Nota: Perdón por la tardanza. Mi "semestre" está a punto de terminar y nos han saturado con proyectos.

Psycho-Pacgril: Muchas gracias. Sobre la canción, tuve que buscarla dado que no escucho Vocaloid, he de admitir que me dio un escalofrío al escucharla y ver el vídeo. Espero que sigas leyendo y te guste tanto esta historia como me gusta a mí.

Dicho esto, disfrutad el capítulo.


Capítulo 2

Galletas saladas

En la vida de Tsunayoushi, él siempre había sido un actor secundario.

Era el más joven de una familia de cinco, sus dos hermanos mayores fueron bendecidos con todos los talentos, fuerza, grandeza; eran los actores principales desde que podía recordar. Nunca cuestionó por qué era de esa manera, meramente aceptó que nunca estaría a la altura de sus hermanos y se encargó de sus propias actividades. Tsunayoushi fijó límites para sí mismo, sus logros siempre debajo de ellos, nunca yendo más allá de lo requerido. Era suficiente nunca atraer la atención a sí mismo y aún así nunca despreciarle completamente. Después de todo, su primer hermano Giotto y el segundo Dino eran suficientes para enorgullecer a sus padres. Ellos bastaban para sacar adelante a la familia, para mantener las apariencias del lado de la familia de su padre. Tsunayoushi era sólo un repuesto.

(Porque era su destino, pensó.)

Estaba dicho que fuese de esa forma. Así que ¿por qué molestarse en cambiar? No es que le incomodara.

La mayoría se deprimiría o estarían un poco presionados por su predicamento, pero no él. Si él estaba alrededor de su familia y amigos entonces era suficiente para él.

Tsunayoushi tenía seis años de edad cuando empezó a soñar. Sueños extraños, no el tipo de sueños donde se encontraría a sí mismo en la tierra de los dulces o aún en Disney Tokyo. Los sueños que tuvo en ese tiempo le hacían realizar cosas grandes y maravillosas. Como volar en el cielo como algún tipo de estrella fugaz, brillando y dejando el humo atrás. También tuvo otro tipo de sueños, donde tenía unos guantes metálicos con fuego en su cabeza y sus brazos. Por encima de eso, las personas le preguntaban qué hacer. Las personas iban a él por sugerencias y decisiones. Era considerado con el mayor respeto posible, era el actor principal.

Así que, no. No se sentía mal por ser un completo campesino en su vida cuando era un príncipe en sus sueños. Estaba seguro de que era de máxima importancia porque en todos sus sueños él moriría.

Una ocasión, decidió decirle a su hermano mayor en un parque sobre sus sueños. No tenía muchos amigos pero tenía orgullo en ser cercano a sus hermanos. Cuando le dijo a Giotto (tenía diez) el rubio miró tristemente hacia él y dijo "Nada va a pasarte hermanito".

Cuando le dijo a Dino (tenía ocho) el chico de ojos café se mostró confuso y dijo "Creo que ves demasiadas películas locas de mafia de Reborn".

Pero tanto si le creían como si no, él sabía era verdad, y cada vez que se despertaba (aún pensando que él siempre moría en sus sueños) lo hacía con el sentimiento de absoluta satisfacción.


¿Supongo que mi destino es morir?


Sawada Tsunayoushi observó con la boca abierta a la camioneta moviéndose frente a él. Sus pertenencias fueron movidas al pasillo dejando al joven para que llevara todo a su manera al apartamento recién rentado. Para empeorar las cosas el elevador no funcionaba, ¿qué tipo de suerte tenía? Reborn fue el que probablemente había dicho a los que ayudaban con la mudanza que dejaran sus posesiones ahí, sólo para hacerle pasar un mal rato.

En ese justo momento el teléfono del castaño vibró, revelando un mensaje de texto que decía algo como esto:

Necesitas ejercitarte, Tsuna inútil (corazón).

El descaro de ese hombre nunca fallaba en asombrar a Tsunayoushi. Reborn añadió un corazón de cortesía al final del críptico mensaje. Y a ese tiempo impecable. Desde que Tsunayoushi era un niño pequeño Reborn tenía el talento de leer su mente (tal vez era fácil de leer). Reborn cuya familia era cercana a la su padre, su padrino, su "Tío" —como fue forzado a nombrarlo—, ese Reborn.

No quería creer que eso fuese cierto.

