Sé que en este momento debes estar confundida porque, aparentemente, entre ambos todo está decidido

­Capitulo II: Sin nada más que perder

Como en un libro abierto

Leo de tus pupilas en el fondo

¿A qué fingir el labio

Risas que se desmienten con los ojos?

¡Llora! No te avergüences

De confesar que me quisiste un poco

¡Llora! Nadie nos mira.

Ya ves; yo soy un hombre…. ¡Y también lloro!

Gustavo Adolfo Becquer

Al llegar al edificio, la tormenta se había hecho más intensa. Sin decir una palabra, subieron las escaleras; ambos temblaban por el frío y sus ropas estaban húmedas. Una vez dentro, Terry colocó la maleta junto al perchero y se acercó a la cómoda para buscar algo abrigado. Candy permanecía inmóvil cerca de la puerta ajena a la realidad que estaba viviendo. En su interior se libraba una férrea lucha entre la razón y el corazón, hacia unos instantes se había resignado a perderlo, pero ahora, así como si nada, estaba allí, junto a él, en su departamento.

Terry trajo consigo un abrigo y lo pasó por encima de los hombros de la joven. Candy no reaccionó.

– Prepararé un poco de te – le dijo. Estaba preocupado por su estado. Ella, sin levantar el rostro, asintió con la cabeza.

Terry se dirigió a la estufa, tarde o temprano hablarían pero ahora lo más importante era que Candy entrara en calor. Luego de unos minutos se le acercó llevando las dos tazas de té. Ella se había colocado junto a la ventana con la mirada perdida hacia la calle.

–Toma – le dijo mientras le ofrecía la taza –esto te hará bien – Ella sólo alcanzó a tomar la taza entre sus manos sin voltear la mirada. Parecía no querer encontrarse nuevamente con sus ojos.

Afuera, las calles se esfumaban entre la densa niebla. Delicados copos blancos chocaban contra la ventana, sólo el frío lograba colarse entre las rendijas de la puerta, deslizándose lentamente por el suelo, apoderándose de cada rincón, incluso de sus cuerpos.

Candy temblaba. El cálido vapor proveniente de la taza que sostenía entre sus manos poco podía hacer frente a aquel estremecimiento. Era un temblor nacido, no del frío, sino del miedo y la incertidumbre. Sus ojos se mantenían clavados en las pequeñas ondas que su respiración dibujaba en la superficie del té. Terry, quien ahora ocupaba su lugar frente a la ventana, la observaba fijamente.

Sólo el tomar de su propia taza podía desviar su mirada de aquel ser que permanecía en silencio, tan distante como la nieve que afuera caía. Saboreo un poco más aquel amargo té, colocó la taza encima de la mesa y en dos pasos ya estaba frente a ella. Su mano, aún cálida por la bebida, alzó su barbilla para observar aquellos ojos verdes que ahora se empañaban. El silencio se había colocado entre ambos. Candy sólo alcanzó a pronunciar su nombre antes de que una lágrima cerrara sus ojos. Bajó la mirada y giró la cabeza lentamente, apartando así su rostro de aquella mano. Para ella soportar esa penetrante mirada le era muy difícil, sintió que sus fuerzas la abandonaban. Él, impávido continuaba observándola, detallando cada parte de su tez. Los segundos parecían eternos. Ella sollozó, y la taza en sus manos se estremeció. El notó el gesto, retiró la taza de sus manos y nuevamente levantó su barbilla para verla a los ojos. Había llegado el momento de hablar.

- Sé que en este momento debes estar confundida porque, aparentemente, entre ambos todo está decidido. Perdóname, esto sonará egoísta pero, no puedo aceptar esta situación. Sólo pensamos en el bienestar de Susana; pero jamás, en lo que sentíamos.

- No tengo derecho a reclamarte nada. Reconozco que fui un cobarde, un imprudente al no contarte lo del accidente apenas llegaste a Nueva York; pensé que si aguardaba un poco más, podía robarle al tiempo unos cuantos minutos de felicidad al estar a tu lado, y esperaba que, quizás, algún milagro sucediera.

