Levitico.
18:7 La desnudez de tu padre, o la desnudez de tu madre, no descubrirás; tu madre es, no descubrirás su desnudez.
18:17 ; son parientes, es maldad.
Capítulo dos.
Maldad.
Cuando Levi tenia la edad de Eren era totalmente diferente, no era ni remotamente parecido a su hijo, no solo de aspecto físico, si no también en personalidad el era un joven frío de mirada dura, irascible y austero.
Recuerda que no llegaba a casa por largos días, salía a las calles y caminaba sin rumbo alguno, asistía a la escuela diariamente, pero muchas veces no regresaba a su casa, al terminar las clases salía de inmediato, se paraba en la esquina de la escuela mientras miraba como los demás chicos salían en grupos, tomaba un autobús y se perdía entre calles, observando a la gente como un acosador, le gustaba, pero más que mirar a la gente disfrutaba de mirar por la ventana las calles cambiantes, todo el día se le iba de un autobús a otro y cuando la noche caía y tomaba el último camión hasta la última parada solo le quedaba caminar algunas calles por horas hasta sentarse en algún callejón a dormir.
—¿Alguna vez has sentido una gran vergüenza, Levi? —le preguntó indagando un día, sin más, el chico que se sentaba junto a él, Levi le observó por un largo rato, no hablaba con el nunca, de hecho prefería no hablar con nadie nunca, a veces solo se encerraba en su mente, imaginaba que estaba en un planeta lejano, se perdía entre oscuridad y estrellas esperando caer de un costado redondo hasta lo profundo del universo, caería toda su vida y aún así su esqueleto seguiría flotando.
Levi miró al chico con un poco de malicia.
—Si, la he sentido. — dijo ambiguo.
—¿En serio?
—Si.
—¿Como? —pregunto emocionado el chico.
A veces Levi le contaba sus cosas familiares a la gente, lo hacía especialmente con desconocidos, le gustaba la reacción, sus caras de nerviosismo al no saber que decir por segundos hasta que recordaban alguna frase sacada de una página de Internet, ese día se lo contó al chico que se sentaba junto a él por puro capricho, para molestar un poco porque se atrevió a hablarle, esperando que luego nunca se le ocurriera nuevamente. —Bueno, recuerdo muy bien que la vergüenza más grande que he pasado fue por culpa de mi madre y padre. —dijo viendo como el chico aún conservaba la sonrisa, el sol teñía su cabello de un tono amarillo brillante, era rubio. —Fue hace tiempo, cuando tenía doce años, recuerdo que mi madre salió de la casa muy enojada con la ropa algo destrozada y el rostro rojo azotando la puerta de entrada con fuerza, se inclino para tomar la roca debajo de la palmera que adornaba la entrada, la apretó en su mano con fuerza y la estrello contra el carro, dio la vuelta y regreso por un viejo bloque de cemento y lo arrojo, rompió todo el vidreo después de golpear varias veces como un animal, yo estaba jugando con mis vecinos, éramos amigos, ellos la miraban, yo la miraba y ella lo sabía, pero no se detuvo. —Levi recuerda mirar como el chico hizo una mueca incómodo, tal vez arrepentido de haber preguntado, pero el se divertía agregando un tono algo sombrío—Mi padre salió también y le estrelló el rostro en los vidrios del suelo, su pómulo se desgarro y la sangre salió a borbotones, mancho toda la carretera, su rostro era una y otra vez golpeado contra el suelo. —El azabache se recargo en el asiento de plástico de manera descuidada con los brazos detrás de su cuello blanco. —La policía llegó y nos subió, esa vez mis amigos me observaron en el asiento trasero de la patrulla, los miré y en sus ojos encontré lastima. —le dio una mirada al chico antes de voltear a la ventana. —Esa es la última vez que recuerdo haber sentido algo como la vergüenza.
Me pregunto como habría sido si Levi y Eren se hubieran conocido entonces con la misma edad, seguramente se habrían odiado.
