Cap II: "Mis servicios"
Con este pase, tienes vía libre y gratuita a uno de los servicios especiales de Rachel Barbra Berry. Y por vía libre y gratuita debes entender que no te cobraré, es completamente gratis.
¡Feliz cumpleaños! Rachel
Rachel dejó el bolígrafo a un lado y tomó su plancha de stickers, los usaba siempre y los compraba desde el primer día del inicio de clases, cerciorándose que nunca les faltara. Y todos eran iguales: estrellas doradas de distintos tamaños y formas, su insignia en representación a ella misma.
Miró todas, las que constituían esa plancha nueva y tomó una en especial, porque iba a pegarla en un cupo especial para una persona especial. La retiró con cuidado y la adhirió al pie de la carta.
Sonrió complacida y alzó el papel, dándole un último vistazo y comprobando que quedó justo como quería.
- ¿Tú crees que le gustará? - recibió un ladrido en respuesta. Desde su cama, en medio de ella, su mastín inglés aprobó uno más de sus cupos y Rachel lo guardó dentro de un sobre.
Alzó los hombros, satisfecha y abandonó la silla, caminando a su mascota.
- Tengo que llevárselo a Brittany. Regresaré luego, como siempre. Pórtate bien- atrapó su rostro y le dejó un fuerte beso en su frente- hasta luego, Estrella-
Dejó su cuarto y bajó las escaleras, cantando por lo bajo lo que presentaría esa mañana en el club Glee. Esperaba que Finn desistiera de esa absurda idea de cantar a dueto para las seccionales. El señor Shue ya había sido bastante estricto el año anterior con que eran el dúo más talentoso y con mejor química sobre el escenario y ya tenía suficiente con él como para que el mariscal la presionara también con lo mismo.
Rachel sacó su lengua y fingió una arcada. En realidad, así como el resto del alumnado, su profesor no podía aceptar verla cantar con una compañera ¿Qué tenía de malo cantar con Tina? Sus voces se acoplaban y lo armoniosa de la chica gótica se contraponía a su fuerza y a mucho de sus compañeros le gustaba.
O Mercedes ¡sobre todo Mercedes! Para Rachel, juntas harían historia en una presentación. Incluso lo había propuesto para las nacionales pero, como siempre, apenas alzó su brazo para contrariar a su profesor, recibió un no como respuesta. Y esa interminable e infantil guerra de divas.
Ocupó la cocina y saludó a sus padres con un beso en la mejilla, como cada mañana y una sonrisa antes de abrir la heladera.
- ¿Ya no queda de mi cereal?-
- No, tu padre irá hoy a la tienda. Deja un papel anotado si necesitas algo más- le ordenó Leroy, algo así como el más serio de los dos hombres. Aunque realmente no era serio ni malhumorado, solo más corto de palabras- ¿no se te hace tarde ya para el Instituto? ¿qué tanto hacías allá arriba?-
- Preparando algo-
- ¿Otro cupo?- preguntó Hiram con una sonrisa. Él nunca dejaba de sonreír-
- Sí, hay otro cumpleaños esta semana y ahora debo entregarlo ¿estarán trabajando en la hora de siempre?-
- Como siempre, cariño. De dos a siete- le aseguró Hiram. Rachel sonrió antes de beber algo de su botella de agua-
- Bueno, ya me voy. Nos vemos luego- colgó su mochila al hombro y agitó su mano, caminando a la puerta con algo de prisa- oh y si pueden, cómprenle otro collar a Estrella. Rompió el último cuando la saqué a pasear- ambos negaron ligeramente con sus cabezas y la morena abrió, dejando la casa al oír a Leroy suspirar con molestia-
Ahora solo debía pisar el McKinley y entregarle a Brittany la tarjeta por la que estuvo trabajando casi una hora. Ese día era el cumpleaños de Quinn y, aunque sabía que la capitana de las porristas odiaba esa fecha, a ella le gustaría felicitarla personalmente. Por eso le puso el mayor y mejor de los empeños en que ese cupo lo representara.
Atravesó la puerta de entrada y no se sorprendió de recibir un golpe en su hombro, señal de que se apartara del camino de quién fuese lo haya hecho. Rachel suspiró y alzó el mentón, fingiendo una de sus acostumbradas sonrisas y caminó al salón.
