JapiFic: Me alegra que te haya gustado. Espero que también te guste este programa.
Capítulo 2, Willis empieza a romper el Código
Tras terminar de escribir el diario Digital, Izzy se las apañó para soltar a sus amigos.
– ¡¿Estás bien?!
– Claro – ironizó Davis –. ¿A quién no le gusta que le tengan atado tantas horas?
– A los masoquistas – respondió Willis.
– ¿Crees que lograrás romper el código? – preguntó T.K.
Izzy sonrió. Se dio la vuelta y apagó el ordenador.
– No tengo la intención de romper ningún código. He pedido ayuda, así que voy a esperar a que nos saquen de aquí. Por suerte, me fijé en la forma en que Diaboromon se esparcía por la red, así que, aunque nosotros no podamos salir a Internet, el mensaje sí. No tardarán mucho.
– ¿Y qué pasará si nadie hace caso? – dijo Willis –. No podemos arriesgarnos, tenemos que…
– Si estás insinuando que debemos dejar el mundo Digital en manos del maniático que nos tiene aquí encerrados, ahórratelo. ¡Me niego!
Mientras los dos discutían, T.K. y Davis hablaron entre ellos sobre sus opciones. Finalmente, T.K. dijo:
– Chicos, hemos pensado… ¿y si empezáis a romper código hasta que nos rescaten? Sólo por si acaso…
Izzy se le quedó mirando un momento. Miró a Willis, que parecía satisfecho con la idea. Volvió a mirar a T.K. y le dijo:
– Tú sigue peleándote con Davis, mejor, y déjanos a nosotros que pensemos.
A nadie le gustó la respuesta de Izzy. Willis decidió ignorarle, y se acercó al ordenador. Comenzó a teclear en el ordenador, tratando de romper el código.
Izzy decidió no intervenir. Si era cierto que Willis no lo había logrado hacer aún, era muy improbable que lo lograse ahora. Decidió no preocuparse, y pensar en quién lograría encontrar el mensaje.
A última hora de la tarde, Tai y Sora estaban preocupados. No habían tenido noticia de Izzy en todo el día, y le habían intentado contactar varias veces por teléfono. Tai miraba cada dos por tres su móvil, esperando a que llamara, mientras Sora desviaba los ojos a la ventana.
Finalmente, vio una figura lejana correr hacia allí. Pensó que era Izzy, pero cuando la distinguió, se dio cuenta de que eran Mimi y Kari. Llegaron sin aliento a la barra. Mimi sacó su teléfono del bolsillo, y se lo enseñó a Tai.
Sora se acercó también Era un mensaje enviado por la red de Izzy.
– ¿Qué es esto? – preguntó Tai.
– Lo ha enviado Izzy esta mañana – dijo Mimi –. Por suerte, una de las copias del mensaje me llegó al correo.
Los chicos se quedaron en silencio.
Mientras, encerrador, Willis, T.K. Davis e Izzy seguían sin poder salir. Les habían pasado la cena por una ventana en la puerta. Willis seguía intentando romper el código, pero este continuaba inmune a los intentos de ataque de Wllis.
– Por cierto, Izzy… ¿qué pasará si el loco que nos ha encerrado logra encontrar el mensaje que enviaste? – preguntó T.K.
– Era un riesgo que había que correr. No podía hacerse de otea manera – respondió él sin perder la calma.
– Ah, te da igual que aparezca para matarnos – respondió Davis.
– No es que me de igual, es simplemente que nos necesita con vida. Por lo menos a Willis y a mi. Y si os intenta hacer algo, podemos simplemente negarnos.
Nadie lo había pensado de esa manera, sin embargo, necesitaban encontrar la forma de salir de ahí, aunque Izzy confiara en su mensaje.
En el bar, Tai, Sora, Mimi y Kari debatían lo que podían hacer para rescatarle.
– Podríamos informar a la policía… – sugirió Kari.
– Y les convertirían en coladores en cuanto tuvieran el edificio rodeado – respondió Tai.
– ¿Y si intentamos colarnos nosotros en el edificio? – preguntó Sora.
– Eso tiene que ser imposible. No creo que se tomen la seguridad a la ligera – pensó Tai –. Debe ser algo más elaborado. ¿Tú que opinas, Mimi? – ella no respondió –. ¿Mimi…?
La miraron. Mimi seguía leyendo el mensaje enviado por Izzy.
– ¿Pasa algo? – le preguntaron.
– Qué majo Izzy, dice que estoy buena – y se le puso una sonrisa en la cara.
