MISION DESDE EL MAS ALLA

Capitulo 2: Reviviendo el pasado

Por Okashira Janet

Un rayo de luz se coló por la ventana, Misao abrió los ojos con pesadez, una manta cubría su cuerpo, algo tibio y pesado se posaba sobre sus piernas, con extrañeza se incorporo a medias en el futón y observó por largo rato la figura que dormía recostada sobre ella como si estuviera velando su sueño, su cabello castaño y corto se regaba sobre la manta y su respiración parecía cansada.

—Seguramente se preocupo por mí… —Misao guardó silencio un momento, si al menos supiera quien era esa persona… La luz seguía entrando con mas fuerza en la habitación iluminando el piso de madera, un armario entreabierto y un extraño traje azul colgado de una pared, la joven al verlo sintió una extraña nostalgia aunque no tenía manera de saber de donde venía el sentimiento. Parándose muy lentamente, y con cuidado de no despertar a la persona que seguramente le había cuidado, recorrió con sus ojos verdes la estancia hasta estar segura, jamás había estado en ese lugar, no conocía a la joven que dormía junto a ella y no tenía idea de cómo había llegado ahí.

—Lo mejor será irme… —Volviendo por ultima vez la vista hacía la mujer que dormía fatigadamente se paró en el umbral de la ventana dispuesta a saltar, una sensación de tristeza la invadió al partir lo cual era bastante extraño pues estaba segura de nunca haber estado en esa habitación antes, sus pupilas temblaron ligeramente, su mente estaba algo confundida pero no ganaría nada con quedarse en un lugar desconocido.

—Gracias… —Inclinó ligeramente la cabeza y finalmente saltó, las cortinas ondearon con el viento que se desató con su partida y Omasu que estaba dormida sintió entre sueños una agradable brisa besarle la cara.

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Aoshi meditaba en el templo con los ojos firmemente cerrados, podía sentir cada uno de los elementos de la naturaleza a su alrededor y eso lo llenaba de una momentánea calma, momentánea porque en esos momentos no podía sentirse mas aturdido de lo que estaba, los eventos que habían ocurrido el día anterior eran tan extraños que en instantes se le antojaba que todo había sido un sueño y que en cualquier momento Misao llegaría sonriendo con la bandeja del té.

Aunque claro eso era imposible y él ya era lo suficientemente mayor para notar que lo que estaba ocurriendo no era un sueño, todo había pasado, desde la extraña luz que había rodeado a Misao hasta ese momento, con él intentando meditar sin mucho éxito.

Lentamente abrió los ojos, el viento soplaba suavemente y un tímido sol parecía despuntar a lo lejos, pero seguramente llovería, los ninjas sabían leer el tiempo y el anuncio de lluvia era tan claro como el agua.

—Misao. —Finalmente comprendió que meditar le sería imposible, juntó ambos pulgares recordando los eventos del día anterior, después de cargar a Misao tanto él como Shiro habían emprendido la marcha al Aoiya, la nieve empezaba a cesar pero la temperatura del cuerpo de Misao bajaba cada vez mas, como si estuviera cayendo en un profundo abismo de hielo, Aoshi había sentido un terrible escalofrió recorrerlo en el momento en que había presionado un poco mas a Misao sobre su pecho para saltar un hueco, la chica estaba tan fría que en vez de cargar un ser humano tenía la impresión de estar cargando una escultura de hielo, una que corría el riesgo de quebrarse y de congelar su propio cuerpo si no se apuraba.

—¿Se siente bien Aoshi-san? —Shiro se había emparejado observándolo con preocupación, el rostro de Aoshi se había puesto pálido y sus manos empezaban a adquirir un alarmante color morado.

—Estoy bien. —Contestación seca que había dejado pasmado al mas joven, no entendía por qué Aoshi podía ser tan frío, él lo único que estaba haciendo era intentando ser amable y mostrar algo de preocupación, ¡pero que el demonio se llevara a Aoshi!, en esos momentos lo único que lo preocupaba era que el antiguo líder ninja no resistiera mas y cayera al suelo con su preciada carga.

Aoshi no había prestado atención al aura dolida que se desprendía del cuerpo de su compañero, lo único importante era llevar a Misao al Aoiya para ponerla a salvo, gracias a kami faltaba muy poco para llegar, saltando sobre un tejado había reducido la distancia a solo una calle cayendo elegantemente frente a la puerta del Aoiya.

—Aoshi muchacho, ¿pero que maneras son…? —Okina que se encontraba en esos momentos apoyado en la puerta del restaurante esperando poder cerrar en cuanto saliera el ultimo cliente sintió rápidamente que algo no andaba bien y no solo era el hecho de que Aoshi llevaba en brazos a su niña, había algo extraño en el ambiente, una presencia que no alcanzaba a vislumbrar por completo.

