Hola! Y gracias por seguir aquí...


Capítulo 2: "Integrándose"


El reloj digital sobre la mesita de noche, marcaba las 3 am. Y yo no era capaz de conciliar el sueño. Ahora que estaba más tranquilo, me sentía bastante mal. Había arremetido contra Blaine en el primer día, lo había corrido de mi cuarto gritándole como un demente y ni siquiera me sentía capaz de verlo a la cara nuevamente.

Era impresionante cómo en 12 horas había jodido por completo nuestra relación.

Me envolví en el albornoz que tenía sobre la silla, bajando a la cocina por un vaso de leche tibia. Tal vez eso me ayude con mis problemas de sueño. Mientras caminaba hacia el frigorífico, arrastrando los pies, pensaba en una buena excusa para no ir junto con Blaine al instituto en un par de horas más, pero no encontraba nada convincente.

- ¿Tampoco puedes dormir?

- ¡Dios! ¿¡Pero qué demonios!? – chillé, poniendo una mano sobre mi pecho, comprobando que mi corazón siguiera en su lugar, latiendo.

- Lo siento – se disculpó de entre las sombras. Yo encendí las luces y me llevé una grata sorpresa al verlo con el pelo revuelto en una maraña ondulada, una ajustada camiseta blanca sin mangas y unos muy pegados bóxer, dejando bastante poco a la imaginación. Él caminó hacia mí y yo tuve que apoyarme en el mesón de la cocina para no caerme – No quise asustarte – sonrió a medias.

- ¿Asustarme? No, como crees – ironicé – Así es como saludo por las noches.

Él sonrió gloriosamente y mis muros defensivos fueron destruidos. ¿Por qué tenía que ser tan devastadoramente encantador? Parecía un maldito príncipe de Disney.

- Oye, con respecto a lo de esta noche, yo…

- Blaine, no tienes que disculparte… – lo interrumpí – Sólo comprender que hay momentos en los que suelo ser… un poco… Idiota – me encogí de hombros – Que es la mayor parte del tiempo, por lo que te pido paciencia. No soy una mala persona, sólo algo presumido, obstinado e intolerante, además de que no me gusta perder y no tener la razón – añadí – Si logras obviar todo eso, podemos ser buenos amigos – sonreí.

- ¡Woah! La lista es larga – puso una mano en mi hombro y me temblaron las rodillas – Pero, puedo hacer un esfuerzo.

- Ok, voy por mi leche – dije, apuntando con mi pulgar hacia mi espalda – Dicen que es buena para dormir.

- Entonces dame un vaso a mí también, porque no quiero llegar con ojeras a mi primer día de clases. ¡Dios! ¡Estoy tan nervioso! – se mordió las uñas.

- ¿Por qué? – Consulté, vertiendo la leche en vasos – Sólo serán un montón de chicos subdivididos por rango de popularidad, obligados a compartir ocho horas diarias a la semana – hice un gesto y él volvió a reír.

- Sé que sonará algo raro, pero llevo tanto tiempo en una escuela de chicos, que creo que ya olvidé por completo lo que es estudiar con chicas… Y ¿qué tal si no le agrado a nadie? ¿O si se burlan de mí por ser "el chico nuevo"? – Hizo comillas en el aire, abriendo los ojos con exageración – Tengo miedo de no poder integrarme.

- ¿En serio estás así por eso? – Suprimí una carcajada – Pues, pierde cuidado… Recuerda que tienes un santo en la corte – me señalé con un dedo y luego le guiñé un ojo – Mientras estés conmigo, todo lo demás vendrá sólo.

- ¿Incluso las chicas? – fruncí el ceño.

- ¿Tanto te importan las chicas? – farfullé.

- ¡Por supuesto que sí! – Dijo evidente - ¿A ti no?

Me acerqué a él, poniendo el vaso en frente suyo, dejando el mío a un lado. Luego me incliné sobre el mesón, quedando a centímetros de su rostro.

