2

2.

-Bill maldita sea, no vamos a llegar- chilló el mayor parado al final de las escaleras, totalmente histérico porque estaban apunto de llegar tarde a un examen por culpa de la imperiosa necesidad del moreno de ponerse potingues sobre el cuerpo.

-Joder, ya va, ya va- apareció, bajando los peldaños a toda velocidad, agarrando al rubio del brazo sin detenerse, chillando un "nos vamos" y cerrando la puerta tras ambos a toda prisa.

-No tendríamos que ir siempre corriendo si tu no perdieras tanto tiempo o hicieras el pensamiento de levantarte media hora antes- jadeó el mayor. Atravesaban la calle principal a la carrera, metiéndose entre la gente, Bill un poco por detrás, no mucho calculando mentalmente cuantas bocacalles faltaban para el colegio y en cuanto tiempo las podían hacer.

Entraron y se abalanzaron sobre el papel colgado en el corcho que anunciaba el aula en donde el examen ya habría comenzado.

Lo sabían, aquel profesor jamás dejaba entrar a los retrasados, aunque probaron suerte para acabar en medio del pasillo sin permiso de entrada, sin examen sintiendo Tom un enfado que creía y crecía ya que aquella asignatura era la que mejor llevaba en aquella evaluación.

-Lo siento Tommy- el menor le miró un instante con ojos de cachorrito que surgían efecto en todo el mundo menos en él.

-No Bill, no. Estoy harto- le hablaba mientras se dirigían a la cafetería a dejar pasar las largas dos horas que duraba aquel examen ante un par de tazas de café.-Tienes que madurar joder, hemos perdido un examen. Tengo derecho a estar enfadado contigo.

Se sentaron frente a frente. Tom mirando a la mesa y Bill a Tom buscando su perdón.

- Te prometo que madrugaré- el mayor negó con la cabeza chasqueando la lengua.

-Es que no es eso, joder. Es que las cosas siempre acaban siendo como tú te las montas para mi; cuando tienes resaca o estas enfermo no puedo salir, cuando se tiene que ver una peli es la que te gusta a ti, joder incluso hiciste que dejara de salir de juerga con aquel grupo de chicos de Linz solo porque no te caían bien.

Bill suspiro. Era cierto. Tenía un hermano que no merecía.

-Voy a tratar de mejorar, te lo prometo pero no te enfades conmigo.

-No puedo enfadarme en serio contigo, por idiota que te pongas- sonrió el mayor pasándole la mano por la mejilla. Y el moreno se sintió reconfortado y le dedicó una de sus encantadoras sonrisas.

-No te enfades nunca conmigo, no lo resistiría- le dio un pequeño beso en la palma antes que retirara los dedos para coger la taza de nuevo y el mayor le sacó la lengua antes de disponerse a beber.

-Pero le vas a contar tú a mama porque estamos suspendidos- aquello, ya no le hizo tanta gracia.

ooooooooOOOOOOOOOOOOOOOOooooooo

Durante aquel día, casi no habían vuelto a verse fuera de las clases. El menor correteaba de un lado al otro, entregando trabajos atrasados. Hasta llegaron a casa en dos buses distintos.

Había sido un día de mierda, y Tom estaba enfadado consigo mismo por estar mimando demasiado a Bill, pero realmente era incapaz de enfadarse mas de 10 minutos seguidos con él cuando, en caso contrario el menor le montaba unos espectáculos dignos de ser grabados y reproducidos en cine.

Hizo los deberes y ni siquiera se asomó al oírle llegar. Al día siguiente había otro examen al que esperaba no faltar y ya le había dicho a su madre que no pensaba bajar a cenar. Estudió hasta hartarse y luego se metió en la cama.

Por su parte Bill estudiaba en el comedor con gesto cansado, castigado por la mujer dos semanas sin salir por lo de aquel día. La miró para que le permitiera ir a la cama de una vez y dejara de mirarlo mal y ella asintió. Ni siquiera se atrevió a preguntar por su cena, no fuera a ser que cambiara de opinión dejándole 4 horas mas ante aquel maldito libro de texto.

