N.A.: Perdón por tardarme en subir capis, mi inspiración no ayuda mucho, asi que aprovecharé éste momento que la tengo para sacarle provecho. Se me olvidó hacer una dedicatoria en el anterior capi, así que ahora la pongo:
Hiver Laurant (Yuki Nakashima): Gracias a tí, pude hacer el personaje de Dafne, tú me diste la idea, así que gracias mia sorellina. Y espero que subas más de tus capis, ¡te quiero mucho!
Bueno, ahora si, disfruten el capi.
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Sirius acompañó a Dafne a la mesa de su casa, Gryffindor. La chica se sentó y él se sentó a su lado, enfrente de James, Remus y Peter. Como en todas las ocasiones, Dumbledore comenzó a dar un pequeño "discurso" acerca del año entrante. Los alumnos guardaron silencio, escuchando las palabras del director, todos menos el joven Black. Él simplemente miraba al director con una expresión de aburrimiento, Sirius siempre era así, un poco desinteresado de las cosas. Hasta que de pronto, volvió su mirada a la mesa de Slytherin.
Enseguida él dirigió su mirada a aquellos ojos verdes de ella. Serena lo miraba fijamente a los ojos. Pasaron un momento así, casi unos segundos, antes de que ella dirigiera su mirada al frente y Sirius soltara una leve risita. Le parecía divertido, aquella chica Slytherin no era como las otras, o al menos no lo aparentaba. Miró cómo ella platicaba con su prima, Narcissa Black. Sin embargo, algo le hizo volver la mirada al sentir un leve peso en su hombro.
Al voltear, observó como Dafne apoyaba su cabeza en uno de sus hombros, mientras escuchaba las palabras del director, las cuáles no duraron mucho ya que comenzaron a llamar a los de primero para poder colocarlos en una casa fija. Sirius miró por unos momentos a su novia, entreteniéndose en acomodar algunos mechones de cabello rubio que se resbalaban en el rostro de ella. A simple vista, bien podría decirse que el interpelado era una persona tranquila y tierna, al menos a lado de la chica.
Serena por su parte, lo miraba de reojo mientras él hacía eso. Se veía tierno haciendo aquello, acomodando el cabello de la Gryffindor con delicadeza, se notaba mucho que él la quería mucho. Miró como peinaba sus cabellos como si fuera algo delicado y frágil que pudiera romperse. Aquella visión que tenía, la hizo entristecer por un momento, sin saber porqué.
Pronto, después de haber colocado a cada chico y chica de primero en su respectiva casa, el director anunció que podían comenzar sus clases normales y en su horario normal, sólo los de primero debían quedarse a esperar instrucciones. Serena se levantó de su mesa, haciéndose un lado al ver pasar a Severus como rayo para alcanzar a la pelirroja. Se rió un poco al verlo alcanzarla y acompañarla a la clase de pociones, la cuál era la primera. Serena sonrió y caminó hasta la salida, pero iba distraída revisando sus libros que no se percató de que Sirius junto a Dafne caminaron igual en la misma dirección.
Justo antes de cruzar la puerta, el hombro de Serena chocó con el de Dafne. La Slytherin volteó y miro a la chica, la cuál la miró e hizo una leve mueca.
—Perdón —Murmuró Serena.
Dafne la miró, haciendo una mueca. Serena bien sabía que había mucha rivalidad en sus casas, pero eso a ella no le importaba, solo le importaba no tratar de causar problemas con los de otra casa. La Gryffindor asintió con la cabeza.
—Solo ten más cuidado.
Respondió secamente la rubia, formando una leve sonrisa antes de seguir caminando. Sirius que iba a su lado, miró a Serena por unos momentos, antes de seguir a su novia, rápidamente. Serena arqueó una ceja, pero ignoró al chico, caminando hasta su clase. Buscó el pergamino donde tenía anotado sus horarios, miró que clase tenía. La primera que tenía era pociones, dos horas junto a los de Gryffindor.
Al leer eso, alzó la mirada, observando como el interpelado daba vuelta al pasillo junto a la chica. Genial, si que tenía suerte. Suspiró y guardó su pergamiento, corriendo para no llegar tarde a su clase.
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Al llegar al salón miró antes de entrar, pensando que el profesor tal vez ya hubiera llegado. Pero al ver que no había señales de él, Serena entró rápidamente y se fue a sentar junto a Severus, como siempre solía hacerlo, antes de que él se emparejara con Lily. Severus la miró cuando ésta se sentó.
—Tienes suerte, no ha llegado el profesor —Pronunció casi en voz baja el Slytherin.
Serena al escuchar su voz, se volteó, mirando al chico y asintiendo suavemente, mientras soltaba una leve risa.
—Si, supongo.
Después de responderle, se agachó para dejar sus cosas debajo de la mesa. Severus la miró, y luego cuando ella se incoporó, él retiró la mirada, mirando ahora a la pelirroja. Serena miró hacia la misma dirección y miró a Sirius junto a Dafne.
Lo único que pudo observar fue a Dafne acomodarle el cabello de un lado a Sirius, el cuál hizo una mueca y luego volvió a desordenárselo. Cosa que se le hizo graciosa a Serena, y sin que se diera cuenta, comenzó a reírse por lo bajo. Severus quién había escuchado su risa, volvió su mirada y arqueó una ceja.
—¿De qué tanto te ríes?
Serena dejó de reír al oír la pregunta y sacudió la cabeza levemente.
—De nada.
Enseguida se escuchó el ruido de la puerta, por lo que todos se callaron, viendo como el profesor Slughorn entraba en el aula. Serena miró de reojo a Severus y se calló, prestando atención al igual que él.
