NA: A mi parecer hace falta este capítulo para darle un verdadero inicio a la historia. Siento que el prólogo no le hace completa justicia, aunque sí... sí, está "chévere", como lo expresaría en mis términos. Hora de continuar.
Capítulo 1: Consecuencias Imprevistas
- "Ve a la Tierra", dijeron. "Esas gemas no causarán problemas", dijeron.
En medio de un campo de maíz, una cápsula de escape se había estrellado, dañándose considerablemente y dejando una marca notoria en el lugar. Frente a la cápsula, un individuo de piel y traje verde con un peridot en la frente, tras un visor, se incorporaba en lo que se deshacía de un látigo negro con incrustaciones violeta con el que había batallado por un buen rato hasta lograr zafarse de su agarre.
- Peridot: (Sacudiéndose el brazo) En cuanto regrese y me encuentre a esas 2 de nuevo van a ver. Ahora... necesito salir de aquí.
La gema uso 4 de sus dedos flotantes para crear una pantalla de ordenador. Se movilizó a través de la interfaz proyectada para establecer contacto con el Planeta Madre... o al menos lo intentó.
- Peridot: No... no, no, no, no, no... ¡No! ¡Maldición!... ¿Por qué de todos los planetas en donde podía sufrir un accidente como este, tiene que pasarme en uno lo bastante lejos como para no recibir señal suficiente?
Peridot intentó movilizarse en la zona despejada por el aterrizaje en busca de mejor recepción, sin éxito.
- Peridot: (Maldiciendo para sí misma mientras agita el aparato integrado) 'chesugema...
Finalmente, la extraterrestre dio el caso por perdido, deshizo la pantalla y regresó a su cápsula, para revisar su estado. Con algo de suerte, por lo menos los sistemas de comunicación del vehículo no estarían estropeados.
Con un gesto de sus dedos flotantes, una holo-interfaz se desplegó en el interior de la cabina. El sistema ejecutó su secuencia de arranque, comprobando la disponibilidad de los diversos dispositivos con los que había sido equipado. No faltó nada para que varios mensajes de advertencia y error reclamaran su lugar en la interfaz.
Finalmente, apareció en letras rojas el mensaje que Peridot tanto temía: el módulo de telecomunicaciones estaba fuera de línea.
- Peridot: (Estresada) ¡No! ¿Por qué?... ¿¡Por QUÉ!?... Duuuh!
Abatida, la gema del Planeta Hogar no tuvo más remedio que sentarse al lado de la descompuesta cápsula y pensar, apoyando los brazos sobre sus rodillas. Puede que este sea un planeta primigenio, pero han pasado miles de años desde que las gemas supieron de este planeta por última vez, hasta volver a necesitar de él. Tal vez, solo tal vez, los humanos ya dispondrían para ahora de la tecnología necesaria para establecer un enlace estable de comunicación hacia su hogar. Si era así, iba a necesitar moverse... No, alto. Moverse de aquí era exponerse ante las Gemas de Cristal. Las posibilidades de poder defenderse exitosamente de 3 gemas y lo que parecía ser una improbable amalgama entre un humano de carne y hueso y una gema de cuarzo, todos a cierto nivel armados, eran mínimas. No podía hacer eso en su situación actual.
Peridot maldijo en sus adentros la hora en la que se le encomendó esta tarea. Se suponía que ahora mismo se encontraría de vuelta en el Planeta Hogar, tomándose un merecido descanso, dando mantenimiento a sus propios dispositivos... cosas que ella hacía usualmente entre misiones, lejos de la atenta e intimidante mirada de Yellow Diamond... cosas que disfrutaba y necesitaba tanto hacer.
- Peridot: Yo solo... (cruza sus brazos y oculta su rostro tras ellos) solo quiero irme a casa.
- Connie: ¿¡Cómo que ya no quieres ser mi amigo!?
Habían pasado un par de días desde el incidente, pero los problemas no habían terminado para Steven. El joven híbrido había pensado que lo mejor era alejarse de Connie y mantenerla fuera del asunto, con el fin de prevenirle riesgos. Con lo que no contaba era que tratar de ignorarla solo provocaría que su compañera resolviera llegar al fondo del asunto.
Y ahí estaban los dos. Algunos grandes restos de la nave todavía alrededor de la playa. Una niña de una edad similar a la del chico, de tez oscura y con un vestido celeste de una sola pieza, se hallaba frente a él. Connie enfrentaba a Steven al borde del llanto.
- Connie: ¡Explícate ahora, Steven Cuarzo Universe!
La estaba haciendo sufrir, exactamente lo que había querido evitar.
- Steven: Bueno... sí... y no.
Aquella respuesta dejó pasar un rayo de esperanza a través de Connie. Había una verdadera razón detrás de todo esto, y, conociendo a Steven, probablemente se trataba de algo demasiado complicado como para forzar a alguien como él a actuar de semejante modo.
- Connie: ... ¿E-entonces?
- Steven: Es que... e-es que... (intenta pensar en algo para encubrirse, pero finalmente no puede más con la presión) ¡Es que no quiero que ellas te lastimen! ¡NO PUEDO PERDERTE ASÍ CONNIE!
La niña quedó estupefacta ante esa respuesta.
- Connie: ¿Podrías... repetirme lo que sucedió ayer para que estés tan preocupado por eso?
