[[ Este fic participa en el "Minireto de Enero" para el "Torneo entre Distritos en la Arena", del foro "Hasta el final de la Pradera" ]]
La diosa de la Fuerza
Disclaimer: los personajes pertenecen a Suzanne Collins y sus respectivos dueños. Yo sólo los tomo un rato para compartirles la historia que inventé. La cual, tiene 500 palabras.
He escogido escribir acerca de la diosa Scatha, de la mitología celta:
Scatha o Scáthach, una diosa también considerada un gran guerrero, cuyo nombre significa "la que provoca temor", que también se llama "la sombra". Ella vivía en la isla de Skye, en Escocia, y enseñó a muchos de los legendarios héroes celtas todas sus habilidades, incluyendo la magia campo de batalla. Estos viajaron grandes distancias para estudiar con ella y ella les dió instrucciones en movimientos estratégicos, así como las artes marciales. Durante su estancia de un año y un día, por lo que ella les enseñó gritos batalla feroces y aterradora saltos y golpes, por lo que les convertía en invencibles en el combate.
—Es a ella Cato, que debemos nuestra fuerza. A ella le debemos todo, su grandeza nos mantiene vivos, fuertes y valientes. Esta mujer será la encargada de protegerte, algún día, cuando debas partir —habla el maestro, dirigiéndose a su aprendiz predilecto.
El chico permanece mirando la imagen que hay en el frente de la Academia de Entrenamiento, el lugar en el que entrenan los chicos y chicas del segundo distrito de Panem, antes de elegir partir en busca de grandes riquezas en Los Juegos del Hambre. En la imagen aparece una mujer muy hermosa, con una espada recargada en su mejilla, con una mirada desafiante y retadora.
—No ha cambiado mi manera de verla desde que usted me habló de ella, maestro —respondió Cato, intercalando la mirada de la alabada imagen y la espada que en ese entonces sostenía en la mano, después de una sesión de entrenamiento con ella.
—¡Ah! —suspiró el maestro con nostalgia—. Recuerdo cuando tenías doce años y entraste a la Academia, Cato; no sabías ni sostener un arma correctamente. Poco te faltó para lanzar un cuchillo (y déjame decirte que no lo estabas agarrando bien) a los chicos que se burlaban de tu inexperiencia. Después de todo, nunca te has distinguido por tu amable carácter ¡casi seis años de conocerte me lo han dejado muy claro!
—Cuando llegué, admito que era vulnerable. Pero ahora no lo soy —respondió el joven respirando con placer el dulce aroma de la sala de entrenamiento, una mezcla de sudor, metal y algo extrañamente interesante que aún faltaba identificar—. Scatha es la diosa más fuerte de todas, su fortaleza es tan grande como para compartirnos de ella a los simples mortales que la buscamos, haciéndonos capaces de vencer en este mundo y en el que hay después. Es por eso por lo que esta Academia está consagrada a Scatha ¿cierto, maestro?
—Así es. Parece que tienes gran devoción de Scatha, amigo mío —comentó el hombre mirando a su discípulo con una combinación de alegría y orgullo—, pero no olvides que ella va más allá del concepto de mujer. Es la viva muestra de la fortaleza femenina, recordándonos que la balanza siempre estará balanceada entre la fuerza del hombre y la mujer. Grandes metáforas podemos encontrar en su imagen Cato: el sexo femenino, el sexo débil. Scatha entrenaba incluso a los que parecían débiles, los convertía en fuertes: Esa era su mayor fuerza, más allá de su ferocidad y su valentía.
—Maestro ¿puedo hacerle una pregunta? —inquirió el chico mirando al hombre; al ver el asentimiento de su maestro, Cato continuó—. ¿Cómo sabía Scatha cuando un alumno era digno de sus enseñanzas? ¿Cómo sabía que debía entrenarlo para luchar?
—Siempre hay una causa por la cual luchar Cato —respondió el maestro—. Luchas desde el momento de tu nacimiento, luchas desde antes de nacer; todos podemos ser fuertes, sólo es cuestión de querer serlo. Harías bien en recordarlo.
Cato se arrodilló frente a la imagen, jurando a Scatha seguir las palabras de su maestro.
