PRISIONEROS

Capitulo 2: En la oscuridad

Por Okashira Janet

—Seta… Soujiro Seta —Misao sujetó con mas fuerza su tobillo y tragó saliva, su cabeza era un caos de recuerdos, imágenes pasadas se acumulaban una sobre otra, ese era el chico que había peleado contra Himura, el que Saito había dicho que carecía de ki, que carecía de emociones, esa era la persona que había matado a Okubo, uno de los hombres mas importantes de Japón, ese joven frente a ella había sido la mano derecha de Shishio Makoto, el mejor de las diez espadas. Y ella ahí sin poder moverse, angustiada retrocedió con las manos jalando su pie herido hasta chocar con una pared, Soujiro la vio sin hacer ningún gesto, en las pupilas de la chica se podía leer el miedo, todo su cuerpo parecía querer huir de él.

—Señorita no pienso lastimarla… —Misao por toda respuesta se pegó más a la pared mientras miraba furtivamente hacía los lados buscando la manera de huir—. Simplemente quiero ayudarla.

—Soujiro Seta. —La joven lo observó de pies a cabeza con desconfianza como si al decir su nombre pudiera transmitirle todo lo que pensaba acerca de él.

—Estoy conciente de que no tengo muy buenos antecedentes… —El chico intentó acercarse a ella, pero Misao le mando una mirada retadora que lo dejo clavado en el lugar donde se encontraba.

—Mejor nos quedamos donde estamos hasta que alguien nos ayude. —La joven ninja lo observo fijamente, la verdad es que con esa apariencia inocente era increíble pensar que fuera una mala persona pero no podía confiarse, con esa misma apariencia y aire alegre había roto la espada de Himura en la aldea de Shingetsu, no, no podía confiar en el.

—Como usted quiera. —Soujiro dio un paso atrás aún con el candelabro en las manos y se sentó sobre un costal de arroz, Misao no perdía detalle de sus movimientos, no estaba en la mejor condición para fiarse, si Soujiro intentaba algo en su contra ella no podría ni mantenerse bien en pie.

El chico por su parte alzo un poco la luz e inspeccionó el lugar donde habían caído, al parecer era una especie de bodega para los tiempos de guerrillas, a los lados había estanterías con comida y armas, en la parte de atrás se alcanzaba a divisar un gran hato de cobijas y probablemente una habitación para descansar ya que en ella se divisaban dos futones mas o menos grandes y unos cuantos libros.

—Vaya, que lugar tan preparado… —Misao no hizo caso del comentario del joven y sin perder rastro de sus movimientos ahusó su oído para escuchar lo que pasaba sobre sus cabezas, seguramente la mansión estaba siendo devorada por las llamas, la madera se oía crujiendo y derrumbándose, además el fuerte viento que soplaba sólo había servido para avivar el fuego y así no dejar rastro viviente de la que alguna vez fue la morada del primer ministro.

—Demonios… —La chica bajó la vista y observó con impotencia su tobillo lastimado, con la adrenalina del momento había olvidado que no había ido a ese lugar sola—. Shiro. —La joven cerró los ojos conteniendo las lágrimas, era imposible que su fiel compañero se hubiera salvado del derrumbe, imposible que no hubiera sido alcanzado por las llamas, ¿Por qué diablos había dejado que la siguiera?, ella había estado completamente consciente de que se trataba de una trampa y ahora por su culpa su fiel compañero seguramente… no quería ni pensarlo, como un fantasma llegó a su mente la imagen de quienes habían sido en el pasado su familia, valientes Oniwabanshu que habían muerto a causa de las balas, ¿Acaso era su destino que toda la gente que estaba a su alrededor muriera?.

—Señorita… —Soujiro no estaba muy seguro de hablar, la verdad era que esa chica parecía tenerlo repudiado, pero aún así dio un paso adelante iluminándole el rostro con el candelabro.

-¿Que quieres? —Misao pareció escupir las palabras al tiempo que levantaba la vista, sus ojos azules brillaban furiosamente, pero él supo que no era por él, no, era un odio indefinido contra si misma, lo sabía porque en algún momento él había tenido esa misma mirada—. Te dije que no te me acercaras. —La joven ninja clavó la mirada en el rostro del chico como si se tratara de filosas dagas, él apenas pudo retener un suspiro, conocía ese sentimiento, la sensación de culpa que quedaba después de una posible muerte.

—Intento no hacerlo, pero en verdad creo que tiene problemas.

—Por supuesto que tengo problemas. —masculló ella bajando la mirada, el flequillo cubriéndole los ojos, de hecho su principal problema era él, sabía que en ese lugar estaba a su merced, sabía que con su tobillo lastimado no podía hacer nada para defenderse, en el Aoiya nadie sabía que estaba en ese lugar y el único que quizás podría imaginarlo en esos momentos debía estar hundido en una lluvia de fuego y cenizas.

En otras palabras su destino estaba en manos de Soujiro Seta, estaba a merced de la persona que había logrado convencer a Aoshi Shinomori de unirse a la maldad de Shishio, estaba al lado de la persona mas variable de todo el Juppon Gatana, su rostro era el de un ángel, pero por dentro no era mas que un diablo.

—Entiendo que tenga desconfianza de mí y sé que debe estar muy preocupada por el amigo que se quedo peleando allá arriba, —el chico alzó el dedo pulgar señalando el techo mientras la miraba tranquilamente—, sé que las palabras no la ayudaran en estos momentos pero debe intentar no sentirse culpable.

—¡Tu que sabes de culpas! —La joven intentó levantarse en un ataque de ira pero su tobillo aún no estaba preparado para un esfuerzo tan grande y cayó de nuevo al piso ahogando un aullido de dolor—. ¡Demonios, mierda de cuerpo, asco de tobillo! — Soujiro alzó ambas cejas sorprendido del vocabulario tan florido que manejaba la chica, Misao al notarlo volvió a mirarlo con rabia.

