-Magnus sé que estás contento e ilusionado con la llegada del joven pero ¿Podríamos hablar aunque solo sea cinco minutos de la ceremonia de celebración? Llevas toda la noche hablando de lo mismo y tan solo nos quedan 2 meses para acabar de prepararlo todo- casi le suplicó Camille Belcourt cogiéndole de las manos.
-Por supuesto. Perdona pero es que cuando lo conozcas lo entenderás todo. Es… es un chico maravilloso…-
Después de veinticinco años separados el brujo y la vampira habían decidido retomar su relación haría cosa de un año. Eran los líderes de sus respectivos clanes y una pareja llena de glamour que despertaba admiración y envidia allí donde iban. Habían decidido (bueno Camille lo había hecho) que serían ellos los responsables de montar la gran ceremonia del 3 de noviembre, día en que hubo la gran batalla final entre el Círculo y los subterráneos y de alguna manera estos últimos habían vencido con la huida de Valentine. Nunca más se supo sobre él o sobre el Círculo en general.
-Tranquila todo saldrá bien. Estás hablando con el rey de las fiestas no lo olvides- le guiñó un ojo divertido.
-Lo sé… pero no te distraigas. Me voy que llego tarde a la peluquería ¿Mañana la cena es a las 21:00?-
-Sí-.
-Perfecto. Nos vemos mañana amor. Te amo- y la vampira se fue dejando solo al Gran Brujo de Brooklyn.
Magnus intentó concentrarse de nuevo para preparar todo lo de la celebración. Aunque le mintió a su novia diciéndole que lo tenía todo controlado y que la fiesta sería un éxito la verdad es que no tenía ni idea de que hacer, y lo peor de todo era que no podía pensar en nada ya que no dejaba de mirar el reloj y preguntarse porque Catarina y Alec tardaban tanto en llegar. Tenía muchísimas ganas de verle y pasar tiempo con él. Después de veinte eternos minutos al fin escuchó el timbre y como Ana, una de las tres sirvientas, abría la puerta. Bajó corriendo al piso de abajo y cuando le vio le pasó exactamente lo mismo que la semana anterior cuando Alec volvió después de ese largo viaje con Tessa: el corazón se le paró.
Cuando el nefilim se fue con Tessa era un adolescente de dieciséis años que aparentaba catorce y ahora era un hombre hecho y derecho de diecinueve años. Había pegado un gran estirón y era casi tan alto como él. Su esquelético cuerpo había sido substituido por uno de atlético con definidos músculos y su rostro angelical seguía igual de hermoso: con una sonrisa que quitaba la respiración. Los primeros días Magnus no quería aceptar la realidad pero ahora ya no le quedaba más remedio que reconocer la verdad: se sentía atraído por su "hijo adoptivo". Por su parte los sentimientos de Alec no eran muy diferentes. El nefilim descubrió que era homosexual simplemente porque se enamoró de Bane y fue por eso que decidió irse con Tessa a recorrer mundo: le asustaba lo que sentía por el brujo. Durante su viaje conoció a más gente y ahora estaba empezando una relación con un chico pero al volver a ver a quien le hizo de padre los sentimientos hacia Magnus afloraron. Aquella noche, al igual que todas desde la llegada del nefilim, se la pasaron charlando y riendo hasta bien entrada la madrugada. Les encantaba pasar tiempo juntos. Una vez ya en la cama y escondido en la soledad de su habitación, Alec bajaba la mano hacia su sexo y empezaba a satisfacerse sexualmente mientras pensaba y fantaseaba en una apasionada noche de sexo y no precisamente con su actual noviete si no con el Gran Brujo.
Al día siguiente la extraña familia tenía planes por separado. Tessa había ido a pasar unos días en Egipto con una vieja amiga y a Catarina le tocaba hacer guardia en el hospital donde trabaja. Magnus tenía una cena con Camille y unos amigos de ésta y Alec había quedado con su mejor amiga Clary y su hermano Jonathan que casualmente era también el "noviete" de Alec. Raramente Magnus fue el primero en llegar a casa. Los muebles de su habitación no paraban de darle vueltas: demasiado champagne. Se tumbó en la cama deseando dormirse rápido y que aquella mala sensación de mareo desapareciera cuanto antes.
