—¿Puedo hacerte una pregunta? —murmuró Greg colocándose de lado.
—Adelante —le dijo Mycroft.
Greg suspiró.
—¿Cuándo te diste cuenta de que eras gay? — preguntó preocupado.
Mycroft se mordió el labio y se echó hacia atrás en el sofá. Llevaban viéndose durante un mes casi todos los días y ya había cogido la suficiente confianza para las preguntas personales.
—Creo que... Desde los siete u ocho años.
—¿Tan pronto? —preguntó Greg sorprendido.
Mycroft asintió.
—A esa edad ya fui consciente que cuando fuera mayor no quería estar con chicas. Quería estar con chicos, casarme con ellos, ya sabes. Ya cuando tuve los 12 empecé a sentir deseos sexuales exclusivamente con chicos.
Greg asintió un poco y le dio un trago a su refresco.
—Me apuesto 20 libras a que tu aún lo estás aceptando —le dijo Mycroft sonriendo.
—Ganarías... —murmuró Greg.
—¿Y eso por qué? ¿Conflictos religiosos? —preguntó con curiosidad.
—No... Es... No quiero llamar la atención —explicó Greg —. Si fuera gay la gente me miraría diferente, me trataría diferente y me discriminaría. Y no quiero que me pase eso.
—Creo que exageras —le dijo Mycroft —. Claro que hay gente que te va a tratar diferente si sabe que eres gay pero el 98% de esa gente no la vas a conocer. Tus amigos, tu familia... Esa gente que a ti si te importa es la que te seguirá tratando igual. Y si no lo hace es que no merece la pena pasar tiempo con ellos.
Greg, que no había dejado de mirarle le sonrió y asintió un poco antes de taparse la cara con las manos y apoyar los codos en las rodillas, algo desanimado.
Mycroft suspiró y le puso la mano en la espalda acariciándola lentamente.
—Vamos... No está tan malo ser gay —dijo sonriéndole —. Y eres muy atractivo, seguro que no tendrás problemas en encontrar novio.
Greg rió nervioso.
—Eso no es verdad. Además nadie quiere a los empollones —dijo en voz baja.
—A mi me encantan los empollones, son tan inteligentes e inocentes —dijo apretándole el hombro.
Greg apartó las manos del rostro y le miró sorprendido.
—¿Lo dices en serio o solo para reconfortarme? —preguntó sorprendido.
—Lo digo en serio, los chicos así me encantan y si fueran como tú de guapos...
Greg rio nervioso y se apartó las manos del rostro, dejando ver que estaba completamente sonrojado.
—¿Sabes? —preguntó en un susurro —. Nunca he besado a un chico.
—Eso sí que es sorprendente, ¿por qué? —preguntó Mycroft sorprendido.
—No aceptarlo supongo —murmuró —. He besado a chicas pero no he sentido nada, me gustaría saber si al besar a un chico sent...
Pero la frase se había cortado en el aire.
Mycroft había aprovechado que Greg estaba distraído intentándose explicar y le besó. El moreno exclamo un grito de sorpresa contra sus labios, por lo que Mycroft ejerció más presión contra ellos, mordiendo el labio inferior con cuidado.
Greg se rindió, cerró los ojos e intentó responder al beso imitando los movimientos de Mycroft. Sentía un nerviosismo crecer en su estómago. Cogió la camiseta del pelirrojo con la y lo pego a él.
Mycroft se dejó llevar, le cogió por la nuca y suspiró contra sus labios mientras se pegaba a él. Sin querer se tumbaron sobre el sofá y solo cuando Greg notó que empezaba a tener una erección se despegó de él de un tirón.
Mycroft respiró calmadamente sin moverse antes de apartarse y quedarse sentado.
—¿Qué tal? —pregunto sonriéndole.
Greg bebió antes de hablar, se le había quedado la garganta seca.
—Tienes novio —fue lo primero que dijo.
Mycroft sonrió con un poco de tristeza.
—Ya bueno, da igual... —suspiró —. ¿Qué te ha...?
—¿¡Cómo que da igual!? Le estas siendo infiel joder, o es que acaso no te...
