Algo cambia

Disclaimer: InuYasha y sus personajes no me perteneces, son de la entera propiedad de Rumiko Takahashi. La historia a continuación no persigue ningún fin lucrativo.

Título: Algo cambia

Pareja principal: [Sesshoumaru / Kagome Higurashi]

Pareja Secundaria: [Miroku / Sango]; [InuYasha / Kykyou]

Aclaraciones:

Narrador

— Diálogo de los personajes —

"Pensamiento de los personajes"

[...] Aclaraciones de la autora

Recuerdos

Género: Humor/Romance/Drama/Acción

Ranting: T+

Summary Completo: Algo habia cambiado en ellos, tal vez por la experiencia y el tiempo juntos, o simplemente era que nada podía permanecer igual que siempre. InuYasha aun seguía detrás de Kykyou mientras sus compañeros recriminaban el dejar a la joven miko dolida esperando a su encuentro. Pero en algún instante, no pudieron volver a ver la tristeza reflejada en los ojos de Kagome, no pudieron ver la tristeza al ver al Hanyou irse detrás de su predecesora. Solo pudieron verla sonreír, como si esperara, antes de irse al bosque en busca de alguien que desconocían.

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Capitulo Primero

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—¿Deberíamos preocuparnos? —la voz del monje, aunque parecida a un susurro, llegó a los compañeros que aún permanecían en el improvisado campamento.

—¿Por qué deberíamos, su Excelencia?

—Tal vez fue tras InuYasha —murmuró al tiempo que observaba a la exterminadora, alzando con levedad una ceja ante la falta de reacción de esta.

—Ese tonto de InuYasha, no se merece a Kagome... —el reproche del kitsuke se hizo escuchar cortando el hilo de la conversación.

—No creo que fuera tras él.

La exterminadora cortó el silencio que, formado por largos minutos, parecieron recapacitar las acciones de sus compañeros. Más sus palabras llamaron la atención de Miroku y Shippo, quienes no lograban darle el sentido que ella tenía a sus palabras, resultandoles inverosímil que la miko fuera en busca de alguien que no fuera el hanyou. Y, de ser así ¿En busca de quién?

—¿Tienes algo en mente, mi querida Sanguito? —la pregunta, a pesar de la seriedad con la que debería haber sido impresa, perdió toda importancia ante la sutileza de su mano que, sin remedio, se hizo paso hasta la parte baja de la castaña.

—Creo que fue a encontrarse con alguien más —explicó al tiempo que empleaba su Hiraikotsu contra la cabeza de su acompañante—. No tenía apariencia de ir tras InuYasha.

—¿Entonces de quién?

La mujer observó al kitsuke sin poder dar una respuesta satisfactoria, aun ella desconocía quién ocupaba los pensamientos de su amiga, pero pudiendo confirmar que sus suspiros y sonrisas ya no eran por el hanyou ¿Cómo lo supo? Solo hacía falta observarla, sabía como era su amiga y habiendo compartido tanto con ella, supo identificar el cambio que sutilmente iba transcurriendo. Sus ojos ya no se desviaban al hanyou cuando creí a que no lo notaba, no miraba con nostalgia el lugar por donde se iba cuando salía en busca de Kikyou, no suspiraba con melancolía y el brillo de tristeza había desaparecido de sus ojos con lentitud pero con determinación. Al final, solo basto darse cuenta que, luego de aquellos paseos ocasionales que empezó a acostumbrar dar, ya no coinciden específicamente con las escapadas de InuYasha. Dándose cuenta de esto en la ocasión que la vio irse por la noche, cuando todos dormían, como si el llamado de alguien la hubiera despertado para ir a su encuentro.

—No lo se —respondió al fin, luego de varios minutos, aún sumergida en sus recuerdos.

—¿Por qué no averiguarlo, entonces? —el monje sonrió observando la dirección por el que la miko desapareció.

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Una sutil sonrisa se instaló en los labios de la azabache, hundiendo su rostro en el pecho de su acompañante en un intento de intensificar el abrazo, siendo acogida por el calor que los brazos entorno a su cuerpo le brindaban. Eran aquellos instantes los que hacían que valiera la pena cada día en aquella época de guerra, cada batalla con demonios, cada herida y cada deseo de abandono ignorado. Era ese instante que esperaba con ansias y que se le hacía tan corto, insuficiente para aliviar su fatiga.