Debían ser las cuatro de la madrugada cuando el timbre de la casa sonó con insistencia. Si hubiese sido cualquier otra hora el brujo hubiese dejado que uno de los sirvientes internos abriese la puerta pero a esas horas nadie tocaba el timbre tan desesperadamente a no ser que algo fuera mal. "Alec" pensó. El camino hacia la puerta se le hizo eterno. Vivir en un palacio de un antiguo noble podía ser muy lujoso y espacioso pero también tenía cosas malas como por ejemplo las largas distancias de una habitación a la otra.
Como odiaba tener razón. Cuando llegó a la puerta, Hector (su más antiguo mayordomo) ya había abierto y había quedado paralizado. Jonathan y Clary visiblemente heridos llevaban apoyado en sus hombros a un Alec todavía más ensangrentado con una herida en el estómago y una pierna dislocada.
-¡Santo Cielo! ¿Qué ha pasado?- El hechicero asustado se dirigió de inmediato a su pequeño. –Subámoslo a su habitación-.
El recorrido de la puerta a la habitación del nefilim fue una auténtica odisea: ni tan siquiera podían rozarle la pierna o el estómago ya que el ojiazul rabiaba de dolor. A Magnus le dolía verle sufrir de aquella manera. Una vez llegaron lo tumbaron en la cama.
-Tenemos que poner la pierna en su sitio ¿Tenéis alguna estela? Dibujadle la runa esa para el dolor-.
-No tenemos ni una- contestó la pelirroja hechándose a reír -las hemos perdido todas-.
Por un momento el brujo de Brooklyn quedó paralizado ante tal reacción pero luego se dio cuenta de todo: los 3 jóvenes iban ebrios. Los nervios habían hecho que no notará el fuerte olor de alcohol que desprendían.
-No hace falta nada de esto- intervino el otro chico.
Jonathan cogió el mando de la situación, se dirigió hacia el herido y de un rápido movimiento le colocó la pierna en su lugar haciendo que el joven Lightwood chillase de dolor. Magnus tuvo que contenerse para no darle un puñetazo.
-¡Anda! Mi estela estaba en mi bolsillo- exclamó Clary que no se había enterado de nada de lo que acababa de pasar, y entre risas animó a los otros dos chicos a buscar en sus bolsillos.
-Yo tengo dos- comentó Jonathan mirándolas tan asombrado que parecía que era la primera vez que veía una.
-¡Esa es la mía!- reclamó Alec al que el fuerte dolor le hizo aclarar la mente de golpe.
Al escuchar los fuertes gritos, Helen (la mujer del mayordomo) se dirigió de inmediato hacia allí. Bane se alegró de que Tessa y Catarina no estuviesen en casa esa noche. El brujo tranquilizó a sus dos trabajadores diciéndoles que ya todo estaba solucionado y que acompañasen a los amigos de Alec a la puerta. Después de disculparse una vez más por haberles asustado les digo que ya podían volver a dormir.
Cuando todo el mundo ya abandonó la habitación Magnus cerró la puerta y se sentó en la cama junto a Alexander que estaba terminando de dibujarse una runa curativa.
-¿Sabías que uno de los efectos secundarios del alcohol en sangre angelical es que las runas pierden más del 50% de su poder?- Alec tan solo le afirmó con la cabeza –Déjame ver esa herida- el brujo señaló el estómago del chico.
Alec se acabó de rasgar la ya rota camiseta y dejó su tórax al descubierto. Magnus le miró asombrado: ese cuerpo era espectacular incluso para ser un nefilim. Chasqueó los dedos e hizo aparecer material de primeros auxilios, le limpió la herida con delicadeza y luego le puso la mano encima y con su magia hizo que la herida empezase a sanar.
-Eso irá más rápido que la runa- le sonrió - Parece la herida de una zarpa ¿Os ha atacado algún demonio?- Preguntó.
-No es de demonio…es de un licántropo… nos… nos hemos peleado- confesó un poco avergonzado.