—¡¿Y tu que?, ¡Deja de estarme viendo!, ¿Crees que una chica no puede hablar así?, ¿Pues sabes que?, ¡Si que podemos hacerlo Soujiro Seta! —El pecho de Misao subía y bajaba a gran velocidad, estaba asustada, tal vez había despertado la furia de ese peligroso espadachín pero a esas alturas ya no le importaba mucho, todo su mundo se le venía abajo, si moría en ese instante a manos de ese hombre no sentiría arrepentimiento de haberle gritado.

Soujiro por su parte la observó fijamente sin hacer ningún comentario para después pararse y caminar hasta un extremo de la habitación, Misao al verlo alejarse cerró nuevamente los ojos mientras dejaba escapar un suave lamento, le dolía todo, tanto física como espiritualmente, no había podido ser la líder que pensó que sería, no había podido salvar a su amigo, su vida últimamente no era la mejor y el señor Aoshi podía haberse ido para nunca mas volver, ¿Qué podía estar peor?, la joven abrió los ojos de golpe al sentir con espanto que unas manos sujetaban su pie.

—¡¿Qué haces? —Intentó encoger su pierna pero Soujiro tiró de ella al tiempo que le mandaba una mirada desaprobatoria.

—Necesita que la cure.

—¡No necesito tu ayuda!

—Si la necesita. —murmuró con sequedad al tiempo que le estiraba la pierna y le sacaba el calzado, Misao aguantó el aire en sus pulmones presa de la mas cruel desazón ¿Por qué si Soujiro era un frío y despiadado asesino estaba ayudándola?, ¿Por qué si carecía de sentimientos parecía sentir compasión por ella? Y ¿Por qué si lo odiaba tanto no sentía desagrado al sentir sus dedos sobre su piel?, ante esta ultima cuestión Misao sintió que su rostro enrojecía rápidamente y prefirió voltear la cara para no ser descubierta, ¿Por qué le pasaba eso?, seguramente era porque en toda su vida había tenido poco contacto con hombres que la trataran de esa forma, siempre todo había sido entrenar, entrenar y entrenar, seguramente por eso se sentía tan extraña.

Soujiro analizó con detenimiento el tobillo de la jovencita, se veía inflamado y algo morado pero al parecer no se trataba de una fractura, lo mejor sería vendarla y esperar que se repusiera, el joven sonrió para si mismo al tiempo que pasaba la venda con maestría por la suave piel, había encontrado un botiquín en el ultimo estante de una oxidada estantería, a pesar de eso las cosas aún estaban en buen estado, levantó fugazmente la vista intentando ver el por qué la chica no le estaba gritando o poniendo resistencia, pero la joven tenía el rostro vuelto hacía otro lado así que no pudo hacer otra cosa mas que terminar su labor y quedarse en ese mismo lugar esperando que la joven dijera algo, el candelabro estaba sobre el piso y su débil fuego alumbraba suavemente a su alrededor, Soujiro posó por un instante su atención en el fuego, de no ser por esa pequeña llama estarían en la mas completa oscuridad.

—¿Por qué lo hiciste?

—¿Eh? —Soujiro giro la vista con ese aire distraído e infantil que le habían dado tanta fama dentro del Juppon Gatana.

—¿Por qué me estas ayudando? —cuestionó Misao, sus ojos ocultos bajo el flequillo.

—Porque es mi obligación. —Él contestó con naturalidad.

—¿Tu obligación? —parpadeó confundida y el joven le sonrió antes de continuar

—En este lugar estamos solos usted y yo y aunque no nos conozcamos muy bien soy responsable de usted porque esta herida.

—Entiendo… —Y en verdad lo hacía, porque ella hubiera tenido el mismo pensamiento, de hecho había tenido esa actitud en el momento en el que Kamatari planeaba quitarse la vida, porque aunque hubiesen sido enemigos llegaba un momento en donde sólo importaba conservar la vida—. ¿Podrías quitar tu mano de mi pierna? — Soujiro parpadeó y ambos jóvenes bajaron la vista, el chico tenía la mano justo unos dedos por encima de su rodilla, rozando el dobladillo de su corto short ninja.

—¡Lo siento! —El chico retiro rápidamente la mano y Misao alcanzó a vislumbrar un tono apenado en su voz.

—Que raro, pensé que no tenía emociones. —Misao levantó la vista y él hizo lo mismo.

—Eso era antes, después de mi batalla con el señor Himura he cambiado mucho.

—Ya veo… —murmuró alzando los ojos al techo, el ruido del incendio era cada vez menor, ahora se escuchaba que había empezado a llover de nuevo, Soujiro siguió su mirada y se imaginó que la chica estaba pensando en su amigo.

—No se preocupe, yo creo que va a estar bien. —Misao bajó la mirada y un leve sonrojo tiño sus mejillas haciendo que Soujiro se quedara pasmado.

—Yo…yo lo siento. —Misao volteó el rostro—. Creo que te juzgue mal, es que pasaron tantas cosas y yo creí…

—No, no importa. —El joven negó con ambas manos mientras cerraba los ojos y sonreía, Misao no pudo evitar dejar escapar un suspiro, aquella manera simple de aceptar las disculpas como si nada le recordaba un poco a Himura.

—Shiro es muy fuerte, espero que salga bien de allí. —La chica miró nuevamente al techo.

—Sí, es fuerte, seguro lo lograra… —Soujiro también miro el techo y la joven arqueó una ceja intrigada, ¿Por qué él estaba de acuerdo con ella en que Shiro era fuerte si ni siquiera lo conocía?, bueno, quizás sólo era para darle ánimos, no era extraño.

—Sabía que era una trampa, pero tenía que venir, él me siguió, yo lo deje que me acompañara, quizás debí decirle que no lo hiciera.

