II.
Ambos nos quedamos viendo el uno al otro a una distancia relativamente media.
Yo, Kyle Broflovski, un detective de Colorado que está de vacaciones en solitario tras una ruptura amorosa, lo estaba mirando a él, a Butters Stotch, al chico que todo el mundo ignoraba desde que teníamos uso de memoria…
A un completo extraño para mí.
Es decir, el tipo que estaba frente a mí era completamente diferente al chiquillo que conocí en la infancia: Cuando niños, él se vestía de un suéter azul con pantalones verdes azules y zapatos negros. Muy bien mono y arregladito el chiquillo con un corte de cabello tipo militar parecido al de un tomate. Recuerdo que él era exasperante y ridículamente inocente, un amante de Hello Kitty, un bi-curioso "reformado" y el conejillo de indias de todo el mundo, especialmente de mis amigos y de sus controladores padres.
Un reverendo pendejo marica, si se podría llamarle así.
No obstante, ahora me encuentro con un hombre de mirada penetrante, de buena condición física y muy varonil. De ojos azules muy expresivos, el hombre vestía una camiseta amarilla del Manchester United muy a su medida, dejando ver la discreta musculatura que poseía, unos jeans azul claro con algunos huecos y una chaqueta de cuero color café. Sus cabellos estaban todos desgreñados y en su rostro podía observar los estragos de una mala noche.
Joder, definitivamente ese deporte extremo le ha beneficiado a pasos agigantados, puesto que lo habían dejado irreconocible para todos, incluyéndome. Ni siquiera Cartman, Kenny o Stan podrían reconocer en ese chico al propio Butters; es más, todas las chicas de mi generación caerían bien muertas con sólo verle sin reconocerle aunque sea un poquito, porque no puedo negar que sus aires varoniles lo hace un individuo atractivo
El tipo, sonriente a medias, me dio la espalda y se dispuso a irse. No obstante, yo cerré la distancia que nos separaba y le dije:
- ¿Te vas sin siquiera saludar?
- ¿Le conozco? – me preguntó con desaire y desenfado.
Aquellas palabras me dejaron sorprendido y supusieron un duro golpe a mi ego.
¿Cómo era posible que no me recordara? ¿Cómo era posible que me preguntara si me conocía? Sobre todo, ¿cómo era posible que lo hiciera con tremendo desenfado y desaire?
El tío, como si se diera cuenta de mi reacción, me comentó:
- Disculpe mi desaire, amigo. Simplemente no estoy acostumbrado a tratar con norteamericanos que no sean arqueólogos, turistas o visitantes deportistas.
- ¿Te refieres a practicantes de Parkour?
- Uhmmm… Sí, podría decirse. Buenos días.
- ¡E-espera!
- ¿Sí?
- Butters…
- ¿Butters? Disculpe, pero creo que está equivocado.
- No, no lo estoy.
- ¿Ah, no?
- No…
- Pues entonces refrésqueme la memoria, porque francamente es la primera vez que lo veo en mi vida.
- Más bien no quieres acordarte de mí, Butters. Escuché todo lo que has dicho en la sala de interrogatorio.
El tipo me miró con sorpresa y, a la defensiva, me dijo:
- No sé de qué demonios me está hablando.
- ¡Pero tú viste la foto de secundaria, Butters!
- Una foto que no me dijo nada, señor…
- Kyle Broflovski.
- ¿Bro-qué?
Increíble, indignante, indecible… No podía creer que él se hiciera el pendejo y alegar que no me conocía.
Todo parecía indicar que él no quería recordarme, no quiería verme ni en pintura; es más, podría jurar que él mismo había intuido que yo era el policía que lo había encontrado en este punto de la ciudad de Dickens al decirle lo de la sala de interrogatorio.
Butters simplemente se cuadró de hombros y, con desenfado, me dijo:
- Lo siento… Pero no soy la persona que busca. Buen día.
Dicho esto, me dio la espalda y se fue.