- El asunto es el siguiente… - susurré mirándolo con intensidad. Él no retrocedió, sólo mantuvo sus ojos en los míos, como hipnotizado – Me importan mucho más los chicos… de preferencia guapos, divertidos, y con atributos… - le guiñé nuevamente un ojo y regresé a mi posición, sentándome frente a él, bebiendo de mi leche, disfrutando su rostro estupefacto.

- ¿Er-eres… gay? – yo asentí, sin apartar mi mirada de la suya. Él parecía sorprendido, pero más que nada curioso.

- ¿Tú no? – consulté, sabiendo de antemano la respuesta.

- Yo… - ¿estaba dudando? – Yo no, m-me gustan las chicas… Quiero decir, no tengo nada en contra… de hecho… - ahora fue él quien se apoyó en el mesón para acercarse a mí - ¿Te puedo contar un secreto? – Yo lo miré fascinado y le di un "sí "silencioso – Una vez hicimos una fiesta con los chicos de Dalton – susurró frente a mi rostro, haciéndome agua la boca – Y uno de los chicos propuso jugar a la botella. Era estúpido, porque sólo habíamos chicos, pero algunos eran, ya sabes, gays… Esa noche besé a cinco chicos distintos, aunque habíamos bebido un poco, pero lo recuerdo como algo divertido.

- Estoy impactado – musité sonriendo ante la nueva información adquirida - ¿Quién diría que aquel cliché de que "las apariencias engañan" era cierto?

- Bueno, sólo fue por una ocasión puntual… - aclaró, volviendo a sentarse – No es que me ande besando con cualquier chico cada vez que bebo.

- Claro, nadie lo ha sugerido – anoté mentalmente en mi lista de cosas por hacer: "1.- Emborrachar a Blaine", luego añadí más abajo "2.- Jugar al juego de la botella".

Bebimos de nuestros vasos en silencio, sólo lanzándonos miradas realmente intensas. Noté que se ruborizaba cada vez que yo mantenía mi vista en sus ojos, apartando su mirada.

- Bien, creo que comienzo a sentir sueño – dije, con mi humor mejorado – Me iré a la cama.

- De acuerdo, buenas noches – se puso en pie y besó mi mejilla, paralizándome.

- A-adiós – balbuceé y corrí escaleras arriba.

No pude evitar poner la yema de mis dedos sobre el lugar en el que sus labios me habían tocado. Fue un gesto tan tierno, verlo ponerse de puntillas y besarme, que me lancé sobre mi cama y abracé la almohada, con una enorme sonrisa.

Entonces, pude dormir.

Mi despertador sonó, alejándome de mis fantasiosos sueños, acerca de una fiesta en donde estaba rodeado de guapos chicos sentados todos en círculo, con una botella girando en medio, apuntando directamente a Blaine, quien estaba frente a mí. Él gateaba por el suelo y se acercaba a mi rostro. "¿Vas a besarme?", susurraba yo, temblando de anticipación. "Es lo que más deseo hacer", respondía con aquella sensual sonrisa de dientes blancos. Ponía una mano en la parte trasera de mi cuello y me pegaba a él, besándome con pasión, introduciendo su lengua para recorrer mi boca, luchando por liderar el beso, presionándose en busca de profundizarlo aún más.

- ¡Kurt! – Mi puerta estaba siendo aporreada por mi padre - ¡Apaga esa maldita cosa!

Abrí los ojos, y lancé un manotazo al despertador que dejó de sonar al instante. Me froté el rostro, alejando las imágenes de mi mente. Entonces me percaté de que no sería tan fácil, puesto que bajo mis sábanas, mi erección amenazaba con rasgar mi bóxer.

¡Demonios! ¡Necesitaría una ducha fría!

Luego de veinte minutos temblando bajo la regadera, me sentí en condiciones de temperar el agua. Había recuperado mi compostura y no pretendía volver a recordar aquel erótico sueño. Me arreglé frente al espejo, como lo solía hacer, antes de ir al instituto, luego me vestí con la ropa que había preparado.