- ¡Rachie!- y ahora sonrió con sinceridad. Brittany la llamaba sin vergüenza desde su lugar, en medio de la segunda fila y ella caminó sonrojada- Hola, Rach-
- Buenos días Brittany…Buenos días a ti también, Santana- saludó a la latina, a un lado de la rubia y que rodó los ojos, ignorándola-
- No le hagas caso, Rach, está enojada porque mi papá la sacó a los gritos hoy de casa-
- ¡Brittany!- la chica de ojos azules alzó los hombros y ella tapó su boca, escondiendo una pequeña risa- ¿algo te parece divertido, Berry? Porque mi mano en tu rostro se vería divertido también- Rachel negó al instante-
- No, no, Santana yo solo…iba darle algo a Brittany- se quitó la mochila y la dejó sobre el escritorio, hurgando en su interior por lo pedido. Tomó el sobre, de entre un cierre que solo usaba para guardar cosas importantes y se lo entregó a la rubia-
- ¡Gracias, Rachie! Eres un amor. Santana, págale-
- ¿Qué? ¡Habías dicho que iba a hacerlo gratis!- se quejó la latina-
- Sí, pero usó de su tiempo para hacer el cupón y gastará otra hora más para cuando lo haga valer. Asique dale su dinero-
- No, no, Britt- se interpuso ella- de verdad, lo haremos como habíamos quedado. Le diré a Quinn que tú lo pagaste y así no podrá negarse. Tú…- balbuceó mirando de reojo a Santana- tú ibas a pagármelo de otra manera ¿lo recuerdas?-
Brittany dejó un dedo en su mentón y lo golpeó repetida veces, intentando recordar de qué se trataba. Rachel bufó, igual de dulce y considerada que era esa rubia, era igual de despistada y eso la ponía nerviosa.
- No lo recuerdo, Rach ¿podrías repetírmelo?- volvió a mirar la latina, que esperaba que abriera la boca con una sonrisa burlona, para soltar sus típicos comentarios pero ella negó con la cabeza-
- No te preocupes. Entrégale el sobre a Quinn y…estaré esperándola el viernes-
Regresó su mochila a la espalda y dio media vuelta, caminando a la puerta con rapidez-.
- Fíjate por donde caminas, RuPaul- le gritó Quinn, cuando se encontraron bajo la puerta y chocaron accidentalmente-
Tragó saliva y continuó avanzando, su casillero estaba algo alejado y su primera clase empezaba en menos de cinco minutos.
- Feliz cumpleaños- susurró mirándola por sobre el hombro y notando la figura de la rubia aún enojada, bajo el marco de la puerta y observando su partida.
Regresó su mirada al frente y corrió por aquel largo pasillo, doblando al final y sintiendo la seguridad lejos de aquellos ojos avellanas. Si continuaba siendo la mira de Quinn, su día ya comenzaría a empeorar.
- Entonces, Finn y Rachel cantarán algo de Journey- Rachel se dejó caer contra la silla y suspiró molesta, en notable tono alto para que el señor Shue la oyera- lo siento Rachel, pero si no entra gente nueva al club Glee, ustedes continuarán siendo los capitanes-
Él tomó su maletín y acomodó su corbata contra la camisa, saludándolos antes de dejar el salón. Rachel vió al resto de sus compañeros seguir sus pasos, excepto Finn, que se acercó con su típica sonrisa de niño y se detuvo frente a ella.
- Lo haremos genial, Rach ¿quieres que ensayemos ahora?-
- No, Finn, debo irme a casa- mintió. Solo lo quería fuera de su vista. El chico había sido novio de Quinn hasta hace unas semanas y, si alguien los veía hablando animadamente, volverían los rumores de que tenían una especie de relación secreta. Rachel rió sola, ellos ni siquiera eran amigos. Ella no lo soportaba ni toleraba cerca y por muchas razones.
Como ser el novio de la chica más hermosa y popular del Instituto. Tener cara de niño al que le aprieta su ropa interior, patear las sillas cuando el modo tonto se le activaba y no sabía responder y, la más importante, porque había sido en más de una ocasión el novio de Quinn Fabray, la chica más hermosa y popular del Instituto.
Rachel ladeó la cabeza ¿no lo había dicho ya? Como sea, pensó poniéndose de pie. Finn Hudson no era de su agrado por mucho que intentara ser considerado con ella y posiblemente nunca lo iba a ser. Estúpida Mercedes con su enamoramiento por él que le insistió hasta verlo inscripto en el club.
- Hasta luego, Finn- lo saludó, ordenándolo sin sutileza que abandonara el salón y ella ocupó el piano.
Oyó la puerta abrirse y cerrarse y sonrió, antes de teclear y comenzar a cantar.