Sentado en una cafetería del East London, me puse a observar el panorama cotidiano de la ciudad en donde estoy pasando mis vacaciones lejos de mi rutina diaria y… De ella, de Henrietta Biggle, mi ex novia.
Bebí un sorbo de té negro y suspiré.
Carajo, todo mi mundo se fue a la mierda en cuestión de días: Mi ruptura con Henrietta debido a mi trabajo y a los sentimientos que tenía respecto a Kenny, mi recién descubierta bisexualidad, mi distanciamiento para con mi familia y con Stan, Kenny y Cartman, a quienes seguía viendo aún, y ahora mi encuentro con Butters Stotch, el chiquillo a quien vi huir de la escuela diez años atrás.
Lo último dio un giro inesperado a mis vacaciones, en buena que sí.
Butters me negó con los puntos sobre las iies de una manera cínica, desenfadada y con un desaire que me hizo tragar mi orgullo judío y me hizo notar el resurgimiento de un rencor hacia todo aquello que represente al pasado.
Sinceramente comprendo su postura al no querer verme y no le culpo al mantenerse así.
Represento para él una amenaza a su estabilidad emocional y a su propia libertad, porque no hay otra explicación más simple para una reacción justificada, aunque para otros, como sus propios padres, sea una tontería.
- ¿Puedo sentarme aquí? – me preguntó una voz.
Levanté mi mirada y, para mi sorpresa, vi a una chica pelirroja de unos 19 años con pecas en el rostro vestida con ropa holgada y un piercing en la nariz. Enseguida reconocí en ella a la mejor amiga de Butters, Cristina Corso, una de las tantas que practicaban Parkour en su tiempo libre.
Asentí con la cabeza, me levanté y le jalé el asiento para que se sentara.
- Gracias – me dijo la chica muy sonriente mientras se sentaba.
- De nada.
La chica sacó de un enorme bolso que traía un tupper y, abriéndolo, me lo ofreció.
- ¿Gusta?
- No, gracias, Cristina. Acabo de comer.
- Ok…
Hubo un silencio momentáneo hasta que yo, muerto de la curiosidad, rompí el hielo preguntándole:
- ¿Cómo es Leopold?
- ¿Uhmmm?
- Me refiero a cómo es él. Cómo te trata, cómo te habla…
- Pensé que usted le conocía, o al menos eso me dijo Huttington.
- Pues… Yo conocía al niño que fue, no al hombre que es ahora.
- Entiendo… Ehmmm… ¡Ejem! Leo es amable, ¿sabe? Es dulce, tierno, cariñoso, apasionado con las cosas que hace… Lleno de sueños e ilusiones como cualquier otro individuo… Y un buen profesor.
- ¿Profesor?
- Sí. Es arqueólogo con maestría en Historia del Arte, aunque estudia su doctorado en Antropología Forense en la misma facultad en donde yo asisto.
- ¿Eso es en…?
- Cambridge.
¡¿Qué carajo?
¿Butters dando clases en Cambridge? Aquello parecía ser una cosa increíble, y con el currículo que me acaba de comentar la chica esta, mucho más. Sus padres esperaban que fuera médico, no un arqueólogo con aspiraciones a la rama de la Antropología Forense. Ha de ser muy bueno en ello para estar estudiando esas Ciencias Sociales y sobre todo enseñando en una de las universidades más prestigiosas del mundo.
- ¿Así que… Leopold es tu… profesor?
- Sí – me respondió la chica -. Me da las materias de Teoría Contemporánea y Antropología Física.
- Wow…
- Veo que eso le sorprende.
- ¿Sorprenderme? Asustarme, querrás decirme. Es decir… De él jamás pensé esa clase de estudios. Sus padres le exigían mucho y aspiraban a que fuera médico.
- ¿Los Trogloditas?
- ¿Eh?
- Así les llama cada vez que alguien le toca el tema de su infancia. De hecho, así los califica: Trogloditas cínicos e ignorantes… ¡Ah! También califica a toda la generación de la primaria como una sarta de hipócritas convenencieros…
Eso sí que fue un nuevo y más duro golpe a mi ego, pero reconozco que lo tenía bien merecido.