—O quizás debió pedirle ayuda a todos los demás. —comentó el chico observándola de reojo, la chica por toda respuesta entrecerró los ojos como si no estuviera de acuerdo para después tomar aire con fuerza y dejarlo escapar en un suspiro.

—Tal vez tienes razón pero ese nunca ha sido mi estilo, sé que el Oniwabanshu es un equipo pero dentro de ese equipo siempre me ha gustado correr emociones yo sola. —Para claro ejemplo sólo debía recordar el incidente con Amakusa, lo último que había sentido al verlo a los ojos había sido un vacío total y después había caído sin saberlo en los brazos de Aoshi, ahora que lo pensaba la presente situación tenía mucho de analogía.

—La entiendo. —Elevando los ojos al techo Soujiro acomodó la espada en su cintura.

—¿En serio me entiendes? —parpadeó sorprendida y él asintió.

—Cuando estaba en el Juppon Gatana hacíamos muchas misiones como equipo, pero personalmente me atraía mucho hacer las cosas por mi mismo sin depender de los demás, era una sensación muy emocionante. —El joven miró a la nada con añoranza como si recordara momentos pasados y Misao sintió un escalofrió recorrerla.

—Oye, ¿A ti te atraía matar verdad? —Soujiro parpadeó ante la sinceridad de la pregunta, no tenía idea de cómo responderla adecuadamente así que se sentó al lado de la chica y al igual que ella apoyó la espalda en la pared mientras escogía cuidadosamente las palabras que tenía que decir, Misao se giró hacía el frente y clavó la mirada en el fuego, tal vez hacerle esa pregunta había sido muy osado de su parte ¿Por qué nunca podía estar callada?, ¿Por qué siempre tenía que poner a la gente en aprietos?.

—Supongo que sí. —La chica giró la cabeza rápidamente ¿Acaso esa era la respuesta a su pregunta?, por alguna razón aquello la desilusiono un poco aunque era lo que estaba esperando escuchar, el chico miraba a la nada con una sonrisa triste en el rostro, parecía estar perdido en sus cavilaciones y la débil luz que lo alumbraba le daba un aspecto melancólico—. No puedo decirle que me gustaba hacerlo porque no lo disfrutaba, tampoco sentía repulsión, simplemente… simplemente lo hacía, como si se tratara de un juego, como si acabar con la vida de otros no fuera un crimen imperdonable. —El joven apretó sus puños sin dejar de tener esa mirada perdida que a Misao le causo escalofríos ¿Cómo sería ser como Soujiro?, sin una conciencia, sin deseos, sin emociones… La chica se abrazó a si misma hundiendo la cabeza entre sus rodillas, a pesar de que arriba había un incendio ahí abajo parecía que la temperatura bajaba considerablemente.

—Lo siento, ¿La asuste?, supongo que no debe ser agradable estar cerca de alguien como yo. —exclamó el chico al verla hacerse un ovillo a su lado.

—No, no es eso, es que hace frío. —Ella contestó rápidamente, ese "alguien como yo" la había herido, por primera vez en la vida se preguntó si acaso Aoshi sentía algo como eso al estar a su lado, por primera vez pensó que quizás no era que ella fuera demasiado poca cosa para él, ¿Qué tal si era él quien creía que no merecía estar con ella?—No deberías ser tan duro contigo mismo. —murmuró suavemente hundiendo aún más la nariz entre sus rodillas.

—¿Duro conmigo mismo?, ¿Cómo podría ser duro conmigo mismo? —Soujiro parpadeó.

—Quiero decir que te atacas mucho, —sin darse cuenta habló más golpeado de lo que había esperado en un principio, sin ser consciente estaba hablando con él como le gustaría hablarle a Aoshi—, digo, lo del asesino ya quedo atrás ¿No? —El chico asintió con la cabeza, era cierto, desde su batalla con el señor Himura su espada ya no había derramado más sangre—. Entonces olvídalo, ya no eres quien eras anteriormente, un paso hacía atrás y dos para adelante, tienes que vivir tu vida sin temor a relacionarte con los demás, tienes que intentarlo.

—Pero, yo mate a mucha gente, vivir mi vida como si no hubiera pasado nada es algo que no puedo hacer, debo pagar por mis pecados y…

—¡Pagar por tus pecados, pagar por tus pecados, eso es lo que todos dicen! —Misao lo observó con fiereza, él no pudo hacer otra cosa que abrir asombrado los ojos, que él recordara nunca antes le habían gritado de esa manera—. Himura, el señor Aoshi incluso el sádico de Saito intenta pagar por sus pecados, ¿Pero sabes que?, ¡No pagan por sus pecados solo arruinan su vida! —la voz le salió considerablemente más débil—, y de paso arruinan la vida de las personas que están rodeándolos.

—¿Cómo? —Soujiro sentía que su cabeza estaba dando vueltas y realmente se sentía ridículo haciendo preguntas tan tontas pero la señorita Yumi decía la verdad cuando afirmaba que en la vida cotidiana no era muy listo que digamos.

—Te pongo de ejemplo a Himura, esta tan preocupado pensando si es digno o no, que se niega a decirle a Kaoru lo que siente por ella ¿No es una tontería? dos personas que se quieren no pueden estar juntas por fantasmas inexistentes, por tonterías del ayer.

—Un asesinato no es una tontería.

—¡Pero ya paso! —gritó exasperada, ¿Por qué los hombres eran así?, ¿Por qué les era tan difícil entender que las mujeres los querían sin importarles su pasado?, Soujiro abrió la boca como para decir algo pero luego volvió a cerrarla, en la búsqueda de su camino había entendido la crudeza de sus pecados, pagar por ellos era algo que pretendía hacer aunque aún no sabía cómo, ella le decía ahora que no podía cerrarse a los demás, sin embargo sabía que esos pensamientos no estaban precisamente dirigidos a él sino a otra persona que probablemente ni siquiera se encontraba en Kyoto, sin saber bien a bien como sentirse giró la vista para perder contacto con los hermosos ojos azules de la chica.