Pronto comenzaría a usar mi uniforme de los Cheerios, pero debía esperar a que la entrenadora Silvester acabara con las pruebas de admisión, en donde no añadía a nadie nuevo, sino que sólo se burlaba de aquellos que trataban de formar parte de los animadores.

Bajé por mi desayuno y me encontré con Blaine, sentado en el mesón, tal y como había estado hace unas horas, bebiendo leche y confesándome que había besado algunos chicos con el jodido jueguito de la botella.

Aparté con violencia aquellos recuerdos de mi mente, antes de que mi amigo reaccionara, y tuviera que tomar otra ducha de agua fría.

- ¡Buenos días! – Saludó él, con alegría en su voz - ¿Emocionado?

- Tal vez – me encogí de hombros, cogiendo una tostada de su plato – Sólo quiero llegar y ver a los chicos nuevos – lo vi tensarse en su lugar y sonreí para mis adentros. Al parecer el tema de los chicos, le afectaba.

- Burt me dijo que tus amigas venían a recogerte… - comenzó a decir – Pero había pensado que podríamos irnos juntos, en mi carro – sonreí ampliamente.

- Por supuesto que sí – respondí, sacando mi móvil para textearle a Rachel.

"No vengas por mí. Encontré mi conductor personal – Kurt"

Comí en silencio y luego subí a lavarme los dientes. La respuesta a mi mensaje no tardó en llegar.

"Maldito suertudo. Más te vale que sea hetero – Rachel"

"Eso aún está indefinido – Kurt"

Reí ante eso y cogí mi bolso, regresando a la planta baja.

- ¿Nos vamos? – pregunté. Blaine asintió y nos montamos en su flamante carro.

Le di las indicaciones de cómo llegar al instituto y en menos de quince minutos, ya estábamos buscando un lugar para aparcar.

- Bienvenido a mi reinado – bromeé. Él sólo negó con la cabeza y bajó del carro. Yo lo seguí.

- Supongo que tendré que pasar por la dirección en busca de mi horario y todas esas cosas, ¿no? – dudó.

- Por supuesto, pero antes, déjame presentarte a mis amigas – lo tomé del brazo, haciéndolo entrar en el pasillo – Te encantarán.

Caminamos girando en algunas partes, y tal como lo pensé, las hallé reunidas junto a mi taquilla. Solía ser nuestro centro de reuniones.

- ¡Cedes, Rach, Q! – exclamé, soltando el brazo de Blaine y acercándome a ellas con los brazos abiertos, envolviéndolas en un abrazo grupal.

- ¡Kurtie! – gritaron las tres, ensordeciéndome.

- ¿Este es Blaine? – consultó Rachel en cuanto nos separamos.

- Oh, sí – lo tiré de un brazo y lo puse frente a mis amigas – Chicas, les presento a Blaine.

- Blaine Anderson – detalló él, saludándolas a cada una con un beso en la mejilla. Reí ante las expresiones de fascinación que hacían luego de ser besadas por él.

- Eres aún más guapo en persona – soltó Quinn.

- ¿Uh? – Blaine me lanzó una mirada de duda. Recordé la fotografía que les había enviado.

- Nada, no las escuches – lo aparté de ellas – El sol de estos meses les fundió las neuronas – empezamos a caminar, por lo que miré a las chicas – Nos vemos luego, debo acompañar a Blaine a la dirección.

Nos alejamos y solté un suspiro. Blaine rio divertido.

- Son algo… hormonales – murmuró.

- Son chicas, es su naturaleza – me encogí de hombros.

Anduvimos por los pasillos, y Blaine miraba fascinado hacia todas partes. De pronto, doblando en una esquina, fue arrollado por alguien. Él rápidamente sostuvo a la chica, antes de que esta cayera y se diera un buen golpe. En cuanto vi quien era, deseé que la dejara caer.

- Lo siento, estaba distraída – se disculpó ella, acomodando su bolso y su largo cabello negro.

- No es nada – comentó él, de forma amable.

