Al día siguiente sentí la claridad cubriendo mi rostro, golpeándolo suavemente, incitándome a abrir los ojos.

-¡Naruto despertó!

-Mmm-Abrí los ojos pesadamente, encontrándome con el rostro de Kakashi y Kiba- Ki…- Traté de pronunciar, pero el dolor se me hacía insoportable, traté de mover mi cabeza, pero no conseguía nada, sólo pude sentir mis extremidades vendadas y dormidas, también un dolor punzante en mi cuerpo entero, incluyendo mi cabeza.

-Tienes que guardar silencio, ¿está bien? Estabas grave, pero ya vienen a buscarlos.-Habló Kiba de forma suave. Cerré los ojos con fuerza e hice un esfuerzo sobrehumano para hablar.

-¿Y… Neji?

-No puedo decir que bien, pero se ve mejor que tú.

Me aferré a la camisa de Kiba como pude, realmente pensé que se me deprendería y contuve las lágrimas de dolor.

-Quiero… quiero irme, Ki-Kiba- él me abrazó con cuidado, tomando mi cabeza como a un pequeño recién nacido y la apoyó con su pecho.

-Ya nos vamos de vuelta al instituto, pero ni se te ocurra llorar, ¿o quieres que Sasuke te vea así?- el susodicho volteó disimuladamente hacia nosotros con una mueca de fastidio y molestia, mientras luchaba por reprimir las lágrimas.- Tranquilo, eso fue mi culpa. ¿Qué harías tú sin mí, ah?- sonrió dulce.

- Ya llegó el autobús- Informó Yamato- Sasuke, llévate a Naruto y Kiba, llévate a Neji.

-Sí, tutor- Respondió al llamado- Naruto, nos vemos en el autobús, ¿sí?

Kiba se fue, y al irse, fui alzado en brazos por mi enemigo inventado, rápido pero suavemente, tratando de no rozar mucho mis heridas, lo noté. Él no me miraba a la cara, sólo miraba hacia adelante; entró al autobús y me dejó acostado en uno de los últimos asientos, dejando mi cabeza arriba del cojín.

-Gracias…- pronuncié a penas.

-No hay problema.- Dijo con tranquilidad, sentándose unos asientos más adelante. En ese momento llegó Kiba junto con Yamato y Neji, colocándolo al lado de Sasuke.

-¿Te abrigo?- preguntó Kiba al tomar asiento a mi lado, a lo que yo asentí con pesadez.

Kiba me colocó su abrigo, cubriéndome los brazos junto con mi pecho y cuello. Luego le dediqué una pequeña sonrisa, para después cerrar los ojos efímeramente, abrirlos y depositarlos en aquél extraño moreno. Ya Neji estaba abrigado y parecía estar durmiendo, Sasuke me miró y luego fijó su vista en el paisaje. Nunca había visto la profundidad de esa mirada, me ponía nervioso, sentía que veía a través de mí y los segundos que duraron se me hicieron eternos, haciéndome sentir gran cantidad de emociones.

Todos nuestros demás compañeros empezaron a subir al autobús, tomando cada uno sus asientos respectivamente, alguno que otro cuchicheaba algo, la gran mayoría se quedaban serios y guardaban silencio.

Algunos parecían temerosos, y varios habían cruzado miradas con mi persona, podía ver un rastro de agradecimiento en ellas, diciéndome: Oh, gracias por casi matarte, fue una gran forma de avisarnos del peligro. Sonreí con ironía. Algunos parecían molestos, como si hubiera varios Sasuke por allí.

Neji y yo les habíamos dañado el viaje, lo se. Pero a no ser por eso todavía estuviésemos corriendo peligro como unos tarados, jugando a las caperuzas y los malvados lobos, pero esta vez no había un leñador que nos salvara del peligro. Todo por las linternas aquellas que desde aquel momento me sentía obligado a odiar. A ellas y a su desconocido creador.

El sueño me embriagó como un dulce y fuerte Bloody Mary, los párpados cansados por el frío y dolor, se cerraban, tan pesados como sentía todo mi cuerpo con tan horrible tortura, y con una caricia que me propinó el viento cómplice, no batallé más contra Morfeo y caí en sus brazos.

