Capítulo 2. No quiero seguir soñando.
Los cinco jóvenes se subieron a un vagón que descansaba sobre un viejo rail.
Ada estaba exultante, con las mejillas encendidas y los ojos vidriosos.
Había perdido todo el miedo inicial a lo desconocido y se había convencido que estaba dentro de un sueño.
El vagón se puso en marcha y bajó una empinada cuesta.
La niña gritaba emocionada, sacando los brazos cuando los chicos se despistaban.
- ¿Te puedes estar quieta?- Peter siempre se asustaba cuando le tocaba bajar hasta su cámara. Nunca le había gustado bajar a la cripta.
James se acercó hasta su amigo y le acarició la mejilla en donde un rasguño había hecho mella.
- Sabemos tu secreto- Remus agachó la cabeza avergonzado- Y no nos importa. Hemos decidido compartir de ahora en adelante las lunas.
- Soy un monstruo, James. No soy yo, el lobo me supera- susurraba las palabras.
Una cosa era que sus amigos conociesen el secreto, otra muy distinta que Ada lo pregonase en cuanto entrase en el colegio.
- Sirius y yo hemos estado hablando este verano. Hemos decidido convertirnos en animagos, Sirius ya ha cogido el libro de la biblioteca de sus padres. Además, tenemos que terminar el mapa.
- No tenéis que hacerlo- miró de reojo a su amigo y éste asintió con la cabeza- Pero lo vais a hacer porque sois muy cabezones.
James sonrió y saltó sobre Sirius, evitando que se precipitase al vacío. Ada se había puesto en pie en el vagón y había caído fuera al divisar a lo lejos un dragón rojo.
- ¡Vamos a verlo!- gritaba emocionada- ¡Suelta Sirius!
- ¡Ayuda chicos, está loca!- Sirius la había agarrado de una mano y la chica se balanceaba en dirección al dragón.
Ella pensaba que estaba en su sueño, y como era la dueña de su imaginación podía volar y aterrizar al lado del dragón. Quería verlo de cerca.
La mano de la niña comenzaba a resbalar.
- Ada, sujétate- la voz de Sirius sonó desesperada- Por Merlín, te vas a matar.
Ada lo miró apenada, el dragón se alejaba.
James estiró el brazo fuera del vagón de hierro y la niña se sujetó a esa segunda mano. Entre los dos tiraron con fuerza y la subieron al vagón, Peter y Remus sujetaban las piernas de sus amigos.
A la siguiente curva la niña ya estaba de nuevo colocada en el vagón y Sirius respiraba indignado.
- Sólo quería ver al dragón- Ada se intentó disculpar.
- Los dragones son peligrosos- la riñó Peter- Comen brujitas desobedientes. Más vale que te estés quietecita, casi matas a mis amigos.
Ada agachó la cabeza avergonzada y se fijó en sus zapatillas de lona amarillas y salpicadas de sangre. Aunque de vez en cuando la rodilla le lanzaba recuerdos de la herida por los nervios, Ada la ignoraba. Entrenando se había hecho muchas veces daño y olvidándose del dolor muchas veces se le pasaba.
James y Sirius se miraban acompasando la respiración.
- ¿En qué casa creéis que caerá?- Remus miraba el pelo alborotado de la niña, lo llevaba corto al estilo chico. Rubio ceniza, sin brillo. Rapado por la nuca y en casco las capas superiores. Sus pendientes azules de bolita era lo único que les decía que era una chica- Esta niña es bastante temeraria, ¿O qué?
- Puede caer en cualquier casa- sentenció Sirius.
Remus sacó un galeón y apostó porque Ada terminaba en Gryffindor.
Peter apostó por Hufflepuff, eran donde iban la mayoría de los hijos de muggles, y un galeón era mucho dinero.
- Slytherin- dijeron Sirius y James a la vez.
- No podéis apostar los dos por la misma casa- avisó Peter.
- ¿Quién lo dice? Yo no tengo problema, si acertamos nos llevamos dos galeones cada uno- matizó Sirius- Lo lleva en la sangre y nadie ha dicho que los Slytherin no sean temerarios. Ellos siguen la máxima que el fin justifica los medios, y es lo que Ada acaba de hacer.
- Pero ningún Slytherin antepone su vida a un fin, eso es típico de los Gryffindor. Nosotros somos leales a los ideales. Ella quería ver el dragón y no le importó poner su vida en peligro- razonó Remus.
- Sí, pero arrastró a James y a Sirius- le rebatió Peter- Nosotros no ponemos la vida de nuestros amigos en peligro. Los leales son los de Hufflepuff, hacen los mejores amigos. Ellos serían capaces de dar la vida por un amigo.
Ada los escuchaba y se giró con los ojos enrojecidos.
- No apostéis por la casa en la que voy a quedar. Aún quedan muchos días para ir a la escuela, a lo mejor ya no estoy aquí cuando empecéis el colegio.
