El mundo de Harry Potter y sus personajes pertenecen a la maravillosa JK.
Yo solo escribo escribo esta historia esperando que sea de su agrado.
-Ginny, levántate, ¡por Merlín!- dijo Hermione mientras tomaba las cobijas de su amiga y las tiraba al piso. La pequeña Weasley gruño para luego desperezarse y empezar a abrir los ojos.- A ver, pelirroja, alístate, que te deje dormir todo el tiempo que me demore yo en hacerlo.
Ginny se levantó de su cama y se dirigió al baño. Hermione mientras tanto decidió abrir su libro de Pociones y volver a repasar algunas páginas pues estaba segura que como bienvenida a su primera clase del año escolar, Slughorn los pondría a preparar alguna, con suerte una con un nivel de dificultad digno de un alumno de séptimo.
En ello estaba cuando una lechuza se posó sobre el alfeizar de su ventana abierta, soltando un graznido que la hizo saltar de la sorpresa. La joven bruja se paró de la cama, donde estaba sentada cómodamente y se acercó para desamarrar de la pata del ave, el sobre de una carta, para después ofrecerle al animal unas chucherías que recibió gustoso. Al leer el remitente una sonrisa tonta escapo de sus labios, y cual adolescente enamorada se recostó en su cama rompiendo el sobre con delicadeza y abriendo la carta.
Era un mensaje corto, sin embargo no tanto como lo eran normalmente las cartas de Ronald, su sonrisa no disminuyo en ningún momento. La carta contenía un saludo corto donde le contaba que había comenzado su entrenamiento de auror y que aunque apenas llevaba un día ya estaba terriblemente cansado, luego le decía cuan raro era estar en estas clases sin ella corrigiéndolo cada momento, para terminar recordándole cuanto la extrañaba. Un corto saludo de Harry se colaba en el pergamino alegando que Ron le había robado la carta que él le había escrito porque quería ser el primero en mandarla. La castaña rió al imaginarse a los dos chicos discutiendo por algo tan tonto como aquello. Siguió leyendo encontrándose con un te quiero y una promesa de escribirle e ir a verla pronto, seguida de la firma del pelirrojo.
Con la sonrisa aun estampada en el rostro, Hermione guardo la carta en medio de un pequeño diario de cuero negro que se había comprado en el Callejón Diagon esas vacaciones, para luego guardar el diario bajo unos pergaminos en el cajón de su nochero, justo en el momento en que Ginny salía del baño peinándose el cabello. La chica Weasley observo a su amiga con una ceja alzada, notando la sonrisa en su rostro.
-¿Estás bien, Herms?- pregunto algo confundida.
-Perfectamente, es solo que acabo de recibir una carta de tu hermano.- La pelirroja rodó los ojos pero sonrió ampliamente a su amiga, negando con la cabeza.- Bueno, deja de mirarme así y vamos a desayunar que tengo hambre.
Las dos Gryffindor rieron y se dirigieron al Gran Comedor, ya con sus libros de la mañana guardados en las mochilas que colgaban de sus hombros.
-Ginny.- La castaña llamo a su amiga recordando la pregunta que quería hacerle.
-Dime.
-¿Te vas a inscribir en alguno de los grupos que nombro ayer McGonagall?
-Estoy pensando seriamente inscribirme en el de la reconstrucción del castillo.- dijo la pelirroja.- Ayer soñé que lograba convencer a McGonagall de convertir un aula destruida en mi propio baño de prefecta. Quien sabe, a lo mejor fue una premonición.
La castaña rió ante las ocurrencias de su amiga mientras entraban al Gran Comedor, Ginny solo trataba de convencerla de que las probabilidades de que eso pasara podrían llegar a ser considerablemente altas.
-Dudo que McGonagall pierda un aula por tus caprichos, Gin.- la pelirroja gruño ante el comentario de Hermione.
-Tienes razón, se moriría si solo tuviera 99.999 aulas y no 100.000.
Las dos chicas se sentaron en la mesa de Gryffindor a debatir sobre la tendencia a la exageración de Ginny, mientras comían tranquilamente y esperaban que se les pasara el tiempo para ir a su clase de pociones. En el transcurso de los minutos, se les unieron Neville, Dean, Seamus y Luna, a quien invitaron a sentarse con ellos en la mesa de Gryffindor.