-¿Peleado? Tú nunca te habías peleado con nadie…¿Esa pelea tiene algo que ver con el hecho de que vayas borracho?-
-No… ha sido un mal entendido… ¿Estás enfadado conmigo porque me he peleado y... voy borracho?- Quiso saber el joven entre avergonzado y con miedo a la respuesta.
-No, claro que no- le acarició la mejilla- sé que a los jóvenes os pasan estas cosas a veces… es solo que no sabía que bebías y te metía en peleas-.
-Y no lo hago- sonrió más tranquilo -¿Por qué crees que voy tan borracho? Desde que me emborraché aquella noche que no había vuelto a probar ni una sola gota de alcohol-.
-Menuda noche aquel día ¿Eh? ¿Recuerdas?- Bane no puedo evitar reírse al recordar aquella anécdota.
Aquello pasó hacía ya unos tres años. Alexaner tenía tan solo dieciséis años y era la primera vez que asistía a una fiesta sin sus tres padres. A las dos brujas no les hacía muchas gracia que su pequeño saliera solo pero al final Magnus consiguió convencerlas haciéndoles ver que todos habían sido jóvenes, que Alec era un adolescente en edad de salir y pasarlo bien y que iba a una fiesta con otros nefilims, nada malo podía suceder. Bane tubo razón a medias. Evidentemente nada malo le sucedió al joven Alexander pero bebió más de la cuenta para ser la primera vez que lo hacía y acabó realmente mal. Él quiso beber como el resto de sus compañeros pero ellos eran mucho más corpulentos que Alec que aún tenía el mismo cuerpo de cuando tenía catorce años. Tuvo que llamar a Magnus porque se veía incapaz de llegar a casa solo y encima se le dio por llorar. El Gran Brujo de Brooklyn le llevó a casa hecho un mar de lágrimas, le ayudó a darse una fría ducha para despejarse y estuvo a su lado todas las veces que vomitó. Le prometió que ese sería su secreto, que no le contaría a nadie (en especial a Tessa y Catarina) lo sucedido y se quedó a dormir con él abrazándole toda la noche para aliviar un poquito la sensación de mareo del joven. Allí fue cuando Alec se convenció ya al 100% de que era homosexual y encima estaba enamorado de su padre adoptivo. Se asustó tanto que quiso irse con Tessa lejos de allí a ver si el tiempo y la distancia podían hacer desaparecer esos sentimientos.
-¿Sabes que guardé el secreto?- Alec le miró – Nunca se lo conté a nadie tal y como te prometí-.
-Nunca lo dudé- le sonrió el joven.
Magnus se tumbó a su lado y le abrazó protectoramente como aquella noche.
-¿Quieres que me quede a dormir hoy también?- Se burló.
-Pues no me iría nada mal- reconoció Alexander- la habitación me empieza a dar vueltas-.
Ambos rieron y Bane le besó la frente.
-Allí me di cuenta definitivamente de mi homosexualidad. Me enamoré de ti- de repente Alec se sinceró.
El brujo quedó de piedra y un temblor le recorrió el cuerpo.
-No… A veces un hijo puede confundir el cariño y amor fraternal que siente por su padre con amor de pareja…-
-No. Me gustabas- Alec sabía que estaba hablando demasiado pero no podía parar ¿Qué había tomado? ¿Bebidas alcoholicas para jóvenes o suero de la verdad?
Y Bane ya no pudo contestar porque de repente estaba besando al nefilim. Esa noche al fin tuvieron el deseado encuentro sexual que ambos habían estado deseando por separado. Amanecieron uno abrazado al otro con sus cuerpos completamente desnudos y ni un milímetro de distancia entre ellos.
Al día siguiente, evidentemente, eso se convirtió en otro secreto inconfesable. Ambos quisieron culpar de esa tórrida noche de pasión a su estado de embriaguez pero a la mañana siguiente pasó exactamente lo mismo y la otra, y la otra… y así hasta tres semanas. Para Magnus aquello no estaba bien, de alguna manera Alexander era su hijo, lo crió como tal, y no podía dejar de pensar en la decepción que tendrían sus dos amigas si llegase a saber la verdad. Pero no podía parar esa situación: hacer el amor con Alec le hacía sentir cosas que nadie más había conseguido y simplemente estaba enamorado de él. Pero una noche todo cambió.
