Bien, ya paso mucho tiempo desde que publique el primer capítulo de esta (absurda) y un poco loca historia que estaba rondando por mi mente hace más de un mes ¬¬u, pero quisiera decirles que esto no terminara así. Tengo pensado poner letras de canciones y desearía que me recomendaran para la ocasión que se requiera, si me dejaran unos lindos reviews o como se llamen (ya que soy nueva y no sé mucho de estas cosas) esta historia de nuestra linda pareja continuara como debe ser.

INUYASHA COMPANY NO ME PERTENECE, SON DE LA GRAN CREADORA RUMIKO TAKAHASHI.

Y sin más preámbulos les dejo el capítulo dos…

¿Qué pasaría, si el mundo se acabara en frente de tus ojos sin importar el gran dolor que sintieras, con todas las personas en tu contra sin razón alguna…?

Eso era lo que sentía en esos momentos, tan inclinado como si tuviera un gran peso en su espalda, llena de pecados y arrepentimientos al igual que su quebrantada alma, sus lágrimas bajaban sin velocidad medida, sus mejillas estaban tan rojas de tanto llorar en ese oscuro lugar en el que se encontraba, después de tanto tiempo, aun no podía superar lo que paso hace varios años atrás.

Se cubrió el rostro con ambas manos, negando frenéticamente con la cabeza, arrodillado en el suelo. Gimoteando con tanta fuerza, que su garganta le dolía de tanto tragar su propia saliva y su culpa, donde tampoco podía deshacer ese gran nudo en su estómago que se agrandaba cada vez más, al recordar ese desastroso día que arruino su vida por completo.

Se restregó los ojos con fuerza, no dejaría ver su lado más débil ante los demás, debía ser fuerte. Se enderezo lo más rápido que pudo, al hacerlo, sintió un repentino mareo que lo obligo a apoyarse en la pared, sosteniéndose fuertemente el lugar donde estaba su débil y tímido corazón, al que entrego por primera vez a esa persona y que fue destruido por el mismo, por sus instintos.

Ya con la respiración regular y con su corazón latiéndole al ritmo correcto, se encamino al gran recuadro en blanco que descansaba en otra pared del otro lado, tomando una brocha y latas de pintura se prepararía para pintar una obra maestra para distraerse un poco y dejar en eso otra vez, y dejar de lastimarse a sí mismo con esos recuerdos.

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Ya estaban en el aeropuerto y su amigo norteamericano no aparecía en ninguna parte, al igual que su amiga de cabello castaño estaban empezando a desesperarse de tanto esperar a ese inútil que tenia de amigo, aunque no podía entender cómo es que Sango estuviera enamorada de ese idiota.

Esos dos ya llevaban una relación de más de un año, a pesar de la distancia mantenían contacto casi todos los días como si fuera el último. Que casi no tenían tiempo de estar juntas, y eso la ponía de malas. Bueno, un poco, pero era igual.

Y resoplo distraídamente. Escuchando resoplar ahora a su amiga, y dedujo que estaba también como ella, así que no podía culparla por eso.

─ Se que estás desesperada, pero dale un poco más de tiempo ─ dijo Sango con los ojos cerrados y brazos cruzados, protegiendo instintivamente a su novio. Escucho resoplar nuevamente a su amiga de cabello azabache ─ Seguro, que se retraso es todo

─ Si, claro ─ suspiro con sarcasmo Kagome, rodando los ojos ─ Pero lo más probable es que se quedó parado viendo lencería femenina ─ dijo como si nada, viendo pasar a las personas en frente de ella como si fueran lo más aburrido del mundo, sin darse cuenta del escalofrió que provoco en la castaña.

Conocía a Miroku de primera mano, y que cada vez que pasaba por ese tipo de tiendas o encontraba revistas sobre ello, se quedaba concentrado más en esas cosas que en su salud física. No pudo reprimir una pequeña sonrisa de diversión al recordar los días en la preparatoria, cuando aún no era pareja de Sango.

