Akatsuki no Yona

Hak/Yona

Advertencia: Este es el primer capítulo, el otro es un "prólogo". La historia será contada de manera alterna entre ambos protagonistas.

Desde el próximo capítulo empieza el desafío de lo explícito.


Capítulo I

Estar casado con la mujer de la que estaba enamorado, y no poder considerarla como su esposa, era una tortura a la que se sometió voluntariamente pensando que sería una forma de ayudarla, no considerando que algún día cabía la posibilidad de que él mismo se arrepentiría, y que ese día llegaría antes de la fecha que habían acordado. Vivir bajo el mismo techo que ella poco a poco comenzó a debilitar su determinación y comenzó hacerse difícil sucumbir ante algunas tentaciones.

Creyó que podría mantener sus sentimientos para si mismo si mantenía la distancia, pero la convivencia diaria consiguió que continuamente tuviera que verse envuelto en encrucijadas luchando contra lo que deseaba y lo que pensaba, sin embargo no fue hasta que el nombre de Soo-Won salió en una discusión que él se atrevió a hacer algo que no hubiese hecho en una circunstancia diferente.

Ella sólo lo había murmurado, pero cuando se trataba de él su sensibilidad auditiva incrementaba.

—Soo-Won le echaba menos sal… —sostuvo.

Soo-Won… la sola mención a ese sujeto hacía que la ira estallara en un milisegundo. Él era quien se suponía debería ser el que estuviera a su lado, a quien él sabía perfectamente que ella deseaba estuviera ocupando su lugar, pero que no estaba y no había estado en el último año… y todo indicaría que tampoco lo estaría en los siguientes.

—¡Entonces que venga él y cocine para ti! —replicó con furia.

Llevaban un año y un par de meses viviendo juntos, y en ese año ella había demostrado que no era capaz de cocinar algo sin arruinarlo. En un principio habían acordado comer por separado, pero aquel convenio no se respetó desde el comienzo. No era que él fuera un experto, pero podía defenderse sin embargo ella por el contrario, viviría alimentándose de comida preparada para calentar en el microondas.

Cuando cocinaba, ella lo acompañaba y trataba de ayudarlo en lo que podía, pero él sólo le daba tareas menores, porque Yona padecía de torpeza culinaria en el amplio espectro de la frase, por lo que él prefería de hecho que no se acercara a un cuchillo o al fuego. La tarea de más complejidad que le confiaba era servir agua hervida cuando tomaban té o alguna infusión que lo requería, y no podía decir que era algo que hiciera sin estar atento a cada uno de sus movimientos, pero en el último tiempo ella había estado participando más interesadamente. Había conseguido además, preparar huevos revueltos sin que se convirtieran en pequeños trozos de omelette mal preparado.

Tras lo que ella había dicho ella al abocar a ese tipo, dejó a medio cocinar la cena y se fue del departamento que compartían, sin llevar nada consigo, excepto la ira.

Soo-Won…

Ese nombre lo descomponía; ¿cuánto tiempo más su fantasma rondaría entre ellos?

Él había tomado una decisión que no los incluía a él ni a ella… ¿cuándo iba a dejar de ser él un referente incluso de cómo sazonar la comida?

La noche estaba fría, y él en su apuro por dejar el lugar no llevó nada para cubrirse, pero no era eso lo que le preocupaba en realidad. Yona había manifestado que tenía hambre y él no estaba seguro de si podría terminar lo que había empezado. ¿Se le habría ocurrido pedir algo para cenar? ¿Habría apagado los quemadores?

Estaba exagerando tal vez, pero cuando se trataba de ella no podía sino estar pendiente de cada uno de las cosas que pudieran afectarle. No podía protegerla a ella de sus sentimientos, pero si podía velar por su seguridad física, y aunque eso no le bastaba, había aprendido a conformarse con ello.