—Ella esta mal. —Sin más explicaciones había dado unos cuantos pasos al frente.

—Entiendo, llévala rápidamente a su futón le diré a Okon que suba a verla. —De un momento a otro el anciano había tomado una actitud seria pero Aoshi no le presto atención y subiendo la escalera de dos en dos llego al cuarto de la chica donde la deposito suavemente sobre las sabanas, ahí, con la trenza sobre el piso formando una graciosa curva y su rostro pálido como si estuviera enferma la chica provoco que Aoshi sintiera que algo le dolía en el pecho, pero un extraño y repentino temor le impidió quedarse a averiguar que le estaba pasando y prefirió salir cuanto antes de la habitación.

En el momento en que el joven salía Okon entraba seguida de Omasu cargando cada una con mantas y cubos de agua caliente, Okina que se quedo afuera esperando le mandó al joven una mirada interrogativa. Probablemente por primera vez en su vida Aoshi no sabía a ciencia cierta que contestar.

Y ahora no tenía otra cosa que hacer mas que esperar a que la chica se repusiera, pasada la medianoche Shiro había alertado seguramente a medio Kyoto gritando por todo el Aoiya que el cuerpo de Misao volvía a tener una temperatura normal y que solo faltaba esperar a que despertara. Así que solo hacía falta esperar, Aoshi no había vuelto a entrar en la habitación de su protegida, Omasu estaría cuidándola así que no había necesidad, además… no quería volver a sentir aquello que lo había atenazado por unos segundos.

—No quiero saber el por qué de ese extraño dolor… —Aoshi se levantó con movimientos elegantes y pausados, así era como se debían mover los ninjas, sin levantar sospechosas, sin hacer ruido, sin movimientos de mas y por sobre todo, los ninjas no debían tener sentimientos—. Ninguno. —murmuró tajantemente al tiempo que giraba su vista hacía el paisaje que se extendía frente a él, como lo había imaginado pronto llovería, el viento arreciaba y unas nubes grises empezaban a posarse sobre la ciudad.

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Misao caminó sin un rumbo bien definido, realmente no sabía hacía donde se dirigía aunque tampoco le importaba mucho que digamos, la gente a su alrededor no se percataba de su presencia o mejor dicho no les llamaba la atención su persona.

Se observó a si misma por unos instantes, llevaba unas getas que producían poco ruido al caminar y una yukata blanca, su cabello estaba recogido en una trenza, realmente era la viva imagen de una persona común y corriente que camina por el mercado en busca de algo, el único problema es que no sentía la necesidad de nada, entonces, ¿por qué estaba en ese lugar?.

—Mejor me voy. —Cambió el rumbo de sus pasos y atravesó el mar de gente que se encontraba en esos momentos atestando el mercado, algo de nostalgia la invadió y se apresuro a salir rápidamente entre el olor de las verduras frescas, el pescado recién atrapado y la podredumbre que se amontonaba a las afueras del lugar.

Ya estando fuera recargó la espalda en la pared de un edificio sintiendo que su corazón latía alocadamente en busca de recordar algo perdido, por el momento sentía que no era bueno intentar seguirle la corriente, despegándose de su sitio caminó con paso rápido hacía una callejuela, las nubes se iban volviendo grises a su paso y el ambiente se iba tornando frío y hostil como si el día que había empezado tan hermoso sintiera de pronto que una gran tristeza lo invadía y hubiera cambiado los rayos del sol por las lagrimas de la lluvia.

Misao al ver esto apresuro su paso hasta estar a punto de correr sin ponerse a pensar que no podía encontrar refugio si en primera instancia no tenía la menor idea de donde pedirlo, el sucio piso de la callejuela absorbió sus pasos, en su mente solo el vago presentimiento de que una gran tormenta iba a azotar la ciudad.

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—¡Okina, Okina! —Omasu bajó corriendo las escaleras y se detuvo jadeando frente al viejo que levanto una ceja en señal de interrogación.

—¿Qué pasa Omasu-chan?, ¿acaso algo le sucedió a mi angelito?

—Es, es… —La pobre joven jadeaba completamente desconcertada, había bajado las escaleras corriendo presa de un pánico indescriptible—. ¡Misao-chan no esta!

—¿Qué dices?

—He despertado hace poco y la habitación esta completamente vacía, no puedo entender adonde habrá ido, sobre todo tomando en cuenta que se ha dejado el traje ninja.

—¿Quieres decir que…?

—Me parece que salió con la yukata que Okon le puso ayer.

—Imposible, Misao no se anda paseando por ahí con esa ropa. —Contestó tajantemente el anciano.

—Lo sé, lo sé, —jadeó la chica pasándose el dorso de la mano por la frente con desesperación—, pero es la única solución posible que encuentro.

—¿Ya registraste toda la casa?

—Okon lo esta haciendo.

