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¡Hellooooo! *w*/ Me hace mucha ilusión que les gustase el primer cap. Gracias por sus apoyo en los reviews, me emocionan. Espero les guste este segundo cap… D:
¡Muchas gracias y que lo disfruten! .o./
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Disclaimer: Los personajes de FT no me pertenecen. Yo solo los uso porque mis bebés merecen multiversos de amor y felicidad.
Referencias De Lectura:
Diálogo.
«Pensamientos»
Narración.
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ϾINDERERZA
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―Acto II―
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¿Dónde?
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La mañana era soleada y el mercado estaba lleno.
Lo típico de las dos últimas semanas.
Erza se detuvo un momento para admirar el cielo azul y despejado y aunque tal vez debería estar más preocupada por muchas cosas no pudo evitar sonreír ante el aura pacífica de ese lugar en dónde vivía.
Aunque también se sintiese muy extraño.
Y es que la mayor extrañeza que sentía era la enorme nostalgia que la embargaba cuando no estaba concentrada en alguno de sus tantos deberes en la casa, por qué, aunque no permitía más maltrato, ella había decidido que era justo que se encargase de las labores de la casa ya que vivía allí de gratis, o eso le habían dicho, aún no recordaba quien era realmente y por tanto no sabía muy bien cómo actuar fuera del papel de empleada que le habían dado.
Y de cierta manera le agradaba su rutina.
Se levantaba temprano, alimentaba a los animales, hacía la comida, lavaba la ropa, limpiaba la casa y luego salía al pueblo para volver a la hora del té a hornear y a hacer la cena. Esas tres mujeres ―que según había escuchado en el pueblo eran sus hermanastras y madrastra― no parecían estar bien muy satisfechas con lo que hacía; pero, pesar de que muchas veces se ponían quejumbrosas, no le habían vuelto a levantar la mano ni la voz.
Ni siquiera cuando las hacía ayudarla con algunas labores de la casa.
―Tal vez son buenas en el fondo ―murmuró para sí con una sonrisa, lo que ella no entendía es que esas tres mujeres la habían visto cortar leña, manejar el cuchillo con soberbia maestría, levantar cosas absurdamente pesadas con facilidad y dejar inconciente con un solo golpe a un hombre en el pueblo que le faltó el respeto a una anciana.
Ellas le temían.
Eso sin dejar de lado el episodio de la vara de madera que quebró con facilidad pasmosa.
Sí, ellas sabían que no era bueno molestarla.
―¡Cindererza! ―la voz a su espalda la hizo voltear con una sonrisa―. ¡Me alegra encontrarle! ―la niña de cabellera rubia le extendió una canasta―. Mi mamá le agradece la leña que cortó para ella, y me dijo que le dijera que su resfriado está mejor.
―No era necesario ―dijo sonrojada y emocionada al ver el contenido de la canasta, un delicioso pan dulce relleno de higos y frutos secos―, me hace feliz ayudarle a tu mamá, Lucy.
―Es usted muy buena ―le dijo la joven―, aunque Madame Kyouka y sus hermanastras no lo estén, nosotras estamos muy felices de tenerle aquí, espero que nunca nos deje―la manera en que se lo dijo le extrañó un poco pero el aroma del dulce pan la distrajo.
―Y a mí me gusta estar aquí ―respondió para deleite de la jovencita que salto de alegría y con una cabezada se despidió de la joven―. Es muy enérgica ―se dijo para sí misma la pelirroja, desde que despertó en el granero de la casa de su madrastra había llegado a conocer a mucha gente del pueblo que la hizo sentir como si estuviese en el lugar en el que debía estar.
¿Y era ahí en dónde debía de estar, no?