Una vez que estuvo más tranquilo y que se dio cuenta de que había sobredimensionado lo que había ocurrido, decidió que era tiempo de volver. El frío había colaborado también en apresurar esa decisión. Al estar frente de la puerta, a tan poca distancia de ella, colocó el dedo que le daría el acceso al apartamento, haciendo el sonido habitual. La tecnología biométrica era la solución a muchos problemas suscitados por gente que como él olvidaba llevar las llaves

Miró la mesa y vio que los dos puestos seguían ahí. Caminó hacia la cocina y se dio cuenta de que ella había apagado todo, y que era perfectamente distinguible olor a quemado que indicaba que ella había tratado de continuar con la aparentemente difícil misión de hacer de convertir alimentos crudos en algo consumible.

Fue inevitable que sonriera con ello, porque no se explicaba cómo podía ser posible que alguien fuera tan desastrosa, porque ni hablar tampoco de sus intentos infructuosos con la lavadora.

La buscó en su habitación, pero no la encontró, por lo que indiscretamente colocó su oreja en la puerta para saber si estaba adentro, pero tampoco estaba ahí ¿habría salido a comer algo? Miró la hora y no era una en la que sería prudente, en el mejor de los casos pudo haber llamado a un reparto a domicilio. Sabía dónde podía encontrarla, por lo que buscó algo para abrigarse e ir tras ella, pero al pasar por la sala, se dio cuenta de que ella se había quedado dormida en uno de los sillones y que no la había notado antes.

Se acercó con pasos prudentes con la idea de no despertarla, y al estar cerca de ella a esa distancia, y pudiendo mirarla sin que supiera que ella supiera que estaba siendo observada, todos los sentimientos que se esforzaba en ocultar y apaciguar se manifestaron en su estómago. Yona era tan hermosa a sus ojos que su belleza dolía, y el cúmulo de sentimientos no terminaba en su estómago, sino que se irradiaban más abajo…

Las erecciones eran otra cosa con la que había tenido que aprender a lidiar, porque por mucho que su cabeza estuviera pendiente de que no debía confundir las cosas, su cuerpo por otro lado parecía empeñarse en demostrar que no existían tales límites. Vivir con ella significó un retroceso y volver a su adolescencia cuando su apetito sexual era tan fuerte que se excitaba hasta con el roce de su ropa interior y aunque sólo fuera un documento firmado, y entre ellos no hubiese nada más que una amistad cercana, él no buscaba aventuras para satisfacerse; era absurdo y le estaba afectando, pero sentía que no podía, por lo que masturbarse se había transformado en un placentero y necesario mal del cual si ella supiera la cantidad de veces que había estado a punto de ser descubierto autocomplaciendose, era posible que no lo quisiera tener cerca nuevamente.

Estar excitado porque la tenía cerca, se había convertido en un estado permanente y del cual esperaba que ella jamás supiera. Nadie llegaba a hacerse una idea de lo que significaba vivir con la persona que se ama sin poder tocarla…

La levantó con la decisión de llevarla a su habitación para que estuviera más cómoda, pero al hacerlo su fragancia concentrada hizo lo que se temía desde el comienzo podría suceder: se puso tan duro que caminar dolía, y no era que fuera un pervertido, porque de sólo pensarlo hacía que se sintiera mal, pero podía ver perfectamente su sostén a través de la abertura en su ropa, y quiso desviar la mirada, intentándolo todo el tiempo que duró el trayecto, sin embargo sucumbió y simplemente aprovechó lo que inesperadamente la situación le brindó, pudiendo ver de primera mano lo que había notado cuando lavaba su ropa: sostenes de media copa.

—¿Hak…? —habló somnolienta Yona.

Él desvió con rapidez de donde se habían enfocado sus ojos.

—Hola —saludó él.

Estando ya ella despierta, pudo haber sido sabio haberla dejado en el suelo, pero no lo hizo.

—Me quedé dormida… —evidenció lo obvio ella.

—Eso parece… —agregó Hak.

Aquella conversación estaba resultando muy torpe.

—No conseguí terminar lo que empezaste… —se lamentó.

—No importa… -le restó importancia —. ¿Comiste algo?