- …don`t go breaking my heart. Baby, you`re not that kind …-
- ¿Quién demonios te has creído Berry eh?- alzó la vista y un cosquilleo atravesó su estómago: Quinn Fabray estaba frente a ella, algo enojada, pero frente a ella y mirándola como si fuese la última persona en el mundo. Rachel se pasó una mano por la boca, no quería darle una mala impresión en su primera conversación solas y se removió antes de continuar-
- ¿Me has hablado a mí?- aunque gustosa, estaba confundida de tenerla en su salón favorito. Quinn no era parte del coro y, aunque podía hasta ingresar al baño de hombres y nadie se lo reclamaría, esa era la segunda vez que lo ocupaba-
- ¿Acaso hay otra Berry aquí dentro?- quiso mirar a los lados y cerciorarse, porque estaba nerviosa y hasta podría responderle que sí y todo empeoraría. Se tomó un segundo, mientras carraspeaba y trató de mantener el contacto visual-
- No. Pero tú nunca me hablas y…-
- Entonces no vamos a salirnos de la costumbre ¿puedo saber por qué demonios le has dado esto a Britt?- parpadeó varias veces ¿había cortado sus palabras? Quinn Fabray por mucho que fuese hermosa, su piel pareciese porcelana y su rostro debía conservarse como patrimonio de la humanidad, era irrespetuosa. Y mal educada, muy maleducada para su gusto ¡superaba cualquier nivel de educación mal dada! Y cortaba su sobre hora. Dos cortes en menos de un minuto. Chistó, sorprendida y evitó hacer un escándalo dramático allí mismo. No había cámaras ni testigos asique sería una pérdida de tiempo, lo dejaría para después- ¿Quién te ha dicho a ti que quiero uno de tus estúpidos servicios?-
Oh, la pequeña y dulce Brittany había hecho todo a su gusto y mal. Todo mal. Empezando porque le entregó el regalo antes de tiempo. Ella misma le había pedido que lo hiciera luego del horario escolar, así podía estar fuera del alcance de Quinn y su vida podría contar con un día más.
¿Quién la salvaba de este lío ahora?
- Quinn, no comiences con tus ofensas. No son estúpidos y yo no le di nada a tu amiga- oh bendito Jehová, discúlpame por tal mentira, por favor no te lleves a mis padres. No volveré a hacerlo, rogó mentalmente antes de emitir un grito. Quinn había cerrado la tapa del piano y casi deja sus preciados dedos allí dentro. Definitivamente no solo la belleza de Quinn Fabray no era de este mundo, su locura tampoco-
- ¿Entonces cómo llegó esto a ella? Es tu trabajo ¿no?- Quiso sonreír ¡Quinn Fabray conocía de su trabajo! Pero cómo, se preguntó, solo los no populares lo hacían y eran ellos quienes se acercaban a pedir por sus servicios ¿Acaso Quinn se había infiltrado entre la parte baja de la escala, a la que ella pertenecía y había preguntado por su trabajo? Sonrió forzada y de medio lado. No, eso no podía ser posible-
- Sí, así es. Es mi trabajo pero como lo dice la palabra, deben pagar por el. Y Brittany pagó, por lo tanto yo no le di nada- bueno, allí iba otra pequeña mentira. Era su primer trabajo en que cambiaba el pago dineral por un "favor" y esperaba que algún golpe de lucidez le recordara a Brittany su parte del trato-
- Al diablo con tu servicio. No lo quiero- abrió los ojos con violencia: Quinn estaba rasgando su cupón en cientos de pedazos. Su labio inferior titubeó, quería llorar ¿se había pasado parte de su mañana para esto? Lo escribió con otro color de tinta, con uno de sus bolígrafos favoritos y escogido la estrella más grande su plancha de stickers, cuando podría haberla utilizada para ella sola ¡Y Estrella lo había aprobado!
Intentó calmarse, serenarse y recordar qué cosas hacían enojar a Quinn, para pagarle con la misma moneda en esos minutos que continuarán encerradas allí dentro. Sonrió, empezando por ella, todo lo que hiciera o dijera enojaba a la rubia.
- Brittany ya lo pagó- insistió. Tenía ganas de jalarla por su ropa y gritarle en la cara que solo sería una hora ¡Una hora! ¿Quién se desespera por pasar unos 60 minutos con ella y recibir de sus servicios? Incluso iba a disfrutarlo, todas lo hacían. Era un momento en que les trasmitía algo de tranquilidad y les recordaba el día por el que esos cupos comenzaron como trabajo: su cumpleaños- si no vas tú a mi casa, iré a la tuya- no, ni muerta, no iba a hacerlo. Pero había ciertos temas que Quinn la orillaban a ceder y su familia, su casa, su lugar donde era ella misma, era uno de esos- y lo haré estén tus padres o no. Créeme que te avergonzarás solo a ti misma. Oirán todo desde tu habitación. A menos que tengas paredes a prueba de sonidos- ella tampoco las tenía pero sus padres ya estaban acostumbrados, asique si Quinn decía que sí, iba a continuar repitiendo que debería ser en la casa Berry- Solo será una hora. Incluso a veces tardo menos, depende de la cumpleañera. Pero tú….tú eres algo poco sentimental y más ortodoxa. Contigo será difícil. Pero lo lograré. Verás que será la mejor hora de tu vida y te gustará-
- Ni si te ocurra ir a mi casa-
- Entonces ve a la mía- ¿ahora debía rogarle también? Estaba enojada, internamente y ofendida. Nadie se había negado a sus servicios así como estaba haciéndolo Quinn y esperaba una disculpa luego de hacer valer su cupo. Se puso de pie, aún molesta y alisó la falda tras ella- siempre es la mía porque mi habitación está apartada y nadie puede oírnos. En la tarjeta no hay horarios pero….mis padres no están de dos a siete. Tú elige qué hora te queda mejor- está bien, sí, iba a rogarle. No quería perderse por nada del mundo tener su hora a solas con Quinn Fabray-
Esperó su respuesta, otra negación, gritos o la respuesta positiva que tanto deseaba escuchar. Pero pasaron minutos, incluso algo incómodos porque a ella no le gustaba perder el tiempo sin hablar y la porrista no reaccionaba. Parecía perdida, en un debate mental por lo que se aclaró la garganta y tomó las partituras que estaba practicando.