—Mira Greg —interrumpió Mycroft —. Un beso no es nada comparado con lo que ha hecho él con otros tíos así que no te sulfures. Te ha gustado, ¿no? Pues ya está. Confirmado. Eres gay.
—¿Qué querías decir con eso de tu novio?
Mycroft suspiró y miró su reloj antes de ponerse de pie.
—Me tengo que ir a trabajar. Ya nos veremos mañana o pasado. Adiós —le dijo y sin dejar tiempo a que Greg se despidiera salió apresuradamente de casa.
Greg observó la puerta cerrada y suspiró. Quizás se había pasado pero estaba molesto. No solo porque le había encantado el beso sino porque Mycroft le estaba siendo infiel a su pareja. Y no habría tenido nunca un novio, pero para él la fidelidad significaba mucho.
No se encontró a Mycroft hasta el jueves de la semana siguiente, que como desde hace un tiempo quedaban juntos para estudiar y hablar.
—Leyendo una web de psicología he encontrado nuevas técnicas de nemotecnia, las he traído para que las consultes —dijo alzando un taquito de folios.
—Claro, pasa —dijo Greg apartándose.
Mycroft entró y se sentó en su lado del sofá, dejando los folios entre el y Greg.
—Oye... Lo del otro día...
—No quiero hablar de eso. He venido a estudiar.
—Claro... —murmuró Greg —. ¿Quieres beber algo? He comprado cerveza —dijo sonriendo.
—Tomaré un refresco, gracias —le dijo Mycroft.
Greg suspiró y sacó de la nevera dos refrescos Dejó uno frente a Mycroft y se sentó al lado. El pelirrojo le dio un sorbo y comenzó a explicarle la información que le había llevado. Greg se mantuvo en silencio, asintiendo de vez en cuando aunque no le estaba prestando atención.
—¿Lo estás entendiendo? —preguntó Mycroft al rato.
—Mycroft —dijo Greg —. Sabes que somos amigos, ¿verdad?
—¿A qué viene eso? —preguntó Mycroft alzando una ceja.
—Sabes que puedes contarme lo que quieras, ¿sí? Te daré el mejor consejo que pueda y te ayudaré si puedo hacerlo. Puedes confiar en mí.
Mycroft suspiró y se frotó la cara con las manos antes de reclinarse en el sofá.
—Siento lo del otro día, en serio, no suelo hacer esos comentarios pero estaba hasta las narices ya…
—No te preocupes —dijo Greg sonriéndole —. Dime.
—Lo que dije fue porque… —murmuró —. Sé desde hace un tiempo que mi novio me pone los cuernos. Nunca con el mismo, con tíos aleatorios —dijo en voz baja.
—¿Y no le has dicho nada? —preguntó Greg —. Mycroft no te mereces eso, deberías de recriminárselo. Y dejarle, o sea si quieres, pero me refiero a que si te hace eso es que no te respeta.
—Ya —dijo Mycroft en voz baja —. He pensado en decírselo porque sinceramente, ya no siento nada por él. Solo rencor.
—¿Entonces? ¿Por qué no lo dejáis? —preguntó Greg confundido.
—Porque vivimos juntos. Pagamos el piso a medias y si lo dejásemos yo no tendría ningún sitio donde ir. Y antes de que lo digas —interrumpió viendo que Greg iba a abrir la boca —. No pienso volver a casa. Me fui por una razón. No voy a volver ahí.
Greg asintió un poco y le miró.
—Mycroft, no te mereces esto. Tus padres te tratan así y no mereces que tu pareja haga contigo lo que quiera y te menosprecie de esa forma. Si ya no sientes nada por él deberías de dejarle, seguramente tu vida vaya a mejor.
Mycroft intentó sonreír.
—No es mal consejo, encanto, pero sigo sin tener un sitio donde vivir.
Greg miró alrededor y sonrió.
—Vive conmigo —le propuso.
El pelirrojo alzó una ceja confundido.
—¿Disculpa? —preguntó.
—Vive conmigo —repitió —. No es como si fueras a vivir de gratis, tienes tu trabajo y me sobra una habitación. Además somos amigos, nos llevamos bien. Mientras que no montes aquí esas fiestas que montas en tu casa me parece bien que te quedes.