- ¿Por qué?
- Porque en el momento me despierte todo esto se terminará- y se fijó en el duende que tiraba la palanca.
El vagón se detuvo ante un pasillo con antorchas y el duende saltó fuera.
- Cámaras 700 y 711- avisó el pequeño ser.
- Tú y yo bajamos aquí- Sirius se levantó y golpeó la cabeza de la niña- Nos vemos, chicos.
Bajó del vagón y le tendió la mano a Ada, para ayudarla a bajar.
La niña tropezó y cayó al suelo.
Todos comenzaron a reír.
- Mira que eres patosa- se quejó el chico de ojos grises- Anda levanta.
El duende se adelantó a los chicos y le entregó la llave a otro ser más bajito y mucho más feo, con los dientes grandes y los ojos saltones. Que caminaba descalzo.
Ada se fijaba en la gruta, las puertas sobresalían en la cueva, puertas pequeñas con un agujero en el centro.
- Cámara 700, Familia Black- Hitchens- anunció el gnomo.
Levantó la llave a la altura de los ojos de Ada y ella se quedó mirándola.
- Tienes que abrir tú la puerta- le avisó Sirius- Ellos no pueden entrar. Es la cámara que creó Isla Black, tu tatarabuela.
Ada cogió la llave y la metió en la cerradura.
Hacía casi cien años que esa cámara no se abría.
La puerta chirrió y se metió dejando un pasillo hacia el interior.
Ada entró sin dudar e intentó acostumbrarse a la oscuridad de la cámara.
- Está vacía- anunció desde el interior.
Sirius tomó una antorcha de la pared y se metió por el hueco. Cuando la luz inundó el interior pudieron apreciar una cámara ordenada con cajones y una balanza.
- No está vacía. El dinero está en bolsas, mira Ada allí- el chico acercó la llama de la antorcha a un cajón, en letras doradas estaba labrado el nombre de Ada, con su fecha de nacimiento- Ada Steen, 1963. Esa debes ser tú.
- ¿Pero cómo…?- la niña estaba fascinada.
Abrió el cajón y extrajo una bolsa pesada, atada con una cinta verde.
- Ábrela- le sugirió el chico.
Ada le hizo caso y desató el nudo con sumo cuidado, en el interior del pequeño saco había siete saquitos dorados con cintas rojas y una nota.
- Hay una nota- anunció la niña emocionada- ¿La leo?
Sirius asintió con la cabeza y la niña empezó a leer la nota en voz alta.
- "Querida Ada, este año comienzas Hogwarts, te dejo un saquito para cada curso, tienes más que suficiente. Dale recuerdos a Albus de mi parte". Escueta- la niña dobló el pergamino y lo introdujo de nuevo en el saco, sacó la bolsa que ponía primero y guardó el saco grande en el cajón.
- No son los colores típicos para una Slytherin- Sirius contemplaba el resto de la cámara, un montón de objetos brillaban bajo la llama.
- ¿Y de que casa son estos colores?- preguntó la niña, el verde era uno de sus colores favoritos.
- La mía, Gryffindor- anunció el chico- Soy el segundo Black que no es enviado a Slytherin.
- ¿Quién fue el primero?- se interesó la niña.
- Mi prima Andrómeda, está en séptimo de Hufflepuff. Sale con un muggle pero su madre no lo sabe- el chico se retiró y salió al pasillo seguido por la niña.
Ada le echó un nuevo vistazo a su cámara y metió la llave en la cerradura.
La puerta los empujó a los dos, derribándolos al suelo y haciendo que Sirius lanzase la antorcha lejos para evitar quemarse.
- ¡Ada!- se quejó el chico.
- Sólo quería que no se me olvidase la llave- se disculpó la niña.
- Trae, que se la tengo que devolver a Dumbledore- y arrancó la llave de la puerta.
Sirius se metió la llave en el bolsillo de su pantalón y se levantó apartando a la niña de encima con un empujón.
- No seas bruto, ya me he disculpado- Ada empezaba a pensar que su sueño se estaba convirtiendo en una pesadilla.
- Eres un peligro andante- le soltó sacudiéndose el polvillo de la tela de su túnica.
- No es cierto- le rebatió la niña- Estoy teniendo cuidado.
- Pues menos mal- ironizó el joven.
Ada se quedó en pie y se volvió hacia el vagón con su saquito en la mano.
Peter, Remus y James esperaban con paciencia dentro del vagón. Como buenos chicos, con sus túnicas bien planchadas.
Ella saltó dentro del vagón enfrentándolos.
- No os preocupéis, en cuanto me compre todo lo de Hogwarts no me tendréis que volver a dirigir la palabra- y agachó la cabeza con el saco entre sus piernas.
Peter, Remus y James se miraron sin comprender.
