-¿Y? ¿Cómo les ha ido? -preguntó Sherry una mañana de invierno.
-Bien. -fue lo único que Jake respondió. Sherry se le quedó mirando un poco enojada por la vaga contestación que él dio y decidió obligarlo a hablar:
-Entiendo que tengan una especie de pacto secreto, pero al menos dime si te está sirviendo de algo.
-Pregúntale a Jill.
-Te estoy preguntando a ti. -la chica pareció perder la paciencia por unos instantes, odiaba que él fuera tan cerrado a veces y no le contara absolutamente nada de lo que hacía o pensaba.
-Estamos progresando. -dijo él.
-¿Progresando? -preguntó ella. -Pero si ya hace más de 6 meses que llevan hablando ¿y tú hablas tan solo de progresar?
-No ha sido fácil.
-Jake, ya dime la verdad. ¿Solo se dedican a hablar? -preguntó ella con cierta desconfianza y prosiguió: -Jill tampoco quiere decirme mucho y en la BSAA me han dicho que ya ni se aparece por la oficina.
-Eso ya es problema de ella. Nosotros solamente hablamos cuando tenemos tiempo.
-Vas todos los días a su apartamento, Jake.
-Eso no es...cierto. -se detuvo a pensarlo por un momento. ¿De verdad estaban viéndose todos los días? Tenían charlas tan amenas que el tiempo pasaba volando y las tardes se les hacían muy cortas. Su compañía era agradable, casi adictiva y puede ser que eso le haya hecho olvidar la cuenta de los días.
-Solo nos dedicamos a hablar. -respondió él para la tranquilidad de Sherry. -La veo a menudo porque no me hace sentir como un bicho raro, eso es todo. Después de eso, el joven mercenario se fue a dormir siesta. No hace mucho que estaba viviendo con la agente Birkin, pero era en plan de amigos. Nunca había pasado algo más allá de ello.
«No te metas en mi vida y yo no me meteré en la tuya.», rondaba en su cabeza aquella frase que le había dicho a Sherry cuando llevaba pocos días de estar en la ciudad.
Dejó que los días pasaran para no parecer insistente o demasiado interesado, pero terminó por arrepentirse. Se sentía un poco vacío, como si algo faltase. No recibió ninguna llamada tampoco, a pesar de haberle dejado personalmente su número a la ex S.T.A.R.S.
De vez en cuanto tenía uno que otro trabajo por el cual ganaba una increíble cantidad de dinero, así que en Sherry no solía quejarse por eso, sino por el hecho de que a veces el chico podía pasar todo un día sin hacer completamente nada.
Solo. Recostado sobre la cama, mirando al techo, sin prestarle atención a nada más. Son acciones típicas de Jake Muller, pero aquel día, la agente Birkin notó algo más. Tristeza.
-Jake... ¿por qué no sales un rato? -pero el mercenario ni siquiera se inmutó en mirarla, estaba hundido en sus propios pensamientos y no pareció escucharla.
-Jake. -repitió ella una vez más. En esta ocasión él levantó la vista, pero salió de la habitación sin decir nada. Fue hasta el recibidor, tomó sus cosas y pegó un portazo.
El frío le helaba el cuerpo, esta vez sí había traído chaqueta, pero la temperatura había descendido al punto de estar bajo cero.
Fue hasta un parque y allí se sentó. Mala idea porque estaba repleto de niños lanzando bolas de nieve y echando carreras con sus trineos en improvisados montones de nieve. Él nunca tuvo una infancia así, ni siquiera tenía dinero para comprar un trineo. Todo gracias a Wesker.
Cuando se encontró encerrado una vez más en sus ideas, una bola de nieve le llegó directo al rostro. «Mocosos insolentes.», dijo el intentando sacarse los restos de nieve que le habían llegado al ojo, pero cuando pudo ver bien, Jill se encontraba frente a él.
-No eres muy alegre, ¿verdad? -le sonrió ella dispuesta a lanzarle otra, pero la disolvió entre sus manos y se sentó a su lado. Jake se sentía tranquilo otra vez.
-¿Qué haces aquí? -le preguntó el veinteañero con frialdad fingida.
-Me aburrí en casa y decidí salir a caminar. -respondió ella. Llevaba un sofisticado y elegante abrigo azul que combinaba con el color de sus ojos.
-No me llamaste.
-Tú tampoco.
-Lo siento... -dijeron ambos al mismo tiempo y se miraron cuando lo hicieron.
-He estado ocupado. -mintió Jake, pero notó que Valentine no le creyó e igualmente ella le siguió el juego.
-También yo. Esta semana hemos tenido mucho trabajo en la BSAA...estamos rastreando a un comerciante que está haciendo negocios con grandes empresas...
-Otra vez lo mismo. -soltó con odio el chico sin dejarla terminar. Jill lo miró algo confundida y él solo se cruzó de brazos, pero agregó: -¿Por qué esos tipos no pueden quedarse quietos tan solo por un tiempo?
-Bueno, si no hubiesen tipos como ese, la BSAA no existiría y yo no tendría trabajo.
