Canadá abre la puerta de madera pintada de azul marino que cierra el jardín de la casa en París dónde vive Francia y, al cruzar el jardín, lo primero que llama la atención es el campamento comanche de España y Prusia. Cuenta con dos hamacas, una barbacoa, un cubo con agua y hielo donde flotan unas cuantas latas de cerveza, una cuerda con calzoncillos tendidos y dos figuras tumbadas en las hamacas tomando el sol y haciéndose trampas a las cartas mientras en una radio suena una canción de Lady Gaga.
Si Canadá tuviera que definirlos con una sola palabra, esa seria "domingueros". Se acerca a ellos con una sonrisa avergonzada y ninguno de los dos parece notarle en lo más mínimo ni cuando se pone hacer aspavientos violentos con frenesí. Ligeramente frustrado, renuncia para subir al porche de Francia y golpear la puerta tímidamente.
―No va a abrirte ―suelta Prusia con una barrita de regaliz rojo entre los dientes que se asoma fuera de su boca, mientras observa sus cartas con una sonrisa que dice "estoy ganando pero voy de farol". Canadá levanta las cejas y le dan unas increíbles ganas de ir a abrazar a Prusia solo por haberse dado cuenta de su presencia, así de desesperado esta el pobre.
―Es cierto, tío ―añade España―. Llevamos aquí tres días y no ha salido para nada.
―Y ecima abre el sistema del riego del jardín cada dos horas ―protesta Prusia―. Si no le conociera pensaría que quiere que nos larguemos.
―Yo creo que quiere que nos larguemos ―responde España.
―Nah, tío, ¡que va a querer que nos larguemos! ―suelta Prusia confiado―. ¡Yo soy demasiado Awesome!
Súbitamente, más rápido de lo que se dice "sacrebleu", la puerta se abre, alguien jala a Canadá de un brazo y la puerta se cierra tras él.
Prusia y España se quedan los dos paralizados viendo lo que acaba de pasar... a Prusia se le cae el regaliz rojo de la boca dramáticamente.
Canadá parpadea confundido en el vestíbulo sin entender muy bien que ha pasado mientras Francia, por su parte, ha prensado al canadiense contra la puerta, manteniendo una mano en su clavícula izquierda y otra en su cintura, al tiempo que aprieta sus labios cerrados contra los de él.
El de las gafas abre los ojos con sorpresa y flipa contra la puerta por el ataque por sorpresa, sonrojándose un poco, cuando un par de instantes más tarde logra comprender lo que pasa trata de apartar a Francia un poco, más por el asunto de entender que por nada.
El francés se separa al instante, con los ojos cerrados y sin mirar al chico. Gira a la cocina y empieza a caminar hacia allá.
―Merde! ―suelta bajito. El menor parpadea de nuevo confundido, se sube las gafas y se arregla la ropa.
―Ehm... bonjour ―saluda tímidamente y si planea seguirle, he de decirle que se prepare para flipar, dado que todo ahí esta lleno de comida. Francia no le contesta.
Canadá mira alrededor de la cocina llena de comida de todo tipo un poco nervioso e impresionado.
―Ehm... ¿vas a dar una... cena? ―pregunta en un medio susurro.
―Non ―responde Francia en tono irritado―. ¿A qué has venido?
El canadiense se echa un poquito para atrás impresionado por la brusquedad de la respuesta mientras trata de no mirar los platos como si todo estuviera normal, aunque por algún motivo le incomodan y le llaman la atención.
―Ehm... l'Allemagne dijo que habías desconvocado el G8 ―se lleva la mano a la nuca, avergonzado―. Y l'Espagne et le Prusse dicen que no sales de casa desde hace tres días... estaba preocupado.
Francia suspira y desvía la mirada.
―Merci.
―Y me parece que debes tener el teléfono sin batería ―continua diciendo― y... ―sigue hablando en un tono tan bajo que es imposible oírle.
―No te escucho cuando hablas en ese tono ―le reprende Francia irritado de nuevo.
―Decía que pensé que quizás habías enfermado o te había sucedido algo. Venía a ver si necesitas cualquier cosa ―repite en un tono que no ocupan solamente algunos roedores pequeños y Liechtenstein. Francia camina hacia él y se le para junto con los brazos cruzados.
―He estado mejor, pero merci por venir ―levanta una mano para hacerle un cariño en la cara y se arrepiente a la mitad del camino. Se da la vuelta―. ¿Quién va a organizar el G8?
―Ah, pues... hubo una discusión al respecto de eso. Estuvieron gritando por webcam durante dos horas, ya sabes lo muy desorganizados que pueden ser. Además pasamos más de una hora discutiendo que podía haberte pasado y al final me ofrecí voluntario. Será en Toronto, en tres días ―explica. Francia se gira a mirarlo, de reojo.
―Bien.
―Por supuesto, serás bienvenido si decides venir ―añade―. Nos gustaría que lo hicieras. Todos estabamos muy preocupados ―confiesa cada vez más bajito. El francés camina unos pasos hasta la estufa y la prende.
―Non ―niega con la cabeza―. No digas tonterías y tranquilízalos con cualquier cosa. Diles que tengo a un grupo de mujeres en casa o que Sarkozy me tiene amarrado a la cama. Cualquier cosa que suene excéntrica y sexual. Eso les mantendrá alejados.
Canadá el inocente se sonroja un poco ante esas ideas.
―Les dije que seguramente estabas resfriado o algo así. Me costó mucho disuadir a mon frère, decía que obviamente tenía que descubrir el misterio como buen héroe que es. Entre l'Angleterre y yo logramos quitarle la idea de la cabeza pero no creo que l'Allemagne et le Russie se tomen muy bien que no vengas a la reunión por motivos sexuales. Aún así les diré.
―Angleterre... ―murmura por lo bajo, tomado un poco por sorpresa―. S'il vous plait, no quiero al garçon aquí y mucho menos a l'Angleterre. Está bien que sea al otro lado del planeta ―camina al refrigerador y abre la puerta―. ¿Quieres... Comer algo?
―Oui, merci ―responde educadamente―. No creo que l'Angleterre venga, él estaba... dijo que te habías enojado con él.
―¿Eso dijo? ―pregunta levantando las cejas―. Imbecile... ―suelta en un susurro, sin estar seguro de como sentirse al respecto―. Hazme un favor, Canadá... Deja de hablar de mí con l'Angleterre, ¿bien?
―Ehm, d'accord... mmm... Seychelles te manda besos ―cambia de tema obedientemente―. Dijo que estaba un poco decepcionada por que esperaba que vinieras a Berlin a por nosotros cuando regresamos de Tokyo, pero yo le dije que no tenías por que hacerlo.
―Como puedes ver, estoy en un montón de aprietos aquí. Y no parece que vaya a mejorar ―murmura malhumorado sirviéndole a Canadá un plato con un montón de comida―. Le escribiré a Seychelles una disculpa un día de estos.
―Et le Prusse et l'Espagne... ¿Qué te han dicho? ―pregunta mirándole intensamente a la cara por primera vez. Canadá aparta la vista un poco nervioso, ligeramente incomodo y avergonzado por toda la comida de la cocina y se sienta diligentemente en el lugar que le ha preparado.
―¡Ah! ―da un pequeño saltito―. Ehm... ellos... dijeron que no ibas a abrirme, que a ellos no les has abierto. L'Espagne cree que quieres que se vayan y le Prusse cree que no.