- Bueno – añadí -, debo reconocer que lo que ha comentado al respecto es justificable.
- Pero a usted y a otros tres más los tiene en otra categoría mucho más ofensiva que esa.
¿Otra?
- ¿En serio? ¿Y… cuál es?
- ¡Je! No querrá saberlo.
- Pues sí quiero, ¿cómo la ves?
- ¿En serio quiere saberlo?
- Sí…Al menos así sabré qué tanto me aborrece.
- Uhmmm… Está bien... Uhmmm… Los llama…
- El Cuarteto de Hijos de Puta Maricones e Insensibles de Mierda – añadió una voz.
Nos volvimos hacia dónde provino la voz.
Era Butters y, a juzgar por su mirada, no estaba de muy buen humor. Por lo visto o le arruiné su día al verme o de plano él escuchó la conversación… O parte de ella.
- Leo – dijo Cristina -. Justamente hablábamos de ti.
- Eso veo – argumentó Butters.
Algo me decía que lo más sabio para mí era retirarme, así que, levantándome, le extendí la mano a la chica y le dije:
- Ehmmm… Bueno, chicos, me tengo que ir. Fue un gusto verte, Cristina.
- Igualmente, señor Broflovski.
- Bu-
- Cristina – me interrumpió tajantemente -, por favor, ¿podrías dejarnos a solas por un momento?
Me sorprendí cuando dijo eso.
Cristina, por su parte, asintió y, tras despedirse de nosotros, se marchó. Butters, por su parte, me hizo la seña de que me sentara y, estando ambos frente a frente, me dijo con hostilidad:
- Quiero que sepas que lo que has hecho ha sido lo más desagradable y lo más bajo que he vivido en mi vida. ¿Enviar a la policía a las puertas de mi casa? ¿Haciendo preguntas en mi círculo social como si hubiera cometido un delito? ¿Humillarme de manera pública en la estación de la policía?
- Butters…
- ¡No… te… atrevas… a llamarme así! ¡Tú menos que nadie tiene el derecho de interferir en mi vida!
- Butters, por favor, escúchame…
- ¡No quiero escucharte, Broflovski! ¿Ok? ¡No quiero saber qué coño tramas ni qué haces aquí!
- ¡No estoy tramando nada!
- ¡Pues parece que sí por lo que has hecho!
- Leopold… Por favor… Sé que verme supuso para ti una especie de reencuentro con el pasado… Créeme que a mí me sorprendió verte en donde menos esperé encontrarte.
- Pues pudiste haberte hecho el pendejo y ya.
- ¿Qué?
- Lo que oíste: Pudiste haberte hecho el pendejo y dejar que las cosas siguieran su curso, no joderme con enviar a la policía a mi casa como si se tratara de un traficante. Por tu culpa casi estuve en problemas con la casera.
- ¡Pues perdóname si lo hice sólo por corroborar que no estaba equivocado! Perdóname si te ofendí con mi presencia, si interfiero con un estilo de vida que has conseguido en base a tu esfuerzo… ¡Perdóname por toparnos en esta ciudad!
- ¡Esta ciudad es mi hogar y me la respetas! ¿Ok? ¡Aquí tengo amigos, verdaderos amigos… Y familia!
- ¿Y nosotros qué fuimos, Leopold?
- Sólo una mierda pasajera que no quiero ni volver a ver en lo que resta de mi vida.
- ¿Pero y tus padres? ¿Acaso no te has puesto a pensar en lo infelices que eran tus padres al desaparecer tú?
- Ellos están muertos para mí… Al igual que tú.
- Butters…
- Finge que no me viste, que no me recuerdas, que jamás en tu vida me conociste, Kyle.
- Pero…
- Finge… que no existo… Porque eso es lo que has hecho bien durante el tiempo en que nos hemos conocido.
- Butters, escucha…
- Adiós… Extraño.
Dicho eso, se levantó y se marchó, dejándome con las palabras en la boca y con mi orgullo pisoteado y herido.
