Notas | ¡Hola a todos! La verdad no sé cuánto tiempo ha pasado desde la última vez pero creo que bastante, es decir por lo menos un par de meses, me siento profundamente apenada por esa razón, pero como siempre saben que no abandonaré este proyecto ni ningún otro sin importar nada.

Aparentemente este fanfic iba a ser un three shot, pero por la disponibilidad de la trama creo que podría concretarse en al menos cinco o seis capítulos hasta el final, y no son tan cortos como esperaba, así que todos disfruten de este short―fic.

Muchas gracias por su acogida y sus lindos rvs.

Advertencia | Me gustaría no hacer spoiler, pero sé que hay publico sensible ante ciertos temas, así que quiero ser muy clara desde un principio, este capítulo, al igual que el anterior contiene sexo explícito, uno de los que más me ha gustado escribir por cierto y por si eso fuera poco, la escena que sigue a esa es un poco fuerte en un sentido parafilico, pues contiene URALOGNIA y SALIROFILIA, si no saben a lo que me refiero vayan a google inmediatamente y regresen después de considerarlo.

Por supuesto no es algo trascendental así que aconsejo se salten la escena si les resulta incómoda.

Dicho esto, disfruten la lectura. Nos leemos al final.


Don't treat me gently

La oscuridad citadina; solo entorpecida por las luces led que flotaban encima de los postes, como si fueran grandes globos luminosos cuya intención fuera imitar a la ausente luna y por los escasos focos en el interior de alguna casa o edificio que indicaban la aún vida nocturna de varias familias o seres solitarios que evitaban abiertamente el conciliar el sueño y se apoyaban de la siempre confiable luz, todo aquello en camino al departamento que ambos compartían desde que se habían graduado y convertido en héroes profesionales. En realidad ninguno le había propuesto al otro vivir juntos, fue un acuerdo implícito, el conseguir el lugar y luego darse las llaves como si fuera evidente que ambos iban a terminar juntos.

Kirishima caminaba unos pasos detrás de Bakugou admirando el efecto reflectivo de la luz sobre sus zapatos de vestir y de vez en cuando enviando miradas afectuosas a la espalda de Bakugou, que mantenía sus manos en los bolsillos y se tambaleaba a la derecha a cada segundo que pasaba, con cada trémula corriente aérea Kirishima sentía como estaban aproximándose peligrosamente al departamento, como se levantaba imponente un edificio tradicional citadino, con varios pisos y muchos vecinos, pero en mayor parte seguía siendo la clase de apartamento que dos solteros rentarían, no muy lujoso y de un tamaño agradable, en parte para no olvidarse nunca que los dos seguían dentro de las mismas paredes, que fuera imposible perderse de vista el uno con el otro.

Saliendo de la boda Bakugou había visto al estúpido nerd y su ahora esposo dirigirse felizmente a donde las habitaciones y fue suficiente para comprender que debía de apartarse, probablemente para siempre de su camino. No es que en realidad él fuera una impedimento, nunca se sintió así, pero dar un espacio y ser el mueble que no se aleja eran dos cosas en las que podía dividirse y había tomado una decisión hacía bastante, pero la boda había sido el punto de quiebre y aunque habían comprado una botella juntos y bebido en el bar sin más que tomarse las manos de vez en cuando se sentía lo suficientemente sobrio para dar el siguiente paso. Cuando lo indujo; se mordió el labio inferior, ligeramente emocionado.

¿Era el alcohol?

O tal vez; el celo.

El celo nunca le había dominado. No, él era un alfa, tenía más poder de control sobre su propio celo, pero cuando el omega entraba en celo… entonces es cuando los problemas venían, ¿Qué Dios había sido el culpable de hacer un cuerpo tan débil ante el aroma celestial de un omega? El rubio se recargó un poco en las escaleras antes de continuar el camino hasta la puerta, las llaves colgaban de sus dedos. El celo de Deku era cada año, intenso e inoloro, pero aun así se lo había pedido cuando eran estudiantes de secundaria.

Tenía voluntad fuerte, pero no tanto; le dijo que si porque la oportunidad de pisotearlo no estaba ahí siempre, pero supo que no debía morderlo por la misma razón. No era su destino y él lo sabía y Deku era una persona de mente abierta, nervioso y ansioso, pero con ideas liberales, no le importaba coger con alguien que no fuera a darle un anillo e igual terminó casándose con la persona que más podía amarle, había tenido toda la buena suerte que existía para una persona y aun así Bakugou no lo amaba ni un poco, ni lo envidiaba.

Kirishima estaba tras él, los dos sobre la puerta del departamento, sus manos deslizándose por la satinada tela del bolsillo, dedos perezosos y ebrios en busca de las llaves que reposaban ahí, saltándole entre los pliegues, pero demasiado obtuso para comprender que el pelirrojo tenía su mentón sobre el hueco de su hombro y su mano ruda se deslizaba como masaje por su hombro y su brazo, sobándole el codo y uniendo sus manos en el interior del bolsillo, hasta que sacó las llaves. Las incrustó en la cerradura.

Con un chasquido esta se abrió.

Chirrido suave que se integró con la oscuridad de la pequeña sala y las puertas de las alcobas al fondo, abiertas de par en par para sus residentes. Durmiendo separado desde hacía meses, porque en realidad era parte del acuerdo implícito, ninguno de los dos invadía la cama del otro ni aunque tuviera la invitación, la maña o necesidad de perderse un rato entre las sabanas contrarias. Pasaban un rato recostados en los sillones, con las piernas enredadas, una en medio de la otra, dejando que sus dedos acariciaran sobre la tela de la espalda, recorriendo los músculos adoloridos por el trabajo, todo sin decir ni una palabra. Pero justo ahora Kirishima estaba más interesado en sacarle el saco a Bakugou sin apartar su rostro de su cuello, su nariz del aroma seductivo que desprendía.

―¿Estas ebrio? ― ronroneó tomándole las manos por detrás, uniendo sus largos dedos, atrapados como una trampa para osos.

―No lo estoy ― respondió a secas, moviendo mecánicamente sus piernas hasta el pasillo que dividía el camino en dos puertas largas como ellos.

Y cuando hubo que tomar la decisión, Katsuki se quedó estático, mirando los marcos, sin mirar nada, cambiando sus pupilas de un interior oscuro a otro. Dos camas amplias sin ganas de ser perturbadas, y luego las manos de Kirishima presionaron en sus caderas, sobre los huesitos que sobresalían, incitándole a elegir. Terminó entrando a la suya, porque le generaba más confianza, más ganas de encender la lamparilla al lado de su cama y desbordarse pleno sobre el colchón. Mordió su labio, no tenía la iniciativa para recostarse así sobre la otra cama… aunque lo haría, si pudiera retractarse, si no hubiera otra cama, se acostaría en ese colchón y dejaría que se le pusiera encima Kirishima.

Tan pronto sus rodillas llegaron hasta el colchón los dos se detuvieron. Ni siquiera cerraron la puerta del cuarto, y aun a oscuras Eijiro se las arregló para girar el cuerpo de Katsuki y hacer que sus ojos penetrantes le siguieran la mirada y que sus manos pudieran recargarse un poco más sobre su piel.

―¿Lo amas? ― jadeó sujetándole el cuello con los dedos, subiendo por sus desesperados cabellos rubios

―¿Qué? ― murmuró sorprendido por la proximidad de sus frentes, de sus bocas.

―Mis ojos están arriba ― se atrevió a bromear. Pero Katsuki tuvo reacción lenta y sus pupilas saborearon a detalle los carnosos labios de Kirishima antes de perforar sus ojos nuevamente. ― he dicho que… ¿lo amas?

―¿A quién? ― frunció el ceño subiendo sus brazos hasta el cuello contrario y acariciándole la nuca

―Midoriya.

