Capítulo 2: Ami-enem-igos.

Lacey había quedado en un recuerdo. No es que la perra fuera importante para el hombre. Simplemente, que su conducta lo había dejado en cierta forma confundido. Sin temores, sin cohibición. Solo disfrute y diversión. Posiblemente, entendimiento. Ella y sus jodidamente hermosos ojos de tonalidades de azul. su cabello profundamente peligroso y esa ropa de ramera que no necesariamente significaba que fuera una mujer fácil. El la veía como una chica inteligente, astuta, adicta al poder y la superioridad. ¿Habia pensado alguna vez leer sobre Irene Adler? ¿Lo habría hecho ya? pues en esos momentos el se sentía como todo un Sherlock Holmes -a excepción de la inteligencia, la adicción controlada hacia las putas drogas, el maldito sombrero. pero si tenia el egocentrismo, eso sin duda era una característica en común-. Imposible amar a esa perra, pero lo que sin duda era posible, era sentir una especie de admiración y asombro antes cada una de sus características.

¿Pero qué importa esa clase de sensaciones ahora? Después de todo, era noche de billar. Y no había nada más placentero para Begbie -después de su incesante adicción a la violencia- que una buena jugada de billar y algo de cerveza. Pues bien, suponiendo que sucediera algo malo, siempre podría asesinar al cabrón desafortunado que se encuentre a su lado. La noche transcurrió tranquila. Fue jodidamente apreciable la compañía de Renton dentro de ese bar. Pero obviamente, nada que nublara su instinto competitivo. Su competencia había ganado casi todos los tiros. Ahora su última oportunidad era la bola más valiosa de todas: la negra. Su tiro era concentrado fríamente calculado. Tanto así que la bola entraría casi por la obra de magia en el agujero.

Justo estaba en el segundo perfecto, y el tiro era perfecto. Pero justo en el maldito instante menos indicado un tipo se digno de soltar una carcajada a sus espaldas. Begbie sufrió de un fallo fatal causado por este incidente y rasgó la mesa de billar. Su ira fue tal, que de inmediato dio la vuelta "¿Quién fue el cabrón ?!". Tal fue su sorpresa al encontrarse con el puto responsable. Nuevamente era el estúpido de Andrew. Irónico el significado de su nombre, considerando su lado secreto y oculto en más oscuro de su alma. Con precisión en sus pasos y fuego en la mirada se dirigió al sujeto. Tomándolo por el cuello de la camisa como solía hacer con cualquier hijo de puta que lo fastidiara.

"Yo... yo... no tenía idea de que tú... de verdad, no sabes cómo lo siento". En esta ocasión estaba muy excitado. Y no precisamente por la violencia que estaba ejerciendo. Volteó hacia todos los lados hasta que estuvo seguro de que nadie pudiera escucharlo. Cuidadosamente se acercó a su oído para pronunciar "Ya sabes cómo pagar por tu maldita insolencia". A lo cual Andrew por poco no logró evitar sonreír, ya que sabía exactamente lo que se refería. "Pagare el precio que consideres correcto". Justo al escuchar las palabras, Begbie lo soltó con brusquedad poco antes de brindar un golpe en la cara y fingir amenazamiento "No vuelvas a dirigirme la mirada, hijo de perra". De inmediato fue de regreso a la mesa de billar a tomar la cerveza de un solo trago. Renton solo observaba sus acciones, pues no se atrevía a siquiera mirarlo a los ojos en ese estado. Y tampoco le importo el hecho de que se habia ido sin pagar su cuenta, pues prefería pagarlo todo antes de volverse una de sus víctimas. Alguien debía parar a Begbie.


Andrew salió de inmediato del bar, cuidando de que nadie lo viera. La oscuridad de la noche era simplemente el ambiente perfecto para su encuentro. Al doblar la esquina de la calle, las manos de alguien lo sujetaron con la fuerza acostumbrada, llevándolo a la persona oculta entre las sombras. "Dime que nadie te siguió" fue la exigencia del sujeto. A lo que recibió su respuesta: "Claro que no. Vengo solo, como siempre". Obviamente, no querría que nadie lo encontrara, y Begbie en definitiva estaba de acuerdo en eso. A paso veloz ambos hombres se dirigieron al auto de Andrew, situado en un callejón cercano al bar; pues este era el lugar preciso. El propietario de inmediato entro al vehículo, disfrutando de la brusquedad de lo que hacían. Al hacer esto, Begbie se encargó de bajarse el cierre, liberando así su miembro ya en proceso de erección. Podía sentir el aire fresco en el y el lo hacía disfrutar de la situación y el lugar. Pulsaba con dolor y ansiedad. Se encontraba necesitado de tacto.

