La quiero para mi
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La fascinación de Edward se calmó por sus brazos y piernas doloridas, se apoyó en un banco mientras su madre atendía los feos moretones en sus brazos y su torso. Había sido una dura lucha entre él y Hall, una que el niño mayor había ganado finalmente, pero sabía que había impresionado a aquellos que habían observado la pelea. Y cuando Anthony el Conquistador había detenido el combate, había apretado firmemente a Edward por los hombros doloridos y le había dicho que podía unirse al grupo del Conquistador, un honor notable hasta para los hijos legítimos de los grandes barones. Jasper de Hall había arrojado al suelo su espada por el disgusto ante las noticias, pero no se atrevió a desafiar al viejo Anthony.
-Ahí está -, Esme murmuró mientras enjuagaba el paño en la fuente con agua, - al menos no tengo nada que coser. Listo -Esme puso a un lado el agua y se sentó en el banco al lado de su hijo -cuéntame nuevamente como ocurrió esto.
-No hay nada para contar, Madre que ya te lo dije-. Observó los ojos verdes de Esme, leyó orgullo en ellos y cedió. -Es como te conté: yo estaba practicando con los escudos donde los había puesto esta mañana. De todas formas, varios se pararon para observar y entonces un muchacho mayor, Jasper de Hall creo que se llama, me dijo que pertenecía a los establos, que no era nada mas que un bastardo, un bastardo cobarde y que deberían lanzarme al foso por atreverme a hacer un deporte de nobles. Yo sólo tenía el palo con el que estaba entrenando y él tenía una buena espada. De todas formas, me habría vencido sino hubiera venido Bella para salvarme.- sonrió por el recuerdo y asintió con la cabeza. -Si, me hubiera gustado que lo pudieras haber visto, Madre. Ella fue directa hacia ellos y enfrentó a Hall, lo llamó cobarde y le prohibió que me hiciese eso. Cuando la quisieron agarrar, ella los desafió a tocar la hija de Swan y finalmente, no lo hicieron. No oímos a los caballeros liderados por ese hombre viejo que cabalgaron hasta donde estábamos y exigieron saber lo que estaba pasando. Bella no me dejó decir una palabra y habló por mí. No puedes imaginar nuestra sorpresa al descubrir que el hombre era Anthony el conquistador. Se disgustó al saber lo que hizo Hall. Hizo que Emmett de Mcarthy me diera su cota de malla y su espada y le dijo al joven conde que habría una pelea justa. ¡Jesús! - Edward se estremeció de dolor al recordarlo- Hall luchó como si estuviese poseído por el diablo, creo que me habría matado si Anthony no hubiese estado allí.
-Pero no lo hizo, hijo, y ahora tienes tu oportunidad.
-Si. Si no hubiese sido por Bella, esto no habría sucedido.- su cara se nubló ante la idea de decirle a Isabella que partiría. La vida de ella en Swan era sólo un poco mejor que la suya, dado el odio de Lady Renée. -Ella tomará mal las noticias, creo.
-Ella no es más que una niña, Edward, se recuperará de la pérdida.
De alguna forma esa idea le traía poco alivio. Por alguna razón perversa, no quería pensar que no lo extrañaría, todo lo contrario, en realidad. Pero habían soportado tantas cosas juntos que había un lazo especial que no quería romper. Aparte de Esme, ella era la persona más importante en el mundo. Sacudió la cabeza.
-No, yo no me recuperaré de la pérdida, Madre.
Esme lo observó y frunció el ceño.
-Tal vez es algo bueno para vos, Edward. Isabella y vos no pueden estar siempre juntos, vos lo sabes. Pronto será prometida a un caballero y ninguno de ustedes tendrá opinión en ese asunto. No, tal vez es mejor que se separaren ahora y se digan adiós el uno al otro.
Pensó en Bella, con esos grandes ojos oscuros y su melena oscura gruesa y sintió un inmenso sentimiento de protección hacia ella. No importaba cómo fuesen separados, no importaba por cuanta distancia estuvieran separados, él sabía que sentiría lo mismo por ella. Finalmente sacudió su cabeza.
-Si, tal vez tienes razón, pero si alguna vez estuviera en posición de servirla, lo haré.
-¿Sería mas fácil si yo le hablase?
