X

― ¡No, Harry! ¡No me hagas ir por favor! ―rogaba el rubio mientras se aferraba fuertemente al cuerpo del moreno.

― Pero ya te expliqué que es necesario que asistas.

― No quiero, por favor Harry ―sollozaba―, me portaré bien.

Potter resopló resignado. Acarició la cabellera rubia con ternura y le besó cariñosamente.

― Esto no se trata de portarse bien o mal ―explicó con calma―, sin embargo, hay muchas cosas que tienes que aprender.

― Pero yo no quiero asistir a una escuela ―dijo haciendo un adorable puchero―, dices que hay muchas personas de mi edad allí y me da miedo, si tú no estás conmigo no lograré sobrevivir.

El pelinegro sonrió ligeramente y continuó acariciando lentamente a su amado rubio.

― Hay una manera ―Draco movió la cabeza para mirarlo fijamente―. Tengo una amiga, puedo pagarle para que venga a darte clases particulares, qué te parece eso, ¿Aceptas?

Draco pareció dudar, pero al final aceptó con un asentimiento y una enorme sonrisa.

Fue así como Hermione Granger, profesora a medio tiempo en la universidad de Oxford fue contratada para dar clases particulares a un joven totalmente ignorante del mundo. A Harry le había costado mucho convencerla, pero al final ella terminó aceptando, después de todo estimaba mucho a su amigo y por lo que había escuchado el rubio necesitaba de su ayuda, además porque a pesar de no conocerlo sintió empatía por él.

Draco aprendía rápido, era bastante inteligente; Hermione llegó a pensar que de no ser por el cautiverio en el que había estado sometido, seguramente ese chico habría llegado a su edad actual como uno de los jóvenes más destacados de su país, desafortunadamente Tom Riddle le había negado esa oportunidad, pero Hermione estaba segura de que ―con mucho estudio― lograría alcanzar el nivel de un alumno promedio de preparatoria.

― Señorita Granger ―llamó el rubio, la castaña le sonrió y asintió para que continuara hablando―, en este libro dice que sólo las mujeres pueden tener bebés...

― Así es ―contestó ella―, la anatomía femenina está diseñada de la manera correcta para que este fenómeno se pueda dar, sin embargo, siempre es necesario de la parte masculina para que un feto pueda ser procreado.

Draco agachó la cabeza e hizo una mueca con la boca.

― ¿Qué pasa? ―le preguntó ella al notar el disgusto del jovencito.

― Nada señorita ―murmuró con tristeza.

― Claro que pasa algo, puedes decirme qué es, te aseguro que no me enojaré ni me burlaré.

El joven pareció dudar por un momento, pero luego terminó asintiendo: ― Soy hombre y no... ―tragó en seco― bueno yo... quiero ser la esposa de Harry, pero no podré serlo porque no puedo tener hijos.

Hermione quedó impactada por lo que acababa de escuchar, cerró los ojos y negó ligeramente con la cabeza, se acercó al chico y lo acunó entre sus brazos dejando que diera rienda suelta a su llanto.

XI

Por la tarde, en el departamento de Harry Potter, una chica castaña lo miraba de manera intimidante. Él se limitaba a engullir su cena mientras simulaba no haberse dado cuenta del estado de humor de su amiga.

—¿Y qué tal estuvo Draco hoy? —preguntó como si nada— ¿No te dio muchas molestias?

—Draco es un jovencito adorable —comentó mientras le dirigía una sonrisa—, aprende muy rápido y es muy observador —inquirió—, por ejemplo, hoy estudiamos la anatomía humana y Draco aprendió la lección completa.

—¡Felicidades, Draco! —dijo el ojiverde con una enorme sonrisa—. Me siento muy orgulloso de ti.

Por primera vez el rubio se hizo participe de la conversación exclamando furiosamente: —¡No deberías sentirte orgulloso! No soy más que un insignificante infértil.

Y sin más se levantó de la mesa, prácticamente corrió hasta su habitación donde se encerró dando un fuerte portazo.

—¿De qué me perdí? —cuestionó confundido.

—¡Harry Potter! —vociferó la chica, el pelinegro entró en pánico— es hora de hablar seriamente.

—¿De qué? —dijo tragando saliva.

