Hola! bueno, espero este capitulo les guste, me han aconsejado que los acontecimientos no pasen demasiado rápido, bueno, esta historia es algo larga, no quiero escribir rápido, quiero darles detalles, no les molesta que salga 5, 6 o 7 capítulos, ¿No? ¡Espero que no! jaja No los interrumpo mas, disfrútenlo:

Los personajes no son míos, yo solo juego con la historia.


Peeta POV.

Bajo las escaleras corriendo y entro en la cocina.

-¡Papá! –Grito cuando no lo veo tomando su café matutino.

-¿Qué pasa? –Pregunta desde la sala.

-¿Me has inscrito al instituto, verdad?

-Si –dice sonriendo-. Te dije que yo me encargaría de eso, no se por qué no me crees.

-Bueno, el año pasado te olvidaste de inscribirme y perdí una semana entera.

-Ya ya –mi padre se pone de pie y me entrega mi horario-. También te inscribí en el equipo de futbol.

-¿Fut-bol?

-Si, bueno, dijiste que querías hacer un deporte en las tardes. Me tome la libertad de inscribirte y…

-Papá, yo estaba pensando en algo como tenis o golf. Te dije que el futbol no me gustaba.

-No no, dijiste que el soccer no te gustaba, el futbol es más…

-¿Salvaje?

-Masculino –murmura. Desde hace un tiempo mi padre se la ah pasado criticando mi forma de ser. Se queja por que salgo mucho con mis amigas, porque hago compras, porque prefiero pasar las tardes en las tiendas que entrenando. Me da miedo decirle a que se debe que yo sea diferente, mis padres son muy distintos, con mi mamá no hubo problema alguno, pero mi papá es… mi papá.

-Masculino, vale –Tomo la chaqueta que está en la mesa y mi mochila-. Nos vemos en la tarde.

-Que te vaya bien –me dice.

-Y por cierto. Me inscribiré a tenis –digo antes de salir.

Conduzco mi coche con la mayor lentitud que puedo, no quiero llegar al instituto, saber que me esperan todas esas clases me da estrés.

Estaciono el coche en el aparcamiento y me adentro en el edificio.

-¡Peeta! –Un grito chillón suena a mis espaldas.

-¡Johanna! ¡¿Qué te has hecho?! –Johanna, mi mejor amiga. La chica que hasta el curso pasado era rubia, blanca y parecía sacada de Beverly Hills, ahora lucia un cabello obscuro y una tez bronceada.

-Nuevo look ¿Te gusta?

-¡Por supuesto que si!

-¡Vamos!

Caminamos entre los pasillos, me hace contarle todos los detalles del chico al que conocí en New York. Termino contándole hasta nuestro acuerdo de vernos todo el fin de semana.

Suena el timbre y Johanna entra a su salón y yo me dirigió al mío, del otro lado del edificio.

Cuando estoy a punto de llegar algo duro choca con mi hombro y hace que se me caiga mi mochila. Escucho unas risas y las ignoro. El estúpido Finnick va riéndose con su banda de leales seguidores. Parece que el curso pasado yo fui su objetivo principal, me daban igual, aunque ese Cato se estaba pasando con lo que hacía.

Entro en el aula y me siento en mi lugar de siempre, el banco del fondo, en donde se sentara Prim a mi lado izquierdo, Sean enfrente de mí y Annie a mis espaldas. Como todos los años.

Las primeras que llegan son Prim y Annie. Prim, como siempre viene resplandeciente, su pequeña figura se mueve rítmicamente con sus pasos, su cabellera rubia se menea con gracia, siempre es imposible no voltear a verla, es como una pequeña estrella brillante, siempre sonriente. Hermosa.

Y Annie a su costado, al contrario que Prim, la cabellera obscura de Aniñe contrasta con su hermosa piel pálida.

-¡Peeta! –grita Prim dulcemente y ambas me saludan con un beso en la mejilla.

El último en llegar es Sean, que este año se ah teñido el cabello un tono más rubio. Cualquiera diría que Sean es homosexual, pero siendo de los chicos más populares del instituto, dudo que alguien se atreva a mencionarlo. Y a pesar de eso, Sean siempre se andaba enrollando con cualquier chica mayor que él.