—¡Oye me estas prestando atención! —Misao le gritó al ver que le volteaba la cara, pocas veces se le ocurría mantener pláticas profundas con alguien y cuando lo hacía resultaba que le quitaban importancia—. ¡Escúchame, yo preocupándome por ti y tu…! —La joven calló al instante en que un ligero sonido, casi como si fuera un rasguño, sonó a su izquierda.

—¿Qué fue eso? —La joven miró hacía ambos lados con nerviosismo.

—¿Qué fue que? —Soujiro también giro la vista pero no observo nada a su alrededor.

—El rasguño.

—¿Rasguño?, aquí no hay nadie a excepción de usted y yo.

—Te digo que… —La chica giró rápidamente la vista al oír el ruido de unas diminutas patitas sobre el piso—. ¡Rata! —La joven dio un manotazo y gritó con espanto, esa cosa en vez de rata parecía un conejo, era enorme. Soujiro parpadeó y la tomó de la cintura mientras la chica gritaba y pataleaba por quedar fuera del alcance del roedor el cual paso brincándole las piernas y perdiéndose tras de ellos—. ¡Que asco, que asco, que asco! —Los ojos de la chica estaban al colapso de las lagrimas, el asqueroso roedor había pasado sobre sus piernas y había sido terrible, para acabar de empeorar las cosas con todo el escándalo el candelabro se había ladeado y la llama se había apagado y ahora ambos chicos estaban de nuevo en la completa oscuridad.

—Lo siento señorita yo…

—¡Que asco, que asco, que asco, QUE ASCO! —gritó Misao frotándose las piernas con ambas manos mientras se debatía entre los brazos de Soujiro que aún la tenía abrazada por la cintura.

—Señorita tranquilícese. —trató de calmarla.

—¡¿Como quieres que me tranquilice?, ¡Me pasó por arriba!, ¡Me caminó por las piernas! —La chica hizo otra mueca de asco mientras retorcía sus piernas y se hacía para atrás chocando con el pecho de Soujiro quien por el impacto pego la espalda a la pared—. ¿Viste el tamaño de esa cosa? —Se abrazo a si misma mientras se hacía un puñito en los brazos de Soujiro—. Fue horrible.

—Lo lamento… —murmuró un tanto perdido, no tenía ni idea de que hacer, nunca había estado en una situación como esa ¿Cómo se consolaba a una mujer en una situación así?—. Todo va a estar bien. —Tragó saliva ¿Qué mas decía? —No permitiré que se acerque de nuevo. —Muy bien, eso había sonado bastante tonto, él ya se sentía tonto, sin saber que mas podía hacer abrazó a Misao con una mano mientras le acariciaba el cabello con la otra, ¿Esa era la forma de consolar a una mujer?, no estaba muy seguro pero tenía el vago recuerdo del señor Shishio acariciando de esa manera a Yumi así que suponía que estaba bien. Misao dejó de temblar bajo las caricias que Soujiro le brindaba a su cabeza, ese encuentro del tercer tipo con una rata había sido sumamente horroroso, pero ese chico, ese desconocido que estaba ahí con ella la estaba consolando, enarcó una ceja y pensó cuando había sido la ultima vez que un hombre la había abrazado y le había susurrado al oído que se calmara y después de unos breves instantes se dio cuenta de algo, no solo no recordaba la ultima vez sino que eso nunca antes le había pasado, ni siquiera cuando era niña.

La joven sintió que un escalofrió le subía por la espalda pasando por todo su cuerpo, era cierto, cuando era una niña entrenaba para ser una Oniwabanshu, los Oniwabanshu eran seres fuertes, seres que vivían en las sombras, un ninja no podía llorar, un ninja no podía sufrir, un ninja no podía quejarse.

Después de eso su señor Aoshi la había abandonado, había llorado muchísimo en esa ocasión pero nadie la había consolado, Okina solo la había dejado llorar hasta que se calmara y aceptara la realidad, y así había sido siempre su vida, solo debía acoplarse a la realidad, debía ver la vida con optimismo porque si estaba triste nadie vendría a animarla, nadie iría a reconfortarla.

Después, en la pelea contra Kamatari, se había quebrado las costillas, la habían curado, eso era cierto, pero nadie la había abrazado y le había dicho "Todo esta bien, lo hiciste bien" o por lo menos "¿Te duele mucho?" no, ella era Misao Makimachi una chica muy feliz que al parecer no necesitaba que nadie la mimara y de verdad que no lo necesitaba, dando una larga inhalación probó de tranquilizarse por entero, Soujiro al ver que ya no lo necesitaba aflojó su brazo liberando su cintura de su agarre.

—¿Ya se siente mejor?

—Sí, —Misao miró hacía el frente, tratando de ver en la oscuridad.

—Lo siento si fui atrevido pero no sabía que hacer y…

—No te preocupes. —La chica se apoyó en las rodillas del joven e intentó pararse.

—¡No lo haga! —Pero ella no le hizo caso y siguió incorporándose, pero un fuerte jalón en su muñeca la hizo caer de nuevo.

—¡Oye!

—Le dije que no lo hiciera, recuerde que ahora yo soy responsable de usted. —Le recordó Soujiro con su voz amable haciendo que la chica frunciera el ceño.

—Sí, eres el responsable, pero no creas que estar sentada en tus piernas es muy cómodo. —La chica guardó silencio, él trago saliva sintiendo que la sangre se agolpaba en sus mejillas, debía ser un fenómeno extraño de ver, él por lo menos jamás se había visto a si mismo en semejante situación, por un segundo agradeció estar en la oscuridad.