- Tal vez si abrieras más los ojos, podrías ver por donde andas – solté molesto - ¡Oh! ¡Lo olvidaba! No puedes ir en contra de tu naturaleza asiática… ¡pobre! – fingí un tono apenado.

- Kurt… - siseó Blaine. Yo lo ignoré y chasqueé los dedos frente a la chica.

- ¡Vamos! ¡Muévete! – exclamé y ella prácticamente corrió para desaparecer de en frente nuestro. Yo sonreí satisfecho.

- ¿Por qué has hecho eso? – Miré a Blaine con mi ceja alzada – ¡Fue muy grosero!

- ¿Hacer qué? – Pregunté - ¿Lo dices por Tina? ¡Pff! Es una tarada.

- ¿Qué te ha hecho para que la trates de esa manera? - ¿me estaba regañando? – No creí que fueras así, Kurt – negó con la cabeza y dio un par de pasos lejos de mí.

- ¡Hey! – vociferé molesto. Él no volteó, por lo que tuve que alcanzarlo - ¿Tú qué sabes? ¡Además, ya te había dicho como soy, no puedes culparme por no poder refrenar mis palabras!

- No, pero nada te da derecho de humillar a los demás – se volteó a mirarme y me habló muy de cerca, con evidente enojo – Eso es ruin y bajo, mayormente si se trata de un chica.

Se alejó, dejándome con una cara de tonto.

- ¡Aún no te he llevado a la dirección! – grité, para que regresara.

- ¡La encontraré yo solo! – respondió sin mirarme.

Se perdió entre los muchos chicos se circulaban por el pasillo, y yo quise patear un bote de basura.

Di la media vuelta y caminé en busca de las chicas. Después de todo, él tendría que volver a hablarme, porque aquí, yo gobernaba… Está perdido sin mí.

- De acuerdo, por ser el primer día, les consentiré que no estén llevando sus uniformes – comenzó a decir la entrenadora Silvester, mientras Mercedes y yo la mirábamos sentados frente a ella – El pertenecer a los animadores, les da un lugar aquí, y ¿cómo se supone que lo demuestren, si no llevan sus uniformes?

- Creímos que querría hacer las pruebas primero – dije, encogiéndome de hombros.

- Por supuesto que haré las pruebas, pero mi capitán de los Cheerios no necesita audicionar – declaró, apoyándose en su escritorio.

- ¿Perdón? Dijo… ¿capitán? – dudó Mercedes a mi lado.

- Sí, eso fue lo que dije mini Aretha – confirmó – Quinn me falló la temporada pasada, cuando se lesionó el tobillo. Y eso no me sirve… Asique ¡Felicidades, Porcelana! – me miró con una mueca muy similar a una sonrisa – Desde mañana, comienzas a mandar aquí.

- Muchas gracias entrenadora – musité yo, saliendo de mi nube de felicidad – No se arrepentirá.

- ¿Le podrían decir a Santana que venga a mi despacho? – Nos pidió – Necesito a alguien tan cruel como yo, para burlarme de los ilusos que audicionarán esta tarde. Becky es genial, pero considero que otra perra, no me vendría mal – me miró a mí – Te lo pediría a ti Hummel, pero las críticas sobre la ropa, no son lo suficientemente hirientes.

Salimos de la oficina de Sue y poco me faltaba para aplaudir de alegría.

- En cuanto le cuente a mi padre, morirá de felicidad – exclamé - ¡Soy el nuevo capitán de los animadores!

Mercedes me abrazó y luego continuamos nuestro camino.

En las afueras de la cafetería, nos topamos de frente con Santana, quien estaba de la mano de Brittany.

- ¡Hey, López! – hablé fuerte para que me oyera.

- Lady Hummel, también me da gusto ver tu cara – ironizó - ¿Cuánto dinero invertiste este verano para mantener alejado el acné de tu rostro de niña?