-¡Hola, hola! –Nos saluda a los tres, dándome unas palmaditas en mi espalda-. Tenemos que ir por un café hoy ¿Se apuntan los tres?

-Yo si. –contesto.

Annie y Prim también aceptan.

El profesor entra por la puerta y comienzo a ordenar mis cosas.

Tomo el bolígrafo para anotar el nombre del nuevo profesor pero cuando lo vi girarse y darme la cara, con esos ojos perfectos de siempre, el bolígrafo salió volando literalmente de mi mano y cayó al suelo, de pronto todos se habían callado y el sonido del metal chocando contra el piso se escucho en toda el aula.

-Mierda –dice Gale en un tono de voz lo bastante potente.

Todos se han volteado a verme. No logro contener mi sorpresa.

-Mierda –repite Gale y todos se giran para verlo-. ¿Lo ven? No tiene nada de malo, es una expresión. ¿Se dan cuenta la importancia de las expresiones, los gestos y las palabras? Eh hecho que todos se giraran para ver a su compañero… ¿Cómo te llamas?

-Peeta Mellark –contesto incrédulo, siguiéndole la corriente.

-Bien señor Mellar. Verán chicos, esta clase, como su nombre lo indica, es para que ustedes aprendan a relacionarse en el mundo de la fantasía y lo real, para que tomen un papel, sin pudor, sin vergüenza y lo expresen a su forma. El punto principal es hacerle creer al público que todo es real, que tu actuación es verdadera. El público siempre va ser muy exigente, pero no difícil ¿Lo han visto? Basto una palabra para poder llamar su atención. Es lo que quiero que aprendan hacer. Vamos a saltarnos el programa escrito, porque para ustedes, lo principal, será aprender a llamar la atención de un grupo de personas, y no solo eso, si no que tendrán que improvisar, siempre haciendo que su actuación sea creíble… -Gale sigue hablando pero yo no logro razonar una sola de sus palabras, sus ojos curiosos buscan siempre alguien a quien mirar, pero no a mí, no en toda la clase.

El timbre suena para salir y el grupo se pone de pie para cambiar de clase.

-Señor Mellark, ¿Puedes quedarte? Quiero que me ayudes a preparar la clase de mañana.

-Por supuesto –contesto.

Me despido de mis amigos y me quedo hasta que todos salen.

Cuando sale el último alumno, cierro la puerta y me dirijo al escritorio.

-¿Qué demonios haces aquí? –le pregunto.

-Me dijiste que estudiabas en Miami –me reclama.

-Tú me dijiste que dabas clases en Los Ángeles.

-¿Qué esperabas? Te acababa de conocer, quería quedar bien contigo.

-Yo también.

Nos quedamos mirándonos el uno al otro y cuando menos lo espero mis labios ya están junto con los suyos.

-Sabes que esto es peligroso ¿Verdad? –me pregunta separándose de mí.

-Si.

-Si alguien nos ve terminare en la cárcel.

-Nadie nos vera.

-No puedes asegurarlo.

-No. ¿Me dejaras, Gale? Dímelo de una vez.

Se queda callado un momento, suspira y sonríe.

-No podría hacerlo.

Curvo mis labios y me acerco para besarlo nuevamente.

-Nos vemos mañana, profesor Hawthorne –le doy otro beso en los labios carnosos y me despido con la mano mientras salgo del aula.

-Te vi besando al profesor.

-¡Johanna! –prácticamente grito. Estamos en nuestros casilleros cambiando los libros. Su casillero esta junto al mío.

-Es tremendamente sexy, lo de enrollarse con un profesor y aun mejor, que sea mayor. Pero ¿No te meterás en problemas, Peeta? Es peligroso…

-Lo sé, ven, tengo que contarte.

-Tengo clases –me dice.

-No importa –la tomo del brazo y caminamos, ella solo sonríe y se mueve con elegancia por el pasillo.

Llegamos hasta fuera del campus y nos sentamos en el pasto, bajo la sombra de un árbol.

-¿Ya tuvieron relaciones?

-¡Claro que no! ¡Déjame contarte! –le digo cuando me siento.

