Hola de nuevo...

Primero quiero agradecer de todo corazón a las personas que me dejaron reviews en el chap anterior. De verdad no esperaba tantas buenas noticias en tan poco tiempo. Me alegra mucho que les haya gustado el primer capitulo y espero que este les guste aún más.

Como premio a la cantidad de reviews recibidos, he decidido subir el capitulo un día antes.

Muchas, muchas Gracias a:

AllySan, XtinaOdss, christythebest, Orion no Saga, Saya-Otonashi1 y mideu.

Espero que lo disfruten.

2. DOLOR

Sesshomaru abrió los ojos lentamente, sabía que había estado inconsciente pero no recordaba porqué. Estaba tirado sobre algún prado y tenía algo fuertemente apretado en su mano, intentó incorporarse pero en el instante en que decidió poner su cuerpo en funcionamiento, un terrible dolor le sacudió desde la espina hasta el último cabello. Decidió quedarse quieto mientras la situación se aclaraba en su cabeza, pero descubrió con algo de desespero que se sentía demasiado cansado como para pensar. Eso ya era mucho. No se había sentido tan débil desde… nunca, sin embargo no era un estúpido por lo que decidió dejar que su cuerpo trabajase solo en su recuperación de…. de lo que sea que le hubiese ocurrido. Lentamente volvió a cerrar los ojos.

Minutos después quien recobró el conocimiento fue Ahome, con la leve diferencia de que se despertó aterrorizada y con las imágenes de lo vivido reproduciéndose una y otra vez tras sus retinas. Inuyasha, ¿DONDE ESTABA INUYASHA? Se incorporó rápidamente al sentir la presencia de alguien más junto a ella. Casi escuchó algo rompiéndose dentro de sí cuando con decepción, terrible decepción comprobó que se trataba de Sesshomaru y no de Inuyasha. No entendía nada, pero ya habría tiempo después. Ahora solo le importaba encontrar a Inuyasha. Se levantó con tanto ímpetu que se llevó una gran sorpresa cuando la mano de Sesshomaru que la atenazaba con fuerza la devolvió al suelo, Ahome le miró iracunda pero se asombró al comprobar que él seguía inconsciente. Incapaz de pensar con claridad, empezó a girar la cabeza para todos lados tratando de identificar el lugar en el que se encontraba.

Parecía un bosquecillo como todos los de aquella época, verde, bonito y aburrido. Pero Ahome recordaba haber estado en uno chamuscado con un Inuyasha muriendo y con un Naraku divertido. ¿Qué había sucedido? Recordaba haber sentido una presencia extraña justo en el lugar por donde Naraku se había largado… Sus ojos se empañaron de lagrimas al comprobar que por su distracción había olvidado completamente a Inuyasha en aquel momento y por eso había caído en una especie de trance extraño, en ese instante había sentido como esa presencia la llamaba y luego, luego… había aparecido ahí, con Sesshomaru agarrado de su brazo, ¿tocan..dola? se limpió el rastro de lagrimas con su mano libre y le pareció el colmo que en aquella situación su impertinente rostro tuviera las energías para sonrojarse. Él nunca la había tocado, de hecho Ahome podría jurar que ella era completamente inexistente para él ¿Cómo habrían llegado los dos a ese lugar? No, se estaba desviando del tema.

-Inuyashaaaaaaaa-Llamó vacilante, dirigiendo su voz al aire y a la nada- Inuyashaaaaa- No se preocupó por levantarse, prefirió seguir sentada en el suelo. Ya sabía que no recibiría ninguna respuesta. Estaba en otro lugar. Había dejado a Inuyasha abandonado y moribundo, Sango, el Monje Miroku, Shippo y Kirara se encontraban cerca de él pero desconocía sus estados. ¿Y si.. y si les había afectado gravemente aquella explosión? ¿Qué tal que no estuvieran simplemente magullados como ella?-INUYASHAAAAAAAAAAAA, INUYASHAAAAA, SANGOOOO, SHIPpoo mon… mon.. monje Mi.. mi..ro..-se interrumpió derrotada, su voz se había convertido en un susurro quebrado. No podía soportarlo, no sabía cómo soportarlo. Estaba sola, sin saber la suerte de sus amigos y entendía de alguna forma que no se encontraba cerca del lugar donde los vio por última vez. ¿Qué haría? Tenía unas ganas irrefrenables de echarse a llorar y maldecir su mala suerte, pero sabía que debía ser valiente, que debía luchar; No era la primera vez que se encontraba en una situación similar ¿verdad? En muchas ocasiones se había separado de sus compañeros a sabiendas de que sus vidas y la de ella misma peligraban, pero había salido airosa. Inuyasha estaría bien, aunque recordar aquella nauseabunda herida no le ayudó mucho en su breve lapsus de esperanza.