Pero, nuevamente, ¿en qué se supone que debía seguir creyendo? Nada y todo es posible ahora. Desde que, él, a la edad de veintidós fue despedido de su trabajo como un profesor de preescolar, y pronto se convirtió en el presidente de una de las más respetadas y ricas corporaciones en el mundo. Si todo eso pasó en una simple noche, y a él de todas las personas, entonces no le vio final a la realidad.

Era gracioso cómo pensabas que finalmente sabías cómo funcionaba el mundo, pero algo increíblemente (horriblemente) ridículo sucede que tienes que replantear todo lo que habías pensado era verdad.

Debe ser el destino —pensó esa noche, y se pregunta por qué sigue forzando esa palabra en sí mismo. Destino. Como si su ser entero estuviese basado en ella.

Su familia entera asumió que la compañía Vongola iría directamente a su primo Xanxus. Después de todo, él era alguien más apto, con un linaje italiano puro, un sorprendente comportamiento y una educación más allá de su alcance. Tsunayoushi sólo le vio un par de veces pero sólo permaneciendo junto a él pudo sentir el poder emanando de él (y la ira). Pero la sorpresa les coloreó cuando el nombre de Tsunayoushi estuvo en el testamento del anciano (no Xanxus) con letra cursiva poco legible "Heredo libre voluntad sobre mi compañía a mi nieto más joven, Sawada Tsunayoushi. Vongola Xanxus será nombrado Vicepresidente, mis posesiones serán repartidas de la siguiente manera…" pero eso fue todo lo que sus parientes pudieron leer antes de quedar sorprendidos y dejar caer la carta.

Mientras los demás estaban sumidos en caos e indignación por el nuevo sucesor, Tsunayoushi se lamentaba por su amado abuelo. Recordó como si hubiese sido ayer cuando él había arreglado su triciclo añadiendo nuevas tiras y pequeños cascabeles al manubrio. Cuando todos le recordaban como el hombre con la fortuna, Tsunayoushi le recordaba como el hombre que le dio dulces y el único cuyo corazón sentía cuando se abrazaban.

"Adiós, Nonno"

Sus dos hermanos mayores Dino y Giotto se opusieron a ello. Nuestro hermanito no sabe nada sobre negocios y comunicaciones. Nuestro hermanito no sabe nada del mundo. Ellos le relevarían y manejarían la corporación a su manera. Y Tsunayoushi no dijo nada, porque él sabía que era cierto. Era feliz permaneciendo en el preescolar con los niños que le adoraban, los niños que le salvaron porque le necesitaban. El sentimiento de ser necesitado y querido era para lo que había vivido toda su vida… pero eso pronto fue alejado de él.

No iba a aceptarlo. Iba a firmar los papeles para ceder la corporación a sus hermanos, pero antes de ello permaneció dentro de la habitación de su abuelo. Hojeando los viejos álbumes fotográficos y baratijas. Tsunayoushi trazó una foto de él y su abuelo cuando él tenía cinco. Serenidad y eternidad podían ser vistas en esa fotografía y justo cuando sus ojos estaban entrecerrados, Xanxus entró en la habitación.

Los ojos de Xanxus estaban rojos pero no miró al otro. No, simplemente miró hacia la ventana y pareció tener una conversación con ella. Pero Tsunayoushi supo, supo que la mirada estaba dirigida hacia él así que respondió y escuchó.

—No me importa tu decisión, basura. No sé qué pienses que estás haciendo al firmar esos documentos y no entiendo una mierda —Xanxus se cruzó de brazos y fulminó, la luz del sol le dejó una sombra.

—Todo lo que sé es que el viejo quería que tú lideraras la corporación, no tus tontos hermanos. Él te quería a ti.

Volteó hacia la figura del marco gigante en la cama, esta vez enfrentando al hombre tímido. La única vez que Xanxus había mirado a la cara a Tsunayoushi.

—No permitiré que te rindas escoria. ¿Eres un cobarde?

Las imágenes inundaron la mente del hombre más pequeño. Se sentía como si la habitación entera estuviese sacudiéndose y su temblor dejara aves y sus exóticas plumas flotando alrededor de él y de Xanxus. En ese momento ellos eran los únicos seres en la tierra.

"—¿Eres un cobarde?"

"—No eres digno de ser un Vongola, basura."

Tsunayoushi sintió como si hubiese tenido esta conversación antes (o algo parecido) con el hombre frente a él. Pero es extraño, él nunca le había hablado antes al hombre. Aparte del ocasional saludo y pequeña conversación, no era nada más que eso.

