1.- Reina de hielo.

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Decidí seguir escribiendo a ver qué pasaba. Sólo espero que lo que sea que pase, les guste.

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Lo que hay en ti, no dejes ver…

Triple Axel y caigo perfecta. Sigo patinando de espaldas un par de metros y lo que sigue es un Ángel perfecto.

Buena chica tú siempre debes ser

Hago un camel saltado para cambiar mi giro de pie y luego salgo disparada al frente para hacer una biellman tan bien ejecutada que la gente a mi alrededor estalla en aplausos.

No has de abrir tu corazón

Y entonces recuerdo la razón por la que me estoy destrozando los músculos en la pista de patinaje y pierdo el agarre de la navaja de mi patín, cuando me percato de qué está pasando, ya he salido disparada al hielo, me estampo de lado y escucho cuando mi cabeza golpea contra la superficie gélida y rebota, exactamente igual que aquel día.

Exclamaciones de la gente cuando me quedo quieta y escucho las pisadas torpes en el hielo. ¡No! Si alguien viene se puede lastimar, resbalarse sería sencillo.

Y entonces, por el oído que tengo contra la superficie raspada, escucho la navaja cortando contra el hielo, alguien en patines dirigiéndose hacia mí a toda prisa y arrodillándose. Escucho algo caer, suena hueco y luego siento las manos heladas del chico que ha venido a ayudarme sobre la piel de mi frente, por un momento anhelo que se trate de él, y si tuviera fuerzas ya habría pronunciado su nombre. Hans… pero no es él. Es un muchacho de piel pálida y cabellos rubios platinados, casi podría jurar que son blancos. De lo único que estoy segura es del color de sus ojos, de un azul tan infinito que podría mirarlos por siempre, son como el hielo, sobrenaturales y cálidos al mismo tiempo.

— ¿Estás bien? —Dice colocándome bocarriba y despejándome el rostro. Me revisa la sien y luego me mira a los ojos, su sonrisa diáfana me toma por sorpresa y es entonces que reconozco las facciones pálidas de éste ángel de hielo.

Es del equipo de Hockey…

Me siento lentamente y luego lo miro de reojo.

Escucho una voz, su voz,entre la gente…

Cuando miro a mi derecha, a la puertita de acceso a la pista, veo a Hans abrirse paso entre los estudiantes que miraban mi excelente interpretación y entrar al hielo con sus patines artísticos. Se desliza con tal gracia hacia mí que pienso que si me habla, caeré rendida a sus pies de nuevo. Se arrodilla a mi lado y yo me levanto a toda prisa, apoyándome en las manos del muchacho albino para alejarme a toda prisa. No voy a perdonarlo tan fácilmente por lo que me hizo. Descubrir que me ha estado utilizando es lo peor que me ha pasado…

Hasta ahora.

Veo a Ana y a Kristoff mirarme con preocupación cuando Hans se levanta y me ofrece una mano, considero por un momento caer ante la tentación y permitirle cargarme hasta la enfermería, como aquel día, en lugar de eso salgo patinando hacia la puerta y permito que mi hermana me ayude a sacarme los patines, ella le pone las gomas a las navajas y salgo corriendo, en calcetines hasta la enfermería.

Por cierto, mi nombre es Elsa, tengo diecisiete años de edad y estudio en un colegio llamado Arendelle, del que por cierto, soy reina.

Suena extraño ¿Eh?

Lo sé.

Soy la mejor en todo. Estudiante, alumna, compañera, hermana mayor y presidenta del consejo estudiantil. Además de deportista. Practico patinaje artístico sobre hielo y en eso no hay nadie que me gane.

Durante seis meses intenté el patinaje artístico en parejas pues un ex-pretendiente de mi hermana, Hans, había insinuado que podríamos hacer buena pareja de baile, y aunque no me gustaba la idea de que le hubiera estado coqueteando a Anna antes que a mí, sincronizábamos bastante bien en el hielo.