―Ellos... Non. Si l'Espagne me ve, sabrá cual es el problema ―dice para si.
―¿El problema? ―pregunta suspicaz sin saberlo, mientras empieza a comer. Francia se mueve incomodo.
―Olvídalo ―empieza a preparar unos platos extras de comida para España y Prusia.
―Mmmm... ¡vaya! esto está realmente bueno ―aseugra Canadá sinceramente después de saborear el primer bocado―. ¿Qué es?
―Es... ―desvía la mirada incomodo―. Comida de otros tiempos.
Canadá le mira intrigado, sin entender.
―Cassoulet preparado como antes. Y cisne... ―señala lo que parece pollo―. Con hierbas que hoy no se usan tanto ―carraspea.
―Quizás deberías ponerlas de moda otra vez ―comenta mientras se lleva otro bocado y luego aparta la mirada incomodo, vacilando.
―Oui, oui. Termina de comer ―le sirve una copa de vino.
―Puedo... ―vacila un poco más mientras sigue comiendo―. Preguntar... ―y añade algo en un susurro inaudible.
―Canadá, no te oigo cuando hablas en ese tono. Nadie te escucha cuando lo haces ―responde mas crispado de lo que generalmente estaría.
―Pardón ―se disculpa bajando la cabeza, avergonzado―. Quería saber por qué has hecho tanta ―repite en un tono un poco más elevado, sin mirarle.
―Estaba... Aburrido ―frunce el ceño y le da la espalda.
―Oh ―responde simplemente mientras acaba diligente y educadamente todo lo que le han puesto en el plato, aunque es demasiada comida para él y siente el estomago pesado, bebiendo el vino.
―¿Vas a querer postre? ―pregunta terminando de servir unos enormes platos. Inglaterra debe estar orgulloso de Canadá, parece ser el único que aprendió los modales de un caballero adecuadamente. Seguramente no los aprendió gracias a él, por que ni siquiera él están educado como para no poder negarse al postre a pesar de estar lleno, pero eso no le quita que lo crea... Ni el orgullo, claro.
Francia le sirve una rebanada de treacle tart que Canadá se come como un campeón, claro que sí. Aunque ya no puede más el pobre.
―Bien ―Francia sonríe satisfecho al ver que el menor se lo come todo.
―Merci ―agradece el americano otra vez con una sonrisa tímida.
―Ahora... Lleva esto afuera a l'Espagne et le Prusse ―duda un segundo―. Y diles que los quiero ―añade dándole los platos en una charola. Canadá se levanta limpiándose la boca con una servilleta y asiente con la cabeza tomándola.
―¿A ellos qué les digo que te pasa?
―Nada, diles que... Nada ―niega con la cabeza―. Habla con l'Espagne, él entenderá. Y diles que les quiero, s'il vous plait.
―D'accord ―asiente con la cabeza―. Si'l vous plait, cuidate. Te esperaré en Toronto ―sonríe―. Volveré después del G8 a ver como estás si no vienes.
Francia le sonríe sinceramente.
―Habla fuerte en Toronto, mon cher ―se acerca a darle un beso (o lo que normalmente lo sería) pero luego da un paso atrás, dándole unos golpecitos en el pecho. Canadá le sonríe de lado, no muy seguro y luego asiente con la cabeza, saliendo de la cocina.
Francia sale atrás de él. Este abre la puerta y se gira a mirarle. El francés le sonríe, tranquilo.
―Venga, sé un buen chico y tranquiliza a todo el mundo.
Canadá le sonríe de vuelta.
―Sea lo que sea, vas a estar bien. Nada puede ser tan grave ―le anima antes de salir.
―Desde luego, mon ami. Yo soy invencible ―luego baja el tono de voz, hasta que es un susurro―. E irónicamente, el país de l'amour ―concluye cerrando la puerta tras Canadá y en la nariz de Prusia que al darse cuenta de la puerta abierta, ha saltado por encima de todo lo que hay en medio tratando de llegar a tiempo.
oxOXOxo
A unos quinientos kilómetros de París, en Berna, suena el teléfono de Suiza. Él frunce el ceño y contesta.
―Hallo?
―He… hello. ¡HELLO! ¿hello? ―Inglaterra cambia de tono de voz tres veces ligeramente… bueno, digamos que lleva veinte minutos intentando que el cuarto entero deje de moverse de lo que tiembla. Está en su despacho en Westminster y acaba de tirar por el suelo el té que tenia en un vaso de papel. Pero no es muy importante por que es el octavo que tira hoy, además solo en los últimos cuarenta y cinco minutos se ha tomado quince.
―England... ―Suiza se recarga en la silla, relajándose un poco al reconocer su voz―. ¿Qué tal?
―Ye... yes. ¡Hello, Switzerland! ―responde tratando de secar el té del suelo con unos papeles en sucio, que después decide que no son en sucio y trata de volver a aplanarlos frenéticamente cada vez más nervioso. Tira el vaso a la papelera dónde casi ya no caben más.
―¿Te ha llegado mi presupuesto? ―sigue Suiza en tono de negocios.
―¿Presupuesto? ―pregunta descolocado un momento―. ¡Ah! Del reloj que te pedí que me hicieras ―recuerda―. Yes, yes... Of course. Perdona que no te respondiera antes. He estado un poco liado últimamente, tuve que ir de viaje de forma urgente y... well, jeje ―explica pateando la montaña de vasos para apretarlos dentro de la papelera.
―Bien, no hay problema, eso pensé. Esperaba tu llamada ―suspira.
―El caso es que puedes tirar adelante con ello, está todo OK ―resume―. Especialmente cuidado el detalle de la estrella, tal como te pedí y he visto que no escatimaste en gadgets… ¡oh! y el titanio lo hará muy elegante. Thank you.
―Sabía que te gustaría ―sonríe―. Espera la mejor calidad.
Inglaterra asiente con la cabeza volviendo a sentarse.
―Of course.
―Y... ¿Cómo va todo? ―le pregunta tranquilo.
―Pues mira, quería hablar contigo... ―empieza y luego se arrepiente―. Ehm... sobre... your sister.
―¿Liechtenstein? ―Suiza histérico como si acabaran de presionar un botón―. ¿Qué pasa con ella?
―Ella... pues no sé de dónde debe haberlo sacado, pero tiene unas curiosas ideas. Y esta semana que estuvieron todos los chicos en casa de Japan compartió algunas de ellas con Sealand ―explica.
―¿Curiosas ideas de qué? ―le pregunta histérico, muy muy enojado. Inglaterra frunce el ceño al oír ese tono de voz y deja de dibujar en el margen de una hoja.
―Sobre lo que hacen los adultos en la intimidad de su alcoba. No es que me importe lo que sepa o no o las cosas que aprende en tu casa, pero Sealand es un niño pequeño y no quiero exponerlo todavía a esa clase de cosas ―sentencia. Suiza mudo, sonrojado hasta las orejas.
―No... hay nada... Que aprenda en esta casa ―balbucea pensando en la vez que encontró a él y a Austria en la sala―. Lo siento, ten por seguro que... No volverá a hablar con nadie ―declara el ahora.
―Fine. Creí que debías saberlo ―continua en un tono un poco menos duro al oír que se ha disculpado y pensando que se refiere a que no hablara con nadie más de eso.
―No puedo creerlo. Todo es culpa de Österreich ―sigue Suiza murmurando entre dientes. El británico levanta las cejas.
―¿Austria le ha hablado de eso a Liechtenstein? ―pregunta con curiosidad.