En esos días, no le importaba en lo más mínimo los sentimientos de las mujeres hacia él, y simplemente le importaba encontrar los cuerpos más voluptuosos y bien desarrollados para primero coquetearles y luego acostarse con ellas y nada más, sin importar dejarlas llorar en su cama por falta de atención. Provocando unos enormes celos a su amiga, que en ese entonces no sabía muy bien los sentimientos que sentía a su amigo de la infancia, hasta que logro confesarse y ser correspondida.

Fue su sorpresa, que el pelinegro era un estudiante de intercambio, y cuando sus ojos la vieron por primera vez, su corazón quedo prendido en ella, haciendo todo lo posible para llamar su atención y lograr que se enamorara de él, aunque debió hacer mucho esfuerzo por ello, pero valió la pena al final.

Hasta que un suave golpe en su hombro la sacó de sus recuerdos, obligándola a abrir los ojos que sin darse cuenta los cerró y se durmió en el asiento de espera en donde se encontraban:

─ ¿Ah? ¿Qué pasa…? ─ pregunto con los ojos cerrados y con voz somnolienta, sentándose lentamente y restregando unos de sus ojos, pareciendo una niña pequeña ─ ¿Ya llegamos…?

─ No, pero ya vamos a abordar el avión que nos llevara ─ le respondió una voz con un acento que resaltaba del idioma japonés tradicional.

─ Levántate, es hora de irnos Kagome ─ le dijo otra voz que conocía perfectamente, era la voz de Sango que le hablaba, mientras que jalándola del brazo la levantaba y la enderezaba en el suelo para comenzar a caminar fuera del aeropuerto, frunció el ceño mirándola ─ No me mires así y camina

─ Espera, ¿Dónde está Miroku…?

─ Aquí mismo ─ contesto el pelinegro a su lado, apuntándose con el pulgar de su mano izquierda sonriendo divertido.

─ Vaya que tardaste ─ dijo la azabache con una ceja alzada, despierta y mirándolo como que "enserio" ya subiendo al avión y sentándose en sus respectivos asientos.

El aludido solo se llevó una mano a la nuca, y reír nerviosamente por las miradas acusadoras de sus amigas japonesas, pero era más intimidante la mirada de su novia que la de su amiga. Mientras que subía las maletas en el portaequipaje que estaba por encima de las cabezas, pensando la forma de poder explicarles su retraso y un pequeño problema que tenía con cierto amigo.

─ Lo lamento chicas, es que antes de venir tuve un pequeño problema ─ tratando de explicar lo más simple posible, pero sus miradas hacia que sudara frio y decir que estaba prácticamente muerto, aunque parecía que estaba exagerando.

─ ¿Cuál, problema tenías como para retrasarte tanto y hacernos esperar por más de 5 horas...? ─ decía Kagome con los ojos fuertemente cerrados, haciendo el mayor esfuerzo de no lanzarse encima de su amigo y golpearlo infinitas veces hasta hacerlo hablar, eso parecía precipitado.

Sabía que lo era, pero. ¿Acaso no sabían que tomando ese vuelo, que los llevaría directo a Norteamérica donde los sueños se hacen realidad…? Al parecer no estaban ni enterados. Bien comenzaremos por el inicio:

Kagome Higurashi: Una estudiante universitaria de Japón, con tan solo faltarle un año de universidad tenía un buen promedio que otros, destacando en las materias, menos en Matemáticas, pero eso no la detenía a ella (como estoy hablando de ella XD) teniendo que ser transferida a EE. UU para terminar su tarea de Literatura Universal (no sé si existe eso :,v) pero también le dieron unos cuantos meses de descanso para poder adaptarse a esa nueva vida de ahora en adelante.

