En el Campo de Batalla

II

Sentada en un banquito giratorio con una bata blanca, falda negra y zapatos cómodos, Mercy contemplaba las dos pizarras que tenía en frente, cubiertas en formulas, y no pudo evitar sonreír de forma satisfactoria pues para ella algunas veces mantener la mente ocupada con trabajo era el único pasatiempo.

Recordó como el ultimo escuadrón de aquel día había retornado exitoso de su misión y como era de costumbre los soldados se reunían eufóricos a contar las historias de sus batallas: Ofensivas impresionantes, maniobras de último momento, probabilidades minúsculas de victoria... Para muchos los recuerdos de la guerra eran premios que llevaban con orgullo y que merecían ser escuchados por sus hermanos de armas. Para Mercy, sin embargo, solo le importaba que llegaran de vuelta sanos y salvos.

Muchas veces fue invitada a esas reuniones y, si bien fue a una que otra por consideración, mayormente prefería dejar varios de esos recuerdos detrás de sí. En noches como esta, donde los salones comunes estaban llenos y los dormitorios vacios Mercy aprovechaba su soledad y se hundía en teoremas, formulas y funciones para mejorar la tecnología de nanobiologia que utilizaba pues, como cualquier otra ciencia, siempre había espacio para mejorar y en su caso, mejorar significaba traer más soldados y compañeros con vida.

Por eso, mientras los gritos y risas podían escucharse a lo lejos en diferentes zonas del punto de control de Overwatch, Mercy borraba y corregía números y símbolos en el blanco, pulcro y silencioso laboratorio designado para ella. Se frotó los cansados ojos y se pasó la mano por sus entumecidos hombros mientras su mente trabajaba a toda marcha. Cualquiera que entrase en aquel momento y viese su cara, seria y enfocada, pensaría que sería mala idea distraerla pero la verdad era que la doctora estaba abierta a cualquier distracción mientras estuviese lejos del tema de la guerra que se libraba en todos los continentes. Y por suerte para ella, más de uno de sus compañeros cercanos sabían eso ya que, repentinamente, fuera de su oficina se escuchó algo poco habitual en tiempos de guerra.

Música. Rítmica y agradable música.

Los labios de Mercy se curvaron en una sonrisa mientras sus ojos se cerraban instintivamente. Las formulas y ecuaciones en su cabeza se desvanecieron momentáneamente cuando el ritmo instrumental se apoderó de su cuerpo. Miró hacia la puerta de su laboratorio por encima de su hombro derecho y se llevó una mano a la boca para mitigar la risa: Asomándose desde la puerta la cabeza de Lúcio Correia dos Santos se meneaba de arriba a abajo con una sonrisa que mostraba todos los dientes, su larga cabellera saltando de manera alocada.

Mercy retornó su mirada a las pizarras sabiendo que no sería capaz de enfocarse pues había pocas cosas tan poderosas en el equipo de Overwatch como la música de Lúcio, la cual era capaz de cambiar sin esfuerzo el estado de las personas. Esta melodía en especifico, vibrante y animosa, rebotaba en las paredes del laboratorio haciendo que ninguna interferencia pudiese escucharse desde afuera, trayendo consigo un ambiente de tranquilidad. Entretenida, la doctora miró nuevamente sobre su hombro y como era de esperarse, Lúcio se encontraba en la misma posición haciendo el mismo movimiento esperando pacientemente, confiado sobremanera de lo que su música era capaz.

No tardó mucho antes de que Mercy no pudiese resistir y, rodando los ojos mientras reía, empezó a mover las caderas de un lado a otro mientras levantaba las manos por encima de su cabeza. En ese momento el volumen de la música se elevó y al darse la vuelta vio como Lúcio entraba al laboratorio con una mano apuntando a los cielos. No llevaba puesto sus patines de luz pero aun así sus piernas se movían a toda velocidad al ritmo de la música.