- Candy, desde el día en que dejé el colegio San Pablo, guardé la esperanza de volver a verte. Al llegar a América fui al Hogar de Pony, quería estar en tu colina, sentir tu esencia en ese lugar y recobrar fuerzas antes de partir a encontrar mi camino. Debía hacerlo para estar al nivel de lo que tú me enseñaste. Fue así como llegué a Nueva York.

- Cuando me enteré que estabas en Chicago, no te imaginas lo feliz que me sentí, ya no tendría que cruzar el océano para buscarte. Corrí al hospital con la esperanza de verte pero no estabas allí. Esa noche la suerte no sonrió para nosotros; mas, cuando te vi correr detrás del tren supe que aún habían esperanzas, que no me habías olvidado y que yo debía trabajar fuertemente para estar contigo.

- Fui a la audición de Romeo y Julieta con la intención, de que si ganaba el papel protagónico, dedicártelo para que estuvieses orgullosa. Soñaba con el día del estreno porque, al fin, podríamos estar juntos para siempre. Durante meses ahorré para tu viaje. Todo era perfecto hasta que ocurrió el accidente de Susana; pero aún así, quería traerte a mi lado.

-Sé que fui irresponsable al no contarte lo sucedido... Perdóname pecosa, me equivoqué, debí hablar antes, pero me equivoqué, fue un grave error y por eso casi te pierdo.

-Candy, yo te amo, te amé desde la primera vez que te vi en el barco. Sí, te ame desde ese día y te amaré siempre, pase lo que pase.

Los ojos de Candy miraban fijamente a Terry. Sus palabras eran mucho más de lo que ella esperaba oír esa noche. Fuertes golpes se sentían en su pecho, su corazón palpitaba sin cesar. Instintivamente dio un paso hacia, tratando de alejarse, pero fue detenida por la pared a su espalda. Su cuerpo quedó inmóvil y en su rostro se reflejaba una palidez poco usual.

Al observar las reacciones de la joven, Terry se llenó de incertidumbre. Lentamente lo invadió el temor y la desesperación. Nunca antes había abierto su corazón como lo acababa de hacer, se sentía desprotegido, indefenso, su mundo parecía estar desmoronándose. De algo tenia total certeza y era que de ese golpe no se recuperaría jamás.

En un gesto involuntario casi desesperado la tomo por los hombros, recostó su frente sobre la de ella y le dijo con la voz entrecortada:

-Pecosa, si aun piensas que la mejor decisión es separarnos las respetaré. Solo quería que me dieras la oportunidad de expresar lo que siento.

Candy, enmudecida, pudo notar en la voz de Terry una gran desesperación y tristeza.

-Solo te pido que te quedes esta noche aquí, la tormenta es muy fuerte. Yo mismo te llevaré a la estación mañana a primera hora

Ella se estremeció al escuchar esa voz, su gran amor estaba destrozado y sintió ganas de abrazarlo y consolarlo, el ver a Terry tan indefenso era algo que no podía soportar

-Abrázame Terry- susurró.

El abre los ojos un tanto sorprendido, se endereza, sin dejar de tomarla por los hombros

-Abrázame por favor- Le digo casi rogándole.

Candy prácticamente se lanza en sus brazos. El rodeo su cuerpo con fuerza mientras inclinaba su cabeza sobre la de ella. Ella recostó su cabeza en el pecho de el y dio rienda suelta a sus lagrimas,

Habían sido demasiadas emociones para un solo día. Ambos lloraron mientras estaban abrazados. Al hacerlo el peso de sus corazones se iba aligerando poco a poco. El dolor que sentían lentamente fue sustituido por un sentimiento más tranquilo, una paz empezó a envolver sus corazones. Permanecieron abrazados un largo rato. Sus corazones latían más despacio, al unísono, sus respiraciones eran más calmadas. El acariciaba sus cabellos, ella estaba embriagada con la sensación de estar en los brazos del hombre que amaba. Podía escuchar sus latidos, sentía su calor. En ese momento se dio cuenta de cuanto lo amaba, realmente lo amaba, nunca lo había reconocido hasta ese momento. Nunca se lo había dicho.

-Te amo Terry- Dijo casi susurrando sin separarse de su pecho. Él la escuchó y una leve sonrisa se dibujó en sus labios. La abrazó un poco más fuerte y besó su cabeza, Luego lentamente separó un poco el abrazo para encontrarse con esos ojos verdes que tanto amaba.