―Nein ―sentencia tajante―. No... No, no, no, no... No. Nunca debimos salir de casa, eso es lo que pasa. Una disculpa, England. Liechtenstein recibirá el entrenamiento adecuado para recuperar su inocencia.
―Oh... Well, a parte de ese pequeño incidente creo que el campamento fue una buena experiencia para los niños ―comenta un poco incomodo―. Japan parecía bastante más animado de lo normal y a excepción de Germany y Canada los demás parecían bastante relajados.
―No estoy seguro ―suelta malhumorado y tamborilea los dedos en la mesa.
―A mi me dijeron que lo pasaron muy bien. Seychelles estaba encantada con Liechtenstein ―explica.
―Debe haber sido ella. Creció con France, ¿verdad? ―frunce el ceño. Inglaterra se tensa como un palo al oír mencionar a Francia y da un salto de la silla poniéndose de pie y lanzando al suelo una pila de papeles. Se aclara la garganta.
―Noseporquecresqueyodeberi... ―se detiene y carraspea otra vez―. Es decir... Yes ―explica en un tono más plano, tratando de aparentar normalidad, mientras recoge los papeles esta vez―. Con France y conmigo... ¡ENMOMENTOSDIFERENTES! ―añade en un grito casi inmediatamente al darse cuenta de lo que está diciendo―. Jeje... Separados. Completamente diferentes y separados.
Suiza se queda mudo, sin saber que decir.
―Entiendo. No estoy diciendo que tengas nada que ver tu, tu eres un hombre honorable ―comenta tratando de sacar la pata que ya metió―. Yo solo decía de Seychelles... Pero no importa ―carraspea.
―Ehm... ―Inglaterra vacila y vuelve a dibujar en el margen de una hoja―. Switzerland, pu... puedo... ehm... ―trata de empezar de nuevo y se arrepiente otra vez― . ¿Cómo va con Austria? ¿ya te trata mejor?
―Pues... Ya ―carraspea algo agobiado por lo directo de la pregunta―. Siempre he hecho que me trate bien. Ya no hemos tenido incidentes ―carraspea―. ¿Tú que tal estas?
―Ah, Bien, bien... ¡bien! Es decir, no sé que podría ir mal ―se ríe nervioso.
―¿Estás seguro? ―levanta las cejas―. Suenas preocupado. Si quieres contarme, prometo no hacer ninguna pregunta.
―Eh... hum. No, no, yo estoy bien, ¿sabes? es solo... well, estoy preocupado por una cosa que me ha contado un amigo mío. Pero es una tontería ―carraspea.
―Entiendo, entiendo ―asiente―. Y ¿qué le ha pasado a tu amigo? ―pregunta genuinamente, sin ningún tono de malicia.
―Pues veras, este… amigo mío, que trabaja conmigo, ¿eh? Se llama, eh... Henry, trabaja para el ministerio de economía. En serio lo conozco, cualquier día que vengas puedo presentártelo ―explica para dejarlo claro.
―Oh, OK ―asiente creyéndole.
―No, lo digo por que a veces la gente dice "le paso a un amigo" pero en realidad hablan de... ―se detiene a si mismo y carraspea―. Well, el caso en que Ricky... le llamo Ricky por que, como he dicho, es mi amigo ―aclara histérico perdido. Suiza carraspea, detectando algo extraño.
―¿Qué pasó con él?
―Well, el asunto es que Ricky tiene... bueno, conoce a un tío que es insufrible y que le cae como el culo. Yo le conozco también, trabaja aquí en el parlamento, es... ehm... se llama ―mira sobre la mesa, desesperado―. William. Eso es, William. Trabaja en, well, you know, en la recepción. Eso no es lo importante.
―Aja... ―Suiza frunce el ceño entendiendo―. ¿Entonces?
―El caso es que William, que es un imbécil, le roba a Ricky su... ―mira sobre la mesa otra vez―. Grapadora. Eso es, la grapadora... un asunto muy feo, ¿sabes? Bueno, pues Ricky se va con William para pedirle educadamente y de forma muy diplomática que please le devuelva su grapadora.
―Aja... Aja... ―asiente con la cabeza―. Que molesto es eso del robo, no debería de haber ninguna flexibilidad con ello, sigue contándome.
Inglaterra traga saliva sintiéndose un poco aludido por ese comentario.
―Well, pues William no le devuelve su grapadora a Ricky, pero a cambio tiene con el un increíble... detalle. Un regalo. Eso es, le hace un regalo. Uno MUY BUENO y que Ricky... ehm ―se sonroja―. Bueno, simplemente no puede no aceptar.
―Ah, bueno, ¿y a Ricky le gusta el regalo? ―pregunta levantando las cejas. El británico se sonroja otra vez completamente histérico, muerde el capuchón del bolígrafo tratando de no recordar los cinco días de sexo con Francia que fueron realmente el regalo.
―Bloody hell! ―protesta dejando caer la cabeza contra su escritorio.
―Bien ―carraspea Suiza, sintiéndose incomodo sin saber por qué―. Entonces, con eso ha quedado todo balanceado, no hay más... ―carraspea―. Problemas, ¿o sí? Debe haberlos, si no, no me estarías contando. Sigue, sigue.
Inglaterra se masajea las sienes tratando de clamarse.
―Vamos decir simplemente que no puede no aceptar el regalo ―sentencia y se pone nervioso―. Por que es… una película. Eso es, una película que siempre quiso pero creía descatalogada ―se inventa sobre la marcha.
―OK, creo que no es tan importante lo que fue el regalo, no te preocupes por ello.
―Por que el caso es que William es muy aficionado al cine, ¿vale?... y bueno Ricky ―se sonroja―. Un poco, también, ¿sabes? ―continua―. Cierto, no, no es muy importante ―agradece secretamente.
―Sigue a lo anterior, ¿qué más pasó? ―pregunta sonriendo un poco y entendiendo el conflicto sin saber cual es.
―Well, lo que pasa también es que... ejem... Ricky tiene otro amigo. Yo también le conozco, se llama... Alf... Albert. Eso es, Albert. Y trabaja en el archivo ―explica.
―Aja... ―Suiza asiente, haciendo dos mas dos y concluyendo algo cercano a lo que realmente pasa. Y desechando el pensamiento―. Bien, ¿entonces?
―Well, fue el cumpleaños de Albert hace un par de semanas y lo celebramos aquí. De hecho, yo estaba aquí, fue mientras los chicos estaban en Tokyo... comimos tarta y todo ―explica―. De hecho, tengo las fotos en facebook por si quieres verlas ―explica abriendo el ordenador y empezando a buscar fotos de alguna fiesta que hayan hecho en el parlamento para subirlas.
―No creo que sea necesario verlas, ni siquiera tengo ni facebrook o como se llame ―admite suiza, esperando que eso lo tranquilice―. ¿Qué pasó en la fiesta? ―pregunta intentando llevar a Inglaterra a que le cuente.
―Ah, bueno, yo solo decía por si querías ve... well ―Inglaterra igualmente las busca por si acaso―. El caso es que a Albert también le gusta mucho el cine, ¿sabes? y también quería la película que William le regaló a Ricky, así que Ricky, como son muy amigos, se la dió.
―En... Tiendo ―levanta las cejas―. ¿Y qué dijo William?
―Pues, decir no dijo nada ―piensa y se rasca la cabeza―. Pero Ricky pensó que quizás se había enojado. Aunque de hecho, a William nunca le ha importado mucho eso, ¿sabes? es decir... ―Inglaterra haciéndose un lío mental.
