69 Utopías
NOTA: No es apta para menores de 18 tampoco para mentes sensibles.
Tomé prestado el nombre de los personajes, para la adaptación de ésta historia de la cual soy dueña. UA OC y demás…
1
El profesor
Despierto con la playera empapada de sudor, y las bragas húmedas; de nuevo eh tenido aquel sueño lleno de erotismo contigo, mi querido profesor. ¡Dios! Ni siquiera eres un hombre atractivo al ojo femenino; pero, tu estado de juventud y madurez me atraen como abeja sobre la miel. Es extraño, ya que nunca había sentido fijación por un hombre adulto en ningún momento de mi adolescencia como lo había visto en mis amigas. Hoy a mis diecisiete años sufro de este mal.
Salgo de la cama y me dirijo directamente al baño. Me miro en el espejo mientras me desnudo. Mis pechos, hace ya un tiempo han dejado de crecer. Son grandes, redondos y firmes; me pregunto si así te gustan. Pellizco mis pezones ocasionándome en el momento dolor y placer. ¿Así los tocarías?
Me quito las bragas y me evaluó nuevamente en el espejo desde todos los ángulos. Imagino que poso para ti. Mis nalgas son grandes y apetecibles. Lo sé, mis compañeros de clase siempre las miran como los babosos que son. También eh notado la mirada lujuriosa del profesor de Física. Sí, ese cuarentón con sus enormes lentes de botella. ¡Pero no te pongas celoso! Yo únicamente te deseo a ti.
Mi vientre plano es hermoso. Pero lo que más gusto de mí, son mis largas piernas. ¿Te imaginas como sería enredarlas en tu cintura?
Voy a la ducha y abro las llaves del agua dejándola caer un momento para después regular su temperatura. Debería bañarme con agua helada pero la realidad es que me gusta sentirme excitada y sobre todo porque mi primera clase es contigo… mi profesor.
Eres un hombre de treinta años; tal vez menos, tal vez más... No lo sé. En realidad jamás me lo has contado. Me da miedo averiguar y no me imagino indagando tu edad. Eres mi amigo y siento que si te pregunto algo tan insignificante, te des cuenta de mi obsesión.
El agua tibia recorre mi cuerpo, relajando mis músculos algo doloridos por la tensión. Tomo la pasta de jabón y comienzo a pasarla por mi piel desnuda, imagino que son tus dedos los que acarician mis hombros, tan suave como una brisa, bajo poco a poco por mis brazos y luego a mi pecho; su textura es firme y suave como el terciopelo. Bajo a mi vientre, lo acaricio con la punta de mis uñas y después llego a mi sexo. La caricia me estremece y me causa un gemido de placer. ¿Te gusta escucharme gemir? Froto un poco más en esta parte en específico y trato de no hacer ruido; mi madre podría escucharme.
Pienso en ti, en tus ojos y tu mirada ardiente mientras observas como me masturbo; tu cabello me enloquece de deseo, ¿sabes cuantas veces he deseado enredar mis dedos en él? Eres más alto que yo. ¡Oh, sí! Los movimientos de mi mano frotando en círculos mi clítoris — mientras imagino enredando mis piernas en tus caderas—, se vuelven más intensas. Estoy segura de que en un momento como este tú sonreirías, al verme rendida entre tus brazos gimiendo y pidiéndote a gritos que me penetres. Tu sonrisa, unas veces traviesa y otras discreta; me causan incertidumbre. No logro adivinar tus pensamientos. Posees unas manos largas con los dedos delgados. ¿Cuánto placer podrías darme con ellos? Estoy segura de que mis manos no se comparan con las tuyas. ¿Quieres tocar mi coño?...
Termino la ducha tras un fuerte toque de puerta y un grito de "¡Apresúrate!" por parte de mi madre.