Nuevamente se veían el uno al otro, el corazón de Candy estaba tranquilo, en su rostro se dibujó una sonrisa, la sonrisa de una mujer enamorada que se sabe correspondida, lentamente el se acercó a ella, quien, anticipando lo que venia, fue entrecerrando los ojos y abriendo los labios antes de fundirse en un beso.

En aquel pequeño departamento el tiempo parecía haberse detenido. Dentro de este se encontraban dos amantes, entregados a una dulce caricia de amor. Candy rodeaba a Terry por el cuello mientras él se aferraba a su pequeña cintura. Al inicio solo posaba sus labios sobre los de ella; Muy despacio los fue abriendo para dar paso a una caricia más profunda. Candy respondió al gesto sin temor y minutos después sus bocas se exploraban suavemente. El beso era más y más apasionado sin dejar de ser lento. Sus respiraciones comenzaron a agitarse. Sus cuerpos se acercaban cada vez más y más, los pies de Candy apenas rozaban el piso mientras las manos de Terry acariciaban su espalda. Estaban completamente entregados al beso y las caricias hasta que el abrigo que posaba sobre sus hombros se deslizó sobre su espalda y cayó en el suelo. En ese momento Terry pudo notar que las ropas de la joven estaban húmedas y que estaban llegando a un límite que él aun no quería cruzar así que, lentamente, bajó la intensidad del beso, hasta que finalmente le daba pequeños besos en los labios y el rostro. Terry se separa para verla. Candy abre lo ojos y le sonríe. Él acaricia su mejilla y la mira tiernamente. Luego sonríe y le dice:

-Estás toda mojada, no quisiera que te enfermaras mi chiquilla con la nariz pequeña…

Luego acercándose a su oído continuó en un tono seductor:

-Aunque pensándolo bien, me encantaría ser tu enfermero personal, te cuidaría mejor de lo que tu a mi.

-Terry!! Dijo ella en un sobresalto y empujándolo suavemente. Las ocurrencias del joven siempre la hacían reír.

- Que te parece si te cambias esas ropas mojadas -Le dice en un tono pícaro

Candy lo observa y le sonríe, después de todo él tenia razón y además le encantaba el hecho de que se preocupara por ella. Lentamente se separan y ella se dirige a la entrada para buscar su maleta. Ya de regreso se detiene y observa a su alrededor, notando así que el pequeño departamento es de un solo ambiente así que no hay un lugar para cambiarse. El solo pensar en desvestirse frente a él la horrorizaba. Se sonrojó y se dio la vuelta.

Terry que no le había quitado la vista a Candy en ningún momento detalló la reacción de la joven y no pudo hacer más que reírse. Ella consternada por su risa voltea a verlo un poco molesta y él deja de reír para observarla con una mirada muy seductora, sabia perfectamente el por qué del sonrojo de Candy.

- ¿Y en donde cree usted joven maleducado que me cambiaré? porque en esta habitación no será- Le dice ella fingiendo seriedad

-No veo por que no, no seria la primera vez que la vea cambiarse señorita.

-Ah! Terry eres imposible

-JAJAJAJAJA, Está bien Tarzán pecoso, no te enojes que se te resaltan más las pecas. Yo entraré en el baño mientras la dama presente se coloca ropa seca- Le dice haciendo un ademán

-Me parece bien- le dice haciendo un gesto de pretensión. Luego lo observa y le dice - Sabes, deberías aprovechar y hacer lo mismo mientras estás en el baño. No se si lo has notado pero tus ropas están tan mojadas como las mías.

Terry cayó en cuenta de que sus ropas estaban húmedas también. Después de todo ambos habían permanecido demasiado tiempo bajo la nieve y era de esperarse que se mojaran pero tan concentrado estaba en Candy que ni siquiera lo había notado.

-¿Acaso la pequeña enfermera se preocupa por mi? ¿Y si quisiera quedarme así para enfermarme a propósito?- Le decía guiñándole el ojo.