- Bueno, como estás vagando sobre algún tema seguramente importante porque no estás prestándome atención…te recuerdo que ese cupo tiene valor hasta el viernes- no era cierto y con ello se acumulaba otra mentira. Siempre había sido liberal hacia quien los pedía; si no podían o se arrepentían a último momento, simplemente se olvidaban del asunto y continuaban como si nada. Eso del valor lo acababa de inventar- pero, si el viernes no estás en mi casa, vuelvo a recordarte…el viernes a la noche estaré en la tuya- guardó los papeles contra su pecho y abandonó el salón.
Con aquellas palabras, se aseguraría de que Quinn pasara por sus servicios le gustara o no.
Dejó a Estrella en el jardín trasero y cerró la puerta bien reforzada, no la quería ladrando durante la próxima hora ni llamando la atención o colándose dentro para arruinarlo todo.
Regresó al living y observó el reloj: 17:50. Y ya era viernes, si Quinn no aparecía antes de las seis, tomaría su abrigo y saldría rumbo a su casa. Bueno, no tenía la valentía de hacerlo pero al menos buscaría alguna forma de hacerla ir a su casa.
Se echó en el sillón y esperó un poco más. Estaba comenzando a impacientarse de solo imaginarse que la porrista la plantó. Es decir, Brittany le había asegurado que le insistiría en ir por ese cupo y ahora solo debía esperarla. Dejó el living y llegó a la cocina, allí, tras abrir la pequeña ventana que daba el frente, cerró la cortina al descubrir el automóvil de Quinn frenar bruscamente.
Se acomodó el cabello, suelto y sobre sus hombros y bebió algo de agua hasta oír la puerta. Caminó sin prisa, como si nada estuviese esperando y abrió. Frunció el ceño, el brazo de Quinn estaba estirado y debió mirarla para que lo bajara.
- Buenas tardes, Quinn- estaba algo nerviosa o el sudor era de las prácticas. Incluso aún llevaba su uniforme- creí que no vendrías-
- ¿Y verte por mi casa? Ni loca, enana- rodó los ojos. Vaya sueño el suyo por creer que Quinn allí dentro la trataría distinto-
- Bien, adelante. Pasa- se sorprendió de que lo hiciera rápido pero no pudo evitar sonreír: Quinn estaba desesperada porque su cupo comenzara a valerse y, si luego corría la voz en el McKinley, su trabajo se extendería hasta los populares y ¡pum! ¡Hasta podría ser uno de ellos! Volteó y cerró con pestillo porque sus padres siempre se lo ordenaban mientras no estuviese con ellos- ¿quieres tomar algo?-
- No, Berry, nada. Sin tonterías ni esas cosas. Hagamos esto rápido ¿de acuerdo?- imposible. Por eso mismo su trabajo duraba una hora, tenía todo un proceso con anticipación antes de llegar al punto-
- ¿Rápido? ¿No quieres disfrutarlo? - era lo más lógico, si llegaban hasta allí era porque el resto se disfrutaba- a ninguna le gusta rápido- ¿había dicho eso en voz alta? No quería tratar a la rubia como a las demás. A Quinn no le gustaba celebrar su cumpleaños y por eso haría algo especial para ella-
- No lo sé ¿quizá porque no lo quiero lento?- tampoco iba a poder hacerlo lento. Es decir…entrecerró los ojos y ladeó la cabeza, no recordaba que alguna vez lo hubiese hecho lento- ¿y tu cuarto?-
- ¿De verdad no quieres tomar nada? Pareces algo nerviosa- y tampoco utilizaba su cuarto, para eso tenía una habitación especial pero bueno, si Quinn lo quería en su cuarto, en su cuarto sería entonces-
- No, de verdad, no quiero nada ¿podemos empezar ya?- se tomó el pecho ¿por qué era tan cruel al hablarle? Quizá iba a tener que responderse en otro momento. Gesticuló confundida pero terminó asintiendo -
- Mi cuarto está arriba, el último al final del pasillo. Del lado derecho-
- Por fin- y la vió girarse y tomarse del barandal. Rachel se humedeció los labios, desde atrás, aquella falda de porrista era mucho más corta y algo más que solo las piernas de Quinn podían verse. Tragó saliva y sacudió la cabeza-
- Espérame y ponte cómoda. Iré por mis cosas- dio media vuelta y casi a trote llegó al cuarto que sus padres solían usar como ático. Allí tenía todo lo necesario pero, con el maldito temblor en sus muñecas, poco podía encontrar- juro que lo dejé por aquí- siempre usaba lo mismo, no importaba para quién ¿dónde había dejado sus cosas desde la semana anterior, luego de atender a Jennifer?