-No. Sin duda, Charlie le habrá dado las noticias. Está orgulloso como un pavo.- Su voz mostraba su disgusto. -No hizo más que alimentarme y ponerme un techo sobre la cabeza, Madre, pero al oír que me uniré a los caballeros del Duque Anthony, gritaba "¡Es mi sangre!" ¡Mi sangre, Mamá! ¡Dulce Jesús!, ¿quién se cree que es? ¿No sabe cómo lo consideran? ¡Su cobardía es conocida en toda Normandía! ¿Cree que puedo estar orgulloso de eso? ¡Mi sangre, dice! ¡Madre de Dios, quisiera esconder la sangre que tengo de él!
-Mi hijo, no hay necesidad de avergonzarte por Charlie.- Esme se acercó más para poner un brazo reconfortante alrededor de los hombros de Edward. –Si -, murmuró ante la expresión interrogativa de él, -no eres hijo de Charlie de Swan.
La miró durante varios segundos hasta que comprendió la importancia de sus palabras.
-¡No soy su hijo! - repitió inexpresivamente. -¿Pero cómo puede? Yo viví en su casa desde que nací. Me reconoció como hijo.
-Si, pero no eres su hijo-, repitió firmemente. - cuando me trajo a Normandía, le agradó creer que había engendrado un hijo, Edward. Dios me perdone, pero era la única oportunidad que tenías, así que no se lo desmentí.
-Pero eres su amante
Esme se estremeció ante esa palabra odiada.
-Yo soy su amante - concordó, -pero él fue mi segundo amante. Tu padre era un Normando. Su fortaleza está en Inglaterra. Yo lo amé, creí en sus mentiras, pero me entregó a Charlie.- Su boca se torció y su voz se hizo amarga. -Si, fui vendida a Charlie de Swan aún cuando te llevaba en mi vientre, Edward.
-¡Por Dios!- Madre, mi padre... ¿Quién es mi padre?
-No- sacudió su cabeza - no servirá a ningún propósito contártelo. Pero no tienes nada que temer respecto a llevar su cobardía en tu sangre. Tu padre luchó muy bien contra mi gente en la rebelión de Wakes. Y fue recompensado con una heredera normanda.
-Entonces Bella no es mi hermana.- La declaración sencilla no reflejaba el súbito conflicto de emociones que sentía ante esa idea. Durante años se había confortado en pensar en el parentesco compartido entre ellos, pero ahora… Él ni se atrevió a pensar en la fugaz y súbita idea que pasó por su mente.
-Edward, no se lo dirás a ella.
-¿Por qué?
Esme alisó la tela de su falda. Mirando directamente a los ojos de su hijo, y simplemente respondió,
-¿No crees que también la amo? Es bastante malo haber sido la amante de su padre todos estos años, Edward, pero admitir que me he acostado con otro hombre, me marcaría definitivamente como una puta a los ojos de ella.
Fueron interrumpidos por los sonidos de varios hombres que subían las escaleras hacia la habitación de Charlie. Esme se puso de pie apresuradamente y agarró una fuente con agua. Edward se puso la túnica áspera. Mientras Esme terminaba de arreglar la habitación, unos sirvientes desconocidos para ambos llegaron y evaluaron el cuarto. Aparentemente satisfecha, la persona asintió con la cabeza a los otros.
-Si, servirá, traigan las cosas- .Girando hacia Esme, se curvó ligeramente. -¿Es usted Lady Renée?
-No.
La mirada del hombre la recorrió con nuevo interés, sus ojos apreciaron su ropa, y llegó a la conclusión obvia. Y aún cuando su actitud hacia ella cambió, Esme pareció ruborizarse ligeramente. Edward observó todo y quiso borrarle la sonrisa de la cara al hombre. Pero en ese momento reconoció el distintivo de Normandía en el pecho del otro criado y se forzó para mantener su temperamento bajo control. Su madre sintió su tensión y buscó desviar la atención.
-Tienes mucho que hacer, hijo, debes prepararte para partir con el duque. Es mejor que busques a Sue y veas si pude alargarte algunas de tus túnicas mientras hay tiempo.
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Habiendo ocupado la propia habitación de Charlie, el Duque Anthony se sumergió en la gran bañera de madera. Esme estaba a su lado con un trapo enjabonado, lista para ayudar en el baño ducal.