Yona asintió y miró hacia otro lugar. De seguro había comido algo que no era de su completa aprobación.

—Discúlpame por haberme molestado —pidió él.

—¡No! Discúlpame tú a mí… —solicitó.

Ambos se sonrieron y él dejó que se sostuviera por sus propios medios.

—No quiero que pienses que Soo-Won aun… —intentó argumentar.

Había tenido suficiente de ese nombre por ese día, y de hecho por el resto de su vida. No quería oírlo decir de su boca; la erección que mantenía inhiesta desde hacía unos minutos lo tenía incómodo, también tenía hambre y había vuelto a enojarse tras la sola mención a esa persona.

No lo meditó, porque de haberse detenido a hacerlo por un segundo lo más probable es que nunca se hubiese atrevido a hacer lo que hizo, pero se inclinó hacia ella y la besó, quién se quedó quieta y no hizo ningún aspaviento de alejarse, pero tampoco de responderle.

Sus instintos hicieron por él lo que él mismo no se atrevía, pero que llevaba años pidiendo.

—Perdóname —pidió nuevamente —. No volverá a pasar.

La dejó choqueada al lado de su cama y él como un cobarde salió tan pronto como pudo de ese lugar, realmente arrepentido de no haber podido contenerse, perdiendo incluso la erección después de aquel momento vivido.

No logró dormir esa noche, y para evitar verla, se levantó más temprano, de esa forma no se encontraría con ella y podría dejarle el desayuno listo, sin embargo no contó con que ella tendría la misma idea, y no fue sólo un engaño de su percepción, pero al verlo ella se sonrojó por completo, y al saludarlo se trastabillaba con las palabras.

Lo positivo de todo eso era que al menos no había dejado de hablarle….

—Te estaba preparando el desayuno… —dijo él sin prestarle atención.

—Ah… no es necesario —refutó ella —. Debo irme temprano… ayer no te lo pude decir.

Estaba mintiendo, y él lo supo. Ella siempre desviaba su mirada hacia un lado cuando lo hacía, y estaba seguro de que ella no tenía idea de que se delataba a sí misma.

—Ah… está bien… en ese caso dejaré de preparar este zumo —espetó.

Él sabía bien que le encantaban los jugos naturales, especialmente ese que preparaba en ese momento, y cuando estuvo a segundos de verterlo en el fregadero ella lo impidió.

—¡No! —pidió ella.

Hak, que no había sentido motivación alguna para sonreír después de lo ocurrido, apenas pudo guardarse el reflejo.

—Ten un buen día —le deseó.

No quería incomodarla, por lo que la dejó sola. Tomó sus cosas y se fue, dejándolo todo preparado de todos modos. Si ella no se lo comía o no, era problema de ella.

.

Al regresar se preguntó si sería demasiado incómodo si cenaban juntos, por lo que cuando se comenzó a acercar la hora y ella no aparecía, él decidió no complicarla y pidió algo para los dos: se lo dejaría en la cocina, no obstante ella llegó muchas horas después de la hora estimada, y aunque intentaba no pensar que él era el culpable, cuando escuchó otra voz, él se asomó a investigar.

Yona se dirigió con dificultad hacia una silla y se dejó caer con brusquedad y comenzó a frotarse el tobillo.

—Yona… ¿está todo bien? —quiso saber él.

Hak pudo ver que ella se sobresaltó al oir su voz y que concienzudamente comenzó a mirar hacia abajo.

—Sí… hola… —contestó con rapidez —. Es sólo que me caí y me torcí el tobillo… fui al médico y dijo que se me pasaría con los días y que debía poner hielo en la zona.

Él se acercó a ella ignorando el mandato autoimpuesto de permanecer por lo menos cinco metros de distancia de ella, y se dirigió directamente hacia su tobillo. Quería verlo el mismo.

—¿Hak qué estás haciendo? —consultó.