—Ni rastro, no esta, —exclamó Okon que venía entrando en la habitación luciendo visiblemente molesta—, ¿a donde se habrá ido esa niña?, ¿acaso no se da cuenta de la condición en que se encontraba ayer?

—En las condiciones en las que se encuentra dudo que este pensando con claridad. —Shiro que también entró a la habitación se rascó la nuca con nerviosismo.

—¿A que te refieres? —Lo interrogó el anciano clavándole una profunda mirada que el joven no pudo resistir por mucho tiempo.

—No estoy seguro pero algo pasó en el bosque, Misao no es la misma, algo cambio dentro de ella.

—No entiendo que quieres decir. —Omasu lo tomó de las mangas y lo jaló contrariada, Misao era como su hermana, la chispa que llenaba de alegría el Aoiya entero y en un descuido de su parte se había ido, si algo le pasaba sería por completo su culpa.

—Lo que quiero decir es que… —Shiro guardó silencio unos segundos en los que todas las miradas parecieron penetrarlo y atravesar su piel ¿cómo les explicaría algo que ni él entendía?—. Cuando estuvimos en la montaña un anciano nos contó…

—¡No es tiempo para cuentos! —Lo cortó tajantemente Okon cruzándose de brazos.

—¡No era un cuento! —replicó Shiro empezando a perder los estribos.

—Que les dijo. —Lo incito a seguir Okina regañando a Okon con la mirada al mismo tiempo.

—Nos dijo que una mujer de la edad de Misao había muerto hace tiempo y la habían enterrado en ese lugar, la chica había sido asesinada y al parecer no podía conseguir el descanso eterno, cuando nosotros fuimos se sentía una presencia extraña, era una sensación diferente, cuando nos dimos cuenta de que Misao podía estar en peligro y fuimos por ella la presencia se había vuelto mas fuerte… —Después de decir esto el muchacho bajó la vista visiblemente contrariado.

—¿Qué pasa Shiro-kun?, ¿dónde se sentía mas fuerte la presencia? —El muchacho volvió a levantar la vista y se mordió ligeramente el labio.

—Podría equivocarme pero creo que la presencia se sentía dentro del cuerpo de Misao…

—¡Eso es una locura! —exclamó Okon abriendo los ojos como platos.

—Ya lo se pero…

—No es momento para especular. —Okina los miró a todos fijamente provocando que guardaran silencio—. En estos momentos lo importante es encontrar a Misao, Kuro-kun se ha quedado en el restaurante así que él se hará cargo del Aoiya, Okon-dono manda palomas a los puntos de salida, Omasu-chan ve a buscarla al centro, Shiro-kun tu avísale a Aoshi-san, ¡en marcha!

—Sí. —Todos salieron presurosos pero cuando Shiro vio que la figura del viejo se perdía de vista cambio rápidamente su destino y enfilo hacía el mercado, no tenía caso avisarle a Aoshi de la desaparición de Misao, conociéndolo seguramente no haría nada, de hecho Shiro dudaba de que su protegida le importara al menos un poco.

—Lo mejor será ir a buscarla por mi mismo, Misao ¿dónde estarás?

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—¡Achu! —Misao no pudo reprimir un fuerte estornudo y se recargó en una pared tapándose con una mano la boca, tenía una fuerte sensación de nauseas y empezaba a sentir frío, el aire soplaba cada vez con mayor fuerza y el paisaje lucía gris y desolador, ese era realmente un día perfecto para quedarse en casa sin asomar siquiera las narices.

—Pero… —Volteó la cabeza de un lado a otro, todo ese tiempo había tenido la sensación de que se dirigía a un lugar seguro pero ahora, parada ahí en medio de ese lugar desolador, ya no tenía la misma opinión—. ¿Qué hago aquí? —Lanzando un suspiro de frustración presionó su cabeza con una de sus manos, había estado caminando hasta llegar a ese lugar y ahora no tenía ni idea de que era lo que estaba buscando o del por qué llegar a ese sitio.

Las gotas de lluvia comenzaron a caer rápidamente provocándole el girar los ojos al cielo, ese que ahora se veía gris e iracundo, el piso empezó a volverse lodo frente a sus ojos y un rayo relampagueo frente a ella haciéndole recordar que no estaba en un lugar seguro, tragando saliva se abrazó a si misma al tiempo que corría por la misma calle por donde había caminado toda la mañana.

A su paso, probablemente porque sin percatarse de ello buscaba un refugio, le presto mas atención a los lugares que veía: largos edificios con entradas elegantes y ventanas rodeadas de sakuras, cortinas oscuras y un agradable olor a perfume, un aroma seductor que llamaba a entrar y frente de cada puerta un farolillo de distintos colores regalando una tenue luz.