La familia al completo habían ido a cenar a un restaurante cuando Tessa le preguntó a su pequeño si esa noche saldría.
-¿Y esta noche no sales con tus amigos cariño?-
-No- contestó mirando de reojo a Magnus y deseando que llegase ya la hora de irse para casa y tener uno de sus encuentros.
-¿No has quedado con aquel chico?- Quiso saber Catarina – A ver cuando lo traes a cenar y nos lo presentas. Hoy podrías haber venido-.
-No…yo…hace unas semanas que no nos vemos-.
-¿Y eso?- se sorprendieron las dos brujas.
-Bueno… a mí me gusta otra persona- confesó. Allí fue cuando Magnus se dio cuenta de que eso se les había ido de las manos.
Después de cenar fueron al club Pandemonium a tomar una copa y cuando Magnus quiso ir al servicio sin que éste lo supiera Alec le siguió y se escondió en el almacén. Cuando el brujo salió el cazador de sombras abrió la puerta rápidamente y de un tirón le metió dentro y se lanzó a besarle empezando a desabrocharle la camisa. Haciendo un esfuerzo titánico para separase de los carnosos labios de su amante y sus juguetonas manos Magnus al fin consiguió separarse del agarre del nefilim dejando a éste atónito.
-¿Estás bien?-Le preguntó.
-Tenemos que parar esta relación- le dijo de sopetón sin saber como introducir el tema.
-¿Qué?- Sorprendido.
-Esto… no está bien Alec… tenemos que dejarlo-.
-¿Por qué?- Visiblemente nervioso. -¿He hecho algo mal? ¿No quieres que lo hagamos en un lugar público? Perdona… pensé que sería morboso-.
-No has hecho nada mal… al contrario eres un chico maravilloso pero esto no es una relación sana para nadie… y acabará mal-.
-No eres mi padre- remarcó enfadado.
-Aunque no lo sea esto nunca llegaría a buen puerto. Tu eres un joven nefilim y yo soy un inmortal con más de medio siglo de vida… he visto miles de relaciones como esta y nunca acaban bien. A más… te he criado como a un hijo… no quiero hacerte daño…Vuelve con Jonathan, parece un buen chico-.
-¿Ahora te das cuenta de esto? ¿He sido otro de tus juguetes? Di la verdad: te has cansado de mí y ahora usas esa excusa para dejarme y quedar como un señor. " Oh Alec te dejo porque no quiero hacerte daño"- imitando la voz del brujo. –Vete a la mierda-.
-¿Por qué te enfadas conmigo? ¿A caso crees que yo no siento nada por ti? ¿Crees que no me he enamorado de ti? Para mí esto también es duro-.
-Entonces ¿Por qué lo haces? ¿Por lo que dirán? Huyamos. Vamos a otro lugar lejos de todo- suplicaba casi desesperado- Te amo- y quiso acercarse al brujo para abrazarle. Éste le paró.
-Yo también te amo Alexander…. pero a veces el amor no es suficiente…-.
-¿Entonces qué? ¿Ya está? ¿Se terminó? ¿Tenemos que seguir como si nada? ¿Cómo si esto nunca hubiese pasado? Yo no podré vivir así: fingiendo que todo va bien. ¿Y ahora que pasará con nosotros?-
-Nada. Todo puede seguir igual. Al principio será raro pero aprenderemos a gestionarlo. Será nuestro pequeño secreto. Esto no significa que tengamos que alejarnos el uno del otro. Yo siempre estaré aquí para ti, para lo que necesites- quiso acariciar la mejilla del chico pero éste le apartó la mano de malas maneras.
-¿Vas a estar aquí siempre para mí? Entérate Magnus: no necesito tu compasión. Vete a la mierda- se le quebró la voz.
Se fue dando un fuerte portazo y dejando a Bane con el corazón partido.
Continúa en capítulo 3