Tenía experiencia en esa clase de lesiones y sólo se veía algo inflamado. Se dirigió hacia la nevera y sacó unas compresas que tenía como unidades refrigerantes, las envolvió en un trapo y se agachó para colocárselo.

—¿Y cómo llegaste hasta acá? ¿Por qué no me pediste que te fuera a buscar? —indagó contrariado.

Ella no contestó, y tampoco lo miró a los ojos. Ella no lo había llamado por lo que había pasado la noche anterior, no tenía que decírselo para saberlo.

—Olvida lo que pasó —rogó.

Desde siempre él había procurado su seguridad y el que se hubiese lastimado y ella no hubiese recurrido a él le dolía.

—Ki-Ja me trajo —respondió finalmente.

Lo conocía bien, ese hombre que nada tenía que envidiarle a un albino por lo pálidas de sus características físicas, siempre estaba dispuesto a ayudar a Yona. Él, al igual que él mismo, buscaban lo mismo de ella, no obstante él no se daba cuenta y no iba a ser él quien se lo indicara.

Sin preguntarle otra cosa, la tomó en sus brazos y la llevó a su habitación, aunque ella intentó rehuir de su proximidad. Quizás había resultado invasivo el actuar de esa manera, especialmente tras lo acontecido la noche anterior, pero no iba a detenerse a preguntarle.

—¿Comiste? —preguntó preocupado.

—Sí… —respondió.

Ella no mintió. Realmente había comido algo y esa era quizás la primera vez que no comían juntos desde que habían firmado ese acuerdo. Había arruinado eso que tenían con su arrebato del día anterior.

—Si necesitas algo avísame… -pidió.

Estuvo a punto de cruzar el umbral de la puerta, pero una pregunta de ella lo interrumpió.

—¿Hak? —lo llamó.

—¿Sí? –replicó a su llamado.

—Mañana volveré a cenar —anunció.

—Eso me agradará —sostuvo él.

—Y si me pasa algo te llamaré a ti —informó.

—Eso estará bien… —respondió lacónico.

—Te avisaré también si me atraso… —comunicó.

Hak entonces comprendió que todo eso significaba un esfuerzo para ella. No era algo que le naciera.

—No tienes que hacer eso —le hizo saber —. No tienes que esforzarte. Es mejor si no lo haces.

Se fue de la habitación buscando refugio en la suya. Necesitaba estar solo y poner en orden sus pensamientos.

Comenzó a quitarse la ropa hasta que fue interrumpido por unos golpes que anunciaron que Yona estaba del otro lado. Estaba tan poco acostumbrado a que ella se aproximara a su habitación que no se fijó que estaba prácticamente semidesnudo y sólo se dio cuenta después de la mirada de ella en su cuerpo.

Tomó la camiseta que se había sacado y se la colocó delante de ella, quien pareció estar más agradada después de eso

—Desde ayer te estás comportando extraño… —recalcó ella —. ¿Te pasó algo?

Lo único que a él le pasaba era ella y su constante presencia…

—No –negó.

—No quiero que las cosas entre nosotros cambien —dijo con timidez.

¿Ella no quería que las cosas cambiaran? ¿Y qué había de lo que él quería? ¿Se lo habría preguntado alguna vez ella? ¿Le importaría si quiera?

—Yona… todo estará mejor así —agregó él —. Queda poco tiempo además para que finalice todo esto.

Quiso decir "farsa", pero se contuvo.

—¿Qué estará mejor así? —interrogó.

—Tú —respondió.

Nuevamente estaba pasando lo que lo había impulsado a besarla la noche anterior. El deseo reprimido estaba emergiendo y obnubilando su ya de por si escaso racionamiento cuando se encontraba con ella. Le dio espacio y tiempo esperando que entendiera a qué se refería, pero la mirada desafiante de ella continuó ahí a pesar de todo.

—Si no te vas haré algo que te hará sentir incómoda —advirtió.