-Pues esta pequeña enfermera no responde por tus cuidados así que entra al baño y cámbiate

- Si es mejor, si dejara que una pecosa atolondrada como tu me cuidara no sobreviviría el amanecer

- AHHHH Terry!! Acto seguido se le acercó y lo llevo casi a empujones al baño.

- Oye pecosa pero dame un momento para buscar algo, ¿quieres?

- Bien pero ¡¡apúrate!! Ah! no se por que te encanta hacerme rabiar- Le dice haciendo un mohín

Terry entra en el baño con ropa seca que tomó de la cómoda mientras Candy saca de su maleta algo abrigado para colocarse. Luego de unos minutos él sale del baño y la observa de espaldas cerca de la estufa. Ella llevaba el cabello suelto y aun húmedo.

Terry se recostó al marco de la puerta mientras observaba cada movimiento de Candy. Nunca la había visto con el cabello suelto y le resultaba una visión demasiado hermosa. Sus rulos llegaban casi a la cintura y cubrían su espalda asemejando una cascada dorada. En ese momento se enamoró aun más y deseó estar así con ella siempre. Candy se sentía observada, sin embargo seguía en su labor de calentar y servir el té. Una vez que estuvo listo se dio la vuelta para encontrarse con la mirada de Terry y le dijo:

-Ahora si me vendría bien un poco de te caliente, ¿quieres beber un poco más?

- Está bien.

Candy se sentó en la cama mientras tomaba el té, él se sentó en el pequeño comedor frente a ella, Ambos saboreaban la infusión y disfrutaban de su compañía mutua, no hablaban, las palabras eran innecesarias. Ella observa fijamente a Terry, detallando su rostro mientras él bebía de su taza- es realmente atractivo- se decía a si misma. De repente, una sensación la volvió a la realidad, sintió una leve opresión en su pecho, aun quedaba mucho por decir. Tardó unos minutos en tomar el valor y finalmente decidió romper el silencio. Terry debió haber pensado lo mismo porque al unísono se llamaron mutuamente al mismo tiempo que sus ojos se encontraban. Ambos rieron por el gesto.

-Las damas primero

Candy bajó la mirada como para tomar valor

-Terry aun tengo muchas cosas que decirte

-¿Y crees que sea necesario decirlas ahora?

-Si, me sentiría mejor si lo hiciera

Terry coloco la taza en la mesa y concentró toda su atención en ella.

-Adelante Candy.

-Sabes, Hoy sentí que todo estaba perdido entre nosotros. No se como reuní el valor para dejar ese hospital sin mirar atrás, pero tenia que hacerlo ya que tu deber con Susana, era más grande que nuestro amor. No era justo que te quedaras conmigo cuando ella había dado su vida por ti y estuvo a punto de suicidarse por nosotros. No quería ser la causante de su sufrimiento ni del tuyo y además jamás habría podido ser feliz a tu lado sabiendo que alguien más saldría lastimado. En ese momento pude notar cuanto padecías por toda esa situación y pensé que alejándome dejarías de sufrir por mí y por nosotros.

-Candy. No es necesario…

-Si lo es, porque aunque estemos aquí juntos ahora la realidad no ha cambiado. Solo que ahora, después de todo lo que ha pasado, estoy segura de que me será imposible reunir el valor y dejarte otra vez. Tengo miedo del mañana Terry, tengo miedo de que el destino me aleje de ti, porque se que ya no podría soportarlo.

-Mi amor no nos separaremos nunca más.

-Terry pero tu situación con Susana sigue igual

-Sabes Candy yo no fui del todo sincero con las Sra. Marlow y con Susana, la verdad me sentía abatido por lo sucedido, todo pasó demasiado rápido, el accidente, el estreno, tu llegada a Nueva York. Debo reconocer que estaba confundido y no sabia como actuar. Pero ahora todo es cambió. El tenerte a mi lado me da fuerzas para enfrentar esa situación y estoy seguro de que habrá una solución

-Pero tú tienes un deber con ella

-Y tu lo tienes conmigo Candy- Terry se levanto de la mesa y se acercó a ella -Por que si tu te vas te llevas mi vida- La toma de la mano para levantarla y abrazarla -Pecosa no pienses en eso ahora por favor, no pienses en el mañana, todo saldrá bien, no temas, estamos juntos y eso es lo que importa.