Después de unos segundos de pura oscuridad, visualicé con pesadez una calle casi caída en la oscuridad de la noche, despejada, con la tenue luz de los faroles y las escazas casas que allí se encontraban. Sentí mi cuerpo temblar de frío y traté de aferrarme a ese otro cuerpo peligrosamente delgado y de suaves manos que también ofrecían un leve temblor, aún debajo del techo externo de un jardín de niños, al frente de la calle, a un lado de la acera y lo más junto a la pared posible, nos salpicaba mucho el agua de la estruendosa lluvia.

-Mamá…- Pronuncié al sentir su largo cabello acariciando mi frente al verme.- Tengo…- Callé al instante, no quería hacerle daño, me sentía esquelético, escuincle y débil, igual que ella.

Sus ojos temblaron y los cerró al escapársele una angustiada lágrima. Teníamos hambre, sed, frío y miedo a morir.

Abrí los ojos con sudor frío corriendo por mi frente, nunca pensé recordar esa triste parte de mi vida en un momento como ese.

Ahora era rico, sí. Pero antes casi muero en la calle, junto a mi madre, hace ya unos once años. Mi padre había ido a la cuidad a terminar de graduarse como médico cardiólogo. Mi madre había quedado sola, aún embarazada de mí. Eso le causó muchos problemas en su trabajo, por su ineficiencia al tener que salir constantemente a hacerse exámenes, lo que causó su despido justo unos días después de mi nacimiento, cuando mi madre entró al trabajo y vio a una obesa mujer sentada en su escritorio, lo que causo que viviéramos como mendigos por casi cuatro años al no poder trabajar por su neumonía.

Era un gran dolor emocional recordar esa parte de mi vida, coloqué un semblante serio y relajado, sintiendo el frío en mi rostro y un desagradable nudo en la garganta. Me contuve abriendo y cerrando los ojos una vez.

Sonreí al escuchar unos pequeños ronquidos, seguramente ese era Kiba, él cual cayó rendido al igual que yo, era muy probable que no haya podido dormir toda la noche preocupándose por mi persona.

Traté un poco de levantarme, pero luego de unos segundos caí desplomado en el asiento despertando a Kiba. Recibí una mirada reprobatoria de su parte, resoplé con dificultad y me quede quieto, hasta que después de unas aletargadas horas llegamos al exagerado instituto.

Allí, por la ventana, pude llegar a oler ese escandaloso Chanel junto con su igual portadora. Su larga y suelta falda púrpura chocaba con sus piernas al compás del frío viento, con su blusa azul marino de cuello con volantes con un talle en la cintura y un gran escote en el busto. Su rubio, largo y lacio cabello se balanceaba levemente y sus rojos labios, pintados a la perfección, estaban fruncidos en una mueca de angustia con los brazos cruzados; esa sin duda, extravagante y hermosa, era Tsunade, la directora.

Al estacionarse el autobús entraron unos camilleros fuertes y con conocimiento que nos dirigieron a la gran enfermería, la cual contaba hasta con tres salas de quirófano y dos de cuidados intensivos.

Sentía que iba a desmayarme del dolor, del frío y del hambre, aunque en realidad no era como en los viejos tiempos, sólo una exageración.

Venga, si. Ser atacado por un- o varios- animal hambriento es doloroso, y no estoy hablando de la mordida de un hámster, sino de unos desquiciados lobos. Apuesto que si me lo contaran no lo hubiese creído, claro, no es algo que pase en la vida cotidiana de un adolescente caucásico de ciudad como yo.

Nos realizaron resonancias magnéticas y rayos equis, desinfectaron las heridas, le cogieron puntos y aplicaron una serie de dolorosas inyecciones que poco a poco me pasaban el dolor, tenían que ser aplicadas cada cuatro horas por una semana o tal vez una y media.