―Este es mi hogar… ―se dijo para sí pero no se sintió correcto―. Es mi…
―Scarlet…
La joven se giró hacia a donde había escuchado la voz pero no encontró nada, algo que solía pasarle muy seguido, especialmente mientras dormía, cuando sus sueños se llenaban de imágenes extrañas e inconexas de lugares y personas qué, cuando creía que tenían sentido, se rompían en mil pedazos y volvían a convertirse en un rompecabezas en el cual, por más que lo intentaba, no lograba encajar ninguna pieza con otra.
Si eran sus recuerdos o no, no estaba segura.
Y muchas veces pensaba que en realidad no quería saberlo.
―¡Ara, buenos días, Cindererza! Si vienes más tarde a la pastelería tengo una sorpresa para ti ―una joven con una niña de la mano la sacó de sus pensamientos.
―Será todo un placer, Mirajane ―le sonrió encantada, saludó a ambas con la mano y continuó su camino.
Ese lugar estaba bien, era pacifico, era feliz, no tenía que luchar ni…
―¿Luchar? ―Erza se detuvo repentinamente y observó sus manos ocupadas con dos canastos―. ¿Por qué debería luchar? ―se preguntó y su cabeza comenzó a doler, no había razón para que ella luchase, ese lugar era tranquilo y había mucha gente amable.
No, ella no era una mujer que luchase.
―Yo… ―iba a negar de nuevo hasta que la imagen de una espada en su mano llenó su mente―. ¿Luchar? Yo soy…
―¡Cindererza! ―dos niños llegaron corriendo hacía ella y eso, y la pelea que comenzaron la alejó la imagen de su mente y la hizo sonreír.
―¡Gray, Natsu! ¡Basta de pelear! ―les dio un sonoro coscorrón hasta hacerlos lagrimear― ¡Los amigos no deben pelear! ―los dos niños asintieron para no recibir otro regaño― ¡Dense un gran abrazo como disculpa!
El pelirosa y el azabache se lo dieron con una gran mueca de asco en cara.
―¡Cindererza! ―la niña que iba de la mano de Mirajane llegó corriendo hacia ellos― Mi hermana me dejó venir. ¿Podemos jugar hoy también?
Erza asintió emocionada.
…Sí, esa era una buena vida…
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] J & E [
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Primero sintió dolor en su espalda y luego calidez.
Alguien latigueaba su espalda sin misericordia.
Su sueño se sentía terriblemente real en cuanto al dolor, pero también la voz de un niño que la hacía sentir nostalgia, tristeza, felicidad y…fuerza.
«Estaremos bien. Recuerda que eres fuerte. No importa qué, saldremos de aquí y seremos libres. La libertad es de cada persona, la única manera de perderla es entregándola nosotros mismo. Nunca entregues tu libertad. Siempre debes luchar, Erza.»
―Mi libertad… ―murmuró cuando por fin despertó del sueño―. Luchar…
―¡CINDERERZA! ¡Ya tenemos hambre! ―la voz de Lami la sacó por completo de sus pensamientos y recordó que aún debía de hacer el té, cuando llegó de hacer las compras sintió mucho sueño y decidió tomar una siesta ya que no tenía que hornear porque la joven albina de la pastelería le había regalado un delicioso pastel de peras confitadas― ¡CINDERERZA! ―le volvieron a gritar y la joven se levantó, se colocó las zapatillas y el delantal.
―Voy… ―respondió negando con la cabeza, sus hermanastras aún debían de aprender a cómo tratar a la gente. Al salir del granero que era a la vez su habitación su vista se desvió hasta el cielo, una única estrella ya brillaba en el cielo de la tarde y eso la llenó de nostalgia.
«Ven, dame tu mano»
Las palabras llegaron a su mente y la joven observó sus manos, una de ellas se sintió sumamente cálida.
«La estrella del norte nunca cambia, por eso se usa como guía, cuando uses este hechizo la primera de las siete estrellas que dibujes siempre debe iniciar en esa dirección»
―Las siete estrellas… ―susurró.