Debió haber supuesto que ella, testaruda como era, no se amedrentaría por palabras, o quizás incluso contaba con eso, no estaba completamente seguro, pero por segunda vez en menos de veinticuatro horas se apoderó de sus labios, y en esa oportunidad, dado que ya había terminado de destruir todo lo que habían construido, no se amilanó, y aunque no fue brusco no se apartó de ella cuando hizo un leve ademán de correr su rostro.

Las cosas se iban a complicar y no le importó: simplemente se rindió ¿de qué le servía continuar intentando resistirlo?

.

Yona hizo a la mañana siguiente como si nada hubiese ocurrido, pero él había podido notar que no era tan cierto como ella intentaba demostrar. Era divertido para él acercarse a ella como si la fuera a besar, pero eludirla en el último segundo y mirar su rostro sonrojado tras el acercamiento, y escucharla intentando dar excusas para adquirir una mayor distancia entre ellos.

Para su sorpresa ella no hizo ningún comentario acerca de los hechos suscitados, y tampoco parecía odiar cuando esos juegos que él con toda intención creaba. A la tercera noche, aun cuando había prometido no besarla, no pudo privarse de aquel gusto adquirido por sus labios, y menos cuando se dio cuenta de que ella le respondía, tímidamente, imitando lo que él hacía…

Había comenzado algo que no estaba seguro de cómo detener, menos aun cuando los besos habían dejado de ser castos y sus manos se habían vuelto inquietas. Debió haber sabido que luego de los besos querría más…

.

—Oye, Hak —le habló Jae-Ha —. ¿Estás más contento o es mi idea?

—Es tu idea… —respondió desganado.

Jae-Ha era el único que conocía la naturaleza de su relación con Yona, pero no se había atrevido a contarle sobre lo que habían estado haciendo los últimos meses. De algún modo su amigo tenía el poder de transformar las cosas en algo banal y sucio, y ya se sentía lo suficientemente obsceno por masturbarse pensando en ella hasta que su pene perdía la sensibilidad y no le quedaba nada más que eyacular.

—Queda poco tiempo, ¿eh? —recalcó.

No tenía que decirle a qué se refería, él sabía perfectamente bien que se refería al periodo establecido en el acuerdo.

—Cuando tu esposa quede soltera nuevamente… ¿estará bien si el hermano mayor la corteja? —le preguntó burlón.

Hak le pegó un puñetazo más por reflejo que por ganas, porque él había dado en un punto que él estaba consciente: ella encontraría un hombre luego que se separaran. No sería Soo-Won, eso podía darlo casi por hecho, pero sería otro quien tuviera la fortuna de besarla y disfrutar de las bondades de su cuerpo, el mismo que él soñaba con conocer en profundidad y que profanaba en cada oportunidad que se presentaba en su mente.

—No —negó tajantemente.

—Entonces… ¿harás algo para seguir a su lado o la dejarás ir cuando llegue el momento? —quiso saber.

Se sentó un poco más allá, notablemente afectado por el rumbo de conversación.

—Le prometí que la dejaría ir… —expresó con pesar.

—¿No has pensado nunca en decirle lo que sientes? —indagó.

Podía ser ridículo, pero no. Nunca había sopesado esa opción, siempre se había escondido en la comodidad que el título del "mejor amigo" le brindaba y supuso que su expresión habló por él, porque Jae-Ha continuó.

—Lo único que te digo es que si no se lo dices nunca podrás dar vuelta la página: llegó el momento de decidir seguir adelante o dar un paso al costado —puso en perspectiva —. Tú necesitas ser feliz también, no puedes seguir pululando a la princesita como un baboso.…

Y con esa mentalidad llegó al apartamento que compartían, no imaginando que sería lo que ocurría luego…

Continuará...


¡Hola! Saludos...

Espero les guste de lo que va, a medida que pasen los capítulos se revelarán las condiciones, qué pasó con Soo-Won y por qué Hak se terminó casando con Yona y me atrevo a adelantar que el lemon es lo que viene a continuación =X

GRACIAS POR LOS REVIEWS me animaron a escribir más rápido.

Dudas y/o consultas me las dejan saber =)

HASTA PRONTO...