—Lo siento. —Misao parpadeó ¿Si lo sentía por que no hacía algo para bajarla de ahí?.

—Entonces déjame pararme. —Soujiro guardó silencio, la chica estaba sentada sobre él, su piel blanca y tibia hacía contacto con su hakama y su cabello largo y negro como la noche le hacía cosquillas en su pecho ¿Realmente se tenía que mover?—. ¡Oye Soujiro! —Sí, al parecer si se tenía que mover.

—Ya voy, lo siento. —Tomó a Misao de la cintura y la puso delicadamente en el suelo junto a él.

—Creo que nos hemos quedado a oscuras con una enorme rata paseándose por aquí ¿Qué mas nos puede salir mal?

—No se preocupe, iré a buscar algo para encender la luz.

—Como quieras… —El chico se paró y Misao se quedo sentada sin poder hacer otra cosa que tener el oído alerta, el grado de oscuridad era tan alto que no podía ver ni a un metro de distancia, ¡Que horror si volvía esa rata!, la chica abrazó sus rodillas mientras un escalofrío la recorría, podía oír los pasos de Soujiro alejándose y de paso chocando con algunas cosas, alzó una ceja, si ella estuviera en buenas condiciones no haría tanto escándalo, después de todo los Oniwabanshu se movían en la oscuridad.

—Me siento tonta. —susurró mientras apoyaba las manos en la pared para ponerse de pie, Soujiro podría decir lo que quisiera pero si esa rata volvía ella no iba a estar en el suelo esperando que le volviera a pasar por encima. Justo en el momento en el que logró conservar el equilibrio y posó su vista en la oscuridad que la rodeaba apareció una chispa delante de ella que pronto se volvió una tenue luz amarillosa. Soujiro sujetaba el candelabro nuevamente prendido y la veía con aspecto contrariado.

—¡Misao, te dije que…! —El chico cortó la frase como si se hubiera quedado sin habla dándose cuenta de su error, al mismo tiempo los ojos de la chica parecieron volverse al doble de su tamaño por la sorpresa, por unos segundos todo fue un cortante silencio y de pronto ella volvió a tener la mirada del principio.

—Cómo… ¿Cómo sabes mi nombre?

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Aoshi llegó al Aoiya con paso decidido, pero sin producir el menor ruido, ya eran altas horas de la noche y no quería que nadie se despertara por su culpa.

Echándose su morral al hombro el joven empezó a caminar en dirección al templo, pero a medio camino pareció arrepentirse y giró en redondo para volver al Aoiya, aunque había prometido dejar de lado el puesto de okashira y el mundo de los ninjas no podía pasar por alto que algo en Kyoto se estaba quemando, algo que probablemente traería muchas perdidas humanas. Saltó por una ventana y cayó en el pasillo justo frente a la habitación de Shiro, pasados unos segundos el ninja alzó una ceja ¿Acaso no lo había oído?, Shiro podía ser muchas cosas (pachanguero, loco, desobligado…) pero tenía un oído muy fino como todos los Oniwabanshu, debía estar muy mal para no salir a ver quien se había inmiscuido en territorio ninja a mitad de la noche.

Ciertamente sus defensas decaían cada vez más, avanzando por el pasillo dejo caer su morral en una esquina, ¿Sería buena idea despertar a los demás y avisarles?, hacía algunos minutos se había desatado la lluvia y con eso probablemente las llamas se apagarían pero si aún quedaban personas entre las cenizas necesitaría ayuda para poder rescatarlas. Lo mejor sería —aunque no fuera su estilo— pedir ayuda, así el joven avanzó, el cuarto de Okina era el más cercano sin embargo lo paso de largo y se detuvo frente al shoji del cuarto de Misao ¿Estaría dormida?, últimamente no la había visto demasiado, cuando era una niña era común que le echara una o dos vueltas por la noche para ver como estaba pero ahora le parecía que irrumpir en su habitación podía tomarse de manera indecente, negando con la cabeza corrió de un tirón la puerta de papel, aquello nada tenía que ver con él o con ella, tenía que ver con el Oniwabanshu, no podía quedarse a pensar en la decencia en una situación como la presente, esperaba ver a su protegida durmiendo, o quizás tallándose un ojo viendo quien entraba, sin embargo al dar un paso adelante sólo pudo encontrarse con la ventana abierta de par en par y un total desastre reinando en toda la habitación.

—Se fue… —mascullo entre dientes mientras cerraba la puerta y volvía tras sus pasos para despertar a Okina, descartaba la posibilidad de que estuviera en una misión del Oniwabanshu porque a juzgar por su cuarto había tenido una salida precipitada, de un solo tirón descorrió la puerta pero la habitación del viejo también estaba vacía ¿A dónde se habían marchado todos?

—¡Okina, apúrate, debemos salir ya!

—En un momento, Kuro trae tus armas por si acaso… —Aoshi escuchó voces en el piso inferior y bajó a toda prisa para ver que sucedía, el espectáculo que observo lo hizo quedarse inmóvil y con una expresión de interrogación en el rostro. Okina, Kuro, Omasu y Okon vestían el uniforme Oniwabanshu y se veían listos para partir.

—Muchacho ¿Cuándo llegaste?

—No importa, ¿A dónde van y donde esta Misao? —Okina dejó escapar un suspiro, al parecer Aoshi había olvidado mencionar a Shiro.

—Supongo que has notado que se desato un fuerte incendio en el centro de la ciudad… —Por toda respuesta el ninja asintió sin despegar sus ojos fríos como hielos del rostro del anciano—. Vamos a ver que pasó, sospechamos que Misao y Shiro se fueron desde hace algún tiempo para allá porque no asistieron a cenar.

—¿Y por que reaccionan hasta ahora? —Aoshi los observó con los ojos entrecerrados y la voz ronca que últimamente siempre tenía.