—De Draco, por supuesto —comentó en tono malicioso—. Ese chico a sufrido bastante y no voy a permitir que le hagas daño.

Ella comenzó a platicarle sobre lo que había confesado el jovencito. Harry escuchó con atención y coincidió con Hermione, Draco no merecía ser lastimado y él no pretendía hacer algo así, pero tampoco cabía la posibilidad de dejarlo de lado. Porque a pesar de que sabía que lo que él sentía por Draco no estaba bien visto por la sociedad no estaba dispuesto a alejarlo.

—¿No crees que si lo alejo de mí sufrirá más? —Hermione frunció el ceño y se quedó en silencio por varios minutos.

—¿Qué es lo que realmente sientes por él? —preguntó, Harry no se lo pensó dos veces.

—Te seré honesto, no sé lo que siento por él —confesó—, es extraño porque en toda mi vida jamás me había detenido a pensar en la posibilidad de tener una pareja. Tú mejor que nadie sabe que lo único para lo que he tenido cabeza por los últimos diez años es para atrapar al desgraciado de Riddle y cuando al fin tuve la orden de aprehensión en mis manos sentí que todo había terminado, ya no tenía una razón para vivir —guardó silencio por un momento, analizando lo que estaba a punto de decir—. Pero ese mismo día, cuando por fin ese malnacido quedó tras las rejas, apareció un ángel, alguien que me mostró que en la vida hay mucho más que perseguir maleantes. Draco iluminó mi vida y quiero estar con él, aunque en el fondo sé que está muy mal. Él sufrió de abuso por muchos años y ahora vengo yo y...

—No, Harry —interrumpió la castaña—. Tú no eres como él, tú eres mucho mejor, no permitas que su sombra te venza.

—No quiero ser como Tom —susurró, sintió como las lágrimas comenzaban a escapar de sus ojos—. Él asesinó a mis padres y le hizo algo horrible a Draco y aun así me estoy comportando como él.

—¡Harry! —chilló la chica—, yo no pretendía... es sólo que tú jamás mostraste tener inclinación hacia los hombres y ahora... perdóname por favor, si tú quieres realmente a Draco entonces no debes temer, yo voy a estar apoyándote, ¿De acuerdo?

El ojiverde miró a su amiga aún con los ojos cristalizados y asintió. Ella se levantó de su asiento y se aproximó a él para darle un cálido abrazo.

—Tú eres mucho mejor —sentenció mientras Harry se aferraba con fuerza a su cuerpo.

XII

Draco estaba triste. Se sentía tan despreciable e inútil. Así, recostado sobre la cama, llorando sin poder evitarlo se aferró con fuerza a la almohada.

Harry era un hombre apuesto, seguramente bastante popular entre las mujeres; el pelinegro tenía de dónde escoger y entonces... ¿Por qué lo elegiría a él?

¡Era tan absurda y sofocante la situación! Durante sus años de convivencia con Tom jamás se había cuestionado si era lo suficientemente hermoso o especial como para asegurar que lo mantendría a su lado. Siempre le aseguraron que era perfecto, que por nada del mundo lo dejarían ir y a pesar de eso nunca le importaron esas palabras. Le daba igual si le permitían que se fuera o lo mantenían encerrado. En ese lugar no le importaba nada, nunca deseó nada y jamás se cuestionó por nada.

Sin embargo, su mundo cambió drásticamente en el momento en que Harry entró a esa habitación, desde entonces una ola de sentimientos habían venido a albergar su triste alma; felicidad, dicha, anhelo, inseguridad y pesadumbre. Y ahora se le sumaba una terrible desdicha por no ser capaz de engendrar bebés.

Se acarició suavemente el vientre y se preguntó porque la vida lo había hecho nacer como hombre y no como mujer.

De pronto, escuchó unos ligeros toquidos.

—Draco, ¿Estás despierto? —escuchó la voz de Harry— ¿Puedo pasar?

Él se mantuvo en silencio y cerró los ojos para fingir que estaba durmiendo. Escuchó el sonido de la puerta al abrirse y posteriormente los pasos firmes del azabache.

Harry sabía que estaba despierto, pues a pesar de que tenía los ojos cerrados, los pequeños gimoteos que dejaba escapar el rubio lo delataban. Además, las lágrimas por el llanto aún se mantenían frescas.