Levi nunca quiso hijos, pero cuando embarazo a Petra su propio padre ya había muerto de un ataque al corazón mientras trabajaba, no tengo necesidad de mencionar su nombre porque no es importante, no más alla de sus recuerdos y creo fielmente que ni siquiera Levi lo recuerda. El azabache decidió que sería un buen padre, no como el suyo que era un borracho que le metía un miedo a su madre capaz de hacerlos esconderse en la ropa sucia antes de su llegada borracho, en la pila podía oler el sudor de un hombre mayor, mezclado con el temor de su madre cuando la puerta se abría, pero no lo es, no es un buen padre, incluso puede que sea peor que su padre y peor que su entonces enloquecida y atemorizada madre, la cual solo consiguió la paz cuando el hombre murio, se considera peor que ellos dos juntos.
El tiempo pasó, semanas donde Levi guardo el recuerdo en su mente, donde cada noche era rodar la cinta nuevamente mientras dormía, Eren no nombro el suceso y mucho menos Levi.
Algo en su mente no terminaba de creerlo, pues creerlo era no detenerse, hallar sus sentimientos correspondidos sería peor que no serlo, pues serlo solo podría traer gran amenaza de guerra a tierra en paz, la guerra llegaría, las muertes, los gritos, los tanques se apilarian, los cañones explotaría en su pecho como palpitares sonoros y el gritaría desde dentro en dolor, sintiéndose morir le tocaría dar el último disparo.
—¿No te causa perturbación que piensen que tu papá es tu pareja? — le pregunto a Eren el chico que se sentaba junto a él de nombre Mikasa, un varón de su misma estatura más fornido que el de cabello azabache y piel blanca, era un poco parecido a su padre.
—No, yo diría que es divertido? —el castaño descansaba sentado sobre su pupitre.
—No lo se, a mi me daría mucho asco de solo pensarme que alguien dijera algo así.
Explicó que algunas chicas se acercaban con preguntas a Eren sobre su "pareja" Mikasa sabía que no era cierto porque el y el castaño eran amigos de niñez y en más de una ocasión miro a Levi recoger a Eren de niño mientras este le llamaba "Papa"
—Si, pero bueno, tu padre no es como el mío. — El castaño le sonrió antes de volver su mirada al teléfono entre sus manos dando por contestada la pregunta y por terminada la platica que no le parecía del todo agradable, cuando salió ese día del colegio cargo con sólo una pregunta en su cabeza, la palabra resultaba todo un laberinto para el: asco.
¿Asco de su padre?
El sentía asco de cosas como los caracoles, las cucarachas, la caca de un animal, del vomito, pero su padre no podría parecer más que todo lo contrario a eso, al llegar a casa su madre no se encontraba, solo su padre que descansaba en uno de los sillones individuales, se acercó a saludarlo y proseguio a sentarse en el suelo sobre la alfombra, su piel rozo la suave tela de color café tierra.
El nunca fue un niño que se viera interesado en las niñas de manera amorosa, nunca se fijo en una niña o en el trasero de estas como algunos de sus amigos que hablaban de esos temas mientras el solo podía asentir, no le interesaban mucho las bubis o si a sus compañeras se les levantaba la falda.
Si algo era claro esque el nunca sintió atracción por el sexo contrario. En cambio tuvo un pequeño enamoramiento infantil con su maestro de ortografía en tercer año de primaria, pero fue algo que mantuvo en secreto y que creyó por mucho tiempo producto de su cercanía.
Su padre en ese tiempo no le provocaba ninguna sensación similar a la del profesor de ortografía llamado Ricardo.
Quizá el día donde Eren empezó a ver a su padre de diferente manera fue en la primaria cuando este dejó de darle besos en los labios que para el era algo normal, le gustaba recibirlos, era una muestra de cariño y su papá no era de dar muestras de cariño con el, los consideraba importantes y los apreciaba.
Los besos son expresiones sociales de afecto, amor, cariño, respeto, confianza, no necesariamente son exclusivos de las parejas.