Siete días o más en una habitación azul con un tedioso olor a desinfectante y el constante, tonto y fastidioso sonido de la maquina que contaba mis pulsaciones… No sabía si aguantaría, no tenía a mi Iphone. A mi lado estaba Neji, estaba en silencio en su camilla, le habían vendado hombros y brazos, también las pantorrillas. A mi me habían vendado la espalda, el pecho, los antebrazos y una de los piernas entera.

Dirigió su mirada hacia mí al ver que yo la tenía hacia él, voltee mi rostro al verme descubierto y me llamó en voz baja.

-Naruto.

-¿Uh?- Voltee de nuevo.

-Esto…- Titubeó un poco.- Gracias por… Ya sabes, salvarme la vida.

-¿Qué?, pero yo no hice nada.- Contesté.

-Sabes que lo hiciste.- Dijo con simplicidad. Le salió una risilla de lo más cómica a lo que lo vi sorprendido.- ¿Qué?

-Siéndote sincero, nunca pensé verte siquiera sonreír… Como te ves tan amargado como Uchiha Sasuke.

-Él no es amargado, Naruto. ¿Puedo decirte así?- asentí- Bueno, sólo no es de mucho hablar… Ni el ni yo, aunque tú me contagiaste un poco.- Sonreí por el comentario.

-¿Y que me dices de que siempre rompe las reglas?- Le pregunté con una ceja alzada.

-Mmm… - Lo sopesó un poco.- Simplemente le gusta hacer lo que se le da la gana.- Dijo con una sonrisa.

-Pues, no me parece justo desde ningún punto de vista.

-Nunca he dicho que lo sea.- Recalcó.- Pero después de que te haces su amigo se te hace gracioso. Deberías conocerlo un poco primero.- Me sugirió.

¡Seguro! Pues tenía mucho sentido. Nunca me había pasado por la mente tal idea y admito que era porque siempre estaba pensando en cuanto lo odiaba, pero tampoco era muy atrayente a idea por la imagen que ya le tenía de etiqueta al moreno, pero si Neji me resultó agradable, ¿Por qué no el moreno?

-Es un gran amigo- Agregó.- Aunque se vea algo odioso y agresivo… Sólo es muy reservado.

-A decir verdad, yo soy un poco terco. No creo que se me quite muy fácil la manera de pensar acerca de él.- Le dije exteriorizando mi anterior pensamiento. Neji rió levemente

-Me he dado cuenta ya.- Me dijo con una sonrisa.- Pero si lo piensas bien si ustedes dos llegaran a ser amigos sería muy divertido.

Voltee por inercia a la puerta principal al percibir un perfume tan escandaloso como el de Tsunade, pero éste era masculino, sino me equivocaba era el olor de la fragancia Paco Rabanne.

La puerta se abrió dando paso a un pulcro hombre, vestido con un elegante traje color vino y corbata negra, contra arrestando con su canoso y largo cabello, atado en una sencilla coleta perfectamente peinada.

-Hyûga Neji y Namikaze Naruto.- Habló con voz gruesa.- La directora del profesorado me ha informando de su accidente. ¿Se encuentran mejor?- Preguntó mientras sus lustrados zapatos hacían eco por toda la habitación con cada paso.

-Por mi parte sí. Sr. Jiraya.- Respondió Neji de forma respetuosa.

-Por la mía también.- Respondí de la misma manera.

-Me alegra que mis estudiantes estén bien.- Sonrió.- Pero lamento decirles que no podrán asistir a las actividades físicas de la semana entrante. Pero para que no se hastíen de estar encerrados aquí. Les voy a dejar una copia de mi primer Libro Icha Icha a cada uno de ustedes.- Dijo mientras colocaba un par de libros de tapa gruesa empastada en la mesita que separaba nuestras camas.

-¿Ese no es uno de los libros que lee el profesor Kakashi?- Pregunté al ver al parecido.

-Sí.- Me respondió con gracia.- Pero esta el la versión censurada.- Sonrío.- Bueno, sin más me retiro, jóvenes. Adiós.

-Adiós.

-Adiós.- Respondimos. Desapareció de nuevo detrás de la puerta, pero su esencia quedo intacta en toda la habitación.