-Bueno, dale, me están comiendo los nervios.

-Veras, Gale…

-¿Gale? ¡Ya no es el profesor Hawthorne! ¡Que atrevido eres!

-¡Cállate! –pongo mi mano sobre su boca y la miro con furia.

-Ya, ya. Perdón. Me callo.

-Gracias. Bueno, veras, Gale entro a trabajar a la empresa de mi madre, y yo estaba ahí, entonces nos toco trabajar juntos y pues las cosas se dieron. Pero ninguno de los dos sabíamos que nos encontraríamos aquí. Habíamos quedado de vernos todo el fin de semana en New York…

-Valla, es romántico. Creo. ¿Entonces nada de nada? Porque, Dios. El profesor esta tremendo…

-Joha… -la silencio nuevamente.

-Vale, lo siento… Te estás poniendo rojo ¡Te pones rojo! ¡Ya lo hicieron!

-¡Johanna! –Hay tantas personas a nuestro alrededor. Giro mi rostro para todos lados y nadie nos pone atención. Sonrió.

-Dios mío, tu primera vez y…

-No. No, no, no. Aun no –agacho la mirada sonriendo-. Pero ya dormimos juntos.

-¿Enserio?

-Si, un par de veces…

-Y no te dan ganas de… ya sabes

-No eh pensado en eso, creo.

-Como diablos no, Peeta. Quisiera tener al profe una noche, solo una noche y uff…

-Me estas incomodando –Siento celos. Sé que Johanna es la persona en quien más puedo confiar, pero siento celos de que alguien hable así de mi hombre.

-Dios, no puedo creerlo. ¿Por qué los más sexys tienen que ser gays? También te incluyo. -Sonrío. Después de mucho tiempo había decidido contárselo a Johanna, después a Aniñe y Prim y por último a Sean. Los cuatro lo habían tomado muy bien, aunque Sean había cambiado su forma de ser... se comporto... diferente.

Recuerdo muy bien un día que estábamos él y yo solos en mi casa. Mi padre no estaba y yo acababa de decirle lo de mis preferencias.

Estábamos viendo una película cuando sentí su mano sobre mi muslo, al principio pensé que no era nada, Sean siempre había sido muy cariñoso con nosotros, siempre andaba abrazándonos y besando nuestras mejillas, pero cuando sentí que su mano acariciaba mi muslo gire para verlo.

-¿Qué haces? –le pregunte entrecortadamente.

El solo me miro un segundo y acerco sus labios a los míos. Era el tiempo en que Sean llevaba el cabello largo y conservaba su castaño obscuro natural. Mis dedos se habían enredado en él y terminamos tirados sobre el sofá.

El cuerpo de Sean era muy pesado, llevaba años en el gimnasio y en el equipo de futbol, así que cuando sus manos me acariciaban sus movimientos eran bruscos.

Su erección se rosaba con la mía y sus labios carnosos no se separaban de mí.

Había quitado su camisa y acariciado su pecho grande y tonificado, había besado su cuello y cuando estaba por quitarse el pantalón se sentó en el sofá, suspiro un par de veces y dijo.

"Lo siento, esto no es lo mío"

Al principio me había desconcertado, después tuve un poco de coraje y al final tristeza.

"Lo siento" volvió a hablar "Quería saber si yo también lo era, pero, creo que no. Me van las chicas. Lo siento."

"No es nada" había respondido yo mientras le entregaba su camisa.

"Te quiero, eres mi mejor amigo" Me dijo y beso mi mejilla.

Después de eso sentí que estaba más cerca del que cualquier otra persona, pero tenía en claro que el solo sería mi amigo, se la pasaba jugando conmigo, me besaba en las mejillas, en la frente, me hacía comentarios embarazosos sobre chicos y me hacia caricias bromeando. Las chicas habían presenciado todo eso y, viniendo de Sean, no era sorprendente. Pero de lo que había ocurrido entre nosotros aquella tarde, jamás se volvió a hablar.

-Quisiera tener una historia linda y ardiente como la tuya… -Johanna me sacó de mis pensamientos-. Ya sabes, Taylor es lindo, pero es algo estúpido. Me está cansando.