- Steven: No... ¿no lo entiendes? ¡Me secuestraron! ¡M-me golpearon! Y... y... (extiende sus brazos) ¡e hicieron que Garnet haga 'poof'! (Pausa breve) Connie, esas gemas nos querían muertos, o algo peor.
- Connie: Steven...
- Steven: Ellas vinieron por mi madre, y ahora... (cierra los puños y baja la mirada) sé que vendrán más por mí.
- Connie: Steven, por favor...
- Steven: Entre no volvete a ver y verte herida o... (traga saliva) muerta... prefiero no verte más.
Steven alzó la vista nuevamente. Su típica mirada siempre alegre no era más, dejando en su lugar un par de ojos vidriosos y húmedos. Un torrente de lágrimas se deslizaba por sus mejillas, y hasta un hilo de mocos comenzaba a asomarse por su nariz.
- Steven: (Su voz tiende a quebrarse) Es que... *snif*... yo no podría soportarlo... *snif*... yo podré ser fuerte para muchas cosas por-... *snif*... por mi madre, pero... *snif*... no para esto. ¡No puedo!... *snif*... no... pue-do...
Connie pudo sentir su corazón congojarse y retraerse hasta alcanzar el tamaño de una nuez por la dolorosa confesión que acababa de provocar.
- Connie: Steven, no digas eso, por favor.
La niña se aclaró la garganta antes de continuar. Si bien sentía la necesidad de llorar, no le parecía el momento adecuado.
- Connie: Eres uno de los pocos amigos que he tenido, quizá el único verdadero hasta ahora. Aquél día en que nos conocimos cerca de aquí, tú me salvaste. Digo, no de esa... cosa que nos atacó después, sino de mi propia soledad. No sabes por lo que he pasado hasta entonces.
Connie sostuvo el rostro de Steven con sus manos. Steven detuvo su llanto. Necesitaba oír lo que su amiga trataba de decirle.
- Connie: Gracias a ti, finalmente encontré la confianza necesaria para abrirme al mundo, para crecer de forma íntegra como cualquier otra persona. Ser prisionera de tus propios miedos y por consiguiente incapaz de socializar con otros es... es horrible. Es un jodido imán de problemas, sobretodo cuando al menos 5 días a la semana tienes que compartir espacio con centenares de personas, algunas de las cuales se aprovechan de debilidades como esa.
- Steven: (Su voz estaba clara nuevamente) Recórcholis. Yo... no creí que hubiera hecho tanto, en realidad.
- Connie: Finalmente, Steven, no puedo verte partir así nada más, sin saber si en algún momento podré volver a saber de ti. (Esta vez es su voz la que se quiebra) Tampoco tengo esa fuerza... ¡Admítelo, ninguno de los dos tiene lo necesario para algo así!
Presa de su propio llanto, Connie se lazó sobre Steven, abrazándolo sin pensarlo dos veces. Steven se quedó inmóvil por unos momentos, sin saber qué hacer. Eventualmente, por instinto, devolvió lentamente el abrazo.
- Connie: Sé que hay riesgos allá afuera, que la vida es dura y cruel... pero por favor, no me pidas que me valla, ¡que sentirme sola es en ocasiones peor que la muerte misma!
- Steven: Perdóname, Connie. (Da por terminado el abrazo y la mueve frente a sí) No debí haber actuado de esa forma.
- Connie: No, Steven. Hiciste bien, porque ahora puedo ver que... lo que quiero hacer en verdad es estar a tu lado, y hacerle frente a lo que nos pueda suceder... contigo. Una vida solitaria no es vida, y prefiero dar mi vida luchando por algo que desperdiciar mil años sintiendo que mi existencia no tiene propósito. (Acaricia su rostro) Y tú, Steven, me has dado un propósito.
Connie terminó con una ligera sonrisa, y Steven no pudo evitar seguirla con una mayor, incrementando a su vez la amplitud de la sonrisa en el rostro de su amiga.
- Connie: Saldremos de esta, Steven. Juntos.
A media distancia, se encontraba un individuo de estatura baja, piel morada y una larga cabellera de un púrpura pálido, con una amatista en el pecho. Estaba apoyándose en la baranda de una casita de playa ubicada al pie de una enorme estatua que mostraba a una mujer colosal, con varios brazos saliendo de ella. El individuo lucía conmovido por los acontecimientos que tenían lugar abajo en la playa, y traía consigo una cubeta de palomitas de maíz.
- Amatista: Esto es tan jodidamente hermoso, carajo *snif* (come un puñado de palomitas).
NA: Luego de las risas, vienen los feels. Es la regla principal de Steven Universe y consideré que lo mejor era seguirla. Ahora, trataré de juntar lo necesario para hacer una portada. Hasta hora lo único que me está costando trabajo es conseguir una imagen apropiada de Peridot. Puros recortes, cabezas sueltas y pericópteros me salen en Google. Espero no tener que dibujarla yo mismo, eso me demoraría más.
Un saludo especial a Emerl G, Frozen-Winter-Heart y Conuk por seguir la historia y sus comentarios. Un par de ellos hasta me mandaron a favoritos... csm no sé ni cómo sentirme. Gracias, muchachos(as).
Gracias a todos por leer. Nos vemos en el siguiente capítulo.