—Es normal que Shiro y Misao se desaparezcan de vez en cuando, nadie le dio mucha importancia. —Se defendió Okon frunciendo el ceño, a Aoshi no pareció caerle demasiado bien esa declaración porque sus ojos tornaron un aire tormentoso, Omasu por su parte bajó la cabeza y trago saliva.

—Muy bien es hora de irnos. —Okina le hizo una seña a Kuro para que saliera y todos los miembros salieron tras él, Aoshi se quedo por unos breves instantes solo en medio de la estancia rumiando un profundo desencanto que se había formado en la boca de su estomago, después de esos breves instantes el también salió con rumbo al incendio ¿Con que era normal que se desaparecieran, no?.

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—Cómo… ¿Cómo sabes mi nombre? —Un trueno retumbo haciendo temblar toda la estancia, Soujiro tragó saliva ¿Cómo podía ser tan descuidado?.

—Así la llamo Himura cuando me enfrente contra él en la aldea de Shingetsu.

—Imposible que lo recordaras. —Misao lo observó con desconfianza, nuevamente habían vuelto a estar como al principio.

—Tiene razón, pero después ustedes, los Oniwabanshu, nos dieron mucha pelea, tenía que saber como se llamaba su líder.

—Eso es mentira, estabas muy ocupado preparándote para pelear con Himura, además si no mal recuerdo Himura me contó que tu nos llamabas en todo momento "Sus famosos amigos del Aoiya", no me sigas mintiendo ¿Cómo sabes mi nombre? —La muchacha tenía una mirada tan penetrante que Soujiro hubiera querido girar su rostro para ya no seguir siendo atormentado. ¿Cómo demonios había dejado que su nombre se le escapara?, ¿Cómo había caído en algo tan tonto? y ¿Por qué demonios Misao sabía que le estaba mintiendo?.

—¡Contéstame! —Arriba el ruido de la lluvia arreció, abajo Soujiro desvió la mirada.

—¿Que le hace pensar que no estoy diciendo la verdad?

—Los ninjas somos muy intuitivos, supe que algo andaba mal desde que te dije que Shiro era fuerte y tu lo afirmaste, un espadachín no dice que alguien es fuerte sin haber medido antes su fuerza de alguna forma.

—Yo sabía que era fuerte porque entre todos ustedes vencieron a unos de los mejores hombres del Juppon Gatana. —Se defendió mientras su mente pensaba a toda velocidad ¿Cómo podría despistarla?, ¿Lograría convencerla?.

—¡No mientas!, ¿Por qué me estas cuidando?, mejor aún respóndeme ¿Qué hacías en este lugar?, ¿Qué tenías tu que ver con todo esto? —Soujiro se quedo helado, no sabía que responder, para fingir podía ser bueno, pero nunca para mentir.

—Sólo iba pasando y…

—Y misteriosamente llegaste unos segundos antes de que empezara el incendio para salvarme ¿no? —Misao apretó los puños, ¿Quién era ese chico frente a ella?, ¿Qué intenciones tenía?, nuevamente el miedo se apoderaba de su cuerpo, nuevamente estaba a merced de un asesino, ¿Cómo podía haber sido tan tonta?, ¿Cómo no se había puesto a pensar en eso antes?, su mente ataba cabos rápidamente, Soujiro sabía mucho sobre ella, pero ¿Por qué?, ¿Qué ganaba un antiguo asesino al espiar a una chiquilla?, era cierto, ella era la okashira de los Oniwabanshu pero, ¿En que podría interesarle a Soujiro Seta los movimientos de un clan de ninjas ahora que Shishio estaba muerto?.

El joven por su parte bajó la mirada y se sentó en el suelo poniendo el candelabro a un lado, no tenía escapatoria, no había forma de seguir mintiendo, tendría que decirle la verdad aunque después de eso no pudiera volver a verla a los ojos nunca más, lentamente se pasó la mano por el cabello intentando pensar en como explicaría todo, sabía que lo tendría que hacer tarde que temprano, pero ingenuamente había pensado que habría sido tarde, siempre un poco más tarde.

—Habla. —A ser sincera no sabía que era lo que esperaba escuchar, ¿Habría sido él quien había mandado esa paloma?, ¿Pero entonces que caso tenía el haberla salvado?, ¿Estar en ese lugar formaba parte del plan?—. Di lo que tengas que decir. —Él bajó nuevamente la vista y apoyó la frente en su mano, ¿Acaso creía que era tan fácil?, ¿Acaso creía que no era difícil para él hacer eso?—. Y bien, ¿Qué asuntos te interesan acerca del Oniwabanshu? —Él pareció ligeramente divertido por la pregunta, una tenue sonrisa apareciendo en su rostro—. ¡¿Qué te hace tanta gracia?

—Solo había una cosa en el Oniwabanshu que me llamo la atención a decir verdad.

—¿Qué? —Se sentía indignada como nunca antes se había sentido, él era un espía después de todo, había pasado de recordarlo pero así era, el mejor del Juppon Gatana, un hombre de cuidado que ella había tratado por un momento como un chico más.

—La única cosa que atraía mi atención en el Oniwabanshu… —Su voz volviéndose un tanto distante, un tanto impersonal.

—¡Maldita sea dime de una vez! —Y ella nunca se había caracterizado por su paciencia.

—Eso que me atraía era usted.

—¿Qué has dicho? —Su respiración se cortó y lentamente se deslizó hasta el piso como si su tobillo hubiese recordado súbitamente que no podía sostenerla de pie.

—Eso que los demás llaman amor. —Los ojos azules del joven se perdieron en algún punto de la oscuridad.

—Eso no puede ser, —ella negó con la cabeza—, ¿cómo?