—Disculpen la tardanza, me entretuve hablando de unas cosas con el director.
Comentó Horace Slughorn, mientras reía levemente, aunque ninguno de los alumnos se rió de eso. Luego comenzó a escribir algo en aquella especie de pizarrón, poniendo las instrucciones y el tiempo que llevaríamos. Serena leyó las instrucciones y comprobando que se trataba de la poción Veritaserum. Una vez que los demás vieron que las instrucciones ya estaban escritas, se levantaron por sus ingredientes.
Sin embargo, cuando me levanté escuché la voz del profesor, entre todo el griterío.
—¡Esperen, esperen! Formaré las parejas.
Enseguida todos, dejaron los ingredientes y algunos se los llevaron a su mesa esperando. Slughorn comenzó a decir las parejas conforme iba viendo a los alumnos.
—Avery y Arthur Weasley.
—Lucius Malfoy y Peter Pettigrew.
—Severus Snape y Lily Evans.
—Mulciber y Dafne Wingate.
—Serena de Gondelaurier y...
Serena alzó la mirada al oír su nombre, mordiéndose un tanto el labio inferior. Miró a su alrededor a todos los Gryffindors que quedaban, eran pocos y se fijó en que entre ellos estaba Sirius. "Por favor que no me toque con él, que no me emparejen con él.." Se repetía en su mente la Slytherin en su cabeza, esperando escuchar otro nombre, pero no fue así.
—Y.. Sirius Black.
La castaña bufó levemente, lo que le faltaba. "Yo si que tengo mala suerte" Se dijo a sí misma, antes de tomar sus cosas e ir a sentarse junto al Gryffindor, el cuál tenía una amplia sonrisa en su rostro. Serena arqueó una ceja al ver su sonrisa.
—¿Qué? ¿Te parezco graciosa o qué?
Sirius negó suavemente con la cabeza y volteó la mirada hacia el caldero que aparecía enfrente de ellos.
—¿Eres así de seria todo el tiempo? —Preguntó él.
—Sólo con los de tu clase, claro —Respondió ella.
—¿Y cuáles serían los de "mi" clase?
Serena lo miró de arriba a abajo con sus ojos color esmeralda y apoyó su mentón en su puño. Sirius rió en sus adentros al sentirse inspeccionado por la mirada de ella.
—Hm. Chicos que se creen "mejor" que todos.
El interpelado arqueó una ceja, haciendo un leve mohín al oír su contestación.
—Yo no me creo "mejor" que todos, lo soy.
—Da igual, sigues siendo un engreído.
La castaña se levantó después de decir eso, directo a buscar sus ingredientes mientras dejaba al castaño boquiabierto. Sirius la miró y soltó un suave gruñido como si estuviera en su forma animal, mirando como ella se colaba entre el grupo, para buscar los ingredientes.
Simplemente no podía concebirlo aún, él, Sirius Black, era el chico más buscado por las chicas y de la nada, ella no parecía caer con todas sus bromas o chistes que hacía. Pero eso no iba a quedarse así, sonrió para sí mismo y apoyó su mejilla en su puño de manera despreocupada. De repente se le ocurrió voltear hacia donde estaba Dafne, la cuál le hizo una seña de saludo desde su lugar al verlo.
Sirius correspondió el gesto y luego volvió de nuevo su mirada a la castaña, mirando como trataba de acomodar los ingredientes en sus brazos, pero aún así, eran varios. Sonrió para sí y se levantó, caminando hacia donde estaba Serena para ayudarla con las cosas. Sin embargo, algo hizo que Serena se resbalara y casi soltara los ingredientes que tenía. Sirius al ver eso, corrió lo más rápido que pudo, estirando los brazos para sostenerla, sin querer, tomándola entre sus brazos. Serena al sentir el agarre se hizo hacia adelante, quedando casi a centímetros de su rostro.
Se hizo un silencio en el aula y todos volvieron su mirada a ellos. Serena tenía un leve sonrojo en sus mejillas y Sirius sólo tenía la mirada clavada en sus ojos. La única que no se había percatado era Dafne, la cuál estaba ocupada haciendo todo el trabajo, ya que Mulciber no era muy colaborador.
Mulciber sólo por molestar, sonrió y se apoyó en la mesa.
—Hey, no sabía que Sirius era tan casanova.
Dafne al oír eso, arqueó una ceja y torció la boca.
—¿Eh, de qué hablas?
Mulciber señaló al fondo del salón, donde estaban los ingredientes con uno de sus largos y delgados dedos. Dafne siguió el camino que él le señalaba, abriendo los ojos como platos al ver a su novio sosteniendo a la Slytherin. Por un momento se había quedado paralizada, viendo del uno al otro, tratando de entender todo.
Después, apretó los puños suavemente mientras se mordía la lengua y formaba una sonrisa.
—Sólo está ayudando a Gondelaurier —Pronunció la rubia, volviendo a sus cosas.
Mulciber arqueó una ceja y asintió, encogiéndose de hombros. Al fin y al cabo a él no le importaba.
—Si, como digas.
Dafne lo escuchó y bufó suavemente. Sirius no podía estar coqueteando con esa, ¿o sí? Y al fin y al cabo, ella era novia de Sirius, no Serena, no tenía nada de que preocuparse. Pero aún así, tendría la mirada fija en Serena. No iba a permitir que cualquiera quisiera bajarle el novio. Los miró de reojo y susurró para si misma en voz baja.
—Sirius, tu y yo tendremos una larga charla.