Las conversaciones iban y venían en el Gran Comedor mientras este comenzaba a llenarse. La verdad era que las dos chicas Gryffindor se habían levantado más temprano de lo normal, pero Hermione había abierto los ojos a primera hora de la mañana, agitada después de una pesadilla que le había dejado un picor extraño en la cicatriz que tenía en su antebrazo izquierdo. Al despertarse la castaña se había sentado en su cama, conjurando rápidamente un Lumos con su varita pues la sensación de calor y líquido corriendo por su brazo la asusto. Cuando ilumino a su alrededor se dio cuenta de que todo estaba normal, la cicatriz estaba igual a como había estado durante todos esos meses, las letras blancas sobre su piel bronceada resaltaban más de lo que le gustaría, pero había aprendido a vivir con ello. Suspirando, la chica se había salido lentamente de las cobijas y sacando el diario que tenía en el nochero había caminado hacia el baño, donde se sentó sobre el frío piso a escribir. Era lo que hacía normalmente, escribir cada vez que lo necesitaba, no tenía a nadie con quien hablar las cosas. Ronald y Ginevra habían perdido a un hermano, y Harry había muerto, por unos minutos, pero lo había hecho. Las pesadillas sobre lo que paso en la Mansión Malfoy no era nada comparado a lo que ellos estaban pasando, creía que no era necesario hacerles perder el tiempo con ello. Y sus padres, ellos ni siquiera sabían la mitad de lo que había ocurrido, Hermione nunca se los había contado y siempre procuraba llevar camisas de manga larga cuando los visitaba. En definitiva escribir era su mejor opción.
Encerrada en sus pensamientos se encontraba la castaña mientras se tocaba suavemente la zona donde se encontraban grabadas en su piel las palabras "Sangre sucia", cuando noto una lagrima bajar por su mejilla, rápidamente la secó, alzando la vista para asegurarse de que nadie la había visto. Afortunadamente sus compañeros estaban lo suficientemente distraídos en una conversación sobre las salidas de Hogsmade de ese año como para darse cuenta de las cosas que pasaban a su alrededor. Hermione aliviada, desvió la mirada buscando mermelada de mora para untar a la tostada que tenía en su plato desde hacía cinco minutos, cuando se encontró con unos ojos grises que la observaban atentamente. La joven bruja sintió como sus mejillas se calentaban al verse descubierta nada más y nada menos que por Draco Malfoy.
Hermione le sostuvo la mirada durante un rato, hasta que fue el mismo Malfoy quien rompió el contacto visual tras hacer un gesto de reverencia con su cabeza, dándole a entender que no diría nada. La castaña, aunque agradecida, no podía evitar preguntarse ¿Qué demonios le pasaba a Malfoy?
"Las clases comenzaron tranquilas, los temas nuevos que nos comentaron los distintos profesores no hacen sino emocionarme más y darme más esperanza respecto al hecho de tener que afrontar el año estando sola. Al menos ahora no tengo que rogarles a Harry y Ron para que hagan sus deberes."
La castaña soltó una risa ante este pensamiento y siguió redactando la carta que le mandaría a sus padres esa tarde. Con la llegada del correo al Gran Comedor una hermosa lechuza color pardo se posó frente a ella trayendo consigo una carta desde San Mungo. Hermione no pudo ocultar su felicidad y se dispuso a abrir apresuradamente la carta para leerla. Ginny tuvo que darle las chucherías al ave pues a su amiga se le había olvidado y ahora el hambriento animal no quería irse. La castaña compartió la carta con la menor de los Weasley y ambas rieron ante el extenso párrafo escrito por su padre maravillado de la capacidad de las lechuzas para llegar a su destino sin perderse y sin equivocarse de destinatario. La joven bruja había, entonces, guardado la carta y sacado un pedazo de pergamino de la maleta, para ponerse a escribir la respuesta para sus padres. No la logró terminar en el desayuno, por lo que había seguido en los momentos en que las clases le dejaban unos minutos libres para terminarla tranquilamente durante el almuerzo, así podría pasarse por la lechuceria en su camino al despacho de la Directora McGonagall.
Mientras tomaba de su jugo de calabaza firmo el pergamino y lo metió en un sobre, marcando en él el número de habitación de sus padres en San Mungo. Disculpándose con sus amigos, se levantó de la mesa y se dirigió a la lechuceria, así llegaría sin necesidad de correr hasta el despacho de McGonagall a la hora de su reunión.
Recorrió el camino del Gran Comedor hasta la lechuceria con la cabeza baja y tarareando distraídamente, pensando en los deberes que ya tendría que empezar a hacer si no quería atrasarse con sus responsabilidades. Definitivamente empezaría con el ensayo que les mandó Slughorn esa mañana, probablemente ya lo habría terminado para la hora de la comida. Tendría que asegurarse de que los chicos también lo hicieran.