– Bueno, y al margen de las opiniones de Izzy sobre ti… – insistió Tai – ¿qué crees que podríamos hacer para salvarle?
– Pues podríamos empezar por llamar al resto del grupo, ¿no? Ay, qué mono… igual le pido para salir – comentó Mimi sin darle mucha importancia.
– ¡Para eso tendría que sobrevivir! ¡Vamos a llamar a los demás! ¡Para algo que has dicho con sentido…!
Tardaron poco más de media hora en lograr contactar con el resto de Elegidos. Quedaron en el bar al día siguiente al mediodía para decidir qué podrían hacer.
A la mañana siguiente, la situación no parecía haber mejorado en la habitación cerrada. Davis y T.K. habían tomado la decisión de no hablarse hasta que salieran de allí, Izzy parecía estar aburriéndose más que encontrarse preocupado por su incierto futuro, y Willis había caído rendido sobre el teclado tras pasarse la noche tecleando, y ahora dormitaba con la babilla colgando encima del teclado.
A las dos horas, el jefe entró en la sala, para preguntar a los chicos como iba el avance.
– No ha habido avance, porque es imposible – explicó Izzy –. Esos códigos están fuertemente protegidos, y aunque se lograra tirar uno, quedan muchos que hacer de pilares del mismo. Cuando hiciéramos caer otro, el primero seguramente estaría restaurado. Pensé que usted sabía que el Mundo Digital se generó por las redes del mundo real, y por tanto, su estructura…
– ¡Déjate de discursos! – le ordenó el jefe –. ¡Tendréis que hacer caer todos los códigos en cadena, uno tras otro entonces! – Willis se levantó al escuchar las voces –. ¡Y más os vale conseguirlo pronto, porque no tengo paciencia!
Davis se levantó, con la intención de pegarle. El jefe se dio cuenta, ya que le advirtió:
– Izzy también intentó golpearme con la silla, y no le salió bien la jugada. Tuvo una "pequeña lección de vuelo" en esta habitación antes de que recuperaseis el sentido.
– ¡Maldito loco! ¡Eso no quedará así! – dijo Davis.
– No. Quedará mal. Para vosotros, claro, si no lográis hacer lo que os he pedido. Mañana volveré para comprobar vuestros progresos. Adiós.
Y salió de la sala. Un segundo después, escuchaban el ruido de la cerradura.
Izzy se levantó, se puso al teclado. En poco más de diez minutos, dijo:
– He logrado pasar encima de la décima parte de la primera barrera. Cuando llegue mañana, le decimos que es imposible ir más rápido que una décima parte al día, y así tendremos más margen de tiempo para que vengan a rescatarnos. Además, en cualquier momento, podemos deshacerlo.
– Eso me recuerda bastante a "La Odisea" de Homero. Cuando Penélope deshacía el trabajo realizado para no tener que casarse con ningún pretendiente hasta que llegase Ulises – comentó Davis.
– De ahí he sacado la idea – respondió Izzy –. Estuve pensando esta noche, y pensé que sería la mejor opción de ganar tiempo. Sobre todo porque querrá ver progresos.
– Un momento… – empezó Willis – ¿así que tú sabes…?
– Sí. Hace tiempo estudié estos códigos, y no tardé en entender su estructura y cómo podría desmontarlos. Y una vez lo supe, dejé la investigación.
– Pero entonces… ¿por qué le dijiste a Willis que estuviera quieto? – preguntó T.K.
– Porque hacer muchos ataques fallidos seguidos podría hacer saltar las alarmas en el Mundo Digital, y eso es lo que intento evitar. Azulongmon se pondría furioso.
Decidieron, por tanto, continuar con el numerito. Si lo hacía bien, ganarían un margen de tiempo precioso.
Sin embargo, Izzy no estaba para nada tranquilo. Había logrado aparentar una total despreocupación, pero por dentro estaba de los nervios. ¿Y si el mensaje se perdía? ¿Y si se rompía? ¿Y si el jefe decidía acabar con ellos porque no le salía rentable tenerles ahí?
Sabía que el peligro era inminente. En cualquier momento, el jefe podría moverles de sitio… por no hablar de su fuerza. Podría torturarles físicamente. Sólo de pensarlo, Izzy notó un escalofrío.
Poco después, en el bar, los Elegidos habían terminado su plan.
– ¿Todos de acuerdo con el plan? – preguntó Tai.
– Síiiiiiiiiiii – respondieron todos.
– Entonces, nos vemos mañana. Tenedlo todo preparado.
