso. También comprueba así su capacidad física, sosteniendo tan pesado objeto mientras sujeta al niño con el otro brazo.
Inspecciona toda la casa, donde alguna vez hubo luz y felicidad, sin rastros del otro hermano. Salen al jardín, con la motocicleta dan tres vueltas al campo que hay a alrededor. El hombre en cada vuelta observa las enormes huellas enlodadas, para él no es difícil llegar a la conclusión de que el otro gemelo había muerto, Vergil, porque el otro lo llamaba así. "Así que tu eres Dante, el inquieto juguetón" únicamente dan otras dos vueltas para calmar un poco la angustia del niño.
El hombre sabe que si se queda a esperar a la policía, de inmediato lo acusaran del crimen. Planea solo aparecerse cuando la noticia se escuche en los medios de comunicación, quiere aparecer antes de que boten al cuerpo de Eva a alguna fosa común. Quiere mandar hacer dos tumbas, una para ella y la otra, vacía, para el desaparecido Vergil. Para el resultaba más que obvio que el niño está muerto, pero se resiste a usar esas palabras ante Dante.
En cuanto a Dante, no le diría a la policía que lo encontró, lo mandarían a un orfanato que no tendría ni la más mínima idea de lo que era realmente un demonio, estos se enterarían de que Dante sigue vivo y lo volverían intentar a matar, esta vez con un éxito probable. Lo adoptaría de forma ilícita, solo lo presentaría como un hijo perdido y punto. Después de todo un par de cargos más en su contra no representarían mucho problema.
Luego de unas horas buscando inútilmente. El hombre lleva al niño al hotel más cercano. Donde los reciben, no es precisamente el mejor lugar para llevar a un niño, pero tenía techo, camas, duchas, electricidad y probablemente comida.
-Nombre- pide el recepcionista, que ni siquiera voltea a verlos.
-Anthony Redgrave.
-¿Y el niño?- si era su padre o no, tampoco le interesaba al recepcionista.
-Anthony Redgrave.
Sin cuidado le lanzo un par de llaves al hombre, que desde este momento podremos llamar Anthony.
Redgrave no dejaba de cargar tanto al niño como a la espada, al llegar a la habitación dejo el niño en el suelo y fue a prepararle la humilde bañera llenándola de agua caliente. No pensaba en darle demasiada intimidad al niño, creía que podría intentar suicidarse en el agua, no era tan difícil para un niño de su tamaño. Iba a quedarse a un lado, cuidando de respetar su espacio.
Antes de que el menor quisiera empezar a desvestirse, Anthony coloco su mano sobre su hombro.
-Hey, se que fue difícil que ha pasado, como puedes ver, yo también estoy afectado-Se señalo sus ojos inflamados de tanto llorar.- Llorar está bien, los humanos lloramos todo el tiempo, si lloras eres humano, si no puedes, es que no eres humano. Los demonios nunca lloran.
El peliblanco asintió, el hombre le dio su espacio para que pudiera desvestirse y meterse al agua. Desde el otro lado del baño, le continúa hablando, sin obtener respuesta. La única señal de vida que daba el niño, era el movimiento del agua.
-Desde ahora vivirás conmigo, de todas manera íbamos a vivir juntos una temporada, supongo que ya te habrán contado… solo que ahora será de forma permanente. Tendrás que dejar de ser Dante, ahora te daré mi nombre: Anthony Redgrave, te presentare como a un hijo, con el tiempo tendrás que ganar tu propio sustento, ¿estás de acuerdo?
Su silencio lo interpreto como un sí.