La chica se había ido con una sonrisa en la cara, aún mayor con la que había ingresado y quería a Quinn en el mismo estado al terminar ¡pero no hallaba nada ahora! Seguro era obra de Jehová y su penitencia por haber mentido tres veces en esa semana.
Se echó contra una bolsa enorme de libros viejos y sollozó, pataleando por no poder encontrar nada.
De repente recordó quien estaba arriba, esperándola y no sería bueno tardar de más. Se puso de pie y alisó su camisa, aclarándose la garganta y alzando el mentón. Haría todo distinto esta vez y le quedarían secuelas a la noche, cuando intentara dormir, pero todo sea porque Quinn corriera la voz de su trabajo y el mismo se agrandara.
Subió las escaleras y empujó la puerta de su habitación ¿estaba Quinn Fabray con su sostén favorito cerca de su nariz? Por Barbra y todos los dioses de Broadway ¿dónde estaba su maldita cámara cuándo la necesitaba?
A unos metros, allí descansaba. Iba a tomarla, dar un salto por ella cuando chocó con un mueble y tuvo que desistir de la idea.
- Bueno, creo que comenzaremos sin calentar porque no puedo encontrar mi pen… ¿qué haces?- si hubiese tardado dos minutos más, estaba segura que se hubiese comido su brassier. Sin embargo la vió guardarlo y en el intento, algunos de sus dedos se apretaron en el cajón- Quinn ¿estás bien?-
- Si- pero lo dijo ahogada y sin aire-
- Creo que tu mano está dentro de mi cajón- y es que lo estaba ¿cómo iba a negárselo? ¿Por qué Quinn Fabray tenía que negarlo todo?-
- Crees mal- quería hacerla ver tonta, encima. Golpeó el pie contra el piso e insistió-
- Te traeré hielo-
- ¡No! Estoy bien, Berry ¡por Dios! ¿podemos empezar ya?- quizá. Pero primero debía tranquilizarse y transmitirle la misma orden al resto de su cuerpo, sobre todo a su cabeza.
Movió su cuello y la observó: Quinn parecía cómoda sobre su cama, asique debía empezar cuánto antes.
- Entonces- balbuceó mientras miraba tímidamente la punta de sus zapatos- estás relajada ¿cierto? Porque necesitas estar relajada- una cosa era que lo demostrara y otra que se lo confirmara. Con Quinn Fabray no debía confiarse-
- Empiezas tú o…- ladeó la cabeza-
- ¿Tenías algo planeado? Porque si es así, me encantaría que hicieras tu magia- en realidad, creía que nadie más que ella misma tenía de ese tipo de magia, pero sería interesante ver a la porrista imitándola. Solo Samanta, una de las cuatro veces que fue por sus servicios, dejó la vergüenza de lado y se animó a hacer distinta la sesión de ese cupo-
- Bueno yo…creo que no tengo magia. Tú tienes experiencia- sonrió orgullosa, por supuesto que la tenía- y yo…yo creo que tal vez no nací para esto- como siempre, la drástica y exagerada Quinn Fabray salía a flote. Y eso ya era mucho si ella misma lo pensaba-
- Quizá no naciste para esto pero puedes practicar- ella misma continuaba aún haciéndolo- tengo dos papás gays, eso ayudó mucho- Hiram y Leroy sabían de su deseo por hacer que esos servicios aumentaran en todo el nivel de la palabra. Y debía empezar por eso, por la práctica- ellos me incentivaron y apoyan en mis ideales. No creo que cualquier padre lo haga- alzó el mentón, ella era Rachel Berry. Si lo creía, así era- Es más, estoy segura, muy segura, que luego que comience a hacer valer tu cupón, te irás con una sonrisa y podremos repetirlo- cruzó los dedos tras su espalda, eso sería estupendo. Que diga que sí, que diga que sí, que diga que sí-
- ¿Cómo sé si quiero repetirlo si todavía no has hecho nada? Y mi hora comenzó hace como cinco minutos- bueno "hacer" como hacer no era la manera correcta de expresarse pero entendía el punto ¿Quinn Fabray, capitana de las porristas y abeja reina del McKinley no sabía expresarse bien? Otro punto en contra y que ni su belleza podría perdonar Maldijo, quizá sí-
Retrocedió unos pasos y se pasó las manos por sus muslos, intentando secarlas y así finalmente comenzarían. Pero Quinn, nuevamente en su desesperación, la llamó y en un segundo se volvió a ella.
