¡Hola a todos! ¿Cómo están? Aquí va un nuevo cap de Ángel, espero que les guste. Capítulo dedicado a dai-cat23, no tienes idea de lo mucho que me alegra oír eso.
Los review se agradecen un montón y sobra aclarar que solo me pertenece la historia, lo demás a sus respectivos dueños. Como curiosidad macarelo significa que alguien es pendenciero.
Dicho esto, ¡Disfruten su lectura! y Carpe Noctem.
"She is always been a fixer. Gravitating towards those that are broken, attempting to clean up messes others left, trying to soothe wounds and fix the damage. It is just her nature. Her generous heart knows no limits but is full of scars because she does not understand, you cannot put your heart in the hands of those who do not know how to love. They will do nothing more than break everything they touch."
Tony no podía entenderlo, simplemente no podía. Él era un genio, sí. Una de las mentes más brillantes de su generación, concedido. Pero no podía dimensionar de ninguna forma, y eso incluía preguntarle a Romanoff y a JARVIS, ¿Por qué demonios Steph sufría por Rumlow?
Esa mujer era perfecta. Cualquier hombre que él conocía no era digno de siquiera mirarla, mucho menos hacerla sufrir. Siempre sacaba excusas, siempre la dejaba plantada, solía ignorarla y eso para él no tenía sentido. Los malditos ojos de cachorro de Steph lo habían hecho asistir a las aburridísimas reuniones de SHIELD. ¡Y eso tenía su mérito! Sino que le preguntaran a Pep y Rhodey.
Los vengadores como equipo compartían muy pocas cosas en común. Muy, muy pocas. Pero si su interpretación de las miradas silenciosas que se lanzaban entre ellos, que le lanzaban a él y que él lanzaba, estaban tramando un asesinato… o al menos una buena sesión de tortura al estilo ruso.
Si Steph se enteraba se pondría como un basilisco, esa mujer era leal como pocas, pero quizás la aplacara un poco saber que desde su creación como equipo, tenían algo en común. Aunque ese algo fuera descuartizar al bastardo.
Esa noche era jueves aka noche de cine. Cada mes cada uno de ellos proponía una película de acuerdo a alguna categoría escogida aleatoriamente y decidían el orden en el que las verían de formas muy maduras, piedra papel o tijera, lucha de pulgares, Mario Kart, en su mayoría la competición dependía de las heridas de las que se estuvieran recuperando en la semana en cuestión. Se sorteaban quien proveía las chucherías.
Esa noche Rumlow tenía la noche libre por lo que Steph se había excusado. Ni siquiera la arañita era tan buena con las caras de poquer para ocultar su desagrado. Si hubieran sido Laura, Pepper o Jane las que tenían la noche libre habrían pasado dos escenarios, el primero, una larga serie de bromas e insinuaciones y listo, el segundo, que se unieran a ellos.
Habían intentado incluir a Rumlow en una de sus noches de cine, la de la semana anterior, en un intento de complacer a Steph y había sido un completo desastre. Ella no había podido ir con ellos porque tenía una misión, el tipo no había dejado de hacer bromas de mal gusto y de críticas a las elecciones de películas… y había osado a burlarse de las chucherías de Natasha.
Había ciertas reglas no dichas de conducta si querían convivir sin matarse entre ellos. Una de ellas: tú nunca menospreciabas los dulces de Natasha. Natasha solía traerles dulces que ella comía en su infancia en Rusia, por lo general eran buenos pero habían algunos que apestaban, las barritas de soja eran unos de ellos. La regla era simple: tú comías, sonreías y decías que estaban deliciosos, así supieran a rayos.
Había visto a Natasha ponerse rígida ante el insulto. Todos entendían el grado de confianza que Natasha estaba mostrándoles al enseñarles algo de su infancia. Menos el imbécil de Rumlow al parecer. A partir de ahí, todos habían recordado, desde que tenían una cita de último minuto con el dentista, hasta un juego de bolos con unas monjas. De hecho, había terminado con Natasha jugando bolos con Sor Angustias y compañía.
Esa noche Tony llevaría las chucherías. Le había costado más el envío que la aduana y el costo de las chucherías en sí. Pero lo había conseguido. Había una fuente llena de barritas de soja. Cuando todos llegaron tomaron un bol de las barritas y se miraron entre ellos, el dolor de mandíbula y la pérdida del sentido del gusto bien valía la sonrisa frágil de Tasha al ver las chucherías.
Estaban en la mitad de "solo los amantes sobreviven" mientras discutían sobre el escalofriante parecido del protagonista con cierto nórdico cuando la vieron llegar. Lucía una sonrisa arrepentida y tenía bebidas.
—¿Puedo unirme a ustedes?
Todos se contorsionaron para hacerle un hueco entre ese revuelto de brazos y piernas que parecía un twister andante. Steph quedó junto a él.
—¿Qué pasó?
—Brock me dejó plantada, otra vez. —dijo con una mezcla de sequedad e ironía.
Definitivamente no podía entender a ese bastardo.