─ Cálmate Kagome, no es para tanto ─ le dijo Sango haciendo un ademan con su mano para calmarla, pero solo recibió una mirada helada que le erizo los cabellos al igual que a Miroku, temieron por sus patéticas vidas – ¿No crees que exageras solo un poco…? ─ dijo alzando una mano, juntando levemente los dedos pulgar y meñique, asumiendo pequeñez.

─ Está bien, creo que sí, lo siento chicos… ─ suspiro la azabache bajando los hombros en forma de derrota, escuchando el suspiro de la pareja aliviada. Suspiro de nuevo con desgano y sonriendo al fin después de tanto estrés en ese día ─ Es que…

─ Si, lo sabemos: Que estas muy emocionada por ir a los Estados Unidos y conocer gente nueva, que siempre has soñado con ir allá para cumplir tus metas y más cursilerías, ¿O me equivoco…? ─ termino de decir el pelinegro que con un poco de dificultad pronuncio las palabras en japonés para hacerse entender, aunque se aburrió con tan solo explicarlo. Pero se aliviaba que las chicas ya no preguntaran sobre su retraso, suspiro interiormente.

─ Bien, si ya saben mucho entonces no pregunten ─ esbozo una delicada sonrisa en sus labios la chica azabache, recargándose en el asiento del avión. Empezando a sentir sueño de inmediato que ya no alcanzo a escuchar la plática de esos dos y después dejarse llevar al mundo de los sueños y soñar en que pasara en el futuro que le esperaba con ansias.

Pero lo que no pensaba la chica, era que su futuro se encontraría con unos ojos ámbares temerosos de volver a enamorarse nuevamente después de tantos años de soledad y depresión al perder a su único y primer amor. Donde ella le enseñara a confiar, sonreír sin miedo y… A creer en sí mismo.

Varias horas después de que el avión descendió en el gran aeropuerto de la ciudad de Nueva York: Internacional John F. Kennedy, bajaron esperaron a que les entregaran sus maletas, excepto Miroku ya que solo había ido a traerlas y llevarlas. Las dos chicas se fascinaron con las luces y anuncios en los altos edificios que había, y la gran actividad automovilística a pesar ser de noche y muy tarde.

─ Esto es increíble… ─ murmuro Sango agarrada del brazo de Kagome delicadamente, alzando la cabeza y observar más detenidamente todo ese espectáculo nocturno.

─ Ya lo creo y te apoyo… ─ murmuro también la azabache, moviendo la cabeza hacia distintas direcciones y asombrarse sobre los diferentes colores y luces de los edificios de la ciudad. Observo también la gran estatua de la libertad adornada con luces amarillas con la gran antorcha resplandeciendo en lo alto ─ Mira, Sango…

─ Si, ya lo veo… ─ respondió la castaña, alzando lentamente una cámara, posicionándola en frente de sus ojos y tomar una foto activando el flash. Tenía los ojos brillando de la emoción, aunque no lo demostrara al igual que la azabache.

─ Oigan chicas, al menos pueden ayudarme a llevar sus cosas… ─ decía un pelinegro molesto arrastrando varias maletas detrás de él, estando muy atrás de las dos chicas muy ocupadas viendo esa gran estatua en vez de ayudarlo a llevar sus bolsas de compra del camino. Que estupidez…

Ellas solo voltearon sin saber que pasaba, quedando echas ahora estatuas tan pálidas como un papel. Eso confundió al de ojos azules marinos, luego de oír las inminentes carcajadas de las chicas cayo en cuanta que solo estaba haciendo el ridículo, pero en vez de molestarse aún más solo hizo que se carcajeara con ellas, llamando la atención de los de piel blanca de por qué rayos se reían esos japoneses. No tenían ni idea… (no me explico bien y que rara puedo llegar a ser :,()

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─ Oye Miroku, ¿a dónde nos llevas…?

─ Ah, si… ─ bosteza con cansancio la azabache arrastrando los pies, siguiendo al pelinegro que caminaba más delante de ellas dos. Parecía apresurado, arqueo una ceja ─ ¿No crees que es demasiado temprano como para ir a dar un paseo…? ─ decía la chica.