Vestida y arreglada, bajo las escaleras deprisa. Mi novio está esperándome en la entrada de la casa para llegar juntos al instituto. Él, es uno de los estudiantes más inteligentes y dedicados del plantel. Está por concluir los estudios para irse pronto a la universidad. Mientras que a mí, me falta un año más. Sé que va a lograrlo. Él es alto, delgado y piel morena. Su forma de vestir con esa alocada cadenita colgando de su pantalón y su finta de chico rebelde pero a la vez sabiondo, me encanta. Lo conocí en la biblioteca de la escuela. Yo buscaba un libro mientras que él, platicaba con el joven encargado. Parecía algo estirado. Ahora sé, que en realidad es un chico muy tímido. Mi mejor amigo se hizo amigo de él tras una partida de ajedrez, unos días más tarde. Después ya no deje de verlo. Él siempre estaba en la biblioteca cuando yo llegaba para saltarme alguna clase o matar el tiempo libre con alguna partida de ajedrez.
Pero por mucho que él me guste, tú profesor me gustas más.
Me lleva tomada de la mano y me roba uno que otro beso en el trasporte público mientras llegamos. El me deja fuera de mi aula y pronto parte a la suya. Entro y me doy cuenta de que no has llegado aún. Tomo asiento frente a mi mejor amiga quedando justo al frente de tu escritorio. Te veo entrar con ese aire de hombre joven y maduro. La edad ideal de un hombre entre la experiencia y la juventud. De inmediato cruzo mis piernas para dejar al descubierto un poco de piel y finjo no haberte visto entrar con tu estúpida y muy mala forma de vestir tan anticuada. Carraspeas pera llamar nuestra atención.
La tienes.
Muerdo la punta de mi lápiz mientras explicas la elaboración de algoritmos. ¿A quien le importa? Mientras explicas tu mirada se cruza con la mía de vez en cuando. Yo solo te miro fijamente. Al final de tu explicación nos das un ejercicio. Soy verdaderamente muy mala en tu clase pero siempre intento esforzarme. Finges no verme desde tu escritorio. Lo sé porque en ocasiones me ves cuando crees que nadie está atento a ti. Pero en realidad puedo sentir tus ojos puestos en mí. Cuando termino el tedioso ejercicio, me dirijo a ti para entregarte el trabajo. Lo miras y marcas como siempre mis errores. Yo solo pongo mi sonrisa tonta y me disculpo aunque luego pongo cara de decepción cuando me calificas con justicia.
La clase de dos horas ha concluido te retiras al aula de computación. Es la hora del almuerzo, por lo que estarás solo. Doy dos breves toques a tu puerta, abres y me dejas pasar.
—Hola
—Hola, profe —paso directamente no asentarme, sino a acomodar las sillas mal colocadas que el grupo que estuvo aquí el día anterior ha dejado. No has dicho nada más, te mantienes ordenando el desastre de papeleo en tu escritorio. Tal vez preparándote para la siguiente clase. Siempre es así. Me permites hacerte compañía muda de vez en cuando.
—¿Qué hace?
—Califico los exámenes de la semana pasada.
—Supongo que tengo buena nota —entre que bromeo y lo digo de verdad.
—No.
Abro enorme los ojos y finjo estar asustada, el inicio de una sonrisa reprimida me dice que estas bromeando.
—¡Deme algún trabajo para subir mi calificación!
—No. Lo siento no puedo tener preferencias con usted.
—Pufff ande vamos no sea malvado —ruego como una caprichuda niña pequeña.
—No lo soy, debiste estudiar —me dices mientras dejas los exámenes en paz para mirarme directamente relajándote en tu cómoda silla. Me pones nerviosa.
—¡Vamos! Profesor… —me gustaría decirte que haría lo que me pidieras. Pero la verdad es que no me atrevo. Eres mucho mayor y sé que no sería correcto. Y no creo que arriesgues tu trabajo por una calentura con una alumna.
—¿Qué necesitas?
—No lo sé… usted dígame es su clase. —sonríe ante mi habilidad de evadir el tema.
—Hable con Carolina el otro día, me dijo algo muy interesante sobre ti.
—¿Cómo qué?
—Si te lo digo… ¿Me prometes que no correrás y me dirás si es verdad?
Comienzo a sudar frío, estoy segura de que mi amiga ha soltado la sopa.
—Sí.
—Dijo que te gustaba.
Cierro los ojos y tomo una bocanada de aire y la suelto cuando sé que eh tardado demasiado en responder.
—¿Por qué quiere saber? —pregunto mientras fijo la mirada al piso sin atreverme a ver tus hermosos ojos.