Sin embargo empezó a fijarse más en la gente que se besaba, la mayoría eran efectivamente parejas, nunca miró a dos amigos hacerlo en los labios, todos en el cachete, pero las parejas si que lo hacían, muchas veces, también descubrió que no había muchos niños que se besaran con sus padres, se alegro un con eso, significaba que era especial.
Besar a su padre no le desagradaba, nunca lo hizo y jamás sintió asco, le dolió perderlos, incluso se molesto secretamente con su madre por no permitirlos, seguro era una envidiosa y temía que su papá le prefiriera a él y sus labios.
Eren creció hasta llegar a la edad de las hormonas locas, experimento su primer carpa levantada y para su terror no fue por un sueño con una chica, chico o cualquier otra persona, si no con su progenitor. Ya era consciente de que eso no estaba bien, que era algo malo y nuevamente guardo el secreto de su atracción hacia Levi, tanto que en su mente no le llamaba muchas veces "Papa" si no por su nombre.
—Te quiero, papá —soltó el chico luego de mirarle por un largo rato.
El azabache le observa confuso por la reciente muestra de afecto sin razón aparente — Yo también. — le contestó.
—¿Cuanto? —el menor recargo su brazo en el sillón y sobre el su rostro, le miraba hacia arriba, Levi reconoció esa mirada, la conocía desde que Eren tuvo poco más de dos años, conclusión: quería que le mimaran un poco.
—Mucho.
Le miro jugar un poco con las hebras de uno de los cojines del sillón, la cabeza de cabellos cafés hundiendo el rostro en el cojín, subio la mirada a el.
—¿De la misma manera que yo? —preguntó.
Levi le observo de una manera inquebrantable y se dio cuenta que los cañones ya habían sido lanzados al cielo.
—De la misma manera.
—Entonces no te importara que haga esto —el castaño se metió entre sus piernas, inclino su cuerpo con ambas manos en sus rodillas y acercó a su rostro hasta dejarle un beso en los labios, uno donde solo se tocaban los labios, como los que le dejaba de niño, el menor le sonrio coqueto antes de levantarse. —Me iré a cambiar.
Eran más las veces cuando Eren llegaba tarde de la escuela y se encontraba con su padre, esto en parte le molestaba un poco porque Levi había estado saliendo de trabajar más temprano y el azabache siempre fue muy estricto con las salidas de Eren a cualquier lugar, por eso el castaño esos días tenía que negarse a cualquier salida después de clases con sus amigos y regresar antes que Levi a casa.
Tal como esa tarde donde el calor no tenía piedad y hacía sudar apenas poner un pie fuera, incluso Levi se había retirado el saco del traje para sólo quedar con la camisa blanca fajada en los pantalones (cosa que el odiaba tener que hacer) Si mirabas por la ventana podías ver la lejanía distorsiónada por el intenso calor que hacía derretir las carreteras.
Cruzo por la puerta de entrada y camino todo el recibidor, luego la sala de estar en busca de su esposa, era extraño, siempre solía recibirle apenas cruzar la puerta, busco hasta que la voz dulce y un poco añinada hablo —No está. —dijo resaltando las últimas letras pegando su lengua al paladar para hacerlas resaltar como un chasquido.
Entonces miró al sillón, en el su hijo acostado descansaba con un libro en manos apoyado en su pecho desnudo.
Un vaso de vidreo lleno de Coca-cola descansaba en la mesa frente al sillón, los hielos se derretían lentamente en el interior mezclándose con la soda, tenía un abanico de papel echo con una hoja blanca sobre su cabeza en el respalda brazos a su alcance fácil por si lo necesitaba en los momentos donde el calor fuera insoportable. Ha Eren no le gustaba el aire acondicionado, decía que le daba un aroma extraño a la casa, lo cual era un tanto cierto, pero era necesario. Solo llevaba un pantalón pesquero que le abrazaba hasta debajo de la rodilla y una mano sobre el tobillo, el material de mezclilla se ajustaba a sus muslos y piernas con el único propósito de resaltar la atractiva silueta. El menor apenas regreso al hogar se saco la camisa y los zapatos, tenía demasiado calor.