―Erza…―escuchó de nuevo la misteriosa voz, pero de nuevo no había nadie cuando volteó a buscar.
―¡CINDERERZA!
Suspiró.
…Ese grito se llevó de nuevo sus pensamientos…
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] J & E [
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Por tapar su bostezo casi bota las manzanas en su mano.
Cada día estaba más cansada.
―No debería trabajar tanto, señorita Cindererza ―el anciano señor del puesto de frutas y verduras tomó las manzanas que la joven había seleccionado y las echó en el canasto de la joven―. Siempre está ayudando a alguien o atendiendo a su familia.
―Es mi deber después de todo, abuelo Rob ―sonrió y agradeció cuando el anciano colocó manzanas extra en su canasto sin cobrarle por ellas―. Es la vida que debo llevar.
Últimamente ese era su pensamiento.
―Yo creo que podría obtener más que eso ―dijo con una sonrisa amable―, pero mejor dígame, ¿cómo han estado creciendo las fresas que le di para sembrar?
―¡Oh! ―sonrió emocionada―. ¡Creo que antes de que termine el mes podré verlas dar su fruto!
―Parece que les hadado un buen cuidado.
―Fue gracias a que usted las mantenía perfectas en su jardín, abuelo Rob. Trasplantarlas es mi único mérito.
―Bueno, yo creo que su cuidado también fue lleno de amor por ellas. Nunca había visto alguien con tanto amor por las fresas ―esa se sonrojó, las fresas era algo que la hacían muy feliz―. Yo solo espero que pase mucho más tiempo con nosotros ―sonrió, a su sonrisa le faltaban un par de dientes pero era muy amable―, el pueblo es más bonito gracias a usted.
Erza no creyó que fuese por ella así que solo sonrió.
―¡ATRÁPENLO! ―el grito de un hombre rompió el ambiente tranquilo y puso en alerta a la joven, por alguna razón cuando una persona necesitaba ayuda ella no podía evitar ayudarle, era como si hubiese una justiciera dentro de ella―. ¡LADRÓN!
―¿Ladrón? ―Erza dejó la canasta con las frutas sobre el puesto del anciano y puso atención en el barullo que se acercaba hasta el lugar.
―¡ATRÁPENLO! ―gritó de nuevo el hombre y cuando estuvieron cerca de ella la joven por fin pudo observar al ladrón.
―¿Un pato? ―subió la ceja y observó como el pato llevaba un pedazo de pan en el pico.
―¡YA VERÁS! ―gritó el hombre, Erza pudo identificarlo como el hermano de Mirajane―. ¡TE VAMOS A COCINAR PARA LA CENA! ¡No es de hombres robar!
―¡CUACK CUACK CUAK! ―respondió el pato casi burlándose y por eso terminó atragantándose con el pan.
―¡AHORA SÍ! ―con cuchillo de carnicero en mano, el joven se acercó al pato que se asfixiaba con su propio botín, Erza no pudo evitar que sus piernas se movieran; y, tomando el bastón del anciano, terminó deteniendo el cuchillo.
―¡Basta! ―con voz de mando, una que se le hacía tan extraña como normal el utilizar, ordenó al joven―. Yo pagaré por él…
―¡NO ME IMPORTA SI PAGAS! ―le gritó el hermano de la amable panadera del pueblo―. ¡ESTO ES PERSONAL! ¡NO ES DE HOMBRES ROBARLE A MI HERMANA! ―sin embargo su reclamo cayó en oídos sordos pues la pelirroja ya estaba ayudando al pato que se atragantaba.
―¡Y uno, dos y tres! ―Erza golpeó con fuerza al pato en el lomo y esté tosió todo el pan y cayó desmayado debido al golpe―. Listo… ¡Estás salvado! ―sonrió satisfecha con su trabajo y los que observaban la escena negaron con la cabeza y soltaron un largo suspiro.
La verdad parecía que ella misma había acabado con el pobre animalucho con ese golpe brutal.