-¿No accede a tus exigencias? –inquiero sonriendo.

-No. Y además de eso, es el típico jugador de futbol sin cerebro.

-Esta guapo.

-Si, lo sé. Su lindo rostro me está deteniendo para cortarlo.

En ese momento cae un balón de futbol sobre mis piernas, golpeándome fuertemente.

Tomo el balón entre mis manos y miro en dirección de donde vino.

Finnick Odiar viene trotando hasta nosotros, su cabello ondulado y largo se mueve perfectamente y con los arboles a sus espaldas y el reflejo del sol sobre su cuerpo bronceado lo hacen parecer un modelo de televisión.

-Mío –dice y se agacha y toma el balón con su mano derecha-. Lo siento, princesa –con su otra mano acaricia mi mejilla y antes de marcharse despeina mi cabello.

-No deberías dejar que te traten así –me dice Johanna.

-No es nada –contesto acomodando los mechones que han caído sobre mi frente.

-No por ser el chico más guapo del instituto le da derecho de tratar a la gente como él quiera.

-Pues aquí, parece que si se lo da.

Me quedo mirando en dirección hacia donde se fue Finnick. Esta con su grupo de siempre y se lanzan el balón unos a otros.

-Vamos –Johanna palmea mi pierna y se pone de pie.

Entramos en el edificio y nos encontramos con Annie saliendo de su clase. Tiempo después Prim se une a nosotros y no vemos a Sean hasta la hora de salida.

Cuando llego a casa mi hermano está en la cocina.

-Te toca hacer la comida. –Me dice.

-Pero tengo cosas que hacer.

-Eh dicho que te toca. –Me entregaa un trozo de carne cruda y se marcha. Genial

Termino encargando comida china y preparo la mesa para cuando llegue papá.

Dejo una nota en la mesa donde explico que iré a tomarme un café con Sean y las chicas y me voy.

Para ir al café tengo que pasar por el instituto, así que cuando veo a Gale a punto de subirse a su coche no dudo en detenerme.

-¡Hey! –Grito bajando la ventanilla. El voltea para todos lados y cuando confirma que nadie nos ve, se acerca a mi coche.

-Toma –Me entrega un papel y se marcha. Ni siquiera tengo tiempo de decirle nada.

En el papel, con una caligrafía prácticamente perfecta, está escrita una dirección, un número telefónico y al final, con tinta roja dice "Mi casa, a las 7:30pm. Te quiero."

Mi corazón late con fuerza, doblo el papel y lo guardo en la guantera del coche.

Cuando estaciono mi coche en el centro comercial al que siempre vamos, Sean va llegando también, deja su motocicleta a un lado de mi carro y se acerca a mí.

-Hola –me saluda sonriendo ampliamente, me toma de la mano y caminamos hacia el interior.

-¿Cómo te fue en clases? –Le pregunto.

-Uf, me tocaron unos profesores bien extraños. Siento que no voy a pasar este semestre. –Sus dedos se entrelazan en los míos como muy comúnmente hacen y masajea mi mano con sus yemas.

-¡Chicos! –Prim viene caminando hacia nosotros, nos da un beso en la mejilla y se enreda en el brazo libre de Sean-. Johanna y Annie ya están en el café.

Caminamos por el largo y amplio pasillo hasta llegar a nuestro destino y nos sentamos junto a Johanna y Annie.

El resto de la tarde pasa tan rápido que no me doy cuenta cuando obscureció, alterado busco mi móvil y reviso la hora. 7:00pm.

-Chicos, tengo que irme –Les digo interrumpiendo la discusión entre Annie y Johanna sobre cual vestido le queda mejor a Prim. Sean esta eligiendo otro conjunto para él y yo estaba deteniendo la ropa de Johanna.

-¿Por qué? –se queja Annie.

-Quede con mi papa y mi hermano. Nos vemos mañana. –Les doy un beso en la mejilla y como Sean se encuentra varios metros retirado solo sacudo la mano, el me lanza un beso y yo muevo las manos como si lo fuera a agarrar.

Parece que es eterno el tiempo que tardo en encontrar la casa de Gale, que en realidad es un edificio de departamentos y su número interior es 274.

