Declaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, yo sólo sueño y me divierto con ellos.

"Lo que me faltaba"

Con Rose somos muy buenas amigas, ella sabe todo de mí; sabe de mi amor imposible: Edward Cullen. Estaba enamorada de este desde hace 3 años; lo amaba en silencio, pero no me quedaba de otra, él era el chico popular de la escuela, jamás me miraría a mí, Bella Swan, la chica torpe y estudiosa de la escuela; en definitiva la típica nerd. Siempre lo miraba cuando creía que él no se daba cuenta, pero casi siempre me descubría, yo por supuesto me enrojecía y miraba a otro lado. Él solo me miraba como su amiga, rara vez hablamos pero siempre era muy caballero, pero no sólo conmigo sino con todas. Rosalie siempre me decía que se lo confesara, pero nunca sería capaz; yo no era nadie para él.

Tres golpes en mi puerta me hicieron salir de mis pensamientos, miré la hora y llevaba 30 minutos pensando en mi cama, llegaría tarde al instituto.

-Adelante – Grité mientras tomaba mis cosas para una ducha rápida.

-Bella, llegaremos tarde, ¡apresúrate! Alice estará aquí en 10 minutos – Mi hermana ya estaba vestida, peinada y sutilmente maquillada; se veía hermosa, como siempre.

-Si Rose, me alisto y bajo – Le dije metiéndome al baño.

Diez minutos después baje corriendo de mi habitación, tomé una barrita de cereales y nos dirigimos al auto de Alice, nuestra amiga. Alice recién llegaba a mi casa, ella también se había retrasado, subimos a su auto y nos dirigimos al instituto.

-Alice, ¿Por qué tardaste hoy? – Le preguntó Rosalie, mi hermana odia llegar tarde.

-Bueno verás, mis padres me acaban de decir que se irán de viaje… – Dijo como si fuera una excelente noticia, la miré con el ceño fruncido.

-¿Y eso qué? – Le pregunté, aún no lo entendía.

-¡Ay Bella! Tú nunca entiendes – Se lamentó mirándome por el espejo retrovisor – Se me ocurrió una excelente idea… – La cara que puso me advirtió que no era bueno para mí – ¡daremos una fiesta!

No, no era bueno para mí; definitivamente no. Pero una fiesta estaría bien para olvidar un poco mis recuerdos. Pero en fin, Alice y Rosalie saltaban de alegría, y yo ya había decidido ir a esa fiesta para levantar un poco mi ánimo. Me uní a ellas en su alegría que de inmediato se extrañaron ante mi actitud.

-¿Bella, estás bien? – Preguntó Rose.

-¿Qué? ¿Acaso no puede emocionarme la idea a mí también? – Pregunté con fingida indignación.

-Pues sí, supongo, anda termínate tu barrita de cereales creo que eso te falta… – Añadió Alice.

Luego de molestarme todo el camino por mi repentina decisión de ir a la estúpida fiesta, llegamos al instituto. Abrí la puerta con más fuerza de lo normal al estar algo molesta de que me molestaran tanto; cuando bajé me tropecé con mis propios pies, logré afirmarme del auto aparcado a nuestro lado, solté unas buenas maldiciones en voz baja.

-Pero ¿Con esa boca tú hablas? Esas no son palabras para una dama – Bueno, yo creía que era voz baja. Levante mi mirada y ahí estaba él; demonios, Alice aparco junto a su Volvo, el auto que me salvo era el de Edward Cullen.

-Esto, lo siento – Fue lo único que salió de mi boca. No sé de qué demonios me disculpaba con él, pero si me escucho, lo mínimo que le debía eran unas disculpas por mi lenguaje –. No sabía que estabas aquí.

-No te preocupes, no hay problema – Me dio mi sonrisa favorita y se marchó; obviamente yo me quede mirándolo como una boba.

Suspiré, no pude evitarlo, luego recordé de que Alice y Rose estaban a mi lado.

-Ay Bella, aún no sé por qué no le dices nada a Edward. – Rose siempre tenía que sacar el mismo tema.

-Rose no comiences- le pedí, hoy no estaba de ánimo.

-Como quieras – Refunfuño – Alice, debo hablar contigo; Bella nos vemos en el comedor ¿Vale? – No sé si fue mi idea o quería que las dejara a solas.

-De acuerdo – Tomé mi mochila del asiento, y corrí a mi clase. Jessica y Tanya me vieron en cuanto entré a la sala; esa banda de zorras eran mi martirio en el instituto.

-Hola Isabellita – Siempre me decían así, y odiaba oírlo de sus labios ya que mis padres me llamaban Isabellita de pequeña.

-Púdrete, las dos púdranse – Mi ánimo hoy no era el mejor y no esperaría que ellas se burlaran una vez mas de mí; no hoy. Me giré para ir a mi asiento, el profesor aún no llegaba, cuando sentí una mano que me hizo girar bruscamente.

-¿Quién demonios te crees que eres para hablarnos así? – Lanzó su mano en contra mi cara, provocando un fuerte sonido de su palma al impactar en mi mejilla. No me lo esperaba; demonios esa estúpida de Tanya sí que tenía fuerza.

-Tanya, eso no se hace – La regaño falsamente Jessica – mira, déjame mostrarte como se trata a estúpidas como ésta – Jessica me dio un empujón y caí al suelo, no dudo en darme una patada que me llegó en el estomago dejándome sin aire; Tanya hizo lo mismo pero me golpeó en mi nariz. Como pude me puse de pie, las empujé y salí corriendo de la sala mientras escuchaba como se reían todos. Esto era pasarse de la raya; nunca me habían agredido; bueno yo nunca les había respondido tampoco.

Me senté en una banca a llorar y poder limpiar mi nariz de la sangre que salía. Demonios, me dolía; pero no quería ir a enfermería. Tapé mi nariz con un pañuelo y cerré fuertemente los ojos, traté de ponerla en su lugar, no tenía fractura pero si estaba algo rara, las lágrimas caían de mis ojos sin control alguno. De pronto sentí que me observaban. Mierda, si un profesor me ve así me mandaría a enfermería y allí debería decir que me había sucedido. Me paré y caminé hacia el bosque que había al lado del instituto. Tenía mi lugar en ese bosque, me sentía libre de llorar ahí. Acudía siempre que quería estar sola o esconderme de todos como ahora.