-Ese perfume es realmente bueno.- Comenté.

-Si que lo es.- Dijo Neji.

Reímos.

-Es extraño que ellos dos sean esposos.- Dije.

-¿Quiénes?

-La directora Tsunade y el director Jiraya.

-Si, es extraño. Son bastante diferentes.

Así comenzamos a charlar de cosas triviales hasta que pasó el resto del día. La noche llegó óptima, y al pasar casi una hora el cielo se encontraba repleto de nubes y una tenue luz, que opaca, golpeaba mi rostro a través de la pequeña ventana, la cual estaba completamente pegada el techo. Suspiré, voltee a ver a Neji el cual hace minutos me había dado las buenas noches, estaba completamente dormido, en total silencio.

Empecé a sudar y me sentía algo mareado, con cuidado me quité del pecho la sábana y resoplé un par de veces, traté de mover un poco el brazo hasta alcanzar el control de la calefacción y le bajé un par de grados al termostato, esperé unos minutos y suspiré algo aliviado, regulé mi respiración y cerré los ojos, cuando oí la puerta principal abierta; entrecerré los ojos para tratar de ver quien sería, al ver que se acercaba una sombra me hice el dormido y me dio un pequeño escalofrío al ver que tomó mi mano izquierda e inyectó algo en la vía intravenosa y se que seguramente lo mismo ocurrió con Neji. Era la enfermera.

Si, lo sé. Soy un miedica y lo admito, pero la paranoia me estaba volviendo loco.

La lluvia comenzó a caer soberbia y me estremecí al recordar la noche pasada… Fango, lluvia, una carrera por mi vida y otra a cuestas. Desesperación y angustia era lo que sentía sumándole el dolor, sangre, miedo.

Sacudí mi cabeza y mordí mi labio inferior por el brusco movimiento, además ya le había agarrado el gusto a esa expresión, traté de poner mi mente en blanco para poder conciliar el sueño y sonreí con melancolía, se me había atravesado una imagen bastante peculiar; una cabellera rubia, ojos celestes opacos y una hermosa sonrisa.

Tenía una ex novia llamada Ino, era realmente encantadora y dulce, aunque a veces tenía un carácter de perro con rabia, lo que hacia que fuera divertido pero peligroso molestarla. Terminé con ella al entrar a este internado y ella al suyo, no podíamos vernos ni siquiera en vacaciones, así que decidimos cortar. Pero no me arrepentía del todo, tal vez era por que no era nuestro destino estar juntos.

Sonreí al recordarla, extrañaba de cierta manera ir al club acuático y lanzarla por el tobogán que tanto le aterraba para luego reírnos como locos al llegar a casa de mis padres, extraño también que me diera de comer a la boca cada vez que salíamos a comer helado.

Reí levemente y entre divertidos recuerdos dormí por fin.

Abrí los ojos con pereza al día siguiente, sentí una fría mano pasarse por mi frente, la cual me había despertado de mi magnífico sueño en un mundo hecho de ramen instantáneo.

-¡Kiba…!- bostecé con educación- Mira que despertarme ahorita. Deben ser como las cinco y treinta de la madrugada.

-Son las nueve y cuarenta de la mañana, Naruto. Pareces un oso en invierno.- Reímos.

-Buenos días.- Dije.

-Buenos días.- Respondieron.

-Mira, te traje a tu bebe.- Dijo Kiba mostrándome mi preciado Iphone.

-¡Gracias!... Oh, mi pequeño.- Dije en broma para tomarlo. Reímos nuevamente.

-Ahora puedes entrar en tu Facebook y actualizar tu estado. ¿Qué diría Yamanaka Ino si viera como estás ahora?

-Kiba…

-¿Yamanaka Ino?- Preguntó Neji.

-Si… ¿La conoces?- Pregunté curioso.

-Obviamente.

-¿Uh?

-Ella es la prima hermana de Sasuke

Abrí un poco la boca por la sorpresa y la cerré de golpe. ¿Prima hermana de Sasuke..?

-¿Ella es algo tuyo?

-Era… era mi novia.