La noche en Londres es mucho más animada de lo que me había imaginado.
Era las 8 de la noche del lunes y yo estaba caminando por las calles, observando cómo jóvenes y adultos reían, charlaban y caminaban tomados de la mano con el Big Ben detrás de ellos como adorno.
Había ido a todos los lugares que proponía la guía turística como puntos de visita; he visitado cafeterías, discotecas, restaurantes y hasta lugares históricos. Hubiera disfrutado más si tuviera a alguien a mi lado, por no decir con Henrietta o con Butters.
Butters…
¿Qué estará haciendo el Stotch en estos momentos? ¿Calificando exámenes? ¿Preparando sus clases? ¿Practicando el Parkour con sus amigos? ¿Durmiendo con alguien, tal vez?
Ladeé la cabeza.
¿Dormir con alguien? ¿Con quién? Honestamente, dudo mucho que Butters sea de esos que gusten de liarse con el primer cabrón o con la primera vieja que se le cruzara en el camino… A menos que tenga algún o alguna amante por ahí y yo ni en cuenta.
- Hey – me dijo alguien.
Me volví hacia la dueña de aquella voz. Era una chica de cabellos negros, ojos azules, delgada y ataviada con pantalones deportivos color gris con sudadera blanca. La chica me observaba con curiosidad, como si me conociera.
Con cortesía, le saludé:
- Buenas noches.
- ¿Tú eres Kyle Broflovski, verdad? – me preguntó la chica.
Me quedé sorprendido.
La chica, con una sonrisa, me dijo:
- Eso supuse. Eres el tipo con el que hace días discutió con Leo.
- Bueno… No fue exactamente una discusión, que digamos.
- Pues el hecho de que hayas enviado a la policía sin motivo alguno dice lo contrario.
- Oye…
- Selene. Selene Weisz.
- Selene. Disculpa, Selene, pero no fue mi intención provocar todo este malentendido.
- Pudiste al menos presentarte en su departamento y decirle un "Hola, ¿te acuerdas de mí?", no enviar a la policía local ni mucho menos hacer que lo interrogaran como si fuera un criminal.
- ¿Y se puede saber en qué te afecta?
- Pues me afecta muchísimo, señor policía. Me afecta muchísimo puesto que por tu culpa Leo está muy, pero muy deprimido.
- ¿Qué?
- Sí. Está deprimido…
- Cielos...
- No lo veía así desde la muerte de su esposa.
Me sobresalté y exclamé:
- ¡¿Q-qué?
- ¿No te lo dijeron? ¡Oh! ¡Lo olvidé! Es un detalle nimio para un imbécil como tú.
- Tolero tus insultos, Selene… Pero no, nadie me dijo que él era…
- Viudo.
- H-ha…
Selene suspiró hondo mientras que yo la observaba sin habla.
¿Butters es viudo? ¿Cómo? ¿Cuándo? ¿Dónde? ¿Quién era su esposa? ¿Cómo falleció? Esas y mil preguntas me hacía en la cabeza, presa de la incredulidad y de lo indecible. Nada más concebir a Butters viudo me hace sentir como pez fuera del agua; de hecho, nunca lo concebí casado, sino como un marica que anda de cama en cama y de pareja en pareja, siendo él el pasivo.
Así lo concebíamos todos durante la adolescencia, pero el saber ahora que es viudo cambia mucho las cosas.
La pelinegra, un poco más relajada, me comentó:
- Disculpa mi rudeza… Yo… Realmente yo estoy preocupada por él, ¿sabes? Es decir, él es mi mejor amigo, mi compañero de carrera y de trabajo. Con él practico el Parkour en el parque como una forma de hacer ejercicio antes de ir al trabajo.
- Entiendo…
- Dios…
- N-no sabía que él era viudo.
- Lo sé… Lo siento.
- No, yo lo siento. Creo que por eso, al verme, solo empeoré su situación.
Selene empezó a reírse y me replicó:
- Chico… Leo es viudo desde hace 6 años.