―Oh ¿Y esta vez si le ha importado? ―pregunta Suiza suspicaz.
―Ese es el problema, Ricky no tiene ni la más remota idea ―explica el inglés―. Por que fue a pedirle perdón y William no actuó como siempre.
―Entiendo ―Suiza se hace más hacia adelante en su asiento―. ¿Y a Ricky le importa lo que piense William?
―Pues ye... no... mmm... I don't know ―vacila planteándoselo―. Supongo que yes. Vamos, digo, yo no lo sé por que no... well, es una tontería y me lo ha contado, pero parecía realmente preocupado.
―Cuando la gente no actúa como siempre suele querer decir que pasa algo que no le gusta ―luego baja la voz―. O le avergüenza algo que no...
Inglaterra se lo piensa unos instantes.
―¿Sabes? yo había pensado algo en la línea del alcohol ―confiesa.
―Del... ¿Alcohol? ¿Hablas de alcohol, alcohol? Eso es poco probable. Es decir, ¿qué tiene que ver el que beba alcohol?
―Pues quizás cuando fue a pedirle perdón estaba borracho o drogado o las dos cosas ―explica―. Y por eso actuó tan extraño.
―¿Eso es algo que suele hacer William? ―Suiza abre los ojos―. Oh, vaya England, no esperaba algo tan elaborado. Yo pensé más que William estaba... Tú sabes, preocupado o celoso o algo así. Quizás es muy inocente, tú conoces a tus amistades.
Inglaterra frunce el ceño.
―¿Porqué iba a estar...? es que... bueno, veras, digamos que William tiene la costumbre de no darle importancia a sus regalos, una vez regalados, ya son responsabilidad del propietario.
―¿Y esta vez actuó extraño?
―Muchísimo ―asiente.
―Eso es raro. Yo no soy ningún experto en relaciones humanas pero la gente que actúa extraño indica que oculta algo. Quizás podrías preguntarle.
―¿Yo? ―pregunta nervioso.
―Bueno, no tu... Ricky. Pensé que tu, como jefe de estado, querrías resolverlo.
―Oye, que si es un caso real, ¿sabes? ―protesta furioso―. Si lo necesitas les llamo y te los paso ahora mismo para que... ah... ―vacila al oír eso ultimo.
―Pero, es mejor que no te metas en la vida privada de... ―se calla al ver el enojo.
―El caso es que sí, los conflictos internos son lo peor que puede haber. Como ratas en un barco ―explica―. Pero es que según Ricky, William no quiere volver a hablarle y de hecho lleva un par de días sin venir a la oficina diciendo que está enfermo ―explica.
―England, yo solo estaba suponiendo, que... ―se detiene―. Vaya, eso me suena a... ―carraspea―. Perdona que siga con eso, pero la vergüenza...
―Vergüenza... ―Inglaterra se lo plantea.
―Yo no soy experto en eso, quizás si le preguntaras a Fra... ―vacila―. Alguien. Pero seguramente el diría algo relacionado al enamoramiento o algo por el etilo. Yo no sé esas Cosas.
El británico frunce el ceño poniéndose tenso.
―¿No, sabes? Yes. Eso es lo que haré, le preguntaré a... ―se le seca la boca―. France. Le encanta meter la nariz en estas idioteces. Thank you, Switzerland.
―Seguramente es un maleante y debe haberse robado más cosas ―agrega y frunce el ceño―. Quizás si lo amenazas con un arma...
―Oh, yes. Sí que lo es. No es lo primero que roba, de hecho. Creo que voy a despedirle ―valora en plan aleatorio.
―Es una opción. Yo estoy de acuerdo en eso relacionado con la cero tolerancia con la gente que no se porta bien ―asiente.
―Well, thank you, Switzerland ―insiste― y disculpa por contarte estas tonterías, no se como no se me ha ocurrido antes.
―No te preocupes, me viene bien una distracción. Voy a hablan con Österreich y con Liechtenstein. Ten por seguro que no volverá a molesta a Sealand.
―Eso me deja más tranquilo ―asegura.
―Bien. Pronto hablaremos, England, para lo del reloj. Espero que puedas depositarme el anticipo. Buenas tardes ―concluye al final y cuelga. Inglaterra también cuelga pensando en lo que le ha dicho.
oxOXOxo
A quinientos kilómetros, Canadá se para en la puerta del otro lado, se recarga sobre ella suspirando y niega con la cabeza, España lo ve todo.
―Oh. Dios. Mío. ―suelta el moreno empezando a intuir quién sabe qué mientras Prusia golpea la puerta como un poseso.
―¡Tíoooooo! ―protesta entre los golpes―. Le has abierto al niñato este y yo que soy tu colega... que te traje los dibujos que le robé al cejas expresamente para ti hace dos semanas... que te he salvado el culo en incontables ocasiones ―sigue aporreando. España se ríe.
―Venga, Prusia, tío, no te enojes que no está bien. No te lo tomes así...
―Dice que los quiere ―susurra Canadá mirando a España―. Y les manda esto ―le tiende la charola.
―Dime niño, desde cuando eres tu tan afortunado ―pregunta Prusia bufando frustrado.
―Gracias ―responde España tomando la charola.
―Yo... ―Canadá mira al albino sin saber que responder.
―¿Cómo está? ―pregunta España en un tono más dulce que Prusia, pasándole la charola.
―Es algo raro de comer... ―se encoge de hombros y se mete las manos a las bolsas de atrás del pantalón―. Está... Está bien... ―miente sonriendo. Prusia le toma la charola de las manos abriéndola.
―¡Comida francesa! ―exclama contento, oliéndola―. ¡Ich liebe dich, tío! ―grita a la puerta sonriendo. Francia sonríe al otro lado.
―Está... Raro. Pero bien. Ha hecho un montón de comida ―dice mirando a España. Luego Prusia se vuelve a Canadá de buen humor.
―Hey, tío, ¿has pasado el último Resident Evil? ―pregunta en plan colegueo absoluto. España niega con la cabeza y mira a Canadá preocupado, tratando de deducir.
―Nervios, ansiedad...
―Yes... Es bueno aunque prefiero el Black Ops... ―y sigue hablando con voz quedita que nadie escucha o al menos no hacen caso. Luego se encoge de hombros al oír a España.
―Yes... Algo así...
―¿Ansiedad? ¿Porqué iba a tener ansiedad? ―pregunta Prusia a España. El canadiense abre la boca para decir algo más, pero se contiene.
―Debe haber sido ese imbécil otra vez ―frunce el ceño España y se vuelve a Canadá―. Sin ofender, pero es in capullo... Como le haya roto algo...
―¿De qué hablas? ―pregunta el de las gafas, ansioso.
―Pero ¿porqué no dejarnos entrar? ―pregunta Prusia―. ¡Eh! Tío, ven vamos a tomar una bier ―le da una palmada demasiado fuerte en la espalda a Canadá llevándole al campamento. Él se queja, pero nadie lo nota.
―Entonces tiene que ser otra cosa ―sigue pensando España en su mundo. Francia mira por la mirilla de la puerta, y se relaja un poco, al ver que van hacia el campamento
―Kesesesesese~ ―se ríe el albino―. No te preocupes tío, aquí el amigo... ¡Seguro puede traer un par de helicópteros y esas cosas molonas para sacarle de ahí!
Canadá niega con la cabeza.