-Es tan tonta como para pensar que soy incapaz de lavarme solo-,murmuró Anthony, -pero si tiene que hacer eso, tenga cuidado con mis ojos, todavía los necesito.
La voz de Esme era suave y musical cuando se inclinó para enjabonar su espalda llena de cicatrices de guerra.
-He bañado a muchos hombres, Su Gracia, y todavía no he dejado ciego a ninguno de ellos.
-Tienes acento sajón.
-Si, fui traída aquí durante la rebelión de Wake, mi padre apoyaba a Wake. Yo deseaba volver, pero no había nada de lo que yo conocía allí.
El Príncipe Garrett se levantó para mirarla más cerca.
-¿Eres la madre del joven Masen?
-Si.
Anthony observó, sus ojos pestañeando apreciativamente.
-La amante de Charlie, ¿eh?
-Si.
-Una lastima que no se haya casado con vos en lugar de con Renée de Mcarthy.
-Yo no tenía nada de dote que ofrecer, Majestad, y si hubiera podido escoger, lo habría rechazado.- La cualidad musical abandonó su voz.
-Pero le diste un buen hijo. Aunque sobre pasado en peso y altura por dos muchachos, tu Edward luchó bien hoy. Con entrenamiento, será un buen caballero.
-Pensé que había perdido, Majestad, porque su cuerpo estaba cubierto de moretones.
Anthony se levantó para ser enjuagado.
-Si, es así, recibió una zurra antes que nosotros llegásemos. Una vez tuvo una espada y la protección adecuada, el niño casi dio tantos golpes como los que recibió. Me gustará entrenarlo.
-Pero eso entristecerá a la pequeña muchacha. Ella no quiere separarse de su hermano, Papá -. Garrett mencionó a Isabella para incitar a Esme a hablarles.
-Bien - comenzó a frotar a Anthony vigorosamente con una toalla áspera -es mejor para ambos que Edward parta ahora. Pasan juntos mucho tiempo y eso deberá cambiar cuando ella sea prometida. Tal como están las cosas ahora, se protegen demasiado el uno al otro como para crecer fuertes.
-¿Tan infeliz es la muchacha? – indagó Garrett.
-Ella no es un hijo varón -, respondió simplemente.
-Pero es verdaderamente bonita. ¿Cómo alguien no la podría amar?
-Garrett - los ojos azules de Anthony advertían a su hijo. -No jugarás al galán libidinoso aquí. Las heridas sanan lentamente.
Esme habría llamado al hombre de Anthony, pero se quedó allí.
-Me vestiré solo-. Ella se encogió de hombros hizo una reverencia y partió.
-¿Qué piensas de ella, Papá?
-¿La amante de Charlie?
-La damita joven.
-Es hermosa y sabia para la edad que tiene. Si tuviera quince o dieciséis años, sería una buena esposa, especialmente buena porque traería las propiedades de Swan cuando Charlie muera-. Anthony buscó su túnica, se la puso por la cabeza, y agregó, -la encuentro encantadora.
-Tienes cincuenta y ocho años y estás lleno de herederos- le recordó, Garrett, alarmado.
-Yo no tengo ninguna necesidad de esposa-, concordó suavemente. -Estaba pensando en Félix. Alec está casado pero Felix no.
Garrett luchó contra su deseo de vomitar. La idea de la dulce Isabella y el violento Félix hizo que la bilis subiera. No, Felix no era adecuado para ninguna mujer. Tendría más oportunidades de ganarse el amor de Felix si fuese un muchacho rubio.
-Tu hermano tendrá Inglaterra, Garrett. No puedo evitar que Alec reclame Normandía como propia por derecho de nacimiento, pero, por todos los santos, no puedo darle Inglaterra a un hijo que se levanta contra mí. La pequeña muchacha de Swan podría ser una buena influencia para él, Garrett.
-¡No! ¡No lo harás! ¡No puedes! Piensa, Felix no sabría qué hacer con alguien como ella. ¡No la querría!
El viejo duque se terminó de vestir.
-Soy muy consciente de los apetitos extraños de tu hermano. No precisas recordármelo.