El ojiverde se sentó al borde de la cama y le acarició suavemente el cabello platinado.

—No quiero que sufras —le susurró—, no podemos tener hijos, pero sé que podremos adoptar una pequeña niña... ¿O prefieres un niño?

La habitación quedó en completo silencio por unos segundos hasta que Draco dejó escapar un fuerte suspiro.

—Una niña está bien —contestó hundiendo la cara en la almohada.

Harry sonrió y se echó a su lado. Despegó de su rostro todo el cabello que se le había pegado por las lágrimas y buscó su boca con la suya. Primero dándole un pequeño beso en la mejilla, luego en uno de los párpados y después en el lóbulo de la oreja. Draco se separó de la almohada y en ese instante recibió un suave beso en los labios.

El rubio sonrió levemente y a cambió recibió otro beso y otro beso más y uno más y cuando menos se dio cuenta ya estaban besándose con fervor.

Draco se recostó sobre Harry y se aferró con firmeza a sus anchos hombros. Mientras tanto, Harry acariciaba cada parte que se encontraba a su alcance; manteniendo mayor contacto en la cintura y las redondeadas nalgas.

—Harry —exclamo cuando se separaron para recuperar el aliento, se miraron fijamente a los ojos y se sonrieron— te quiero.

No pudo contenerse más, rápidamente hizo un movimiento para quedar sobre el frágil cuerpo del rubio.

Continuaron besándose con frenesí, Draco arqueaba las caderas para rozar su miembro con el del pelinegro, dejando escapar de su boca fuertes gemidos cada vez que lo lograba.

—Harry... —jadeó con esfuerzo—, lle-llena mi vagina.

El ojiverde se detuvo por un momento, lo miró detenidamente intentando recuperar la cordura y comprender qué significaba lo que acababa de decir el rubio. Draco se estremeció por un momento, temía haber dicho algo que hubiera molestado a su amante.

—Tú... —balbuceó en voz baja, esa frase había sido tan extraña, quiso agregar algo más pero la imagen del hermoso rubio bajo su cuerpo hizo que mandara todo al carajo y sin más volvió a besar esa dulce boca.

Durante el tiempo en que se besaban, Harry fue retirando lentamente los pantalones y la ropa interior de Draco. Dejando al descubierto las largas y pálidas piernas. Las acarició hasta donde alcanzaban sus brazos y después se dispuso a quitarle la camisa.

En el momento en que estuvo completamente desnudo se abalanzó sobre las pequeñas y rosadas tetillas y comenzó a lamer una por una como si se tratara de un par de caramelos.

Draco no podía más, se sentía al borde del orgasmo y eso que no habían llegado más allá de tocarse y besarse. No era la primera vez que le hacían algo así, muchas veces Tom lo besó y lo saboreó hasta con mayor ímpetu, pero a pesar de eso jamás disfrutó del contacto, por el contrario, siempre sentía un extraño malestar albergarse en su interior.

Con Harry todo era tan diferente. Se sentía en la gloria con tan sólo un pequeño beso y ahora... siendo acariciado de esa forma, siendo devorado con tanta devoción sentía que su cuerpo estaba a punto de estallar.

—Eres tan delicioso —escuchó decir y sonrió para sus adentros.

Miró con entusiasmo el show que le brindó el musculoso moreno al desvestirse y se ruborizó cuando este se quitó la ropa interior dejando a relucir su grueso y largo pene.

Con demasiada destreza, Harry lo volteó dejándolo bocabajo, levantó de un solo tirón sus caderas y sumergió su boca a través de sus nalgas hasta llegar al pequeño y apetecible agujerito.

Draco dio un respingo al sentir como la caliente lengua del ojiverde penetraba su ano y comenzó a gemir de manera desmesurada. Era la primera vez que se preocupaban tanto por hacerlo sentir placer y eso le estaba encantando.

—Mételo —exigió.

—¿Qué has dicho? —preguntó Harry haciéndose el desentendido. La verdad es que estaba presionando un poquito a su rubio, sin embargo, él también ya estaba llegando a su límite, quería hundir su polla en ese apretado orificio y estaba haciendo uso de todo su autocontrol para no hacerlo.

—Que... —inhaló—, que... lo metas.