Tendría que mantener la calma.

Observó por primera vez reparando completamente en él, el rostro de Sesshomaru, parecía tranquilamente dormido, como si no la estuviera enloqueciendo a ella de desesperación al no saber que demonios hacía ahí tomándola tan firmemente del brazo. Suspiró rendida, su única esperanza por el momento consistía en despertar al hermano de Inuyasha para que cómo mínimo la soltara y le permitiera salir a buscar… ¿un camino de regreso? Negó con la cabeza desesperanzada, de cualquier modo, no se podía quedar quieta y callada solo porque "sentía" que estaba verdaderamente lejos de su grupo.

Bien, tendría que despertarle, pero ¿y si él no cooperaba? Probablemente (seguramente) se sentiría molesto por su atrevimiento. En lo que llevaba de conocerlo, sabía que despreciaba profundamente a los seres humanos; aunque cargara con la pequeña Lin. Ahome se encontraba de vez en cuando disparatando sobre sus razones para ello, a veces llegaba a conclusiones tan sencillas y probablemente reales como la de que la llevaba simplemente como compañía, otras se salía de sus casillas (generalmente en momentos de duermevela) y llegaba a calibrar que la estaba engordando y criando para matarla y cenársela.

De todas formas, el que Lin aparentemente le agradara a Sesshomaru no era garantía de que este, de repente hubiera dejado de ser una amenaza para los otros humanos.

Lo observó indecisa unos instantes, luego miró la mano que rodeaba su brazo. Era extraño, su agarre era firme pero a la vez delicado, casi invisible; de no ser porque se había caído después de un fallido intento por levantarse de un brinco gracias a esa mano, no se habría enterado de que la traía enroscada alrededor. Sesshomaru no la apretaba con fuerza, sin embargo estaba segura de que si intentaba soltarse de nuevo, le resultaría imposible. Se sintió incomoda y avergonzada, podía sentir el calor que su mano despedía atravesando la tela de su manga y acariciándole la piel de forma suave, nunca antes lo había tocado, ni él a ella, por lo que le daba pena tenerle tan cerca.

La angustia le oprimía el pecho, creyó saber en el fondo que no se libraría de ella hasta que viera a Inuyasha y a los demás sanos y salvos. Deseó gritar de impaciencia, pero sabía que debía controlarse si quería salir de ahí, por ahora, su prioridad era hablar con Sesshomaru, la angustia debía pasar a un segundo plano si en realidad quería salvarlos. Mientras pensaba cayó en cuenta de que llevaba un rato mirando abstraídamente la mano de Sesshomaru rodeando su brazo, decidió subir la mirada hasta su rostro. Supo que nunca antes lo había detallado del todo, y una vocecita interna, oculta y casi completamente opacada por la preocupación le dijo que de haber estado en otras circunstancias, se habría permitido un tiempo para analizar ese peculiar perfil; Era, siendo sinceros, atractivo de una forma sobrenatural y observarlo detalladamente por un minuto o dos no le haría daño a nadie. De repente la imagen de Inuyasha agonizante cruzó tras sus retinas y consiguió estremecerla. ¿Pero que se creía que estaba haciendo? Inuyasha podía estar muriendo en ese preciso instante y ella se tardaba eternidades en decidir si despertar o no a su hermano para que le soltara, además de que…-No pudo continuar el hilo de sus pensamientos porque los labios del aún dormido Sesshomaru la dejaron completamente helada: estaban curvándose lentamente hacia arriba, sonreía.- Ahome se sintió absolutamente extrañada ante ese gesto, si su corazón no se encontrara en otra parte, de seguro habría sonreído con sarcasmo ya que casi había creído que los músculos de la cara de él no estaban diseñados correctamente como para permitirle aquel gesto.