Subo por el ascensor y busco con cuidado el número en cada puerta hasta encontrarlo.

Toco el timbre y segundos después Gale abre la puerta y entro.

La primer habitación es una pequeña sala vintage con una mesa hermosa de centro y veladoras aromáticas encendidas. Hay libros en todos lados. En el librero, en los sillones y en las mesas.

-¿Qué te parece? –Me pregunta mientras cierra la puerta.

-Muy… rustico. –Sonrió. Cada detalle, cada objeto de aquella habitación y de las continuas parecía ser del siglo pasado, pero era hermoso. Como si me hubiera cambiado de época. Diseños rústicos modernos.

-¿Demasiado? –pregunta.

-No, justo lo necesario. –Me giro y quedo frente a él, mirándolo a los ojos.

Sus manos se colocan en mi cintura y poco a poco voy sintiendo su rostro más cerca de él.

Cierro los ojos y me pongo un poco de puntas para besarlo.

-Ya te extrañaba –murmura entre mis labios.

Me recargo en su pecho y suspiro.

-¿Pedimos algo para cenar?

-Claro, lo que quieras –le digo.

Después de ordenar la cena nos quedamos sentados en la sala, cada uno en un sofá. Conversamos sobre los problemas que implica nuestra relación, y ninguno está dispuesto a dejarla. Además de que Gale sea mi profesor, mi padre jamás debe de enterarse de lo nuestro y tenemos que ser muy cuidadosos.

Cenamos juntos y cuando terminamos nos sentamos de nuevo en la sala, pero esta vez me siento en el mismo sofá que Gale, recargo mi cabeza en sus piernas y el acaricia mi cabello con sus dedos.

-Tengo que irme –le digo cuando veo la hora.

-Espera, quiero hacer un curso por las tardes, para todos a los que les interese la actuación. ¿Qué te parece?

-Es muy buena idea, yo entraría.

-De hecho, quiero que seas mi asistente personal.

-¿Quieres que sea tu sirviente?

-Bueno, podríamos pasar más tiempo juntos… podremos tener pretextos para vernos… y hacer esto… -Comienza a besarme lentamente y con su mano acaricia mi cuello, después mi pecho y siento sus yemas calientes rosando mis pectorales.

-Puedes someterme si quieres, no te demandaría –digo entre besos.

-Suena excitante. –Susurra él. Ambos sonreímos.

Me pongo de pie, tomo mis cosas y después de despedirme salgo del departamento.

Justo cuando estoy en el auto me llega un mensaje de Gale.

"Ya te extraño. Te quiero."

Sonrió y sujeto mi rostro entre mis manos. Me estoy enamorando. Completamente.

Al día siguiente tengo dos clases seguidas con Gale, como siempre, mis amigos están sentados en sus lugares alrededor. Annie discute con Sean sobre una obra literaria, Prim garabatea en su cuaderno y Johanna me hace una evaluación de cada rasgo de Gale.

-Tiene unos buenos glúteos –susurra cuando se da media vuelta para anotar la tarea.

-Johanna –la reprimo.

-Escúchenme –Grita Gale unos varios tonos más alto-. Ayer, para preparar la clase su compañero, el señor Mellark, se quedo unos minutos después y ambos concordamos en abrir un curso por las tardes de actuación. Lo eh platicado con el director y… -Ya no logro ponerle atención. La manera en que sus labios se despegan y se juntan es condenadamente tentadora. Me imagino poniéndome de pie, caminando hasta el, poniéndome frente suyo y besándolo lentamente, saboreando sus labios con mi lengua, acariciando su espalda, sintiendo sus caderas junto con las mías y...

-Peeta –Johanna me está moviendo el brazo.

Me doy cuenta que todos me miran y trato de no parecer estúpido, no lo logro, lo sé porque todos se ríen de mí.

-¿Verdad? –Repite Gale esperando una respuesta a su pregunta que obviamente no escuche.

-S… ¿Si? –respondo-. Lo siento, estaba pensando en… algo.

-Le voy a pedir que preste más atención, señor Mellark. Les decía que usted accedió a ser mi asistente y que pueden pasar con usted a inscribirse.