—¿Qué... quieres... que te... meta? —estaba a punto de estallar, pero en serio deseaba que Draco le rogara un poco más.

—¡Tu pito, carajo! —gruñó desesperado—. Mételo en mi vagina y jódeme con fuerza.

El pelinegro no se hizo de rogar más y se hundió en esa caliente y deliciosa cavidad de una sola estocada.

—Me encantas Draco, me fascinas —aulló de placer sintiendo la calidez que le ofrecía el interior de ese hermoso joven.

—Muévete —pidió—, quiero sentirte.

Tan solo eso bastó para que Harry comenzara con las estocadas. Al principio un poco lentas y no tan constantes, pero cuando sintió que era más fácil sumergirse lo hizo con más fuerza y precisión, golpeando continuamente la próstata del rubio haciéndolo prácticamente berrear de satisfacción.

—Más... más —pedía Draco y Harry lo obedecía.

—Aprietas tan rico —confesó el pelinegro—. No aguantaré más, voy a venirme.

—Si, si —aceptó dichoso—, lléname de ti.

Harry tomó el miembro de su pareja y lo masturbó hasta que ambos se vinieron.

Se dejaron caer sobre la cama jadeando de manera incontrolable, buscando recuperar la respiración y la cordura. Harry salió con cuidado del interior de Draco y le besó la sien. Se echó a su lado y lo atrajo en un posesivo abrazo. El más joven se dejó hacer, la verdad es que se sentía demasiado exhausto para hacer algo más, pero también quería estar así muy cerca del hombre al que tanto quería.

Así, muy pegaditos e ignorando la incomodidad que sus fluidos provocaban se quedaron profundamente dormidos.

XIII

Escuchó el sonido del timbre y un par de golpes en la puerta. Se removió en la cama sintiendo un cálido cuerpo a su lado. Se acomodó para verlo mejor y sonrió ante la imagen de un adorable rubio recostado boca abajo con la boca ligeramente abierta. Sólo su trasero estaba cubierto por la sábana así que la jaló hasta cubrir el cuerpo completo.

Con sigilo se levantó de la cama y buscó en el suelo alguna prenda que pudiera servirle para cubrir su desnudez.

—¿Qué diablos pasa? —gruñó al abrir la puerta—frunció el ceño al ver al detective Diggory frente a la entrada.

—Lo lamento, jefe —dijo apenado—, estuvimos marcando a su teléfono, pero no contestó, Harry recordó que por la tarde tenía muy poca batería, seguramente se había terminado por descargar completamente en la noche.

—No te preocupes —respondió quitándole importancia al asunto—. Dime qué es lo que pasa.

—Esto no le va a gustar jefe —informó, Harry lo miró con los ojos entrecerrados, estaba comenzando a exasperarse—. Esta noche, Tom Riddle logró escapar de prisión. Ya están todos los agentes disponibles en las calles, intentando encontrarlo antes de que logre salir del país, pero aún no han dado con él.

—Dame cinco minutos —pidió el ojiverde— y estaré contigo.

Cedric asintió y entró al departamento a esperar a que su jefe de vistiera.

Mientras tanto, en la habitación de Draco; el pelinegro movía al rubio para que se despertara.

—¿Qué pasa? —murmuró comenzando a despertar.

—Necesito que te vistas lo más rápido que puedas, tengo que salir y no puedo dejarte aquí.

El chico lo miró extrañado y se incorporó sobre la cama para comenzar a hacer lo que el pelinegro le había pedido.

Rápidamente ambos salieron vestidos de sus habitaciones y junto a Cedric se dirigieron a la central de policía.

XIV

—Estas diciendo... —siseó con furia— ¿¡Que el desgraciado de Potter se ha quedado con mi perra!?

—Si señor, efectivamente —respondió su sirviente con miedo.

—Dime todo lo que tengo que saber de eso —ordenó.

—Bueno... Potter prácticamente lo adoptó, legalmente es su tutor hasta que cumpla la mayoría de edad. Al parecer el joven Draco pidió a las autoridades la oportunidad de irse a vivir con el detectivillo ese.

Tom golpeó con furia el escritorio frente a él.