- Berry…- echó su cabeza atrás confundida, la rubia se arrodilló frente a ella y la sujetó por la camisa- vine a cobrar tus servicios especiales, RuPaul. Y los quiero cobrar ahora- ¿y por qué se impacientaba? ¡Segundos atrás y hubiese comenzado!-
- Quinn, qué…- había desprendido su camisa ¡Jo- der! La chica más hermosa del Instituto, y posiblemente de todas las chicas de entre medio de todas las chicas, estaba desnudándola. No quería sonar apresurada pero eso estaba haciendo ahora con su cinturón, quitándolo e intentando bajar su cremallera ¿por qué demonios no se puso una falda como cada día? Ya hubiese completado ese trabajo–
- Oh, cállate ya, Berry, estás desesperándome- y a ella también. Algo latía con fuerzas en su interior y solo cuando la rubia la rozaba aumentaba- ¿qué demonios le pasa a tu cremallera?- ¡si! ¿qué demonios le pasaba? ¿por qué ya no estaba abajo y las manos de Quinn dentro de ella?-
- ¿Qué te pasa a ti, Quinn? Esa sería la pregunta adecuada- No, no realmente pero si quería una explicación. Nadie iba a la casa de alguien y solo comenzaba a desnudarla porque sí ¿cierto?- si vas a ser la que…-
- ¡Por supuesto que voy a ser la que domine!- nuevamente la cortó y la echó a la cama. Pero su idea no sonaba mal. Ella solo quería terminar de decirle que si iba a ser de las que querían su servicio con otra ropa, solo debía pedírselo de otra manera y esperar unos minutos. Pero no le cobraría más por eso, no era como si fuese a cambiar las cosas- ¿acaso eso me saldrá más costoso?- No, por supuesto que no. Porque debía cobrárselo a Brittany y eso implicaba acercarse a Brittany, con Santana cerca y eso la llevaría un golpe. Asique no, nada de aumentos a último momento y su rostro continuaría a salvo- Responde, Berry- balbuceó ¿cómo se supone que iba a responder con ella encima y tironeando de su nuca?
Entreabrió la boca y fue como si todos sus pensamientos se esfumaran hasta ese momento, justo ese momento en que ya no podía ver más allá de Quinn Fabray ocupando toda su atención.
Observó sus labios, los delicados y rosados labios de la porrista lanzaban aire pesado como los de ella, nerviosos a que algo los juntara. Titubeó, sabiendo que la situación era rara y no todos los días tendría a la rubia sobre ella.
Asomó su lengua y su boca húmeda chocó contra la de Quinn. Fue un beso que le arrebató el aire, desesperado y la sorprendió por la brusquedad. La rubia acaparaba todo su rostro, moviendo el de ella en una dominación a la que no se opuso.
Sus lenguas juntas, calientes mientras se tanteaban la hicieron suspirar. Era de esos besos pasionales que cualquier adolescente soñaba porque hacía temblar todo su cuerpo. Sintió el frío golpear sus costillas cuando le quitó la camisa y así, semidesnuda bajo ella, atrapó sus hombros y evitó romper el contacto: los labios de Quinn estaban volviéndose adictivos a cada segundo que pasaba.
Dejó sus manos en la falda accidentalmente y no entendió cómo pero de repente las tenia bajo ella, tocando sus muslos firmes y sintiendo el calor arremeter en toda su extensión. Sus muslos, sus piernas, sus pechos, sus costados. Todo en Quinn cabía espléndido entre sus dedos, casi creado para ella.
Llevó sus manos a la espalda, bajando el cierre y la rubia mordió su labio con fuerzas.
- Quinn…- pero tironeó su cabello y volvió a olvidarlo todo. Cerró los ojos y se preguntó por qué y cómo terminaría aquello. Y no tenía ni la menor idea. Pero iba a disfrutarlo. Quinn Fabray en su cama era digno de disfrutarse.
Rodeó su cintura y las volteó, arrastrándola suavemente hasta el centro de la cama. Se acomodó de la mejor manera, con su rodilla apuntando la entrepierna y empujó unos centímetros, hasta oírla suspirar de placer.
Cuando la vió echar la cabeza atrás, entregada igual que ella, volvió a repensar la situación.