─ No estamos dando un paseo, Kagome… ─ suspiro Miroku por milésima vez, escuchando el gruñido de la de ojos achocolatados y el suspiro cansado de Sango ─ Solo quiero que conozcan a un amigo mío…

¿Qué amigo…? ─ se preguntó Kagome en sus pensamientos, mientras caminaba con un lindo conjunto de pijama de conejitos y unas pantuflas de color rosa.

Mientras que Sango solo traía puesto un camisón de dormir color rosa fuere y caminaba descalza somnolienta, después de que pasaran prácticamente casi toda la noche explorando la mitad de la ciudad de Nueva York, y visitar varios lugares turísticos. Cayeron rendidos los tres amigos, mientras que las dos chicas no habían desempacado nada, fueron despertadas por el pelinegro, sin tener tiempo a cepillarse el cabello o vestirse de una forma adecuada, fueron llevadas a la calle y guiadas por él muy temprano, a decir verdad.

Pero los pensamientos de Kagome fueron interrumpidos por Miroku que empezó a hablar:

─ Solo quería recomendarles que fueran lo más silenciosas posible ─ Decía Miroku, mientras que sin mirar su camino se dirigía a un estrecho callejón de ladrillos y entraba en el girando su cuerpo y así pasar, las dos chicas lo imitaron igualmente confundidas.

─ ¿Por qué…? ─ preguntan ellas al unísono.

─ Solo háganme caso, y silencio…

Las dos chicas se miraron mutuamente confundidas y con el ceño fruncido, entrando lentamente por una puerta que Miroku abrió lo más silenciosamente que le fuera posible, cerrando la puerta tras de sí, se guiaron por la tenue luz que se filtraba por las cortinas que parecían de seda que estaban colgadas del techo y que casi tocaban el piso, apartaron las cortinas y se adentraron aún más al lugar al que el pelinegro las había llevado.

Entonces lo vieron, observaron a alguien pintando con trazos suaves y de vez en cuando fuertes y precisos que las dejaron con la boca levemente abierta, menos al de coleta baja que solo lo observaba con cierto brillo entristecido en sus ojos y preocupación.

Lo ha recordado otra vez… ─ pensó con tristeza, observando detenidamente las pinceladas y el tipo de pintura que su amigo ambarino utilizaba para realizar esa obra maestra.

Ladeo la cabeza hacia su amiga azabache, sorprendiéndose que también ella allá notado esa tristeza en la pintura. Eso no le impresiono en lo absoluto, la conocía desde que estuvo en la secundaria de Japón y reconocía cuando Kagome identificaba un sentimiento desde las cosas materiales.

Siguió observando detenidamente los trazos en esa pintura, en realidad estaba muy orgulloso de él, pero siempre le reprendía que saliera al mundo exterior y no sumergirse en esas cosas todo el tiempo, porque se convertiría en un antisocial, pero como siempre recibía de respuesta una leve negación, no le quedaba de otra que dejarlo con sus cosas. Suspiro disimuladamente.

─ Chicas… ─ las llamo y ella lo miraron aun con la boca levemente abierta ─ ¿Me harían el favor de esconderse detrás de esas cajas y no hacer el mínimo ruido? ─ susurro Miroku cerca de los oídos de las chicas que quedaron aún más confundidas que antes, ¿Qué es lo que pasa? Se preguntaban ellas.

─ ¿Por qué…? ─ pregunta Kagome mientras que con Sango eran deslizadas detrás de las dichas cajas ─ Miroku…

Hello, Inuyasha ¿How are you my friend…? ─ al parecer el aludido tardó en reaccionar, pareciera que estaba pensando en otras cosas. Que al final dio un pequeño salto de la impresión y por oír la voz de Miroku un poco distante que lo asustó un poco.