- Menos de lo que gastaste tú en ponerte ese par de pechos falsos – se mordió el labio ofuscada, porque sabía que no me equivocaba – Mira, si te estoy hablando, no es por gusto, créeme, tengo mejores cosas que hacer – dije cortante. Ella cruzó los brazos a la altura del pecho, mirándome con una ceja alzada – La entrenadora quiere verte, me pidió que te diera el recado – la esquivé para marcharme con Mercedes, pero ella abrió la boca.

- ¿Así que ahora eres la paloma mensajera de la entrenadora? – Podía oír la burla en sus palabras – Que bajo has caído Kurtie – se compadeció falsamente. Yo, sonriendo me volteé y me puse frente a ella, mirándola hacia abajo.

- Oh, no querida… – simulé simpatía – Me lo pidió luego de nombrarme capitán de las animadoras, asique… - puse mi voz de advertencia - Yo que tú, guardaría las frasecitas mal hechas con las que sueles hablar en ese barrio vulgar donde vives, y comenzaría a comportarme mejor con el que podría sacarte la popularidad de una patada.

Ella torció el gesto en una mueca altanera y giró sobre sus talones, alejándose con Brittany. Yo sonreí satisfecho de darle una cucharada de su propio veneno a esa arpía y continué caminando con mi amiga.

- Eso fue soberbio – se rio ella.

- ¿Tú crees? – Tomé su brazo – Yo siento que pudo haber sido mejor.

- Oye, ¿ese no es Blaine? – preguntó Mercedes, mirando al frente sorprendida.

- No es él – murmuré al ver quien lo acompañaba - ¡No puede ser él! ¿Qué hace con la chica "Chang"? – bufé molesto.

- No lo sé, tal vez se conocieron en clase… o algo – sugirió ella.

- ¡Maldita asiática! ¿No se conformó con arrollarlo en el pasillo, ahora quiere cazarlo? – dije indignado.

- ¿De qué hablas? – mi amiga me miró, ladeando la cabeza.

- Nada, vamos – caminé hacia ellos, fingiendo mi mejor sonrisa – Hola Blaine – saludé - ¿Has encontrado la dirección?

- Sí, gracias por preguntar – respondió cortante.

- ¿Haciendo de guía turística? – me dirigí a Tina – Esa labor ya puedes dejármela a mí.

- No, gracias – me interrumpió Blaine, poniendo una mano en mi brazo para que volteara a verlo – Tina lo ha hecho muy bien – sus ojos me miraron, atravesándome con intensidad. Él estaba molesto, muy molesto – Además, tú debes estar muy ocupado – dijo sarcásticamente – Tu agenda debe estar repleta de personas a quien debes ir a humillar públicamente, asique, no te preocupes por mí, que puedo arreglármelas por mi cuenta.

Sentí que literalmente mi mandíbula llegaba al suelo. Me quedé estático, mirando cómo él la tomaba de la mano y se alejaban.

- ¡Ash! – Solté, apretando mi puño frente a mi rostro teatralmente – ¡Es una zorra!

- Creo que deberías calmarte un poco, Kurt – Mercedes se paró delante de mí y me abanicó con su carpeta – La vena de tu frente va a explotar si no lo haces.

- ¡Hola chicos! – Apareció la voz de Rachel a nuestro lado - ¿Qué hacen que no van a clase? Nos toca en el laboratorio, ¡Vamos!

Me dejé arrastrar, sin ser capaz de salir de mi estado de incredulidad. No entendía como Blaine podía matar todas sus posibilidades de ser popular en el instituto, sólo por una chica como Tina.

El resto de las clases pasaron como una nebulosa frente a mis ojos, excepto el último bloque, pues Blaine acababa de entrar al salón. No odiaba la Geografía, pero tampoco entraba dentro de mis favoritos. Aunque eso podía cambiar ahora que mi chico gelificado ocupaba el asiento junto al mío.

- Hola – saludó, sacando su libreta de apuntes y algunos lápices – Lamento lo de hace un rato – dijo, mirándome con sinceridad. Yo me negué a continuar comportándome como un tonto inmaduro, y mostré mi mejor sonrisa.

