Antes de dejarse llevar por los labios de Takano en su cuello, Onodera se pregunta cuánto de aquello vale la pena, y con la rapidez propia de la mente, recuerda. Recuerda todo, siempre desde el comienzo, desde un lugar entre las estanterías, hasta la tarde recién terminada luego del trabajo. Es un debate arduo y ¿por qué no decirlo? También es molesto porque la respuesta siempre es la misma, el juez dicta su sentencia a pesar del veredicto del jurado: lo ama, y cada beso que baja por su pecho para recordarle a donde llegarán, es la compensación más justa.