A Sombra siempre le gustaron las noches con luna llena, le recordaba a su tierra natal tan llena de color, amaba cuando la luz de esta caía sobre el Dorado a altas horas de la noche cuando toda la ciudad dormía.

La sensación de sentirse pequeña iba de la mano con la de sentirse maravillada al ver esa mancha tan característica en forma de conejo, Sombra sonreía de medio lado y fantaseaba con otra vida, lejos de toda esta mierda que le tocó. Hana Song le despertaba esa misma recopilación de emociones; sonreía de medio lado mientras tiraba de la manta en turno, cubriendo la espalda de la menor, besaba su frente y murmuraba palabras en español como si tuviera miedo de que al amanecer Song se marchara al igual que el astro.

Sombra está llena miedos, Hana lo sabe y no la juzga ni la presiona solo la entiende, ella también tiene miedo pero evitan hablar de eso. La castaña cierra los ojos mientras la voz aterciopelada de la mayor la guía hacia el sueño profundo, puede percatarse del brazo de Sombra aferrándose a su cintura; nunca ha entendido mucho de sus palabras pero sabe que por el tono en el que Sombra habla probablemente cada frase lleve un pequeño pedacito de su corazón.

Hana siempre se duerme primero, Sombra espera hasta verla descansar, porque para la mexicana la castaña es como su pequeño conejito en la luna, y eso nadie se lo puede quitar.

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