Misao paró de golpe, un farolillo rosa en la entrada de un edificio la había hecho reaccionar como si despertara de un sueño, imágenes borrosas y confusas de una separación y unas lagrimas amargas invadieron su mente haciéndola caer al suelo al tiempo que sujetaba su cabeza con fuerza y emitía débiles sollozos, pero encima de todo eso, encima del borroso pasado que intentaba abrirse paso a empellones lo había recordado, ya sabía donde estaba, ese era el distrito de las cortesanas.

Un súbito terror invadió su cuerpo, no debía estar ahí, ese no era un lugar para alguien como ella, debía escapar, ¡hacerlo en ese instante!, parándose temblorosamente siguió el camino que arrastraba piedras y lodo a su paso, sus ojos estaban cristalinos, su cuerpo temblaba y su yukata ya chorreaba agua a esas alturas, realmente no creía que le pudiera pasar algo peor, pero lo que no sabía es que existían varios pares de ojos observando cada uno de sus movimientos.

—A mi parecer es una gata perdida. —Un muchacho de cabello negro y mirada torva observaba el caminar de Misao con una risita burlona en los labios.

—Seguramente es una furcia que intenta escapar de este lugar. —Apuntó otro que la observaba con fascinación.

—¿Por qué no le hacemos un favor al mundo y la regresamos a donde pertenece? —Los cinco muchachos que la observaban rieron al unísono.

—Sí, pero antes le enseñamos quienes son los que mandan, una furcia no puede escapar de aquí así como así.

—Tienes razón si fuera así, ¿quién nos serviría de entretenimiento?

—¡Bien dicho!, ahora vamos. —Los cinco hombres salieron del lugar en donde estaban y se adelantaron corriendo para cerrarle el paso a la joven por los lados, todos eran jóvenes y de buena condición física, cierto que estaban algo tomados pero lo que pensaban hacer iba a ser muy divertido.

Misao sintió que algo andaba mal y detuvo su caminar de golpe, se sentía acorralada a pesar de encontrarse sola en la inmensidad de esa calle desierta, sin embargo había algo, tenía un instinto casi animal para detectar los problemas y ahora lo sentía, algo pasaba a su alrededor, estaba en peligro.

—Oye preciosa, ¿se puede saber que haces sola bajo un día de lluvia? —Misao se dio la vuelta y vio atentamente al hombre que le hablaba, era alto, fornido y de cabello negro, su mirada era lasciva y la hacía sentirse mal, como si la estuviera desnudando con solo verla.

—No le importa… —Se giró para continuar su camino pero su sorpresa fue mayúscula al ver frente a ella a cuatro sujetos que la miraban igual que el anterior.

—Hey muñeca, se ve que tienes frío, si quieres puedo darte algo de calor. —Misao retrocedió unos cuantos pasos "si quieres puedo darte algo de calor", esa frase ya la había escuchado antes, como un torbellino una serie de recuerdos confusos azotó su mente, la lluvia que caía, el terror que había sentido, unas manos asquerosas recorriendo su cuerpo, la calle desierta sin nadie que la ayudara…

—¡Nooo! —gritó aterrorizada ante la crudeza de las imágenes que pasaban frente a sus ojos y al dar un paso mas hacía atrás termino en los brazos del hombre de cabello negro.

—Vamos muñequita, será mejor que cooperes.

—¡Suéltame! —Misao le lanzó un codazo y de unos cuantos pasos torpes y aterrorizados se separó de él.

—Así que quieres jugar rudo ¿Eh? —La chica retrocedió hasta pegar su espalda con la pared, la lluvia era tan fuerte que apenas y podía ver, los hombres se acercaban a ella rodeándola como si se tratara de animales que van por su presa.

—No, no, no, no, no, no.

—Vamos primor, ya no te resistas.

—No, no, no, no, no. —La muchacha cerró nuevamente los ojos apretándolos con fuerza, no podía pasar, no de nuevo, tenía que escapar, ¿pero cómo?, si solo era una simple muchacha, una chiquilla que se había perdido era, era… de pronto una imagen nueva, clara y profundamente precisa invadió sus recuerdos en ella se podía ver a si misma vistiendo el traje azul que había visto esa misma mañana, en las manos llevaba unas cuchillas y su mirada era de completa decisión, al parecer estaba diciendo algo pero no alcanzaba a oír que era, haciendo un esfuerzo supremo se concentró en leerle los labios a su propio recuerdo y un gran asombro la invadió cuando al fin lo logró, ella decía "Yo soy Misao Makimachi okashira de los Oniwabanshu".

—¿Entonces cooperas primor? —Un sujeto la había jalado del brazo y ahora la presionaba con rudeza, sin embargo todos se sorprendieron al ver que la mirada de terror de la joven había cambiado por una de decisión.

—Aleja tu sucia mano de mí. —Escupió la joven zafando su brazo.

—Así que ahora te harás la fuerte, ¿no? —Cuestionó el joven haciendo una mueca al tiempo que intentaba sujetarla de nuevo.