―Ese es mi brother, pero no... No, creo que deberían dejarlo en paz ―termina en un susurro.
―¿Helicópteros? Nah, tío, déjalo. Ya saldrá, nos quedamos aquí y ya ―responde España―. Pero no deja de sorprenderme que te haya dejado entrar a ti si esto es lo que creo... Debo estar equivocado.
―¿Qué es lo que crees? ―pregunta Canadá mirando a España algo impresionado. Él sonríe.
―Es... Complicado
―¿Oui? ―pregunta serio, mirándole aún. Prusia levanta las cejas.
―¿Hablas francés? ―pregunta sorprendido y luego se vuelve a España―. Tío, ¿a quién hay que sacudir?
Canadá mira a Prusia algo indignado.
―¡Mais oui! ―exclama y España mira a Canadá se soslayo, haciéndole una señal a Prusia. Él pone cara de horror pensando que han de pegar a Canadá.
―¡Eso no es Awesome, tío!
Canadá les mira y no entiende nada. España niega con la cabeza.
―No tío, que no puedo decírtelo ―explica claramente.
―¡Aaaaaah! ―responde Prusia pillándolo.
―¿Qué pasa? ―pregunta Canadá aun tratando de entender.
―Bueh, seguro podemos pillarle... ―empieza Prusia y se queda callado al oír a Canadá―. ¡Nada! ¡NADA! ―responde ligeramente histérico, dándole unas palmadas en la espalda―. Anda, toma una cerveza.
―No entiendo nada... ―Canadá preocupado―. Per creo que el prefiere que no hagan ni digan nada ―mira a España―. Me ha dicho que todo estaría bien y que ―se lleva la mano a la cabeza―. Y que tú entenderías.
―No tienes de que preocuparte, sabemos lo que hay que hacer ―le tranquiliza España―. Y ahora por que no vas a ver el beisbol o lo que sea un rato.
―¿Qué van a hacer? ―pregunta nervioso.
―¡Nada! ―responde Prusia en un grito que denota bastante culpabilidad―. Solo quedarnos aquí y darle apoyo ―miente con una sonrisa maligna―. Creo que deberías volver a casa, lejos de Europa y eso.
―Quizás debería ir a preparar el G8... ―piensa en voz alta―. Pero, me ha pedido que les dijera que les quiere pero que no... ―sigue hablando sin que le escuchen.
―Sí, eso, ve a preparar o lo que sea... ―pide España acompañándole ahora a la puerta.
Canadá camina a la puerta sin saber qué más hacer.
―Pero... En serio creo que el solo quiere que se coman su comida ―insiste.
―Por cierto... ¿Tú no habrás estado con Inglaterra últimamente? ―pregunta España antes de despedirle. Canadá le mira con cara de angustias.
―Spain, please... ―suplica.
―Venga, muchacho, no hay de que avergonzarse ―sonríe como bobo.
―¿Vergüenza? ―Canadá sorprendido―. ¿Hablas de ESTAR con Inglaterra? ―pregunta sorprendido.
―Nah, no de ese modo ―sonríe ambiguamente―. Gracias por todo.
Canadá no sabe que hacer y con una última mirada a la casa de Francia, muy ansioso, sale de ahí.
xoXOXox
De nuevo, a aproximadamente seis mil kilómetros de allí, suena el teléfono de Estados Unidos. Él lo mira y debe poner algo así como "Iggy 3"
―¿¡Hellooooo! ―contesta riendo.
―¡Hi! ―responde sonriente, tomándose el té que hace dieciocho en su oficina, todos nos preguntamos si es que hoy no tiene trabajo o si planea que las Olimpiadas se le organicen solas.
―¡Hey! ¿How are you? ―pregunta sonriente y ríe bajito.
―Bien, bien... Trabajando un poquito ―miente como un bellaco mientras sigue dibujando. Por favor, por su dignidad abstente de preguntar qué es lo que esta dibujando―. ¿And you?
―Booooored ―se ríe―. Que bueno que hablas...
―¿Que no tienes trabajo? ―pregunta medio en riña, pero sonriendo.
―Yeah... Y es aburridísimo. Llevo tres horas seguidas firmando cosas ―protesta.
―It is OK. Supongo que puedes tener cinco minutos de descanso ―concede... luego piensa unos instantes y piensa "que demonios"―. Te invito a un café en la sala de videoconferencia.
―Oh... ¡Awesome! ¡Perfecto! ―responde contento. Se recarga atrás y pica un botón, baja una pantalla.
Inglaterra se pone de pie, hundiendo y sacando la bolsita de su te y tomándolo en la mano, se pone el teléfono inalámbrico y sale de su despacho para ir a la sala especial para eso.
―¡Ya estoy listo! ―exclama riendo―. ¿Vas tu a tomar café?
―Of course not. Tengo te negro, me lo han traído de India ―explica un poquito de buen humor por primera vez en días, empezando a preparar la sala. Estados Unidos hace los ojos en blanco.
―Aun no te veo... ¿Tu vejez te impide caminar mas rápido? ―sube los pies al escritorio y pide que se baje la luz.
―¡You git! ¡Estoy conectando esto! ―protesta dejando el te y dándole golpecitos a la cámara con cara de bobo y apretando botones cuando se enciende por fin.
―¡Helloooo! JAJAJAJAJA ―sonríe el americano―. ¡Tienes el pelo parado!
―Quita los pies de la mesa y siéntate derecho ―le riñe nada mas verle, tratando de arreglarse el pelo y solamente logrando desordenarlo de otra forma.
―Deja de regañarme, Iggy... God, solo han pasado tres segundos ―protesta haciendo una bomba de chicle. El inglés hace los ojos en blanco.
―Menudo gentleman estás hecho. ¿Sabes? He hablado con Switzerland por el incidente con Sealand y Liechtenstein.
―¡Oh! Eres malo ―Sonríe―. Switzerland seguro va a ponerse histérico. Liechtenstein me dijo... ―se queda callado―. Olvídalo.
―Pues se ha puesto un poco... ―valora y luego le mira―. ¿Qué te dijo?
―Nothing, nothing... Cuenta tu ―sonríe.
―Well, logré que me pidiera disculpas ―suelta orgulloso―. Claro, no es que con eso se le pueda devolver la inocencia a Sealand pero es mejor que nada.
―¿Cual inocencia, Iggy? Seguro el chico a estas alturas a se mas... ―se queda callado y se sonroja―. Mejor que Lili le cuente, a que se lo cuente France ―le da un escalofrío.
―De hecho, Switzerland dijo que pondría a Liechtenstein en un entrenamiento especial y estuvo valorando si había sido culpa de Austria o de Sey... ―de queda callado al escuchar lo que dice, poniéndose pálido y acordándose de que, de hecho, a él se lo explicó Francia. Terminó corriendo arriba y abajo por las praderas con las manos en los oídos gritando "es mentira, es mentira" y pasó unas cuantas noches teniendo pesadillas por culpa de lo gráfico que había sido.
―¿What? ―pregunta girando hacia la cafetera―. ¿De Austria? No me imagino a Austria contándole eso. Seguro es cosa de los chicos... O de France. Yo recuerdo que él me contaba cosas desde muy pequeño ―cuenta abstraído. Inglaterra parpadea volviendo en si.
―¡Pero si es un niño muy pequeño! ―se escandaliza―. La verdad, no me importa quien le haya contado a Liechtenstein... No me importa lo que haga o deje de hacer France ―insiste y luego recuerda todo el asunto otra vez.