―Si querías matarlo tú misma solo lo hubieras dicho… ―murmuró el chico y se dio la vuelta para volver al trabajo de ayudar a su hermana― ¡Eso no es de hombres!
―¿¡Mata-matarlo!? ―Erza miró asustada al pato que yacía con la lengua afuera en el suelo―. ¡Yo no qu-quería matarlo! ―mortificada pegó su oreja al pecho del pato y sintió un gran alivio cuando escuchó su corazón latir.
―Creo que es mejor que se lo lleve a casa, señorita Cindererza ―el anciano del puesto de frutas llegó con dificultad a su lado ya que no contaba con su bastón―. Si vuelven a ver a ese pato en el pueblo de seguro lo terminan cocinando con naranjas.
―También pienso que es lo mejor ―Erza miró al pato, lo recogió con cuidado y lo colocó en la canasta de las frutas cuando volvió con el anciano Rob y el bastón al puesto de frutas.
Al parecer había hecho un nuevo amigo.
…Aunque tal vez el pato opinaba diferente…
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Se cruzó de brazos y lo fulminó con la mirada.
Él lo había vuelto a hacer.
―Eres un pato malcriado ―Erza recogió las sabanas que el pato había tirado al suelo―. ¡Te gusta hacer lo que quieres, pero eso no es correcto! ―la pelirroja sacudió la tela y la echó en el cesto, por suerte esta vez la ropa no estaba mojada aún, llevaba más de una semana con ese pato y esa era una de las tantas cosas que le hacía para vengarse de que Erza no lo dejaba escaparse al ponerle un peso muerto encadenado a la pata.
Era un pato buscado y si salía lo matarían.
―Cuack ―le respondió insolente.
―No eres nada agradable, por eso no tienes amigos.
―Cuack, cuack, cuack… ―le miró indignado.
―La gente no hará siempre lo que tú quieres ―«Y yo no debería discutir con un pato que en realidad no entiendo» se dijo a sí misma y entró a la cocina, el pato entró detrás de ella dispuesto a botar las ollas de la comida pero antes de poder hacer su maldad, Erza lo atrapó en sus brazos y lo sacó―. Te lo diré una última vez ―le señaló con un gran cuchillo y con voz gélida le habló―: Si vuelves a desperdiciar comida dejaré que mis hermanastras te manden a cocinar y con tus plumas me haré una suave almohada ¿entendido?
El pato tragó grueso y con un gesto orgulloso se fue a buscar otra maldad que hacer.
―Algún día lo van a cocinar en un caldo ―murmuró Erza.
―¡CINDERERZA! ¡Estúpida niña, la comida ya debería estar servida! ―gritó su madrastra y con rapidez la joven terminó todo lo de la comida, ella misma no se había dado cuenta de que con cada día que pasaba se acostumbraba a esas labores y a ser tratada de manera irrespetuosa, se estaba volviendo cada vez más sumisa sin notarlo―. ¡MÁS TE VALE QUE SUBAS AHORA!
―¡CUAAAACK! ―se burló el pato de ella y Erza solo soltó un suspiro.
¿Qué podía hacer si así era como debía ser su vida?
Sí, eso era.
Esa siempre había sido su vida.
Allí era donde pertenecía.
Una constante rutina en la que se levantaba al amanecer, hacía sus deberes, hablaba con la gente del pueblo, peleaba con su amigo pato, cuidaba sus fresas, se cansaba, y cuando completaba todos sus deberes poco después de que el sol se metiese, se iba a dormir hasta que el otro día comenzase y continuase de la misma manera.
Una y otra vez.
Justo como estaba por hacer en ese momento, después de servida la cena.
―Para ser un pato tan orgulloso me sorprende que no puedas dormir solo ―dijo divertida al ver el pato acostarse en el lecho de paja cerca de la cama de ella, a veces no sabía si ese pato la molestaba para fastidiarla o solo porque le encantaba que le prestasen atención.