Fuimos novios por casi ocho meses…

Y luego descubrí que me estaba utilizando. Volví al patinaje individual hace una semana, un día después de haber terminado con él, ésa es la razón por la que me destrozo los músculos cada día al salir de clases y por la que me he unido a dos clubes para no tener horas libres en mi horario.

Los profesores y mis padres están preocupados por mí, pero ya se me pasará. En cuanto me sienta mejor, más libre, daré de baja algún club o algo así.

La enfermera me mira pasmada, no me había visto al espejo antes y ahora sólo veo la mancha morada en mi cabeza, mi chongo se ha deshecho dejando sólo la trenza y luzco completamente devastada, las ojeras no ayudan nada, y tengo bolsas bajo los ojos, supongo que es por llorar por las noches.

—Necesitas vitaminas, Elsa. No puedes malpasarte así.

—Lo sé. —Admito en voz baja. Y es verdad, lo sé.

Me receta una pomada, vitaminas y un analgésico y me manda directo a casa, debo dormir y eso es cierto.

Ni siquiera hago por rehacerme el peinado, camino con la cabeza en alto por los pasillos, sonriendo con gentileza a las personas a mi alrededor y manteniéndome serena, al menos la mayor parte del tiempo, hasta que llego a mi casillero y veo a Hans recargado como siempre que me esperaba. Mirando al frente con los audífonos puestos a todo volumen.

Toco un par de veces su hombro y él me mira, se separa del metal con una sonrisa partiendo su rostro pero cuando abro mi casillero y lo empujo con la puerta, su expresión se torna desilusionada.

— ¿Qué quieres? —Digo tomando mi mochila y metiendo un par de cuadernos dentro. Tomo cositas que necesitaré para la tarde de tarea que me espera mientras espero a que él me responda.

—Nada, sólo hablar contigo.

—Bien. —Digo cerrando y encarándolo. —Tienes dos minutos.

— ¿Qué? ¿Dos minutos? Elsa ¿Cómo quieres?

—Estás en el club de oratoria, deberías ser capaz. Te queda minuto y medio.

—Elsa, lo único que quiero es una oportunidad para mostrarte que todo fue un gran malentendido, yo jamás sería…

—Tiempo. Hans, me duele la cabeza. —Digo cansada. —Me voy a casa, hablamos luego que esté de mejor humor, ya que me recupere del golpe, quizás un poco después.

Me doy la vuelta y comienzo a caminar esperando sentir los pasos de Hans a mi lado, pero él respeta mi decisión y me deja caminar sola.

Me iré caminando a casa.

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A medio camino escucho pasos precipitados tras de mí y suspiro frustrada, pensando que tal vez Hans se arrepintió a medio camino. Me freno un momento para subir el volumen de los audífonos y cuando siento una mano gélida en mi hombro, me giro hastiada para encarar lo que sea que me espere.

En lugar de los ojos oscuros, me encuentro con el azul eterno, esos ojos de hielo que me miraron preocupados hace una hora. Ahora sonríen apenados.

Me quito los audífonos a toda prisa y espero un segundo.

—Yo, lamento haberte seguido. —Comienza. —Se reventó cuando caíste, te fuiste muy rápido. —Dice entregándome una cadena de plata, en efecto, está trozada justo por la mitad y de ella colgaba un dije de patín artístico.

—Ay no. —Digo recibiendo la cadena. Bueno, de todos modos me lo había dado Hans. —El dije…

—Sí… Estaba roto, no creo que tenga reparación, así que…

—Descuida, creo que es lo mejor, así no tendré que devolverlo. Me da tristeza la cadena, esa sí era mía. —Admito guardándomela en el bolsillo. Miro al muchacho albino y sonrío. —Gracias.

—Descuida. Hasta otra. —Dice y sale corriendo lejos de mí. Lleva los patines para el hielo al hombro y un bastón de hockey en la mano. Así que eso escuché contra el hielo…

Ahora sólo quiero llegar a casa y dormir hasta cansarme. Anna y la enfermera tienen razón, me hace falta descansar.

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Hasta aquí por el momento. ¿Qué tal va? :D