—No me haré, lo soy. —Contestó con fuerza la muchacha al tiempo que lo tomaba del brazo y se lo torcía arrancándole un aullido de dolor.

—¡Infeliz, lo pagaras! —Cuatro se arrojaron contra ella, pero Misao ya no estaba asustada aún no alcanzaba a comprender del todo pero uno a uno recuerdos de peleas pasadas llegaban hasta ella, por lo que podía apreciar no era ninguna chica débil.

Los cuatro que se habían lanzado sobre ella se vieron repentinamente en el suelo, la chiquilla se había convertido en una experta peleadora en cuestión de segundos, el de cabello negro intentó detenerla y se llevo una patada que lo dejo en el piso.

—¡Maldita!

—Cállate. —exclamó tajantemente la joven mientras de una barrida tumbaba a dos y pateaba a otro en pleno rostro.

—¡La pagaras mal furcia, muy mal! —La amenazó el de cabello negro al tiempo que se paraba y se le iba encima con una navaja, Misao esquivo fácilmente el arma ladeándose hacía la izquierda y pateándolo en la espalda, sin embargo algo había pasado repentinamente su cuerpo se volvió pesado y tuvo la impresión de que no podía mover los músculos, completamente confundida apenas si tuvo tiempo de girar la vista y ver que un chico de ojos azules le había clavado algo en la espalda aprovechando que ella estaba esquivando la navaja.

—Que mal, ese sedante se suponía que era para una verdadera emergencia. —El joven negó con la cabeza, Misao abrió los ojos espantada.

—Te dije que la pagarías. —Exclamó con despreció el de cabello negro al tiempo que el cuerpo de Misao caía al piso—. Y ahora además te prometo que te va a doler. —Misao nuevamente sintió que el terror se apoderaba de su cuerpo ahora inmóvil, los cinco hombres la observaban desde lo alto visiblemente fastidiados, uno de ellos incluso chorreaba sangre de la nariz y a pesar de lo desesperado de la situación Misao sintió cierta satisfacción de haberle hecho daño.

—Ahora veras. —El de cabello negro parecía ser el mas enojado y con justa razón, Misao le había dado un certero rodillazo en un lugar bastante sensible ha decir verdad. La joven no pudo retener un grito de dolor, cuando una navaja fue enterrada en su muslo, haciendo un corte horizontal, lento y doloroso.

—¡Ya! —El sujeto de cabello negro se quedo pasmado la chica le había volado la navaja de una patada, se suponía que en esos instantes ya no podía mover ni un solo músculo pero esa chica no era nada normal.

—¡Sujétenla! —Los cuatro chicos asintieron y la sujetaron de las piernas y los brazos, Misao pudo ver muy claro lo que venía a continuación, pudo leerlo en los ojos de ese hombre, sintió que el corazón se le salía del pecho, todo menos eso, prefería morir que ser ultrajada de esa forma, haciendo un esfuerzo sobrehumano empezó a forcejear, tanto así que los que la sujetaban tenían que hacer un gran esfuerzo por que se quedara quieta.

—¡Detente! —El de cabellos negros le lanzó una bofetada coloreándole la mejilla al tiempo que un hilito de sangre se deslizaba por sus labios.

—Infeliz, como si no hubieras hecho esto antes, ahora lo mejor será que cooperes, vamos. —El hombre la jaló del cabello deshaciendo su trenza y regando su cabello por el piso lleno de lodo, la chica ahogó un aullido de dolor, no quería que la vieran sufriendo, debía tener entereza pero por kami, ¿acaso no podía escapar de esa humillación?, ¿no podía hacer algo para detener ese tormento?.

El hombre forcejeó un poco hasta que pudo abrir su yukata, los que la tenían sujeta no pudieron evitar abrir los ojos con asombro, tenía una figura perfecta, una cintura delicada y una hermosa piel blanca que parecía no haber sido tocada por nadie anteriormente, el chico que la tenía sujeta por el brazo derecho un joven pelirrojo de ojos café claro sintió tanta pena por la chica que sin querer soltó un poco su agarre, la verdad es que de todos el era el que había tomado mas y se había lanzado a la aventura por que molestar a una cualquiera era muy divertido, pero esa chica no parecía para nada una cualquiera, su piel despedía un hermoso aroma a jazmines y era tan blanca que podía competir con el color de la luna llena.

El de cabello negro que parecía insensible a esto se agachó violentamente y clavó los dientes en uno de sus hombros de forma tan salvaje que le abrió una herida por la que pronto chorreo sangre.

—Hiro-kun no creo que esto sea una buena idea. —El pelirrojo soltó a Misao mientras veía al de cabello negro con ojos asustados.

—Tetsu-chan no seas marica. —Tetsu se quedo quieto, siempre lo llamaban chan porque decían que se comportaba como un niño pero ahora no le importaba, dando media vuelta y sintiéndose miserable por abandonar a la muchacha sola y a su suerte salió huyendo.