Subió sin hacer demasiado ruido, pero ante la puerta de su habitación cambio de idea mirando la de Tom. ¿Dormiría? Caminó llevando su sigilo al máximo, abriendo la puerta para localizar a su hermano como un bulto en la cama en medio de la oscuridad. Se acercó quitándose la camiseta muy lentamente, estremeciéndose cada vez que oía al rubio exhalar aire, celoso del Morfeo que lo tenía entre sus brazos y se metió en la cama tratando de moverla lo menos posible para quedarse allí, primero muy quieto y después girar de lado para mirarle, para verle también vuelto hacia él, con la boca entreabierta, y aquella expresión plácida que tanto le enloquecía, abrazado por la penumbra que daba matices negros y azulados a su piel, y algunos brillos, de sudor, de saliva, coronados por el aire cálido que entraba y salía de él, aire con su olor, aire con su esencia, y que entraba en el cuerpo de Bill por la proximidad. Se atrevió a dar un paso más y dejar un beso sobre su labio inferior, allí donde el metal brillaba y se retiró temiendo despertarle, sintiendo un cosquilleo en la zona que le había tocado, jadeando de deseo al ver como el rubio pasaba ligeramente la punta de la lengua por su aro de metal, tal vez buscando calmar la sensación del roce.

Acarició su antebrazo sobre el pijama, bajando hasta tomarle un instante de la mano y caer desde allí hasta su muslo. Aquel deseo era insano, se mirara por donde se mirara aquello no estaba bien.

Pasó la mano por su entrepierna, sintiendo como pese a la ropa y a estar dormido, el cuerpo de Tom le respondía endureciéndose. Acarició con mas fuerza, ruborizandose cuando su hermano comenzó a jadear en sueños, a moverse en busca de un contacto mas profundo, a hablar sin que el menor lograra entenderle.

Metió la mano flanqueando la ropa interior para acariciarle y sentirle latir y excitarse más y mas entre sus dedos y hacía tanto calor que quería destaparse, pero el sentimiento de culpa no le dejaba.

Tenía la mirada clavada en su cuello, deseando atacarlo sin atreverse y pasó unos eternos minutos así hasta que necesitó verle de nuevo, levantar la cara mirar de nuevo el rostro del de rastas, y tubo un sobresalto.

Sus ojos estaban abiertos.

Su primera reacción fue apartar la mano, como si de repente aquello quemara demasiado, pero el otro no le dejó, sujetándole la muñeca, haciendo que el ritmo volviera a comenzar, pegándose más a Bill, jadeándole en silencio, frotándose contra él dejando su boca entreabierta a escasos centímetros de la del moreno mientras sus manos se enredaban en su estomago, buscando aun más abajo de la estrella de su costado, arrancándole jadeos que respondían a los suyos y lograban que la oscura noche lo pareciera aún más; sintiéndose uno con el otro, uno por el otro, pero mas solos que nunca, hasta que se finalmente sus bocas acabaron por unirse, un instante de duda, pero devorándose con ansias después, jadeando, susurrando sin decir nada, haciendo que el sonido de sus besos se volviera agudo y pastoso, como el crepitar del fuego.

Y no decían nada porque no había nada que decir, solo podían apretarse mas y mas buscando en el otro un nuevo centímetro de piel que no hubiesen besado antes.

Tom se dejó llevar, escondiendo la cara de la vista de Bill, gimiendo en silencio, chillando sin hacer ruido, y se volvió liquido y cálido con un último sollozo entre las manos del menor que se revolvía por las caricias aceleradas de sus manos mas rudas y ásperas hasta caer inerte, sosteniéndole entre sus brazos y siendo sostenido a su vez, como si aquella cama fuese el sitio mas seguro a punto de derrumbarse de la faz de la tierra.