Disclaimer: Los personajes no son mios, pertenecen a la saga Crepúsculo. Solo los tomo prestados para protagonizar una historia que imaginé.


Química

Una extraña experiencia une sus caminos. El, nunca olvidó a la niña cuyas palabras cambiarían su vida. Ella, creyó que jamás volverían a verse, pertenecían a mundos totalmente distintos. El destino cruzará sus caminos nuevamente y de la forma más inesperada. No será fácil para ellos explicar la extraña química que parece unirlos.


Capitulo 2

Romeo y Julieta

"….-lo siento –dije sin levantar la vista, sintiendo mis mejillas enrojecer.

Intenté retroceder, pero trastabillé y una mano delgada y fuerte me sostuvo del costado mientras me afirmaba, intentando nuevamente dar un paso hacia atrás y esconderme adentro de cualquier cosa que encontrara cerca.

-esta bien, no me hiciste daño. –dijo en respuesta la voz suave y profunda de un muchacho.

Levanté la vista de las ropas del chico, cuando me di cuenta que eran las mismas que había visto minutos atrás y mi corazón se saltó un latido al encontrarme con su rostro…."

.


Bella.

¡Dios! ¡Tenía un rostro perfecto!

Su rostro pálido se veía algo sonrojado, sus labios tan rojos, una nariz recta, la mandíbula perfectamente marcada, y unos rebeldes mechones rubios con reflejos cobrizos que caían por su frente.

Los apartó con un grácil movimiento de su delgada mano.

- ¿Eres nueva no? El ensayo es por este pasillo, al fondo… -indicó el chico, con una sonrisa que no pude dejar de mirar como una boba. -seguro estas perdida.

-yo...este, sí… -tartamudee, mientras seguía mirando aquella sonrisa como una idiota.

Mi cerebro, por alguna razón, se negaba a armar una frase coherente.

- Tony dijo que hoy llegarían los "refuerzos", -añadió, enfatizando las comillas con sus largos y pálidos dedos.

No tenía idea de quién era Tony. Me di cuenta de que el chico me confundía con alguna persona que tenía que llegar y estaban esperando, pero mi boca seguía negándose a responder algo coherente.

-¿Vamos? ya deben estar comenzando. –dijo, señalando la gran puerta doble de madera, de donde antes había oído que provenían los murmullos, a escasos metros frente a nosotros.

Asentí y comenzamos a caminar por el pasillo.

-¿ y tu nombre es? –preguntó, mirándome de nuevo con curiosidad.

- Marie.

Ese era mi segundo nombre, común y desconocido.

- Mucho gusto Marie, mi nombre es Edward. ¿Ya sabes cual será tu personaje?

- no...yo… en realidad solo vengo a conocer el teatro...yo...no…

¡Maldita parálisis de lengua!

No sabia que decir, estaba pegándome mentalmente y preguntándome qué rayos se suponía que estaba haciendo allí cuando un grupo de chicas y muchachos nos alcanzaron, apresurados, en el momento en que llegamos la puerta. Detrás de ella se oía claramente un ensayo.

-¡ED! -saludó uno de los chicos con un gesto, acercándose. Edward se volvió y estrecharon sus manos en un gracioso saludo inventado.

- ¡Montesco! –exclamó, ahora Edward, alzando la mano y saludando con tono burlón a otro muchacho de cabellos castaños que estaba un poco más atrás.

- ya...Romeo deja de alardear ¿quieres? –bufó el chico, casi entre dientes y algo molesto. Otro al que no le gustaba ser el centro de atención.

- ¿Tu eres Romeo? pregunté.-asombrada por la información que, recién notaba, había recibido.

- sip, lo soy. Mientras no aparezca alguien mejor...-dijo en tono resignado.

Una de las muchachas que venia en el grupo me miró despectivamente al verme hablar con Edward, recorriéndome de arriba abajo con una sonrisa burlona en los labios. No hacia falta que hablara para que su mirada gritara: ¿y tu quien eres "poca cosa"?

Ni siquiera me incomodó. En cambio, mi extraña mente seguía pensando en lo que Edward me decia. Si bien los protagonistas originales de la obra tenían 15 años, salvo en las representaciones de la escuela, no había visto ni me imaginaba ver a un protagonista tan joven... en un teatro.

- te ves algo joven –comente. Sin pensar mucho en lo que mi boca hacia -¿no es hoy el estreno?

- aja,

- ¿y por qué dices eso de "hasta que aparezca alguien mejor"? ¿No eres fijo en el personaje?