-Oh, claro, por supuesto. –Parpadeo varias veces para centrarme.

Todos se ponen de pie y algunos salen del aula, otros se dirigen hacia mí. Saco una hoja y anoto los nombres de los que quieren inscribirse.

De mis amigos solo Annie y Johanna se integran, Sean tiene entrenamiento por las tardes y Prim tiene clases de Ballet.

Las clases comienzan a las 5 de la tarde y se terminan a las 7, así que tengo cuatro horas libres antes de regresar al instituto.

No logro hacer nada productivo más que tirarme en mi cama y escuchar música, cuando la hora se da ya estoy listo y soy el primero en llegar a la clase.

Gale POV.

Tardo alrededor de dos semanas en integrarme bien al grupo, en acoplar mis horarios y ordenar las cosas que tengo que hacer al día. Siento que estoy más unido con el grupo de actuación en contra turno que con mis grupos matutinos, por ejemplo, ahora, estamos ensayando Romeo y Julieta, todos, cada uno toma un papel diferente cada cierto tiempo y así elegiré a quien mejor le quede el papel y cada uno sentirá con quien se identifica más.

-Empecemos de nuevo –Les digo e intercambian libretos

La clase pasa volando, al finalizar los alumnos se van después de comentarme sobre sus personajes de hoy, y cual quieren elegir para la obra de teatro que presentaremos en dos meses. Peeta se queda hasta el final y después de cerrar la puerta regresa a mi escritorio y toca mi mano con sus dedos.

-¿Te apetece cenar? –me pregunta y se acerca a mis labios.

-S… Si –contesto entre un ligero beso.

Se despide con una sonrisa y se marcha.

Siempre, después de que él se va, me pongo a pensar en lo difícil que es esto. En que el no debería estar atado a alguien como yo, el debería de ser feliz, libremente. Además, es un riesgo para ambos, si las autoridades se llegan a enterar los dos estaríamos en serios problemas.

No quiero seguir pensando eso, así que termino rápido de arreglar el aula y me marcho.

Me dirijo a mi departamento y cuando entro Peeta ya está ahí.

-Me ganaste –le digo mientras tiro mi maletín al sofá.

-Eh tomado tus llaves –dice agitándolas en el aire.

Sonrió y volteo a la mesa, en donde ya está la cena lista.

-Valla…

-Lo eh comprado –sonríe.

-Lo suponía.

Cenamos lentamente mientras platicamos sobre la obra de teatro y a quien le queda mejor cada personaje.

-Me gustaría que mañana hicieras de Romeo. –le digo.

-¿Romeo? ¿Yo?

-Si, si. Creo que te quedaría perfecto.

-No lo sé…

-Vamos, será divertido y realmente te visualizo como él.

-Vale, haber que mañana.

Terminamos de cenar y limpiamos juntos la mesa y lavamos los platos.

-Me siento tan agotado. –Dice el sentándose en el sofá-. Mi padre insiste en que entrene por las tardes.

-Deberías tratar de hacerlo –lo animo. Me siento a su lado y paso mi brazo por detrás de sus hombros.

-No me gusta el deporte. Ya ni siquiera insiste en que sea futbol. Estoy pensando que solo quiere que me salga del curso por las tardes.

-¿Por qué? ¿No le agradó?

-No, no. No es eso. Creo que él cree que la actuación y todo esto… no sé, que no es algo para hombres.

-Pues hay muchos hombres en mi clase, deberías decirle eso.

-Lo sabe, una vez fue a ver que hacíamos ahí. Supongo que temía que yo me pusiera un traje de ballet y bailáramos todos juntos.

Ambos nos reímos.

-Debe de ser difícil. Tu… situación.

-Si, algo. Pero no hablemos de eso.

-Bueno, ¿De que quieres hablar? –pregunto besando su sien.

-No se… de… -su mano se coloca sobre mi muslo y suspiro mientras cierro los ojos-. ¿Cómo supiste que te gustaban los hombres? ¿Desde pequeño fuiste así?

Sonrió ampliamente ante su pregunta.

-Es una larga historia.

-Tenemos toda la noche –gira su rostro para verme.

-¿La tenemos? –Sonrió.

-Por supuesto –contesta.