-Oh- murmuró al recordar de repente que no estaban con ella. Suspirando entro a la lechuceria, y eligiendo un ave de plumas grises mandó la carta a sus padres.
Después saco rápidamente una pluma y un pedazo pequeño de pergamino, garabateando un mensaje rápido para Ronald. Cuando hubo terminado y sin pensarlo dos veces, ato el rollo en la pata de una lechuza, quien salió volando a su destino.
La castaña gruño arrepintiéndose poco a poco de haber mandado esa carta y con pasos rápidos salió de la estancia, para dirigirse ahora hacia el despacho de la directora. Las palabras que había escrito se repetían en su memoria una y otra vez. Era la primera vez que le decía eso a Ronald, y no sabía cómo sentirse al respecto.
"Los extraño, no saben lo solo que se siente el castillo sin ustedes. Te amo.
Hermione"
Se dio un golpe en la frente con la palma de la mano, maldiciendo entre dientes a su estúpida decisión de mandar esa carta. Siempre pensaba dos veces las cosas antes de actuar, y ahora viene y le suelta en una carta a Ron que lo ama.
-¿Todo bien, come libros?- el modo de arrastrar las palabras le dijo al instante quien era el que hablaba, pero eso no evitó que se sobresaltara un poco con la interrupción a sus pensamientos.
-Malfoy, por Merlín, puedes dejar esta ridícula costumbre tuya de asustarme todo el tiempo.- Gruño la Gryffindor, mirándolo con el ceño fruncido. El rubio sonrió de medio lado casi imperceptiblemente.
-Yo no te asusto, sabelotodo. Eres tú la que siempre anda con la cabeza en las nubes.
Hermione bufó ignorando el comentario y siguió su camino hacía el despacho de la directora. Contrario a lo que esperaba, el rubio se puso en marcha a su lado.
-Entonces, ¿está todo bien? Vi que no trajiste a Weasel y San Potty contigo este año.
-No me digas Malfoy, pero que observador eres.- la castaña rodó los ojos exasperada ante la insistencia del Slytherin.
-Pero estas de un humor terrible, ¿tiene algo que ver con el hecho de que ni tu novio, ni tu mejor amigo están aquí?- pregunto burlón el chico, caminando tranquilamente al lado de Hermione, quien trataba por todos los medios de quitárselo de encima.
-Sinceramente, hurón, no es de tu incumbencia. Ahora vete de aquí a molestar a alguien más porque estas acabando con mi paciencia.
El rubio rió suavemente, se detuvo y dio la media vuelta, saliendo de ahí por donde había venido.
-No te estreses tanto, Granger.- le gritó a la chica quien se detuvo y volteo a mirar pues ni cuenta se había dado que Malfoy se había ido dejándola sola. Lo vio a punto de cruzar por la siguiente esquina en dirección a la biblioteca.- Te arrugas.
-Estúpido hurón botador.- murmuró Hermione para sí misma, reanudando el camino hacia la dirección.
-Siga.- respondió la voz de McGonagall desde adentro cuando la chica dio tres toques a la pesada puerta de madera.
Hermione entró a la oficina, acercándose al escritorio de la mujer.
-Ah, señorita Granger, siéntese por favor.- dijo la bruja señalando la silla de cuero frente a ella. La chica se sentó, saludando a su profesora favorita.- ¿Cómo ha estado su primer día?
-Mejor de lo que imaginaba, directora.- La vieja bruja sonrió afablemente a su alumna.
-Me alegra mucho escuchar eso. Ahora verá, quería verla pues tenemos un inconveniente de último minuto con el otro premio anual.- la chica asintió en señal de estar escuchándola y McGonagall continuó.- Como se habrá imaginado, Anthony Goldstein era el encargado de asumir la posición este año, junto a usted. Sin embargo lamento informarle que el joven Goldstein y su padre han abandonado Inglaterra y él no volverá este año a Hogwarts.
-¿Tan repentinamente?- preguntó Hermione preocupada. McGonagall asintió suavemente, suspirando.
-Señorita Granger, le comento esto para que entiendo la gravedad de la situación. La madre de Anthony fue tomada como prisionera durante la Guerra pasada, era una sangre limpia que no apoyaba a Voldemort, y eso era inaceptable para él y sus seguidores.- La directora continuó su relato haciendo caso omiso al escalofrió que la recorrió al nombrar a Quien-tu-sabes, ahora que estaba muerto era hora de dejar esa tonta costumbre a un lado.- A pesar de que lograron dar con su paradero y rescatarla antes de la caída del Lord, la mujer ya estaba muy perturbada debido a la cantidad de hechizos que habían usado para torturarla. Estuvo en San Mungo un tiempo pero su hijo y su esposo decidieron llevarla a casa esperando que el ambiente familiar la ayudara a recuperarse. Sin embargo, a pesar de presentar mejorías en su estado de salud, la semana pasada la mujer decidió quitarse la vida, su hijo la encontró en su cuarto y nada pudieron hacer para remediarlo.