-Papá, hay otras consideraciones mas allá de Alec y de Felix.- La voz de Garrett no asumía frecuentemente la intensidad usada con su padre. -Jasper obtiene Normandía, Felix obtiene Inglaterra, y yo no tengo nada. Lady Isabella traerá todas las propiedades de Charlie algún día. Ella es todo lo que un hombre puede desear: hermosa, inteligente, con una gran herencia, y leal. ¿no puede ser mía?
-Garrett, es tu corazón o tu entrepierna la que está hablando?
-Ambos. Estaría mintiendo si lo negase.
Anthony suspiró mientras consideraba a su hijo mas joven.
-Un hombre en tu posición no puede disponer casarse cuando y cómo desee. Siempre tienes que sopesar las consecuencias políticas de tus decisiones porque yo no tengo tierras para dejarte. Hay bastante dinero como para hacerte rico, pero no hay tierras.
-Ella puede traerme tierras. Puede hacer que Swan sea mía, Papá.
-Tiene doce años. ¿Y si no vive lo suficiente como para darte un heredero? Las tierras se irán a su hermana, no a vos. ¿Y consideraste que pasarán dos o tres años antes que puedas llevarla a la cama?
-¿Y qué con Felix? - replicó. -Dudo que la lleve a su cama, ni siquiera para asegurarse de obtener Inglaterra. Tiene mas posibilidades de morir bajo su cuidado que bajo el mío, te lo aseguro.
Anthony vaciló. Ese muchacho era muy parecido a lo que él deseaba ser: inteligente, astuto, más educado que los muchachos de su edad, guapo, y leal. Oh, si pudiese desheredar a Alec y darle todo a Garrett. No, los vasallos se rebelarían contra la idea que el hijo primogénito no heredara. También estaba su promesa a su amada Elisabeth. Alec siempre había sido su favorito. En cuanto a Felix, Anthony no podía negarlo tampoco. Severo, crudo, casi rayando la crueldad, Felix siempre estuvo firme junto a su padre, apoyando las decisiones de Anthony una y otra vez, poniendo su propia vida en peligro para mantener a Anthony seguro en el trono de Inglaterra. Nunca podría negar a Felix. Pero Garrett tenía razón. Felix no quería una reina.
Garrett observó atentamente mientras su padre pensaba. Durante la conversación breve con Anthony, la pequeña Isabella de Swan se había convertido en alguien muy importante para él.
Finalmente Anthony habló lenta y razonablemente.
-Hay mucho de cierto en lo que dices, hijo, pero creo que Charlie preferiría a Felix para su hija a causa de la corona que usará.
-Dudo que se atreva a apuntar tan alto. Te lo aseguro, aceptaría a cualquiera de nosotros como novio.
-¿Y qué hay de Lady Isabella?
Garrett dudaba que se preocupase mucho por el matrimonio con cualquier hombre, pero él tenía para tentarla. Siendo su prometida, iría a la corte para ser educada y allí podría ver frecuentemente a su hermano. Una sonrisa se dibujó en su cara.
-Ella estará contenta.
-Déjame tratar con Charlie el asunto. No digas nada a la niña hasta que haya un acuerdo con él.
-Así será.
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Muy perturbada por el encuentro con su madre y la pérdida inminente de la compañía de Edward, Isabella buscó a su medio hermano como consuelo. A pesar del odio de Lady Renée, él residía en un pequeño cuarto en los aposentos de Charlie, e Isabella pensó en encontrarlo allí. Mientras subía los escalones finales, pudo oír las voces de extraños. Probablemente alguien estaba esperando para ver a su padre.
-¡Mi Lady! - Era el sorprendido príncipe Garrett quien giró para estar frente a ella. El Viejo conquistador con el cabello mojado estaba sentado en un banco bajo cerca del fuego mientras luchaba con sus botas pesadas.
-¿Eh? ¿Lady Isabella dijiste?
Isabella confundió su sorpresa con irritación. Tartamudeando una explicación mientras hacía una reverencia precipitada,
-Perdón, Su Gracia, pe... pero pensaba hallar a mi... mi hermano aquí.- Tragó para controlar los latidos de su corazón. Se había entrometido en un momento inapropiado. -Él vive aquí-, señaló un cuarto minúsculo.
-Ven aquí, niña-. Aún cuando se lo ordenó, Anthony se puso de pie y caminó hacia ella. -Déjame mirarte nuevamente-. Sus dedos tomaron su mentón, permitiendo que el cabello recién peinado cayera hacia atrás como una cortina de seda. Sus ojos marrones achocolatados lo miraron sin vacilar. No era cobarde, ni excesivamente valiente. Finalmente el viejo duque tiró hacia atrás su cabeza y se rió con fuerza, para su confusión.