Su mirada se desvío a la cintura levemente cubierta por los brazos que sobre ella sujetaban el libro de cubierta color cafe, el abdomen plano subía y bajaba levemente por la calmada respiración, podía mirar el bonito ombligo hundido en el estómago.
—¿A donde fue? —preguntó entonces aunque poco le interesaba la respuesta.
El chico se removió y de una dio la vuelta sobre su cuerpo para quedar poca abajo con el libro entre los brazos y la espalda levemente arqueada, sus piernas se doblaron comenzando un leve pataleo, la vista de su delgada espalda quedó para los ojos hambrientos de Levi que escudriñan cada musculo que delicadamente se marcaba en la joven piel, la curva entre su trasero y espalda perfectamente marcada, los pantalones ajustados que remarcan los gordos glúteos bajo la tela, descubríendo por segunda vez lo afortunado que es de no ser ciego.
—Mmm...no lo recuerdo—atrajo las piernas a su pecho hasta quedar lentamente arrodillado, dejó el libro aún lado en el respaldar del sillón —Espera, me dejó una nota por si se me olvidaba lo que me dijo —se levantó del sillón y Levi entonces tomó asiento en el, dejando a un lado el portafolios junto con el saco negro, le escucho correr descalzo y luego regreso poniéndose detrás de él apoyado en el respaldar. —Dice que fue a su clase de aerobist, pasa al supermercado y después a limpiar el auto.
Se inclino sobre el respaldar para mirar de perfil al mayor. —¿Hace calor, eh?
—Bastante —el desagrado era obvio en la voz de Levi.
—Lo suficiente poderoso como para lograr que te quitaras el saco.—dijo y quedó en silencio.
Si, en silencio, sin hacer ruido se movió de lugar habilidoso como un ladrón en pleno robo.
Las manos del castaño se posaron en sus hombros y bajaron por su pecho, su rostro se pego al oído de Levi, este se tenso por el tacto, no estaba acostumbrado a que su hijo le tocara de esa forma, el mismo había hecho una línea para no acercarse demasiado y Eren siempre comprendió que el no era esa clase de padre amoroso con quien se tomara esas libertades, pero parecía haberlo olvidado mientras sus palmas bajaban por el pecho lentamente arrugando la camisa blanca en el paseó, luego subieron con la misma calma a los hombros del mayor para hacer presión y brindarle el comienzo de un masaje. —Estas muy tenso, papá —la voz sensual y coqueta en su oído, quizá si no hubiera trazado esa línea ellos dos habrían desarrollado una relación normal de padre y hijo, lástima que no puedes regresar el tiempo y aunque fuera capaz de hacerlo el resultado sería seguramente el mismo, después de todo Levi tuvo sus razones suficientes para que esa línea se trazara.
Estaba jugando con fuego, le gustaba rebotarlo en el suelo como a una pelota, como un gato con su estambre, enredando sus pensamientos. Las delicadas manos masajeando la piel blanca de su progenitor, Levi disfruto de las caricias brindadas, el castaño era bueno y por el equipo de vóleibol sabía donde tocar para destensar y relajar los músculos.
—Lo estoy. —levemente inclino la cabeza para que el chico pudiera recargar la suya sin dificultad. Las manos subieron de nuevo despacio apretando un poco contra la piel, adhieriendose a la camisa.
—Si, lo estas —una risilla salió de sus labios. —Me preguntó porque, papá.
—No he podido dormir —su voz cambiando de tono a uno más grave.
—¿Por qué? ¿Algo te molesta? ¿Viste algo que no te deje dormir?
Jugo un poco con la corbata enredando entre sus dedos la costosa tela, tirando un poco de ella hasta que la saco y dejo en el sillón, tomo los primeros botones de color blanco hasta desabrochar los tres primeros, abrio el cuello de la camisa hasta que pudo ver las clavículas de Levi resaltadas y los fuertes músculos debajo de la camisa de vestir, debajo de ella la camisa de tirantes blanca.