Un suspiro abandonó sus labios apretando entre sus dedos la tela de la yukata, agradeciendo que el Taiyoukai no llevará consigo la tan molesta armadura.

—¿Algo te molesta?

La joven no pudo evitar romper el silencio que, aunque cómodo, parecía ser solo el interludio de una inevitable devastación. Pero no podía estar segura, conocía al demonio -había tenido la oportunidad de hacerlo en el tiempo que llevaban juntos- más la sensación de inquietud que se instaló en su vientre la hizo removerse entre sus brazos. A pesar de no tener intenciones de separarse.

—¿Hn? No.

La mirada ambarina del Taiyoukai se mantuvo pérdida en algún punto sin interés, perdido entre pensamientos que le abrumaban y le producían aquella mueca de insatisfacción. Nadie podía culpar, él, Lord de las Tierras del Oeste, el gran Señor Sesshomaru se veía en aquella situación tan bizarra, estrechando entre sus brazos —uno que fue recuperado luego de ser mutilado— el cuerpo de una humana, débil y delicada que, con solo un roce de sus garras, podria morir al instante. Casi como si hubiera renunciado a su orgullo como un demonio de sangre pura, cayendo en los encantos de una insignificante mujer que, tan confiada parecía, se acercaba a él con una sonrisa.

¿En qué instante había llegado a aquella situación? ¿Cuándo fue que la compañía de la miko se hizo tan imprescindible? Muy a pesar del riesgo de verse purificado en uno de aquellos arrebatos de furia —aunque su confianza en su fuerza no le dejaría admitir tal realidad—. Muy a pesar de eso su instinto aparecía como una fuerza mayor para llevarlo una vez más a su encuentro, buscando el olor y calor que su cuerpo desprendía, ansiando poder tomarla y marcarla, dejar la marca de sus manos y dientes por su cuerpo para, al fin, demostrar abiertamente que le pertenecía.

¡Ja! ¿En qué momento dejó de despreciar a los humanos?

No. Los seguía despreciando, los seguía considerando criaturas insulsas, débiles e inútiles. Seres que no les importa matar para conservar su vida, que huyen del peligro cual cobardes, con fuerza limitada y una mortalidad que los acerca a la muerte día a día. Si, los humanos no eran más que escorias que se dejaban guiar por aquello que los hacía lo que son; los sentimientos.

Entonces ¿qué hacía con aquella mujer?

Esa miko de carácter incontrolable, tan charlatana y sonriente, con aquella calidez que le envolvía. Era diferente, de eso se había dado cuenta. En aquellos encuentros casuales la pudo observar con detenimiento, el sufrimiento de ver a quien amaba en otros brazos más sin pensar en destruir al obstáculo —como pensaría que cualquier otro haría—, viendola esperar a que el idiota de su medio hermano se diera cuenta de ella, que la tomara en cuenta. Pudo ver como se consumía en la amargura que el rechazo le producía, y aun a pesar de todo tenía la fortaleza de sonreír, de curarle y acompañarle a pesar de estar sufriendo. Con el tiempo aquellos encuentros se volvieron más seguidos, más interesantes, se volvieron una costumbre de la que no deseaban escapar; tan ansiados como necesitados.

Si, la humana entre sus brazos era fuerte y determina, interesante como ninguna. Mujer digna de su presencia.

—He pensado en ir a visitar a mi familia.

El murmullo de su mujer -porque eso es lo que era- le sacó de sus cavilaciones. El rostro sonriente iba dirigido a él, una vez más, mientras se separaba de su cuerpo.

—¿Por cuanto?

Era consciente de que la mujer no pertenecía a su tiempo, no solo por la ropa, sino también porque esta se lo había dicho. Kagome sonrió ante su pregunta, notando en aquella voz fría e indiferente el deje de alteración, sabiendo que no le permitiría irse por un largo período de tiempo sin su permiso.

El Taiyoukai tomó asiento en las raíces de un gran árbol a su espalda, observando a la mujer acercarse a la orilla del río.

—Solo unos días, no estoy segura. Tal vez dos o tres... aunque podría ser una semana, hace mucho que no vuelvo con ellos.

—Tres días —concluyó el platinado entrecerrando la mirada, escuchando a la perfección la risa que escapó de los labios de la miko.