—¿Cómo? —él pareció meditar un momento, después su voz volvió a tomar aquel timbre impersonal, como si no hablara de si mismo—. Cuando decidí hacerme vagabundo viaje por todo Japón por un tiempo, pero eso no me ayudo, cada vez me sentía mas perdido y mas solo, después de un tiempo llegue a Kyoto, estaba muy cansado y me recargue en un árbol para descansar, pasados unos segundos una muchacha de mirada alegre y sonrisa amplia pasó frente a mi, ella le llevaba té a un sujeto que meditaba en un templo, yo me dije que si alguien fuera tan amable de llevarme té todos los días sería un hombre muy feliz, pero ese hombre no parecía estarlo, la curiosidad me gano y al acercarme pude darme cuenta con asombro que ese hombre era el señor Shinomori, me pareció muy extraño y lo que en un principio iba a ser descansar un rato para después irme termino por ser un largo tiempo de espionaje en donde todas las tardes la veía pasar siempre con una taza de té, lo demás es historia. —Misao apretó los puños con nerviosismo.

—Así que tu eras, siempre pensé que alguien me observaba pero…

—Debo reconocer que eso también me atrajo de usted, es muy fuerte y perspicaz, antes de usted ni siquiera el señor Shinomori había logrado notar mi presencia, no si yo así lo deseaba.

—¿Entonces…?

—Supongo que termine acostumbrándome tanto a su presencia que cuando me di cuenta ya me era imposible apartarme, ciertamente no había entrado en mis planes anteriores.

—Pero, la trampa ¿Cómo supiste?

—La seguí desde que salió del Aoiya, —confesó con naturalidad—, me asuste terriblemente cuando esa lluvia de balas cayó sobre usted, ese tobillo lastimado es por mi culpa, no debí permitirlo. —El joven alzó su mirada, los ojos azul oscuro chocaron con los azul claro y ambos jóvenes desviaron las miradas.

—Cuando paso lo de la explosión ¿Cómo…?

—La estaba buscando en el piso de abajo, todos esos hombres intentaban matarla fue en ese momento que escuche su voz, después lo único que tuve que hacer es correr hacía ese lugar, no fue difícil. —Misao que aún tenía la vista baja jugueteó nerviosamente con sus dedos, entonces, ¿ese chico estaba enamorado de ella?, no lo había dicho directamente pero lo había dejado entrever entre líneas, se suponía que en ese momento debía decir algo como que estaba enamorada de su señor Aoshi y darle calabazas, pero lo cierto es que aquella era su primera declaración en el ámbito amoroso y el golpeteo de su corazón contra su pecho no le dejaba pensar con claridad.

El joven giró la vista al verla tan concentrada, sabía que de intentarlo podía leer en sus facciones sus próximos movimientos, sus pensamientos, pero no quería hacerlo, un silencio pesado se había formado entre los dos y eso que no le había contado toda la historia, ¿Qué pasaría si Misao se enterara de que cuando fueron pasando los días no se había conformado con verla solo cuando llevaba el té sino que también la seguía al Aoiya?, su espalda sufrió un escalofrió al recordar la cantidad de veces que escondido en la rama de un árbol la había visto entrenando con sus kunais, ahí estaba ella, completamente bañada en sudor y con una cara de completa satisfacción al ver que había logrado dar justo en el blanco indicado, todo su cuerpo palpitando, sus piernas tensas y listas para el ataque, su cabello que parecía danzar a sus espaldas y él observándola con una sonrisa desde la copa de un árbol.

Y claro, esa no había sido la única ocasión, también le gustaba verla cuando atendía a las personas en el Aoiya, cuando llevaba una bandeja de comida y les sonreía amablemente a los clientes y que decir de las misiones… Soujiro no podía ni recordar la cantidad de veces que había funcionado como guardaespaldas sin que la chica se diera cuenta, la ocasión mas reciente había sido tres días antes.

Había estado brincando de rama en rama, de tejado en tejado siguiendo cautelosamente los pasos de Misao quien se le perdía a momentos para después volver a surgir por otra calle, había tenido que admitir que la chica era bastante buena, si no fuera porque había sido entrenado para ser el mejor espía ya la hubiera perdido desde hace mucho tiempo.

Las horas se fueron sucediendo una tras otra y de un momento a otro notó con enfado que la chica había salido de su rango de visión, ahogando una maldición salió de su escondite de un salto y miro en ambas direcciones, a sus lados solo había árboles, árboles y mas árboles, al frente se podía apreciar una especie de fortaleza y claro, atrás estaba el camino por el que habían llegado.

—Seguramente la acción va ser ahí adentro. —Se dijo a si mismo mientras con un gesto de desilusión se sentaba junto al tronco de un árbol, ahora sí que no iba a poder hacer nada para estar cerca de la muchacha que le quitaba el sueño desde hace semanas, tal vez Misao se había ido a reunir con algún otro dirigente de su clan y no les haría nada de gracia que él estuviera por ahí curioseando—. Ni modo… —giró la vista y observó el cielo, muy pronto anochecería…

El ruido de disparos lo sacó de su sueño, abriendo los ojos de golpe el muchacho notó que efectivamente ya era de noche y que por otro lado las cosas habían salido muy pero muy mal.

Usando su velocidad divina llegó rápidamente al lugar donde los disparos sonaban mas cercanos, sin embargo se quedo completamente inmóvil y aterrorizado al ver que sus esfuerzos habían sido en vano, en ese justo momento Misao se había arrojado al río el cual estaba bastante crecido, los hombres que la seguían profirieron algunos insultos y se retiraron muy enojados porque según sus palabras "Esa chiquilla no saldría viva de ese lugar y por lo tanto tampoco la llave", el joven Tenken al oír semejante cosa apretó los puños de indignación, sin embargo ese no era el momento de buscar venganza, sin tiempo para quitarse mas que el gi saltó al agua intentando desesperadamente encontrar a Misao.