―Bueno... Deja de traumarte, nadie toqueteo a Sealand en las vacaciones ―sonríe girando con un café en la mano. Inglaterra se cruza de brazos y luego flipa.
―¡Pues mas vale que no! ―exclama.
―Y deja de traumar a Switzerland, ¿OK? ―sonríe―. ¿Qué más te contó? ¿Algo interesante? Ya te dije que no, yo lo cuide ―sonríe adorablemente.
―¡Jum! ―protesta y luego frunce el ceño teniendo una idea pérfida―. Yes, de hecho... Yes.
―¿What? Tell me! Tell me! ¿Un chisme? ¿Liechtenstein los atrapó otra vez?
El británico levanta las cejas sin esperarse esa pregunta, así que eso fue lo que Liechtentein le contó a Estados Unidos en Tokyo.
―Eh... Pues... No. De hecho me... Dijo que estaba preocupado por un asunto que no sabia como interpretar... Si parece un chisme ―valora.
―Tell me! Come on! Come on! ―sonríe.
―Pues... Al parecer, mientras estábamos en Tokyo, él creyó hacerle... Algo a Austria que según él podía hacerle enfadar... No... No me ha contado que fue lo que le hizo ―empieza a explicar.
―¿Hacerle algo? ¿Algo como qué? ―frunce el ceño.
―No tengo ni idea ―responde―. Dijo que no era importante, solo que sabía que quizás no le sentaba bien... Creo que era algo con el piano ―se inventa. El americano frunce el ceño.
―Boring... Bueno, ¿y eso qué?
―Well, el caso es que fue a pedirle disculpas ―comienza.
―Ah, Ok... ¿Entonces? ―sonríe―. ¿Le… tuvieron sexo en el piano y luego fue a pedirle disculpas?
―Y cuando estaba en su casa, dijo que Austria se comportó súper raro... Dijo que al principio él se enojó.
―Aja... ―Estados Unidos frunce el ceño en señal de concentración. Inglaterra sonríe un poco.
―No, no creo que usen para eso el piano... En cualquier caso, Switzerland le había llevado un ramo de flores para pedirle disculpas y lo tiro al suelo por el enojo.
Estados Unidos levanta las cejas.
―¡Nooo! ¡Al suelo! ¡Oh god! ¿Y después? ―hace una pausa y luego grita―. ¡Seguro las recogió en cuanto se dio la vuelta!
―Y cuando estaba por irse, Austria se fue a por el, le besó, luego le dio una bofetada, se puso a llorar, recogió las flores y se metió dentro de casa ―explica un poco nervioso por la manera exagerada en la que el americano vive CUALQUIER historia… y puede que también por lo que esta contando, vale.
―¡Wooooow! ¡Awesome! ―se ríe a carcajadas―. ¡Switzerland ... Man! No puedo creer que no sepa interpretarlo, es absolutamente obvio ―se ríe fuerte. Inglaterra frunce el ceño.
―Aún hay mas pero... ¿Qué es lo que es obvio?
―Es... Es... Es... Como... En... ―frunce el ceño―. En una película romántica.
El británico se paraliza.
―¿Lo... E... Es? ―pregunta casi en un susurro unos instantes más tarde.
―Seguro Austria esta perdidamente enamorado y no quiere que Switzerland lo sepa y... Le ha parecido awesome que fuera a disculparse y luego le dio miedo lo de las fotos y al final no pudo resistirse y le dio un beso, y luego lloro porque le angustiaba, y... Jaja ¡Es awesome! Creo que voy a hablarle a Steven para que haga una película con eso... ¿Quién crees que pueda hacerle de Switzerland? ―dice rapidísimo, hasta que se queda sin aliento.
Inglaterra parpadea tratando de asimilar.
―No me imagino a Austria abofeteando a Suiza ―agrega al final, pensativo y le mira―. ¿Estás bien?
―¿Fo... Fotos? ―pregunta sin saber de donde ha sacado eso por miedo a decir cualquier otra cosa.
―Flores, flores. Sorry. Fotos... Eso... Da igual... Lo de las flores es awesome ―sonríe―. Quizás yo debería darte flores mas seguido
―Ehm... Bueno, el caso es que luego Switzerland fue a hablarle a través de la puerta y... ―trata de seguir narrando quedándose callado al oír eso imaginando el drama que haría él con su tsunderez y vergüenza, si Estados Unidos le llevara flores.
―¡Oh! ¡Hay más! ¡Increíble! ―pone toda su atención en Inglaterra.
―Ehm... Bueno... Au... Austria le echó, así que él insistió dos veces y luego se dio la vuelta para irse ―continua medio vacilante.
―¿Aja? ―le mira con la boca abierta, encantado.
―Pues... Que antes de que se fuera del todo, volvió a abrir la puerta para detenerle y bajo hasta donde estaba y... Le dijo que le detestaba en mitad de un abrazo ―continua ligeramente incomodo mirando a otro lado y un poco muy muy poco sonrojado... Haciendo un esfuerzo por imaginar que realmente no fue con él.
―¡Oh my god... Love and hate story! ¡Una de esas de amor odio, es genial! ¡Eso les queda! Dejame adivinar... Luego le dijo que le amaba ―sonríe―. ¿Mientras le golpeaba? ―agrega pensando―. Nah, quizás es demasiado ―levanta una ceja.
Al oír eso, al británico le da un ataque de tos... Toma un poco de te. Sacude la cabeza y frunce el ceño.
―¿Lo estas contando tu o yo? ―pregunta molesto. El americano le mira.
―Im sorry, I'm sorry ―se disculpa algo avergonzado―. Es... Tas contándolo tu... ―se cruza los brazos, haciendo un esfuerzo por no hablar más, ni brincar, ni nada.
―Good ―carraspea nervioso―. El caso es que le dijo que no quería verle, que se fuera a su casa y no le hablara ―continúa en un tono mas duro, con los ojos cerrados, el ceño fruncido y los brazos cruzados.
Estados Unidos abre la boca para interrumpirle y la cierra de inmediato, haciendo cara de niño regañado.
―¿And? ―pregunta quedito, ansioso por el final.
―Y luego le dijo que le... ―no puede tragar saliva con un nudo en el estomago―. Bueno, eso que has dicho tu ―termina sin mirarle.
―¿Que le amaba? ¿Really? ―se rie―. ¡Awesome! ¡Lo sabia! ¡Lo sabiaaaaa!
―Y luego se fueron cada uno a su casa y fin de la historia ―le mira duramente.
―¿Y que hizo Austria? Le besó y le llevó cargando a casa y... ¿WHAT? ―hace cara de angustia―. ¡Nooo! ―niega con la cabeza―. ¡No! ¡Eso no debería acabar así! ¡Switzerland debía quedarse y Austria debía abrazarlo y no dejarlo ir! ¡Y deberían vivir felices para siempre!
―¡Pues eso es lo que pasó! Austria le dijo que no quería verle, así que Switzerland se largó ―sentencia fríamente, enojado―. Y la verdad, yo creo que todo fue una burla de Austria... O que estaba borracho o algo así ―añade.
―¡Call Switzerland! ―niega con la cabeza de nuevo.
―¿What? ―abre los ojos como platos de nuevo.
―Dile que le hable a France, ¡Él seguro lo confirma! Debe ir y darle un beso. ¡Es obvio que Austria no quiere que se vaya! ¿Que no has visto nunca las películas?