—Bien —aceptó al fin, sabiendo que ni ella podría soportar demasiado la lejanía del demonio-. Pareces enojado.

La joven observaba su reflejo en el agua mientras dejaba salir las palabras en un sutil murmullo, atenta a la reacción de su pareja que, a pesar de haberle escuchado, no pudo evitar distraerse con sonidos provenientes del bosque. Sonidos que no debieran ser emitidos.

—Estás lastimada —contestó al fin, sin dar un verdadero crédito a las palabras de la mujer, aún sin separar la mirada de un punto específico en el bosque.

—No es grave —aclaro con rapidez, llevando inconscientemente su mano a su brazo izquierdo, sintiendo la venda a través de la fina tela de ropa.

—Ese inútil de InuYasha no es capaz de protegerte como debió —soltó en un gruñido, volviendo la vista finalmente a la joven, decidiendo ignorar al fin lo que se ocultaba en el bosque—. ¿Cuál es el deseo de mantener aquella promesa?

La miko volvió su mirada al demonio, sonriendo al ver su expresión, a pesar de mantenerse tan fría como siempre, noto la genuina preocupación opacada por la molestia en sus ojos. Aquellas emociones reflejadas en el color ambarino de su mirada sólo alteraron su corazón, que retumbó en su pecho como si deseara demostrarle al demonio -—que seguramente era capaz de oírlo-— que con solo sus palabras era capaz de provocar estragos en su cuerpo.

—Se lo prometí —repitió una vez más las palabras que ya le había dicho, que le había explicado hacía ya un tiempo, al momento que se paraba para acercarse al contrarío—. Le dije que me quedaría con él... —la mueca en los labios de su pareja no se hizo esperar, haciéndola sonreír aún más- al menos hasta que derrotemos a Naraku y obtengamos la perla —agregó finalmente mientras se acomodaba en su regazo, sintiendo los fuertes brazos rodearla—. Luego me iré contigo, a donde quieras...

—Hn —observó el rostro de la joven, subiendo una de sus manos a su rostro para tomarla del mentón,acercandola a sí—. Tientas tu suerte mujer, no te aseguró soportar hasta que encuentren a Naraku... te haré mía en cuanto lo encuentre oportuno —murmuró sobre sus labios uniendolos en un suave beso que no le dio oportunidad a contestar, intensificando el beso pocos segundos después.

Lentamente aquella necesidad de marcarla como su mujer crecía en él. Lentamente ella iba perdiendo los motivos para continuar con el viaje.

Lentamente ambos ansiaban la compañía del otro sin obstáculos de por medio.

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Aunque en un principio la idea de seguir a la sacerdotisa les pareció oportuno, a medida que se iban acercando a su posición, el deseo de volver sobre sus pasos se acrecentaba cada vez más. No era solo el deseo de saciar su curiosidad lo que los movía, no luego de sentir la presencia demoníaca que se iba intensificando a medida que se acercaban, entregando a sus cuerpos la preocupación del bienestar de su amiga, quien se había alejado sin llevarse consigo su arco y flechas. Los nervios se apoderaron de sus cuerpos a medida que se acercaban a un claro, oculto entre maleza y árboles, que era iluminado por la luz de la luna casi en su totalidad.

Sango miraba a su alrededor en un estado de alerta, apretando entre sus dedos su Hiraikotsu, lista para atacar al demonio que se les avecinaba encima. La presencia y poder cada vez se hacía más grande y poderosa, alterando sus nervios y los del monje a su lado. Miroku, por su parte, intentaba aparentar la calma que no sentía, caminando a un paso algo acelerado al encuentro de la joven miko. Aquella presencia lentamente se asemeja a una en su memoria, letal como peligrosa, alertando del peligro en que podrían estar.

—Ese es el olor del hermano mayor de InuYasha —aseguró el kitsune desde el hombro de la exterminadora.

Ambos adultos se tensaron ante la confirmación de su sospecha, dejando que la inseguridad y preocupación se aglomeraba en sus cuerpos como un torbellino, formando mil y unas formas de hacerle frente al Taiyoukai si hiciera falta. Pero era la preocupación por la miko lo que los mantenía más alerta y el paradero de InuYasha, quien no dudaría en confrontarse con su hermano.