La búsqueda fue agobiante en extremo, el agua estaba muy fría y esa noche no había luna ni estrellas que le indicaran el camino, tiritando y sintiéndose culpable buscó por todo el río tratando de no ahogarse en el intento.

Cuando sus esperanzas finalmente empezaban a acabarse un ligero destello en medio del agua hizo que su corazón diera un salto, nadando rápidamente llegó hasta donde se veía el destello y comprobó con alivio que se trataba de la llave que la chica llevaba colgando de su cuello, tomándola de la cintura Soujiro intentó nadar a la orilla pero la corriente era muy fuerte, por mas que lo intentaba no podía lograrlo, la chica tenía una fea herida en un costado, el agua a su alrededor se manchaba paulatinamente de sangre y el chico estaba al borde de un colapso nervioso.

¿Qué haría?, ¿Cómo la salvaría?, apretándola mas fuerte contra si el muchacho se impuso una meta, tenía que lograrlo, aunque perdiera la vida en el intento tenía que poner a la chica a salvo.

Reuniendo todas sus fuerzas empezó a nadar contra corriente para alcanzar la orilla, las piedras lo golpeaban y tenía que esquivar los obstáculos que el agua arrastraba, la chica empezaba a enfriarse, sus labios se habían puesto morados y seguía inconciente. ¡Pero él tenía que lograrlo!, era Soujiro Seta, ¿Qué pensaría de él el señor Shishio si lo viera en esos momentos?, seguramente diría que era un débil y no lo era, dándose ánimos hizo un ultimo esfuerzo y sus dedos se aferraron a una pared lisa y resbalosa, había alcanzado una piedra pero a un muy alto precio, con un esfuerzo sobrehumano colocó a la chica sobre la piedra y trato de aferrarse a la roca, sin embargo era imposible, ya no le quedaban fuerzas, no lograría permanecer así por mucho tiempo.

Entre satisfecho por haber salvado a la joven y agobiado por el hecho de que sus fuerzas se extinguían no pudo mas que abrir con sorpresa los ojos al ver que Misao había despertado y tiritaba sobre la piedra viéndolo con ojos extraviados.

—¿Se-Se-Señor Aoshi? —Soujiro sonrió entre temblores y le tomó la mano suavemente.

—No… Soujiro Seta.

—¿Soujiro Seta? —La chica apretó la mano del joven, su mirada aún extraviada y su semblante débil, Soujiro sonrió por última vez antes de que su mano se desprendiera de la mano de la chica y su cuerpo fatigado se perdiera en la profundidad del agua.

Le había dicho su nombre porque en esos momentos pensó que quizás moriría, sin embargo no había sido así y ahora solo rezaba porque Misao no recordara ese momento, de recordarlo sabría que sus artes de espía le habían estado sirviendo para seguirla.

—Entonces… —Misao finalmente volvió a hablar y él la interrumpió:

—Mire, lo siento señorita, pero debe entender que no quise que esto pasara, yo no sabía que el corazón podía querer de esa forma, cuando estaba con el señor Shishio esto jamás me había pasado.

—Te creo.

—¿En serio? —Sinceramente no esperaba que ella creyera que había sido victima de sus propios instintos.

—Si, uno no puede mandar al corazón, lo sé de sobra.

—Entiendo. —Soujiro desvió la mirada, seguramente Misao recordaba al señor Shinomori, no podía decir que lo odiaba pero como le hubiera gustado que no existiera.

—Pero… ¿Estas seguro de lo que sientes? —Había hablado tan suavemente que apenas la había alcanzado a escuchar, ¿Lo estaba cuestionando acerca de sus sentimientos por ella?.

—Le he dicho la verdad, —Se explicó con claridad—, me gusta verla, me gusta cuidarla, me gusta pensar que usted sabe que existo.

—Pero Soujiro… —La muchacha guardó silencio y él la observó extrañado de que sus pequeñas manos se enredaran de aquella manera contra sus rodillas, como si decir lo siguiente no estuviera del todo en sus planes—. Ahora sé que existes… —Un relámpago iluminó por unos instantes la estancia y luego un trueno resonó con fuerza por todo el salón.

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Notas de Okashira janet: ¡Hola!, bueno por fin acabe este capitulo, pensé que en vacaciones me tardaría menos en escribir pero la verdad es que no pude estar mas equivocada, mi agenda a estado llena toda la semana (me gradué de computación, fui a inscribirme a la prepa, compre boletos de autobús…) y soy afortunada si puedo sentarme un ratito a escribir. Para rematar me voy a Guadalajara y creo que estaré fuera de los fics por lo menos por unos 10 días, así que adiós actualizaciones por un tiempo je,je, lo lamento mucho pero ya después me pondré al día.

AGRADEZCO A: Gabyhiatt gracias por comentar, veo que tu al igual que yo ya hemos caído bajo el embrujo de esta parejita, Dark Jasmy, Cecilia, Lau gracias por tus ánimos y espero haber bajado el ritmo del fic en este capitulo es que necesitaba que fuera un poco rápido en el anterior y por ultimo Tommy Hiragizawa este fic esta dedicado especialmente a ti como regalo de despedida, amiga ¿Por qué tienes que irte a España?, te voy a extrañar muchísimo, pero bueno solo espero que te vaya muy bien y conozcas muchos lugares bonitos, ¡TE VOY A EXTRAÑAR! Bueno me voy, cuídense mucho y pasen felices vacaciones Ciao

Reedición: Este capitulo cambió tanto en las pequeñas cosas que al final creo que tomó un aire diferente a la primera versión, sin embargo los hechos sigues inalterables. En mis inicios me parece que tanto mi Soujiro como mi Misao estaban medio bipolares —horror—. Un beso Ciao

4 de Abril del 2011 Lunes