―¡No! ¡NOO! ¡No hables con France! ―responde apanicado―. Switzerland... No se lleva bien con él y Austria tampoco, eso solo traería problemas... Yo... Te lo he contado en secreto, no le digas a nadie ―continua sin escucharle.
―Pues... Es que tu deberías... ¡Esto es tu culpa! ¡Tienes que hacer que Switzerland vaya!
―Bu… But… but… ―protesta.
―¡Iggy... Come on! ¿No has aprendido nada de nosotros? ¡El amor todo lo puede!
―But... ―se sonroja y le dan ganas de golpearse la cabeza contra la mesa. Frunce el ceño―. Austria dejó muy claro que no quería verle, si Switzerland va ahora, seguro le rechaza.
―Iggy, en serio. Vamos a tener que ver unas cuantas películas románticas ―sentencia y luego hace los ojos en blanco―. Es obvio que si Austria le besó y le dijo esas cosas...
―Pero también le pegó y le echó ―sigue defendiéndose, por que, de hecho, el problema es que no está seguro de poder aceptar la realidad―. Seguro estaba borracho.
―Eres un necio. ¿Austria suele hacer esas cosas? ¿Decirle que le ama? Además los borrachos siempre dicen la verdad.
―Pues... Quizás estaba drogado y no borracho. Además, también dijo que le detestaba.
―Pero es obvio que no le detesta... ¡Si se quedó con las flores! ―hace los ojos en blanco―. Eres un tonto. Da gracias a Dios que yo soy tan listo ―sonríe e infla el pecho―. Que yo regreso contigo aunque me digas que me odias. Imagínate... Si yo me fuera para siempre cada vez, nunca hubiéramos llegado a nada.
Abre los ojos como platos y se agarra fuerte de la silla... Tan fuerte que se le quedan los nudillos blancos.
―Tengo... Que ir... A vomitar ―balbucea completamente en serio, sin poder buscar una escusa que no sea la absoluta verdad, levantándose de golpe de la impresión de lo que le está diciendo Estados Unidos.
―¿What? ―pregunta agobiado―. ¿What's up? ¡Iggy!
E Inglaterra se va al baño corriendo y vomita unos cuatro litros de té y la comida y el desayuno y hasta la primera papilla, de lo mareado que esta.
―¿¡¿¡Iggy! ―America se queda privado, angustiado hasta el tuétano, sin entender nada.
xoXOXox
A ostros seis mil kilómetros de allí, España se vuelve a Prusia.
―Verdamnt, creía que no se iba a ir nunca... ―comenta el albino. Francia sigue pegado a la mirilla y aunque no oye nada, los ve hablar, ansioso... histericolocoperdido.
―Lo sé, no entiendo un pimiento... Es decir... ¿Porqué deja entrar a al americano idiota y no a nosotros?
―¿Qué vamos a hacer? ―pregunta Prusia. Francia se plantea abrir la puerta y echarlos a ambos.
―No lo sé. La verdad es que creía que el gilipollas de las cejas le habría hecho algo pero esto no tiene sentido ―responde España perplejo.
En un golpe de impulsividad, el francés abre la puerta. Prusia y España se vuelven a la puerta sorprendidos.
―No... No vengan. S'il vous plait... Vayan a casa ―les pide, tratando de sonar molesto. Ambos se levantan y no hacen caso, obviamente y se arrepiente al instante de haber abierto―. No, no... En serio... ―les suplica, empezando a cerrar la puerta. España detiene a Prusia.
―Pero tío... ―empieza a protestar Prusia para Francia.
―Lo sé, Prusse... Lo sé ―le sonríe a él, sin mirar a España―. Solo es… una de mis excentricidades. Estoy bien, ¿no me ves bien? ―sigue sin mirar al español. Él le analiza tanto como puede.
―Nos quedaremos aquí, Francia, solo... Aquí ―le responde el moreno tratando de calmarle. Francia hace un esfuerzo por no mirarle.
―Vayan a casa. Les hablaré en un par de días para que salgamos a bailar, ¿bien? ―le cierra un ojo a Prusia, de la manera más seductora que puede. España y Prusia se miran.
Francia se lleva una mano a la boca y se mordisquea un poco la uña del dedo gordo.
―¿Porqué dejaste entrar a Estados Unidos? ―pregunta Prusia―. Ni siquiera traía un equipo ―añade. Francia se pone serio inmediatamente y frunce el ceño.
―Ese... Era... ―duda un segundo y luego recuerda los buenos modales―. Ese era Canadá.
Y algo hace click en la mente de España, Francia desvía la mirada incomodo.
―¿Te... Gustó la comida? ―le pregunta a Prusia para cambiar el tema, apretando el pomo de la puerta.
―¡Oh! ¡Seh! ―responde Prusia sonriendo―. Pero era rara.
―¿Rara? ―pregunta levantando una ceja.
―Hacía mucho que no la hacías ―explica Prusia. Francia sonríe un poco de lado.
―Prusia... Vamonos ―pide España de pronto.
―Es verd... ―empieza el francés y se queda callado al oír eso, mirando a España por primera vez, a los ojos―. ¿A dónde? ―pregunta suspicaz.
―A casa ―responde llanamente―. Tienes permitido el helado, pero como vea un solo libro de Guillermo te juro que te voy a mandar una docena de putas ―le advierte y luego toma a Prusia de los hombros.
―¿Qué? ―pregunta el alvino sin entender mientras España se lo lleva.
Francia levanta las cejas hasta el cielo, maravillado por la suspicacia, jodido por la "confesión", encantado porque se vayan y a la vez... bueno, tenerlos ahí le daba ALGO que hacer, aunque fuera espiarlos. Frunce el ceño y se da la vuelta, pensando que quizás lo del helado no sea una mala idea.
Cuando están lo bastante lejos España se vuelve a Prusia.
―¡Tío! ―le llama y Prusia lo mira sin entender.
―¿En serio nos vamos?
―Sí.
―¡Pero tío! ¡Está hecho polvo!
―Sí... Pero hay que hacer algo y aquí no vamos a arreglar nada ―añade
Un rato después suena su teléfono y sigue recogiendo sus trastos de hacer churros mirando el número. Francia. España levanta las cejas con sorpresa y se ríe un poco.
―Eh, tío ―llama a Prusia. Francia reza para que conteste él tamborileando los dedos histérico y espiándoles por la mirilla. Prusia levanta la cabeza para mirarle―. Tío, necesitamos un coche, ¿porqué no vas a conseguir uno mientras acabo de recoger esto? ―propone.
―¡Oh! ¡Awesome, tio! estoy hasta los cojones de recoger, en mi casa me paso la vida recogiendo ―suelta estirando los músculos de los brazos yendo a la puerta de salida.
―¡No tardes! ―pide España haciendo como que sigue recogiendo y cuando Prusia se ha largado, se va a la puerta azul de la casa.
Francia cuelga, y vuelve a marcar, histericolocoperdido. España golpea la puerta.
―Quizás acabaríamos antes si me abrieras, Prusia se ha largado un rato ―propone hablando a través de ella a sabiendas de que seguro el francés está al otro lado mirando por la mirilla. Francia frunce el ceño y abre la puerta.
―¿Tanto te cuesta contestarme el teléfono? ―pregunta irritado y luego se quita de la puerta para dejarle pasar.
―¿Y quedarme sin verte? ―pregunta fingiendo entristecerse, entrando.
―No quiero hablar contigo de esto... Y mucho menos en persona ―le advierte. España levanta las manos en señal de inocencia.