—Maldito Potter —exclamó con los dientes apretados—, no se conformó con haberme quitado mi fortuna y poder, también tuvo la osadía de arrebatarme a mi golfa personal. Voy a matar a esa escoria y luego voy a recuperar lo que es mío. ¡Pettigrew! —gritó—, vamos a ir tras ese imbécil y esta vez seré yo el vencedor.

XV

Estaba fuertemente abrazado a su cuerpo. Por más que le explicó y posteriormente le rogó, el rubio no lo soltaba.

—No quiero que te vayas, Harry —sollozó.

—Tranquilo —murmuró muy cerca de su oído—, sólo será por unos cuantos días, te prometo que en cuanto termine con esto vendré inmediatamente por ti —Draco hizo un puchero de inconformismo—. Toma esto, es un teléfono móvil, si necesitas algo no tienes más que presionar este número y podremos hablar, ¿De acuerdo?

El pequeño rubio asintió y tomó con fuerza el aparato, una vez más le abrazó con fuerza y recibió un dulce beso en la mejilla.

—Te quiero —le susurró Harry antes de despedirse, él sonrió y se sonrojó como nunca.

«Gracias, Pansy —dijo dirigiéndose a la doctora—. Ahora me voy, tengo mucho trabajo por hacer.

La pelinegra y el rubio asintieron, mirando como el ojiverde desaparecía por la puerta.

—Entonces... ¿Qué quieres hacer? —Draco se encogió de hombros, no tenía ánimo para hacer nada—. ¿Te sientes triste porque Harry se fue?

—Tengo miedo —confesó.

—¿De qué? —dijo ella.

—De Tom —masculló—. Lo odio, sabes... él me engañó, yo lo escuché en la central, mis padres murieron por su culpa y ahora que escapó va a venir por mí.

—No te preocupes, Harry dejó a dos de sus mejores hombres para protegernos, además yo también soy oficial de policía. No permitiré que te haga daño.

—Quiero estar con Harry —respondió con desgano—. Sólo él puede protegerme.

XVI

—Jefe —llamó Oliver—, hay un topo entre nosotros.

—Yo diría más bien una rata asquerosa —agregó Goldstein.

—Lo que no me explico —fue el turno de Cedric para hablar— es como no se enteraron cuando llegó la orden de aprehensión en su contra.

—Porque lo mantuvimos en secreto, sólo ustedes que forman parte del escuadrón principal lo sabían —Harry intervino con su explicación—; a los demás solamente les dijimos que íbamos tras un traficante cualquiera. Así que podemos deducir que quien ayuda a Riddle no es uno de nosotros, pero tampoco es alguien de bajo rango.

—Eso nos deja un marco de búsqueda menor —agregó Cedric—. Si usted me lo permite, yo podría encargarme de encontrar a la rata esa.

—De acuerdo, te lo encargo —asintió satisfecho, a pesar de que sólo contaba con tres hombres, ellos bastaban para hacer todo el trabajo.

—Goldstein —el chico rubio lo miró atentamente— tú difundirás la información falsa. Vamos a atrapar muy fácilmente a estúpido de Tom si hacemos las cosas bien. Y Wood, tú me ayudarás a ejecutar el verdadero plan. Ya nos pondremos de acuerdo, en un lugar más privado, no quiero que se logre filtrar algo.

Oliver asintió.

Se dio por terminada la reunión y cada uno se puso en marcha para llevar a cabo sus misiones.

XVII

—¿Así que piensan ponerme una trampa? —comenzó a reír como desquiciado—. Lo que no sabe el imbécil de Potter es que ya he localizado a Draco. Mañana iremos por él y después nos embarcaremos en el buque que sale con destino a América.

—Si, mi señor —respondió Peter.

—Tú te quedarás, te encargarás de Potter. Me hubiera gustado hacerlo yo mismo, pero que se le va a hacer, mi prioridad es recuperar a Draco, alguien tan bello como él sólo puede estar a mi lado.

«Mañana —Pettigrew le entregó una copa de coñac—, por la noche, cuando la mujer se vaya a dormir tú me dejarás pasar. Tomaré a Draco y me lo llevaré de inmediato. Tú esperarás a que Potter aparezca y lo asesinarás. Reúne algunos delincuentes de la calle si crees que es necesario.

—¿Y los demás? —preguntó—, me refiero a la doctora y el otro policía.