—Pero no soy lo suficientemente bueno para…

—¿Lo suficientemente bueno? —el hombre escupió—. Entonces hazte lo suficientemente bueno. Si no haces lo que te digo te mataré. Nunca te perdonaré mientras viva.

Las plumas seguían cayendo entre ellos, pero Tsunayoushi estaba seguro de que el otro no podía verlas. Eran como plumas de pavo real, arrendajo azul y de cuervo. Tonos amorosos de rojo y azul, pero aún así, el hombre no miró a Xanxus. El sólo continuó hojeando las páginas de los álbumes de fotografías de su abuelo. Y en cada foto él imaginaba a Nonno mirándole con una mirada de decepción. Cuando hizo eso, un fuego creció dentro de él. Algo que no estaba fue plantado dentro de él.

—Lo haré —se levantó—. Lo haré, Xanxus-san. Por mi abuelo. Por él.

Xanxus sonrió y posó sus pies en un taburete cercano a él, justo donde las plumas plateadas chocaron con el cuero.

—Empezamos mañana.


Estaba sin aliento cuando alcanzó la cima de las escaleras y, mientras a la mayoría de las personas les habría tomado diez minutos para caminar a su apartamento, le tomó treinta minutos ya que seguía soltando sus pertenencias. Cuando se aproximó a la salida de las escaleras se detuvo. El pasillo al apartamento parecía ser del tipo de una película de horror, y parecía interminable. Por alguna razón le recordó a una historia que Reborn le había dicho una vez. Le dijo una historia de una casa con un millón de puertas. Cualquier puerta que abrieras te llevaba a otra puerta, y a otro pasillo. Era una casa donde la eternidad era alcanzable. Estarías ahí para siempre, abriendo puertas y cerrándolas. Cuando Reborn terminó su historia Tsunayoushi volteó hacia él y dijo

—No trataría de abrir una puerta. Sólo permanecería.

Y Reborn le miró y le abofeteó.

—No esperes por nada, ¿entiendes? Haces que las cosas ocurran y no puedes dejar que las cosas permanezcan así.

Estaba enfrente de la puerta de su apartamento, los números '04' enfrente de su rostro. En su mente, estaba preparándose a sí mismo, este iba a ser su nuevo hogar. Hizo esto porque se sintió fuera de lugar, desde que su vivienda anterior solía estar en una comunidad menos afortunada.

Estaba acostumbrado a los ruidos, las personas siendo odiosas y golpeando su puerta con un cálido saludo preguntándole si quería unirse a su familia para cenar. Él aceptaría con una sonrisa y les diría "por favor, espere un poco, iré por mis zapatos". Le entristecía saber que eso ya no sucedería. Sólo permaneciendo en un lugar donde se sentía extranjero (pero haría lo mejor).

Estaba a punto de abrir la puerta hasta que vio a Kyouya, el hombre que no creía en el destino y el hombre que abordaba el tren cada jueves. El pelinegro estaba cerrando la puerta de su apartamento. Su puerta era la última en el pasillo, cercana a las escaleras y el elevador.

Él tenía mucha más presencia de lo que Tsunayoushi alguna vez esperaría tener.

(¿Por qué no puedo ser así?)

Un fuerte dolor fue a su pecho esta vez.

Hicimos una promesa.

—Ah, buenos días Hibari-san —una corta reverencia—. Qué coincidencia. Seré tu vecino de ahora en adelante, por favor sé amable.

Pero el hombre más alto ni siquiera reconoció su presencia y caminó como si Tsunayoushi hubiese dicho nada.


El apartamento de Tsunayoushi consistía en una cocina fusionada con una amplia sala de estar (la cocina le recordaba a un bar) y además estaba un cuarto de baño y una ducha, seguida por dos habitaciones medianas. —Esto es demasiado para una persona —suspiró.

Le había dicho a Reborn (y a Xanxus) que aunque había aceptado la posición como presidente de Vongola no quería un trato especial. Es decir, todos estos lujos estaban fuera de cuestión para aceptarlos. Que no, él no quería una limosina, y no, el no quería dejar su apartamento de un cuarto (era suficiente para él, en serio, honestamente). Pero todas esas cosas cayeron en oídos sordos cuando Reborn (quien estaba sentado en su costoso escritorio de laca) se giró hacia él y dijo "Cállate" y que "lo suficientemente bueno no es suficiente".