Mycroft rió algo nervioso, sin creérselo.
—Greg, piensa lo que dices. No me conoces tanto y… ¿Qué dirían tus padres? El piso lo pagan ellos, no sé cómo se sentirían al ver que metes a un desconocido en casa.
—Eh… Nos pasamos a la semana unas 20 horas juntos, creo que te conozco y además. Ya les he hablado de ti a mis padres.
—¿Qué le has contado? —preguntó sorprendido.
—Pues… —dijo sonrojándose un poco —. Nada del otro mundo, primero les dije que eras el vecino cabrón y ahora el vecino que me ayuda con los estudios. No les importó mucho la verdad, es más, creo que se vieron sorprendidos de que me echara un amigo tan distinto a mí —comentó.
Mycroft rió.
—Aun así, vivir aquí…
—Mis padres no dirán nada, no te estás aprovechando. Aportarás dinero a la casa, ¿por qué iban a ponerse en contra? Soy yo el que tendré que aguantarte de todas formas —bromeó.
Mycroft rió y agitó la cabeza.
—¿Estás seguro de lo que dices? Mira que luego no quiero que te arrepientas, que si no me voy a ver negro para encontrar otro sitio…
—No soy así Mycroft… Si por un casual nos peleáramos o algo no te echaría de casa —le dijo Greg sonriendo —. Así que ya sabes, deja a ese novio tan imbécil que tienes, te ayudo a recoger y vienes aquí.
Mycroft rió, se acercó a él y le abrazó con fuerza.
—Gracias, dios. Te debo una.
—Y una muy gorda —dijo Greg respondiendo al abrazo, notando como se le subía el pulso.
Mycroft se apartó y sonrió.
—¿Continuamos la explicación? —preguntó sonriendo.
—¿No crees que deberías de ir a recoger tus cosas? Yo puedo preparar tu habitación.
Mycroft sonrió.
—Cierto —le dijo poniéndose de pie —. En cuento lo tenga todo bajo.
Greg asintió.
—Suerte entonces —le dijo sonriendo.
Mycroft le sonrió de medio lado antes de salir de la casa y subir al piso superior.
Greg entró en la habitación que tenía libre y abrió la ventana para que se aireara un poco. Ese cuarto lo solía tener para guardar cajas con libros y libretas de otros cursos o cursillos en los que se había apuntado. Lo recogió todo y lo metió en su propia habitación antes de poner sábanas y un edredón en el cuarto.
Miró alrededor y vio que todo estaba en su sitio y no había nada delatador. Escuchaba voces desde el piso superior y algo asustado se asomó a las escaleras.
—¿Mycroft? ¿Está todo bien…? —preguntó mientras ponía el pie en el primer escalón.
Escuchó algo romperse y subió las escaleras corriendo. Todo el descansillo estaba lleno de prendas de ropa y CD's de música. Greg se asomó un poco y vio como Mycroft estaba de espaldas a él esquivando las cosas que su pareja le estaba lanzando.
—¿Y CREES QUE YO LO HE HECHO PEOR? ¡TU LE TIRAS LOS TRASTOS A TODOS TUS CLIENTES EN EL BAR!
—¡Eso jamás lo hecho! —exclamó Mycroft —. ¡Solo soy amable!
—¿DECIRLE LOS GUAPOS QUE SON ES AMABILIDAD?
—¡LO TUYO ES PEOR! ¡TE LOS FOLLABAS A TODOS EN EL CUARTO OSCURO! —gritó Mycroft harto.
Greg se había quedado en el marco de la puerta observando la escena, pero cuando vio que el novio de Mycroft alzaba la mano para golpearle no se le ocurrió otra cosa que ponerse en la trayectoria, llevándose un bofetón que hizo que le zumbaran los oídos.
—¿Qué mierda…?¿Quién diablos eres tú? —preguntó el chico.
Mycroft cogió a Greg de la mano y tiró de él para sacarlo de casa y cerrar la puerta.
—¿Estás bien? Dios en que pensabas cuando te pusiste en medio… ¿Estás mareado?
—Creo que tengo la cara dormida…. —murmuró.
—Vamos a tu casa, venga —dijo cogiéndole de la mano y comenzando a andar.