―¿¡Qué carajos significa eso!? ― sorprendido y furioso bajó sus mimosas manos y empujó el pecho del pelirrojo.

―Con eso me basta ― se preparó para recibir el golpe y antes de retroceder lanzó su boca voraz contra los hormigueantes labios rosados de Katsuki. Comiéndole la boca lento y pausado, pero salvaje, buscando su lengua en el interior, dejándolo caer contra el colchón.

Le sujetó de las muñecas, porque su naturaleza era inquieta y aunque no era la primera vez que se besaban, si estaba buscando hacerle sentir de una forma diferente en sentidos sensuales. Convencido de su habilidad de besador comenzó a succionar su labio superior y a Morderle el inferior, arrancando de su grave voz gemidos agudos y sonoros, comenzó a disfrutar de verdad, le dejó la derecha libre y arrancó los botones de la camisa blanca.

No quería apartar su boca de la contraria ni un instante, y aunque se apartaba Katsuki volvía tomando más besos delicados de sus labios ansiosos. A pesar de su fuerte apariencia tenía una dulce manera de besar, apenas juntándolos labios y depositando presión bajo la textura blanda de su boca, casi sin abrir la boca siempre buscaba que Kirishima la abriera por él, que ingresara su lengua y sus dientes se rozaran, cuando por fin logró sacarse el saco y el cinturón, Kacchan se quedó bajo sus brazos, mirándole, anonadado.

Sin dar batalla.

―Estás muy cooperativo ― murmuró dejando caer prenda por prenda sin mostrar su piel aun.

―Cierra la boca ― amenazó desquitándose con los botones de su propia camisa, hasta romperlos y descubrir su marcado pecho.

Kirishima perdió el aliento, estaba ahí, encima de la cama con Katsuki abajo, camisa abierta y un montón de ganas de regar besos por su cuerpo, de dejar mordidas hasta en lugares que el mismo dueño desconocía, pasando su lengua por cada recóndito espacio, llenándolo de sudor y de su esencia por completo. Pero, absteniéndose, fue nuevamente contra su boca, tomándole los labios y la lengua, pegando la punta hasta sus dientes y haciéndole llevar la cabeza hasta atrás, como si fuera a atragantarse por la presión.

Se desnudó.

No supo cómo, ni cuando, ni le importaba. Porque a Bakugou tampoco parecía interesarle mucho contemplar su cuerpo y aunque eso le acomplejaba un poco, los ojos de Katsuki no le eran necesarios, sus manos ya hacían el trabajo relativo a la vista. Sus bocas no se separaban ni un instante y sus manos acariciaban ya los boxers y su espalda larga como el lomo de un animal salvaje, cerniéndose encima de una presa que apenas se limitaba a abrir las piernas, por más que las manos de Kirishima insistieran en sus rodillas, en la parte de debajo de ellas, y jugaran a levantarlas hasta sus caderas.

Pero al contrario del pelirrojo, Bakugou seguía vestido, porque a pesar de sus intentos por sacarse la ropa, Eijiro no podía tomarse tan a la ligera el cuerpo de su amigo, era básicamente una gloria, endiosada, digna de ser admirada en cada centímetro; sus pies y dedos, uñas rosadas pequeñas y limpias, sus tobillos y muslos, a medida que le bajaba el pantalón e inspiraba sobre su piel caliente, le dejaba besos, encima del bóxer, sobre su erección atenta y enredando sus dedos en los deliciosos glúteos que Bakugou había obtenido por bendición del espíritu más bondadoso, abundante carne blanda moldeada en perfecto estado para ser sujetada por sus dedos, apretujada por una excitante manía de satisfacerse. Y luego en la alberca de su ombligo.

Sobre sus bíceps marcados en la fórmula del desastre.

Cada uno más duro que el anterior, pero no tan duro como lo que, parecía, no dejaba de crecer entre sus piernas y tenía la necesidad de que Bakugou lo mirara, aunque sea un poco, no porque no se hubieran visto desnudos antes, sino porque no sabía que tan lejos iba a poder llegar. Y estaba a punto de explotar en ansias, sino fuera porque ritualmente buscaba besar cada uno de los dedos de las manos de Katsuki, que ya comenzaba a bufar exasperado. Buscando más que besos por su cuerpo, ansioso de caricias en donde le hacía falta y de la lengua de Kirishima sacándole cosquillas en el estómago, la quería en su boca, juntando sus dientes, mordiéndose los labios y pasándose fluidos.

―Ven ― lo llamó el rubio subiéndolo de sus axilas y tomándole la quijada con fuerza, hasta que sus dedos se le marcaron en la blanca piel del pelirrojo, lo pegó a su boca, obligándolo a besarle ― sigue aquí. Y yo… subiré mis piernas aquí…

Propuso cuando Eijiro comenzó a prestarle suavemente la atención a su boca, sin dejar de mover sus manos descaradas, acariciándole las mejillas, el rostro, las orejas y los cabellos que llegaban a su frente, rozándole el cuello con la intención de delinear las venas de su tráquea, bombeando sangre a la parte más necesitada de su cuerpo, una y otra vez, Bakugou subió sus piernas a la cintura del otro y las puso como candado, porque sabía que aquello le gustaba. Con la cabeza loca llevó sus propias manos hasta los bíceps de Eijiro, los delineo con las uñas hasta que él metió las manos bajo su espalda y lo empujó arriba hasta que sus pechos se juntaron.

Y sintió su corazón.

Sus bocas se despegaron.

―¿Hasta dónde quieres llegar? ― preguntó aun preocupado, con el ceño fruncido.

―Cállate y quítate el bóxer.

Sonrojado hasta el infinito, el peinado sofisticado de Kirishima comenzaba convertirse en un par de mechones arriba y otros abajo, las manos de Bakugou eran expertas desnudistas que bajaban la ropa de una y dejaban que su miembro se expusiera entre los vientres de ambos. Y aquello para Eijiro significaba todo.

Significaba que iban a avanzar más de besos, de caricias, y de tocarse ahí… el rubio aun le buscaba la boca y estaban acalorados, parecían no querer terminar de besarse, de todas formas el jamás se cansaría ni aunque los labios amenazaran con caérsele, los pegaría nuevamente sobre sus dientes y su mandíbula si así pudiera seguir sintiendo la suave lengua rosada de Katsuki suplicándole que hiciera algo con sus dientes y le mordiera el labio inferior, le lamiera el superior y le jalara un poco el cabello, hasta la raíz.

Ya le estaba clavando las manos en la espalda y ni siquiera habían comenzado con el deleite. A Kirishima le excitaban esas uñas, le excitaban sus dedos ir de arriba abajo, tocándole los glúteos…

Lo quería en cuatro puntos, pero sabía que le daría un derechazo en la mandíbula antes de siquiera poder observar el arco de su espalda cuando llega al orgasmo o sus nalgas cabalgando contra su erección. E incluso su espalda cubierta de semen…. Además; tener el cuello expuesto.

―¿Qué? ― preguntó con voz ronca cuando Kirishima se mordió su propio labio

―¿Qué quieres que haga?

―¿Cómo quieres que lo sepa? ― Preguntó molesto, poniendo los ojos en blanco ― Es que acaso no sabes nada, arréglatelas o algo.

―No, es que quiero que me lo digas tú ― admitió, tenía sus brazos como aretes y las manos en su trasero, dándole suaves apretones y fuertes caricias con las palmas extendidas, abarcando todo lo que le era posible.

―¿Te gusta que te ordene, verdad? ― preguntó con una mirada de satisfacción eterna, ojos seductivos, pestañeándole ― Eres un buen perro.

Levantó su cabeza para darle un beso ligero en los labios y luego volvió a recargar sus alborotados cabellos en la almohada, mirándole de abajo, con el mentón un poco a la izquierda, como sonriendo con esa sordidez que le caracterizaba, el ego en alto aunque estaba por debajo de sus cernidos brazos y de su torso en general, o porque teóricamente lo tenía contra la cama y aun así le miraba como si fuera el puto amo.