- ¿Por qué dices eso?- Remus era el que solía dejarlos en mejor lugar, ellos no solían tratar con niñas aún. Salvo las compañeras de clase cuando no había más remedio.
-No importa- ni siquiera los miraba para hablarles.
Sirius no tardó en llegar al vagón y cabeceó hacia la niña.
- ¿Y ahora que pasa?- saltó dentro del vagón y se quedó sentado al lado de Ada- ¿Estás enfadada?
- Dice que en cuanto se compre las cosas de Hogwarts no hace falta que le volvamos a dirigir la palabra- le aclaró Peter.
- ¿Y eso por qué?
- Porque parece que os moleste mi presencia. Os he fastidiado el día y ya te he manchado la ropa dos veces- se explicó la niña.
- No me importa, odio esta túnica- codeó el costado de la niña y le buscó la mirada- Anda Ada, llevémonos bien, ¿Vale?
Y al chico más le valía que la niña aceptase, su castigo quedaba anulado sólo si conseguía que ella se adaptase a su mundo, ese mundo de duendes, gnomos, dragones y magia.
- Pues no me llames patosa, ni me digas que tenga cuidado cuando yo lo estoy intentando- le reclamó con la voz a la altura del cuello.
Sirius ni siquiera la escuchó, estaba centrado en el trayecto, el vagón iba a saltar hasta cinco metros para salvar el roto en los raíles, una discontinuidad en su viaje ya de por sí movidito, más con Ada al lado.
El chico sujetó la cintura de la niña y cerró los ojos.
El vagón voló literalmente y Ada giró la cabeza cuando notó que su estómago subía por la fuerza centrípeta de la curva y la caída de nuevo en los raíles.
- ¡Como en la montaña rusa!- los chicos en cambio aún no se habían acostumbrado a esa discontinuidad.
- ¿Qué es lo que te ha pedido Dumbledore exactamente?- preguntó Remus intentando controlar la respiración- No puedo creer que te vaya a quitar el castigo simplemente acompañándola a comprar sus útiles para este curso.
- Bueno, quiere que se adapte a este mundo. Ella no sabe nada de la magia y lo de acompañarla me ofrecí yo. Pensé que sería buena idea que comenzase por el callejón Diagon, sólo para familiarizarse- respondió el muchacho.
- ¿Por qué no me lo ofreció a mí? Yo también estoy castigado- se sobresaltó James.
- Supongo que… supongo que será porque Isla, su antepasada maga perteneció a mi familia. Quizás tema que el sombrero la envíe a Slytherin y ella es una auténtica hija de muggles. Incluso Evans tenía más pinta de maga que ella- se explicó el muchacho.
- Sirius, Salazar Slytherin no aceptó que los mestizos estudiasen en su escuela, nunca estuvo de acuerdo en eso, es imposible que Ada termine en esa casa- Peter era muy bueno en Historia de la Magia, sobresalía.
- Ya, tampoco es muy lista- aceptó James, sabiendo que iba a perder un galeón en la apuesta- Por lo que no la enviarán a Ravenclaw.
- Pues sólo queda Hufflepuff o Gryffindor- Remus sonrió, seguía estando convencido en su decisión- Los Hufflepuff no suelen ser temerarios, no son chicos con nervio, fíjate en todos los que entraron en Gryffindor y los que han salido este curso.
- No lo sé, la sangre que corre por sus venas es de Slytherin- Sirius temía que terminase en esa casa, no porque se llevase mal con los de su familia, sino porque los chicos de Slytherin no se llevaban bien con ningún "sangre sucia", como ellos denominaban a los hijos nacidos de muggles.
- Creo que Remus tiene razón- aceptó James la derrota- Piensa que la sangre de tus venas también es Slytherin y tú estás en Gryffindor. Eres el renegado de tu familia.
- Eso fue porque me negué a ir a Slytherin, me daba igual cualquier otra casa- aseguró Sirius.
- ¿Qué? El sombrero no dudó en enviarte a Gryffindor- James no lo entendía.
- El sombrero estuvo a punto de mandarme a Slytherin, pero mi decisión era no caer en Slytherin y me envió directamente a Gryffindor- les explicó a sus amigos- Cuando estoy en casa y me golpean recuerdo ese día.
Ada los escuchaba con detalle, los personajes de su sueño estaban convencidos de que ese mundo era real, pues mientras estuviese en el sueño más valía que hiciese caso a los expertos en la materia. Ella no tenía ni idea de magia y esos chicos eran magos.
- Vamos Sirius, lo dices como si te maltratasen de continuo en casa- le reprochó Peter, su padre también le había sacudido alguna vez y él no iba diciendo por ahí que sus padres le pegaban.
- Creo que los Crucios entran dentro de la categoría de maltrato- Sirius atravesó la mirada de su amigo Peter.
Sus amigos se quedaron en silencio, ninguno de ellos había sido castigado con una imperdonable, los padres de Sirius debían ser personas horribles.