-¡Por Dios!, ¡Eres una rareza, mi Lady! Los Guerreros tiemblan cuando los miro a los ojos, pero vos devuelves la mirada.- dio un paso atrás y dejó caer su mano mientras sus ojos viajaban a la hinchazón leve de sus pechos jóvenes.
Abruptamente preguntó, -¿Ya tienes tus ciclos mensuales?
Un rubor de vergüenza cubrió sus mejillas y bajó sus ojos. El príncipe Garrett buscó intervenir protestando,
-Realmente, Papá...- pero Anthony continuó esperando una respuesta.
Finalmente ella asintió con la cabeza.
-Si. Una vez.
-Papá...
-Quédate quieto, Garrett. Voy a conocer a la niña- Con sus ojos azules todavía fijos en Isabella, continuó su interrogatorio. -¿Cuándo cumplirás trece años?
-En Septiembre.
-Tienes tal belleza, pequeña-. La voz ronca de Anthony se suavizó. -Pero sólo el tiempo puede decir si es un presente de Dios o una maldición de la naturaleza.
-No, sólo Dios puede crear tal perfección. Cuando ella crezca, no habrá nadie más hermoso en el mundo cristiano.- Garrett se movió detrás del hombro de su padre. - No le prestes atención a mi padre, mi Lady, no es su intención amedrentarte.
-Ella no está asustada, sabe que yo no la perjudicaría-. Anthony continuó su inspección. -Tienes huesos delicados y pequeños. Tal como mi Elisabeth, ella me cabía aquí.- Indicó un lugar en su pecho que hizo que Isabella pensara que la duquesa realmente debió haber sido muy pequeña. -Ella me dio tres hijos vivos y cinco hijas, Dios cuide de su alma.
Anthony señalo con su cabeza a Garrett.
-¿Qué opinas de mi hijo?
Isabella frunció el ceño confundida ante la extraña pregunta. Levantando sus ojos para mirar al príncipe y halló una sonrisa para tranquilizarla. En respuesta su propia cara dibujó una sonrisa suave cuando respondió a su padre,
-Creo que tiene que estar orgulloso del príncipe, Majestad.
Anthony rugió ante su respuesta, confundiéndola todavía más.
-¡Por Dios, Garrett! ¡Hallamos a una diplomática! - le dio una palmadita paternal. -Bien, no estés de pie con la boca abierta, ayúdala a encontrar a su hermano.
Cuando Isabella hacía una reverencia antes de partir, el hombre mayor agregó,
-Y esta noche, mi Lady, cenarás con nosotros.
Ella siguió a Garrett escaleras abajo hasta el patio. En el último escalón, el príncipe giró para poner su mano en su brazo. Los ojos de los curiosos los siguieron, el hijo de Normandía y la hija de Swan tomados del brazo. El príncipe parecía encantador y la risa de ella podía ser oída desde donde Anthony observaba. Ante la armería de Swan, Garrett se detuvo.
-Lo hallarás dentro, mi Lady. Mi padre lo quiere provisto de una buena cota de malla y un casco antes que partamos. Y tu padre encargó protectores bien acolchados y una espada para él. Cuando use las insignias de Normandía, estará tan bien equipado como el resto de nosotros.
De repente lágrimas saltaron en sus ojos oscuros mientras asentía con la cabeza silenciosamente ante el recuerdo que Edward estaba partiendo. Garrett podría haberse mordido la lengua por haberla entristecido. Estirando su mano para borrar una lágrima que desbordaba el ojo, aconsejó suavemente,
-Paciencia, pequeña Isabella. Un día estarás en la corte de Normandía con tu hermano.
Las voces habían atraído a Edward a la entrada. Pestañeando contra la luz del sol, captó el gesto de Garrett y frunció el ceño ante la familiaridad del príncipe con ella. Inexplicablemente, le dio rabia.
Si Garrett notó el enfado de Edward, no dio ninguna señal.
-Masen- sonrió -te traje a tu hermana. Estaba tan ansiosa por verte que invadió la habitación del duque de Normandía.
