¡Hola otra vez¿qué tal estamos? Espero que bien y que el fin de semana os lo paséis genial.

Bueno, como siempre todos los personajes que utilizo en esta historia son propiedad de JK Rowling, La Warner y de cualquiera que haya pagado los derechos…

Espero que os siga gustando

Aio!


Habían pasado dos años desde aquella famosa boda. Dos años en los que Seamus y Dean habían encontrado el amor y se habían casado. Seamus había encontrado en Lavender Brown a la candidata perfecta para compartir con ella el resto de su vida y, en cuanto a Dean, la elegida había sido Parvati Patil. En fin, que ellos sintieron mucho el perder el dinero pero… el amor valía mil veces más… o eso es lo que querían hacer creer frente a sus otros tres amigos que lo único que hacían era frotarse las manos ante la cantidad de galeones que se habían acumulado… Tres fuera y quedaban otros tres.

Harry… - casi gritaba Ron cuando entró como un huracán en su casa - ¡Harry!

Estoy aquí – el aludido apareció sólo con una camisa y unos boxers negros – Será mejor que hables más bajo – le pidió con un ademán mientras cerraba lentamente la puerta del dormitorio – no quiero que se despierte antes de tiempo – sonrió y le guiñó un ojo.

¿Estás preparando el famoso desayuno Potter? – preguntó extrañado dejando a un lado la excitación inicial – Eso es grave… - canturreó siguiéndole a la cocina. Normalmente cuando Harry preparaba el gran desayuno, consistente en zumo de naranja y tostadas, era porque pensaba que ella era la mujer de su vida. También habría que puntualizar que para el chico la mayoría de las mujeres eran las mujeres de su vida… En fin, como siempre se le acababa la ilusión tan pronto como venía, esas "mujeres perfectas" pasaban a engrosar la lista negra.

No seas tonto Ron… es solo que… - cogió su varita para poder preparar las tostadas, vale que ella le gustaba mucho pero ¿tanto como para hacerlo a la manera muggle? De ninguna manera.

Ah… lo estás haciendo con magia – cortó la explicación de su amigo y se sentó medio desilusionado en una silla. No es que quisiera que él perdiese la apuesta es que… siempre había imaginado que su mejor amigo desde el colegio iba a encontrar a la chica adecuada para él. En fin… mejor esperar un poco más…

¿No tenías algo importante que contarme? – preguntó fastidiado por la cara de decepción de su amigo.

¡Es cierto! – se levantó bruscamente dejando en el suelo la silla y se lanzó en picado a abrazar a su mejor amigo - ¡Me voy a casar! – comenzó a dar vueltas como un histérico - ¡Ella dijo sí¡Dijo sí!

¡Tranquilo! – no podía dejar de reír contagiado por su mejor amigo. Siempre pensó en que Ron necesitaba a una buena mujer y estaba seguro de que su novia era la adecuada.

¡Luna dijo que sí! – gritó alzando los brazos al cielo y lanzando una exclamación de gusto – No me lo puedo creer… ¡es la mejor chica del mundo! – sonreía como un niño que acaba de recibir el regalo de reyes que siempre quiso.

¿Por qué pensabas que se iba a negar? – le sonrió – está loca por ti… aunque sigo sin entenderlo del todo…

¡Ja! – le sacó infantilmente la lengua – Sé que estás celoso porque no te eligió a ti – se sentó en el suelo – eligió al mejor – y volvió a alzar los brazos abriendo la boca de par en par formando una sonrisa de victoria.

Bueno… eso es cierto – terminó diciendo Harry – Siempre pensé que si ella no caía en mis redes debía caer en las tuyas… siempre babeando detrás suyo surtió efecto ¿verdad?

Qué gracioso… pero ni siquiera tus bromas me pueden fastidiar el día – se levantó con renovadas fuerzas – Serás mi padrino ¿verdad? – le miró con brillo en los ojos. Sí, sé que en la mayoría de las historias es la novia la que tiene ese brillo pero… él también tiene derecho ¿no? Pos eso.

Ni siquiera una horda de fans histéricas por mi cuerpo podrían detenerme – sonrió mientras le abrazaba.