- Los puedes denunciar- le aseguró Remus.
- Vale, mañana os envío una foto para ver como ha terminado la historia- y es que Sirius había puesto la denuncia antes de aparecer en casa de Ada Steen, por eso vestía con túnica.
- El correo últimamente se retrasa bastante- afirmó Ada- Hay huelga de carteros.
- ¿Carteros?- James puso atención a la niña- ¿Qué son los carteros?
- Esos seres vestidos de negro con gorra que entregan las cartas que echamos a los buzones en sus respectivas direcciones- y es que Ada no conocía muy bien el funcionamiento del envío de cartas.
- ¿Hombres vestidos de negro?- Ada miraba a James sin entender, que ¿Acaso no conocían los magos los carteros?
Ada se aventuró ha hacer la pregunta.
- ¿Cómo mandáis las cartas?
- Vía lechuza, ¿Cómo si no?- Peter la miraba atónito- ¿Cómo lo haces tú?
Ada lo miraba atemorizada, entonces el pájaro de la ventana era una lechuza, el ave que golpeaba con su pico la ventana esa mañana era una lechuza parda del colegio de Hogwarts y ella no estaba en un sueño.
- Esto es un sueño y voy a despertar porque yo soy la dueña de mi mente- la niña tenía los ojos abiertos, esperando ver su habitación de nuevo.
El vagón se detuvo de nuevo y Peter saltó fuera. Cinco minutos después volvía con los bolsillos llenos de galeones. Sirius seguía mirando a Ada, la niña llevaba un buen rato repitiendo la misma frase, y sus ojos empezaban a enrojecerse por falta del parpadeo.
- No es un sueño Ada- le susurró al oído- Esto es real.
- Esto es un sueño y ni tú ni nada existe- sentenció la niña, cerrando los ojos.
Se volvieron a detener y bajaron los otros dos chicos que quedaban por ver sus cámaras.
- Ada, estamos en los túneles de Gringots- le explicó el moreno que había sentado a su lado- Es el banco de los magos. Acabas de entrar en tu cámara, lo recuerdas.
La rozó la mejilla con suavidad y le sonrió.
- Yo existo como tú, pero pertenecemos a un mundo que tú desconoces de momento y yo te lo voy a enseñar. Tranquila, tienes suerte, tienes al mejor guía de todos- y sacó a relucir su egocentrismo.
Un momento después volvieron sendos con saquitos. Ada temblaba al lado de Sirius, no conseguía despertarse, nunca había tenido una pesadilla tan real.
- ¡Quiero despertarme ya!- gritó a todo pulmón.
El duende la miraba preocupado, no es que le importase mucho el bienestar de los niños de magos, pero la niña parecía estar pasándolo realmente mal.
- Ada, tranquila. Enseguida estaremos fuera- Remus la miraba preocupado. La niña estaba al borde de un colapso nervioso, con los ojos llorosos y sofocada, respiración superficial y respiración agitada.
- ¡Quiero despertar!- volvió a gritar.
James saltó sobre ella y la abrazó con fuerza, nunca había hecho nada así y los dos cayeron al fondo del vagón, golpeándose con las piernas de sus amigos.
- ¿Por qué no puedo despertar?- se lamentó la niña.
Sirius separó a James cuando el vagón se detuvo en la entrada de la gruta y el duende bajó para abrir la puerta.
- Vamos Ada, tranquila ya nos vamos a la calle- le aseguró el chico de bonitos ojos grises.
- No quiero ir a la calle, quiero despertarme- seguía llorando y la voz le salía débil.
- Creo que la apuesta la voy a ganar yo- aseguró Peter- No es valiente para entrar a Gryffindor.
Remus se acercó a la niña y la ayudó a salir por la puerta, la niña se dejaba arrastrar, derrotada ante la falta de fortaleza mental para salir de su sueño, seguramente se habría tomado una sobredosis de somníferos, pero ella no recordaba soñar cuando tomaba las pastillas.
- Tranquila, esto es debido al aire enrarecido de las grutas y el olor a azufre en algunos puntos- no entendía los murmullos de la niña y su reticencia a estar dentro de un sueño. Mucho menos podía comprender que la niña estuviese temblando como una hoja.
- Dime que todo esto es una pesadilla, por favor, quiero despertar- quizás alguno de los chicos que había creado su fantasía la ayudaba a despertar.
Sirius sacó la lista de su bolsillo, la había colocado delante de la suya, más o menos ponía lo mismo, salvo el curso y el número del caldero. Decidió que primero irían a por el caldero, así después podrían transportar en él todos los libros. Para luego ir a la tienda de túnicas en donde Malkian tomaría las medidas de la chica para confeccionarle las dos túnicas y los uniformes, después podían ir a tomar un helado, acercarse a Ollivanders a por la varita y terminar en el Caldero Chorreante para comer. James seguro que se querría pasar por la tienda de Quidditch, seguro que tenían tiempo después de comer y recoger los uniformes de Ada, sólo eran las diez de la mañana y no pensaba comer hasta las tres, a las dos el Caldero solía estar atestado de aurores. El helado les haría apaciguar el hambre hasta tan tarde, al menos eso deseaba. Su plan era casi perfecto.