Cuando Tsunayoushi le mal vio y dijo —Pero me gusta mi apartamento —, Reborn dijo sin importancia —No, no te gusta —. Reborn siempre hace eso. Siempre introduce ideas y palabras en él.

—Mereces algo mejor, Tsuna inútil, no vivirás en ese basurero en mi presencia.

Ese "basurero" como Reborn tan amablemente le había llamado era un tipo de triunfo personal para Tsunayoushi. Porque nadie lo sabía, pero era cómo el castaño consiguió un poco de autoestima. Para probase a sí mismo y a los demás que él podía encontrar su propio lugar, que era capaz de tomar decisiones por sí mismo.

Era una cena aleatoria en la casa de la familia Sawada. Era un día cuando sus hermanos mayores se detuvieron por una visita en la ciudad, el lugar donde todos en el pueblo querían dejar, el lugar que la televisión decía estar hecho de diamantes y bonitas cosas puntiagudas. Reborn estaba ahí también, estaba de vacaciones e insistió en ayudar al pequeño Tsuna en aritmética.

El adolescente encontró que era un buen tiempo para hablar sobre su plan. Tosió ruidosamente para obtener la atención de todos.

—¿Qué pasa, Tsuna inútil?

—Bien… —comenzó— Me graduaré el próximo mes.

El mayor de sus hermanos, Giotto, limpió graciosamente la comisura de su boca. Estaba sentado en el centro de la mesa (el asiento de su padre), mirando hacia su pequeño hermano con afecto.

—Eso me temo pequeño.

A su lado estaba su madre, quien estaba levantando su mano para alejar lágrimas de felicidad —¡Estoy tan aliviada! Honestamente, ¡no pensé que hubieses pasado tu examen de salida del instituto!

Sus segundo hermano mayor Dino estaba sentado justo al lado de Tsunayoushi, sonriendo.

—Ja, ja, mamá, no molestes al hermano pequeño. Así que, ¿irás a la universidad pública cerca de aquí?

—Eso es de lo que quería hablarles… —su ansiedad para decirle a su familia estaba menguando en cuestión de segundos; después de todo ellos sólo le dijeron sus expectativas. Universidad pública, probablemente viviendo en casa con su madre. ¿Ellos creían que él quería estar ahí para siempre? Amaba Namimori… pero lo que él quería era ser libre.

—Bien, dinos Tsuna inútil —el hombre con el cabello ébano estaba golpeando con los dedos en la mesa impacientemente—. Mi comida se está enfriando.

—Después de la graduación estaré viviendo por mi cuenta —silencio—. Iré a una buena universidad en la ciudad por mi certificado de enseñanza. Está a tres horas de aquí, ¡y ya he revisado el apartamento! ¡La renta es barata y trabajaré como un maestro en un preescolar local! ¿No es genial? Yo…

Tomó una bocanada de aire mientras jugaba con el mantel de la mesa, sus ojos brillaban con orgullo.

—…hice el papeleo por mí mismo.

Pero cuando él miró hacia arriba, todos tenían el ceño fruncido. Aún su madre, se dibujó una mirada de preocupación en su rostro (el tipo que usaba cuando él usualmente tropezaba en las escaleras). Tomó alrededor de veinte segundos para que todos reaccionaran. Tres sillas fueron empujadas fuera de la mesa.

Reborn se levantó, sacando una pistola y removiendo el seguro. Apuntando directamente a la cabeza de Tsunayoushi.

Giotto arrojó el material del comedor y los utensilios al piso. Su rostro mostrando nada aparte de ira.

Dino hizo lo mismo que su hermano mayor, pero procedió a sacar un látigo (lo tenía antes, por sus lecciones de equitación).

—No lo permitiré —dijeron en coro.

Los Sawada eran un grupo alegre y cortés, pero como una mujer despreciada, el infierno no tendría furia como un Sawada colérico (y Reborn).

Así que Tsunayoushi hizo la única cosa que podía hacer y fue a su habitación con la cola entre las piernas.


Antes de que Tsunayoushi pudiera desempacar él tenía que hacer una montaña de papeleo, y antes de eso necesitaba la firma de un hombre distante, el dueño de la Compañía Nube. Rápidamente buscó algo fantástico y llamó un taxi.