Sesshomaru iluminó el resto de su rostro con una suave sonrisa que luego vaciló y murió dejando la fina línea de sus labios tan recta como había estado segundos atrás. Ahome casi se quejó sonoramente, pero al reparar en el curso que estaban siguiendo sus pensamientos prefirió desviar el tema. Ahora, ¿Cómo lo despertaría? Zarandearlo bruscamente hasta que abriera los ojos no parecía buena idea, ya que si deseaba regresar con su grupo (la angustia reapareció con algo más de potencia al recordarlos) debía optar por hacerlo en una pieza. Inconscientemente tomo aire dispuesta a suspirar, pero se detuvo en seco al percibir con toda su potencia un delicioso aroma que tal vez no había notado pero que estaba presente en el ambiente desde hace rato. Algo interesada, miró para ambos lados abriendo las aletas de su nariz para olfatear ¿sería acaso…? De forma automática ubicó su rostro a unos palmos de distancia de la tranquila tez de Sesshomaru y aspiró. Nunca antes había olido algo así, era tan exquisito que sus otros sentidos se adormilaron y parecieron coexistir en función del olfato, no pudo evitar cerrar los ojos ante tal deleite, aquello era como un premio a sus fosas nasales, olía tan bien que casi le daban ganas de… probarlo. Una alarma se encendió en alguna parte de su consciencia adormilada y la reprendió fuertemente por aquel último pensamiento, abrió los ojos de golpe sonrojada por su ocurrencia y lo que se encontró frente a ellos casi la hizo escuchar un fuerte "pfffffff" de humo emergiendo de sus orejas. Los ojos ambarinos de Sesshomaru estaban fijos en los suyos, su rostro permanecía tan impasible como siempre, pero sus ojos, Dios ¡LA ESTABA MIRANDO! Sin proponérselo Ahome se alejó de un brinco tan rápido que pareció desvanecerse y aparecer de nuevo a dos metros de distancia. Estaba tan concentrada en hacer fluir su sangre correctamente y no solo hacía su cabeza que no notó que Sesshomaru ya había liberado su brazo.

-¿Qué estabas haciendo?- Le preguntó él con indiferencia. Aún permanecía acostado y según Ahome pudo notar, no tenía intenciones de mover más que su boca.

-Yo..yo… trataba de…- "Olerte" pensó frustrada- despertarte.-Dijo recuperando un poco la firmeza en la voz- Es que me tenías agarrada con tu mano y no podía levantarme para buscar a Inuyasha.- La mención con su propia voz del nombre de Inuyasha la hizo aterrizar tan abruptamente que casi se tambaleó, perdió rápidamente el color que había ganado y se puso tremendamente pálida.- ¿Sabes dónde estamos?

Sesshomaru la observó extrañado por su actitud y su recién descubierta habilidad para cambiar de color. Ahora lo recordaba todo, le había salvado la vida a esa mujer, o al menos esa había sido su intención, porque en realidad era consciente de que lo único que había logrado era enviarlos a ambos a ese extraño lugar. Que estúpido había sido, se dejó llevar por el momento, débil, como un insignificante humano. Él no solía cometer errores, pero el haberse compadecido de Inuyasha le había hecho flaquear hasta el punto de querer salvarle a él y a su mujercita. Ahora se encontraba terriblemente adolorido, seguro como consecuencia del paso por el portal, sabía que no podría moverse en al menos un par de días y no estaba completamente seguro del lugar en el que se encontraba.

Observó a la humana de Inuyasha que lo miraba fijamente como esperando algo por su parte.

-No lo sé- Contestó cortante.

-¿Pero tú fuiste quien me trajo a este lugar.. n.. no?- Ahome se sentía realmente estúpida frente a la imperturbable mirada de Sesshomaru, era como si temiera decirle algo que le incomodara o molestara. Aunque si lo pensaba bien, no era raro que se sintiera intimidada, en ese pequeño momento habían intercambiado más palabras que en todo el tiempo que llevaban de conocerse.

-No- Dijo Sesshomaru con tono helado ¿para que se molestaba en responderle?, ya era suficiente el estar atrapado en aquel lugar, más débil que nunca y con un dolor bastante molesto por culpa de esa sacerdotisa. Decidió ignorarla y sumirse en sus pensamientos, al menos aquello le resultaba menos doloroso que hablarle.

Ahome se percató del desvío de la mirada de Sesshomaru y se sintió terriblemente ofendida ¿Acaso pensaba dejarla así? Inuyasha estaba en medio de sabría Kamisama donde seguramente luchando por su vida y ella se encontraba sola en un lugar desconocido con el grosero de su hermano. ¿Es que no podía entender su desesperación? No, seguramente no podría -pensó con tristeza- él era un demonio, solo se preocupaba por su propio bienestar y extrañamente por el de su pequeño equipo. Ella y sus temores no entraban en la lista del gran Sesshomaru. Sabía que él no colaboraría en su recopilación de datos, así que decidió lanzarse en la búsqueda por su propia cuenta.