- Bueno, primero iremos a comprar los calderos- decidió el chico por todos.
- Yo quiero pasarme por la tienda de Quidditch- avisó James.
Ada levantó la cabeza, esa palabra no la había oído en su vida.
- Es el deporte mágico por excelencia- le informó Remus. La cara de la niña era todo un poema.
Ada asintió con pesar, su sueño se enrevesada cada vez más.
Las lágrimas recorrían su rostro y no le importaba que las viesen, algún ser debía apiadarse de ella, si su abuela la veía llorar en sueños seguro que intentaba despertarla. O al menos tranquilizarla.
Los cinco salieron de Gringots con el dinero y se dirigieron a comprar los calderos, cuatro del número tres y uno del uno. Ada sujetó su caldero del asa, por lo menos no era tan pesado como aparentaba. Los calderos de ellos eran un poco más grandes.
Luego se dirigieron a una librería, Sirius le pasó la lista al librero y pidió tres de tercero y una de primero. En menos de cinco minutos estaban pagando los libros de ese curso, dispuestos a salir por la puerta Remus se detuvo a contemplar un libro de Runas Antiguas.
Ada se quedó a su lado, contemplando a portada, "Runas Defensivas".
El chico se volvió con el libro en la mano hacia el librero y le preguntó el precio.
- Doce galeones- respondió el mago.
Remus asintió con la cabeza y volvió a colocar el libro en la estantería, era imposible pagar doce galeones con la economía de su familia, suficiente con que sus padres podían permitirse el material escolar cada curso.
Ada miró la cara de desconcierto que se le había quedado al chico.
- ¿Seguro que está todo?- Ada volvía a estar emocionada, se alegraba de poder cargar ella sola con todo.
- Sí- asintió Sirius con la cabeza- Tienes libros, plumas y tinta.
Ada revisó el interior de su caldero y se fijó que no tenía ni las plumas ni la tinta.
- No tengo ni plumas ni tinta- aseguró la chica mostrándole el interior de su caldero- ¿Por qué no os acercáis a esa tienda que quería ir James y vuelvo yo por las plumas y la tinta?
- Vale- aceptó James sin dudarlo- Que te ponga también tres rollos de pergamino.
Ada asintió con la cabeza y se metió de nuevo en la librería.
Los chicos se alejaron a paso decidido. Querían aprovechar el poco tiempo, a los cuatro les gustaba ese deporte pero sólo James jugaba en el equipo de Gryffindor como cazador.
Sirius no aguantaba la disciplina de los entrenamientos, Remus prefería gastar el tiempo libre en estudiar o leer y Peter no era muy habilidoso encima de una escoba.
Por lo que desde el curso anterior, ellos acudían a los partidos para animar a su amigo.
Ada se acercó directamente a la estantería en donde Remus había dejado el libro y lo cogió, si era un sueño podía permitirse el lujo de gastarse el dinero en lo que quisiese, dentro de la bolsa aún quedaban muchas monedas de plata, además en cuanto despertase todo desaparecería.
Se acercó una vez más al librero y le pidió las plumas, la tinta y los tres rollos de pergamino que le había indicado James, además de dejar el libro sobre el mostrador.
- Tengo una edición de bolsillo si la prefieres- le avisó el librero- Es mucho más económica.
Ada lo miró de muy malas maneras y negó con la cabeza.
- Quiero éste- afirmó con rotundidad.
- De acuerdo, serán veinticuatro galeones en total.
La niña sacó una gran puñado de monedas de la bolsa y comenzó a contar hasta que los números le cuadraron, cuatro monedas de oro y dos de plata. El resto lo introdujo de nuevo en la bolsa. Y le mandó una sonrisa de autosuficiencia al adulto.
- No debería juzgar a las personas por cómo visten- el mago asintió abochornado, la chica había guardado un montón de monedas en su interior y el saco parecía repleto.
Cogió todo y lo metió dentro de su caldero, aún así el caldero no parecía aumentar de peso. Contenta con su hazaña de defenderse ella sola salió de la librería y tomó la dirección que habían andado sus compañeros de aventura.
Sirius la vió pasar por delante de la tienda y salió tras ella.
- ¡Ada espera!- le gritó para que la chica lo escuchase.
Ada se detuvo en mitad de la acera esquivando a los magos que avanzaban hacia ella. Había dejado el saquito de monedas dentro de su caldero. Se volvió para ver quien la había llamado por su nombre de pila y se encontró al chico con el que se había tropezado al principio de su sueño.