Sabían que el hanyou platinado no estaba muy lejos, las serpientes caza alma de la sacerdotisa de barro se alzaban sobre su cabeza al este de su posición, del camino que tomaban, mientras ellos se acercaban cada vez más a la ubicación de aquel ente demoníaco; en donde también se percibe la esencia de su joven amiga. La incertidumbre y preocupación se entremezclaban en su cuerpo haciendo estragos en ellos.

—Es mejor mantener la distancia, hasta saber que sucede.

El monje mantenía la vista fija en el claro, divisando con algo de dificultad el lugar a través de la maleza. Tanto el kitsuke como la exterminadora sabiendo que era mejor evitar un enfrentamiento donde todos saldrían heridos, en el mejor de los casos. Con lentitud, y haciendo el menor ruido posible, se ocultaron entre la maleza y los arbustos para observar lo sucedido, sintiendo como todo llegaba a ellos como un remolino.

Kagome, de la que habían estado preocupados ante el temor de que haya ido detrás del hanyou, se encontraba en la orilla del río observando su reflejo con lo que creían, una sonrisa. Pero no era la sacerdotisa la que llamó su atención hasta hacerlos perder el aliento, era el imponente Taiyoukai sentado en la base de un árbol, observando en su dirección a pesar de saber que no los podía ver.

—Shh —la exterminadora sintió el aliento del monje contra su oreja mientras cubría su boca con la mano, en un intento de contener el jadeo que la imagen frente a ellos le provocó.

—Estás lastimada.

La voz del demonio los hizo sobresaltar, a pesar de que parecida a un murmullo fue el silencio del bosque lo que les permite escucharlo pero ¿es que estaba al tanto de la herida de la miko? Si bien era cierto, Kagome había sufrido el ataque de un youkai en uno de los intentos de recuperar un fragmento, era sorprendente que el frío Lord del Oeste estuviera al tanto de la misma.

Un estremecimiento y una mueca paso por el rostro del kitsuke ante las palabras en respuesta de la miko. A pesar de que las heridas no eran graves, estas pudieron ser evitadas si el idiota de InuYasha no hubiera estado pendiente de la aparición de la miko de barro. Aunque no fueron hasta las próximas palabras del demonio que los intrusos sintieron un estremecimiento recorrer su cuerpo.

¿Aquel demonio estaba reclamando que InuYasha no la protegía? Resultaba inverosímil pensar que aquel frío y despiadado ser reclamara por algo que él mismo había puesto en peligro, pero aquella actitud tan calmada de la miko y la sonrisa que le dedicaba al demonio mientras se acercaba les ponía los pelos de punta.

¿Qué había detrás de ese encuentro?

—Tientas tu suerte mujer, no te aseguró soportar hasta que encuentren a Naraku, te haré mía en cuanto lo encuentre oportuno

Aquella declaración fue suficiente para que el grupo se alejara de donde estaban, aun con la imagen de la miko en el regazo del Taiyoukai mientras este la estrechaba entre sus brazos, destruyendo los nervios de los espías. Se habían preparado para lo que pudiera pasar, para lo que pudieran ver o enfrentar pero, sin importar los delirios que pudieran abarcar sus mentes, nada se igualaba a lo que acababan de presenciar.

Era en ese instante que se preguntaron ¿cuando comenzó aquello? ¿Desde cuando Kagome iba en busca de los brazos de Sesshoumaru? ¿Y este la acepta?

Tal vez sea una de esas locuras del amor, aquel que, una vez dentro, no conoce especies o creencias, solo aquel deseo que consume y lleva a hacer locuras.

Si, el amor era algo de temer... y desear.

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Acá os traigo el primer capitulo de este fic, no es muy largo y creo que tampoco muy.. emocionante pero se revela el secreto de Kagome y Sesshomaru(?)

Ante cualquier duda pueden mandarme un MP y preguntarme, estaré encantada de responderlos.

;Y tambien les quiero agradecer pix1095; Miss Taisho; KrazyMore; Caro-11; azucenas45; KORE25; sesshome10; Sasunaka doki y damalunaely por sus reviwes. A pesar de que no se los he respondido personalmente —demasiado tímida— quiero que sepan que si los eh leído y me han animado para continuarlo. ¡Muchas gracias!

Y tambien para los que agregaron la historia a favoritos y alertas ¡Gracias!

Espero que este capitulo sea de su agrado.

¡Reginae fuera!