Se irguió en toda su estatura y se retiró tratando de parecer digna dándole la espalda a Sesshomaru y sin siquiera dirigirle una mirada de despedida. Él no se percató de su marcha.

Tras recorrer el bosquecillo por más de dos horas, tirarse de los pelos la mitad del tiempo y lanzar juramentos la otra mitad, Ahome decidió sentarse entre las rocas cercanas a un pequeño arroyo. Observó como el agua fluía libre y natural produciendo un apaciguador sonido, sin embargo el panorama no era nada acorde con la batalla que se libraba en su interior: Estaba desesperada, había recorrido el bosque incansablemente buscando una señal, algo que le indicara que no se encontraba atrapada en medio de un bosque de kilómetros y kilómetros sin siquiera un pequeño rastro de civilización. Pero había descubierto después de la primera hora, que parecía dar vueltas en redondo pasando una y otra vez por los mismos lugares, luego lo había comprobado después de hacer pequeñas marcas en la tierra con sus zapatos y encontrárselas una y otra vez tras girar algunos recodos de hierbas y matorrales. Había gritado de desesperación y nombrado a cada uno de sus amigos, había corrido desesperada, se había caído y levantado casi media docena de veces y al final se había rendido a llorar durante minutos. Su situación era pésima, no tenía ni siquiera un arco para defenderse y hasta el momento no había aprendido a utilizar bien sus poderes de sacerdotisa; al menos estaba segura de que aquel era un sitio con poderes sobrenaturales, o tal vez una pequeña porción de bosque encerrada en un campo de energía, ya que no creía que caminar en círculos se debiera a su pobre sentido de orientación, sino a algún tipo de energía superior que la desviaba así caminara en línea recta sin girar ni un milímetro. Por otra parte, no quería pensar, no quería traer a su mente la imagen de Inuyasha, no quería mencionar la palabra que probablemente definiría su estado actual. Le había visto agonizar, había presenciado la velocidad con la que se expandía esa terrible herida y temía que él ahora pudiera estar… pudiera estar…

Ahogó un nuevo grito de desesperación ante la idea (no mencionada) y terminó por resbalarse lentamente de su posición hasta terminar acostada incómodamente entre las rocas hecha un ovillo de dolor e impotencia.

Sólo lloraba. No podía hacer nada mas aparte de sollozar, tomar aire y volver a soltarlo intercalándolo con breves gemidos. Después de un tiempo lo hacía como una autómata, sin la necesidad de pensar en aquello que le causaba dolor; era más fácil solo retorcerse y sufrir que pensar en la causa de todo, dolía menos.

Se había rendido finalmente, había demostrado su humana vulnerabilidad y había escuchado la necesidad de su cuerpo de desahogarse por un rato. Nunca se desesperaba tanto, mantenía el temple y se mostraba fuerte (lo era) hasta que encontraba una solución. Pero esto… era distinto. Realmente nunca antes había pensado que su cuerpo pudiera albergar tantos sentimientos terribles al mismo tiempo: Dolor, impotencia, ira, dolor, frustración, dolor.

Se había culpado tantas veces por su estado actual que ya se le habían acabado los argumentos para auto torturarse, por lo que recurría a los mismos una y otra vez: Estaría con...con… él (solo su nombre le producía dolorosas nauseas) en aquel momento si no hubiera perdido la calma de aquella forma al verle tan grave. Se había limitado estúpidamente a gritar su nombre desesperada sin buscar una solución real y había terminado perdiendo el control de la situación. Pensó con amargura en todo lo que pudo hacer para evitar su circunstancia actual, en como debió intentar purificar la herida de… de él o correr a despertar al monje Miroku en busca de ayuda, en como lanzarle una flecha al maldito de Naraku. Deseó incluso que Kikyo hubiera aparecido en aquel momento con una respuesta, no le hubiera importado si la miraba con inferioridad y desprecio por su poca sabiduría y control. Pensó también que en algún momento pudo suplicarle a Sesshomaru que hiciera algo… lo que fuera para sanarlo –de pronto su mente tuvo un breve colapso-

-Se… Sesshomaru- Musitó hipando en medio de la oscuridad, su voz sonó pastosa y raspada. No había pensado en él, casi había olvidado que se encontraba extrañamente atrapado con ella en ese sitio ¿Por qué? ¿Cómo habían llegado ahí juntos? No recordaba, y la situación era de sobra alarmante. Se había sumido tanto en la desesperación por salir del lugar que había olvidado indagar por el método de llegada. Aunque pensándolo bien, sí lo había hecho, sólo que no había recibido más que monosílabos a modo de respuesta, por lo que luego se había sumido en la desesperación dolorosa de sentirse atrapada y otra vez había olvidado a ese que podría ser la clave de su llegada y la llave para salir.