- Hola Sirius- lo saludó como si lo conociese de toda la vida y llevase una semana sin verlo.
- Hola Ada, estamos viendo una maqueta nueva, James está regateando en el precio- le explicó el chico- Si quieres podemos ir tú y yo a por tu uniforme y luego volvemos.
- Vale- aceptó encogiéndose de hombros.
- Un momento y los aviso. No te muevas de aquí que en seguida vuelvo.
Sirius se volvió al interior de la tienda y salió con una hermosa sonrisa.
- ¿Ya se ha comprado la maqueta?- preguntó para entablar conversación.
- ¡Que va, y vale una pasta! ¡Le pide diez galeones! ¡Diez!- el chico se llevaba las manos a la cabeza y ella lo miró divertida, acababa de pagar doce por un libro, dos más. ¿También se llevaría las manos a la cabeza?- Ese tío está como una regadera, ¿Quién va a pagar tanto por un simple juego?
Ella se volvió a encoger de hombros, ella lo pagaría, su sueño se volvía excitante y tenía un saco repleto de monedas. Además si le había comprado el libro a Remus, ¿por qué no comprarle ese juego a James?
Cuando atravesaron la puerta acristalada de la tienda el tintineo de una campanilla los recibió y una bruja de mediana edad salió para atenderlos.
- Buenos días- saludó la mujer.
- Buenos días, venimos para que le tome medidas a…- empezó Sirius.
- Ada Steen- el chico la miró contrariado- Albus me avisó.
Sirius respiró tranquilo, ningún mago sabía quien era.
- Bueno señorita, si gusta- y le indicó que subiese a un taburete.
Ada saltó y cayó con los pies juntos, era ágil. Sirius la miró sorprendido, en el suelo tropezaba con todo y cuando la fuerza de atracción disminuía mantenía el equilibrio de maravilla.
- ¿Qué te ha pasado?- la señora señaló la rodilla de la niña con su varita.
- Me caí delante del banco- aseguró la niña.
La mujer removió su varita sobre la trabajada rodilla y sólo quedó una pequeña cicatriz. El dolor desapareció al instante y Ada se maravilló.
- Gracias- le dijo educadamente emocionada.
- De nada. No me apetece que manches las telas con sangre.
Sirius se quedó mirando el género. Unas nuevas túnicas de gala estaban colocadas sobre maniquís en movimiento, demostrando su versatilidad y resistencia a las manchas.
- Es lo último que he recibido, repele las manchas y siempre se muestra planchada.
- ¿Cuánto cuestan?- se interesó el muchacho, seguro que a su madre no le importaba gastarse una pasta si él le pedía algo digno de un sangre pura.
- Quince galeones. Son reversibles, sirven tanto para invierno como para verano- le indicó la modista clavando agujas sobre los trozos de tela que se colocaban sobre la niña- ¿Quieres la túnica a medida o prefieres que le haga un dobladillo para que te sirva para el año que viene?
- Vale- aceptó Ada.
- ¿Vale qué?- la interrogó la mujer.
- Que sea para este año, al curso que viene ya me compraré otra- sonrió abiertamente, su sueño no pasaría de las compras de ese día, ni siquiera pensaba que llegase a usar el billete del Expreso de Hogwarts que le había enseñado Sirius mientras se dirigían al callejón Diagon.
- ¿Estás segura?- la mujer estaba apunto de dar tijeretazo a la tela de las mangas.
- Segurísima- y sentenció su voz con un fuerte cabeceo- Y el uniforme también quiero que sea de mi talla.
La mujer cortó la tela y la hizo bajar del taburete. La niña saltó y aterrizó correctamente sin abandonar la vertical en ningún momento.
Se acercó al mostrador dispuesta a pagar y extrajo el saco de monedas del interior de su caldero. A la bruja se le abrieron los ojos de par en par cuando vio el pequeño saquito abultado.
- Deberías hacerte la túnica de la nueva tela.
- Bien, pues hágala de la nueva tela- no le importaba lo más mínimo pagar la cantidad que fuese- ¿Tiene papel y lápiz?
Sirius andaba demasiado cerca y había pensado comprarle una túnica a él. Era en lo que el chico había prestado interés. Escribió deprisa y corriendo: "Añada una túnica para mi amigo Sirius, con la nueva tela, de las que ha visto, sin que se de cuenta", y le pasó la nota mientras le guiñaba un ojo.
La modista sonrió y aceptó con la cabeza.
- Serán cincuenta galeones- le susurró a la niña.
Ella sacó dos puñados de monedas y contó el dinero, cuando un gran montón separado brillaba encima del mostrador metió el resto de monedas de nuevo en el saco.
- Puedes pasarte a partir de las cuatro, tendrás tu pedido.
Ada asintió con la cabeza y salió de la tienda acompañada por Sirius. El chico murmuraba cosas incomprensibles para los oídos de la chica.