"De eso es de lo que estoy hablando Doc!" Exclamó el joven entretenido, su acento vibrante en sus palabras. "Muéstreme de lo que ese cuerpo es capaz!" Mercy no pudo evitar sacarle la lengua pues sabía que tan limitada eran sus habilidades de baile, sobretodo comparadas con uno de los mejores artistas musicales que quedaban en el planeta.

"Muy gracioso jovencito," dijo ella, reconociendo sin vergüenza la diferencia entre edades. Se quitó la bata, quedando en una camisa de rayas verticales perfectamente planchada. Ese cambio no ayudo en lo absoluto a mejorar sus pasos de baile.

"Usted sabe que nunca me burlaría de la mejor soporte que tiene este equipo Doc. Como cree que sería capaz?"

Ese comentario sacó una carcajada de Mercy aun cuando no le gustaba que la compararan con otros miembros del equipo (Solo estoy haciendo mi parte decía ella constantemente, sin deseo alguno de gloria). "Ah no? Y si no fue para eso, que otro motivo tendrías para estar aquí en vez de estar divirtiéndote con los demás?"

Lúcio le guiñó un ojo y se acercó rápidamente a la doctora. En un fugaz movimiento le tomó una mano y la atrajo hacia si mientras le hacía dar una vuelta a su alrededor. "Es obvio que la vine a buscar Doc. No pensará que vamos a dejar que se salga con la suya de dejarnos sin su compañía, verdad?" Al decir aquello el joven extendió su otra mano y tomó uno de los marcadores de la pizarra.

Buscando equilibrio entre los pasos de baile que le estaban haciendo dar, Mercy se abalanzó para proteger los otros marcadores pero fue en vano ya que en cualquier lugar que simulase una pista de baile nadie es más rápido que Lúcio. En tan solo unos instantes la media docena de marcadores que tenía a su disposición desaparecieron delante de sus ojos.

"Y que te hace pensar," empezó Mercy con una sonrisa entre jadeos, sintiendo su limitada resistencia cardiovascular. "Que este trabajo puede esperar?" Terminó esa pregunta guiñándole un ojo mientras le hacía dar una vuelta a su alrededor. A diferencia de ella, Lúcio la dio con inmaculada perfección.

"Fácil: Uno de sus amigos cercanos me dijo que si ese fuese el caso no hubiese empezado a mover esas vivas caderas de mujer blanca. Hasta me dijo que clase de ritmo la haría sentir joven."

"Lúcio!" Exclamó Mercy, sintiéndose sonrojar. Se dio cuenta que el joven la tenia sujeta de las manos mientras la dirigía en dirección a la puerta. Obviamente, la doctora no tenia argumentos para negarse por lo que solo le quedo sonreír. "Quien fue que te dijo algo así?"

"Tendrá que seguirme para averiguarlo, no cree? Pero no se preocupe, le aseguro que los temas que tenemos de conversación serán de su agrado. Incluso le daremos un par de minutos para que nos deleite con una charla de su súper interesante tecnología si así lo desea."

Mercy levantó el mentón fingiendo estar ofendida con aquella frase. "Más les vale!" Después agregó entretenida "pero creo que los usare para dar unas palabras de agradecimiento al mejor soporte que tiene este equipo en el cual todos confiaron para cruzar este campo de batalla, recuperar a la aburrida medico con su música y llevarla a su destino."

La carcajada de Lúcio se pudo escuchar por todo el pasillo. "Nadie como usted doctora, nadie como usted," fue lo único que dijo mientras levantaba un dedo para subir el volumen de la música una vez más. Mercy se dejó rodear por la cintura mientras salía junto con el joven en dirección a uno de los salones comunes. Si bien esperaba que uno o dos relatos de la guerra inevitablemente se escapasen, al menos contaría con buenos compañeros para no tener que enterrarse en el trabajo pues, si era sincera, no siempre era la mejor medicina.

Fin.