Abrió los ojos con furia, - no supo exactamente cuando los había cerrado- por la desesperación había tardado en hacer lo correcto en el momento correcto- eludió disimuladamente la situación de Inuyasha mal herido y sintió una leve y culpable serenidad- y por la desesperación, de nuevo, había olvidado hacer las preguntas correctas a la persona indicada. Se había intimidado y enojado como una niña pequeña y luego se había rendido a llorar como si el mundo estuviera a punto de colapsar (Pensó sin palabras que si Inuyasha moría efectivamente el mundo, SU mundo colapsaría irremediablemente). Era hora de dejar la desesperación de lado y actuar con inteligencia, ya se había permitido llorar un buen rato, aunque lamentablemente el peso en su corazón seguía latente estrujándolo a cada minuto, por lo que en su supuesta desahogada no había perdido más que valioso tiempo.

Decidida, se incorporó lenta y dolorosamente: las piedras habían hecho lo suyo con su piel en aquel rato y ahora se encontraba con marcas de talladuras en las piernas y en los brazos. Sentada, observó el panorama como por primera vez; No se había percatado del paso del tiempo y comprendió con sorpresa que ya era de noche, la luna llena se alzaba imponente sobre ella bañándola con su luz plateada. Olvidando los cálculos que acababa de iniciar acerca del tiempo que se pasó lastimeramente tirada llorando, cayó en cuenta de que para esa época del mes no había luna llena, sintió una nueva oleada de temor ¿Qué tan lejos estaría de sus amigos? No sabía mucho de astrología, pero a menos que se encontrara en otro país, la luna debería ser la misma de la noche anterior. La perspectiva de estar fuera de su país no ayudó tampoco, por lo que sacudió la cabeza desechando la idea gráficamente.

Al incorporarse del todo, verdaderamente se enteró de que su cuerpo estaba seriamente magullado. Casi había olvidado la explosión que la había dejado inconsciente hace tantas horas -sonrió tristemente al pensar que parecía muy lejano ese momento- y que no había tenido tiempo de examinar su cuerpo desde ese instante hasta ahora. Bueno, tal vez si no se hubiera pasado medio día tirada gastando las sales minerales que seguramente necesitaría después, habría hecho ese trabajo antes. Las piernas le dolían muchísimo, tenía una fea quemadura a un costado del muslo derecho que antes había palidecido ante su dolor interior, pero que ahora le pasaba factura dolorosamente, también sus rodillas estaban llenas de moretones y restos de piedritas incrustados en su carne que no se había molestado en sacar al momento de levantarse tras las diversas caídas que sufrió por su exploración en el bosque horas atrás. No traía un zapato y no estuvo segura de si lo había perdido en la explosión o en aquel lugar mientras daba vueltas en círculo buscando una salida. El pie en concreto, le dolía más que el que traía su protección de cuero- Hizo nota mental de prepararse para futuras ampollas- y la media estaba casi en sus tobillos, llevaba arrastrando la mitad por fuera de su píe. En cuanto a sus brazos, le dolían, pero solo por haber estado bajo su cabeza en la misma posición durante las horas que se pasó llorando. Pensó extrañada que la cabeza debía estar a punto de estallarle gracias a la explosión, el hambre, la tristeza y la desesperación, pero se encontró con una sensación tan natural y definitivamente falta de dolor que casi se reprendió por no sufrir un poco más; porque en realidad quería ese dolor como una marca que le recordara constantemente porqué no podía derrumbarse de nuevo, porque debía ir en busca de una solución por aquellos seres queridos que debían estar peor que ella. A pesar de la falta de dolor se palpó la cabeza en busca de alguna herida sangrante o huevo, hasta que finalmente encontró el resultado de su desmayo luego de la explosión en forma de un chichón que sí le dolió al ser tocado.

Se sentía terriblemente sucia, su piel estaba ennegrecida como consecuencia de la batalla de Inuyasha y Naraku y no quería imaginarse el aspecto de su cabello y su rostro lleno de lágrimas secas. La ropa era un desastre, estaba llena de todo tipo de plantas y rasguños y clamaba por un lavado inmediato, o en su defecto, una incinerada rápida.