-Pensé hallarte en el cuarto de nuestro padre,- le habló a Edward. Garrett renunció a cualquier explicación adicional y giró para irse.
-Te dejo en buenas manos, mi Lady. Pero no olvides que esta noche compartirás nuestra cena.
-¿Qué fue eso, Bella? - Edward frunció el ceño después que el príncipe se retiró.
-No sé. Me ordenaron cenar con el duque esta noche- Impulsivamente tomó la mano de Edward. -¡Imagínate, me encontré y conversé con un rey y ahora cenaré con él!
-Me puedo imaginar muchas cosas, Bella, y no todas me gustan.- se estremeció mientras se inclinaba para acariciar a uno de los perros de caza de Charlie. -Camina conmigo, estoy rígido con los golpes que me dieron hoy.
Caminaron a lo largo de la muralla, vagando sin objetivo fijo, él arrastrando su cuerpo dolorido y ella perdida en sus pensamientos. Ninguno pareció notar que pasaron por el escrutinio indulgente de los centinelas y se adentraban en el campo. Siguieron el camino hacia el pueblo hasta que se bifurcaba entre la aldea y el bosque. Estaba tibio para esa estación del año. Ahí, debajo de la sombra de una enorme fortaleza de piedra, y encima del bullicio de una ciudad llena de juerguistas, el mundo parecía extrañamente tranquilo y hermoso.
Edward se detuvo a la sombra de su árbol favorito y se quitó la camisa sudada, la puso en el suelo para que Isabella se sentara. Ella alisó su falda y se sentó en el suelo. Con un gemido, Edward se derrumbó a su lado y rodó para yacer estirado sobre el pasto fresco. Se acostó usando su brazo como almohada y cerró los ojos.
Bella era consciente que muy pronto se iría, tal vez para nunca volver a Swan, y buscó grabar su imagen en su memoria. En sus casi trece años, había sido todo para ella; hermano, compañero, profesor, amigo. De él había aprendido a montar, a cuidar halcones, a cantar y tocar el laúd, hasta a leer y sumar. Él se reía con ella y luchaba contra cualquier que hiriese sus sentimientos. Pero la vida de él había sido dura aquí y debería estar contenta porque tenía una oportunidad de mejorarla.
No se dio cuenta que estaba tan pegada a él que no había notado que Edward casi era un hombre. Estirado era mucho más alto de lo que había pensado. En Navidad, le llegaba al hombro y ahora le llegaba al pecho. Estudió las ondas de su cabello cobrizo que acentuaban sus facciones perfectamente cinceladas y que ya mostraban su belleza masculina, tanto era así que el párroco lo había escogido para hacer el papel de arcángel San Miguel en el pesebre vivo de Navidad. Tenía un mentón bien definido, dientes parejos, nariz recta, y la sombra de vello, que él tanto odiaba, sobre sus labios. Pero sobre todo, tenía unos hermosos ojos verdes.
Como si le leyera la mente, abrió esos ojos, rodó sobre un costado y se apoyó en uno de sus codos. Un montón de moretones cubrían su piel desde las costillas hasta sus brazos. Una sonrisa se formó en su boca.
-Bella, no has estado tan callada desde que naciste.
-Estaba pensando que si te hubieses caído de la muralla no tendrías tantos moretones -, le provocó.
-Si. Hall maneja su espada con un poder que no creerías. Yo tenía uno de los protectores de cuero de Emmett. ¡Jesús! - pareció examinar un área particularmente golpeada. -Pensé que pretendía matarme bajo las narices del duque de Normandía.
-Probablemente era así. El príncipe Garrett dice que es muy cruel.
-El príncipe Garrett dice...-, la imitó. -Por Dios, Bella, sólo has conocido a un miembro de una casa real y no puedes hacer otra que hablar de él.
Irritada, replicó, -No es así, no lo he mencionado antes. Edward, ¿qué te aflige?
-Cenarás con él esta noche. Ten cuidado, Bella.
-¿Cuidado de qué?
Sus ojos verdes estaban serios.
-Dulce hermana, eres muy bonita y ya muestras señales de estar convirtiéndote en una mujer. Garrett puede tener sólo diecisiete años, pero ya tiene un hijo bastardo. Y cuando te mira, lo hace con deseo, deberías preguntarte por qué lo hace. ¿Es porque eres dulce y buena? ¿O porque quiere poseerte?