- No, es que…este es un teatro tan poco importante...que realmente importa muy poco quien hace qué en cada obra... tu suerte puede cambiar de un momento a otro, -quiero decir, puedes pasar de ser casi un apuntador a protagonista según la necesidad… mas vale no encariñarse con un papel.-explico, alzando los hombros.

- ¿entonces? ¿No te lo tomas enserio, eh?

-Me da lo mismo.

- no debería.

Sus perfectas cejas se alzaron, interrogantes, ante mi repentina seriedad, seguramente esperando a que le diera alguna explicación por el repentino tono severo que habia tomado. Su profunda mirada mi hizo titubear un momento, pero lo tenia muy claro…

- perdóname, es que no estoy de acuerdo, puedes ser el paje, o Romeo, pero si te gusta la actuación… creo que simplemente te lo tomas enserio.-dije con absoluta convicción. – y noo importa si la obra es en una plaza o en Brodway, si te gusta lo que estas haciendo…solo dejas el alma en ello, aunque tu parte sea solo de dos palabras…

Vale, ya me había mandado uno de mis discursitos y ahora Edward me miraba fijamente.

"¿No puedes ¿ verdad? ¿Dejar tu bocota cerrada por una vez siquiera Isabella?" –grito mi, siempre demasiado despierta, conciencia.

Una sarta de auto reproches mentales estaba comenzando a subir el volumen cuando vi el asombro cruzar en sus impresionantes ojos verdes, que ahora me observaban con una intensidad insoportable.

(¿Los había mencionado verdad? Este chico tenía los ojos verdes más impresionantes que había visto en toda mi vida.)

- ¿que?

Mi súbita verborrea desapareció, intimidada con esa mirada.

- Realmente tienes mucha convicción para lo pequeña que pareces –dijo, esta vez con un dejo de curiosidad, mas que el reproche que hubiera esperado.- ¿cuantos años tienes, Marie?

- trece.

Bajé la vista, avergonzada. El parecía claramente mucho mayor que yo. Era una niñita a su lado.

"-Una niña con la boca demasiado grande."- Maldita conciencia.

- No tienes de que avergonzarte Marie, es solo que… me has sorprendido. ...me resulta asombroso… no conozco a nadie de tu edad que piense de esa forma. Creo que llegarás muy lejos si mantienes esa convicción.-dijo, con absoluta seriedad.

Sus ojos seguían clavados los ojos en los míos, y sentía como mis mejillas estaban al borde de desaparecer, incineradas por el fuego que las quemaba. Bajé la vista otra vez, tratando de escapar de aquella extraña sensación, pero ahora, sus largos dedos me sostenían por la barbilla, haciendo que lo mirara directo a sus impresionantes ojos.

- Lo digo enserio.- dijo, con una expresión que hizo a mis rodillas debilitarse.

- Grr rracias.. -Musité.

La puerta se abrió, y un hombre maduro y con algunas canas que daban un agradable tono gris a sus cabellos desordenados, se dirigió hacia nosotros. Rápidamente retrocedí, ocultandome casi detrás de Edward.

-¡Edward! ¿Se puede saber que haces todavía allí? ¡Ven muchacho, ya hemos repasado algunas líneas secundarias y queremos comenzar con el ensayo sin cortes!

- Hola Tony, buenos días para ti también... Yo…ya voy. –dijo, y se volvió hacia mi.

- Discúlpame, hablamos luego Marie.

.

No pude evitar observar sus movimientos felinos mientras Edward trotaba hacia delante, y se sumaba al grupo de personas que estaba allí. Me sonrió con amabilidad desde el frente,y sentí que mis piernas otra vez dudaron un momento en sostenerme.

Ese chico era realmente lindo.

Miré un poco alrededor, buscaba un hueco donde escabullirme y observar el ensayo sin llamar la atención.

Me di cuenta de que estábamos en la sala principal del teatro, y me entretuve un poco observando los palcos y las decoraciones en el alto y redondeado techo. Lamenté no tener mi cámara de fotos conmigo, era un hermoso teatro, y la vista algo antigua y abandonada del exterior no se comparaba para nada con el lujoso interior.

- ¿Dónde esta Kate? -Preguntó de repente el hombre que había llamado a Edward. Parecía ser el director de la obra. Tony - recordé.

-Ella no ha llegado aun, -respondió una de las muchachas, - y la verdad creo que no vendrá, anoche no se sentía bien.

Tony arrugó la frente en señal de disgusto, y antes de que preguntara algo más, el sonido de un teléfono celular invadió el recinto. Lo oi maldecir mientras rebuscaba en los bolsillos.