Ahome observó con anhelo el riachuelo que se movía indiferente a sus problemas frente a ella. Ahí podría darse un baño breve y lavar su ropa, y tal vez mitigar un poco el hambre llenándose de agua a reventar, además de calmar un poco el escozor de sus heridas con el helado líquido. Pero desechó la idea deteniendo sus magullados píes que se habían dirigido solos y sin permiso hacia el arroyo en busca de descanso; ella no tenía tiempo para recuperarse, tendría que buscar a Sesshomaru y salir de ese sitio, luego con sus amigos a salvo, con su mochila y ropa nueva tendría tiempo de descansar y asearse por horas y horas. Sin embargo, se permitió el acercarse y tomar unos buenos tragos de agua, se sintió renovada mientras la purificadora bebida pasaba por su garganta llenándola de frescura y barriendo con su paso toda la resequedad y el dolor. Luego, un poco más decidida metió la cabeza entera mojando todo su cabello y su rostro y reconfortándose cada vez más, con las manos bajo el agua, restregó su piel tratando de librarla de impurezas y lavó su cara. Después se pasó un poco de agua por las heridas de la pierna y las rodillas, para enjuagar el mugre previendo una infección por falta de tratamiento, sacó con una mueca de dolor las pequeñas rocas que se habían incrustado en la piel de sus rotulas y terminó escurriendo su cabello hasta sacarle la última gota para no mojar su uniforme y morir congelada. Finalmente acomodó su calcetín correctamente deseando con toda su alma poder lavarlo en aquel instante con delicioso jabón de olor. Decidida, se giró cara al oscuro –y ahora tenebroso- bosque, con la resolución un poco débil de encontrar a Sesshomaru para atosigarlo a preguntas y, en el peor de los casos torturarlo pasándole un calcetín por la nariz hasta que hablara todo lo que sabía. La resolución empequeñecía a medida que caminaba directo a la oscuridad y se enteraba de que no tenía ni la más mínima idea de donde había dejado a Sesshomaru la última vez que lo había visto.



Después de adentrarse en la oscuridad del bosque, permitió que sus ojos se adaptaran a la falta de luz durante casi un minuto antes de seguir su camino, principalmente para que sus pupilas se dilataran y pudieran dar forma a lo que hace segundos parecían monstruos en la negrura, pero que bien vistos en realidad eran arbustos y ramas de árboles. Tras caminar un par de metros y darse cuenta de que EN REALIDAD no sabía dónde se encontraba su objetivo, decidió sentarse y probar un poco con sus poderes de sacerdotisa; Había sentido la presencia demoniaca de Sesshomaru en ocasiones anteriores, no le costaría mucho trabajo concentrarse y tratar de sentir su aura para guiarse.

Cerró los ojos y acomodó un poco su trasero a la forma del pasto –Deseaba más que nunca una silla decente en aquel momento- para tratar de centrarse únicamente en la presencia Youkai de Sesshomaru. Esperó durante cerca de dos minutos y empezó a desesperarse, no sentía nada ¿Y si él se había marchado sin importarle que ella siguiera atrapada en ese irritante sitio? Por supuesto, nada tendría de raro. Él no solía salvar personas, de hecho, Ahome creyó que él no solía salvar nada salvo a sí mismo. Luego recordó a Lin. Pero ese no era el asunto, Sesshomaru era muy, muy poderoso y seguramente no tendría mayores problemas para salir de ese sitio o romper el campo de energía que, según Ahome, los rodeaba; Todo sería bastante feo si él se había marchado sin darle explicaciones o una mínima ayuda, aunque tampoco estaba segura de qué sería precisamente agradable tratar de dialogar con él. Tal vez si lo fastidiaba mucho terminara por cortarla en trozos con sus garras que, para más inri, despedían veneno. Justo cuando se estaba imaginando a sí misma cortada en tajos sintió una leve presencia a su izquierda, la sentía cerca pero sabía que no lo estaba.

-Este es- Susurró para nadie en especial mientras se incorporaba.

--

o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o

Aquí estoy de nuevo fastidiando un poco. Espero principalmente que el capitulo no se les haga demasiado soso, principalmente porque me hago un lío con las descripciones y tengo que poner todo como lo imagino para estar satisfecha. Creo que es necesario mostrar el proceso que vive Ahome, ya que no la puedo lanzar a los brazos del Youkai sin más que un Inuyasha lejos y olvidado, sería irreal. De cualquier forma espero sus opiniones, buenas o malas... agradezco lo que sea.

GRACIAS POR DARLE UNA OPORTUNIDAD A "AMBAR"

Besos

Eufemismo.