Hermione se llevó ambas manos a la boca, ahogando el sollozó que se le escapó de repente. Ella conocía a Anthony, era un excelente estudiante y una persona maravillosa, muchas veces estudiaban juntos en la biblioteca y había saludado a sus padres un par de ocasiones en King's Cross. Para ella era imposible entender como aquella rubia mujer tan amable había hecho aquello, y no era capaz de dimensionar como se estaría sintiendo Anthony en este momento. Un mar de emociones la empezó a embargar, McGonagall la observaba comprensivamente.
-Señorita Granger, más que una explicación al porque este año habitará sola la torre de los Premios Anuales, quise reunirme con usted para explicarle la situación en que muchas personas están en este instante. Todos quienes vivimos la guerra de un modo u otro, estamos en un proceso de reconstrucción de nuestras vidas y de la de quienes amamos, algunos incluso están tratando de hacerlo sin los que aman porque les fueron arrebatados. No sabemos cuántos alumnos del colegio pueden estar en situaciones similares a la de Anthony, tratando de salvar y ayudar a alguien preciado, o quien está en la situación de la Señora Goldstein, lidiando con sus propias pesadillas. Y claramente no podremos saberlo porque muchas veces estas situaciones quedan escondidas para todas las personas alrededor de quienes las sufren. Hermione, fue esta situación la que nos llevó a crear el grupo de apoyo anónimo que mencione ayer durante la cena.
-Entiendo, directora McGonagall, y quiero que sepa que incluso antes de saber todo esto ya creía que era una idea maravillosa. Y de hecho quería avisarle en esta reunión que me gustaría mucho participar, sin embargo aun no entiendo, ¿por qué me cuenta esto a mí?- preguntó la joven aprovechando la pausa que había hecho la directora para que asimilará la información. La mujer la miro directamente a los ojos, enderezándose en el asiento.
-Verá Hermione, más allá de que participe en el proyecto quisiera que fuera usted quien lo dirigiera. No sabrá quienes más participaran pero si tendrá que revisar las cartas de respuesta que estas personas vayan a enviar a quienes están ayudando. A pesar de que se hará una elección minuciosa de quienes harán parte del grupo, es mejor evitar cualquier problema, pues nunca sabemos si de repente a alguno de sus compañeros no se siente colaborador y lo que puede hacer con una mala respuesta es empeorar la situación de su protegido. ¿Le gustaría ayudar dirigiendo este grupo? Se puede reunir conmigo en cualquier ocasión que necesite y la puedo ayudar si se le presenta algún inconveniente muy difícil de tratar. Hermione en realidad me gustaría que aceptara este cargo, es la estudiante más capaz y en la que más confío para esta tarea.
Hermione sonrió cortésmente a McGonagall mientras sopesaba la idea. Seguramente sería bastante agotador el trabajo, pero si ya pensaba entrar en el grupo no veía una razón de peso para decir que no lo dirigiría.
-Me encantaría ayudarla con eso, directora.
-Muchas gracias, Señorita Granger. Cuando hagamos la selección de las personas le avisaremos el número de participantes.
-Está bien, directora. ¿Cuándo comenzará a funcionar el grupo de ayuda?
-A más tardar el viernes de esta semana. Ahora, termine de disfrutar su primer día, su baúl ya está en su habitación en la torre de Premios Anuales.
La chica se levantó dándole las gracias a la directora por la confianza depositada en ella y se despidió, dirigiéndose a la salida del despacho. Cuando estaba a punto de salir se volteó para hacerle una última pregunta a McGonagall.
-Directora, si en algún momento lo necesito ¿puedo ir a dormir a la sala común de Gryffindor?- la mujer frunció el ceño con algo de preocupación pero asintió a la castaña.
-Sí, Señorita Granger. Me encargare de que su cama este siempre disponible si así lo desea.
-Muchas gracias, profesora.- y con una última despedida, Hermione salió de ahí. Dándole vueltas en la cabeza a lo que le acababa de contar Minerva McGonagall.
Pido disculpas por la demora, la universidad me acaba poco a poco. También quiero darles las gracias por los Follow y los Fav, me hacen muy feliz. Ya saben, recibo hasta tomatazos si así lo desean, yo soy su fiel servidora con ganas de traerles algo que los entretenga y les guste.
¡Hasta la proxima!