Ah, Miroku. I´m fine and good morning… ─ susurro él ambarino, dando unos cuantos pasos hacia atrás y dejarse deleitar con la obra maestra que había creado con tan solo recordar su triste pasado y soltó un lastimero suspiro.

Pero en donde estaban las chicas, estas no entendían nada de lo que decían esos dos, aunque se preguntaban ¿Por qué el amigo de Miroku tenía cabello largo y plateado? ¿Acaso era albino o el pelinegro se confundió diciendo que era un hombre? No tenían ni la más remota idea.

Speaks louder Inuyasha. I told you Should not talk like that ─ le reprocho el pelinegro al ambarino, quien solo se encogió en hombros sonrojándose sin razón, también sintiéndose un poco intimidado ─ ¿You now…? You worry me.

El peliplata solo pudo suspirar un poco derrotado, no era la primera vez que le decía algo como eso, pero sentía que su amigo le ocultaba algo. Y lo podía comprobar por unas leves esencias que podía percibir en el aire, y olían al de unas mujeres. Pero dejo eso a un lado, nadie sabía sobre la ubicación de este lugar, así que no se preocupaba, además no quería encontrarse con nuevas visitas en esos momentos. Con la compañía de Miroku era más que suficiente como para sentirse vivo o bien, no sabía que elegir entre las dos.

And… ¿Why did you come? ¿It is not too early…?

Actually… ─ contesto un poco nervioso el pelinegro si en mostrarle o no lo que traía con él, directo desde Japón ─ I just wanted to show you somethig i brought my Japan trip ¿Remember?

─ Yeah… ─ contesto él, sintiéndose un poco más nervioso de lo que ya estaba. No presentía nada bueno, pero eso no significaba que no lo era.

Conocía a Miroku desde que él lo encontró en ese lugar pintando sus primeras pinturas, aun las conservaba, pero ese no era el tema ahora. Lo que importaba era ¿Qué es lo que traía su loco amigo, con tal de que socialice un poco con el mundo exterior y no quedarse solo o soltero por el resto de su vida? Ni siquiera sabía que es lo pasa por la cabeza de él, eso le hacía temerle un poco.

Aunque tampoco lo culpaba, ya que antes le había avisado que iría a Japón para un trabajo que le encargaron varias semanas antes, y lo conocía lo suficiente como para adivinar que se había traído un recuerdo de allá. Siempre la gusto los regalos que le traía, es por eso que le gustaba mucho su compañía.

─ Bueno, solo quería mostrarte unas amigas mías… ─ seguía diciendo el pelinegro rascando nerviosamente su nuca, esperando que su amigo se desmayara de la "impresión" o algo parecido, tenía que estar alerta a lo que hagan esas chicas, conocía a Kagome y Sango, eran bastante amables pero un poco descontroladas, en especial la azabache. Estaría con la guardia alta ─ Las traje por unos asuntos universitarios y nada más.

El rostro del albino se desfiguro por completo ¿Ahora por qué está hablando en japonés? No entendía ni una palabra, pero intento procesar las palabras y… Unos segundos después sus mejillas tomaron un leve color carmesí. Lo que pudo traducir en su mente fue que había traído unas amigas suyas.

─ ¿Salimos…? ─ pregunto Sango asomando levemente su cabeza por el costado de la enorme caja que las ocultaba bien, ahora que esos dos estaban hablando en su idioma, las habían mencionado en la plática ─ Oye, Kagome…

─ Creo que sí… ─ respondió automáticamente la azabache sin mirar a la castaña, quien frunció el entrecejo y ladeo la cabeza para observar el punto fijo hacia donde estaban los ojos de Kagome.

Y una pícara sonrisa se formó en sus delgados labios. Kagome se había quedado mirando fijamente al amigo de su novio, eso era algo nuevo. Pues no era de esperarse, a su mejor amiga siempre le gustaron las cosas exóticas como, por ejemplo: El cabello plateado y los ojos dorados intensos, pero tímidos a su parecer, le dieron a entender que a Kagome le gustaron, y mucho.