—Tal vez.
El azabache se tenso cuando sintió las calientes manos entrar debajo de ambas camisas y tocar su piel directamente, masajeando lentamente. —Tienes que relajarte. —la voz suave y rica justo en su oído, casi susurrante, tenia los labios del chico pegados debajo del lóbulo de la oreja rozando sus labios al hablar, cada exhalación calentaba el lugar.
Masajeo el trapecio con los dedos pulgares presionando la piel, a Levi un cosquilleo le recorría el cuerpo cada que le tocaba, las manos de Eren bajaron más hasta el omóplato, podia sentir las uñas ligeramente salidas de las huellas rozar su piel cada que presionaba, el olor del chico era exquisito.
Levi se estremecío, lo sentía, el cosquilleo se empezaba a concentrar en su miembro. Sólo era un masaje, no estaba haciendo nada malo, nada malo y aún así sabía que si no paraba en ese momento podía terminar mal.
—El otro día dijiste que te dolían las piernas, deja que te devuelva el favor. — le dijo.
El menor río coqueto, sacó las manos de la espalda dejándola caliente y dio la vuelta al sillón, se recostó en el otro extremo mientras subía las piernas a sus muslos, pero a mitad pareció recordar algo, se levantó de un pequeño salto hasta pararse frente a él, Levi le miró extrañado por la acción hasta que comprendió al mirar como el castaño desabrocha el pantalón de mezclilla y tira de él hacia abajo lentamente con una sonrisa pícara.
Nuevamente se sentía en un planeta lejano, uno en guerra.
Los ojos verde olivo recorrieron cada trozo de piel que quedaba libre, los bonitos muslos que a su vista eran perfectos, el pantalón cayó a los tobillos del menor, estaría desnudo frente a él de no ser por la ropa interior que cubría su miembro. Era tan bonito, como un ángel, su belleza tenía que ser una broma, hermoso, algo irreal, el se perdería por siempre en sus ligeras curvas que desbordaban sensualidad, correría hasta el cansancio en sus kilómetricas piernas de infarto, entonces si se sintió llegar a la máxima excitación, su miembro palpito, lo sentía caliente debajo del bóxer, tuvo el instinto de presionar un poco su ereccion para relajarse, pero no podía frente al menor.
Se pensó más lo antes creido, cuando pensaba que su hijo jugaba con fuego, en ese momento se dio cuenta del terrible herror de su idiotez, el chico no jugaba con fuego, el en si era fuego, tan ardiente que quemaba su piel sin siquiera tocarlo, bastaba estar cerca, que con la sonrisa risueña que le dirigía por su mirada hambrienta sobre su cuerpo provocaba un maldito incendio en su cabeza, quemaba tan fuerte que deshacía cualquier razonamiento, quema, destrulle, lo vuelve cenizas y le sopla para que vuele.
Se tiro en el otro extremo del sillón con la espalda recargada en el descansa brazos, subió sus piernas y las puso sobre sus muslos, peligrosamente cerca de su ahora existente ereccion.
Las torneadas piernas libres de bello al ser lampiño, apenas Levi coloco la mano en la pierna pudo sentir lo suaves que eran, estaban tonificadas, pero la piel era suave, bien hidratada, siguió con la mirada hasta los muslos, el castaño tomó el libro como si no prestara atencion a lo que el azabache hacía, inclusive llevó el vaso de soda a su boca para dar un trago, el líquido hidrato su garganta y enfrió un poco su caliente cuerpo.
Levi masajeo las piernas sacándole suspiros al castaño, su mano vagaba por las piernas a su gusto, subía al interior de los muslos para luego bajar de regreso a las rodillas a observar los bonitos huesos sobresalientes, con la excitación a flor de piel levantó el pie del castaño para dejar un beso en el tobillo, repitió la acción esta vez con los labios entre abiertos dejando un poco húmeda la piel con su saliva, fue subiendo, mientras que con su mano derecha apretaba el muslo, recorriendo con suavidad cada trozo de pierna.