—¡Ey Tetsu!, ¡Ahhh! —Hiro gimió de dolor ya con una mano libre la muchacha le había propinado un fuerte puñetazo en el rostro—. ¡Ahora veras maldita! —El hombre clavo su rodilla en el estomago de la chica provocándole una mueca de dolor—. Conmigo nadie juega. —Hiro clavó su mano en uno de los pechos de la chica y lo apretó con furia haciendo que a Misao se le escaparan las lagrimas, le estaba provocando mucho daño pero eso no fue todo, dominado por la rabia recuperó su navaja y de un tirón corto las vendas que cubrían su pecho haciéndole al tiempo un corte en su costado, ahora estaba semidesnuda y el hombre se divertía mordiendo uno de sus senos, las lagrimas salían sin control ¿cómo podía ser posible?, ¿por qué a ella?.

Los otros hombres excitados por lo que veían comenzaron a morder y a pasar sus lenguas por las piernas y brazos de la joven, la lluvia seguía cayendo cada vez con mayor intensidad, pero al parecer a ellos no les importaba, el viento de pronto arreció un relámpago cruzó el cielo y surgida de la nada una sombra imponente se plantó frente a ellos.

Hiro dejo su tarea y alzó la vista solo para recibir una patada en la cara que lo mando volando a perderse a unos metros, los otros miraron al hombre frente a ellos sobrecogidos por el terror, esos ojos fríos y crueles parecían capaces de cualquier cosa.

—Nosotros, no… —El hombre no pudo acabar de hablar porque una espada atravesó su estomago y cayó como un costal de papas ya sin vida, los otros dos, mudos de espanto, intentaron correr pero no supieron como ni cuando el fantasma de la muerte cayó sobre ellos arrebatándoles la vida.

—Y tú, —El hombre caminó hasta donde Hiro seguía tendido sangrando por la nariz—, como fuiste el peor no te matare sino que te haré sufrir lentamente.

—Pero se supone… ¡se supone que usted es un policía! —Balbuceó con miedo, los ojos dorados que lo observaban parecieron sonreír con esa última frase.

—Por eso mismo. —De un fuerte golpe en la nuca lo dejo sin conocimiento para después pasar a amarrarlo a un poste con ayuda de unas esposas—. Volveré por ti… si antes no te devoran los perros. —El policía dio media vuelta y regreso a donde la chica estaba tirada, paró frente a ella dispuesto a ayudarla pero no pudo, sus ojos se ensancharon, su boca se abrió ligeramente, la niña frente a el lo observaba con ojos suplicantes estaba semidesnuda, la yukata que vestía estaba mojada, manchada de lodo y de sangre, de su boca escurría mas sangre y su cabello estaba regado a su alrededor, el policía tuvo un recuerdo, hace muchos años, en el mismo lugar, la misma escena, la misma chica, no, no podía ser la misma joven, a esta si la conocía, era la niña del Aoiya, ¿que estaría haciendo en ese lugar?.

Tratando de no verla, se quito rápidamente su chaqueta y cargándola con gentileza la envolvió con ella para luego presionarla contra su pecho, debía llevarla a un lugar seguro, el Aoiya estaba muy lejos, pero si daba la vuelta podía salir por la calle del río y… la joven alargó la mano y se aferro a su playera mientras hundía la cabeza en su pecho como si así se sintiera completamente segura, el policía la miro desconcertado, incluso había hecho el mismo gesto pero… sacudiendo la cabeza el policía decidió irse de ahí, seguramente la niña debía estarse congelando.

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Aoshi abandonó el templo cuando ya la tormenta llegaba a su fin, el aire estaba fuertemente impregnado de humedad y tierra mojada, nunca el camino al Aoiya se le había vuelto mas largo que ese día pensando en lo que estaría sucediendo en esos momentos, ¿ya habría despertado Misao?, ¿le diría que le estaba ocurriendo?, el joven llegó al umbral de la puerta, se disponía a entrar cuando notó que una figura conocida y nada agradable se empezaba a vislumbrar por la calle, deteniéndose un momento el joven ninja se quedo parado hasta que la figura estuvo lo suficientemente cerca.

—Saito Hajime, vaya sorpresa, pensé que tenías mucho trabajo con tu nueva misión y estas aquí vagabundeando.

—Yo no diría vagabundeando Shinomori. —Aoshi alzó una ceja, su rostro impasible—. Dime Shinomori, ¿no se te ha perdido algo últimamente?

—¿A que te refieres? —Saito hizo un gesto de superioridad, por el rostro frío de Aoshi podía deducir que no tenía ni idea de lo que le había pasado a la chica, era cierto que el ex okashira era conocido por todos por su aparente falta de sentimientos, pero estaba seguro de que en el caso de Misao las cosas eran diferentes, aún recordaba lo que le había dicho después de su pelea con Gein, esa niña era su mayor razón de vida aunque él ni siquiera estaba plenamente consciente de eso.