Su rey.

―¿Solo tienes un dueño verdad…? ― preguntó con un dejo de burla

Kirishima asintió, anonadado.

Dicho esto, Katsuki se encogió de hombros.

―Sigue el procedimiento, quiero que me des― gruñó mordiéndose el labio y besándole la barbilla ― dámelo toda la noche y parte del día.

Dicho esto, la sangre del cuerpo del pelirrojo había abandonado cada extremidad, concentrándose cada vez más en el interior de su miembro, ya no podía soportar ver su boca hablar y no besarlo o sus manos sobre su espalda, se abalanzó cada vez con más fuerza sobre el cuerpo cooperativo del otro, llenándole de caricias y sujetándole con la fuerza suficiente para quebrar algo, algo que no fuera el fuerte sensual cuerpo de Kacchan.

Lo que más le enloquecía: era aquello, la forma de ambos cuerpos de anteponerse con las ordenes y aunque era todo suyo, no estaba siguiendo la dichosa necesidad de placer, el más emocionado era su corazón, palpitando como pájaro encerrado en una jaula de oro, se deshacía por hacer el amor con Bakugou, por aprisionarle debajo de sus caprichosas caricias, enamorados, como ningún otro día y necesitados mutuamente de sentir la llenes en su interior, romper la barrera de la virginidad del alfa y por fin, iniciar una rutina en la que hacerlo se volviera algo necesario para ambos. Sus cuerpos llamándose mutuamente, sin control.

Ya sin nada entre ambos, nada que los separase, por fin Kirishima le abrió las piernas a Bakugou.

Le expuso, como un maestro regañando a su alumno, admiraba algo que rara vez le mostraba y sintiendo la magna necesidad de manosearlo y mirarlo bien, lo masturbo por unos segundos largos desde la base hasta la punta, lamiéndole en las ingles, subiendo y bajando al compás del movimiento de caderas del rubio, que cerraba los ojos y derramaba el presemen que después lubricaría su entrada virgen y preciosa.

Apenas la rozó y Bakugou gruñó. Un poco molesto, enfurruñado, por más que levantara su torso con los codos en el colchón y mirar al pelirrojo con inconformidad. No podía dejar de sentir la incomodidad de la preparación a la que, contra su voluntad, el pelirrojo lo tenía sometido.

―Va a gustarte después ― prometió sin dejar de buscar la forma en la que Kacchan no le asesinara con sus ojos de princesa.

―Tu que sabes ― frunció su perfilada nariz y siguió buscando la relajación en el interior de sus paredes, mientras que los dedos de Eijiro se deslizaban dentro y fuera de su interior, con una cara bobalicona.

Era evidente que Bakugou no estaba disfrutando tanto como Kirishima lo hacía, pues la imagen de sus piernas abiertas y sus dedos en el interior le era de un rojo terciopelo completamente lleno de deleite, y estaba convencido de que al otro no le dolía ni mínimamente pero tampoco le encantaba, estaba así porque era seguir el protocolo del de pelo rojo y solo eso, pero si pudiera morderse los labios y decirle que la metiera en ese mismo instante, que no importaba si rasgaba su interior, aún tenía demasiadas uñas para enterrarlas en las sabanas…

―Ya ― pidió en un gemido lastimero con las rodillas muy cerca de sus costillas y a Kirishima tomando la base de su miembro dispuesto a continuar ― harás que tenga que subir en ti… y tú quieres tenerme abajo.

En un abrir y cerrar de ojos Kirishima ya se encontraba entre sus piernas, colocándose como los animales arriba, su rostro sonrojado estaba en contraste con el intenso sangre de su cabello, sus ojos abiertos, con los parpados caídos y las pupilas fijas, a sabiendas que con un solo movimiento… serían uno. Y lo único que Bakugou pudo hacer por ello fue llevar sus dedos hasta los labios contrarios y tocar sus filosos dientes, sintiendo el beso y su lengua, excitándose profundamente, con la primera estocada que le arrancó un sofoco de color granate intenso encima de su nariz y suaves mejillas como bombones.

Gimió. Sintió el interior lleno. Completo, como si hubiera comprendido al final el objetivo del sexo.

Kirishima lamió sus dedos, beso su mano y luego, aun envuelta en la desconcertante saliva, se precipitó a tomarle la mano, entrelazando sus dedos, mientras su rostro bajaba hasta el cuello del rubio y le mordía con fiereza sin atravesar la piel.

No dejaba de balancearse.

Haciendo equilibrio encima suyo para besarle el cuello, las clavículas y los pezones, con su izquierda apretaba las caderas de Katsuki contra su pelvis, las obligaba a juntarse, a unirse más hasta que estaban completamente uno dentro del otro y con la derecha hacía masaje suave a sus dedos, unían sus palmas y eventualmente la llevaba hasta su corazón.

Bakugou jadeaba, se mordía los labios porque no quería comenzar a gemir aunque genuinamente le azoraba el placer, en cambio quería en voz alta decirle ¿Por qué pones mi mano sobre tu pecho? ¿Acaso quieres que sienta tu palpitar? ¡No necesito sentirlo, el mío late igual que el tuyo! Si, justo al mismo ritmo…

―Ah, Katsuki ― gemía sobre su oreja, besándole, dejando su lengua rodear la superficie redonda y el cálido interior de la misma. A Bakugou no le importaba donde le besara siempre y cuando no dejara de menearse en su interior.

Subió sus piernas hasta que rodeó la cintura del otro alfa y comenzó a revolverse inquieto tras las sabanas rojas, tirando la cabeza atrás una y otra vez, sus labios estaban hinchados de tanto morderse, su garganta sedienta de gruñidos guturales que venían desde la punta de sus pies hasta las desperdigadas puntas de su pelo.

Continuaban las estocadas en la misma posición, hasta que Eijiro lo soltó y con sus amplias manos sentó el cuerpo del rubio encima suyo, a horcadas, los dos mirándose fijamente aunque el rostro del rubio un poco por encima suyo, no dudó ni un instante y comenzó a degustar de sus rosados pezones, sin arrancarle la vista ni un instante, observándolo curvear su espalda para que su miembro le tocara más adentro y sus ojos en blanco gimiendo a medias su nombre; cuando apretaba demasiado la carnosa piel de sus tetillas, muriendo un poco, succionando hasta que brotaban como botones violáceos con marcas de dientes.

Y Bakugou le tomaba la mandíbula brincando encima de su erección, obligándole a hacer justo lo que él quería que le hiciera, si morderle los pezones o lamerle la oreja, besarle la boca, tocarle los dientes, juguetear con su cabello, azotarle las nalgas con palmadas poco intensas que resonaban en la oscuridad del cuarto donde no se distinguía la noche del día.

―Mas ― comenzó a exigir como un jinete encima de su caballo, integrándose en uno con el ritmo de las estocadas y jalándole los cabellos rojos hasta que Kirishima frunció el ceño y le miró extrañado.

Bakugou sonrió ladinamente disfrutando con sinceridad el fonrniqueo intenso, hasta que notó la mirada inquisitiva del alfa y le sonrió ladinamente, tomándole de las mejillas y plasmándole un beso apasionado en sus enrojecidos labios.

―¿Qué? ― jadeó entre besos cuando Kirishima le enterró las uñas en su espalda y le hizo gruñir

―Quiero… morderte ― admitió suavemente sin dejar el ritmo profundo de embestidas que le caracterizaban ― sé mío… adoro tu… cara…

Bakugou sintió el profundo orgasmo venir y por ende se detuvo, sacando el mojado miembro del alfa de sus entrañas y notando con desgana su rostro necesitado de continuar, dispuesto a complacerlo volvió a los cuatro puntos y le dio la espalda, inclinándose lo suficiente para demostrarle que tenía entrada libre en la nueva y deliciosa posición. Tomándolo un poco de la boca y llamándolo hasta la suya.