Ella lo abraza y sus palabras van disipando lentamente todos sus miedos. En su corazón tenia la certeza de que todo saldría bien.

Terry apoyando la cabeza sobre la de Candy suspira y le dice:

-Me habría encantado que me hubieses visto actuar esta noche.

-Perdóname, es solo que la situación…

-No importa Candy, ya vendrán muchos días en los que me verás actuar y dedicaré mis líneas solo a ti.

Lentamente Terry se separa de Candy, la besa tiernamente en la frente y se dirige a la cocina para llevar las tazas,

Ella se sienta en la cama nuevamente y empieza a observar el pequeño departamento, cada detalle habla de él. La habitación está pintada con colores beige y crema. Tiene dos ventanas cubierta con cortinas blancas, que en la mañana dejan pasar la luz del sol. Una de las ventanas está en la pared del frente, justo encima del área de la cocina y la más grande está cerca de la cama. Hay una biblioteca con varios libros y algunos libretos justo a la derecha de la misma, En el medio del apartamento está una mesa redonda de 4 puestos, sobre ella un pequeño florero y un par de libretos más. La cama está ubicada a la izquierda de la ventana, frente a al comedor. Está pegada a la pared, A pocos metros de los pies de está se encuentra la puerta que conduce al baño justo a la derecha de está una pequeña cómoda. La habitación no tiene cuadros u otro adorno, solo un afiche de la obra pegado cerca de la puerta. Era un departamento pequeño pero acogedor. Después de hacer un recorrido mental por todo el lugar siente un poco de cansancio, habían pasado muchas cosas ese día y su cuerpo le reclamaba un merecido descanso. Pensaba que dentro de poco dormiría placidamente en la cama donde estaba sentada pero-¡un momento!-Pensó. En la habitación hay una sola cama. Su cama. Ella, por ser la dama sabia que dormiría allí pero ¿y él?

Porque si el hecho de cambiarse en frente de él la horrorizaba, dormir juntos era algo para lo que no estaba preparado. Su rostro pasó de expresar asombro a un leve bochorno mientras sus mejillas nuevamente se coloraban

-¿Y ahora que pasó esta vez Tarzán Pecosa? ¿Por qué te sonrojas?- Le Pregunta Terry mientras caminaba hacia ella luego de haber lavado las tazas.

-Terry ¿donde vas a dormir tú?

-Pues en mi cama claro está.- Le responde tranquilamente

-Y ¿donde dormiré yo?

-Conmigo- le responde con gran confianza y un tanto de picardía, como si eso se tratara de lo más normal del mundo.

-Ah no, eso no, te irás a dormir en el carro-le decía mientras se caminaba hacia la puerta

- ¿Con esta tormenta? ¿Tu quieres que yo me muera congelado verdad? - Terry la observaba caminar hacia la puerta, de verdad que le encantaban las reacciones de Candy. Tan osada para algunas cosas y tan inocente para otras. Él estaba de pie junto a la biblioteca con los brazos cruzados y una sonrisa en los labios.

-No pienso dormir contigo ¡De ninguna manera! regresaré ahora mismo al hotel - Le decía consternada. La actitud tan relajada de Terry la ponía más nerviosa.

-Esta bien señorita pecas, si usted cree que podremos llegar a algún sitio bajo esta tormenta yo la llevaré.

-No me estas ayudando en nada Terry!!

Candy se abalanza sobre Terry y lo empuja, perdiendo el equilibrio y cayendo casi sobre él. El golpe hizo tambalear la biblioteca; de esta caen algunos libros y una pequeña caja, que estaba oculta en lo más alto, rueda por el piso llamando su atención y quedando muy cerca de su mano.

- ¿Que es esto? Pregunta Candy al ver la cajita tan cerca…..

Continuará

NOTA: Bueno aquí les traigo la segunda parte de mi fanfic, disculpen la tardanza. Espero les gusté, pronto les traeré la tercera parte. Gracias a Aspasia y Anna por sus consejos y el apoyo, a todas las chicas que me dejaron reviews y a mis lectoras anónimas. Espero que les haya gustado y ya saben cualquier sugerencia o ayuda no duden en escribir. Saludos

Marlybella Granchester