Ninguno hablaba, solo los pequeños gemidos que salían de la boca de Eren adornaban el aire, algunos jadeos ahogados, sentía cuando se estremecía y arqueaba porque jalaba un poco sus extremidades intentando retirar su pierna del toque de Levi, pero no se lo permitía y volvía a atacar, inclinándose cada vez más sobre el, besando más dentro de los muslos, mordiendo a ratos la suavidad, tomaba la piel entre sus dientes y arrastraba con delicadez, paseando su lengua por el muslo, era dulce como una paleta de fresa, como el jugo de una fruta recién cortada, como una capa de azúcar en su piel, lo saboreaba por completo.
Hasta que Eren le empujó con la planta del pie el pecho, bajo levemente el libro al hacerlo mostrando su rostro rojo hasta las orejas, se había relamido los labios varías veces hasta dejarlos brillantes.
Levi quedó sentado contra el respaldar de nuevo y Eren de nuevo se cubrió con el libro "100 años de soledad" que era ahora el dueño de las maldiciones de Levi, eso creyo hasta que sintió el pie del castaño colocarse sobre su ereccion, la parte más esponjosa, justo el corazón del pie sobre su ereccion marcada en el pantalón de vestir, comenzó a masajear el miembro de arriba a abajo.
Levi soltó un gemido ronco echando la cabeza atrás, observando el techo por un segundo, entonces miro al castaño desde ahí, ladeando la cabeza mientras sentía los toques que le dedicaba a su falo, los latidos se adueñan de cada parte de su cuerpo, laten en cada musculo, tiene el cuerpo ardiendo y la sangre corriendo caliente por todos lados, su falo latiendo por sí mismo enviando descargas a todo su cuerpo.
El corazón le toca una canción apresurada, agitada, fuerte y a momentos agresiva, una obra de arte.
El castaño le miro por el borde del libro con la mirada tímida, rojo como una fresa, se veía hermosamente erotico frotando su pie contra el miembro de un hombre, sintiendo la figura erecta a lo largo del pantalón mientras la reconocía como grande, de un momento a otro aceleró el movimiento deslizando su pie en círculos —Si...— la voz rasposa y penetrante calo en toda la vergüenza de Eren, así se escuchaba Levi excitado, su voz era más ronca de lo que había imaginado, puso presión en su pie y de nuevo un gruñido salió de sus labios.
—¿Te gusta, papi? —se animo a preguntar.
—Si, bebe — el azabache en el borde del éxtasis, se podía venir solo con imaginar lo que pasaba, la mente se le nubló tanto que no importo la sangre, no lo resistía, no podía con todo ¿por que tenía que ser su hijo? Porque no podía evitarlo, no quería, realmente no quería, pero si lo hacia, era como tener dos personas dentro, un vacío en su alma, un espacio en blanco que le dividía, quería tocarlo, besarle, follarlo duro toda la noche hasta dejarle el estómago invadido de su semen, ir al infierno por el si era necesario, estaba en el límite de la sobreexitacion, carajo, no le importa.
Se desabrocho el cinturón siguiendo de una con el pantalón hasta sacar su miembro del bóxer y comenzó a tocarse sin pena, de arriba a abajo masajeando, soltando gruñidos y jadeos mirando al castaño que ya no ocultaba su rostro detrás del libro, recorriendo el cuerpo del menor, sus curvas, su rostro, su cabello adherido en su frente por el calor, no del día necesariamente, miraba todo con hambre a punto de saltar contra el para devorarlo, Eren le miraba atónito masturbandose frente a él, jadeando con la mirada pesada y fiera sobre su cuerpo.
Miró el grueso miembro color rojizo con las venas salteadas, el mismo castaño estaba duro bajo su calzoncillo blanco que lo marcaba.