-¡Edward!
-Escucha, Bella. Yo tengo casi dieciséis años y siento ese tipo de deseo en mi sangre. Puede ser un príncipe, pero es igual a mí.
Ella estaba espantada.
-Haces parecer esto tan básico, Edward- sus ojos estaban muy abiertos y buscaban los de él.-¿No piensas que me gusta eso, o si?
Él pareció considerar sus palabras cuidadosamente.
-Yo te amo, Bella. Y siempre lo haré. Te protegería a cualquier costo y nunca te perjudicaría.
-Y tu esposa me odiará.
El humor de él cambió abruptamente. Rodó sentándose, le tomó la mano y habló suavemente.
-Dudo que tenga una esposa, Bella, a menos que ella sea muy parecida a vos.
Ella se inclinó para recoger la camisa sucia tirada sobre el pasto. El contacto con la tela le recordó que pronto él y todas sus pertenencias se irían de Swan. La resolución de mostrarse valiente flaqueó.
-¡Oh, Edward! No puedo soportar verte partir-, se lamentó mientras se lanzaba contra él.- ¡Te juro que no puedo tolerarlo!
-¿Querrías que me quedará? - preguntó suavemente mientras la envolvía en sus brazos.
-N-no-, vino la respuesta antes que comenzase a llorar.
-Shhh… shhh-, murmuró acariciando su cabello oscuro y grueso. -Bella, nunca te voy a dejar, siempre seremos sólo tu y yo, pero no puedo evitarlo. Aquí yo no soy nada más que el hijo bastardo de un caballero, allí tendré una oportunidad. El Duque Anthony está luchando una guerra, Bella, piensa eso. Hasta un bastardo sin herencia pueden ser designado caballero y puede ganar recompensas en el campo de batalla. Con toda Inglaterra, Normandía y Maine para escoger, seguramente ganaré algo de tierras.
-El Duque envejece-, susurró contra su pecho.
-Si, y deja tres hijos para luchar por todo lo que él ganó. Si Anthony vive o no, mucho tiempo no me importa, uno de sus hijos me recompensará-. Buscó su rostro lloroso para hablarle. -¡Bella, mírame! Ves un bastardo que difícilmente pueda ser un caballero y demasiado bueno para sólo ser un muchacho del establo. ¿Es así como quieres verme?
Con un suspiro pesado, desvió la mirada.
-No. Está mal que yo te rompa el corazón por algo que tienes que hacer.-
Sus manos se deslizaron hacia sus brazos para tomarle las manos a Bella, atrayéndola hacia él nuevamente.
-Aunque esté lejos de vos, todavía sigo siendo tu campeón y tu defensor. Una vez que me nombren caballero, no vacilaré en blandir mi espada por vos y defender lo que es tuyo. Cuando Charlie muera, puedes tener necesidad de alguien para defenderte de aquellos que buscarán despojarte de tu herencia.
-Eso parece tan lejos en el tiempo.
-Si. Y un día puedes no necesitar de mí. Será cuando te cases con un caballero, que será lo bastante fuerte como para defender Swan.
-¡Yo no quiero casarme! - lloró con una fuerza desacostumbrada.
-Bella, no tendrás elección. Dios sabe, que no quiero que te entreguen a cualquier caballero.
-¡Si me caso, seré tan infeliz como mi madre!
Edward la sujetó mas cerca.
-No, Bella, cualquier hombre te amaría-. Abruptamente la soltó. - Mejor deberíamos volver. A esta hora, debería considerarme afortunado si soy el décimo en usar la misma agua para bañarme.
-Uh.
-No soy tan noble como vos, Isabella de Swan. Mientras los criados arrastran agua caliente para que vos te bañes, yo hago fila para bañarme en la misma agua con la que se han bañado hombres mugrientos.
-Bien, cuando seas un gran caballero, me ocuparé de que tengas agua caliente y toallas limpias, y yo misma te ayudaré en el baño -, prometió.
Bueno… Pues parece que Edward no es hermano de Bella, que Garrett esta decidido a casarse con la hermosa muchacha y que su supuesto "hermanito" esta más celoso que un perro verde… jejejeje. Bueno chicas espero que les este gustando… muchas gracias por todos sus RW y fav. son geniales. un besote nos leemos mañana.