—Pensé que no era más que tu confidente. Ya sabes, siempre estas hablándome de ti y los problemas con tu madre. Soy quien te escucha y te da alguno que otro consejo sobre cómo actuar ante la situación.
—Tal vez me gusta un poco. ¡Pero no estoy enamorada de usted! A lo mejor es solo admiración. Ya sabe… —te respondo tomando el valor para mirarte a los ojos en un intento muy vago de ocultar que en realidad muero por ti.
—Lo sé. A tu edad es fácil confundir el amor con deseo o la admiración —has dicho deseo mientras das una rápida ojeada a mi cuerpo.
—Me gusta mucho. Y si me citara en algún hotel yo iría —me descaro pues tus ojos me han dado el valor de decirte lo que deseas escuchar, porque de no ser así tú no habrías tocado el tema ¿verdad?
—Tienes novio ¿no?
—Dicen que una vez vino una chica por usted. Y que es su novia, por la manera en que lo trato.
—Es una amiga.
—Los vieron besándose a dos calles de aquí.
—Fuimos a un hotel. Pero no es mi novia.
—¿Que hicieron en ese hotel? —pregunte mientras tomaba asiento frente a ti, y luego ladee la cabeza en signo de ponerte mucha atención.
—Tuvimos relaciones.
—¿Cómo? —has fruncido el ceño creo que te he molestado o tal vez te has sorprendido. Abro mis piernas para mostrarte mis bragas de color rosa pastel. Tu reacción es entre sorprendida y asustada.
—¿Eres virgen?
—Sí.
—¿Para qué quieres verme en un hotel? —tu voz se ha hecho ronca y sensual.
—Para hablar y… no sé, tal vez besarnos y acariciarnos.
—Soy un hombre Alexa. Yo no busco relacionarme en algo serio y nada por el estilo.
—¡Yo tampoco! Tengo un novio demasiado inexperto y yo… mí cuerpo, necesita un hombre de verdad.
Levanto mi falda hasta la cintura dejándote ver a un mejor el interior de mis muslos. Llevo mi mano debajo de las bragas y comienzo a tocarme suavemente mientras te observo. No parpadeas por unos momentos. De prono te levantas y pienso que vienes a detenerme pero para mi sorpresa echas el seguro a la puerta y tomas de nuevo tu lugar frente a mí. Te relames los labios y ese gesto aunado a mis movimientos circulares en mi clítoris me hacen gemir de placer, excitación y lujuria.
Desabrochas tu cinturón y el pantalón. Das la liberación deseada a tu miembro. No puedo verlo, el escritorio es un maldito estorbo. Has bajado tu mano derecha a tu miembro para acariciarlo lentamente llevando el mismo ritmo que yo.
—Desúdate para mi Alexa.
De inmediato acato tus deseos, retiro la blusa muy despacio y luego el sostén. Me levanto y desabrocho el botón de mi falda para dejarla caer, me giro lentamente para darte la espalda y bajo las bragas con una lentitud desesperante. Dejo mis nalgas a tu vista y cuando me agacho para retirarlas de entre mis piernas, gimes al ver mi culo. Me giro de nuevo y te ofrezco mi ropa interior. La tomas y llevas directo a tu rostro para aspirar el aroma de mi excitación. Luego las dejas con sumo cuidado en tu escritorio.
Tomo de nuevo asiento, abro mis piernas y comienzo a acariciar mi clítoris con suaves movimientos circulares te escucho gruñir mientras me observas y masturbas al mismo tiempo. Me gustas me encantas. Quiero joder contigo aunque nunca lo eh hecho antes. Pero estoy tan excitada que la necesidad de sentirte dentro de mi son insoportables.
Gimo de aumento mis movimientos mientras me penetro con mi dedo medio, y tú también aceleras tus movimientos…
—Llega conmigo Alexa
Entonces llega el momento mis ojos se cierran mientras la sensación de placer recorre mi cuerpo desde mi centro hasta la punta de mis pies. Es el paraíso. Abro los ojos para mirarte y darme cuenta que tu, estas en el mismo estado somnoliento que yo. El clímax fue igual de bueno que el mío. Sí, eres el hombre con el que quiero acostarme por primera vez…
Nota.. ¿Alguna vez te has enamorado de tu profesor? ….