No quería ver nuevamente al hombre, no cuando le intimidaba demasiado. Aunque algo se movió dentro de él, como si le debiera algo a Hibari-san. Aparte, la opinión del hombre sobre él estaba en un alto pedestal. ¿Pero por qué? Sólo había conocido al hombre recientemente, aparte de la estación de tren. No debería importarle sobre lo que un extraño pensara de él. Aun así, sabe que se siente de la misma manera sobre él como le sucedió con Xanxus aquélla vez. Entonces Tsunayoushi se dio cuenta de que le debía algo a Hibari-san, pero no estaba seguro de lo que era.

Hicimos una promesa. ¿Pero qué?


Cuando llegó a la compañía Nube, abrió la puerta del taxi y empezó a vomitar violentamente sobre el pavimento.


Después de lavar sus dientes en los sanitarios fue hacia la oficina de Kyouya. (Por supuesto, con un nombramiento y una llamada dos horas antes.) Kyouya no le dio la bienvenida, simplemente observó su propia pila de papeles. Tsunayoushi sabía que si no entablaba la llamada "conversación" nunca daría comienzo, así que la inició.

—Necesito que firme estos papeles por mí. Es para establecer los acuerdos. Por favor, siéntase libre de revisarlos y devolverlos a más tardar mañana.

Tan pronto como dijo estas palabras los ojos oscuros del hombre estaban en él. Acero reducido, y rápidamente alzó sus manos por los papeles. Los miró a gran velocidad y los firmó, dura y pulcramente.

—Eso sería todo, gracias Hibari-san.

El hombre más joven pudo respirar nuevamente, y justo cuando se dirigía a la puerta de salida, una voz le hizo detenerse.

—¿Cómo obtuviste esta posición herbívoro?

Tsunayoushi estaba confundido por un minuto, pero recuperó su compostura. Por supuesto que no parecía un hombre de negocios, ¿o sí?

—Mi abuelo era el líder de Vongola. Falleció recientemente —tristeza atada a su voz—. No iba a aceptar la posición pero al final elegí hacerlo. Quiero decir… no estoy hecho para esto… nada en absoluto… y…

Kyouya miró a Tsunayoushi con su cabeza inclinada y su pecho hinchándose con orgullo.

—Ese es el problema con los herbívoros. Nunca creces.

El tímido hombre no pudo mantener sus ojos fuera del otro, no importa la hora, se sintió como si tuviese cinco años otra vez, siendo regañado por Reborn y su casa mágica con un millón de puertas.

—Necesitas ir más allá de las expectativas que todos tienen sobre ti. Es lo que mantiene aparte a los carnívoros y herbívoros.

Los labios de Tsunayoushi temblaron, pero habló sostenidamente.

—Está en lo correcto, Hibari-san. Uno debe ir a través del dolor porque vale la pena.

Y Kyouya se sacudió ligeramente, como si un temblor pequeño le golpeara, porque la voz de Tsunayoushi sonaba familiar, un sonido familiar de un sueño olvidado.

—¿Hibari-san cree en los milagros?

El pelinegro levantó su cabeza lentamente con una mirada incrédula. Su boca una línea plana.

—Si no creo en el destino ¿por qué piensas que debería creer en milagros?

Pero la mirada que el otro hombre le dio le dejó inestable. La conversación entera le dejaba con nada a excepción de un siniestro sentimiento.

—Esperaba que lo hicieras.


Esto pasó cuando Tsunayoushi estaba en Namimori, pero por poco.

Sucedió un día antes de que tuviera que dejar su vida en la gran ciudad. Era un regular sábado por la tarde cuando estaba en un taburete alcanzando una caja de galletas de arroz. Se preparó té y dio en el clavo.

Reborn estaba sentado en el comedor bebiendo algo de té que Tsunayoushi había hecho. Iban a ver una película junto con sus hermanos mayores quienes habían regresado de la tienda.

—Aquí —Dino sonrió mientras alcanzaba la caja de galletas sin esfuerzo —. Déjame conseguir eso para ti.

Lo que pasaría asustaría a todos, porque esa era la primera vez que verían el dolor del muchacho.

—¡No! No lo hagas por mí. De hecho, ¡no hagas nada por mí! —el castaño gritó. Su voz estridente y desesperada. —¡No lo necesito! Puedo hacer esto por mí mismo, ¿por qué no me dejan hacer las cosas por una vez? No soy inútil; soy una persona capaz, soy…

Su cuerpo se sacudió cuando todos observaron al joven sollozante en el taburete.