—Tu ropa… —murmuró Greg siguiéndole, la cara le ardía y sentía como se hinchaba.
—Da igual, venga… —murmuró.
Entraron en casa y Greg se sentó en el sofá, le zumbaban los oídos un poco y notaba como las cosas temblaban un poco a su alrededor.
—¿Vamos al hospital? —preguntó Mycroft mirándole —. Se te está hinchando… —murmuró.
—Solo ponme hielo… Es que… Nunca me habían pegado —susurró.
Mycroft tragó saliva y se acercó a la nevera, sacó unos cubitos de hielo y lo envolvió en un trapo antes de volver al sofá. Se sentó y empujó a Gregory para que pusiera la cabeza sobre las piernas. Le puso el hielo sobre el lado derecho y suspiró.
—No deberías de haberte puesto en medio… —le dijo en voz baja.
—Uhm… Te dije que quería ser policía, ayudar al ciudadano. Ya sabes —le dijo Greg mientras cerraba los ojos.
—Ya pero… Menuda forma de empezar —susurró acariciándole la frente con el pulgar —. ¿Estás mareado o algo? —preguntó.
Greg negó con la cabeza.
—Solo quiero quedarme aquí un mes… O Dos —susurró.
Mycroft sonrió y se quedó en esa posición un rato, poniéndole el hielo de vez en cuando hasta que empezó a derretirse y dejó el trapo sobre la mesa.
—Te daré un analgésico y a la cama —le dijo —. Y nada de clase mañana, ¿eh? Te tienes que recuperar.
Greg gruñó a modo de afirmación y se acomodó cuando Mycroft se puso de pie. Se tomó el analgésico de forma automática y sintió como Mycroft lo cogía y lo dejaba en la cama, ni tan siquiera se enteró de que lo movían.
A la mañana siguiente, cuando se despertó, se encontró a Mycroft desayunando y leyendo el periódico en la cocina. Iba sin camiseta y Greg pudo ver que además de los tatuajes tenía un pendiente en un pezón.
—¿No habíamos quedado en que hoy te quedarías en casa? —preguntó Mycroft antes de alzar la cabeza.
Greg sonrió un poco y suspiró.
—No me puedo perder ninguna clase... —dijo abriendo la nevera.
—Hay café en la cafetera y tostadas echas —dijo quitando una servilleta a un par de tostadas —. No seas cabezón, necesitas recuperarte.
—Estoy recuperado... —murmuro Greg echándose café en una taza.
—Ya...
Mycroft se acercó a él, le cogió la cara con las manos para alzarla y se acercó un poco. Greg se sonrojó pero Mycroft solo le examinó el golpe.
—Lo sigues teniendo un poco hinchado, además te duele la cabeza. Quédate aquí Greg, no pasará nada —le dijo apartándose.
—Pero... Si no voy no podré tomar apuntes...
Mycroft sonrió.
—Yo me encargaré de eso, encontraré a alguien de tu clase y fotocopiaré sus apuntes.
—¿De verdad harías eso? —preguntó Greg.
—Claro. Desayuna, tómate algo para el dolor y regresa a la cama. No me hagas repetirlo otra vez.
Greg sonrió y negó con la cabeza. Tomó la leche sola para no espabilarse y se comió dos tostadas. Mycroft le dio un analgésico y cuando salió del piso, Greg estaba de vuelta en la cama.
Horas más tarde, se levantó al oír ruidos en la cocina. Se dio la vuelta en la cama para seguir durmiendo pero al ver que en el reloj de la mesita ponía que eran las tres de la tarde se incorporó de golpe.
—Joder... —gruñó frotándose los ojos.
Se levantó y fue directamente a darse una ducha. Salió al salón un rato más tarde para encontrarse a Mycroft sentado a la mesa comiendo. Su plato también le esperaba frente a él.
—¿No es muy tarde para que comas? —preguntó.
—Te estaba esperando a ti —dijo Mycroft con una sonrisa —. ¿Cómo te encuentras?
—Mejor... No me duele la cabeza, solo el golpe —le dijo sentándose —. Y gracias...
Mycroft negó con la cabeza.
—Espero que te guste. Cocinar pescado no es que sea mi punto fuerte —dijo sonriendo.