Y por una parte a Kirishima le enloquecía tenerlo en cuatro, la simple idea de verle la espalda y el trasero mientras embestía ya podía causarle el fin de su erección, pero también le preocupaba, pues aunque su mutualidad había avanzado mucho, tener camino a libre a su precioso cuello le dejaba una sensación pastosa en la boca. Que olvidó en cuanto reingreso a sus estrechas y cálidas entrañas, gimiendo lastimero de placer entero, recorriéndole todo el cuerpo.

Le apretó la cintura entre sus manos, jalándolo hasta su interior, una y otra vez, arrancándole al rubio verdaderos gritos de placer, la posición le ayudaba y bastante, tenía mayor profundidad y aunque menos contacto y muchas menos miradas; a Kirishima le enloquecía besarle la espalda. Ver los músculos marcados de atrás flexionarse en poses de contorsionista que solo le mostraba a él y sentirse preso de la dominación cuando empujaba su mano contra la cabeza contraria y le levantaba, exhibiendo su garganta cubierta de fino sudor y sus ojos permeados en placer, con pestañas llorosas y la boca roja como fresas.

Llevó sus dedos hasta su garganta, presionando sin afán de restringirle el aire, solo por obtener una de sus miradas más letales, se inclinó más hasta el rostro de Bakugou y le besó las mejillas, esperando que en cualquier momento se quejara por su rudeza, por tomarle el cuello de rehén, por morderle el labio aun cuando estaban en tan incómoda postura.

Sus embestidas eran ferales, brutales, con el orgasmo rozándole la punta y recorriendo la base, con el golpeteo intenso de sus cuerpos llenos de sudor, juntos, dando y recibiendo de forma mutua. Gimiendo y gruñendo por el delicioso sentimiento.

Mmph.

―¿Eso es todo lo que tienes? ― le retó con seducción y menosprecio, girándose un poco para encararle y rodeándole la cabeza con su brazo, mordiéndose los labios, lanzándole miradas intensas ― dame más ― suplicó intenso ― compláceme… no seas tan gentil.

Cumpliendo por última vez sus deseos volvió a dejarlo con la nuca contra el colchón, girándole como si fuera un muñeco flexible, aunque evidentemente no había nada de muñeco en Bakugou, salvo su lengua afuera gimiendo, gritando y sus ojos en blanco. La forma en la que ambos pechos sudados se frotaban el uno contra el otro y no perdían la oportunidad para tomarse de las manos, besarse rozando las puntas de sus lenguas.

―Ah, me corro ― avisó Kirishima con toda la intención de sacarla y venirse sobre la cara complacida de Katsuki, por el simple placer de verlo con todo su semen encima.

―Ah, Ah Eijiro ― gritó con un tono más agudo de lo acostumbrado, honesta suplica y placer, pero sin dejar atrás su grave voz ― Eiji… más, más. Vente adentro.

Y aquellas palabras fueron música para sus oídos, corrientes eléctricas guiadas desde el fondo de su vientre, porque nunca imaginó que al hacerlo en su primera noche juntos tendría la oportunidad de venirse adentro, encima de anudar, y verle la cara a Bakugou durante quince minutos mientras su miembro se agrandaba en su interior y le llenaba de semen por completo. La sola idea estremeció su cuerpo y abrazándose al inmaculado torso de Katsuki se dejó caer mientras un chorro tras otro brotaba de su interior, acentuándose en la cavidad del rubio…

Que gemía sintiendo la dureza, el calor y por supuesto el tamaño en incremento de un nudo que había autorizado.

Y duraría un rato.

Por supuesto antes de que Kirishima separara su pecho del de Katsuki y recuperara el aliento sintió el viscoso liquido encima del vientre del rubio, que jadeaba de placer todavía al sentir sin parar el intruso en sus entrañas que no dejaba de brotar con ese nuevo y caliente líquido. Jadeaban sedientos y aun excitados cuando Kirishima puso, buscando la comida de Bakugou, una abultada almohada bajó sus alborotados cabellos y le acarició los cabellos, como queriendo decirle… que el nudo acabaría pronto.

Pero Bakugou lo ignoró, gozaba aquello y sabía más que nadie como se sentía un nudo, era honestamente demorado, cansado y placentero. Así que aprovechó para llenar sus pulmones de aire un par de veces y dejar de hiperventilar de una vez por todas. Eijiro seguía encima de él intentando no caer sobre su pecho con todo su aplastante peso, pero fracasando porque los músculos de sus brazos apenas soportaban el esfuerzo de una ronda de sexo, bastante intensa, como cardio. Y Katsuki iría por otra si no fuera porque sus ojos amenazaban con cerrarse…

Y se abrían cada vez que un nuevo chorrito le llenaba el interior. Como un piquete con aguijón.

Bufó bajó.

El pelirrojo lo miró. Se notaba el cansancio.

―Duerme ― le pidió tranquilamente Kirishima, dándole un beso de buenas noches en la frente y cubriendo su cuerpo con una delgada sábana roja.

'No me digas que hacer' pensaba gruñir, pero solo se dejó caer sobre el hombro de Kirishima, que se había recostado justo a su lado y lo abrazaba como si fuera un niño pequeño, aun con el nudo vigente y con el cuerpo lleno de sudor, la sabana apenas los cubría, pero el calor corporal del otro fue suficiente para hacerlo dormir.


El calor, después de un tiempo, se volvió infernal. No era solo el sol que por alguna razón alcanzaba a penetrar dentro del dormitorio, aún cuando las cortinas eran gruesas y de un color oscuro, era el hecho total de encontrarse desnudos en una cama, casi cubiertos por completo entre sábanas de color rojo y el sudor sexual de la noche anterior. Era evidente que estaba haciéndose tarde, quizá medio día, tal vez un poco menos. Para Bakugou la cosa ya era imposible, nunca era delicado, y por alguna razón este momento tampoco era el indicado para serlo, pero no quería despertar a Kirishima, quitárselo de encima y salir del horno que su jaula de músculos representaba.

No pudo evitarlo, porque apenas Kirishima notó que estaba despierto, se movió, como si hubiera sido intimidado. Pero con el rostro parcialmente adormilado y los ojos entrecerrados.

Bakugou le dio la espalda, se quitó las cobijas y se rascó entre las piernas, seguía húmedo. No tenía ánimos de levantarse…

―¿Quieres comer? ― preguntó con la boca seca el pelirrojo, desperezándose lentamente de entre las cobijas.

No respondió nada, no tenía ganas de hablarle.

Kirishima bajó sus ojos y se percató del desastre que eran ambos, a media luz el recuento de los daños era apenas notorio, pero por la actitud de ambos las consecuencias, contrario a las marcas, serían eternos. Tenía un poco de dolor de cabeza, quizá por el esfuerzo, un poco de resaca y principalmente porque no estaba acostumbrado a despertar tan tarde, él se levantaba temprano, puntualmente todos los días, para hacer ejercicio. Incluso los días de descanso, como hoy.

¿Los héroes tenían días de descanso?

Aparentemente los tenían. Había sido una celebración monumental que Todoroki y Midoriya se casaran, aunque el crimen no descansaba, aparentemente ellos y los aledaños obtenían un permiso especial para la celebración. Y otros héroes se encargaban de los asuntos importantes, si una emergencia se presentara serían los primeros en ser notificados, Kirishima notó que Bakugou no quería despertarse, sus pestañas rubias aún se movían perezosas por la habitación y se acurrucaba entre las cobijas, convirtiéndose en un ovillo voluntariamente y encogiendo sus rodillas.

Tenía el trasero expuesto. Algo se revolvió en su interior.

Una erección matutina.

O simple amor alocado y descontrolado como solía sufrirlo. Porque el rubio le desorientaba de formas abismales.