- ¿Estás segura?- sus manos temblaban y podía calmarlas o terminar de avergonzarse, dependiendo que respondiera. Quinn pareció pensarlo, aún mordiendo sus labios y de perfil a ella. Iba a darle unos segundos o volvería contra su boca, a besarla una y otra vez hasta recomenzarlo todo- ¿estás segura?- y una punzada golpeó su entrepierna al oír la respuesta-
- Sí-
Se irguió y la rubia se sentó, a terminar de desnudarse y lo hicieron con total rapidez. La empujó levemente por los hombros y volvió a recostarla, regresando sobre ella y a besar ahora su piel desnuda. Tenía su anatomía descubierta dos segundos atrás y, con eso en la cabeza, atrapó su mentón para succionarlo, abriendo y cerrando su boca hasta oírla jadear.
Jugó con sus dedos en los pezones, atrapándolos y estirándolos hasta sentirlos endurecerse. Descendió con un camino de ruidosos besos hasta su ombligo y allí descansó sus manos. Y movió apenas su cadera.
Gimieron, ante el contacto de esa sensibilidad y repitió el acto mirándola a los ojos. Aquellos verdes que siempre imponían respeto, estaban ahora negros, oscurecidos por la locura del momento. No podían detenerse, detener sus caderas y continuaron gimiendo, llenando la habitación de los sonidos guturales que sus gargantas desprendían.
La mano húmeda de Quinn atrapó su cuello y la tironeó para otro beso. Estaban sudando, sus frentes desprendían agua al igual que su intimidad.
- Berry…- jadeó la rubia enredando los dedos en su cabello- Berry, quiero tu acto final antes de que mi hora termine- no entendió pero supuso que quería sus servicios realmente después de eso. Y asintió, porque había cumplido los años días atrás y se lo merecía-
Con la mano de Quinn conduciendo sus movimientos, bajó hasta su ombligo, llenándola de besos y se detuvo a la altura de su punto palpitante. Su vagina brillaba por los flujos y ella tomó un poco con su dedo antes de estirarse. Asomó su lengua y se sintió la gloria al probar el sabor, dulce y acalorado que allí desprendía.
Mordió, chupó y acarició todo mientras pudo, mientras las caderas de Quinn moviéndose se lo permitían. Cuando la sujetó y la embistió, algo le impidió continuar y la oyó jadear en un golpe seco, doloroso por lo que se mantuvo quieta.
- Quinn, estás…- pero la jaló con ambas manos y su rostro golpeó la cantidad de humedad que no podía detener. Quinn la atrapó entre sus piernas y ella terminó su labor, sintiéndola desplomarse segundos después.
Se pasó una mano por su barbilla y la observó, con el rostro ruborizado y pretendiendo sosegarse, recuperar algo de aliento.
Se recostó a su lado y abrió la boca, para preguntar por más pero la tuvo sobre ella, entrelazando sus manos y nuevamente con aquella mirada oscura.
Sintió el cosquilleo en sus pechos, esperando atención y Quinn los apretó, los masajeó con dulzura y se mordió el labio, para no exigirle más.
La presión en su entrada la hizo abrir los ojos y se arqueó, cuando un dedo se abrió paso entre sus pliegues. Sujetó un momento la muñeca de la rubia y trató de respirar con tranquilidad, antes de regresar contra el colchón y entregarse totalmente a ella.
El ruido de sus flujos chocando, sus pieles golpeando y sus gemidos, cada vez más altos, se oyeron durante toda la hora, mientras intercambiaban posiciones y se desesperaban porque sus bocas volvieran a unirse.
Con una última caricia de sus frentes, Quinn sobre ella, se acostaron una al lado de la otra y sus hombros se tocaron.
Miró el techo unos segundos, sería bueno un cambio de color. Ese morado la hacía ver infantil aún y ya no lo era.