―Cuaaaack ―le respondió indignado y se echó en la cama de paja para después colocarse con ayuda del pico un vestido de Erza encima ―su mejor vestido― como sabana.
―Buenas noches para ti también ―le dijo divertida y le dejó a la par un pedazo de pastel que había conseguido salvar del hambre voraz de sus hermanastras―. Seguro está bueno, no lo pude probar ―le dijo y lo cobijó bien, el pato cerró los ojos y no le dio ni un cuack de gracias.
Bueno, él no podía saber cuánto significaba un pedazo de pastel para ella.
Erza peinó su cabello con esmero hasta hacerlo brillar ―algo que hacía antes de dormir y al levantarse sin razón alguna pero que la tranquilizaba―, se acostó y miró por los ventanales desnudos el cielo nocturno y sintió que las figuras en el cielo que formaban las estrellas estaban mal, su mente buscaba patrones que no podía encontrar.
―Siete estrellas… ―repitió las palabras que una vez vinieron a su mente y buscó en el cielo una forma―. Grand Chariot… ―susurró, y poco antes de cerrar los ojos el olor a rosas la invadió y su sonrisa se amplió, ni siquiera pasó por su mente por qué olía a una flor que no había visto en ninguna parte del pueblo.
Pero a eso olía.
Y cuando quiso abrir los ojos olía aún más.
―Scarlet… ―la misteriosa voz de siempre se hizo presente pero esta vez más clara―. Por favor… ―Erza intentó abrir los ojos pero no pudo hacerlo del todo, en su lugar obtenía imágenes inconexas de un lugar oscuro pero acogedor y de la sombra de un hombre junto a ella.
«¿Dónde estoy?» se preguntó pero no había quien le diera respuesta
―Sc-le- ―la voz del hombre se perdía por momentos―, vu-l-e. Estam-s en n-str- ho-ar…
―No entiendo… ―habló pero supo que esa persona no podía entenderle y eso la llenó de una desesperación extraña porque sentía una imperiosa necesidad de hacerle saber a ese hombre que ella estaba bien.
―E-za ―le llamó de nuevo y ella sintió que algo cálido envolvía su mano―. Es—y con-ti-go…
«Estoy contigo…» repitió ella tratando de darle sentido a las silabas entrecortadas.
―P-r Fav-r, Erza…
―¿Quién eres? ¿Quién? ―pidió una y otra vez pero nadie le respondía―. ¿¡QUIÉN ERES!? ¿¡Por qué me llamas!? ¿¡Dónde estoy!?
―Sc-rl-t ―susurró el hombre y ella sintió como depositaba un beso en su mano, un beso que le transmitió sentimientos que revolvieron su interior.
Había tristeza, había culpa, había resolución y desesperación, pero además había esperanza, y algo tan dulce y tan cálido y tan abrumador que comenzó a llorar sin entender el por qué.
Quería quedarse allí.
Quería quedarse con él.
―¿Quién… eres? ¿Dónde estoy? ―preguntó de nuevo, los sentimientos de él la llenaron de fuerza y quiso decirle que no debía estar triste, que ella estaba ahí con él―. Por favor… yo… ―Erza no supo cómo pero pudo abrir los ojos― Estoy contigo… ―pudo decir y al ver al hombre frente a ella algo cobró sentido en su cabeza por un momento.
Solo por un momento.
Él la observó con sorpresa y abrió sus labios para decirle algo.
―¡CUACK CUAAAAAAAAAACK! ―la joven sintió como algo jalaba su cabello con fuerza―. ¡CUACK CUAACK CUUUUACK! ―el graznido contra su oído fue cada vez más fuerte y cuando su cuerpo se estrelló contra el piso de tierra, sus ojos se abrieron de repente por el golpe.