- Yo lo lamento más – mentí, porque lo cierto es que volvería a hacerlo – Es que… nunca me he llevado bien con Tina y, verte con ella… me sacó de mis cabales – me miró raro y luego rió – Tampoco quiero que pienses que soy así con todas las personas, yo no humillo a nadie…

- Tranquilo, eso fue… Am… - se sonrojo – Sólo lo dije porque estaba molesto. No es que realmente lo piense.

- Pues, que bien… - saqué mis materiales, al ver que la maestra había ingresado al salón y pedía orden a la clase.

Pasaron un par de minutos y yo me devanaba los sesos tratando de decir algo inteligente y agradable para iniciar conversación con Blaine, pero todo lo que pensaba era en preguntarle por qué se paseaba con Tina por todo el instituto o cosas por el estilo. De pronto, una idea brillante cruzó por mi mente.

- Blaine, ¿cuándo es tu cumpleaños? – susurré, temiendo que se mosqueara conmigo, pues estaba demasiado concentrado en lo que la maestra hablaba.

- El próximo mes – contestó, mientras escribía con su hermosa y caligráfica letra sobre el papel – Cerca de Halloween – añadió con una sonrisa de lado - ¿Raro, no?

- Genial, diría yo… - respondí, girándome en la silla, para verle de pleno – Porque, había pensado que… con las chicas podríamos organizar una fiesta de bienvenida para ti, y es casi perfecto que el próximo mes sea tu cumpleaños… Sería un "cumpleaños de bienvenida" – traté de sonar divertido, pero él me miró confundido, por un largo rato.

Me relajé en cuanto lo vi soltar una carcajada, que provocó un llamado de atención de la profesora, para ambos.

- Me encantaría – susurró cerca de mi oído. Un escalofrío recorrió mi espalda e inconteniblemente, un suspiro se me escapó. Por suerte él no llegó a oírlo.

Llevaba dos días compartiendo con este chico, pero aún no lograba entender de qué iba, porque; o sufría un caso grave de bipolaridad, o somos jodidamente iguales, y chocamos por ello.

El timbre que finalizaba la clase, sonó al fin y yo guardé todas mis cosas, en perfecta armonía con mi compañero de pupitre.

- Por fin nos vamos a casa – comenté, saliendo del salón, hombro con hombro con Blaine.

- Oh, ah… creo que tendrás que esperarme – dijo, rascándose la nuca – Es que… me he inscrito en algunos clubes y en los animadores – explicó con una amplia sonrisa al decir lo último – Y las pruebas son ahora, asique…

- Un momento… - alcé mi índice, deteniéndolo - ¿Te has apuntado a los Cheerios? ¿Por qué? ¿Acaso no sabes que Sue Silvester no acepta a nadie y solo hace pruebas para burlarse de todos?

- Pues… Sé que tengo habilidades para entrar, y… - yo lo miré algo compungido, pero él no se dejó abatir – Soy bueno en todo lo que me propongo.

- De acuerdo, te acompañaré sólo para recoger lo que quede de ti, luego de que esas tres perras destrocen tu autoestima – le puse una mano en el hombro y avanzamos hacia el gimnasio – Y, ¿a cuántos clubes te has unido? – pregunté.

- A todos – respondió campante. Yo lo miré asustado. ¿Qué pretendía con eso?

Él sonrió complacido de mi cara de asombro, sin siquiera inmutarse por ello. Dudé que fuera capaz de lograr llevar al día todas aquellas actividades extracurriculares, por lo que estaba más que seguro de que antes de que el primer trimestre del curso acabara, ya habría desertado al menos de la mitad.

Quizás subestimé su miedo de no lograr integrarse, pero al parecer, iba en serio. De cierta forma, era bastante lógico lo que él hacía… Si no se unía a nada, no conocería a gente, por lo que sería un perdedor total. Entonces, muy por el contrario, se ha unido a un montón de clubes, por lo que conocerá un montón de gente y la popularidad vendrá sola. Muy listo.


Besos!