María, tienes otro trabajo. Debajo del puente, en el oeste. Apúrate, no son muchos pero son grandes y hay gente—. Mi mamá me dice. En vez de un "hola, ¿Cómo te fue?" es un "ve a matar más demonios". No me quejo, pero hay días en los que ni descanso.

Tomo un poco de agua, doy media vuelta y camino hasta la puerta.

¿Tú no venís?— Le pregunto a mi mamá. Ella responde con un simple "no" y yo me retiro.

Tomo mi motocicleta y a todo lo que da, voy camino al puente.

Me acerco lentamente y distingo a, aproximadamente, 6 demonios con guadañas y una serpiente gigante. "Gracias, mamá" pienso y a atacar.

Primero, mato a los demonios que poseían guadañas con mis pistolas. Es simple, salvo por el hecho de que desaparecían y volvían a aparecer de la nada.

Me toca pelear contra la serpiente, que calculo, medía unos 4 metros de altura. No era muy grande, pero tampoco era insignificante. Cierro mis ojos y pienso, una estrategia o un simple plan. Algo tenía que hacer para ganar y que no me matara.

No soy una pluma, pero tampoco tengo el poder de una roca. Con un muy buen golpe, me derivarían.

Observo todo lo que me rodea: Un puente de roca, un rio al costado mío, y un pequeño montículo. Recuerdo que cuando llegue, algunas personas estaban escapando. Esquivo un ataque producido con la cola de mi atacante y me dirijo a ver que hay en ese montecito.

Muñecos, títeres, nada que en algún momento se haya movido por voluntad. Todo había sido una trampa, para mí… ¿O para alguien más?

No tengo idea. Me enfurezco. Ahora podría estar en casa o en algún otro lugar mejor.

Condenado gusano gigante, por tu culpe tuve que grabar Dr. House en casa por no poder verlo. Me las pagaras—. Agarro a Imsomnia con fuerza y corro a atacar a esa cosa.

Su cola es más rápida y me pega en el abdomen. No sentí mucho dolor, pero me tiro contra la pared, con su fuerza.

De la nada, una espada lo corta a la mitad, matándolo. Un chico peliblanco con gabardina roja y botas lo había dejado en el piso.

Dulzurita, tendrías que tener cuidado con los monstruos a los que te enfrentas—. Puso una sonrisa de "ganador" sin notar que el monstruo se recompuso y lo estaba por atacar.

En menos de dos segundos, utilizo mis poderes. Estos consisten en liberar un aura demoniaca a mi rededor y cambiar mis ojos de marrones a azules. Levanto mis manos y apunto a la serpiente, poniendo mis manos en forma de pistola. Hago como que disparo y digo: —Si quieres vivir, apúrate y refúgiate detrás de mí—. Utilizo mi espada y hago un escudo, lo suficientemente grueso como para protegernos a los dos. El peliblanco corre detrás de mí y, a continuación, un estallido enorme sale de las entrañas del demonio serpiente.

El chico y yo quedamos bañados de sangre, prácticamente. Guardo a Imsomnia y me doy vuelta para quedar cara a cara con el chico.

Sí quieres vivir, deberías tener más cuidado con las cosas que pueden golpearte mientras les das la espalda—. Le dije de manera en que me burlaba de él, como lo había hecho conmigo, y sonreí.

Muy graciosa, muñeca. La próxima vez que explotes algo, avísame antes así no tengo que correr—.

¿No corres? ¿Eres tan vago?— Me carcajeo.

¿Quién eres?— Me pregunta, acercándose peligrosamente a mí.

Mi nombre es María. ¿El tuyo?—

Soy Dante—.

Regreso a mi estado normal y me quedo viendo sus ojos azules, me recuerdan a otro par que había visto con anterioridad. No sé a cuales, ni en donde. Luego lo averiguaré.

¡María!— Mi mamá me estaba llamando. — ¿Dante Sparda? ¡Oh! No te veo desde que tenías 2 años—. Mi mamá se pone feliz al verlo.

¿Lo conoces?— Le pregunto.

Por supuesto que lo conozco. Cuando pelee junto con Sparda nos hicimos amigos, y conocí a sus hijos—.

Yo solo digo "Ah" y me callo. Amo a mi mamá, pero a veces no me da mucha bola; me deja de lado.

Se pusieron a hablar, o sea, mi madre hablaba y Dante no decía nada. De vez en cuando me miraba, y yo le regresaba la mirada.

La luna estaba en la parte más alta del cielo oscuro, y una motocicleta se acercaba rápidamente a nosotros. Una chica, de pelo castaño, se bajo de la moto y, sacándose el casco, dijo: "Dante, la noche es joven y tengo un trabajo con el que quiero que me ayudes. ¿Qué carajo haces aquí?"

Dante se giro para contestarle, pero mi mamá hablo más rápido. Su cara se crispo y mostro un asombro increíble.

¿Mary?—