―¿Quieres que te haga de desayunar? ― preguntó nuevamente, incorporándose y notando que su cabello era un lio.

―¿Quieres callarte? ― le exigió tapándose los oídos con las manos.

Kirishima sonrió a medias, puso los ojos en blanco y suspiró. Se levantó del colchón porque era evidente que uno de los dos tendría que hacerlo, los músculos de su espalda tenían una ligereza impresionante y sus piernas temblaban un poco por el esfuerzo de la noche anterior, se preguntó internamente si a Bakugou le dolerían las caderas y esperaba que no, aunque si así fuera no tendía problema en cargarle en la espalda a dónde demonios quisiera. Por costumbre se estiró antes de salir del colchón y cuando finalmente pudo mantenerse de pie en el suelo, desnudo, por mero impulso se giró a verle.

Le impresionaba, de una forma muy autentica. Quizá no era capaz de admitir en que momento había caído perdido por él, si había sido algo de una vez, de amor a primera vista o si había construido su obsesión pasó a paso, mostrándose cada vez más amigable hasta el grado en el que había obtenido esto...

Probablemente, si las parejas destinadas existían, significaba que ellos dos estaban sometidos a una ley invisible que los obligaba a encontrarse, pero aquello no tenía sentido porque ambos eran alfas, claro que cuando se conocieron; Kirishima había sentido que tenía la absoluta necesidad de ser su amigo o de servirle, y aquello le desconcertaba, porque años después se encontró a si mismo genuina y profundamente encandilado por todo lo que Bakugou representaba para él. Hasta el más mínimo detalle le calaba en el interior al grado de la adoración, cosa que no le parecía nada enferma.

Y ahora mismo estaba ahí, recostado en su propia cama, con él como invitado, desnudo, cubierto de semen, sin poder dormir, sudando ligeramente, con toda su piel preciosa expuesta su cabello como el lío que generalmente era y sus ojos fríos puestos en la nada, respirando tranquilamente, larga y pausadamente. Su cuerpo trabajaba, se movía, descansaba, perezoso. Podía adorarlo hasta que el mundo se acabara y no se cansaría ni un segundo de mirarle.

De cualquier manera, a cualquier hora, le fascinaba la criatura.

Caminó en cueros hasta la puerta, notó que Bakugou lo seguía con la mirada aunque hacía el intento de no hacerlo y de volver a dormirse, aunque probablemente ya no estaba ni un poco cansado. Pero estaba asustado del siguiente paso…

Kirishima no lo estaba, no lo estaba en lo absoluto, por eso se despertó de buenas, se aseguró de que Katsuki significara lo mismo para él incluso cuando ya hubiera profanado sus entrañas y se movió dispuesto a conseguir el siguiente objetivo, como si fuera un videojuego que llevaba jugando hacía muchísimo tiempo y estaba a punto de cruzar el último nivel. O lo que él consideraba un nivel importante.

Entre sus cajones lo encontró, tenía la misma apariencia que había admirado desde el primer día en que lo obtuvo.

Conseguir aquella caja le había costado, muchos salarios, le había costado; dilemas mentales, físicos y una extrema necesidad de esperar, porque parecía que nunca era el momento indicado para entregarlo, siempre estaba esperando que el día llegara y cuando la oportunidad se le presentaba repentinamente ocurría algo que le hacía retroceder casi envuelto en pánico. Ahora mismo su actitud demostraba todo lo contrario, estaba en vuelto en halo rosa, burbujas pomposas explotaban a su alrededor y la sonrisa no se apartaba de su rostro ni en el más mínimo instante. No tenía porque.

La noche anterior había sido… una maravilla. Para él y esperaba para Bakugou también.

Porque estaba arriesgándose a mucho.

Sin nada de ropa, no tenía donde esconder nada, estaba tan expuesto como la noche anterior. No solo físicamente, de una forma sentimental también, su corazón estaba expuesto abierto, sangrante, latente y listo, con un cuchillo en la mano dispuesto a ser apuñalado si ese era su deseo. Bakugou cargaba constantemente con esa arma, si, con la capacidad de hacerle pedazos con una sola mirada, era tan patética, la forma descarada en la que le controlaba, con una sola palabra podía generar en él todo el cambio.

Y podía aplastarle con el pie hasta dejarlo en el piso y Kirishima aun querría besarle la boca después de comerse el polvo.

Bakugou lo vio de inmediato, abrió sus ojillos de princesa y le fulminó cálidamente, sentándose en la cama, mostrando cierta incomodidad y sujetándose al colchón con las manos.

―¿Sabes qué es esto? ― preguntó Kirishima desde el marco de la puerta

―No es el desayuno… ― susurró apenas audiblemente.

―Definitivo ― sonrió con toda su capacidad ― esto es, lo que viene después de hacer el amor, mi amor.

―No en todos los casos ― frunció el ceño, su voz era apenas un susurró.

Kirishima avanzó un paso hacía la cama. Bakugou no le miraba el cuerpo, le miraba los ojos.

―En el nuestro sí ― le respondió como si fuera una obviedad ― lo de anoche fue fantástico. Y quiero… que haya muchas noches así de ahora en adelante, Katsuki. Noches, días, tardes, cada segundo de mi vida. No, no me es suficiente, nunca me sería suficiente. Te necesito en cuerpo y alma, quiero ser posesivo con respecto a ti… así que, por favor, cásate conmigo.

Dejó que sus manos hicieran todo el trabajo, de todas maneras Bakugou le miraba a los ojos, no prestaba atención a la forma en la que Eijiro con dedos hábiles colocaba en su dedo un precioso anillo plateado con diamantes en el interior, pequeñas hileras que se convertían en trenzas y circundaban todo el anillo hasta convertirlo en una joya diamantada costosa y bella en profundas dimensiones.

Le besó los dedos y por fin Kacchan admiró su mano.

Por supuesto, ayer mismo le había dicho que si iban a casarse, no era un compromiso del que pensara zafarse, no era así de cobarde, en cambio la idea… le excitaba, porque si, aunque le costara con todas las de la ley aceptarlo, amaba mucho a Kirishima. Pero del dicho al hecho… las cosas le caían como un balde, de agua tibia al menos, sorprendido, un poco extrañado, no pudo enfurecerse, ni hacer nada, estaba como paralizado, de piedra, pasaba saliva y Kirishima aún tenía expectativa en su mirada. Dios, que imbécil, como si fuera a decirle que no ¡Lo había dejado estar en su interior! ¿No era eso algo implícito? Estaban tan casados como podían estarlo y seguía queriendo más… sí que era egoísta.

―Sí, bueno… pues si no hay de otra ― murmuró atropelladamente tocándose el anillo.

―¿Si? ― pestañeó con efusividad

―Que sí, cara de…― gruñó recuperando su tono habitual, aunque fuese paulatinamente, mirándose la mano y usándola para empujarle la cara directamente.

―¡Que sí, me has dicho! ¡Nos casamos! ― Kirishima estaba en un grito. Tomó la misma mano, la del anillo, con la que le había empujado ligeramente y la beso, incontables veces, sobre los dedos en la palma, entre las pequeñas líneas de su mano, cada huella dactilar y sobre las uñas.

Bakugou sonrió a medias. Y luego dejó que se le fuera encima.

Convencido de que por fin iban a estar juntos de esa forma, de esa que tenía una boda, trajes bonitos, anillos, un sacerdote y toda la cosa la alegría de Kirishima era un rayo fosforescente que caía por todas partes y manchaba las paredes con escurridizo amor color rosa, permeando cada centímetro de la superficie y mostrándole con atención las venas de su cuerpo, que resaltaban, cuando besaba con efusividad la boca de Bakugou, sin que este se quejara, solo continuaba los besos, le rodeaba el cuello y jugaban a estar desnudos en la cama sin hacer el amor.

