Bueno, segunda parte, esto también lo tenía por ahí guardado, que está escrito después del anterior. Este es un poco más "dramatico y pastelón", aunque sigue en la tónica del anterior... Pasándome la historia de Rowling por... ya me entendéis ;) Pero, que se me olvidó comentarlo en el capítulo anterior, ciertos personajes no me pertenecen... (¬¬ nu fuera malo) Mío sólo es el personaje de Alyra...
Espero que os guste.
Reencuentro
Tras muchos años de encierro, Sirius Black conseguía ver la luz y, en lugar de limpiar su nombre descubriendo al verdadero asesino de sus mejores amigos, se había visto obligado a refugiarse de nuevo.
Estaba seguro de que en aquel lugar no le buscaría nunca nadie... De hecho, dudaba si alguien recordaría la existencia de ese lugar. Era un imponente panteón familiar, pequeño y recogido por fuera, enorme y ostentoso por dentro. Había sido difícil llegar allí tratando de ocultarse él y una moto voladora tanto de ojos muggles como mágicos.
Abrió la valla que, para su sorpresa, no tenía el candado puesto. No le preocupó demasiado. Habían pasado unos quince años desde la muerte de su hermano. Su madre no estaba enterrada allí, si no que Lucius Malfoy había insistido en que lo hicieran en el panteón de su familia, que se alzaba como una imponente mansión a escasos metros de su propia casa.
Sirius dejó la moto en el interior, en la zona más cercana a la entrada y se dispuso a hacer la visita que debió haber hecho quince años atrás. Para su sorpresa, al girar la esquina que llevaba a las tumbas más recientes, divisó una figura femenina.
-Alyra –murmuró. Sin embargo, debido a la forma del lugar, resonó por todo el lugar atrayendo la atención de la mujer.
Él se acercó hasta ella, que iba cubierta por una capa negra y ropas del mismo color. Estaba diferente a como la recordaba. Los años habían hecho mella en ella, dejándola tatuada quince años de sufrimiento en cada punto de su cuerpo. Su rostro era atravesado por una cicatriz, sin contar con las ojeras que se marcaban bajo sus ojos.
-Sirius –dijo fríamente.
-Diez años sin vernos y ahora me saludas así de fría –dijo, tratando de sacar el galán seductor que su aspecto demacrado por su estancia en Azkaban no permitía reconocer a simple vista.
-Lo siento... ¿Mataste a James y Lily?
-¿Esa pregunta es necesaria? Ya te lo contesté cuando me visitaste en prisión... No... ¿Mataste tú a aquella familia?
-Se me adelantaron... ¿Y a Peter?
-Ese hijo de puta fue quien mató a James y Lily... sin contar con los otros trece muggles...
-Lo sé, sólo te ponía a prueba... –dijo la muchacha sonriendo tímidamente y sin apartar la mirada de una de las fotografías que ilustraban una de las lápidas.
En ella aparecían dos muchachos increíblemente parecidos. Eran Sirius y Regulus poco después de que el último comenzara a ejercer de agente doble en mitad de una sanguinaria guerra en la que no se tenía piedad si quiera entre hijos y padres.
-Aún le guardas luto... –observó Sirius.
-Hay heridas que jamás llegan a sanar... A pesar del tiempo... No basta con que pasen unos días o unos meses... ni siquiera años... –una lágrima brotó de los ojos de la mujer al recordar los ojos grises sin vida de su amado.
-Nunca pude hablar de ello contigo... Pero Regulus me mandó una carta el mismo día de su muerte. No sé que haría, pero según parece, traicionó a Voldemort y él lo mató...
-Lo sé... Yo estuve allí mientras él lo mataba... Le vi exhalar por última vez, sentí como su cuerpo se quedaba rígido por un momento para que sus músculos se relajasen de nuevo. El Avada Kedavra no siempre deja una mueca de horror¿sabes? Tu hermano murió con una media sonrisa en la boca... Ese gesto que tú también tienes cuando algo te resulta irónico... –dijo acariciándole la mejilla.
-En la carta decía algo más. Nunca llegué a decirle que aceptara, que no debía preocuparse por nada... –dijo agachándose y pasando una mano por la foto de los dos- me pidió que te cuidara... Y es lo que pienso hacer a partir de ahora... He heredado la casa de mi madre, así que desde este momento, si tú quieres, me gustaría que vivieras conmigo... Aunque primero debería hacer unas gestiones con Dumbledore...
-Dumbledore fue el primero en llegar cuando Regulus murió. Le llevó largo rato tranquilizarme y apartarme de él... –comentó ella, con voz hueca- Y cuando llegó tu madre, ni siquiera le miró. Sabía lo que había ocurrido... Mandó que se lo llevaran sin más... Ni una sábana para cubrirlo ni nada...
-Creo que, en el fondo, mi hermano era como yo... Jamás pensó como nuestra familia... Pero era más ambicioso...
-No pude acudir al funeral –Sirius se puso de nuevo en pie. Ignoraba ese hecho de la historia- Ni tu madre, ni sus asesinos, que fueron quienes acudieron, me permitieron la entrada... Sí... Snape estaba allí en primera fila, consolando a tu madre, que tenía al otro lado a Lucius Malfoy... Tu padre era un buen hombre, Sirius, y por eso acudió tanta gente del ministerio, pero nadie de los que estaban allí quería a tu hermano... Ni los que le consideraban un traidor ni los que le consideraban un asesino...
-Era un asesino...
-¡Mentira! La única misión que le mandó Voldemort no la cumplió... No fue capaz de asesinar a esa familia... No fui yo quien la mató para tapar a tu hermano... Fue Snape, ayudado por Rosier, creo...
Sirius estaba serio. Demasiado serio. Miraba fijamente la tumba de su hermano y tenía los nudillos blancos.
-Tengo la moto en la entrada. Espérame allí, debemos ir a hablar con Dumbledore...
Sirius esperó a que desapareciera para dar un puñetazo en el pilar más cercano, desahogando parte de la rabia que tenía dentro. Cayó de rodillas y empezó a llorar. En un momento se apoderó de él una sensación de impotencia y rabia que lo superaban.
-Lo siento, Regulus... También te fallé a ti... –dijo, sollozando- Jamás fui un buen hermano, me corroía la envidia... Y cuando descubrí que eras un mortífago... Creí odiarte, cuando en realidad odiaba a quien te había hecho eso... A esa mujer que nos distanció desde pequeños, a esa mujer que me juró que tu querida Alyra había estado abrazada a ella en el funeral... Que me obligó a odiarla por pensar que fue ella quien tuvo la culpa de tu muerte, aunque en el fondo sabía que no... Cuidaré de ella... Haré lo que tu no pudiste hacer en vida...
Una extraña calidez tomó la mano de Sirius. Al girarse descubrió a Alyra que también lloraba. El hombre le besó el pelo y la murmuró:
-Lo siento, pequeña...
Como si de un sueño se tratase, mientras ellos se abrazaban, un escalofrío los cubrió de paz y, si las lágrimas no les hubieran nublado la vista, habría distinguido la imagen del pequeño de los Black, como si de la invocación de un Patronus se tratara, que los miraba sonriente, contento de que al fin ellos dos pudieran ser felices.