—¿Y de que te alimentabas?
—Comida precocinada y hamburguesas... —dijo encogiéndose de hombros.
Greg le miró de arriba abajo y alzó una ceja.
—Ojo, que no hago tres comidas diarias por eso no estoy gordo —le dijo Mycroft señalándole con un dedo.
Greg rió y alzó las manos en señal de paz.
—Vale, vale —le dijo.
Greg pudo ver que Mycroft respiraba aliviado pero no le dijo nada y continuó comiendo.
—¿Has encontrado a alguien que te pase los apuntes? —preguntó al rato.
—Fui a tomarlos yo mismo —dijo señalando al montón de folios que había en la mesita de café.
—¿¡Qué!? ¡Pero eso no hacía falta! ¿Y tus clases?
—Son demasiado fáciles, no es la primera que me pierdo y no he bajado mi rendimiento. No me fiaba de los de tu clase y decidí asistir —dijo con la voz neutra.
Greg se mordió el labio.
—Presumido... —dijo en voz baja.
Mycroft le miró con el entrecejo fruncido pero enseguida comenzó a reírse a pleno pulmón.
—Mucho además —le dijo.
Greg, que se había sonrojado al oírle reír así, miro su plato y sonrió.
—¿Tú cómo estás? —le preguntó.
—Liberado —dijo sonriente —. Y muy agradecido. De verdad Greg, nadie antes había hecho algo así por mí...
—No tienes que agradecerlo, haría muchas cosas por ti —le dijo sin pensar.
Mycroft se quedó en silencio observándole atentamente, sonrojándose un poco.
—Bueno… —dijo Mycroft intentando cambiar de tema —. ¿Tienes por ahí un libro de cocina?
—No… Eh… Cocino desde pequeño, me relaja mucho —respondió Greg.
—Entonces compraré uno —dijo Mycroft sonriendo —. Si no, vamos a vivir a base de comida precocinada…
Greg le sonrió.
—Déjame cocinar a mí, anda —pidió —. Comerás sano, tres comidas diarias... A lo mejor hasta engordas —dijo abriendo la boca sorprendido.
Mycroft sonrió.
—Confío en ti, ¿eh? —dijo señalándole con el tenedor.
Greg rió y negó con la cabeza. Terminaron de comer y Greg recogió los platos antes de sentarse en el sofá. Mycroft se sentó en el otro sofá, subió las piernas a él y las cruzó.
—Entonces… —dijo Mycroft después de un rato de silencio —. ¿Harías muchas cosas por mí?
Los nervios en el estómago de Greg crecieron y se abrazó a un cojín.
—Si… —admitió en voz baja.
Mycroft se acarició la barbilla lentamente y sonrió.
—No hemos tenido una cita —le dijo.
Greg le miró alzando una ceja.
—¿Perdona?
—Podríamos salir, a comer fuera. En plan formal y ver qué pasa.
—¿Lo dices en serio?
—Siempre digo las cosas en serio —le dijo Mycroft —. Si tenemos química podríamos comenzar a salir. Si no, siempre podemos ser buenos amigos.
—Pero yo nunca he… Nunca he tenido novio, ni nada…
Mycroft sonrió y se sentó a su lado.
—Bueno, alguna vez tendrá que ser la primera, ¿no? —le dijo sonriente.
Greg le devolvió la sonrisa y asintió.
—Vale… —dijo con voz tímida.
—Entonces mañana vamos a comer juntos. Un bonito restaurante… Velas…
Greg rió y asintió.
—Vale. Vale. Me pondré mis mejores galas, lo prometo. Y tú también, ¿eh? No quiero pulsera con pinchos…
—Está bien… Creo que tengo un traje por algún lado…
Acortó la distancia hacia a Greg y fue a darle un beso, pero este puso la mano y lo paró.
—Ah no, no hay beso hasta después de la cita —le dijo.
—Pero si ya nos hemos besado… —se quejó Mycroft contra su mano.
—Lo sé, pero no habrá ninguno más hasta después de la cena y eso si sale bien…
Mycroft sonrió y le mordió un poco la palma de la mano.
—Me esperaré entonces —le dijo antes de sonreírle.