El calor de los labios fue solo el inicio, el ritmo aumentó y la tensión se elevó, el erotismo ya le pisoteaba los pies, que por cierto, se mantenían juntos y enredados entre las sábanas, se tomaban de las manos haciendo juego a los anillos de compromiso y como a Katsuki le encantaba le tomaba de los labios y le tocaba los dientes, como si fuera su fetiche. Eijiro iba a decirle que lo amaba cuando se vio atrapado, como por onceava vez en la mañana, por esos preciosos ojos rojos que le hipnotizaban hasta el infinito. Katsuki le miraba atentamente…

―Ya te dejé cogerme ― aseguró sujetándole con fuerza de la mandíbula ― y te he dicho que sí…

Dentro de sus ojos, algo resplandeció.

―Tengo que marcarte.

Kirishima parpadeó. Aun le sujetaba con la fuerza de sus explosivos dedos, hacia solo unos instantes habían estado besándose descontrolada y eróticamente, ahora de alguna forma su corazón había palpitado lentamente, atendiendo confuso a la implícita orden que Bakugou le daba, como siempre las atendía, le observó con intensidad, infiriendo la sensación jugosa que la explicita orden demandaba. Los luceros de Katsuki brillaban con malicia…

La malicia que Kirishima conocía muy bien, esa que relucía como si estuviera volviéndose loco de remate, lleno de posesividad y ansiedad dura. Hasta cierto punto contenida de impregnada altivez y superioridad, no era su rostro apacible y precioso, en cambio, como una ilusión se revelaba frente suyo, Bakugou podía dejar que Kirishima se lo follara, podía casarse con él, pero seguía queriendo imponerse encima de él de una forma u otra, con su dictatorial figura.

Lo enloquecía.

―¿Vas a marcarme? ― preguntó Kirishima, muy seguro de que no se trataba de 'la marca' o el lazo que se hacía a través de una mordida.

El creía que no necesitaban esa marca.

―Voy a mearte. ― Reformuló la solicitud, se lo quitó de encima y se movió turbia y sensualmente hasta el baño.

Kirishima le siguió con la mirada, porque era lo único que podía hacer si se le prestaba de esa forma, desnudo, con las nalgas llenas de una deliciosa sombra rojiza de las nalgadas de la noche anterior, la espalda llena de chupetones y sus piernas estilizadas moviéndose de la forma más seductiva y varonil que el pudiera a penas desear. Ladeó su cabeza, parte para verlo mejor y también para pensarlo mejor, si la humillación para Bakugou era estar bajo su yugo para siempre, él sin problemas podía permitirle esa sencillísima necesidad de darle el lugar de rey que se merecía, como siempre pensaba, no necesitaba que se lo dijeran dos veces, ciegamente seguiría a Bakugou hasta un puente y se lanzaría si se lo pidiera con el tono de voz que fuera…

Pero Katsuki jamás haría eso, porque aunque intentara aparentar lo contrario, lo respetaba profundamente y mejor le amaba con ciega pasión.

Le siguió hasta el baño. Que no era más que un baño normal, con un excusado, un lavabo lleno de jabón y navajas para afeitar y una bañera de tamaño regular con bordes rectangulares, blanca, de mosaicos en las paredes y un solo foco blanco redondo cubierto por un cristal transparente que hacía las de ser un baño elegante. Por lo regular, por falta de tiempo, no usaban la bañera, no lo hacían porque tenían que trabajar, pero si pudieran estaba muy seguro de que arrojarían un montón de espuma y agua caliente mientras se daban suave masaje en la espalda.

Ahora mismo los planes eran otros. Cuando Bakugou vio entrar a Kirishima al baño sonrió con malicia, no tenía intenciones de ser un hijo de puta, pero debía de anteponerse de alguna forma y al pelirrojo parecía no importarle aquella ligera petición de subyugamiento que en realidad aparentemente era algo muy simbólico para ambos. Además, estaba seguro de que tarde temprano terminaría con los dientes de Eijiro clavados sobre su espalda o cuello de forma psicológica, así que esto realmente no era nada más que un capricho…

No tenía el fetiche, pero si tenía la manía de sentirse superior, incluso frente a los que sabía que le rebasaban y no por niveles de fuerza. En cuanto a sentimientos Kirishima estaba muy por encima de lo que él realmente quisiera admitir. Suspiró.

Ladeó la cabeza y notó que iba a seguir sus ciegas órdenes. El pelirrojo se metió en la tina, se sentó en ella, recargó su espalda justo al lado de la llave de agua y le miró desde abajo.

Levantó el mentón, encandilado. Entró también y se mantuvo de pie, frente suyo. Ya la encantaba estar así de arriba, mirándole desde ahí, le daba una buena sensación de superioridad que era demasiado deliciosa, Kirishima le miraba con tanta atención, sus ojos eran dos libros abiertos, rojos y perfectos. Iguales a los suyos, que extraño que dos personas con ese mismo tono de ojos pudieran encontrarse y encima amarse tan desesperadamente como se suponía ellos lo hacían. Continuamente Bakugou pensaba en la forma de su amor…

Aunque jamás lo admitiría.

―No te necesito ― le habló en voz baja, pero cortante.

Kirishima sonrió a medias.

―Ya lo sé.

Quiso ponerse de rodillas y besarlo, pero se obligó a continuar. Tomó un poco tímido su miembro y apartó sus ojos, no estaba seguro de lo que seguía y estaba poniéndose nervioso, porque le temblaba un poco el brazo y el líquido estaba tardando en salir más de lo que estaba acostumbrado. Quería empaparlo, probablemente la cara no, porque tenía ganas de besarlo, pero verlo abajo suyo, pero mancharlo un poco… no debía excitarse, de hacerlo no podría continuar con la acción. Se mordió el labio e intentó apuntar.

Kirishima cerró los ojos, estaba intentando fervientemente mirar a Bakugou desde abajo, pero también se dio cuenta que el rubio estaba un poco nervioso. Seguramente jamás había siquiera contemplado hacer algo así y ahora aquí estaban, convirtiendo su mañana postsexo en una extraña escena kinky de dominación, palabra que definía a Bakugou con cada letra, y Kirishima estaba encendido por su prominente esclavitud, su desastre de emociones y la forma en la que juraba ser más que él y al mismo tiempo se sonrojaba penosamente cuando le miraba, porque estaban enamorados.

El líquido llegó, no lo esperaba, en realidad, suspiró o jadeó cuando Bakugou por fin comenzó. Le apuntó en el pecho y llegó de forma lenta, cálida y tortuosa, se expandió primero encima de sus bíceps, mojándole casi por completo, luego muy cerca de sus clavículas y creando un charco pequeño y amarillo bajo sus piernas, tocándole los dedos de las manos. Su rostro estaba en éxtasis, le miraba, con los ojos entrecerrados y mordiéndose el labio, había vergüenza pero también descontrolado deseo. Kirishima comenzó a sonrojarse, tenía en la punta de las uñas una sensación muy extraña, llena de ansiedad, de sentirse bañado en el líquido dorado y caliente que brotaba de sus entrañas de forma incesante.

Las últimas gotas cayeron muy cerca de su hombro y Kirishima tuvo que morderse el labio y reprimirse a sí mismo de tocarse el pecho para esparcir o quitarse aquel líquido.

El rubio suspiraba ruidosamente, ya no le miraba, tenía los ojos cerrados y el rostro perdido en dirección al techo, la boca un poco abierta y la mano aun sujetando su miembro. Se dejó caer, de rodillas, encima de su cuerpo, pegándosele como sanguijuela, recargó la mejilla en su hombro, le abrazó, como si fuera un peluche, no le importó nada y se pegó a él con toda su necesidad palpitante.

Enredó sus brazos en el cuello y restregó su miembro en primera fase de erección varias veces contra él. Estaba excitado, avergonzado y muy en sintonía con su pareja.