- ¿Te encuentras bien?- y ahí la diferencia de madurez entre una niña de casi once años y un chico de trece.
- Le pedí a mi madre una túnica de esas, ¿Y sabes lo que me contestó?- Ada negó con la cabeza- Que no está la miel hecha para la boca del asno.
- ¿En serio?- estaba alegre, si su madre le hubiese dado permiso para comprarse una túnica, ¿Qué hacía ella con la que había encargado? El chico le sacaba la cabeza en altura, aunque tampoco importaba, por momentos su sueño se hacía cada vez más real y ella empezaba a convencerse que aquello no estaba ocurriendo sólo dentro de su cabeza- Pellízcame Sirius.
Sirius no se lo pensó dos veces y apretó con dos dedos el brazo de la chica, provocándole una rojez inmediata. Ada apartó el brazo con lágrimas en los ojos y lo miró con los ojos entrecerrados.
- ¡Me lo has pedido tú!- el chico se separó con las manos en alto, a la defensiva.
- ¡Me ha dolido!- se quejó la chica mirándose el brazo.
- Claro, los pellizcos duelen- Sirius bajó los brazos, esa chica estaba loca de verdad, acostumbrarla a la magia iba a ser una batalla perdida de antemano, seguía pensando que estaba soñando- ¿Por qué no te convences que esto es real de una vez por todas?
La adelantó y se detuvo delante de la tienda de varitas, el señor Ollivander´s los esperaba en la puerta junto con los otros tres chicos.
- ¿Pensaba que la varita era la parte básica de un mago?- ironizó el hombre entrando en la tienda- Pasen, esta elección va a ser difícil.
Ada siguió al hombre y le horrorizó el interior de la tienda, habían cajas por todas partes.
- Albus me habló de su antepasada, mi abuelo le puso su primera varita en la mano. Era una bruja maravillosa en Hechizos.
¿Hechizos? ¿Y qué era eso?
- Bueno, no se preocupe, cuando termine este año verá que ha aprendido muchas cosas. Lo primero es averiguar qué madera tendrá su varita.
El mago sacó trece palos de madera y los depositó con cuidado sobre el mostrador.
- ¿Cuál le gusta más?- los chicos miraban con atención, a ellos les había dado a probar varitas, no les había dado a elegir. Les dijo que la varita elegía al mago y no al revés.
La niña pasó la vista por encima de los trozos de madera y se decantó por una de color amarilla rojiza clara, con vetas en color café. No sabía porqué pero fue la que más le gustó, quizás fue por su brillo.
- Esa- y señaló el trozo de madera que estaba en novena posición.
- Avellano, al igual que Isla- sentenció el constructor de varitas- Me lo pone fácil, es una madera excelente para tallarla. Extienda el brazo por favor.
Ada estiró el brazo derecho hacia adelante. El señor Ollivanders se dio la vuelta y empezó a buscar por las estanterías cajas de distinto tamaño. Las colocó sobre el mostrador apartando el resto de maderas y miró a la niña.
- Coja el trozo de madera y elija una caja.
Los chicos contemplaban expectantes, Ollivanders nunca se equivocaba con la varita que entregaba, pero nunca habían estado en la elaboración de una nueva varita.
Ada sujetó la madera de un extremo y cerró los ojos, notó como su brazo se dirigía hacia la tercera caja. El constructor de varitas se llevó la mano al pecho y negó con la cabeza.
- ¿Está segura?- no entendía como se había inclinado por la tercera caja, era la que llevaba más componentes, incluso el que le había dicho Albus que debía añadir al núcleo de la varita de la chica, aunque no lo eligiese, "Escamas de la cola draconiana de la Quimera".
- No, pero me ha dicho que elija una, si quiere cambio de elección- Ada abrió los ojos con delicadeza- ¿Qué acabo de elegir?
- El núcleo de su varita- aseguró el adulto tragando.
- Que bien.
- De bien nada, su varita tiene cuatro núcleos, de normal sólo se ponen dos, eso añadido a las características de la madera elegida crean una varita demasiado poderosa.
- ¿En serio?- la charla le parecía muy divertida, ni siquiera sabía para qué servía una varita.
El hombre asintió con la cabeza y guardó las otras dos cajas. Rodeó el mostrador y tomó medidas del brazo de la niña.
- Llevas una varita mediana, tus brazos son largos pero tu estatura es corta y por tu constitución ósea no creo que superes el metro y medio cuando alcances la madurez. Sí, 27 centímetros.
Los chicos sacaron sus varitas, la de Sirius era la más larga, 39 centímetros, luego la de James, 37, seguida de la de Remus, 36 cm y Peter con la varita más corta, 23´5 cm.
- Ada la va a tener un poquito más larga que tú, Peter- bromeó James, con su humor tan característico.