¿Qué ocurre aquí? – preguntó una voz somnolienta que pertenecía a una chica morena que entraba en la cocina - ¿Qué se supone que hacéis? – Ver a tu supuesto novio sólo con una camisa abrazando y dando saltitos junto a un chico pelirrojo que no dejaba de darle besos en la mejilla como un loco no es lo que cualquier chica tiene en su lista de preferencias ¿no?

¡Me caso! – y Ron, sin conocer de nada a esa chica, soltó de improviso a Harry y se lanzó sobre ella - ¡Me caso en una semana!

Felicidades – dijo por encima del hombro de aquel feliz pelirrojo interrogando a su "novio" con la mirada.

Déjale… es que como ninguna chica le solía hacer caso y esta vez una se va a quedar con él… es demasiada felicidad en un cuerpo tan pequeño – rió.

Tú también vas a venir a la boda ¿verdad? – tanto la desconocida como Harry se quedaron mudos – acompañarás a Harry – afirmó al no recibir respuesta alguna – Ya recibirás la invitación – soltó a la chica y se dirigió como un cohete a la puerta - ¡Voy a avisar a Malfoy! – y más contento que unas castañuelas se largó del apartamento.

¿Iremos juntos? – preguntó vacilante ella mientras tomaba la silla del suelo para sentarse a la mesa.

Por supuesto… - le respondió dándole la espalda - ¿lo dudabas a caso? - ¿alguien puede decirme por qué Harry no estaba muy contento con el arreglo? Una frase vino a su mente… "de una boda sale otra boda".

Y llegó el tan anhelado día. Ron estaba al borde de un ataque de ansiedad. Según él la novia tardaba demasiado… ¡Merlín llegaba dos minutos tarde! Eso era un síntoma claro de que le iba a abandonar en el altar… ¡estaba segurísimo!

Es normal que la novia llegue tarde… es más… ¡es lo que sucede en todas las bodas histérico! – le repetía una y otra vez Harry… ya se estaba hartando de que su amigo pelirrojo la tomase con él cada vez que pensaba que Luna se había largado con otro chico vete tú a saber dónde.

Eso sólo lo dices porque eres mi amigo – se abrazaba al moreno descargando todo su peso – Seguro que no me quieres contar que se ha cansado de mí y ha huido a dos minutos de la boda.

Estoy completamente seguro de que no se ha cansado de ti ¡pero yo sí! Como me sigas llenando la túnica de lágrimas y vete tú a saber que otras cosas vas a ir al altar con un ojo hinchado.

¡Me ha dejado! – volvió a lloriquear en su hombro – Seguro que ha visto la boda y ha pensado que soy un agarrado – de todos era sabido que Ron no tenía mucho dinero que digamos. Por eso mismo la boda se celebraba en una capilla mágica de la ciudad de Las Vegas. Económico, simple, barato… ¡una boda sin clase! Seguramente ahora estaría con Malfoy pidiéndole consuelo… por cierto… ¿dónde demonios estaba eh? - ¿Dónde está Malfoy?

Ron… - suspiró cansado Harry - ¿no recuerdas haberle mandado a ver si Luna estaba ya preparada?

¿Yo he hecho eso? – se separó del moreno en un segundo – seguro que ahora mismo están preparando la maleta para irse juntos… - justo cuando iba a abrir la puerta Draco entró y el pelirrojo chocó contra él.

¿Quieres casarte con una marca en la cara? – preguntó el rubio intentando contener la risa – ¿o es que me has echado de menos? – le guiñó el ojo.

¿Dónde está Luna? – le agarró de la pechera.

¿Qué le pasa a este histérico? – le preguntó a Harry ignorando los tirones que le daba el novio.

Nada… cree que le has robado a Luna – se encogió de hombros – a propósito… ¿ya está lista?

Sí, está esperando a que el loco este se ponga en su sitio para entrar…

¿Ya está lista? – preguntó dando un bote y soltando a su amigo - ¿A qué estáis esperando? – Draco y Harry se miraron sonriendo – se supone que vosotros entráis detrás de mi – con paso ceremonioso se dirigió al altar.

No estoy muy seguro de cómo Luna ha aceptado casarse con él… - dijo en bajo Draco.

Yo tampoco la verdad – contestó de igual modo Harry.