Kirishima correspondió su abrazo. Levantó la mano un poco para abrir la llave del agua y dejar que agua limpia sacara de sus cuerpos ese líquido…

―Házmelo a mí ― suplicó Bakugou contra su oreja, duro y excitado, suplicante, hiperventilando.

Y Kirishima nunca había tenido más ganas de hacerle lo mismo que en este instante, de nuevo… la forma más clara de admitir que por más que buscara sentirse superior al final del día uno era Dios del otro y de igual forma para cada uno. Si uno se ponía encima del otro, de inmediato iba a buscar que le hiciera lo mismo, o quizá tenía el fetiche u ambos. Como fuera, el agua caliente llegó y Eijiro lo hizo, porque tenía ganas de hacerlo, la idea le encantaba y porque Katsuki se lo había pedido.

Y porque estaban muy enamorados y hacer algo así no significaba nada, pero significaba muchas cosas.


Coincidían en algo, aparentemente, habría sido mejor comprar su propio departamento y vivir un poco más cerca de la ciudad, de modo que a ninguno de los dos se les complicara tanto acercarse a su trabajo por las mañanas noches o cuando fuera necesario, en caso solo de llegar a la central, porque si se trataba de una alerta al crimen el lugar donde se encontraran era poco importante, tenían que llegar y punto.

Pero, aparentemente, era un problema grave que a estas alturas a uno de los dos le costara más trasladarse; porque tenía una necesidad absoluta de permanecer en casa el más tiempo posible, ya que el otro estaba aislado por completo. Y no, no se sentía solo ¿Cómo podría estarlo? Había muchas sirvientas en todas partes, incluso cuando no estaba buscándolas una que otra mujer se encontraba limpiando por ahí y mirándole con grandes ojos llenos de interrogantes, pero sin atreverse a decir nada… y estaban sus nuevos hermanos, los cuales le cuidaban en todo momento y buscaban llenar sus necesidades cualquiera que estas fueran.

Incluso habían sugerido trasladar su dormitorio al edificio central de la casa durante la temporada. Midoriya se rehusó a esto. Había muchas cosas que esperaba viviendo en la casa de los Todoroki, pero cruzarse con Endeavor demasiado era algo que no le encantaba. Seguía prefiriendo mantenerse un poco solo en su villa dentro de la residencia, solo separado de los demás por un gran jardín.

El problema era que Shoto estaba ausente un largo tiempo y él no podía salir, por ello la gente comenzaba a creer que sería mejor permanecer cerca de la familia. Incluso su madre le comentó el mudarse a la casita, o que él regresara por una temporada al departamento que ambos habían compartido. Pero Izuku se rehusó, ya necesitaría bastante ayuda de ella después, por ahora podía valerse perfectamente por sí mismo.

Y hacía calor.

Él tenía más calor que nunca.

Nadie le dijo que haría tanto calor.

Al otro día de la noche de bodas, despertó con una incomodidad grande, pero también con un sentimiento de relajación absoluto, los músculos de Todoroki le cubrían casi por completo el cuerpo menudo y destilaba un olor agradable de feromonas que le hacía sentirse de una forma complacida, permanecieron así un buen rato, hasta que les fue imposible revolverse más en la cama y tuvieron que abrirle a la sirviente que había traído el desayuno para ambos.

A la semana, cuando salieron de su aislamiento, las cosas se fueron acomodando lento, como si se tratara de una torre de bloques infantiles, primero, besarse todo el tiempo y contemplar a futuro la idea de estar casados como un buen castillo de marfil, precioso e inconmensurable, su felicidad resplandecía. Aparentemente el primer día que salieron de su voluntario encierro a lo 'luna de miel' la suerte les deparaba el inesperado encuentro con Endeavor. Poco antes de encontrarse con Fuyumi…

Movió suavemente sus fosas nasales, como buscando un rastro y con sus siempre brazos cruzados tocó con cuidado el yukata sencillo que Midoriya vestía, buscando, a tientas, la marca en su cuello. Hinchada, porque era reciente, de la semana anterior, y según palabras de su madre: muy bonita. A Izuku también se lo parecía, pues no era tan grande ni tan profunda, pero se marcaba con mucho cuidado en su cuello y revelaba el vínculo intenso entre ambos.

Endeavor frunció el ceño.

―Así que llegaron hasta el final ― supuso pútridamente.

Midoriya se sonrojó. Solo segundos antes de que la pálida mano de Todoroki apartara de un manotazo la de su padre, quizá por el simple hecho se sentir demasiada proximidad de parte de otro alfa a un lugar que representaba un lazo demasiado íntimo, o tal vez porque seguían demasiado latentes los problemas emocionales de ambos.

―No lo toques ― le advirtió determinadamente.

―¡Fuyumi! ― llamó el padre de Shoto en un grito.

La hermana de Todoroki apareció por el pasillo, con una sonrisa medianamente preocupada y un atuendo casual que revelaba la pacifica imagen en la que la estancia se encontraba. Solo perturbada por el grito de su padre, se acercó tímidamente mirando a la pareja de recién casados, pero prestando suma atención a lo que su progenitor estaba por ordenarle.

―Ayuda a ese omega con la marca, está hinchada y lleva una semana, no es normal. ― se giró con magnificencia y se perdió de vista por el pasillo hasta la salida.

Finalmente Izuku pudo suspirar.

Por supuesto que no había tono de duda en su voz y por ende Fuyumi se mostró tan preocupada como Shoto, en un solo instante le habían convencido de ir al baño y revisar la herida, entre ella y otra sirvienta que se hacía llamar la líder de limpieza, a Midoriya le hubiera encantado recordar su nombre, pero a su memoria le era inútil. Amablemente le desnudaron y trataron con sumo cuidado la lastimada piel de su cuello. Shoto miraba todo desde la puerta y por más que buscara ocultarlo se veía preocupado. Por supuesto que hasta ese momento ninguno de los dos había puesto en tela de juicio que a la marca se le debiera tratar de ningún modo pero Fuyumi aseguró que en algunos casos incluso se debía de visitar al médico.

Pero al parecer no era el suyo, era una herida hinchada, un poco descuidada pero bien, dentro de un proceso de cicatrización relativamente normal. Izuku se vendó el cuello.

―Comenzaba a creer que nunca saldrían ― Fuyumi dejó una tacita de té encima de la mesilla y se sentó al lado de los dos, mirándolos fijamente con una sonrisa honesta ― ha pasado una semana desde la boda, el teléfono no ha dejado de llamarles. Esperaban que solo se tratara de tres días a lo mucho…

―También nosotros ― se excusó Izuku avergonzado ― se nos fue la mano…

―Lo noto ― levantó su derecha por encima de la mesita de madera y apretó con cariño los dedos pequeños y lastimados de Midoriya ― no se preocupen, en cuanto estén listos para reanudar sus actividades estaré feliz de aportar mi ayuda a la nueva rutina.

Fuyumi había sido la madre que Shoto perdió y la madre que Izuku necesitaba en ese nuevo hogar, donde todo le era desconocido y los encuentros con el padre de su alfa, aunque escasos, se daban más de lo que él habría deseado. Por supuesto su apoyo se había convertido en algo trascendental, porque tal como lo pronosticó a la semana volvieron a su rutina de superhéroes por lo menos dentro de los nuevos parámetros establecidos y cuando el encuentro con el padre de Shoto se dio nuevamente ya era demasiado evidente para ocultarlo, aunque Midoriya en ese instante aún no era plenamente consciente.

No sabía, ni quería saber, que clase de conocimientos increíbles tenía el hombre para notar cosas a simple vista, así como observó que Shoto se convertiría en uno de los mejores héroes apenas lo vio nacer, sus ojos solo tuvieron que cruzarse con los de Midoriya una vez más durante ese mes para que le volviera a ordenar acercarse a Fuyumi.