—Soy… soy nada.

Todos en el cuarto permanecieron, sólo el llanto de las cigarras podía ser escuchado en esa clara noche, eso y el sollozo.

—¿Realmente estoy aquí atorado para repetir la misma cosa? —En ese punto, Tsunayoushi estaba hablando pero no era realmente él, aun así lo era. Era como si estuviera soñando, y el "yo de su sueño" estaba en su control. —Quiero hacer algo, quiero ser libre. Quiero salir de aquí. Es como si fuera en círculos… como si en mi mente no supiera sobre la carrera…


A la mañana siguiente Dino continuó tropezando con las nuevas maletas de Tsunayoushi que la familia entera había comprado especialmente para él.


Cuando Mukuro hablaba a Tsunayoushi siempre lo hacía en italiano (su lengua natal), pero después siempre habló en japonés. Algunas veces Mukuro se preguntaba si Tsunayoushi actualmente le entendía y sólo por si acaso hablaría sobre comportamiento adúltero (lo que le hacía ganarse una palmada en el hombro y un buen regaño).

—Si hubiese llamado a otro que no fuese tú me hubiese distraído —el hombre más pequeño explicó mientras se preparaba algo de té. Su celular estaba entre su hombro y su oreja.

—¿Estás diciendo que no soy digno de una distracción Sawada Tsunayoushi?

Por supuesto que esto era de buena naturaleza, la voz lo dijo todo.

—¿Estamos en bases de nombre y apellido, Mukuro-san?

—Por supuesto querido, me agrada cómo tu nombre suena en mis labios.

—No empieces a burlarte de mí, Mukuro-san. Ya he tenido un día pesado —dijo mientras vertía té de hierbabuena en una taza naranja.

—Oya, ¿qué es lo que pudo haberte perturbado? Eso me recuerda, mañana tendré listos los documentos y necesitaré tu firma. Los dejaré mañana, ¿tal vez deberíamos almorzar?

Una sonrisa.

—¡Suena bien! Perdón por llamarte así, no puedo comer sin tener alguien con quien hablar.

—Eres extraño Tsunayoushi-kun, pero está bien. Estaba leyendo un libro, eso es todo. Cosas maravillosas.

El hombre tímido abrió el contenedor de plástico para revelar arroz blanco y espeso. Lo colocó en un pequeño tazón.

—¿Qué estabas leyendo?

Una sonrisa satisfactoria.

—El infierno de Dante.

—Hiieeeee.

La risa contenida del extranjero pudo ser escuchada a través del teléfono.

—¿Cómo estuvo la mudanza?

—No he terminado de desempacar. He estado tan ocupado… y estos sueños y dolores de cabeza me están matando.

El hombre japonés masajeó sus sienes.

—¿Más sueños? Bien, sabes lo que dicen Tsunayoushi-kun. —La voz de Mukuro a través del receptor fue imprecisa. Como un pez bajo el agua, ahogada. — Como en esa rima de niños.

—¿Cuál?

—Es una rima infantil. Esa vieja rima sobre un bote.

—¡Oh! —Tsunayoushi dio palmadas.— ¿"Rema, rema, rema tu bote"? ¿Esa?

El castaño empezó a cantar la rima en un interrumpido inglés, para diversión del hombre al otro lado del teléfono. Los labios de Mukuro se levantaron un poco.

"Row, row, row your boat,

Gently down the stream

Merrily, merrily, merrily, merrily,

Life is but…" (1)

Tsunayoushi dejó de hablar; su cabeza se sentía como si un millón de agujas estuviesen perforándola. Vio las plumas en el cuarto de su abuelo, vio las lágrimas cuando le dijo a su familia sus miedos e inseguridades, pero, sobre todo, vio a Hibari mirándole con disgusto y decepción por el vómito que había dejado en la puerta de su compañía.

"… a dream."


(1) Es una rima que está en inglés y, desafortunadamente, inadaptable desde el punto de vista de la historia. ¿Por qué? La versión en español dice "Rema, rema, rema tu bote; suavemente así; y por la corriente voy; feliz, feliz, feliz". Decidí ponerla en inglés porque no se pierde el sentido de ambas: historia y rima, pero la traducción de ésta es: "Rema, rema, rema tu bote; suavemente corriente abajo; alegremente, alegremente, alegremente, alegremente; la vida es sólo un sueño".