Le miré sorprendido mientras que ella, dando una bocanada a su cigarro, añadía:
-Ellen murió asesinada en Sao Paulo a manos de un tratante de blancas. Ella tenía dos meses de haber sido secuestrada por esos malditos; ambos tenían prácticamente un año de casados. Eran muy jóvenes, pero el amor… El amor los unió fuertemente. En fin… Para no hacerte el cuento más largo, él, junto conmigo y con Marcus, mi esposo, fuimos en su busca. Hemos trabajado arduamente para lograr localizarla, y cuando finalmente lo logramos… Pusimos en marcha un plan para rescatarla y estuvo a punto de ser exitoso d-de… De no haber sido porque… Ellen se interpusiera entre el maldito ese y Leo justo cuando le iban a disparar…
Selene echó a llorar.
Yo, por mi parte, trataba de procesar aquella dolorosa información respecto a Butters; realmente se veía feliz y completo a lado de la tal Ellen a pesar de contar con 19 años de edad en ese entonces. Por lo visto, aquél matrimonio tenía un futuro que fue sesgado por gente malintencionada como los tratantes de blancas.
- Lo siento – me decía Selene -… Me pongo muy mal cuando empiezo a recordar a mi hermana.
- ¡¿Cómo? – exclamé - ¡¿Leo es…?
- Sí. Es mi cuñado. Ellen era mi hermana menor… Ella tenía 16 y Leo 18 cuando ambos contrajeron matrimonio por la iglesia y por el estado en México… Ella… Ella incluso tenía dos meses de embarazo al fallecer.
- Dios…
Carajo.
Butters era viudo y aparte iba a ser padre. Definitivamente le ha de costar trabajo superar la muerte de su esposa e hijo. Me siento como un idiota…
- Pobre Butters – comenté-. No sabía que había pasado por todo eso.
- Y luego llegas tú, alguien del pasado que quiere borrar… Diez años después.
- No lo he vuelto a ver desde el sábado, por si me preguntas.
- Lo sé… Y me gustaría que… al menos lo fueras a ver a su departamento para levantarle el ánimo.
- ¿Por qué iría a su departamento? Está claro que él no quiere verme… Y no le culpo.
- Je… Es un poco complicado de decir, pero… Tú fuiste su primer amor.
La miré con sorpresa y exclamé:
- ¡¿Q-q-qué?
Selene, con una sonrisa, añadió:
- Fuiste su primer amor desde los once años, pero siempre supo que tú nunca lo mirarías.
- Ca…Carajo…
Aquellas palabras me dejaron más fuera de juego que el saber de su viudez.
Simplemente no podía creer lo que ella me decía: Que Butters me veía como un amor platónico, un amor imposible de alcanzar.
- Diantres – dije- , realmente me siento como el hijo de puta más grande que ha pisado la tierra… Butters siempre ha sido de expresar sus sentimientos, ¿cómo es que nunca supe lo que sentía por mí?
- No lo sé…
Tendrías que preguntárselo a él.
Esas palabras parecían retumbar en mi cabeza mientras observaba la puerta del departamento de Butters.
Selene me había dado la dirección con algunas recomendaciones, pero francamente me siento nervioso, nervioso y un tanto temeroso de lo que pudiera suceder una vez que toque la puerta. No obstante, no pensaba irme de Inglaterra con ese mal sabor de boca y con la corazonada de haber arreglado las cosas con él.
Respirando hondo, estiré mi mano y toqué la puerta…
Hasta aquí llegó este segundo capi.
Jejejeje... Muchas de ustedes acertaron al ver que era Kyle el chico que estaba frente al espejo de la sala de interrogatorio XD. Fue muy obvio, lo sé, pero me gusta mantenerles en suspenso XD. Espero les haya gustado este capi...
Sé que fue como que muy rápido, pero al menos me siento satisfecha por haberlo hecho así. Por cierto, el próximo capítulo... Tal vez sea un lime o un lemmon XD.
¡Un saludo!
Vicka.