—Así que no sabes que se te perdió…

—Basta de juegos. —Aoshi lo miró fríamente y Saito hizo una mueca que casi parecía una sonrisa.

—Vaya, no se puede ni bromear un poco con el okashira ¿Eh? —Aoshi estuvo tentado de decirle que ya no era el okashira de los Oniwabanshu y que él lo sabía perfectamente, pero algo en el acento de Saito le hizo pensar que el policía había usado esas palabras a propósito.

—¿Qué quieres?

—Siempre tan directo ¿verdad Shinomori?, bueno es mejor que me acompañes, el asunto que debo tratar contigo necesita de tu presencia en la comisaría. —Aoshi titubeó un instante y giró la vista hacía el Aoiya, realmente quería saber que estaba pasando con su protegida, pero si la cosa tenía que ver con Saito seguramente se trataba de algo importante así que de mala gana accedió a acompañar al policía, ya después cuando volviera se encargaría de averiguar si Misao se encontraba bien.

Lo que Aoshi no sabía era que en ese instante todo el mundo estaba vuelto loco en el Aoiya, Okina le había reñido a Shiro por no haberle avisado a Aoshi de la desaparición de Misao, Omasu no había encontrado a la chica por ninguna parte y estaba siendo presa de un ataque de nervios y a Okon ya le había llegado una respuesta, un punto Oni había podido verla caminando hacía el sur saliendo del mercado, pero como vestía ropas normales no le prestaron atención al asunto pensando que se trataba de alguna labor cotidiana que había tenido que realizar.

—Ahora hay que ir hacía el sur, Shiro-kun y Omasu-chan vayan a ver que encuentran, Okon-dono avísele a Aoshi-san de este incidente. —Okon hizo una rápida inclinación y salió con rumbo al templo.

—Y tu Shiro-kun…

—No tiene que repetirme que hice mal en no avisarle. —exclamó el muchacho haciendo una reverencia para después salir corriendo tras de Omasu que ya le llevaba bastante delantera, Okina lanzó un suspiro y observo por la ventana, Kuro ya había cerrado el restaurante y buscaba a la chica a las afueras de la ciudad, cuando volviera tendría que decirle que había marchado hacía el sur, por lo regular Misao iba y venía sin avisarle a nadie y ninguno de los miembros se preocupaba, pero esta vez algo le decía que las cosas estaban muy mal y al parecer los demás lo sentían también, cuanto daría por tener en esos momentos a su ángel entre sus brazos.

—Misao, vuelve…

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Aoshi entró en la comisaría sin mucho animo, en ese lugar Saito era un superior y todos lo veían con bastante humildad, respeto y algunos hasta como si fuera un gran héroe.

—Se ve que eres apreciado. —Aoshi soltó con su frialdad habitual y Saito sonrió ladinamente.

—La verdad Shinomori eso me tiene sin cuidado, lo único que me preocupa es que hagan las cosas bien.

—Sí, ese es tu estilo. —Saito volvió a sonreír con su inigualable cinismo y condujo a Aoshi escaleras abajo lejos de sus subordinados y del ajetreo común, el joven ninja miraba de un lado a otro con cautela, no se imaginaba siquiera una trampa de parte de Saito pero no entendía que era lo que podía necesitar de él, ¿pelear en una nueva batalla contra algún chiflado que buscaba controlar Japón?, ¿Himura tenía (otra vez) algún enemigo que amenazaba con destajarlo a él y a todos los que lo rodeaban?, ¿le iban a ofrecer trabajo?.

—¿Qué es lo que quieres?

—Se ve que no tienes paciencia.

—¿A dónde me llevas?

—No creerás que iba a dejar nuestro asunto en un lugar público donde todos pudieran verlo ¿verdad?. —Aoshi enarco una ceja, al parecer lo que Saito tenía que decirle era muy confidencial.

—Entiendo, pero ya estamos lo suficientemente ocultos.

—No aún, no quería dejar nuestro asunto desprotegido o a merced de algún corrupto así que lo deje bajo llave. —Aoshi asintió, probablemente Saito estaba hablando de algún papel importante que él tenía que ver, tanto problema para eso, caminando un poco mas ambos hombres se vieron en un oscuro y largo pasillo que terminaba en una puerta cerrada con un gran candado, frente a ella se encontraba Cho sentado en una silla balanceando las llaves en un dedo—. Es algo estupido pero puedo confiar en él en momentos como este. —Exclamó el lobo encogiéndose de hombros.

—¡Hey, a quien le dices estupido! —Bramó Cho mientras una vena le latía con rabia en la frente.

—A ti. —respondió el hombre mientras le arrebataba las llaves y abría el candado—. Y ahora quédate aquí y cuida que nadie se acerque.