-Hable – contestó con tono seco, casi un gruñido, colocando el móvil en su oreja. - Kate ¿qué dices?... ¿Cómo que tienes que guardar cama hasta mañana?... ¡Niña ¡¿te das una idea de como nos comprometes? ¡Eres Julieta por Dios, mujer, ¿olvidaste que el estreno es hoy?

El hombre estaba visiblemente exasperado, caminaba en círculos pasando una mano por sus cabellos grisáceos desordenándolos aun más. Se veía realmente disgustado por lo que estaba escuchando. El murmullo de voces disminuyó y todas las miradas estaban sobre él ahora.

-bien... si, veré como lo solucionamos... tú, mejórate... si, sí...nos vemos en el ensayo de la tarde...el martes… adiós.

Tony se quedó unos momentos en silencio, su ceño seguía fruncido y vi a Edward acercándose a él con movimientos cautelosos.

-¿Que pasa Tony? ¿Pasó algo con Kate?

- malas noticias Romeo, Kate tuvo una intoxicación alimenticia y su medico dice que tiene que guardar reposo al menos hasta mañana al mediodía. No vendrá al ensayo, mucho menos al estreno.

-¿y que vamos a hacer? ¿Reemplazar a Julieta? No me digas que tendremos que suspender…

- NO, no, chico, aplazar el estreno no es una opción… lo que deberíamos es reemplazarla, pero no tengo a nadie en mente aun…Espero que alguna de estas chicas nuevas que vendrían hoy se sepa el libro lo suficiente como para arriesgarnos... –dijo, como si de repente lo recordara. -mover personajes con tan poco tiempo no es conveniente... ¡rayos!

- bueno, una de ellas ya esta aquí, -dijo Edward señalándome.

Sentí que me iba a desmayar cuando vi los ojos de Tony mirar en mi dirección. El hombre estaba escrutándome con el ceño fruncido, me miraba como si nunca en la vida me hubiera visto... (Lo cual era cierto).

Involuntariamente sonreí en respuesta a la hermosa sonrisa de Edward, y él me hizo un gesto con la mano de que me acercara.

-¡Marie! ven un momento. –le oi decir un segundo después…

Cuando oi su voz, me di cuenta de que ya no tenia escapatoria. Tendría que haber pensado que algo así podría suceder luego de lo que me dijera en el pasillo… y tendría que haber dicho que yo

"-y tendrías que haberlo hecho antes, en vez de seguirle la corriente".

De todos modos me acerqué.

- Hola niña, la verdad es que no recuerdo haber hablado contigo antes...- dijo Tony, rascando un poco su nuca y recorriéndome con una mirada evaluadora, en la que claramente mostraba que no era lo que esperaba ver...

- Es porque yo...-empecé a explicar, pero él me interrumpió.

- Mira, chica, lamentablemente hoy no tenemos tiempo para presentaciones formales ni explicaciones, así que ¿Marie es tu nombre? Mejor vamos al grano: ¿conoces la obra?

- si,

- bien, porque estamos retrazados ¿necesitarás el libreto?

- bueno... me se algunas líneas pero...-otra vez no me dejo continuar…

- vale, no hay tiempo para timidez. Úsalo, de todos modos tendrás cerca al apuntador. Veremos como te va en el ensayo.

- está bien.- dije, resignada.

El hombre me entregó un libreto y golpeó las manos, logrando un súbito silencio y todas las miradas sobre él.

-Atención, haremos una pasada completa sin cortes en lo posible, probaremos a Marie en el personaje de Julieta y si va bien luego tendremos el ensayo final con el vestuario. -Anunció para todos, y yo sentí que iba a desaparecer.

¿En que estaba pensando cuando decidí entrar a husmear?

En los siguientes minutos hubo un gran despliegue de actividad mientras todos buscaban sus posiciones y la obra comenzaba a rodar. No me podía creer lo que estaba haciendo.

Yo era tímida, no es que había entrado a la carrera actoral por mi propia insistencia, alguien me había descubierto y estando allí descubrí que era lo mío, pero odiaba las multitudes, ser el centro de atención y sobre todo sentirme presionada.

Por alguna razón que desconocía todavía, estaba cometiendo la más extraña y delirante locura que pudiera haber imaginado. Estaba nerviosa, y por primera vez en mucho tiempo, las manos me sudaban de los nervios.

Las pasé repetidas veces por las piernas de mi pantalón, mientras respiraba profundamente, tratando de calmarme.

No tienes por que temer Bella, eres una profesional en esto. -me decía a mi misma una y otra vez, dándome valor. Además, tendría un libreto en mano porque era nueva y el apuntador estaría atento a mis líneas.