El aire era pesado, el calor fuera y dentro de la casa haciéndoles transpirar, el aroma insensato del que se llenaba el cuarto, era algo peligroso, se arrodillo de nuevo frente a Levi que ahora estaba apoyado igual que el en el descansa brazos con una de sus piernas pegada al respaldo del sillon, le miraba fijo a sus ojos verdes olivo, frente a frente, la mano chocaba contra sus testículos en cada bajada provocando un ruido erotico y húmedo, Eren se acercó gateando, solo eran necesarias dos gateadas para llegar a él, dio la primera sin despegar la mirada de Levi, de pronto el sillón de dos asientos parecía eterno, se relamio los labios de nuevo mordiendo un poco al final.
Levanta su brazo y justo cuando iba a dar el último paso.
"PACK" sonó la puerta de la entrada.
El castaño se levantó, tomó el pantalón y salió corriendo a su cuarto dejando atrás solo su perfume a flores estrujadas, su libro, el vaso de coca con los vasos derretidos, sudor y algún otro.
Levi respiro por la boca dos bocanadas que le inflaron el pecho antes de apresurarse a guardar su miembro en el pantalón y a acomodarse la ropa lo mejor posible, puso su portafolio en sus piernas cubriendo la ereccion para que pareciera que revisaba algunos papeles, se pasó reiteradamente la mano por los cabellos en un intento de peine.
—¡Dios! —el azabache desearía que su esposa dejara de nombrar al ser como exclamacion —¡Que calor hace aqui dentro! ¡¿Eren de nuevo apagaste la calefacción?! ¡¿Acaso buscas morir derretido?! —la mujer camino el pasillo hasta la sala, donde entonces miró al azabache —¡Oh! Amor, ya estás en casa ¿tienes hambre?
Levi no despego la mirada de los papeles para contestar, temia no poder controlar su aspecto.
—Claro, pero primero subiré a darme un baño.
—Perfecto, mientras yo calentare ¿Y Eren?
—Esta estudiando en su cuarto. —le contesto rápidamente.
—Bien. —Levi espero hasta que Petra paso la puerta de la cocina para encaminarse escaleras arriba, se "relajo" y entonces bajo a comer, el castaño no salió de su cuarto lo restante del día, Petra había entrado a mirar, pero estaba dormido.
El viernes por la mañana los tres se encontraban desayunando, Eren comía de su Hot Cake bañado en miel muy molesto, golpeaba con fuerza el tenedor contra el pan dejando agujeros por toda la superficie hasta que sonaba contra el plato.
—Te odio. —soltó hacia Levi con rabia.
—¡Eren! No le digas eso a tu padre solo porque no te ha dado permiso.
Petra le soltó un zape en la coronilla alargando su brazo y inclinando su cuerpo sobre la mesa.
—Nunca me da permiso para nada. —refunfuño. —Yo siempre entrego tareas, nunca me porto mal y el no me deja ir a una fiesta.
El menor le miraba molesto, Eren fue invitado a una fiesta ese mismo día, pidió permiso, pero Levi no lo dejó asistir, el conocía como eran esas fiestas, seguramente habría alcohol, chicas resbalosas, algún que otro gay, retos y tontería y media de adolescentes.
—No iras. — le dijo nuevamente, cosa que enojo a Eren.
—Ya se, no tienes que repetirmelo, ya se que no iré. — de muy mala manera pronunció.
—Entonces deja de quejarte. — le respondió.
El menor muy de malas se despidió antes de levantarse, beso a su madre en la mejilla y salió por la puerta sin mirar a Levi, no le entendía, el nunca podía salir, siempre le tocaba escuchar de los demás como fueron las fiestas o lo mucho que Mikasa las odiaba, pero el no podía ni atréverse a odiarlas porque jamás asistío a una sola.
Molesto fue a la escuela, solo para escuchar lo emocionados que todos sus compañeros se encontraban.
Entonces la idea cruzo por su mente, se le ocurrió salir a escondidas.
Ojalá no se le hubiera ocurrido semejante desobediencia, pero así fue y si algo tenía el joven era valentía, por eso cuando todos se habían ido a dormir, cuando faltaban sólo dos horas para el final del día el castaño salió por la ventana.
Fin del capítulo.
Gracias por leer, cuídense de las piñas y los caracoles.