—Mátalos —inquirió— o has con ellos lo que quieras, en realidad no me interesa.

Peter sonrió con malicia, hace mucho le había pedido una cita a la idiota de Parkinson y la mujer se había negado, ahora que podía desenmascararse no iba a dejar pasar la oportunidad de hacerse de ella.

XVIII

—¿Su esposa? —preguntó sorprendida y un poco intrigada, ella misma le había dicho a Harry que Draco presentaba ciertas actitudes no propias de un joven de su edad, pero el autodenominarse de esa forma no era algo que se le hubiera pasado por la cabeza ni en broma.

—Si —afirmó con una sonrisa—, quiero ser su esposa y creo que él me acepta.

Pansy suspiró, por nada del mundo imaginó que su jefe terminaría enamorándose de un hombre... aunque pensándolo bien jamás le había conocido una relación seria con una mujer, tal vez en el fondo su jefe era ultra gay.

Se levantó de la cama donde se encontraba sentada y caminó hasta llegar a una ventana que daba a la calle.

Todas las luces estaban apagadas, se supone que a esas horas ya debían estar durmiendo, pero por alguna razón ninguno de los dos había podido conciliar el sueño y habían terminado por quedarse a platicar en la habitación de ella.

—Lo extraño mucho —susurró—. ¿Sabes cuándo volverá?

—Pronto –le respondió—. Oye, Draco —llamó y el chico la miró atentamente—, recuerdas el número que Harry dijo que presionaras cuando necesitaras algo.

El rubio asintió con una sonrisa y le mostró el teléfono celular para señalarle el número uno.

—Ah, pues entonces hazlo ahora —y sin más se echó sobre Draco y lo jaló hasta que se encerraron en su clóset —. Marca ahora y dile que ya sé quién lo ha traicionado.

Explicó mientras abría una puerta secreta y sacaba un arma.

XIX

En el momento en que Pansy vio como su compañero era asesinado supo que estaban en grave peligro. Ella no era un oficial con tanta experiencia en el campo como los demás, ella se había enfocado a la psicología porque pensaba que era también de suma importancia ayudar a sanar a las víctimas que las escorias como Riddle iban dejando a su paso. Así que lo único que se le ocurrió, fue hacer que Draco llamara a Harry, darle un arma con la que se pudiera defender y esperar a que su jefe y el resto del equipo llegara a tiempo.

Sabía de antemano que ella no podría hacerle frente a Riddle y sus matones, así que se escondieron en su clóset, era un lugar secreto donde tenía unas cuantas armas, lo suficiente para defenderse si en determinado momento no le quedaba de otra más que enfrentarlos.

Escucharon el sonido de los hombres que comenzaban a registrar la casa.

—Toma —dijo alcanzándole un chaleco antibalas—, usa esto.

—No, no, no —el rubio se negó—. Mejor úsalo tú. Tom viene por mí, no me hará nada, pero en tu caso es distinto. Yo voy a estar bien.

La pelinegra asintió y se vistió con el chaleco.

A cada segundo que pasaba los ruidos se hacían más fuertes. Era un hecho que ya se encontraban en la habitación y los estaban buscando hasta por debajo de los colchones.

—Hemos registrado todo y no los encontramos —exclamó uno de los hombres.

—Busquen bien —bramó otro—, el tarado de Pettigrew aseguró que no han salido de la casa.

Los hombres asintieron y continuaron destrozando todo lo que encontraban a su paso.

XX

Rápidamente subieron a sus autos. Cedric recién le había revelado la identidad del hombre que ayudaba a Riddle, incluso, con el apoyo de Anthony acababan de atrapar a otros policías corruptos que ― Diggory aseguraba― eran informantes de Pettigrew.

Justo cuando estaba arrancando el auto su teléfono sonó. Su corazón se paralizó al ver que se trataba de Draco. Seguramente los hombres de Riddle habían entrado a la casa de Pansy.

Harry—escuchó del otro lado de la línea—, Tom ha venido por mí, no quiero irme con él.

—No permitiré que eso pase —respondió—, tranquilo, ya voy para allá.

La llamada terminó, sin embargo, el hecho de saber que Draco se encontraba en gran peligro no hizo más que agravar su angustia.