-vale Bella, tu puedes con esto, has hecho cosas mucho mas difíciles antes...-me dije cuando llegó mi momento de entrar al escenario.

Mis zapatos deportivos retumbaron en aquel suelo de madera lustrada mientras me acercaba para mi parte en el papel.

Entonces me sorprendí: actuar con Edward resultó ser asombrosamente fácil. Algo fluía entre nosotros en el escenario, haciendo que la obra corriera de forma natural, como si fuéramos realmente Romeo y Julieta, o nosotros mismos teniendo simplemente una charla, era como si nos conociéramos de años.

Me dejé llevar, como cuando leía una historia que me gustaba y me sumergía completamente en ella. Tan concentrada estaba en nosotros, en los diálogos y lo que estábamos haciendo, que no me había percatado del silencio que reinaba en la sala. Hasta que en el último verso, todo el grupo que nos observaba estalló en aplausos.

- Definitivamente ustedes tienen química muchachos – nos dijo un Tony conmovido, poniendo sus manos sobre el hombro de cada uno.

Edward y yo nos miramos asombrados, algo sonrosados, y claramente sorprendidos por lo que había sucedido minutos atrás. Dándonos cuenta en ese momento de que el ensayo no había parado, ni una vez, desde que entramos a nuestros papeles… que yo ni siquiera había usado el libreto.

Todo. Incluso los besos que tuvimos que darnos, se habían sentido cómodos y naturales entre nosotros.

No pensé en las implicancias que tenía aquello hasta las siguientes palabras de Tony:

-Marie, serás Julieta esta noche.- dijo, restregando sus manos. Una sonrisa de satisfacción cruzaba su rostro ahora, y el aire se atragantó en mi garganta.

Sentí que se me iba el corazón en taquicardia.

- pero...yo... no puedo…porque...-me aterré. Intentando aclarar todo aquello.

¡Lo que estaba sucediendo estaba terriblemente mal! ¡Yo no podía actuar en esa obra!

La desesperación me invadió, pero las palabras no venían a mi boca.

Si les decía la verdad, y aun así me lo pidieran, sabiéndolo, no podría hacerlo de todas formas. Mi agente me mataría si se enterara, o los demandaría… y si no les dijera la verdad, no encontraba una forma decente de safarme, de explicarles... Supe que era muy tarde cuando vi las miradas de alivio y entusiasmo de todos los que estaban alli porque tendrían su estreno esa noche. …

El hombre siguió hablando sin notar mis desesperados intentos de decir algo.

- oh, no, si que puedes, claro que puedes ¡has estado maravillosa Marie! no creo posible que otra de las muchachas se aprenda el libro tan rápido. tienes muchísimo talento muchacha, estoy muy seguro que llegaras lejos si decides dedicarte a la actuación. –dijo, con evidente entusiasmo marcando su voz.

Me ruboricé otra vez y baje la vista. Esta vez no era vergüenza: me sentía tremenda mentirosa ¡si tan solo supiera!

Edward pasó una mano por mis hombros en un gesto de apoyo, él también estaba interpretando equivocadamente las cosas. Mi súbita palidez era de miedo, si, pero no justamente al papel de Julieta, sino a la farsa que se estaba montando sin que pudiera manejarla.

El calido apretón de su mano en mi hombro hizo que buscara su mirada y le sonreí. Algo en su rostro terminó de decidirme, -después de todo estaba de vacaciones-, realmente no tenia nada mejor que hacer ese domingo por la noche. Podía hacerlo si quería.

Lo que no podía era decirles que en realidad yo era Isabella Swan, y me apenaba un poco lo que había creado con mi silencio.

- aquí estaré. -dije, confirmando mi actuación.

- Bien, me alegro por ti, -dijo Tony con satisfacción.- ahora haremos el ensayo con el vestuario.

Edward me guió hacia los vestidores.

- eres muy valiente, Marie. –comento mientras me señalaba el traje de Julieta.

- no, no lo soy, si fuera valiente hubiera tenido el valor de decirle que no puedo hacerlo.-replique. Odiando la imagen que se estaba haciendo de mi.

- ¿por que crees que no puedes hacerlo? estuviste mas que genial ahí arriba.-dijo, mirándome con intensidad.

- ya no importa.- replique, encogiéndome de hombros y buscando con la vista algún cambiador vacío donde vestirme.

¿Que iba a decirle?