Midoriya tomó el abanico de madera de bambú con bordados de oro y abaniqueo su rostro, por encima de su nariz y en el cuello, el sudor de su nuca comenzaba a picarle. Estaba acostumbrándose a esos súbitos calores que le daban, después de todo era primavera, pero había momentos en que la intensidad incluso le impedía moverse del pórtico de la casa aunque fuera para remojar los pies en el lago.

―¿Por qué estás vestido así? ― preguntó Shoto acercándose a paso ligero pero firme, saliendo del pasillo que conectaba la casa principal con su ala del terreno.

Midoriya le sonrió desde el piso. Shoto estaba vestido como héroe todavía.

Le recorrió con la mirada, tenía encima una bata de seda color lila con un bordado de flores blancas casi irreconocibles por lo esparcidas que se encontraban entre ellas. Abierta hasta casi la mitad del pecho apenas le llagaba por encima de las rodillas, no estaba seguro de si había algo debajo de la bata, si no era así, mejor para él. Pero no dejaba de sorprenderse. Izuku solía ser más pudoroso.

―¿Tienes tanto calor? ― preguntó tomándole el abanico y esparciendo aire sobre sus verdes cabellos ―¿Estás aburrido?

―Shoto-kun ― suspiró Izuku cerrando sus ojos y mirándole con una sonrisa incipiente entre sus carnosos labios ― estoy bien. ¿Cuántas veces debo decírtelo?

Se puso de rodillas, tomó la mano pálida de Izuku entre las suyas y la apretó ligeramente, no dejaba de mostrar un poco de preocupación y un ligero atisbo de celos al encontrarlo tan expuesto y desnudo en medio del jardín, celos de cualquier organismo viviente que fuese capaz de encontrarse con una imagen tan celestial como lo era su omega. No dejó de abaniquearle, porque parecía disfrutar bastante de este acto e incluso comenzó a sentir el mismo la agradable brisa del aire.

―¿Qué tal el trabajo? ― preguntó Izuku recargándose contra la madera del piso

―Nada grave ― sonrió tomando asiento a su lado ― las personas preguntan por ti, la farsa del viaje no va a durar mucho más.

―Solo lo suficiente, espero ― se encogió de hombros ― fue un plan muy elaborado ese de convencerlos del viaje de investigación a otro país para combatir una organización criminal de villanos que operaba en el interior. Es perfecto para mantenerme encubierto…

―Sí, pero ya han pasado veintiún semanas ― no lo decía por meter presión, contrario a eso el número le sabía dulce y sus ojos resplandecían con un brillo especial cuando caía en cuenta.

―Desearía ver a All Might ― comunicó Izuku con un semblante triste.

―Falta poco ― le aseguró sinceramente besándole la corona de la cabeza ― podrás ir a verle al hospital en un par de meses, no te preocupes. Él está bien y entiende que no lo hayas podido ir a ver… he hablado con él. Nos manda buenos deseos, a los tres.

Midoriya sonrió, le gustaba el tacto de su alfa, cuando pasaba sus dedos suavemente por sus enredados cabellos y le acariciaba la mejilla como si intentara contar las pecas que se esparcían descuidadamente por su rostro, unas encima de las otras, graciosamente. Le gustaba su calor, no el calor de la primavera, le gustaba el aroma de su alfa, tan protector, heroico, fuerte, familiar, comprensible, la forma en que sus labios apenas se curveaban para sonreír y le besaban con frecuencia sobre la frente y sobre la punta de la nariz, mientras sus manos se deslizaban por cuidado entre su ropa y delicadamente delineaban las redondeces de su cuerpo.

―Ah, casi lo olvido, ha llegado esto en el correo… es para ti y para mi ― Shoto sacó de su bolsillo un sobre pequeño y rectangular de color blanco nacarado, que extendió a Izuku, aun recostado de forma cuidadosa.

El omega lo tomó entre sus manos sin muchas ganas de curiosa en él, cuando se percató que efectivamente tenía los nombres de ambos escritos en la esquina con una letra elegante que no pudo reconocer.

―Parece una invitación ― murmuró Shoto pegando su oreja en el vientre de Midoriya y desviando por completo su atención, con ganas de tomar una siesta larga.

Izuku notó que no mentía así que no reflexionó más y abrió el sobre de forma que el pegamento no estropeara los bordes y así pudiera hurgar en su interior, tal como esperaba se trataba de un invitación, que no era ni por asomo muy elegante, pero seguía cumpliendo con su funcionamiento y era lo importante. En el interior resaltaba un rectángulo de un papel más grueso doblado por la mitad, e impreso con letras negras en cursiva. Leyó.

Una vez y luego dos veces.

Se levantó tan pronto como pudo para enfocar mejor su atención y Shoto salió disparado por su brusquedad.

―¿¡Eh!? ― Gritó palmeando la invitación como si eso pudiera darle las respuestas ― ¿Una boda? ¿Cómo? ¿Una boda?

―¿Quién se casa? ― preguntó Todoroki sobándose un costado de la cabeza

―¡Kacchan! ― le mostró el papel a Shoto, casi restregándoselo en los ojos

Todoroki parpadeó un par de veces y luego tomó la invitación para verlo con sus propios ojos. Por supuesto; le sorprendía, no tanto para pegar un grito como su omega, pero sin duda no esperaba, por lo menos este año, obtener una así y mucho menos una de Bakugou y Kirishima, pues solo había pasado medio año desde su boda, probablemente habían sentido el peso del tiempo caerles o el pesado de Kirishima había conseguido que Bakugou se rindiera a sus ideas románticas. Como fuese, no le molestaba, le sorprendía, pero le encantaba la idea. Y no tenía nada que ver con una sombra persecutora de celos que debía de haberse extinguido hacía, por muy mínimo, un par de meses.

―¿Por qué te sorprendes tanto? ― Preguntó Todoroki a Midoriya, que balbuceaba de forma inteligible ― No era obvio que iban a terminar juntos ellos dos, ¿es porque son alfas?

―Bakugou jamás podría terminar con un omega ― frunció el ceño como si esa respuesta fuera obvia ― entre dos alfas, no es raro ¿verdad? No es por eso, yo ya sabía, hace mucho… incluso tal vez antes que ellos, estaban destinados y todo eso, ¿Quién más podría aguantar de esa forma a Kacchan? Quiero decir, sabes a lo que me refiero, lo que me sorprende es… que hicieran invitaciones y todo eso para que los acompañáramos en la boda civil.

―Seguramente Bakugou se dejó influenciar por Kirishima, él parece más de los que se dejan llevar por esas cosas ― intentó encontrar una explicación lógica a aquello, pero eso no parecía convencer a Izuku.

Guardó silencio por unos instantes.

Después sonrió.

―No, no es por eso ― concluyó ― es porque se quieren mucho. También… no podremos ir, pero enviemos un regalo ¿vale?

Se recostó nuevamente sobre el piso de madera. El calor le cubrió nuevamente poco antes de que su alfa le rodeara entre los brazos nuevamente, miró al exterior, el verde pasto y el agua cristalina de los estanques, con reflejos rosados de los árboles de cerezo en su máximo esplendor. Todo aquello, sí que tenía gracia. Estaban terminando la primavera, las flores rosadas caían pintando toda el agua y el piso, justo como a Kacchan le gustaba.


N/A: Estoy muy avergonzada por la demora, pero espero que sepan perdonarme y les haya gustado este nuevo capítulo, definitivamente estoy muy contenta con las tres escenas descritas, me han parecido exactas. Pero, por si no ha quedado implícito, en la última hemos dado un salto temporal lleno de flashbacks donde ya han pasados seis meses e Izuku tiene 21 semanas de embarazo, lo que era su objetivo, como vimos en el primer capítulo.

Muchas gracias por sus reviews, espero que sigan gustando de la historia y se animen a comentar si les ha gustado.

¡Un abrazo!