Se abalanzó sobre Andrew, apegando su cuerpo al de él hábilmente. Y fue así como tomó con fuerza su mentón y optó por besar sus labios de la forma en el que ya le urgía. La victima parecía disfrutar de su castigo. Tanto así, que gustosamente se quitó el suéter que llevaba puesto y comenzó a quitarse el cinturón. Esto ocasionado por los deseos incontenibles de su cuerpo que le gritaban que siguiera. Sin un pito de pena alguna, dirigió sus manos hacia la nuca de su opresor en el medio del beso entre ambos. Saboreando cada movimiento insignificante y gozando de la cercanía. Pronto Begbie procedió a deshacerse de los pantalones de su compañero, recorriendo con la nariz su piel expuesta hasta encontrarse con su ropa interior, la cual rápidamente retiró para apreciar su miembro endurecido. ¡Por un carajo! a Andrew le gustaba tanto como a él.

Con más suavidad de la acostumbraba, Begbie comenzó a acariciar la carne del hombre entre sus manos. Esto ademas de pocos mordiscos pequeños en el cuello. Él no era un tipo de besos, deseaba algo fuerte y intenso. Quería hacerlo salvaje, tal y como acostumbraba hacer cada tarea. Andrew de pronto sintió los mordiscos sobre su piel, y una corriente eléctrica atravesó por completo su cuerpo. No quiso evitar liberar unos cuantos diminutos gemidos al contacto. La temperatura corporal de los dos aumentaba considerablemente a medida que se sentían cada vez más ansiosos de culminar el acto sexual. Pero antes necesitaban un poco más de estimulación. Por esto, se acomodaron de manera que Andrew pudiera tener el miembro de su captor entre sus manos y con una mirada entendía como debía proceder. Poco a poco iba pagando el precio que Begbie solicitaba tras cada uno de sus torpes arrebatos. Y el hombre disfrutaba de este pobre sujeto para sus intenciones mas ocultas.

Siguiendo las indicaciones que le daba, había empezado a chupar el miembro Begbie en su boca. Haciéndolo disfrutar como no lo hacía en meses. Puesto que jalársela no se comparaba a recibir la boca de alguien más en él. Andrew succionaba con fuerza, tal y como sabía que le gustaba a él. La situación estaba siendo malditamente satisfactoria. Era un tremendo éxtasis que se apoderaba de el. Su mente y cuerpo estaban en sintonia. Casi ahí, un poco mas...


"Francis Begbie" dijo al oficial, quien pedía sus datos para realizar un registro de lo ocurrido. Los mismo para el pobre de Andrew, quien no estaba acostumbrado a recibir tal tipo de humillación. El maricón nunca había sentido el peso de una condena, o de ser llevado ante las autoridades. pese a que Begbie lo había forzado a hacer ciertas cosas algunas veces, nunca había sido forzado de la manera que los oficiales lo hacían para que se registrara como in supuesto criminal. La simple idea le parecía aterradora. Y lo que era peor, ahora tenia antecedentes por mantener relaciones sexuales en vía publica. Y se preguntaba exacta,ente que significaría esto para su futuro. Sin embargo, Begbie era un caso totalmente diferente. Su historial estaba lleno de muertes, violaciones, asaltos, demandas por lesiones. Había tenido suerte de no estar en ese preciso instante tras las rejas con una condena de por vida o destinado a la silla eléctrica.

Por suerte para ambos, solo fue una advertencia. Y después de una noche tras las rejas los liberaron sin nada más que hacer. De inmediato, los primeros impulsos de Andrew lo empujaron a tomar valor e interrogar a su compañero. "¿Tienes idea de lo que acaba de pasar? mis familiares me cuestionaran al llegar a casa. Créeme que no es nada bonito. Tú no te interesas, ¡porque no tienes a nadie!" Estas palabras retumbaron en la mente de Begbie, quien de inmediato saco el cigarrillo de su boca, el cual quien sabe de dónde carajos lo había sacado, y se atrevió a tomar a Andrew por el cuello y alzarlo contra la pared. "¿Crees que me importa un pito lo que te ocurra a ti o a cualquiera de tus conocidos? ¡Dejas de ser un puto maricón y vuélvete hombre! Enfrenta los castigos por tus errores, eso es todo". Con tanta fuerza lo sostenía que, sin darse cuenta el chico dejaba de respirar lo suficiente para mantenerse cociente. Ni siquiera pudo hablar. No pudo evitarlo, ni siquiera una palabra, o un gesto, o un maldito signo de que algo estaba mal. Andrew dejó de respirar luego de varios segundos y luego des otros más, falleció a manos de su opresor, quien seguía hablando con la furia acostumbrada, ajeno al crimen que había cometido.

"¡Mírame cuando te estoy hablando, maldito bastardo! ¡Aun no termino!" dijo Begbie a gritos golpeando el rostro del cadáver frente a él. Pero entonces se dio cuenta, lo miro y no tenía señal alguna de miedo, de reprimenda, no reflejaba emoción alguna. Sus ojos estaban abiertos y sin vida. No mostraban ni la más mínima señal de estar a punto de cerrarse, de pestañear. "¡Andrew! ¡Despierta! ¡No juegues así conmigo! ¡Pedazo de idiota!" dijo soltándolo y dejándolo caer al suelo. Al ver que no mostraba ni un solo signo de incomodidad supo que no se trataba de ningún juego. Las emociones se apoderaron de él. Tan inocente, tan puro, tan joven. Acaricio con malicia su rostro por unos segundos. Lo que sea que fuera a hacer, debía hacerlo de inmediato.


Llegó con un costal para la basura lleno con algo que no era basura hasta su departamento. Sabía que la gente sospecharía, peo también sabía que no tendrían el valor de llamar a la policía, lo cual lo tenía sin cuidado. Estaba nervioso, y se venía preguntando por todo el camino como mierda iba a hacer para deshacerse del cuerpo. Cerró la puerta en cuanto entro y dejo el costal tirado en el suelo, tomando un respiro e inclinándose para sostenerse en sus rodillas. El chico pesaba más de lo que aparentaba. "¿Mucho ejercicio, o cansancio de novato?" Escuchó a una voz femenina hablándole desde el otro lado del departamento. ¡Mierda! ¡Cualquiera menos tú! Pensó de inmediato.

"¿Qué mierda haces aquí?!" preguntó él obviamente enojado. "Tengo problemas", fue su respuesta. La chica continuó andando por el lugar como si fuera de su puta propiedad. Oh, por supuesto que tienes problemas, perra. Dijo él para sí mismo. Pero solo quiso decir "¿Que problemas?" mientras que ella recorria las cortinas, dejando la habitación en oscuridad. Fue entonces que se acercó caminando a él, mirándolo fijamente. Y al estar lo suficientemente cerca habló: "Mi problema tiene nombre, y se llama Steve". "Lacey, creí que tomaríamos caminos completamente separados", menciono mientras la miraba acercándose a su costal. "¡Oh, vaya! ¡creí que no conocías mi nombre! ¡Ahora veo que si!" respondió con un toque de sarcasmo. "Como decía, mi problema, como te imaginaras, solo tiene una manera de arreglarse". Atreviéndose a mirarlo fijamente a los ojos. "Y por lo que veo, eres experto en el tema". Begbie se dio por vencido. Ella ya sabia todo con solo observarlo unos minutos.

"Fue solo un accidente, pero... ¿Que es lo que quieres de mi?", alzándose de hombros, rendido. "Te ayudare a ocultar este cuerpo si tu le haces lo mismo a mi propio problema" mientras lo tomaba del cuello de su camisa. Begbie podía sentir su mirada penetrante y su aliento en el rostro. "Steve" dijo lentamente tratando de entender que ella se refería a un asesinato. "Si, Steve" aun sin soltarlo. No lo soltaría ni lo dejaría en paz hasta que aceptara, y cumpliera. "En ese caso, tenemos un trato".


"Oh, ella tiene ambos pies en el suelo

y hace todo un incendio

Oh, tiene la cabeza en las nubes

y no va a regresar..."

- Girl On Fire -