-Bueno… yo tenía tu edad, estaba en preparatoria…

Era de noche, habíamos salido tarde por unos eventos de deportes, la noche estaba fría y estaba lloviendo, tenía que caminar para tomar el camión, y preferí quedarme parado bajo un pequeño techo de plástico que había afuera de una tienda. Ahí estaba otro chico, era dos años mayor que yo.

-Que cambio de clima ¿Verdad? –me preguntó el, estaba al otro extremo de donde yo.

-Si –conteste sonriendo.

Envolví mis brazos en mi estomago, estaba temblando.

-¿Estas en este instituto? –me pregunta.

-Si –contesto-. ¿Y tú?

-También –me dice y se acerca un poco más.

-Hacia tanto calor hace tres horas –comentó. El día había estado soleado y con un calor sofocante. Yo ahora solo llevaba una ligera playera negra que se estaba empapando con la poca agua que nos caía gracias al viento.

-Lo sé, esta helado… y mis padres tardaran 15 minutos en venir por mí…

-Que bien, yo tengo que irme en camión.

-¿Enserio? ¿Por dónde vives?

-No vivo aquí, vivo en el pueblo vecino –Le conteste.

-¿Y te vas a ir hasta haya ahora?

-Si –conteste riéndome-. No me pienso quedar aquí hasta mañana –me reí nuevamente.

-Dios, que pesado. Me llamo Ludvik –extendió su mano hacia mí y la estreche.

Fue la primera vez que lo toque y sentí como una corriente eléctrica entre nosotros. Y sé que el también la sintió porque tardamos más de lo normal con nuestras manos sujetas.

-Soy Gale –le dije.

-Bueno, Gale. Sé que no nos conocemos, pero no vivo tan lejos y puedes quedarte en mi casa, quizá hasta que el agua se valla…

-Valla, gracias, pero no quiero dar molestias.

-No es molestia, no hace buen clima para que andes solo…

-Estoy bien, de verdad.

En ese momento un coche se estaciono frente a nosotros, Ludvik se acerco a él y después de hablar con alguien en el interior me dijo:

-Ya les eh dicho, súbete al auto, no me iré hasta que te subas.

Después de un momento accedí a su invitación. Me subí al auto, empapado por el agua.

-Voy a mojar todo –dije una vez adentro.

-No importa, nos pasa muy seguido –me dijo el chico que iba conduciendo.

-Nain, el es Gale. Gale, Nain. Es mi hermano.

-Hola –lo salude y él me saludo asintiendo con la cabeza y mirándome desde el retrovisor, lo primero que vi fueron sus hermosos ojos grises.

Cuando llegamos a su casa la lluvia había empeorado, había alerta de huracán en el pueblo, algo que no era extraño ahí, y los padres de Ludvik no me dejaron irme esa noche, así que me quede a dormir.

La casa era enorme pero muy acogedora, estaba cálida y olía maravilloso. Después de cenar Ludvik me llevo a su habitación, una habitación pequeña comparándola con el resto de la casa.

Conversamos un poco y después dijo que debíamos bañarnos para que no nos fuéramos a enfermar. Me metí primero yo y me prestó ropa de su hermano, después se baño él.

Cuando salió del baño, que estaba dentro de la habitación, solo llevaba una toalla anudada a la cintura, fue la primera vez que veía un hombre de aquella manera. Me gustó. Verlo semidesnudo.

Gire mi rostro y deje de mirarlo.

La noche fue muy incómoda, me sentía raro, apenas lo conocía y él me hablaba como si lleváramos mucho tiempo juntos, aun temía que fuera una familia de secuestradores y yo su víctima.

La luz se fue y nos quedamos a obscuras, con una pequeña luz de veladora en la mesa a un lado de la cama.

Recuerdo exactamente sus palabras:

-Tienes un… -había comenzado a decir mientras limpiaba su labio inferior y señalaba el mío.

Con la yema de mi dedo frote el lugar que él estaba indicando, entonces él se acerco a mí, creí que me iba a limpiar, pero no. Sus labios se habían juntado con los míos, lo primero que sentí fue sorpresa, porque él era un chico y yo también. Pero cuando su mano toco mi cuello y mi estomago tembló, deje de pensar en cualquier cosa, y cuando su otra mano acaricio mi cintura fue como si ya no existiera nada más.