―Solo vengo a escuchar, lo prometo.
―Suficiente problema es ya... ―se asoma a la puerta en cuanto pasa―. ¿A dónde ha ido? Si se entera va a ofenderse muchísimo ―suelta consternado y cierra la puerta tras España.
―A por un coche, acabo de mandarle ―explica―. Se va enojar cuando vuelva y vea que no he recogido nada, pero ya arreglaremos eso luego.
Francia se queda ahí, en el foyer, sin caminar a la sala.
―Ni creas que voy a explicarte ―cruza los brazos―. Solo quiero saber en que idioma te tengo que suplicar para que no vayas a verle.
―¿Vas a dejar que se salga con la suya? ―pregunta incrédulo y Francia le mira exasperado.
―¿Cual suya? Él no... Yo... Él... ―frunce el ceño―. Ni siquiera quería saber que te estas imaginando. Sea lo que sea... Esa respuesta me hace pensar que no tienes idea de lo que esta pasando.
―Bien, entonces seré yo quien hable ―sonríe― Verás... seguro puedes recordar a Prusia entrando por esa puerta… o más bien dicho, por esa ventana por la que le gusta trepar creyéndose un pájaro o vete tu a saber qué, ―señala al comedor― cargado con una carpeta de dibujos previamente sustraídos a Inglaterra.
―Mientras Prusia estaba aquí contigo con su carpeta de dibujos, yo estaba con el inglesito. Sé que vino aquí luego, yo mismo me ocupé de ello... y vi los dibujos que Prusia se llevó. Los que hizo de ti ―le mira intensamente y luego vuelve a concentrarse.
―¿Y sabes? Prusia habla a menudo con su hermano, Alemania estaba en Tokyo también, nos lo contó todo. Sé que unos cinco días más tarde, el muy cabrón se presentó en Tokyo a buscar al imbécil americano y casualmente tu dejaste de responder a llamadas, desconvocaste un G8 y te encerraste en esta casa ―sentencia.
―De hecho, recuerdo perfectamente haber venido aquí y haberte aguantado esa preciosa cabellera rubia que tienes para que no se te manchara de vomito después de que termináramos los tres bailando ebrios en Campos Elíseos justo la misma noche en que Inglaterra se presentaba en Japón ―termina su relato.
―Sé que te duele ―explica ahora mirándole―. Joder eso es tan obvio como que a Prusia le gusta la cerveza, no tengo ni idea de por que te duele tanto, pero no me parece justo que él pueda jugar a dos bandas protegiendo al descerebrado ese y a ti no te tenga ni un mínimo de consideración ―termina de manera apasionada. Francia le mira impactado.
―Espagne...
―Te escucho ―responde dulcemente.
―Esto no debía pasar. ¿Cuándo has visto que a mi me importe...? ―agrega mirándole y por sorpresa, sin dejarle acabar ni decir nada España le abraza.
Francia entra en pánico y casi del mismo modo, le suelta.
―Ahí ―dice señalándole el pecho, refiriéndose a la reacción de su corazón accelerado―. No puedes ser el país del amor y no tener corazón ―sonríe como bobo.
―No, no... Espagne... ―Francia haciendo un esfuerzo para no... Escucha eso último y no puede evitar que se le llenen los ojos de lagrimas―. Cállate. Te he dicho que... No.
España vuelve a abrazarle, de una manera más suave.
―Voy a echarte de la casa como se te ocurra seguir haciendo esto ―se queda tieso, sin abrazarle, pero estamos hablando de alguien que seguramente se ha mantenido abrazando a otro alguien que le estaba apuntando con una ametralladora, así que no piensa soltarle hasta que esté satisfecho―. Yo no soy tu y él no es Romano... Esto es... Algo pasajero ―intenta que deje de abrazarle. España callado sin decir nada e inamovible.
―¿Te dije que no quería hablar del tema? ―le pregunta Francia, retórico.
―No estamos hablando ―responde sonriente, aún sin soltarle.
―No vas a ir por él...
Ahora sí le suelta, negando con la cabeza.
―No... si me das un buen motivo ―concede.
―No quiero quererle... ―se miente a si mismo―. ¿Eso te basta?
―¿Y si aprende las consecuencias de sus actos vas a seguir haciéndolo? ―pregunta sin entender.
―No son sus actos, España... Entiéndelo. Algo salió mal, ni siquiera se qué... ―frunce el ceño. El moreno se cruza de brazos y frunce el ceño también.
―¿Así que este es tu plan? ¿Esconderte? ―le riñe―. ¿Qué pasa si no se pasa? ¿Qué pasa si regresa todo cuando le enfrentes? ¿o no planeas enfrentarte a nada nunca más? quizás deba sacar mi ejercito ―propone enojado.
―¡No! No... No he pensado... Tiene que pasar ―Francia algo histérico―. Tiene que irse, claro que va a irse... Si no pasa, les pediré su ayuda, ¿te parece bien? ―pregunta bastante inseguro. España levanta las cejas y niega con la cabeza.
―Devuélveme sus dibujos ―pide.
―España, no vas a ir con él, hablo en serio ―levanta las cejas―. Y no voy a darte sus dibujos ―se cruza de brazos.
―Devuélveme sus dibujos y no vamos ―propone.
―¿Para qué los quieres? ―pregunta curioso.
―Para que no los tengas tu ―responde llanamente.
―¿Porqué no quieres que los tenga yo, Espagne?
―Tengo un tomate de Romano… Me lo dio un día sin que yo se lo pidiera, sin venir a cuento de nada, solo dijo "toma, bastardo". lo tengo guardado y aún podrido, cada vez que lo veo recuerdo todo lo dulce que puede ser ―explica. Francia cierra los ojos.
―No tengo yo los dibujos... Se los llevo él cuando se fue ―miente. España le mira unos momentos.
―Está bien ―se encoge de hombros dándose la vuelta hacía la puerta―. Tú ganas.
―¿Tan mal me veo, mon cher? ―pregunta Francia tomándole de la manga. España sonríe y le mira de arriba abajo un segundo.
―Peor, tío ―valora finalmente―, ni siquiera me has abrazado, nunca pensé que tendría que luchar contra ti para abrazarte.
Se ríe un poco.
―Eres un... Pervertido
―Le dijo la sartén al cazo ―responde riéndose también, ladea la cabeza y abre los brazos pidiéndole un abrazo. Francia sonríe en serio y le da un abrazo en serio, rozándole las regiones vitales en el proceso. España da un pequeño saltito y se ríe como un bobo sin apartarse.
En la calle suena la bocina del coche. Prusia se baja dejándolo en doble fila y vuelve a entrar al jardín mirando alrededor frunciendo el ceño por no ver a nadie.
―¡Dieu! Ve con él y logra que no se enfade ―señala la puerta―. No vas a ir con Él, ¿verdad?
―Creo que te voy a dar dos semanas. Y eso por que me caes bien ―sonríe yendo a la puerta―. Volveremos por aquí. Tu comida estaba buenísima, pero el postre era raro. Te queda mejor la tarta tatín ―asegura y luego abre la puerta. Prusia levanta la cabeza al oír el ruido y mira la puerta sin entender, se dirige allí.
―Bien... Merci ―le sonríe mientras España sale.
―¡Eh, tío! ¡Has vuelto! ―exclama contento para Prusia acercándose a tomarle de los hombros impidiendo que se acerque más a la casa.
Un brindis por los días de mierda.