-Wow, eso no me lo esperaba.- Rió

-Créeme que tampoco me esperaba que fuera familia de Sasuke.

En ese momento entró Sasuke, con su misma expresión de siempre, seria y fría como el hielo. Me pregunté en ese momento ¿Cómo alguien así y yo seriamos amigos?, si él me parecía la persona más callada del mundo. A simple vista se nota la diferencia de nuestras personalidades. Muy diferentes. Pensé.

Kiba me miró con una expresión divertida en su rostro. Si bien cierto era que a Kiba le era indiferente el individuo que tanto me desespera, pero como a mi sí en cierto aspecto, disfrutaba molestándome al respecto.

-Bueno, Naruto. Me voy, pero dentro de unas horas paso de nuevo.- Dijo con un dejo de burla. Sonreí de forma hipócrita.

-Si me dejas te asesino.- Susurré entre los dientes para que sólo él me escuchara. Él sonrío malévolamente.

-Adiós, pues.- Dijo dándome la espalda y marchándose por donde vino. Resoplé molesto, después me las pagaría.

Me recargué aún más en mi asiento y suspiré de forma pesada. En la habitación reinó el silencio por unos minutos, era realmente incómodo, me hacía sentir como una especie de mueble viejo lleno de polvo, pero aquellos extraños parecían disfrutarlo al máximo. Así pasaron varios minutos más hasta que Neji rompió el silencio.

-Sasuke, Naruto.- Nos llamó y ambos volteamos con cara de duda… Bueno, ese solamente yo.- Los presento.- Dijo como si nada, me quedé atónito por unos segundos hasta que reaccioné.

-Un…-Dudé.- Un gusto.

-Igual.- Dijo encontrándose con mi mirada.

¡Estoy cien por cien seguro de que lo hizo adrede!

Me miró lo más fijo y penetrante posible, me dejo de piedra eso que para mi eran infinitos segundos, tanto que no me di la más mínima cuenta de que alcé algo la mano y él la estrecho con suavidad hasta que salí de ese extraño trance.

Realmente era el típico chico que las chicas le sobran pero con complejo de medusa.

Sacudí con mucho disimulo mi cabeza y mordí de nuevo mi labio inferior, mientras me preguntaba: ¿Qué rayos te pasa, Naruto? Eres un idiota ¿o qué? Pareces un fracasado.

-¿Y esos libros?- Preguntó Sasuke.

-Los trajo el Sr. Jiraya.- Respondió Neji.

-¿No son los libros que lee en profesor Kakashi?

-Si.- Respondimos Neji y yo.

Sasuke negó un par de veces y volvió a cayar.

-Sasuke.- Lo llamé.- Gracias de nuevo por lo del autobús se que peso bastante y…- otra vez esa mirada, me estaba poniendo nervioso, dentro de cualquier momento seguro que tartamudeaba.- ¿Te puedo pedir un favor?

-Depende de que sea.- Me dijo.

-¿Puedes no mirarme a los ojos cuando te hablo?- Abrió los ojos sorprendido y luego volvió a su expresión neutra.

-Claro.

Ese fue mi primer encuentro con él… Luego vinieron muchos más en el resto de los siete días que tenía que pasar allí. Entre esas cosas estaban mis constantes peleas para que me dejaran bañarme sólo, esas enfermeras me tenían irritado.

La semana pasó fugaz, al contrario de lo que yo pensaba. Me fui acercando a Neji y Sasuke, resultaron ser personas bastante agradables, y a Kiba también le agradaron.

Me di cuenta de muchas cosas, sí sonríe, muy poco, es cierto, pero lo hace. Es muy humilde y le gusta ayudar a los demás. Ama el jitomate, hasta tiene una pequeña maceta en su habitación donde los cultiva, está más loco que yo. Le son indiferentes los deportes, prefiere leer un libro, pero le fascina trotar y nadar. Es realmente primo hermano de Ino y a sus tres años era sordo.

Más de una semana había pasado… y aunque fuera increíble, no sé del odio al amor, pero del odio a la amistad sólo hay un paso. Él definitivamente tiene algo… Un no sé qué.