La boda duró unos diez minutos. Después de llevar a cabo sus papeles tanto Draco como Harry se sentaron en sus respectivos sitios. El moreno al lado de su "novia oficial" y el rubio solo.

¿No te han dicho que no está bien acudir solo a una boda? – le susurró Harry a su amigo que estaba sentado en un banco frente a él.

¿Y tú no sabías que no se debe traer pareja si se quiere estar soltero para siempre? – le respondió con un guiño. Acababa de llegar la hora de tirar el ramo para que una de las afortunadas solteras que estaban en la iglesia tuviese la misma suerte que la novia.

Será mejor que todas las chicas solteras se pongan en el pasillo central – canturreó Luna. Teniendo en cuenta que de las cuatro chicas presentes, sin contar a la coral que cantaba el himno nupcial claro, sólo una estaba soltera no se preveía una batalla campal para conseguir el tan ansiado ramo.

¿Dónde vas? – preguntó asustado Harry al ver que su acompañante se levantaba para ocupar su sitio entre las solteras casaderas.

Tranquilo… ahora vuelvo…

¿Ves lo que te había dicho? – rió Draco. Luna, después de suspirar sonoramente, le entregó el ramo. Claro que no le importaba que la boda fuese tan íntima y digamos… escuetilla. Pero… siempre imaginó a un par de chicas peleándose por el ramo. Bueno… una vida junto a Ron bien valía esa "pérdida".

¡Lo conseguí! – gritaba una y otra vez Ron sentado en la barra del bar elegido para la "fiesta post nupcial" – Me he casado… ¡no puedo creerlo! – y se bebió de un trago todo el contenido de su vaso - ¡esto es asqueroso! – escupió parte de aquel líquido. Habían tenido la magnifica idea de celebrarlo en un casino muggle de Las Vegas… por consiguiente Ron estuvo bebiendo su bebida homónima y por poco tiene que largarse al baño.

Deja de beber Ron… - le aconsejó Harry mientras le quitaba el vaso – ¿Querrás estar sobrio en tu noche de bodas verdad? – le guiñó un ojo.

Creo que yo sé cuando parar ¿verdad? – le preguntó a un amigo imaginario – Este Harry siempre fastidiando…

¿Qué tal si subimos un momento? – una voz femenina muy sugerente se había acercado a los dos amigos y tiraba suavemente de la camisa del moreno – Creo que me he dejado algo en la habitación y me da un poco de miedo subir solita… - le susurró en el oído para cerrar con un pequeño mordisco aquella frase.

Te acompaño – Harry se dio la vuelta y la besó en los labios - ¿No te importa verdad Ron? – le preguntó a su amigo pero, al ver que estaba medio tumbado sobre la barra, llegó a la conclusión de que debía dejar que siguiese "meditando intensamente" – Luna creo que tu marido está borracho… - informó a su amiga cuando pasó a su lado – ten, aquí tienes un poco de poción para tenerle en forma – rió cuando ella alzó las cejas y le dio las gracias - ¿Qué es lo que se te ha olvidado? – le preguntó casi ronroneando al entrar en el ascensor.

No lo recuerdo… - apretó el botón de parada y quedaron ambos en oscuridad rota solamente por el pequeño indicador de "Emergencia". Entre pequeñas risas ella se acercó lentamente a su rostro plantando pequeños pero húmedos besos a lo largo de su mejilla derecha - ¿Tú podrías ayudarme?

Por supuesto… - sonrió y la alzó hasta tenerla a su misma altura – Creo que se trata de un chico moreno y con los ojos verdes ¿me equivoco? – deslizó sus labios por los de ella recibiendo un pequeño mordisco en el labio inferior fruto de la poca paciencia por parte de su acompañante.

Se te ha olvidado mencionar lo de atractivo pero… supongo que ya lo sabrás ¿verdad? – no le dejó mencionar respuesta alguna ya que sus labios provocaban a los de él intentando que dejasen el espacio idóneo para volver a degustar su dulce sabor. Súbitamente se sintió presionada contra una de las paredes del ascensor mientras ella casi desesperadamente movía sus dedos entre los cabellos negros. Sintió cómo una mano le recorría su pierna derecha acariciándola suavemente para alzarla y colocarla a un lado de las caderas masculinas. Movió sus labios en una sonrisa a la vez que sus manos se movían rápidamente intentando quitar los botones lo antes posible. Se deshizo de aquella estorbosa prenda a la vez que apartaba suavemente a Harry. Él la miró interrogante pero ella no le dejó formular su pregunta ya que comenzaba a recorrer con la lengua su pecho. Lo único que se podía oír en aquella caja que colgaba a unos cien metros del suelo eran suspiros y gemidos ahogados – Dime… esas… tres… palabritas… Harry… Dímelas – rogaba entre besos.