¿-Mira Edward, no puedo hacerlo porque la verdad es que soy una estrella incipiente de Hollywood, estoy bajo contrato hasta que se estrene mi película y además, lo que ganen aquí en toda una temporada con la obra no pagaría ni una hora de mi trabajo? -O no, mejor: ¿-Lo siento, sucede que me peleé con la niña de mi madre esta mañana y caminé sin rumbo por una ciudad que no conozco y por eso aparecí aquí, luego te vi entrar y me dio curiosidad y me escabullí a ver el ensayo porque estoy tan obsesionada que me sé Romeo y Julieta de memoria…?

.

Dos horas después nos despedíamos alegremente en la puerta.

Edward se ofreció a acercarme hacia algún lado cuando vio que nadie me esperaba, pero me negué. Le dije que caminaría hasta mi casa, que no estaba muy lejos y no insistió.

Cuando todos se alejaron lo suficiente pude acercarme hacia donde Rudolf pacientemente esperaba en el vehiculo. No necesitaba que alguien se diera cuenta de que era una niña rica con chofer.

- Gracias Rudolf, ¿te aburriste?-dije, besando su mejilla.

- De nada pequeña, no mucho mas de lo habitual, pero veo que tu has recuperado la sonrisa ¿has hecho amigos? –dijo, señalando el teatro.

- Oh, bueno en realidad...he echo mucho mas que eso... –confesé.

Sus cejas se alzaron con suspicacia y mis mejillas comenzaron a picar de nuevo, tendría que hacer mi confesión. Me revolví nerviosa en el asiento mientras él encendía el motor

- ¿Qué fue esta vez Bella?

-De echo Rudolph,…creo que me he metido en un pequeño lío, y me tienes que ayudar...-Dije mirándolo a través de mis pestañas, y poniendo mi mejor cara de cachorrito.

Rudolf sacudió la cabeza en negación, una sonrisa cruzaba su rostro y comencé a contarle lo que sucedió adentro del teatro.

Minutos después, reía descaradamente y sin consideración del enredo en que me había metido.

-¡esta vez si que la hiciste buena, niña! ¡Solo a ti te ocurren estas cosas! –exclamo entre carcajadas, ya secando las lagrimas que se le habían escapado de tanto reírse… de mi.

- ¿Qué dices? ¡Nunca me ocurrió nada como esto! –proteste, furiosa.

Era cierto, ya habíamos tenido algún que otro "problema" antes, y él era realmente bueno siendo mi cómplice. Pero esto superaba ampliamente nuestra imaginación.

Mi estómago crujió sonoramente, haciéndome conciente de la hora.

- opps. Tengo hambre.-anuncié. Dando por terminada la vergonzosa conversación.

- ¿Quieres regresar a la casa para almorzar?

- ¡No! Mejor vayamos a comer a algún lado y me ayudas a planear algo para esta noche... ¿Por fi? de verdad necesito tu ayuda, es importante.

-¿La obra es importante para ti?

Otra vez la mirada suspicaz, interrogante y burlona de Rudolph hizo que me sonrojara.

- ¡Limítate a tu trabajo chofer! – bufé, en un fingido tono de arrogancia y me volví hacia la ventanilla para que no notara mis mejillas incendiadas otra vez.

- ¡Ud manda Srta. Isabella!, -Replicó entonces, en un fingido tono de sumisión, arrancándome una carcajada.

- De paso.., Bella, -dijo, poniéndose serio de repente. -tu madre llamó, y le dije que estabas viendo película como dijimos, y que luego le avisaría sobre tus planes para la tarde

Mi ánimo volvió al subsuelo al recordarla.

….

Cuando regresamos a la casa teníamos todo planeado para la noche. Rudolf encontró cerca del teatro un pequeño restorante italiano y almorzamos tranquilos.

Por mi parte, había decidido seguir con la farsa del enojo con mi madre hasta el día siguiente, así me ahorraba explicaciones. Por eso, al llegar a la casa y encontrarme a mi madre sentada en el sillón de la sala trabajando en su portátil, di un portazo y subí las escaleras corriendo directo hacia mi habitación.

Lo siguiente que hice, luego de poner el pestillo en la puerta, fue darme una larga y relajante ducha, y preparar la ropa que me pondría mas tarde. Cerré las cortinas para una siesta, y una vez que Debussy sonaba en mi reproductor de música y la alarma en el celular estuvo programada, me recosté en mi cama, perdiéndome profundamente en sueños de suave color esmeralda.


Nota.

Bueno… Releyendo un poco esta historia, debo decir que es algo diferente a lo que han leido de mi… un poco más tranqui tal vez… y ya avanzaremos un poco mas en la trama. No sean impacientes!

Gracias por leer!

Lakentsb