- Bueno, creo…creo que mi hora ya terminó- habló la porrista luego de unos minutos- Haz….hemos hecho valer tu cupo- ella frunció el ceño ¿no le había pedido su acto final? Aún nada de eso había pasado-
- ¿Qué?-
- Sí, bueno…tu acto final…el comienzo….ya está todo- la vió dejar la cama y la siguió con la mirada. Quinn buscaba algo y ella las respuestas a eso que le decía- asique…me visto y me voy-
- ¿Ahora?- ni siquiera había hecho valer su cupo todavía ¡ni cerca estuvieron!- pero….-
- No sé como lo haces con las demás pero me iré, Berry. Am…y si puedes, no le cuentes a Brittany los detalles- ¿las demás? Las demás no se agachaban en busca de las zapatillas ni el resto de sus ropas. Y sí iba a contarle los detalles a Brittany, cuando acabara su hora en ese sesión le contaría cuán bien le había ido-
- Está bien… ¿segura qué…- solo quería que se quedara, que no se fuera pero Quinn cortándola a cada minuto no la dejaba hacer notar su deseo-
- Sí, sí… quiero decir…ella pagó por esto- ¿ella quién? ¿De qué hablaban ahora?-
- ¿Ella?- era un poco difícil concentrarse con la rubia desnuda a unos metros –
- Sí, creí habértelo dicho. Ella me regaló tu estupi…tu cupo- Ah, Brittany. Sí pero aún estaba confundida- y bueno ya…ya le hemos dado su valor-
- ¿A qué te refieres con que le hemos dado su valor?- por supuesto que no le habían dado su valor aún-
- A eso Berry. Tú te dedicas a esto y no sé cómo me dejé arrastrar por Britt y terminamos aquí. Pero pobre de ti si le dices a alguien- Quinn se sentó en la punta de la cama y continuó atando sus zapatillas-
- ¿Qué me dedico a qué, Quinn? Aún no hemos hecho valer tu cupo ¿de qué estás hablando?- ya estaba exasperándose y que la rubia hablara casi misteriosa la ponía peor. La vió girar a verla y su rostro temeroso se cruzó con el de ella, que se acercaba a rastras-
- ¿Qué pregunta es esa, enana? Que te dedicas a esto. A darle una hora de sexo a las estudiantes del McKinley- la morena chilló, con total enfado y se tomó el pecho para no estirar la mano y empujarla lejos de allí- ¿qué?-
- Espero que esta sea una de tus bromas, Quinn porque estarías cruzando tu propio límite- la porrista negó con seguridad- ¡por supuesto que no me dedico a eso! ¿Cómo se te pudo ocurrir que voy a entregar mi cuerpo a cada compañera solo por un poco de dinero? - ¿realmente cómo se le ocurrió pensar eso? Quería gritar, saltarle encima y sacudirla hasta que le pidiera disculpas. Recordó que, así de hermosa como era Quinn Fabray, su maldad la igualaba- Escucha, sé que hemos tenido nuestras diferencias cuando creías que estaba detrás de Finn y cuando invité a Sam a la fiesta de graduación pero ¿esta es tu manera de vengarte? ¿viniendo a mi casa y haciéndome sentir ridícula? - sollozó, esto era peor a las bromas que le jugaba en el Instituto-
La rubia abandonó la cama y la vió caminar preocupada de un lado a otro ¡Ella debería estar nerviosa! Y se lo hizo saber, arrodillándose en la cama y continuando con su discurso.
- ¿Cómo que no te dedicas a esto?- la cortó con su tono neutro pero ella continuó hablando- ¡Berry!- se calló y la miró nuevamente. - te pregunté que por qué demonios no te dedicas a esto- ya debería ponerle un límite ¿por qué insistía en que se dedicara a eso? ¡No se acostaba con las demás por dinero!-
- Quizá porque….-
- Cállate, eso no fue lo que quise decir- Quinn le dió una mirada a toda la habitación, desordenada, como la cama y el cabello de Rachel. Todo, en completo testimonio de lo que había ocurrido- entonces…mierda, Rachel, entonces ¿lo que acaba de pasar no era parte de tus cupos?- si con lo que acababa de pasar se refería al sexo y a las marcas que tenia su cuerpo por su boca no, no era parte eso de sus cupos. Tenía que sumarle a hermosa y malvada, poco inteligente y el historial de Quinn estaría completo-
- Aún no le hemos dado valor a mis servicios, Quinn. De eso estoy segura- por empezar, ni siquiera debían estar en ese cuarto para hacerlo valer. Y segundo, ambas podían conservar la ropa. Tampoco debería haber besos ni caricias, quizás algunos roces, pero no caricias-
La vió golpear el rostro contra sus manos y Rachel suspiró, bajando la vista y tratando de entenderlo todo.
¿Por qué habían llegado hasta allí, hasta tener sexo? ¿Quién de las dos lo había confundido todo? ¿Estaría la rubia arrepintiéndose?
En ese debate mental desvió su mirada y un dolor atravesó su pecho. Sus dos dedos descansando sobre la sábana y algo bajo ellos. Una mancha color roja, de sangre.
Alzó la cabeza y tragó saliva con esfuerzo. La pregunta era ahora a quién de las dos le pertenecía.
Otro cap queridismas lectoras y en el próximo sabrán del servicio de Rachel. Ninguna acertó, no son masajes sino yo tambien estaría pidiendo un cupón.
Muchas gracias por leer y/ o comentar, son un amor como el "Lemma, it's Lemma!" de Emma hablando de los collage que ve y los fans hacen de ellas. Ternurita.
Ni Glee ni sus personajes me pertenecen (de lo contrario Rachel hubiese tenido un crush por Holly Holiday y no por el insípido de Shuester) Que estén bien, saludos!