- Ja, ja, lo que importa no es la longitud, si no el manejo- rebatió el muchacho.
- En eso tiene razón, señor Pettegrew, el largo depende de la distancia del codo a la muñeca en relación con la distancia del codo al hombro y la consistencia de la madera que envuelve el núcleo de la varita. La suya lleva pelo de unicornio, la de la señorita Steen piel de mantícora.
- ¿Piel de mantícora?- preguntaron los cuatro chicos a la vez.
- ¿Para repeler hechizos?- sugirió Remus, muy puesto en la materia, se notaba su brillantez.
- Sí señor, la mayoría de aurores poseen esa piel en el núcleo de sus varitas, el señor Potter también lleva piel de mantícora y polvo de cuerno de unicornio- James aceptó con un ligero movimiento de cabeza- Pero a la vez la varita de la señorita Steen posee pelo de bañes, como la del señor Black- Sirius asintió, aún sabiendo que ese núcleo era gastado en varitas que normalmente llevaban las mujeres, y se ponía en varitas muy difíciles de controlar- Y escamas de la cola draconiana de una quimera, como la del señor Lupin, debe haberse dado cuenta que su varita no la puede gastar nadie más que usted, en las manos de otro mago no canaliza la magia- Remus aceptó la explicación- Y, al igual que el señor Pettegrew, escamas de caballito de mar volador.
Los chicos miraron a Peter y este agachó la cabeza.
- ¿Caballito volador?- Sirius estaba a punto de soltar la carcajada, entendía que la varita de Ada con lo torpe que era llevase esas escamas, pero su amigo Peter…- ¿De verdad?
- He mejorado mucho en estos dos años- murmuró el chico.
Y ahí fue cuando el joven estalló en carcajadas, Peter era un auténtico desastre en todo lo que tuviese que gastar la varita.
- ¡No te rías!- se quejó el chico más rubio del grupo.
- Va Sirius, no sólo él lleva escamas de caballito, la nana también- soltó James de manera arrogante, no le gustaba que se riesen de sus amigos, aunque fuera otro amigo, él era el único que tenía ese derecho.
- Sí pero ella es hija de muggles- y es que no podía parar de reír.
- Con sangre Black recorriendo sus venas- le recordó Remus.
- Ni de coña, ningún Black tiene una varita con esas escamas, todos somos excelentes duelistas. Además la cantidad de sangre Black que pueda recorrer sus venas es como una pequeña gota de lluvia en la inmensidad del océano.
Ollivanders seguía la conversación de los chicos y contemplaba los gestos de la niña a su vez, parecía contrariada con las palabras del joven de pelo fino.
- ¿Por qué se ríen de las escamas de caballito de mar volador? ¿Y por qué los hijos de muggles solemos llevarlas?
El señor Ollivanders evitó una contestación metiéndose en la trastienda con el trozo de madera y la caja que llevaba el núcleo de la varita de la niña. Pensando cómo debía colocarlos.
Ada seguía mirando a los chicos carcajearse de su amigo, incluso Remus se había unido a las risas y lo que la sacó del tiesto fue que incluso Peter reía con ellos. Los magos estaban locos de atar, a buenas horas ella se quedaba callada cuando alguna compañera le daba por llamarla torpe o patosa.
Ada miró su reloj, el hombre había tardado sólo doce minutos en montar su varita y salía con ella sobre un paño.
- Quiero que sujete la varita con fuerza y la agite con delicadeza- y le extendió la varita.
Ada cogió la varita de un extremo tal y como le había dicho el hombre y un cosquilleo le recorrió todo el cuerpo, proporcionándole una ligera sensación de mareo. Levantó la mano con el palito bien sujeto y bajó el brazo despacio.
El mostrador se partió en dos y la estantería de detrás saltó por los aires, la chica se agachó y los chicos dejaron de reír ante el estruendo.
- No se preocupe, aprenderá a controlarla, recuerde que el avellano tiene cuatro propiedades mágicas- la disculpó el mago.
Ada quería que se la tragase la tierra en aquél momento, acababa de romper parte de la tienda.
- Sabiduría- Remus fue el primero que rompió el silencio.
- Creatividad- le siguió Peter.
- Aumento de la percepción, que por cierto te hace falta- ironizó Sirius.
- Y refuerzo de las capacidades mágicas- terminó James.
Ada los apuntó con la varita sin darse cuenta y los chicos pegaron la barriga al suelo del local con la mano sobre sus cabezas. A Ada le recordó una escena de una película que anunciaban en la tele. Y rompió en carcajadas, dejando a los chicos desconcertados.
- Señorita Steen, meta la varita en su caja y no la gaste hasta que esté en Hogwarts- la niña obedeció al adulto y pagó los ocho galeones que le pidió por su varita sin rechistar.
Salió de la tienda sin esperar a los chicos, eran cerca de la una y media y su estómago rugía de hambre.