―¿¡QUIÉN ERES!? ―repitió a pesar de que ya no estaba en ese lugar en el que quiso quedarse, ese lugar que sentía que era al que pertenecía―. ¿¡Quién!?
―Cuack… ―graznó el pato una vez más y Erza por fin entendió que había soñado todo eso―. ¡Cuack! ―el ave le acercó su raída sabana con el pico y con rudeza se la pasó por la cara.
―¿Lágrimas? ―dijo al notar que el pato limpiaba su cara―. ¿Estaba llorando?
―Cuack…
―¿Me despertaste porque estaba llorando? ―entendió y eso la hizo sonreír un poco―. Muchas gracias… ―le dijo limpiándose el resto de las lágrimas y luego acarició la cabeza del ave que parecía muy preocupado por ella―. Al parecer si somos amigos ―le sonrió agradecida y le depositó un beso en la cabeza.
―¡CUAAAAAAAAAAAAAACK! ―el pato se alejó de ella en un revoloteó de alas―. ¡CUACK CUACK CUACK CUAAACK! ―pareció reclamarle avergonzado y luego se fue graznando ―refunfuñando― a su cama de paja y se metió bajo su sabana-vestido.
Erza observó divertida un rato y luego volvió a subirse a su cama.
―¿Quién eras? ―susurró para sí, intentando recordar al hombre que vio pero incapaz de lograrlo―. ¿De dónde… te conozco?
Se durmió preguntándose lo mismo una y otra vez.
…Sin notar que el granero aún olía a rosas…
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QwQ
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Rincón De La Escritora En Proceso:
¡Chan chan chan! ¿Qué pasará? ¿Por qué cada vez parece más sumisa? ¿Se comerán al pato a la naranja? xD ¿A quién vio en su "sueño"? 7w7)r Cómo si no fuese obvio… xD
Dato curioso, es normal que piensen en la Cenicienta de Disney (Y otras versiones) como alguien débil o boba, pero recuerden que la Cenicienta de Disney era una niña que perdió a sus dos padres a una edad temprana y creció en un ambiente abusivo de la mano de la única figura paternal que le quedó; y, lastimosamente, cuando una persona crece así no sabe cómo liberarse de esos lazos abusivos porque es lo que ha recibido durante la mayor parte de su vida. El abuso condiciona a las personas. Liberarse de su condición no era fácil –empezando desde un punto psicológico y terminado en el aspecto social―, especialmente en una época en donde una mujer no podía aspirar a mucho, menos con 15/16 años que era su edad, como mucho terminaría como vagabunda o abusada por otras personas y como muchas jóvenes de esa época, en un burdel esclavizada. Por suerte el mundo ha cambiado y ahora tendría más oportunidades, por eso, recuerden lo importante que son todas esas oportunidades que tenemos ahora y que en un pasado eran impensables; por ejemplo, ser capaces de leer y escribir. U-U
Espero les haya gustado, gracias mil por leer. NwN/
Agradecimientos:
A vosotras/os adorables reviewistas con cuentas os respondo por PM:
AZULMITLA
Willivb
KisaYunna
A vosotras/os adorables reviewistas sin cuentas os respondo por acá:
Melany: Me hace feliz que otra historia te haya gustado. *w* No, la Cenicienta de Disney no podría adaptarse a Erza xD. Sí, de hecho usar más personajes de FT es la idea, ya que ellos forman parte de Erza, aunque de una manera un tanto diferente. Espero te siga gustando. Un beso y mil gracias. NwN/
Guest: Me alegra que te guste esta versión. Me esforzaré en cada cap. :D ¡Mil gracias por el comentario! Espero te siga gustando. NwN/ Saludos.
ResuTsumi: ¡Me alegra que te gustase! :D Y espero de corazón que te siga gustando. Mil gracias por leer. Saludos. NwN/
Si tienen alguna duda, no duden en preguntar. NwN/
¡Gracias mil por leer!
¡Adieu!
.o./
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