Nuestros labios se movían lentamente y cuando dejo de besarme completo la frase que había dejado inconclusa antes:

-Unos labios hermosos –susurro.

Esa noche dormimos juntos, nos besamos hasta cansarnos, nos acariciamos prácticamente todas las zonas de nuestro cuerpo y al final, cuando el cansancio fue demasiado, nos dormimos abrazados.

Duramos siete meses juntos y cuando él salió de la preparatoria y se fue a la universidad no lo volví a ver. Hablábamos por teléfono, pero nunca volvió a ser lo mismo y de repente, un día, solo dejo de existir y ya no supimos nada el uno del otro.

-Valla…. –susurro Peeta-. Es romántico –suspiró.

-Algo… Te contare otra historia. Mi favorita, la que es verdaderamente romántica:

Yo acababa de entrar a trabajar y había un chico que parecía odiarme, no sabía por que se comportaba así conmigo y siempre trataba de estar en paz con él, pero parecía que él se esforzaba por odiarme. No me había dado cuenta lo hermoso que era hasta el momento en que él se comporto de manera diferente frente a mí, cuando encontró a su amiga y el abrazo en medio del pasillo, parecía que estaba viendo a un ángel hermoso. "El no" fue mi primer pensamiento, porque no quería fijarme de esa manera en alguien que parecía odiarme. El tiempo paso y todo fue exactamente igual, hasta que una noche logre hacerlo cambiar conmigo, no sé que fue, quizá el destino, los astros, el clima… Estaba en su departamento, bajo las estrellas, en una noche típica de New York, cuando lo bese por primera vez. Mi estomago estaba moviéndose tanto que temía fuera a desmayarme. Sus caricias eran perfectas, su pequeño cuerpo era perfecto, el era perfecto.

Teníamos que separarnos por un tiempo, pero queriendo acortar la separación hicimos planes, sin saber que nos veríamos más pronto del que creíamos. Cuando lo vi por primera vez, en mi clase, siendo mi alumno, mi corazón se paralizo. Por un lado estaba impresionado, por el otro lado tenia terror. Pero sé que, podremos superar todo lo que venga, porque yo no solo lo eh llegado a querer. Porque esto que siento cuando estoy con el no es normal. Por que cuando sus manos me tocan, cuando sus labios me besan, siento que soy otra persona, sé que esto no es querer, esto es algo más. Esto es amor…

Peeta se ha girado completamente y me está mirando a los ojos. Tiene lágrimas en ellos.

-No llores –susurro.

-Es hermoso. –dice mientras una de sus lagrimas se derrama. La limpio con mi pulgar-. Ni siquiera sé si estás hablando de mí pero…

-¿estás loco? –lo interrumpo-. Por supuesto que es por ti.

Me inclino, tomo su rostro entre mis manos y lo beso en los labios.

-Peeta, no es normal esto que siento por ti. Me has enamorado completamente.

Busco sus labios nuevamente y él se pone de rodillas en el sofá, me siento derecho para poder besarlo bien, coloco mis manos en su cintura y poco a poco lo recuesto en el sofá, quedando arriba de él.

Mi corazón late con fuerza, y el de él lo puedo sentir a través de la ropa, golpeteando en mi pecho.

Estoy seguro de lo que siento y ahora, solo quiero estar con él. Soy egoísta, por que se que nunca podremos ser completamente libres, pero me gusta demasiado que no me importa serlo.


Proximo capitulo:

-¿Y sabe por que no vino el señor Hawtorne?

-No lo se exactamente, solo se que el autobús en que venían de regreso sufrió un accidente y los que lograron sobrevivir están en el hospital. Pero ¿Te puedo ayudar en algo? Voy a ser su profesora desde ahora.


¿Que les pareció Espero les este gustando, quedan muchas sorpresas y espero que les guste la manera en que llevare mi Fanfic, ¡Gracias! Y por favor, déjenme un review! ¿Te gusta mi historia, no? A mi me gustan tus comentarios y tus criticas!¡Reviews! C: