Capítulo 1
◦•●◉✿✿◉●•◦
.
Sakura Haruno siempre supo lo que quería en la vida: un novio estupendo y un trabajo soñado. El novio usualmente se lo imaginaba como Sasuke Uchiha, su amigo de la infancia, y el trabajo como directora de algún hospital. Claro, también quería amistad, una vida interesante y muchísimas otras cosas, pero esas dos encabezan su lista.
O al menos lo hicieron hasta que entró en preparatoria.
Tenía un buen grupo de amigos, pero los más cercanos a ella siempre fueron Sasuke y Naruto Uzumaki. El primero en parte por ser su enamoramiento desde que tenía siete años y el segundo por haberse convertido en el mejor amigo que podría desear. Y sí, a veces se sentía minúscula al lado de ellos, ambos hijos de grandes familias y buenos en lo que hacían, pero la mayor parte del tiempo podía olvidarse de esos sentimientos y simplemente pasarla bien a su lado.
El problema fue que, cuando se fueron, se hizo más difícil olvidar.
Desde que el hermano mayor de Sasuke se había unido a las fuerzas armadas, la labor del heredero de su clan había recaído en sus hombros, así que se fue a Europa junto con su mentor para estudiar en algún instituto prestigioso o algo así.
Recordarlo le da vergüenza. Se había aparecido en su casa la noche anterior al vuelo y, llorando, le dijo que lo amaba y que por favor no se fuera. Kami-sama, cómo le rogó, y al final sólo consiguió un dolor de cabeza y el primer rechazo de su corta vida.
Entonces estaba Naruto. Idiota, insoportable, adorable Naruto. Sabía que el chico tenía un enamoramiento por ella, pero eso no le detuvo de ir tras Sasuke a estudiar al extranjero. Incluso le prometió que lo traería de vuelta, "de veras". A veces Sakura se pregunta cómo sus padres le permitieron ir, viendo lo protectores y cariñosos que eran, pero suponía que la terquedad del rubio jugó un rol importante.
También lloró cuando él se fue.
Ahora que lo piensa, sí, quizá era una llorona en ese entonces. Creía tener todo controlado, hasta había pensado en nombres para sus hijos con Sasuke. Sin embargo, la vida cambia.
Aprendió dos cosas al comenzar la preparatoria. Primero, ella era fuerte y capaz. Segundo, no estaba sola.
Ah, y tercero. El Icha Icha era la mejor saga jamás escrita.
Y así pasaron sus tres años antes de entrar a Konoha, estudiando, yendo a clases de lucha y ocupando su tiempo libre -el poco que tenía-, entre amigas y esos libros escritos por el padrino de Naruto. Y, wow, esos libros.
Sí, sabía que eran literatura erótica con un romance fácil. Sabía que, si su madre encontraba la pequeña colección de tapas naranja que escondía debajo de la cama, le daría un infarto. ¡Pero eran tan buenos! Obviando el romance fácil y las exageradas escenas de… eso, bien podrían ser las mejores novelas que había leído. Y eso que había leído los clásicos, no por nada era hija de bibliotecarios. Era increíble pensar que habían sido escritas el pervertido padrino de Naruto, ¿o no tanto en realidad? Cuando se emocionaba leyendo hasta a las tres de mañana olvidaba que él era el autor, pero las escenas eróticas con mujeres rubias de senos inmensos eran un buen recordatorio. Fingía no darse cuenta en quién inspiraba esos personajes.
Amaba esos libros como a una droga prohibida. Por eso, sin importar cuán diferentes eran sus planes para su primer día de clases en la universidad, ir a la biblioteca cerca del campus a leer el último tomo que no había podido comprar estaba siempre en ellos.
Y al fin ese día había llegado.
Todo fue tal como lo había planeado. Todos sus amigos habían logrado ingresar a Konoha, claro que a distintas carreras, pero estaban juntos y eso era lo importante. Se había juntado esa mañana con Ino, desayunaron juntas y fueron a clases. La mañana pasó rápido, entre actividades para conocer el campus y la presentación con los profesores. La mayoría ya la conocían, a fin de cuentas, su madrina Tsunade era la rectora.
Todo había comenzado excelente.
Hasta que eso pasó.
No había planeado distraerse. Incluso le dijo a las chicas que la esperaran por treinta minutos, ya que sólo necesitaba ir a buscar unos papeles, y luego se escabulló a la biblioteca. Planeaba leer unas veinte páginas, máximo cincuenta, y luego desaparecería de ahí sin que nadie se diera cuenta para volver a sus actividades normales y terminar con su excelente día. Sí, eso había pensado hacer.
¡Pero justo la historia se había puesto tan interesante! Ryuuji era, por lejos, su personaje favorito, y necesitaba saber si iba lograr superar su amor imposible por Yuki o si podría seguir adelante y, quién sabe, volver a conocer el amor y de paso redescubrirse a sí mismo. En eso estaba cuando una voz, una muy, muy masculina voz que sonaba exactamente como se imaginaba que debía sonar la de Ryuuji, le distrajo.
Y, oh, mierda.
No sólo se había tardado mucho más de lo planeado, sino que ya todos se habían marchado y ahora el empleado quería echarla de allí. Y claro que eso no fue lo peor. No, lo peor fue cuando el empleado descubrió lo que estaba leyendo y, Kami-sama, la mirada que le dio.
Sí, sí, podía haberlo imaginado, pero estaba segura de que esos lindos y desinteresados ojos oscuros le decían: "Eres una verguenza". Lo era, sabía que lo era, no necesitaba que se lo recordaran, gracias. Se quería morir allí mismo, en un charco de su propia deshonra mientras el empleado se marchaba dejándola sola y humillada.
Así fue como, tomando la poca dignidad que le quedaba, huyó por la puerta del local para al menos llegar a la segunda clase de la tarde.
Y siguió pensando en eso todo el día.
—¿No te parece que todas las estudiantes de arte son una perras? —le preguntó Ino al final de la jornada, sacándola de su ensoñación.
—Hum.
—Digo, entiendo que Sai sea guapo, pero no tienen por qué mirarlo de esa manera cuando saben que tiene novia. Me aseguré de besarlo antes de que entrara a clase, así que lo saben —siguió la rubia, pero entonces le dio una mirada y frunció el ceño. —¿Me estás prestando atención?
—Claro que sí.
—Entonces repíteme lo último que dije.
Bien, quizá no estaba prestando atención. Farfulló una excusa y agradeció la oportuna llegada de Shikamaru y Chōji antes de que su amiga comenzara a quejarse de cómo entendería si se dignara a tener novio. Ya tenía suficientes problemas -como su reputación- como para que más encima le recordaran su estado de soltería.
¿Y si el empleado se reía con algún amigo acerca de esa pelirrosa con gustos pervertidos? ¿Y ese amigo se lo comentaba a otro amigo? ¿Cuántas pelirrosas podían haber en Konoha? Sabía, como cualquier ser humano racional y listo, que estaba exagerando la situación, pensando mucho de algo que definitivamente no significaba nada. Qué va, el hombre de lindos ojos bien podía haber olvidado su encuentro.
Y entonces el pensamiento vino a su mente. "No te encariñes con Ryuuji", fueron las palabras exactas que él le dio. Esas palabras sólo podían significar dos cosas, el empleado también era un lector de la saga y, peor aún, algo malo le pasaría a su personaje favorito.
Ryuuji, no.
—Sakura, ¿vienes con nosotros? —le preguntó Chōji.
—¿Saben qué? Creo que olvidé algo, ¿por qué no mejor van sin mí?
—¿Segura, frentona? —comentó Ino dándole una mirada extrañada. —Podemos esperarte.
—Sí, no se preocupen. Si no, nos vemos mañana, ¿vale? —respondió despidiéndose con la mano.
—Vale. Adiós, Sakura —intervino Shikamaru antes de que su amiga pudiera replicar.
Le dio una mirada de agradecimiento antes de volver al campus, o al menos, caminó en esa dirección hasta estar fuera del rango de visión de sus amigos, y entonces se dirigió a la biblioteca. Tenía una idea.
Nunca había podido hablar con alguien acerca del Icha Icha. En su mente, era como admitir que tenía un fetiche por los pies o, peor, que le gustaba Crepúsculo. Tenía una cuenta en una página de fanfics y todo eso, incluso, cuando realmente le gustaba una historia, hasta se atrevía a dejar comentarios. ¿Pero hablar de verdad, cara a cara, de eso? Claro que no. No y mil veces no.
Sin embargo, el empleado ya lo sabía. La había descubierto con las manos en la masa y había demostrado ser uno de ellos, un "Ichamaniac". ¿Qué podía perder?, se preguntó mientras entraba a la biblioteca con el corazón saltándole alocadamente en el pecho.
—¿Por qué no debería encariñarme con Ryuuji?
Bien, quizá esa no había sido la mejor manera de decirle "Hey, a ambos nos gusta esto, ¿te gustaría conversar?", pero lo hecho, hecho estaba. Y se sintió inmensamente aliviada cuando el empleado le respondió:
—¿Estás segura de que quieres oír el spoiler?