—Entendido. —Cho volvió a ponerse serio pasando por alto el insulto y montó guardia frente a la puerta, Aoshi lo miró con extrañeza antes de entrar al cuarto que momentos después era nuevamente sellado por Saito.

—¿Por qué me trajiste aquí? —El cuarto tenía muy poca iluminación y Aoshi no podía imaginar que tenían que tratar en tan sombrío lugar.

—Por nuestro asunto. —Saito se cruzo de brazos y le señaló con el dedo un rincón del salón, Aoshi volvió su experta mirada hacía ese lugar y descubrió una mesa larga, encima de ella se encontraba un cuerpo inerte.

—¿Quieres que identifique a alguien?

—La verdad no creo que te apetezca. —respondió el lobo entrecerrando los ojos, el joven ninja no pudo hacer otra cosa que apretar los labios y caminar hacía la mesa, al parecer tendría que seguirle el juego a Saito si quería saber que tramaba, caminó rápidamente y se plantó frente al cuerpo para acabar de una vez por todas con esa tontería pero lo que vio lo dejo helado y solo pudo tragar saliva con dificultad.

—La estaban atacando cuando la salve, la tenían en el suelo cuatro sujetos, me parece que la drogaron o algo así. —Aoshi apenas y si podía escuchar lo que Saito le decía, ahí, tendida sobre la mesa, estaba Misao, su cabello estaba suelto y caía hasta el piso en suaves ondas, su rostro estaba pálido pero en su mejilla se podía ver el rastro de una bofetada, sus pies estaban llenos de arañazos y sus piernas eran un camino de moretones y chupetones hasta donde alcanzaba la vista, la yukata que llevaba estaba manchada de lodo, agua y sangre y encima de ella Saito había colocado su chaqueta, de pronto Aoshi sintió un repentino terror, seguramente Saito había colocado su chaqueta sobre su cuerpo por que no quería que viera algo, Misao seguía viva lo sabía por su tenue respiración pero la chaqueta del policía estaba ocultando algo, algo terrible que le había sucedido a su protegida, tomó el cuello de la chaqueta e intento arrojarla pero Saito contuvo su mano.

—Hey, ¿qué estas intentando pervertido? —Así que era cierto, algo le había pasado, por eso la chaqueta del oficial, por eso ese cuarto y el guardia, por eso Saito había llegado al Aoiya solamente con su playera negra.

Frunciendo el ceño y dominado completamente por la furia y el temor Aoshi jaló la chaqueta y dejó al descubierto la yukata desgarrada, el hombro sangrante y parte del seno magullado, sin acabar de creerlo y movido por el dolor el joven alargó débilmente la mano para tocar la piel lastimada pero no pudo lograrlo porque a medio camino una mano detuvo la suya.

La joven de ojos esmeralda lo miraba con terror mientras detenía la mano que estaba a punto de tocarla, esos ojos azules eran los mismos que los del hombre que le había clavado un sedante en la espalda y estaba intentando justo lo mismo, tocarla.

—Muy mal Shinomori, muy mal. —Saito lo observó con una sonrisa burlona, Aoshi no podía reaccionar las pupilas de la chica temblaban llenas de pánico y él no sabía que hacer, si este era una pesadilla lo único que quería era despertar.

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Notas de Okashira janet: Hola, antes que nada ¡perdón!, pasó un mes sin que actualizara, estuve de vacaciones en Guadalajara pero regrese cargada de energía mi primo java león me regalo una playera de Kenshin es negra y me queda enorme pero le hice un nudo en un lado y estoy perdidamente enamorada de ella y mis primos java jaz y java koala me regalaron un llavero original de kenshin que traigo colgado de la hebilla del pantalón y no me lo quito por nada y para rematar con broche de oro mi prima java eli me dio una libreta con la imagen de kaoru y kenshin así que soy inmensamente feliz.

Pero bueno basta de mis tonterías en este capitulo ya se vio que el personaje que necesitaba era Saito ¿por qué lo quitaron del anime? tan importante y bello que es en el manga.

AGRADESCO A: Gabyhiatt, Ayann, Hikari No Hoshi, Mitsuki Himura.

Hubo un personaje que se me coló por aquí, sin querer tome prestada la apariencia y el nombre de Tetsu de Peacemaker Kurogane pero no es nada importante porque no tiene nada que ver con el original, sin mas me despido, se cuidan, las y los quiero Ciao

Reedición: Viendo el resultado final lo único que hice en este capitulo fue borrar escenas y motes bochornosos (Aoshi pensando en Misao como "mi niña" ¡dios mío, ni yo me la creo!). Estoy a punto de empezar exámenes finales pero como mi cabeza estaba a punto de estallar decidí distraerme un poco con esto, espero les guste más esta nueva versión. Ciao

21 de Noviembre del 2011 Lunes