-Y eso sería lo mejor para todos. -la gente se mostró incrédula con lo que Jake le dijo e incluso hasta pareció ofendida.
-A veces me pregunto de qué lado estás. -le contestó ella.
-Del lado que me conviene o que necesito. Y la BSAA no es algo que me ayude mucho que digamos.
-Evitamos el bioterrorismo.
-No me vengas con discursos prefabricados, Jill. Sabes que me importa una mierda lo que hagan allí dentro. -la chica calló. Era lo mejor en estos casos, no quería ser hiriente porque sabía que el joven jamás iba a cambiar su manera de ser. -No me interesa si la BSAA existe o no porque no hace falta que lo haga, pero tú sí.
-¿Qué? -preguntó Jill sin entender lo último.
-Vamos por un café. Observar a estos mocosos terminó por cansarme. -dijo él levantándose de la banca y ofreciéndole la mano.
Ya se encontraban sentados bebiendo café, pero ninguno decía ni una sola palabra. Jake tenía la vista perdida hacia el vidrio que daba a la Fith Avenue y Jill miraba su café muy pensativa. A los 20 minutos, Jake dijo algo random:
-Ni siquiera sé por qué estoy aquí.
-¿A qué te refieres?
-Debería estar en Europa. Pero Sherry insistió en que América se me daría bien.
-No creo que...
-Estoy perdiendo el tiempo.
-No lo creo, estás aquí para enfrentarte al recuerdo de tu padre.
-¿Bebiendo café en un Starbucks? Dudo que se pueda así. -Jill soltó una risa e hizo quitarle la seriedad del rostro al chico con ello.
-Hablo enserio. -dijo ella aun riendo. -Piénsalo por el lado de que hace menos de 1 año no sabías absolutamente nada de Wesker y ahora sí. Has conocido más gente...
-Hace meses atrás no quería saber nada de nadie.
-¿Y ahora sí?
-Puede ser. ¿Quién sabe? -el chico le regaló una extraña sonrisa que Jill no sabía si tomar la frase como una especie de cumplido o simplemente no tomarle importancia.
Cuando salieron del lugar, Jake la tomó del brazo mientras caminaban con dirección al apartamento. «Siempre funciona en las películas.», pensó con orgulloso. Caminaron sin decirse nada, la presencia de ambos parecía lo único que importaba y con ello se sentían a gusto. A Jake le agradaba el sentimiento. Era una mezcla entre paz y seguridad, junto con otros que desconocía. Nunca se había sentido así, ni cuando estuvo con su madre. ¿Era un sentimiento distinto? ¿Qué era? Creyó sentir algo parecido en China cuando estuvo con Sherry, pero se dio cuenta de que ella parecía no estar tan interesada como él. Se engañó. ¿Pasaría lo mismo aquí? No lo sabía, pero ya no tenía miedo. No si Jill estaba con él.
Ella insistió en hacerlo pasar y Jake tuvo que ceder por cortesía. No quería hablar de nada hoy, menos de alguien desagradable como Wesker. Por lo que se quedaron sentados en silencio, mirándose uno a otro, incapaces de decir algo. Él se sentía cómodo así, pero al parecer ella no. Se mostraba intranquila, algo nerviosa frente a tanta calma y tanto silencio.
Él comprendió el mensaje inmediatamente. A Valentine no le gustaban las improvisaciones y decidió hablar de una vez para evitar ponerla más nerviosa:
-¿Hace cuánto que conoces a Chris?
-Desde que entré a los S.T.A.R.S. ya hace varios años.
-Demasiados años. -bromeó él.
-¿Me estás llamando vieja? -levantó una ceja la chica.
-No, no. -se excusó Jake sin aguantar la risa. -Pero si así fuese, estás muy bien conservada.
-¿Conservada? -repitió en una pregunta la agente, pero se rió de todas formas.
-No quise...yo no...olvídalo. -terminó por decir sintiendo avergonzado.
-Está bien. Entiendo a qué te refieres...ser un niño y estar rodeado de adultos no es fácil.
-¡Oye! -exclamó ofendido él. Se cruzó de brazos y se echó hacia atrás. Odiaba que le llamasen niño, él era mucho más que eso. Aparentaba más edad físicamente y su personalidad no era para nada infantil, por lo que le molestaba bastante la palabra. Jill corrió de su asiento para abrazarlo y el mercenario se sintió extraño, pero también hizo lo mismo.
Ella lo miró directamente y él esquivó la mirada. No estaba seguro de qué estaba sintiendo. Ella era hermosa, agradable y simpática. «Yo soy horrendo...un maldito monstruo lleno de cicatrices.», pensó con la mirada baja.
-¿Pasa algo? -preguntó ella viéndolo actuar de ese modo.
-Nada. -dijo Jake aún con la mirada perdida.
-Jake, no me mientas. -El joven no respondió y la abrazó con más fuerza. Jill no quiso soltarlo, pero su móvil empezó a sonar. La mujer corrió hasta la mesa del comedor para coger la llamada, pero decidió no hacerlo.
-¿Quién era? -preguntó Jake.
-Chris.
-¿Por qué no contestaste?
-No tiene importancia.