¿Esas tres palabritas? – ni que decir quiere que en esos momentos la mente del moreno no es que estuviese muy concentrada en contestar preguntas…

Dímelas… - lamió lentamente los pezones de él – dímelas… - susurró antes de morder suavemente uno de ellos.

¿Qué? – decir que el libido de Harry había bajado estrepitosamente era un eufemismo… ¡Merlín! Se refería a esas tres palabras… ¡esas tres malditas palabras! Pero… pero… ¡él no estaba preparado! No sabía si quiera si sentía "eso" por ella… ¡Morgana santísima! Ni siquiera recordaba cómo se llamaba la mitad del tiempo… - Yo… - la separó gentilmente mientras intentaba incorporarse – No creo que esté listo…

¡¿Qué?! - ¿cómo que no estaba listo¡pero si hace dos segundos parecía estarlo!

Será mejor que lo dejemos – apretó el botón del piso de su habitación y comenzó a vestirse lo mejor que pudo. Ella, al ver que ni siquiera le iba a dar una pequeña explicación, hizo lo mismo. No intercambiaron ni una sola palabra hasta llegar a su habitación.

¿Qué te pasa? – preguntó sorprendida al ver que él metía en su maleta toda su ropa.

Será mejor que te vayas – le dijo derrotado mientras la guiaba hasta el ascensor – Yo… no estoy listo para eso…

¿De qué demonios me estás hablando? – preguntaba desconcertada en el ascensor.

No estoy listo para decirte que te quiero Melinda…

¿Y quién estaba hablando de eso? – preguntó fastidiada mientras le miraba fijamente.

¿No te referías a eso? – preguntó confundido mientras las puertas del ascensor comenzaban a cerrarse.

Yo quería que me dijeses tres palabras – levantó tres dedos para dar más énfasis a sus palabras – Hazme el amor – bajó los dedos dejando levantado el dedo corazón – Adiós Harry – las puertas se cerraron definitivamente.

Hazme el amor – repitió como un tonto sin salir de su asombro - ¡Hazme el amor! – repitió acercándose a las puertas ya cerradas - ¡HAZME EL AMOR! – repitió golpeando las puertas. Dos señores que pasaban por ahí le miraron como si fuese el mayor pervertido del mundo. Menos mal que los muggles no reconocían al gran Harry Potter… Intentó disculparse pero lo único que consiguió fue que aquel hombre se llevase a su mujer lejos de ese exhibicionista…

¿Qué te pasa amigo? – le preguntó Ron. En su desconcierto Harry había bajado al bar de la celebración para no estar tan solitario.

Acabo de cometer la mayor tontería de mi vida… - le informó al tiempo que pedía una bebida fuerte.

¿Y cuál es esa tontería?

Antes Melinda y yo nos habíamos quedado encerrados en el ascensor y…

¿Encerrados? – ese tono de voz le indicaba que no creía ni media palabra.

Más o menos… - no quería entrar en detalles – y bueno… una cosa llevó a la otra y cuando estábamos a punto de… - un gesto en la cara de su amigo pelirrojo le indujo a pensar que él ya sabía de qué hablaba así que se ahorró el comentario – me pidió que le dijese esas tres palabritas.

¿Tres palabritas¿Te refieres a Te quiero Melinda?

Yo pensaba que sí… y bueno… no me pareció adecuado mentir para poder hacerlo…

¿Has rechazado la oportunidad por principios? – le miró extrañado – Enhorabuena… ya eres todo un hombre – le dio un golpecito en la espalda.

Muy gracioso… - se tomó todo el contenido del vaso de un golpe – Ahora estoy totalmente solo…

Tranquilo. Si te sirve de consuelo no creo que hayas perdido mucho… esa chica no era para ti.

¿Y cómo lo sabes?

Por el desayuno

¿Por el desayuno?

Exacto… si estuvieses interesado realmente en ella y no en su cuerpo lo hubieses hecho a la manera muggle…

Bonita teoría… - pidió otro trago.

Si tú pudieses acostarte con cualquier chica del mundo ¿con quién sería?

¿Eso es una pregunta con trampa? Recuerda que dentro de poco es mi cumpleaños…

Yo elegiría a Luna… - el pelirrojo miró a su mujer que estaba hablando con una de sus amigas – es la mujer perfecta para mi… ojala tú sientas algo parecido algún día…

Tienes suerte amigo… - en el momento en que el camarero se acercaba con su bebida una belleza pelirroja se sentó cerca de ellos reclamando inmediatamente la atención del moreno - ¡Vaya!... – exclamó casi sin aliento al ver a esa exuberante mujer.

Olvídela amigo – le informó el camarero – Ese tipo de mujeres sólo van con los tipos que apuestan fuerte…

¿Qué apuestan fuerte eh? – se quedó pensativo por unos instantes… está bien… sólo le llevó un par de segundos que una sonrisa de victoria se instalase en su cara.

Harry… piénsalo bien… No hagas ninguna tontería… - le advirtió su amigo pelirrojo.

Tranquilo… sabes que tengo mucho dinero ¿Verdad? – le palmeó en el hombro – Además… la suerte está de mi parte – se dirigió a una de las mesas de dados.

Será mejor que tengas cuidado – fue lo último que pudo decir antes de ver cómo su mejor amigo se dirigía hacia los dados con aquella pelirroja del brazo.

¡Ocho! La banca gana – repetía por enésima vez el crupier de la mesa de Harry.

Será mejor que vayas a sacarle de ahí – le pidió Luna a su marido – Creo que la suerte no está de su lado… si sigue así perderá todo su dinero…

Tranquila – le respondió Ron – Espero llegar a tiempo.

Venga daditos… dadle a papá Harry un siete – frotó los dados en sus manos y volvió a dejarlos escapar… el resultado fue el mismo que en las tiradas anteriores… cualquier número menos el que él había pronosticado.

¡Harry! – Ron le tiró de la manga para captar su atención - ¿Cuánto has perdido?

¡No tengo ni idea! – le contestaba sin dejar de mirar la mesa – tal vez quinientos o seiscientos… ¡qué más da! Tengo más ahorrado – antes de tirar los dados sintió una mano apretarle - ¿Qué haces?

¡Estás loco! – le regañó su amigo - ¡No tienes dinero suficiente para cubrir esas apuestas! Ahora mismo vas a dejar de jugar y mañana tendrás que trabajar horas extras para poder comer…

Tienes razón – concedió después de unos segundos. Realizó mentalmente la suma de su dinero, después de convertirlo a dinero muggle, y llegó a la conclusión de que se había gastado en aquel casino todo su dinero. Cerró los ojos derrotado – Será mejor que nos vayamos… - le dio los dados a su acompañante pelirroja e hizo el amago de irse cuando vio, por el rabillo del ojo, como ella lanzaba decididamente los dados dando el mismo resulta do que siempre… ocho ¡Maldito número! Bueno… dado que la apuesta era bastante grande el dinero que debía incluía un montón de ceros… ceros que él no podría pagar ni con tres años de su sueldo - ¡Maldición! – fue lo único que pudo decir antes de que los socios del dueño de aquel casino se lo llevasen a rastras hasta su despacho.

Así que ha perdido… - fue la presentación de aquel hombre que le estaba tendiendo la mano.

Más o menos… - aceptó la bienvenida rogando a Merlín que todo fuese bien.

Supongo que no dispondrá en este momento de la suma que ha perdido…

¿Qué le hace pensar eso?

Señor…

Potter – completó Harry.

Señor Potter… dirijo un casino y sé cuando la gente ha apostado de más…

¡Pero yo no lancé los dados! – protestó.

Está bien… - contestó calmadamente – veamos los videos de seguridad – con un mando llegó hasta el momento justo del principio de la caída de Harry.

¿Ve? Es ella quien tira los dados ¡no yo!

¡Exacto! – Ron apoyaba a su amigo.

Pero usted le dio los dados y ella los tiró… eso, amigo, es una tirada legal en cualquier casino de Las Vegas…

Pues yo no lo creo – cruzó los brazos en clara señal de desafío.

Para su desgracia no es importante lo que usted crea sino lo que yo creo. Y creo que me debe doscientos mil dólares…

¿Doscientos mil? – exclamaron ambos alarmados.

Pero no se preocupe… - le dedicó una sonrisa amistosa – dispondrá de un plazo adecuado de tiempo para cubrir esa deuda.

¿En serio? - ¿aquel tipo le daría unos tres años? Porque eso era más o menos el tiempo que iba a necesitar

Un mes y medio

¿Un mes y medio? – volvieron a repetir.

¿Acaso les parece mucho? Siempre se puede acortar…

No… es un plazo muy generoso… - respondió Ron.

Me alegro… supongo que le gustará conservar sus extremidades intactas ¿Verdad?

La verdad es que sí – al oír cómo ese hombre le amenazaba la sangre le hirvió… ¿él no era el mejor mago de todos los tiempos? Pues esa clase de amenazas no surtían ningún efecto en él – Pero… - se sentó más cómodamente en la silla – no me da ningún miedo – le informó como quien comenta que va a llover – Así que ahora si me disculpa – se levantó lentamente de su asiento – volveré en cuanto tenga el dinero… en cuanto a su amenaza debo advertirle que no tiene el mayor efecto.

Señor Potter… - le llamó el dueño antes de que se fuese – debo recomendar que se tome esto en serio. No nos gustaría ver al salvador del mundo postrado en un hospital de San Mungo ¿verdad?

¿Qué? - ¿cómo sabía ese tipo de la existencia de San Mungo?

Sé perfectamente que usted es un mago… es más… yo soy uno de sus admiradores… - se levantó pausadamente – yo también soy un mago… no tan bueno como usted pero lo intento – le sonrió – Por eso mismo me dolería tener que llegar a extremos insospechados… Sabe perfectamente que hay más cosas en juego que su cuerpo ¿verdad? No querremos manchar su reputación ¿cierto? Y… ¿qué pensarán sus padres¿los niños que confían ciegamente en su leyenda¿quiere privarles de su héroe a los niños de ahora o del futuro? – Eso sí que era una amenaza en toda regla – Le aconsejo que pague sus deudas.

Está bien – todas esas palabras hicieron mella en su cerebro – Dentro de un mes y medio tendré todo el dinero.

Eso está mejor – le abrió educadamente la puerta – espero verle pronto.

Por supuesto – Harry y Ron salieron del despacho - ¿En qué me he metido? – preguntó al techo.

Tranquilo… todo se arreglará. Yo te prestaría el dinero pero…

Ya lo sé… no te preocupes…

¿Por qué no se lo pides a Malfoy? – preguntó el pelirrojo una vez llegaron a su habitación.

¿Qué es lo que le vas a pedir a Malfoy? – Luna estaba esperando a que su marido subiese.

Harry ha perdido todo su dinero y tiene que devolver lo que ha adeudado… - le explicó rápidamente su marido.

Estoy acabado – el moreno se sentó en uno de los sofás – Draco nunca me prestará el dinero… ya sabes que él nunca presta ni su coche ni dinero…

Eso es cierto… - Ron se sentó a su lado para darle ánimos.

¿Qué hay de la apuesta que hicisteis? – preguntó de repente Luna – Eso no sería pedirle dinero ¿verdad?

¡Es cierto Harry! Tenemos que hacer que Malfoy se case.

Claro… lo más fácil del mundo… que Draco se case en menos de dos meses… ¿cómo no se me ocurrió antes? – a sarcasmo le ganaba poca gente – Sería más fácil que ese tipo olvidase mi deuda…

Hombre… alguna chica ha tenido que gustarle en algún momento ¿no?

Probablemente pero nunca me lo ha dicho – respondió ausente el moreno.

Pregúntaselo – le sugirió Luna – pero no directamente… utiliza alguna estratagema para que te lo diga sin que se de cuenta…

Bueno… vale la pena intentarlo ¿no? – Ron le dio un pequeño codazo en señal de amistad.

Vale la pena intentarlo… - se encogió de hombros.