Ya sé que voy a hacer ─ La sonrisa pícara fue remplazada por una macabra ─ Esto será divertido y la cara que pondrá Kagome ¡No tendrá precio! ─ eso significaba algo no bueno en la castaña; Que tenía un plan, su sonrisa se hizo más grande y la de ojos castaños, movió sus dedos como si fueran de goma y se posó detrás de la azabache hipnotizada y de un brusco empujón la saco de donde estaban escondidas, escuchando su grito del susto y lo que paso después no se lo espero. Y su cara se llenó de estrellas chillando emocionada a lo bajo.

─ Okay, solo… ─ no termino de decir Miroku al ser interrumpido por un grito que llamo la atención de ambos chicos, luego su rostro cambio a una asombrada y feliz.

Ciertamente el empujón que le proporciono Sango fue con demasiada fuerza, ya que con la fuerza que ejerció Kagome salió más bien disparada de las cajas y con un pequeño tropezón, su rostro choco con algo suave y a la vez duro, cayendo al suelo sintiendo algo enredarse en sus piernas y sentir sus brazos alzados contra el suelo, un reflejo.

La chica tenía los ojos fuertemente cerrados, pero los abrió de un golpe y se encontró con esos ojos dorados que le encantaron, sus propios ojos tomaron un tono embobado. Observando que esos ojos la veían con cierta impresión, pero también a la vez con timidez, le pareció lindo al sentirlo temblar bajo su cuerpo.

─ Oigan chicos ¿Qué es lo que hacen…? ─ pregunto Sango completamente ajena a lo que paso, acomodándose en el firme pecho de su novio quien tenía una divertida sonrisa plantada en sus labios también.

─ Lo que estás viendo… ─ respondió.

Al parecer la pequeña platica de la pareja, los saco del trance en el que estaban, levantándose súbitamente con un chico albino que tenía un fuerte sonrojo en sus blancas mejillas sin atreverse a mirarlos y tratar de controlar su inminente temblor que estaba por todo su cuerpo, mientras que la chica azabache estaba cruzada de brazos y con las mejillas infladas por lo que paso momentos antes.

La castaña y el pelinegro solo suspiraron.

─ Kagome, te presento a Inuyasha, e Inuyasha te presento Kagome ─ apunto Miroku, sin darles tiempo de hablar, escuchando el suspiro que soltó la chica, girándose en dirección a Inuyasha, este seguía sin mirarla y con el gran sonrojo que se expandía en todo su rostro al sentir la mirada achocolatada de ella y la morada de Miroku.

Se sentía un total idiota y débil.

─ Es un gusto conocerte, Inuyasha ─ vio como la chica llamada Kagome daba una leve reverencia en forma de saludo.

─ Un placer… ─ contesto él en voz baja, pero escuchado por los oídos femeninos, quienes solo sonrieron amistosamente en su respuesta, agitando su corazón. Soltó un pequeño suspiro y alzo su brazo izquierdo, seña que ahí todos los norteamericanos se saludan con un apretón de mano, observando el confundido y dubitativo rostro de la azabache.

Pero esta al final solo se encogió en hombros y alzo su brazo derecho uniendo sus palmas, sintiendo repentinamente una fuerte descarga eléctrica que los obligo a soltarse de inmediato y tocarse sus manos.

Que extraño… ─ pensaron al mismo tiempo y desviaron rápidamente sus miradas al sentir un leve calor en su pecho que los rodeo de pies a cabeza.


Continuara…

Aquí está el segundo capítulo de esta linda historia, ahhh… me costó un montón hacerla y porque ya no tenía carga mi computadora. Pero de igual manera espero leerlos en el próximo capítulo que es el tercero, disfruten de la vida chicos que es muy corta.

PD: Las oraciones en inglés las traduce en un traductor de Google y no sé si están bien traducidas.

Los saluda su amiga Santita

Memorare

PD2: Es una palabra en latín pero no sé que significa.